{"id":4183,"date":"2020-11-13T23:21:12","date_gmt":"2020-11-14T05:21:12","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/11\/craft-suspicion-essay-social-sciences-ricardo-forster\/"},"modified":"2023-06-02T13:37:40","modified_gmt":"2023-06-02T19:37:40","slug":"craft-suspicion-essay-social-sciences-ricardo-forster","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/11\/craft-suspicion-essay-social-sciences-ricardo-forster\/","title":{"rendered":"&#8220;La artesan\u00eda de la sospecha: el ensayo en las ciencias sociales&#8221; de Ricardo Forster"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p>Alrededor de las escrituras, de sus diferencias, de sus proyectos no siempre convergentes, se ha planteado un debate a veces p\u00fablico y las m\u00e1s de las veces sordo en el campo de las humanidades y las ciencias sociales.<sup>1<\/sup> Reclamos de rigurosidad y depuraci\u00f3n estil\u00edstica no han dejado de aparecer desde siempre en nuestros \u00e1mbitos, como si a trav\u00e9s de esos gestos se estuvieran jugando posiciones fuertes, mundos te\u00f3ricos capaces de erigirse en portadores de hegemon\u00edas cient\u00edficas y acad\u00e9micas. Doblemente criticado por la tradici\u00f3n positivista y la del <i>Gelehrte<\/i> alem\u00e1n, el g\u00e9nero ensay\u00edstico quiso ser confinado a la periferia de los saberes serios, habitante apenas de un margen compartido por poetas y narradores o, en el mejor de los casos, constructor de un intervencionismo cultural digno de convertirse en objeto de estudio de aquellos que lo abordan sabiendo destacar las diferencias entre dos mundos opuestos, que vuelven al ensayo materia prima de escrituras investigativas que lo traicionan de lado a lado. Escritores de m\u00e1rgenes, pensadores inclasificables, poetas que se internan por regiones ajenas, viejos eruditos que al final de sus d\u00edas, y en la calma de la jubilaci\u00f3n, abandonan los lenguajes acad\u00e9micos para distraerse \u201csabiamente\u201d utilizando los registros del ensayo. Lo cierto es que casi nunca, por decirlo con suavidad, la tradici\u00f3n del ensayo ocup\u00f3 un lugar destacado y reconocido dentro de los claustros universitarios, como si lo persiguiera siempre un amauterismo nunca superado, ese tocar de o\u00eddo que puede servir para la divulgaci\u00f3n o el impacto intelectual sobre un amplio p\u00fablico pero que nada o poco aporta a la genuina labor investigativa que elige seguir los caminos arduos de la seriedad y la autocontenci\u00f3n estil\u00edstica, destacando, por sobre todas las cosas, la imprescindible asepsia de la escritura frente al subjetivismo de la forma. Desde Nietzsche, por no decir desde Plat\u00f3n, sabemos que la forma es el contenido, que las palabras presentan el mundo de acuerdo a su sensibilidad; que la artesan\u00eda del lenguaje sustenta ideolog\u00edas y pr\u00e1cticas, quehaceres acad\u00e9micos y aduanas disciplinarias. Pero tambi\u00e9n intuimos que las escrituras son mucho m\u00e1s que una mera cuesti\u00f3n formal, apenas una diferencia de criterio, vemos en ellas un involucramiento m\u00e1s profundo y decisivo con los mundos que se lanzan a explorar, involucramiento que encuentra en el estilo un n\u00facleo esencial que define el contenido de los proyectos intelectuales y acad\u00e9micos.<\/p>\n<p>El ensayo ha sido, e intentaremos hacernos cargo de esta afirmaci\u00f3n, el g\u00e9nero de la modernidad. Desde Montaigne y Walter Benjamin hasta George Steiner y Jorge Luis Borges, esa ha sido la escritura que mejor ha representado una traves\u00eda hist\u00f3rica caracterizada por la continua tensi\u00f3n entre sus aspiraciones universalistas y la crisis que no ha dejado de martirizarla desde sus comienzos. El ensayo, en todo caso, se instal\u00f3 en el ojo de la tormenta, no eludi\u00f3 la responsabilidad de interrogar por esos claroscuros de una cultura que hab\u00eda nacido para destituir, de una vez y para siempre, los dominios de la barbarie y de lo irracional. Escapando de las grandes narraciones que buscaron darle una explicaci\u00f3n final a la marcha de la historia y al orden de la naturaleza, el ensayo habit\u00f3 la hondura de la crisis sabiendo que all\u00ed era donde podr\u00eda tomarle mejor el pulso a la \u00e9poca. Pero tambi\u00e9n supuso, en el inicio mismo de la aventura moderna, apenas girando el Renacimiento hacia las complejidades del Barroco, la apertura a una tradici\u00f3n a contrapelo de los discursos hegem\u00f3nicos, aquellos que se desplegaban por el nuevo tiempo de la historia proclamando su dominio, construyendo, hacia atr\u00e1s y hacia adelante, el relato de una marcha homog\u00e9nea y lineal que ven\u00eda a consolidar el grandioso edificio de la cultura moderna. El ensayo, en cambio, se convirti\u00f3 en una artesan\u00eda de la sospecha, pacientemente fue girando alrededor de la pregunta como fuerza elemental desde la que situarse estrat\u00e9gicamente para pensar las fisuras de ese edificio que se presentaba tan s\u00f3lido e indestructible. El ensayo, como g\u00e9nero moderno, ha llevado, desde el inicio, la marca de la interrogaci\u00f3n cr\u00edtica, ha hecho suya la inquietud y la sospecha intentando colocar su indagaci\u00f3n por fuera de los c\u00e1nones establecidos y m\u00e1s all\u00e1 de las gram\u00e1ticas al uso. Entre la sospecha y la cr\u00edtica, el ensayo abri\u00f3 el juego de una modernidad ya no deudora de una \u00fanica y excluyente visi\u00f3n del mundo, sino que se convirti\u00f3 en la expresi\u00f3n de una escritura desfondada, abierta, mult\u00edvoca y celosa amiga de la met\u00e1fora y compa\u00f1era, en sus mejores momentos, de la intensidad po\u00e9tica.<\/p>\n<p>La escritura del ensayo es provisional, va tanteando el territorio por el que se desplaza sabiendo que no existe rumbo fijo, camino seguro hacia la certeza.<sup>2<\/sup> Ensayar, experimentar con extra\u00f1os cruces, tensar de la cuerda sabiendo que puede romperse, mezclar lo que se rechaza entre s\u00ed, incursionar en el campo del enemigo, son algunos de los modos y de las estrategias del ensayo. Pero tambi\u00e9n lo es su radical fragilidad, la conciencia de sus l\u00edmites y la presencia siempre amenazante de la equivocaci\u00f3n. Dicho m\u00e1s crudamente: el ensayo siempre tiene una dimensi\u00f3n opaca y equ\u00edvoca que le permite atravesar mundos conceptuales muchas veces opuestos, extrayendo de esa experiencia del umbral su componente m\u00e1s interesante y vital, su raz\u00f3n de ser. \u201cEscribe ensay\u00edsticamente\u2014se\u00f1al\u00f3 Max Bense\u2014el que compone experimentando, el que vuelve y revuelve, interroga y palpa, examina, atraviesa su objeto con la reflexi\u00f3n, el que parte hacia \u00e9l desde diversas vertientes y re\u00fane en su mirada espiritual todo lo que ve y da palabra a todo lo que el objeto permite ver bajo las condiciones aceptadas y puestas al escribir.\u201d<sup>3<\/sup> Caminante de cornisas, el ensayista sabe de extrav\u00edos y de deslizamientos hacia zonas peligrosas. Claro que ese juego con lo extremo, ese tocar el fuego con riesgo a quemarse, no significa que su escritura sea expresi\u00f3n de dilettantismo, apenas un juego irresponsable de quien no tiene nada mejor que hacer que manipular elementos inflamables sin hacerse cargo de los peligros que entra\u00f1a. La tradici\u00f3n ensay\u00edstica ha sido, desde sus lejanos inicios, una fuerte toma de partido, un impulso cr\u00edtico y una profunda interrogaci\u00f3n respecto a las condiciones de su propia \u00e9poca. Pero esa b\u00fasqueda experimental naci\u00f3 de las fisuras del discurso oficial, fue el resultado de la oscura tensi\u00f3n que desde sus comienzos atraves\u00f3 el esp\u00edritu de la modernidad. Tal vez por eso el ensayo sea la escritura del sujeto moderno, manifestaci\u00f3n de sus extraordinarias inquietudes y de sus soledades. Lejos de cualquier forma de consolaci\u00f3n, el lenguaje provisional y cr\u00edtico volvi\u00f3 sobre sus propios pasos, se encarg\u00f3 de hurgar en el interior de sus fantasmas, e impidi\u00f3 que la l\u00f3gica expansiva de una subjetividad arrasadora se desplegara por la historia libre de cuestionamientos. El ensayo ha sido la escritura de la sombra, el rev\u00e9s de la luz racional, la fisura en el muro de la certeza cartesiana, la po\u00e9tica de la hegeliana \u201cnoche del mundo\u201d o el intento de seguir tras las huellas huidizas del \u201cmal radical\u201d apenas pronunciado por Kant. Viaje hacia los confines de una \u00e9poca caracterizada como homog\u00e9nea que, sin embargo y a la luz cr\u00edtica de ciertos pensadores del l\u00edmite, nos devuelve sus opacidades, sus formas fantasmag\u00f3ricas, sus extra\u00f1as pesadillas, sus insondables cavernas en las que naufraga su deber ser.<\/p>\n<p>El ensayo se detuvo pacientemente a indagar esas zonas turbias de un sujeto ya no s\u00f3lo deudor de saberes arrogantes e incuestionables, solidificados alrededor de una racionalidad inexpugnable, sino que emerg\u00eda como insospechado deudor de sus propias oscuridades. En el desfondamiento de la conciencia moderna, en su crisis que la acompa\u00f1\u00f3 desde el afloramiento en el mundo, el ensayo encontr\u00f3 y encuentra su material, la excusa para una escritura destemplada y que no renuncia a la cr\u00edtica como fuerza vital de la traves\u00eda del propio sujeto. Es por eso que desde Montaigne el ensayo no dej\u00f3 de viajar hacia esas zonas de m\u00e1s all\u00e1 del l\u00edmite, se intern\u00f3 en esos territorios prohibidos y custodiados duramente por los gendarmes de la raz\u00f3n y la transparencia. Con Etienne de la Boitie, el amigo de ese maestro del inicio, la escritura se tens\u00f3 hacia lo obturado por esa nueva y sorprendente m\u00e1quina del poder nacida en el mismo amanecer de los tiempos modernos: el Estado. Etienne de la Boitie no dirigi\u00f3 su pregunta hacia la trama del poder, no busc\u00f3 indagar por su funcionamiento (como s\u00ed lo hizo su otro contempor\u00e1neo genial, Maquiavelo), su interrogaci\u00f3n dej\u00f3 al desnudo la fragilidad del nuevo actor de \u00e9poca, el individuo, ese sujeto que parec\u00eda iniciar una marcha indetenible hacia el futuro, sacudi\u00f3 sus ilusiones y su arrogancia mostr\u00e1ndole que en el mismo comienzo de su traves\u00eda se escond\u00eda la marca imborrable del renunciamiento, el abandono de su libertad. Montaigne, sabio y escrupuloso contemplador de su vida y de la de los dem\u00e1s, fue un poco m\u00e1s all\u00e1 y se interes\u00f3 por el umbral infranqueable, por la \u00faltima frontera que dejaba al desnudo la f\u00fatil arrogancia del hombre: la muerte. Entre la interrogaci\u00f3n despiadada y desolada por la renuncia a la libertad que gui\u00f3 la genial intuici\u00f3n crepuscular de Etienne de la Boitie, y la presencia de la muerte como n\u00facleo de todo genuino indagar por lo humano y sus l\u00edmites de Montaigne, se despliega la tradici\u00f3n del ensayo. Tal vez por eso, por atreverse a penetrar en regiones inciertas o por no renunciar al riesgo de un pensar sin andadores, el ensayo qued\u00f3 relegado de la \u201cseriedad\u201d acad\u00e9mica convirti\u00e9ndose, a los ojos de una gendarmer\u00eda del conocimiento, en sospechoso, en expresi\u00f3n, apenas, de un ludismo del lenguaje que desviaba el verdadero eje de toda investigaci\u00f3n seria y rigurosa. Dejado a poetas e intelectuales, el ensayo se despidi\u00f3 durante much\u00edsimo tiempo de las universidades desplegando sus b\u00fasquedas por regiones tan distantes de lo acad\u00e9mico como pueden serlo la literatura, el periodismo de ideas, la intervenci\u00f3n p\u00fablica o la labor solitaria de pensadores que eligieron habitar los m\u00e1rgenes haciendo de sus escrituras una amalgama de ideas y vida, de intenciones y sensibilidad. Extra\u00f1a paradoja la de una historia que termin\u00f3 alimentando a las ciencias sociales de aquello mismo que hab\u00eda producido el ensayo en sus m\u00e1rgenes. Mientras que para quien cultiva el ensayo como estilo sigue siendo necesario e imprescindible su di\u00e1logo con y la apropiaci\u00f3n de otras estil\u00edsticas (en particular las que pueblan los \u00e1mbitos acad\u00e9micos y las formalidades espec\u00edficas de las monograf\u00edas pero tambi\u00e9n las que se desplazan por las calles del arte y la literatura), ese no parece ser el gesto de los dispositivos hoy dominantes en el mundo de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica.<\/p>\n<p>Apertura del sentido, rebasamiento de las fronteras ideol\u00f3gicas, gozosa manifestaci\u00f3n del don misterioso de la met\u00e1fora como trinchera \u00faltima desde la cual defendernos de la uniformidad mercantil, el ensayo ha sido, a lo largo de su deriva moderna, el g\u00e9nero de la imprudencia, la manifestaci\u00f3n de la locura del sujeto all\u00ed donde el imperio de la raz\u00f3n hizo lo imposible por ocultar su perturbador origen. Escritura de y en la locura, el ensayo conoce la indecencia y la pureza como momentos esenciales de cualquier viaje de aventuras; sobre todo ha logrado, para nosotros, difuminar las falaces fronteras que las buenas conciencias han intentado trazar como separaci\u00f3n radical entre el bien y el mal. Escritura de la contaminaci\u00f3n, el ensayo hunde sus ra\u00edces en el gesto del alquimista, de aquel que sabe que lo hermoso puede nacer de lo putrefacto, de lo sucio y que, recorriendo el camino inverso, lo m\u00e1s desencarnado, lo que yace en el barro, puede ser parido por lo m\u00e1s bello. Iluminaci\u00f3n de lo oscuro que sabe que la luz es el rev\u00e9s de la sombra, que la b\u00fasqueda aparentemente pura del ideal esconde, aunque no lo sepa su cultor, la horrible manifestaci\u00f3n del sufrimiento.<\/p>\n<p>En un ensayo de una belleza y una profundidad inigualables, Claudio Magris ha logrado plasmar lo impostergable de la fe literaria, la secreta persistencia, en su itinerario por la vida humana, de lo ineludible de la literatura como expresi\u00f3n de lo abierto que es, al mismo tiempo, lo secreto y esencial. Sin literatura, dice Magris, la existencia ser\u00eda infinitamente m\u00e1s pobre, no porque ella nos transfiera continuamente hacia las regiones maravillosas de la imaginaci\u00f3n, saltando por los l\u00edmites de una realidad trivial, sino precisamente porque logra, sin abandonar nuestra cotidianidad, hacerla estallar en mil direcciones, quebrando las univalencias, las formas acabadas de lo verdadero, hasta hacer proliferar, como un juego \u00fanico y misterioso, la plenitud desbordada de la realidad del mundo junto con la amplificaci\u00f3n de la propia interioridad de los hombres. Quiz\u00e1s el ensayo encuentre su valor en su proximidad con la literatura, en ese mismo ejercicio que rebasa las fronteras de la realidad del mundo y de lo real en el sujeto, mostrando que lo evidente derrapa hacia zonas de inexplicada opacidad, y que lo indiscernible puede encontrar, por v\u00eda de un lenguaje iluminante, algo de claridad. As\u00ed como la literatura se desentiende de recetas al uso y de f\u00f3rmulas consoladoras, el ensayo, en su experimentaci\u00f3n de forma y contenido, tambi\u00e9n se distancia de palabras acabadas y de discursos compensadores. \u201cEs la literatura\u2014escribe sabiamente Claudio Magris\u2014la que puede salvar esas peque\u00f1as historias, iluminar la relaci\u00f3n existente entre la verdad y la vida, entre el misterio y la cotidianidad, entre el individuo concreto y la Babel de la \u00e9poca.\u201d<sup>4<\/sup> Deudor gozoso de la literatura, \u00e9l mismo literatura en sus mejores exponentes, el ensayo a diferencia del tratado cient\u00edfico, hace de la indagaci\u00f3n experimental, de la inquietante artesan\u00eda po\u00e9tica, de la sensibilidad literaria por las \u201cpeque\u00f1as historias\u201d, su punto de referencia, la br\u00fajula que lo orienta en el dif\u00edcil viaje por las geograf\u00edas de la modernidad. Como ha dicho bellamente Adorno, el \u201censayo se propone buscar lo eterno en lo perecedero.\u201d<sup>5<\/sup><\/p>\n<p>Retomando la cr\u00edtica adorniana a lo que \u00e9l llamaba las exigencias de certificaciones de competencia administrativa, es fundamental destacar que el gesto de cultivar el ensayo en el espacio universitario, e incluso hacerlo valer en esas zonas impregnadas por una legislaci\u00f3n inmutable propia del formato de doctorado, constituye una pol\u00edtica consciente, una defensa indispensable de bienes culturales amenazados por la maquinaria acad\u00e9mica que todo lo aplana y lo vuelve homog\u00e9neo. La l\u00f3gica productivista que hoy domina gran parte del espectro investigativo y la que suele determinar los proyectos aprobados por los nuevos gerenciadores del conocimiento, se contrapone rudamente a una escritura casi imposible de encasillar y de sintetizar, que se resiste a su matematizaci\u00f3n o a su codificaci\u00f3n embrutecedora. En este sentido, y volver\u00e9 sobre esta cuesti\u00f3n m\u00e1s adelante, el ensayo no es un simple gesto est\u00e9tico, que no es poco, supone, antes bien, una toma de partido, la insistencia en defender una tradici\u00f3n que por lo general ha habitado los m\u00e1rgenes de las instituciones y que se ha negado a plegarse a esas exigencias propias del mercado. No puedo dejar de insistir en algo que no parece ser obvio para gran parte de los que pueblan el mundo de las ciencias sociales: en la escritura se juegan proyectos, se dirimen perspectivas muchas veces opuestas, se evidencian legados y tradiciones guardadas en la memoria de esa misma escritura; la forma, la certeza de ser portador de un estilo, es algo corporal, algo que penetra enteramente lo que decimos y lo que queremos decir contaminando decididamente el producto de nuestros esfuerzos intelectuales. Si algo jam\u00e1s es inocente es la escritura, en ella y a trav\u00e9s de ella se perfila el mundo que deseamos habitar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><sup>1<\/sup>\u00a0Publicaci\u00f3n autorizada por su autor. Julio 22, 2020. El texto que presentamos aqu\u00ed corresponde a la primera parte del art\u00edculo del mismo nombre incluido en el libro titulado <em>La muerte del h\u00e9roe<\/em> (Buenos Aires: <em>Ariel<\/em>, 2011).<\/p>\n<p><sup>2<\/sup>\u00a0En una notable reflexi\u00f3n sobre \u201cEl ensayo como forma\u201d Theodor Adorno ha insistido en esta profunda diferencia entre la comprensi\u00f3n \u201ccient\u00edfica\u201d y la ensay\u00edstica: \u201cLos ideales de limpieza y pureza, comunes a la filosof\u00eda orientada a valores de eternidad, a una ciencia internamente organizada a prueba de corrosi\u00f3n y golpes y un arte intuitivo desprovisto de conceptos, son ideales que llevan visible la huella de un orden represivo. Se exige del esp\u00edritu un certificado de competencia administrativa, para que no rebase las l\u00edneas-l\u00edmite culturalmente confirmadas de la cultura oficial. Y al hacerlo se propone que todo conocimiento pueda traducirse potencialmente en ciencia\u201d. (T. W. Adorno, \u201cEl ensayo como forma\u201d, trad. de Manuel Sacrist\u00e1n, <em>Pensamiento de los confines<\/em>, n\u00fam. 1, segundo semestre de 1998).<\/p>\n<p><sup>3<\/sup>\u00a0Max Bense, \u201c\u00dcber den Essay und seine Prosa\u201d, <em>Merkur<\/em>, a\u00f1o 1947, n\u00fam. 3, 9418. Citado por T. W. Adorno, ob. cit.<\/p>\n<p><sup>4<\/sup>\u00a0Claudio Magris, \u201c\u00bfHay que expulsar a los poetas de la Rep\u00fablica?\u201d en <em>Utop\u00eda y desencanto. Historias, esperanzas e ilusiones de la modernidad<\/em>, Anagrama, Barcelona, 2001, trad. de J.A. Gonz\u00e1lez Sainz, p. 25.<\/p>\n<p><sup>5<\/sup>\u00a0T. W. Adorno, ob. cit.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alrededor de las escrituras, de sus diferencias, de sus proyectos no siempre convergentes, se ha planteado un debate a veces p\u00fablico y las m\u00e1s de las veces sordo en el campo de las humanidades y las ciencias sociales. Reclamos de rigurosidad y depuraci\u00f3n estil\u00edstica no han dejado de aparecer desde siempre en nuestros \u00e1mbitos, como si a trav\u00e9s de esos gestos se estuvieran jugando posiciones fuertes, mundos te\u00f3ricos capaces de erigirse en portadores de hegemon\u00edas cient\u00edficas y acad\u00e9micas. Doblemente criticado por la tradici\u00f3n positivista y la del <i>Gelehrte<\/i> alem\u00e1n, el g\u00e9nero ensay\u00edstico quiso ser confinado a la periferia de los saberes serios, habitante apenas de un margen compartido por poetas y narradores o, en el mejor de los casos, constructor de un intervencionismo cultural digno de convertirse en objeto de estudio de aquellos que lo abordan sabiendo destacar las diferencias entre dos mundos opuestos, que vuelven al ensayo materia prima de escrituras investigativas que lo traicionan de lado a lado. Escritores de m\u00e1rgenes, pensadores inclasificables, poetas que se internan por regiones ajenas, viejos eruditos que al final de sus d\u00edas, y en la calma de la jubilaci\u00f3n, abandonan los lenguajes acad\u00e9micos para distraerse \u201csabiamente\u201d utilizando los registros del ensayo. Lo cierto es que casi nunca, por decirlo con suavidad, la tradici\u00f3n del ensayo ocup\u00f3 un lugar destacado y reconocido dentro de los claustros universitarios, como si lo persiguiera siempre un amauterismo nunca superado, ese tocar de o\u00eddo que puede servir para la divulgaci\u00f3n o el impacto intelectual sobre un amplio p\u00fablico pero que nada o poco aporta a la genuina labor investigativa que elige seguir los caminos arduos de la seriedad y la autocontenci\u00f3n estil\u00edstica, destacando, por sobre todas las cosas, la imprescindible asepsia de la escritura frente al subjetivismo de la forma. Desde Nietzsche, por no decir desde Plat\u00f3n, sabemos que la forma es el contenido, que las palabras presentan el mundo de acuerdo a su sensibilidad; que la artesan\u00eda del lenguaje sustenta ideolog\u00edas y pr\u00e1cticas, quehaceres acad\u00e9micos y aduanas disciplinarias. Pero tambi\u00e9n intuimos que las escrituras son mucho m\u00e1s que una mera cuesti\u00f3n formal, apenas una diferencia de criterio, vemos en ellas un involucramiento m\u00e1s profundo y decisivo con los mundos que se lanzan a explorar, involucramiento que encuentra en el estilo un n\u00facleo esencial que define el contenido de los proyectos intelectuales y acad\u00e9micos.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":4181,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4448],"genre":[2019],"pretext":[],"section":[2344],"translator":[2744],"lal_author":[3549],"class_list":["post-4183","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-16","genre-essay-es","section-essays-es","translator-brendan-riley-es-2","lal_author-ricardo-forster-es-2"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4183","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4183"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4183\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4181"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4183"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4183"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4183"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=4183"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=4183"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=4183"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=4183"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=4183"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}