{"id":4177,"date":"2020-11-10T23:26:12","date_gmt":"2020-11-11T05:26:12","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/11\/romper-el-bloqueo-cultural-translation-and-solidarity-el-corno-emplumadothe-plumed\/"},"modified":"2023-06-02T13:41:12","modified_gmt":"2023-06-02T19:41:12","slug":"romper-el-bloqueo-cultural-translation-and-solidarity-el-corno-emplumadothe-plumed","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/11\/romper-el-bloqueo-cultural-translation-and-solidarity-el-corno-emplumadothe-plumed\/","title":{"rendered":"\u201cRomper el bloqueo cultural: Traducci\u00f3n y solidaridad en El Corno Emplumado\/The Plumed Horn&#8221; de Olivia Lott"},"content":{"rendered":"<p>En julio de 1967, la poeta estadounidense Margaret Randall y el poeta mexicano Sergio Mondrag\u00f3n, editores de la revista biling\u00fce de poes\u00eda <i>El Corno Emplumado\/The Plumed Horn, que funcionaba en Ciudad de M\u00e9xico, escribieron sobre la necesidad de <\/i>\u201cromper el bloqueo cultural\u201d, \u201cbreak the cultural blockade\u201d (n.\u00b0 23).<sup>1<\/sup> La llamada a la acci\u00f3n de Randall y Mondrag\u00f3n presentaba la vig\u00e9simo tercera edici\u00f3n de \u201c<i>El Corno<\/i>\u201d, dedicada a la nueva poes\u00eda cubana. El n\u00famero, totalmente biling\u00fce (los originales en espa\u00f1ol junto a las versiones en ingl\u00e9s compuestas por un equipo de traductores), era un intento de subvertir unas fronteras f\u00e9rreamente reguladas llevando la poes\u00eda cubana m\u00e1s all\u00e1 del bloque socialista al que el bloqueo econ\u00f3mico y cultural de Estados Unidos procuraba circunscribir su circulaci\u00f3n.<sup>2<\/sup> A trav\u00e9s de <i>El Corno <\/i>23<i>, <\/i>los poetas de la Cuba revolucionaria llegaron a cientos de suscriptores de m\u00e1s de veinte pa\u00edses. Un \u201cmodesto homenaje al 26 de julio\u201d, escribe Randall, \u201cel derecho a saber qu\u00e9 pasa en el mundo del arte en esa isla a 500 kil\u00f3metros de la costa [estadounidense]\u201d. (n.\u00b0 23)<\/p>\n<p>El n\u00famero 23, un signo de exclamaci\u00f3n en la revolucionaria pr\u00e1ctica de traducci\u00f3n de <i>El Corno<\/i>, bien puede haber sido el mejor momento del proyecto interamericano de tendido de puentes de la revista o, como dijo Randall una vez, de \u201c[mostrar poetas] a toda Am\u00e9rica\u201d (n.\u00b0 16). La revista, a la que sus suscriptores llamaban cari\u00f1osamente <i>El Corno<\/i>, public\u00f3 31 n\u00fameros entre enero de 1962 y julio de 1969. Se lanz\u00f3 poco despu\u00e9s de la invasi\u00f3n de Bah\u00eda de Cochinos, en respuesta a la sensaci\u00f3n de que el provincialismo se agudizaba en el \u00e1mbito cultural; en referencia a la poes\u00eda y la pol\u00edtica, los editores escribieron en su nota inaugural: \u201clas relaciones entre los pa\u00edses de Am\u00e9rica son peores que nunca\u201d (n.\u00b0 1). Una revista biling\u00fce de poes\u00eda era una manera concreta, pr\u00e1ctica, de zanjar esa brecha, un veh\u00edculo para dar a conocer entre poetas de todo el continente la obra de los dem\u00e1s. <i>El Corno<\/i> public\u00f3 a algunas de las voces m\u00e1s influyentes del siglo XX, muchas de ellas traducidas por primera vez al espa\u00f1ol o al ingl\u00e9s: Jorgenrique Adoum, Rosario Castellanos, Ren\u00e9 Depestre, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, Nicol\u00e1s Guill\u00e9n, Denise Levertov, Jos\u00e9 Emilio Pacheco, Nicanor Parra, Ezra Pound, Jerome Rothenberg, C\u00e9sar Vallejo, Cecilia Vicu\u00f1a y William Carlos Williams, entre muchos otros. Adem\u00e1s, cada n\u00famero tra\u00eda la muy ansiada secci\u00f3n de cartas: se imprimieron cientos de p\u00e1ginas de correspondencia entre colaboradores que tra\u00edan novedades sobre las circunstancias sociopol\u00edticas locales y daban lugar a nuevas colaboraciones y a encendidos debates intelectuales.<\/p>\n<p>En esencia, <i>El Corno<\/i> desment\u00eda los bloqueos, oficiales o de facto; operaba como un espacio de confluencia para las comunidades contraculturales de los a\u00f1os 60, del continente y m\u00e1s all\u00e1. Lo que destacaba a este proyecto fue tambi\u00e9n lo que lo diferenci\u00f3 de las numerosas <i>\u201clittle magazines\u201d<\/i> (\u201cpeque\u00f1as revistas\u201d) de la d\u00e9cada: su uso de la traducci\u00f3n como una herramienta intr\u00ednsecamente pol\u00edtica para promover la transformaci\u00f3n social. Si bien solo un pu\u00f1ado de n\u00fameros fueron biling\u00fces en su totalidad, en <i>El Corno,<\/i> la traducci\u00f3n no se limitaba a lo meramente interling\u00fc\u00edstico sino que encarnaba una filosof\u00eda m\u00e1s amplia de cruzar las fronteras por medio de la poes\u00eda y de las conversaciones que esta suscitaba. Los editores y colaboradores concibieron la revista como una plataforma que permitiera generar coaliciones por fuera de las fuerzas institucionales, replantear las redes continentales y combatir el aislamiento cultural e intelectual. Esta visi\u00f3n de la traducci\u00f3n \u2014como proyecto para generar conciencia, como herramienta para desmantelar o para cultivar, como expresi\u00f3n de solidaridad\u2014\u00a0 gui\u00f3 a <i>El Corno<\/i> a lo largo de toda la d\u00e9cada.<\/p>\n<p>Emplazada en la Ciudad de M\u00e9xico pero con un pie firme en Estados Unidos, <i>El Corno<\/i> aprovech\u00f3 la potencia de ese posicionamiento dual para mitigar las divisiones entre norte y sur. En una carta con fecha de octubre de 1962, Ernesto Cardenal, poeta nicarag\u00fcense y contribuyente habitual de poemas y traducciones, expres\u00f3 con estas palabras la ambici\u00f3n de la uni\u00f3n continental:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Te dir\u00e9: ustedes est\u00e1n creando la verdadera Uni\u00f3n Panamericana. La Uni\u00f3n Panamericana es la de los poetas, no la de esos que se sientan en los banquetes y \u201cdevoran a <i>mi <\/i>pueblo como si fuera pan\u201d, como dice el Salmo. [\u2026] Si los poetas no realizan el Panamericanismo nadie m\u00e1s lo har\u00e1. Y lo est\u00e1n haciendo. Y por primera vez en a historia se comenzar\u00e1n a entender el pueblo norteamericano y el hispanoamericano, en un verdadero entendimiento de pueblos, porque se entienden sus poetas. En Washington no se han dado cuenta todav\u00eda de que las grandes naciones (los EE.UU. incluso) han sido hechas por los poetas. Un cambio de m\u00e9trica produce grandes consecuencias sociales como dice Pound. (n.\u00b0 5; \u00e9nfasis del original).<\/p>\n<p>Menos de un a\u00f1o despu\u00e9s del primer n\u00famero de <i>El Corno<\/i>, Cardenal ve\u00eda su inmensa promesa, el impacto potencialmente revolucionario de atravesar tan arraigadas fronteras con poes\u00eda.<\/p>\n<p>Este fragmento se ha vuelto emblem\u00e1tico del alcance continental de la revista: redes de solidaridad para poner en contacto al norte y al sur, por fuera de los programas institucionalizados de la pol\u00edtica exterior de Estados Unidos en los a\u00f1os 60 y, en mucho sentidos, en franca resistencia a ellos. Como se demostr\u00f3 en varios estudios decisivos (Bennett; Cohn; Stonor Saunders), lo que se denomin\u00f3 la \u201cdiplomacia cultural\u201d de la Guerra Fr\u00eda \u2014en rigor, imperialismo cultural\u2014 surgi\u00f3 para sofocar la influencia de la Revoluci\u00f3n Cubana haciendo la producci\u00f3n cultural estadounidense atractiva para los latinoamericanos mediante becas, conferencias, contratos editoriales, revistas literarias y programas del Departamento de Estado.<sup>3<\/sup> Estas iniciativas desplegaron copiosamente en la esfera cultural una especie de ideolog\u00eda continental con reminiscencias de la doctrina Monroe de 1823 y el incipiente imperialismo estadounidense: la solidaridad \u201camericana\u201d fundada sobre la perpetuaci\u00f3n del derecho de Estados Unidos a controlar por su cuenta las relaciones continentales. Claro que la existencia de dichas iniciativas era tambi\u00e9n una confirmaci\u00f3n t\u00e1cita del potencial subversivo del intercambio intelectual y cultural, y una decisi\u00f3n estrat\u00e9gica de vigilarlo y regularlo ubicando a Estados Unidos en su centro mismo. La carta de Cardenal encuadra a <i>El Corno<\/i> como un veh\u00edculo capaz de reencauzar el continentalismo hacia una uni\u00f3n m\u00e1s equitativa.<\/p>\n<p>Sin embargo, la circulaci\u00f3n entre poetas estadounidenses y latinoamericanos cuenta solo parte de la historia interamericana de <i>El Corno<\/i>. La segunda mitad de la carta de Cardenal identifica un llamado continental concomitante, tambi\u00e9n en torno al intercambio y en el marco del alcance internacional de la revista, pero centrado exclusivamente en las redes latinoamericanas:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Y adem\u00e1s es necesario que los poetas hispanoamericanos (y tambi\u00e9n es otra misi\u00f3n del CORNO) comiencen ya a poner las bases para la organizaci\u00f3n de la gran naci\u00f3n Am\u00e9rica Latina. Eso tampoco lo har\u00e1n los militares ni los comerciantes. Destruir nuestras fronteras, el plan del poeta Bol\u00edvar, crear esa nueva naci\u00f3n, formidable, desde M\u00e9xico hasta la Patagonia: eso s\u00f3lo lo pueden hacer nuestros poetas (ayudados ahora por los poetas yanquis). (n.\u00b0 5)<\/p>\n<p>Las cartas y relatos de los colaboradores demuestran que la esperanza de Cardenal se realiz\u00f3 a lo largo de la vida de la revista. <i>El Corno<\/i> era un lugar donde la neovanguardia latinoamericana le\u00eda a los poetas <i>beat<\/i> de San Francisco, pero igual de eficaz (si no m\u00e1s) fue la circulaci\u00f3n que gener\u00f3 al sur del r\u00edo Bravo. Fue por medio de <i>El Corno<\/i> que los nada\u00edstas colombianos se leyeron fuera de su pa\u00eds, que se conocieron entre s\u00ed los poetas concretistas de Brasil y Guatemala, que la lucha de los poetas guerrilleros reson\u00f3 por todo el continente, que una joven Cecilia Vicu\u00f1a pudo acceder a la red que la conducir\u00eda a publicar <i>Saborami<\/i> y que los infrarrealistas de la Ciudad de M\u00e9xico de los a\u00f1os 70 y 80 encontraron inspiraci\u00f3n contracultural. Roberto Fern\u00e1ndez Retamar, director de la cubana <i>Casa de las Am\u00e9ricas<\/i>, la consideraba una publicaci\u00f3n hermana.<\/p>\n<p>Los di\u00e1logos culturales e intelectuales que abri\u00f3 <i>El Corno<\/i> transformaron el modo en que la revista se figuraba su posicionamiento, y su accionar pol\u00edtico evolucion\u00f3 en consecuencia. A medida que avanzaba la d\u00e9cada, la posici\u00f3n pol\u00edtica de la publicaci\u00f3n se corri\u00f3 a\u00fan m\u00e1s a la izquierda, y su visi\u00f3n de la uni\u00f3n panamericana se alej\u00f3 de la programaci\u00f3n cultural financiada por Estados Unidos (de la que de todos modos siempre hab\u00eda sido recelosa) y se acerc\u00f3 al modelo latinoamericanista establecido en La Habana de principios de los 60. El viraje es particularmente evidente en las notas de los editores. Sobre todo a partir de julio de 1965, cuando Randall y Mondrag\u00f3n condenaron la violencia ejercida por el gobierno de Estados Unidos en Vietnam, en la Rep\u00fablica Dominicana y en Selma, Alabama, las p\u00e1ginas de apertura de cada <i>Corno<\/i> se transformaron en una v\u00eda para denunciar el intervencionismo y la represi\u00f3n, donde fuera que ocurrieran. Usando la plataforma que hab\u00edan construido en el transcurso de a\u00f1os, las notas de los editores de los \u00faltimos n\u00fameros abrazan los ideales revolucionarios cubanos y, en lo que ser\u00eda el principio del fin, expresan su solidaridad con los estudiantes manifestantes tras la masacre de Tlatelolco de 1968. La ofensiva gubernamental contra los defensores de los estudiantes oblig\u00f3 a la revista a pasar a la clandestinidad. Perdi\u00f3 los m\u00ednimos fondos con los que contaba, quienes la imprim\u00edan sufrieron amenazas, y Randall, el entonces coeditor Robert Cohen y su familia huyeron a Cuba.<\/p>\n<p>La historia del impacto de <i>El Corno<\/i>, en especial en el contexto de la literatura latinoamericana, a\u00fan se est\u00e1 escribiendo y, dada su magnitud y su complejidad, es imposible hacerle justicia aqu\u00ed. (La obra <i>The Poetry of the Americas de <\/i>Harris Feinsod ofrece un excelente panorama general de la revista en un marco interamericano; <i>I Never Left Home, las memorias de <\/i>Margaret Randall, constituye un relato retrospectivo esencial).<sup>4<\/sup> Con el n\u00famero especial de 1967 sobre Cuba, tal vez su haza\u00f1a m\u00e1s grande, la revista nos recuerda que hay pocas cosas m\u00e1s revolucionarias que cruzar fronteras rigurosamente reguladas a trav\u00e9s del arte. El mensaje que contiene este aspecto de la publicaci\u00f3n es de una importancia inconmensurable. Una revista biling\u00fce de poes\u00eda atraves\u00f3 las barreras que se le impon\u00edan \u2014precisamente las que le eran ventajosas al imperio estadounidense\u2014 para transformarse en un canal de construcci\u00f3n de solidaridad internacional. De esa forma, <i>El Corno<\/i> brind\u00f3 modelos de interamericanismo al servicio de la lucha revolucionaria antiimperialista y en oposici\u00f3n al imperialismo cultural de la Guerra Fr\u00eda. La centralidad de la traducci\u00f3n para la circulaci\u00f3n de la revista y la evoluci\u00f3n de su posici\u00f3n pol\u00edtica a lo largo de la d\u00e9cada demuestra su poder y su maleabilidad ideol\u00f3gicos. La traducci\u00f3n puede desmantelar y potenciar; puede tender algunos puentes y quemar otros.<\/p>\n<p>Como uno de los documentos culturales m\u00e1s fundamentales de la d\u00e9cada de 1960, la pr\u00e1ctica revolucionaria de la traducci\u00f3n de <i>El Corno<\/i> es algo a lo que (como traductores, escritores y lectores) deber\u00edamos prestar m\u00e1s atenci\u00f3n. La revista extrajo de la traducci\u00f3n su inherente fuerza pol\u00edtica. Ofreci\u00f3 un espacio para la acci\u00f3n colectiva de desgastar bloqueos culturales e intelectuales. En los a\u00f1os 60, fue una herramienta de resistencia al modelo de poes\u00eda individualista y apol\u00edtico que promov\u00eda Estados Unidos y a sus intentos de confinar toda idea revolucionaria a esa isla a 500 kil\u00f3metros de la costa estadounidense. Hoy, la traducci\u00f3n tiene m\u00e1s herramientas que nunca para combatir la xenofobia y el etnonacionalismo rampantes que estamos viviendo. Traducir es una negativa a dejarnos cercar, a cerrar nuestra conciencia a los dem\u00e1s. Es un acto de alianza, un uso del poder y del privilegio en pos de amplificar las voces de los grupos marginados. Es tambi\u00e9n un compromiso con la solidaridad, es reconocer que nuestras liberaciones est\u00e1n ligadas entre s\u00ed, que a todos nos incumben las luchas que se est\u00e1n librando. Si <i>El Corno<\/i> no hubiera sido subversivo, no lo habr\u00edan clausurado. Si la traducci\u00f3n no fuera siempre potencialmente subversiva, si no aportara nuevas maneras de ver y de pensar que ponen en jaque al <i>statu quo<\/i> y a quienes se benefician con \u00e9l, no estar\u00eda tan marginada como lo est\u00e1 en este pa\u00eds, y no se har\u00eda semejante presi\u00f3n por imponer la ret\u00f3rica del moniling\u00fcismo y la militarizaci\u00f3n de la frontera. Gracias a <i>El Corno<\/i> y a quienes fueron parte de \u00e9l, tenemos un plano, un mapa, un camino. Sus p\u00e1ginas guardan un recordatorio cada vez m\u00e1s urgente del poder de la traducci\u00f3n, el poder de la solidaridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Traducci\u00f3n al espa\u00f1ol por Carolina Friszman<\/p>\n<p><sup>1<\/sup> Todas las citas est\u00e1n tomadas de ediciones en facs\u00edmil de <em>El Corno Emplumado\/The Plumed Horn<\/em>; el n\u00famero correspondiente se especifica en las citas parent\u00e9ticas. Los 31 n\u00fameros son de libre acceso en el Open Door Archive: https:\/\/opendoor.northwestern.edu\/archive\/collections\/show\/5<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> Seg\u00fan consta en ese n\u00famero, los traductores fueron Carlos Hagen, Lionel Kearns, David Osman, Elinor Randall, Margaret Randall, Tim Reynolds y Stephen Schwartz.<\/p>\n<p><sup>3<\/sup>\u00a0V\u00e9anse por ejemplo los siguientes t\u00edtulos: Eric Bennett, <em>Workshops of Empire<\/em> (U Iowa P, 2015); Deborah Cohn, <em>The Latin American Literary Boom and U.S. Nationalism During the Cold War <\/em>(Vanderbilt UP, 2012), y Frances Stonor Saunders, <em>The Cultural Cold War<\/em> (The New Press, 2000).<\/p>\n<p><sup>4<\/sup>\u00a0Harris Feinsod, <em>The Poetry of the Americas <\/em>(Oxford UP, 2017); Margaret Randall, <em>I Never Left Home<\/em> (Duke UP, 2020).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En julio de 1967, la poeta estadounidense Margaret Randall y el poeta mexicano Sergio Mondrag\u00f3n, editores de la revista biling\u00fce de poes\u00eda <i>El Corno Emplumado\/The Plumed Horn, que funcionaba en Ciudad de M\u00e9xico, escribieron sobre la necesidad de <\/i>\u201cromper el bloqueo cultural\u201d, \u201cbreak the cultural blockade\u201d (n.\u00b0 23). 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