{"id":41686,"date":"2025-09-13T10:15:06","date_gmt":"2025-09-13T16:15:06","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=41686"},"modified":"2025-09-29T09:07:41","modified_gmt":"2025-09-29T15:07:41","slug":"la-traduccion-del-poema-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2025\/09\/la-traduccion-del-poema-2\/","title":{"rendered":"La traducci\u00f3n del poema"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi vida en la traducci\u00f3n, o mejor debiera decir en la lectura, ha sido para m\u00ed una sola con mi vida en la escritura. Como toda adolescente argentina de los a\u00f1os sesenta, le\u00ed la poes\u00eda francesa de las vanguardias, y lo hice, b\u00e1sicamente, en las traducciones que circulaban por entonces. Aunque el franc\u00e9s fue la primera lengua extranjera que estudi\u00e9 por un rato, r\u00e1pidamente fui capturada por el ingl\u00e9s de las letras de rocanrol. Hab\u00eda le\u00eddo cuidadosamente traducciones de poetas como Theodore Roethke, Edgar Lee Masters, Wallace Stevens, pero llegu\u00e9 por primera vez a Estados Unidos, mochila al hombro, pudiendo decir tan solo una canci\u00f3n de Bob Dylan en ingl\u00e9s. As\u00ed, entr\u00e9 a un universo sonoro completamente otro, y recuerdo a\u00fan hoy con cierta emoci\u00f3n seguir muy de cerca a los afroamericanos por la calle, escuchando sus voces, escuchando un ingl\u00e9s al que pod\u00eda incorporar afectivamente y disfrutar. Meses m\u00e1s tarde, mientras trabajaba en una f\u00e1brica metal\u00fargica al sur del Bronx en Nueva York, donde todas las obreras eran negras sure\u00f1as o latinas sin documentaci\u00f3n, mi ingl\u00e9s se volvi\u00f3 m\u00e1s vivo. Por las noches, acompa\u00f1ada de un peque\u00f1o diccionario y un manual de gram\u00e1tica elemental, constru\u00eda mi ingl\u00e9s letrado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por entonces descubr\u00ed a Denise Levertov y compr\u00e9 sus primeros libros. Quiz\u00e1s la pr\u00edstina brevedad de algunos de sus poemas me facilit\u00f3 la lectura y sum\u00e9 la tarea de traducirlos a mis clases autodidactas del idioma, en un esfuerzo para poder leerla. Tambi\u00e9n deseaba leer una columna del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Village Voice<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> escrita por una tal Jill Johnston que se llamaba \u201cLesbian Nation\u201d, y no porque era la d\u00e9cada de los setenta y la lucha por los derechos civiles se extend\u00eda desde las comunidades \u00e9tnico-culturales hacia la naciente segunda ola del feminismo y la emergencia pol\u00edtica de las diferentes identidades sexuales. Una tarde, caminando a lo largo de la avenida Broadway, entr\u00e9 a un bar donde se anunciaba la lectura de una poeta llamada Muriel Rukeyser. Cerveza en mano me acerqu\u00e9 hacia la tarima donde la extraordinaria voz de esta mujer dec\u00eda en ese momento: \u201cAnswer me, dance my dance\u201d. Le\u00eda poemas de su reciente libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Breaking Open<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y podr\u00edamos decir que le respond\u00ed, acept\u00e9 la invitaci\u00f3n al baile comprando todos sus libros y ley\u00e9ndola noche tras noche. Rukeyser me abri\u00f3 las puertas de su poes\u00eda y de una tradici\u00f3n po\u00e9tica. Mis peregrinajes a las librer\u00edas los fines de semana fueron transform\u00e1ndose en exploraciones m\u00e1s y m\u00e1s complejas, as\u00ed como mi asistencia a los recitales y las movilizaciones de una Nueva York encendida por las luchas contra la guerra de Vietnam y a favor de los derechos civiles. As\u00ed empieza mi tarea de traductora, que fue m\u00e1s bien una tarea de lectora, y avanc\u00e9, sobre todo, en la traducci\u00f3n de poetas contempor\u00e1neas, muchas de ellas a la vez militantes, como la propia Rukeyser, Levertov, Adrienne Rich o June Jordan.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los acontecimientos sociales y la poes\u00eda han sido, y a\u00fan son, una sola cosa para m\u00ed. En una tradici\u00f3n abrumadoramente mayoritaria de varones, quer\u00eda crear familia y linaje, quer\u00eda o\u00edr las voces de las mujeres. Supongo que all\u00ed centr\u00e9 y constru\u00ed lo que supe llamar mi propia comarca de traducci\u00f3n a la que siempre he regresado. Es extraordinario volver a traducir lo ya traducido, y esta tarea pareciera ser infinita. Se conoce mejor a un autor a lo largo del tiempo, sobre todo a un autor contempor\u00e1neo que sigue escribiendo y sorprendi\u00e9ndonos con nuevos libros. El traductor tambi\u00e9n crece, se transforma y modifica su percepci\u00f3n y sus poderes. El di\u00e1logo se vuelve m\u00e1s hondo, el puente entre las lenguas, sin embargo, m\u00e1s contradictorio y estrecho.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por supuesto, es una experiencia diferente conocer al autor que se traduce e interrogarlo personalmente sobre zonas oscuras de la traducci\u00f3n, a la de trabajar completamente a solas. He pasado por ambas situaciones y ambas son excitantes; sin embargo, hay algo fundamental que no se relaciona con ninguna de estas circunstancias. Si de la traducci\u00f3n de poes\u00eda hablamos, hay un di\u00e1logo que se produce de inmediato, en la primera lectura, en el primer rel\u00e1mpago de contacto con el primer poema que leemos de un autor, y que repetimos en la lengua que fue escrito, mientras simult\u00e1neamente lo probamos en la propia; algo del orden de la m\u00fasica, sin duda, se juega all\u00ed, y del esp\u00edritu que lo sostiene, algo que llamar\u00eda amor a primera vista.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si mi primer encuentro con la norteamericana Muriel Rukeyser signific\u00f3 el inicio de mi trabajo en la traducci\u00f3n, mi encuentro con Sophia de Mello Breyner, una poeta portuguesa contempor\u00e1nea, abri\u00f3 la puerta de una lengua desconocida para m\u00ed. Hacia el a\u00f1o 1999 fui invitada a un festival internacional de poes\u00eda en Coimbra, Portugal, donde conoc\u00ed a muchos poetas contempor\u00e1neos portugueses y tambi\u00e9n africanos de lengua portuguesa. Luego del festival pas\u00e9 algunas semanas en Lisboa y recorr\u00ed las librer\u00edas con mi libreta llena de recomendaciones hechas por nuevos amigos que trataban de ilustrarme sobre la literatura local. En realidad, no hab\u00eda le\u00eddo casi nada en portugu\u00e9s hasta ese momento \u2014aunque Carlos Drummond de Andrade fuera un poeta al que transit\u00e9 apasionadamente desde mi juventud\u2014, pero confiaba en la cercan\u00eda de nuestras lenguas para lograrlo. Compr\u00e9 muchos libros porque mi ignorancia, fuera de Pessoa, era grande. Sin embargo, mi curiosidad no dej\u00f3 que me conformara solo con las listas sugeridas, as\u00ed que decid\u00ed explorar los estantes de poes\u00eda por mi cuenta. De ese modo lleg\u00f3 a mis manos la obra completa de Sophia, que nadie me hab\u00eda encomendado, quiz\u00e1s porque los poetas tienden a enfatizar, frente a los viajeros, la franja m\u00e1s actual y menos conocida de la poes\u00eda de su tiempo. Entregada a esa misteriosa cualidad del milagro que se produce al descubrir un poeta fundamental, a\u00fan seguir\u00eda ley\u00e9ndola cuando se apagaron las luces de la librer\u00eda. Me traje los tres tomos de su obra con la alegr\u00eda de quien saquea un tesoro bien lejos y vuelve con \u00e9l a casa. Luego lleg\u00f3 el verano y tuve por fin la oportunidad que esperaba; d\u00eda a d\u00eda me levantaba temprano y bajo la sombra de los sauces traduc\u00eda a Sophia de Mello. Ella me ense\u00f1\u00f3 portugu\u00e9s, o solo me ense\u00f1\u00f3 el portugu\u00e9s de su propia poes\u00eda. La le\u00eda en voz alta, la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">cantaba<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> tratando de pesar su sonido, su melod\u00eda, y avanzaba con tal rapidez en los primeros borradores, al igual que en las versiones m\u00e1s finas, como si yo misma hubiera escrito esos poemas en otra lengua. Es dif\u00edcil de describir esa dicha. El otro es otro, y son sus poemas, uno no lo olvida, y se tropieza aqu\u00ed y all\u00e1 con dificultades, m\u00e1s que de traducci\u00f3n, de transcripci\u00f3n, y es muy tramposa una lengua cercana, a veces m\u00e1s que otra distante, pero cuando se es cazado por una voz, o calzado en el tono de una voz, se acierta; todo se resuelve de manera misteriosa, la intuici\u00f3n y un cierto vuelo parejo nos acompa\u00f1an y quisi\u00e9ramos que la tarea no terminara nunca.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Encontr\u00e9 a Sophia de Mello Breyner, como ya lo dije, en los estantes de una librer\u00eda de Lisboa, su obra completa ofrecida por la refinada edici\u00f3n de la editorial Caminho. All\u00ed, todo lo que buscaba, exploraba, admiraba, mi lista de autores anotados en un papelito, todo desapareci\u00f3. O fue lavado, renaci\u00f3 en ese blanco resplandeciente, en esa m\u00fasica austera que los versos de Sophia de Mello desplegaban ante mis ojos, ante mi coraz\u00f3n. Grecia y Portugal moldeaban, en la forma y en la particularidad de los temas, su vehemencia l\u00edrica, pero aun en los poemas m\u00e1s \u00edntimos su lenguaje transparente y sin afectaci\u00f3n permanec\u00eda atado al lenguaje com\u00fan, es decir, al bien com\u00fan. Su b\u00fasqueda de las palabras justas y de un mundo justo parec\u00eda ser una y la misma. En Sophia de Mello la vieja alquimia de la poes\u00eda actuaba nuevamente, uni\u00e9ndose a la historia a su manera, es decir, en un abrazo que la renovaba, la volv\u00eda humana y cre\u00edble. En ese momento me enamor\u00e9 de una lengua ajena y cercana: el portugu\u00e9s. Por eso digo que ella me ense\u00f1\u00f3 portugu\u00e9s. Era tan pr\u00edstina, era tal la felicidad que me produc\u00eda su dicci\u00f3n, que empec\u00e9 a traducirla para rozar la materia de su escritura, la articulaci\u00f3n invisible que en los grandes poetas parece natural como un fruto en la rama, pero es el resultado de una vida dispuesta al poema. \u00a1Qu\u00e9 d\u00edas enamorados!, esos de cantar en otra lengua de una mujer desconocida que, supe mucho despu\u00e9s, viv\u00eda en Lisboa. Ella me ense\u00f1aba de su pa\u00eds, de su \u00e9poca, de su idioma m\u00e1s que cualquiera viaje, m\u00e1s que enciclopedias, ensayos y manuales. He aqu\u00ed la poes\u00eda atada al mundo, hablando desde \u00e9l a trav\u00e9s de una subjetividad cincelada por el dominio de un oficio y la fineza de un esp\u00edritu.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Despu\u00e9s de mi aventura con Sophia de Mello Breyner, adquir\u00ed cierto rango, dudoso para m\u00ed, de traductora del portugu\u00e9s, y me pidieron que tradujera a poetas brasile\u00f1os. Lo hice con miedo y con gusto; miedo, por supuesto, de no hacerlo bien. Poetas que respeto enormemente, como Hilda Hilst o Ferreira Gullar o Ad\u00e9lia Prado o L\u00e9lia Coelho Frota. Formaban parte de una antolog\u00eda de poetas argentinos y brasile\u00f1os publicada bajo el nombre de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Puentes\/Pontes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">Fue un encargo que acept\u00e9 con gusto, reitero, y sobre una selecci\u00f3n propuesta por la antologadora brasile\u00f1a, Elo\u00edsa Buarque de Hollanda. Pero esta experiencia me result\u00f3 mucho m\u00e1s dif\u00edcil, y no ces\u00e9 de preguntarme por qu\u00e9.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Quisiera dar cuenta de la deriva de algunos de aquellas interrogantes. Primero me dije que no era lo mismo haber convivido largamente con la obra de un poeta \u2014como en el caso de Sophia\u2014, que trabajar una selecci\u00f3n previamente definida. Despu\u00e9s me pregunt\u00e9 por qu\u00e9 me resultaba m\u00e1s accesible leer el portugu\u00e9s peninsular que el brasile\u00f1o, siendo Brasil tanto m\u00e1s cercano geogr\u00e1fica e hist\u00f3ricamente a la Argentina y teniendo en com\u00fan ambos pa\u00edses el hablar lenguas libertas de las colonias que sufrieron el vasallaje de la pen\u00ednsula ib\u00e9rica. Quiz\u00e1s suceda que la tradici\u00f3n del colonizador \u2014con sus colonias internas, la presencia \u00e1rabe y sefard\u00ed, por se\u00f1alar algunas en este caso\u2014 no deja de aparecer para el colonizado como una cuna propia. Ser\u00eda necesario introducir tambi\u00e9n un concepto de pertenencia de clase en relaci\u00f3n tanto con los autores traducidos como con el traductor; Sophia de Mello, por ejemplo, aunque logra un equilibrio perfecto, pareciera escribir desde la confianza que produce tomar los bienes de cultura como una herencia naturalmente recibida; no siempre se tiene la misma impresi\u00f3n con aquellos autores que provienen de las clases desheredadas. De esto resulta una paradoja que vale la pena se\u00f1alar; aun si el traductor proviene de dicha clase, como es mi caso, es probable que, por el hecho de haberse apropiado de la llamada <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">alta cultura <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">para el ejercicio de su oficio, en un primer momento, si desconoce el registro hablado de la lengua, le resulte m\u00e1s familiar una po\u00e9tica que se sostiene fuertemente en un canon letrado, ya que este acaba por hacer de la lengua escrita una suerte de nicho en com\u00fan o de lengua franca literaria. Hiere esta paradoja, se\u00f1ala la pesadilla de una injusta sociedad dividida en clases y de la inc\u00f3moda posici\u00f3n del colonizado; se\u00f1ala, tambi\u00e9n, la migraci\u00f3n a la que es forzado todo autor que no haya nacido dentro de las clases dominantes. Esta tragedia ocurre tanto en la pr\u00e1ctica de la escritura en el seno del propio pa\u00eds y la propia lengua como en las pr\u00e1cticas de lectura y traducci\u00f3n, y se profundiza cuando ha sido escaso el contacto del traductor con la lengua que habla el autor, ya que esta, como toda lengua, se halla en constante transformaci\u00f3n y marcada por todas las huellas subjetivas e hist\u00f3ricas de la gente que habita una regi\u00f3n determinada a la cual el autor pertenece.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al traducir a L\u00e9lia Coelho Frota, por ejemplo, pod\u00eda reconocer, en muchos de sus poemas, la presencia de una vieja tradici\u00f3n que me resulta af\u00edn, desde las cantigas medievales a la herencia galaico-portuguesa, las jarchas, la escuela de los trovadores (pienso en poemas como \u201cIp\u00f3tese de Maio\u201d o \u201cDois Desgostos de Agosto\u201d); pero en Ad\u00e9lia Prado, en cambio, el encuentro inquietante e inestable, en estado de pugna entre el habla y la tradici\u00f3n escrita que con frecuencia se hace presente en su obra, nos desaf\u00eda desde otro lugar, urgi\u00e9ndonos a entrar a un terreno riesgoso, o no habr\u00eda traducci\u00f3n posible; la vivacidad de la lengua hablada, tan plena y exquisita, es reconocida por el traductor, pero su extra\u00f1amiento ante ella, en la medida en que no la ha vivido, lo acosa y, al mismo tiempo, lo lanza a una aventura que implica tanto al otro idioma como al propio en su intr\u00ednseca regionalidad. En el registro m\u00e1s estabilizado de la lengua hace irrupci\u00f3n lo tachado, lo no inscripto. Ante esto, la parte del saber letrado con el que pueda contar el traductor muestra su insuficiencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un cap\u00edtulo aparte ser\u00eda para m\u00ed hablar del encuentro con Hilda Hilst, una poeta con la que roc\u00e9 la gracia de la lectura y el deseo profundo de traducirla exhaustivamente. Tenemos en Hilst la intensa y serena sintaxis de un cl\u00e1sico \u2014Horacio parece asomar a veces por detr\u00e1s de sus versos\u2014, sintaxis que la poeta curva en los misterios casi invisibles de la representaci\u00f3n, como una surfista en las olas, para enlazar la disonancia (el esclavo liberto del habla) en la sinton\u00eda (la tradici\u00f3n escrita), la ruptura en la melod\u00eda m\u00e1s tersa que nos deja sin aliento. Saludo en ella a una poeta mayor, y a la sed por comprenderla que se abre en un deseo no saciado a\u00fan de traducci\u00f3n.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para dar alg\u00fan cierre a este repaso de experiencias puntuales en la traducci\u00f3n, no querr\u00eda dejar de mencionar ciertas circunstancias por las que ha atravesado en un pa\u00eds dependiente como Argentina, pero que ha vivido el largo sue\u00f1o de ser como las metr\u00f3polis centrales del poder, o ser a\u00fan mejor, y donde la traducci\u00f3n ha sido una tarea central. Significa estar al d\u00eda, casi al mismo tiempo leer lo que se lee en Nueva York, en Londres o en Par\u00eds, y permanecer, mientras tanto, mucho m\u00e1s desatento a las escrituras de otros pa\u00edses latinoamericanos. Pero ha sido tambi\u00e9n, sin duda, una forma de independencia, permitiendo generar discusiones y producciones en respuesta. Cuando decimos \u201ceste texto necesita ser traducido\u201d, queremos decir que deseamos extenderlo, comunicarlo, discutirlo con otros. Quiere decir que abre preguntas o las responde, a nuestra subjetividad y a nuestra \u00e9poca. Cuando los argentinos ten\u00edamos una cierta abundancia, una industria editorial y un mercado ampliado de lectores, este fen\u00f3meno adquiri\u00f3 caracter\u00edsticas propias en las que no voy a detenerme ahora. Dimos, sin duda, algunos de los mejores traductores al castellano de todo el continente y de Espa\u00f1a tambi\u00e9n, \u201cdesde un preciso lugar de enunciaci\u00f3n: el sur\u201d, como dice Patricia Wilson en el libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La constelaci\u00f3n del sur<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Se alejaron esos buenos tiempos. En la poes\u00eda, sin embargo, nada parece cambiar demasiado, desde que yo recuerdo se traduce poes\u00eda porque s\u00ed. Rara vez es un trabajo pago. Solo es el gozo de hacerlo y de verlo luego publicado en revistas especializadas o en peque\u00f1as editoriales, los mismos canales por donde la poes\u00eda contempor\u00e1nea circula.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se desea traducir porque se ha ca\u00eddo bajo el hechizo de un autor, pero tambi\u00e9n porque ese autor arrastra un complejo laberinto de asociaciones conceptuales, ideol\u00f3gicas y representacionales que hablan a trav\u00e9s de \u00e9l o de ella, y donde tambi\u00e9n habla el traductor. La labor de traducir ense\u00f1a, sobre todo, a pensar de otra manera el propio idioma, lo vuelve inestable, con honduras imprevistas y contradicciones invisibles, y mucho m\u00e1s \u201cajeno\u201d de lo que supon\u00edamos. En tanto que la m\u00fasica, parte del sentido, lo m\u00e1s arcaico, antiguo, misterioso y rebelde, se vuelve lo m\u00e1s pr\u00f3ximo, el cauce com\u00fan del r\u00edo desde donde leemos y desde donde traducimos. Y este cauce com\u00fan tiene numerosas bifurcaciones, arroyos, vertientes y peque\u00f1as cascadas donde se nada con asombro, reconociendo virtualidades de la lengua materna que estaban ah\u00ed y que nunca hab\u00edamos visto. Una extra\u00f1a balanza organiza siempre de forma nueva la rebeld\u00eda y la ley, eso hace la poes\u00eda en el seno del lenguaje y, por lo tanto, tambi\u00e9n la traducci\u00f3n del poema. Yo lo dijo Julia Kristeva: la acci\u00f3n de un poeta en la lengua es violenta, como no puede hacerla desaparecer la mediaci\u00f3n, lo que nos separa de \u201cla cosa\u201d, del Ed\u00e9n, lo que nos condena a la intemperie de la individuaci\u00f3n y el lenguaje, como no puede hacerla desaparecer, la deshace y la hace hablar otra vez. Con qu\u00e9 lucidez se experimenta esta batalla en las tareas de traducci\u00f3n. Qu\u00e9 tremenda atenci\u00f3n demanda ya que ni siquiera ayuda el abismo del silencio de lo a\u00fan no escrito, porque se lleva a cabo sobre un verso ya escrito por otro, como entrar en un jard\u00edn extraordinario y luego, con la zapa, deshacerlo, para volver a restituirlo, si podemos, en su arquitectura y en todos sus detalles, color, sonido, olor, texturas, en un proceso de apropiaci\u00f3n y de reconocimiento, a la vez, de que es de otro. No escribimos un original, escribimos sobre un original. Fiel en la infidelidad, generoso en la autor\u00eda es el traductor; ebrio, a veces, en la frontera de lo propio y lo ajeno. \u00bfNo han visto ustedes, acaso, que el traductor habla de lo traducido como si fuera propio, que por momentos lo ama m\u00e1s que a sus propios libros si los tiene? Debe, sin embargo, no olvidar nunca el jard\u00edn originario, recordar siempre la belleza y precisi\u00f3n irreproducibles del primero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">As\u00ed, si el traductor es un poeta, aunar\u00e1 las aguas de oro de sus lecturas en la lengua madre, el castellano en mi caso, con aquellas le\u00eddas de la mano de m\u00faltiples traductores, con aquellas demoradas, sufridas o en estado de feliz exaltaci\u00f3n, que los otros o \u00e9l mismo realizaron para hacerlas sonar y ver, desde otra lengua a la propia. Todo lo habr\u00e1 alimentado, tanto en la escritura de sus poemas como en la traducci\u00f3n de otros. Y sonreir\u00e1 ante las falencias del lenguaje, su ambig\u00fcedad, su caracter\u00edstica de gacela furtiva que corre y se esconde en las frondas del bosque. Y confiar\u00e1 en el tono, en el color, en la base r\u00edtmica y la gracilidad o rispidez de las melod\u00edas tanto como en el significado comunicable. Sentir\u00e1 su idioma \u00fanico, y al canto, com\u00fan. Ser\u00e1 fiel a la singularidad, y a la voz.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Traducir a otro poeta puede significar encontrar una voz que nos resulta cercana, donde se honra al otro con admiraci\u00f3n, donde se siente, si uno es poeta tambi\u00e9n, que el autor traducido ha llegado a cimas que uno no logra alcanzar, donde se saluda a cierto ideal. Puede ser tambi\u00e9n todo lo contrario, aquello que jam\u00e1s se escribir\u00eda pero que se admira, y esta es una aventura diferente, como si no se poseyera el oficio de traducirlo de antemano y debiera adquir\u00edrselo al mismo tiempo que se inventa su versi\u00f3n al propio idioma. Esta experiencia tambi\u00e9n puede ser extraordinaria y modificar en parte la propia escritura. En ambos casos, se trata de un delicado ejercicio de alteridad. No se debe confundir la escritura del otro con la propia, pero tampoco se puede traducir sin deseo. No podemos ser comidos por el original, ni tampoco fagocitarlo por completo, pero una extra\u00f1a eucarist\u00eda, donde el cuerpo material del lenguaje es devorado y regurgitado, se produce en los picos altos de esta tarea llena de paciencia, de atenci\u00f3n y de gracia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No es posible ir demasiado r\u00e1pido en la traducci\u00f3n de poes\u00eda, o mejor ser\u00eda decir, no es la posici\u00f3n acertada. Porque la poes\u00eda no es un acto de comunicaci\u00f3n, no vamos pescando significado simplemente; en la prosa tampoco, por supuesto, ya que tiene tambi\u00e9n su ritmo y sus misterios tonales, pero esto parece a\u00fan m\u00e1s radical en la poes\u00eda, que no se despliega en el tiempo, sino que se concentra. M\u00e1s que un acto de comunicaci\u00f3n, entonces, asistimos a un acto de comuni\u00f3n, donde ritmo, melod\u00eda y masa sonora son el sentido en alto grado, y eso es lo que intentamos traducir. Nunca lograremos aquel temblor perfecto, pero a veces lograremos otro, en otro lugar del texto o del verso que, nos parecer\u00e1, reverbera en nuestro idioma a\u00fan mejor que en el original. Es necesario dejar de hablar al original, tanto en voz alta como en reconcentrado silencio, dejar que se despliegue dentro de nosotros, en el cuerpo y en el coraz\u00f3n. Nada m\u00e1s material en el lenguaje que aquello que sucede en un poema. La materia no puede ser forzada, es necesario reconocer su densidad y sus leyes, encontrar el cerrojo, tener las llaves que lo abran en un movimiento delicado. Hacer hablar al otro, desaparecer bajo su voz en el uso de un idioma local y temporal que nos construye, que construye nuestra subjetividad, y sentir al mismo tiempo que esa voz tambi\u00e9n habla por nosotros, es una operatoria violenta y maravillosa. Lo mejor que puede suceder en un jard\u00edn es modelarlo y dejarlo ser, en su imprevista diversidad, en su entrega y en su fuga sin fin.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Ensayo de la colecci\u00f3n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La peque\u00f1a voz del mundo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (Caballo Negro Editora, 2011)\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Ioana Cristiana, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi vida en la traducci\u00f3n, o mejor debiera decir en la lectura, ha sido para m\u00ed una sola con mi vida en la escritura. Como toda adolescente argentina de los a\u00f1os sesenta, le\u00ed la poes\u00eda francesa de las vanguardias, y lo hice, b\u00e1sicamente, en las traducciones que circulaban por entonces. 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