{"id":4142,"date":"2020-11-11T19:20:23","date_gmt":"2020-11-12T01:20:23","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/11\/side-paradise-jose-donoso-princeton-antonio-diaz-oliva\/"},"modified":"2023-06-02T13:32:21","modified_gmt":"2023-06-02T19:32:21","slug":"side-paradise-jose-donoso-princeton-antonio-diaz-oliva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/11\/side-paradise-jose-donoso-princeton-antonio-diaz-oliva\/","title":{"rendered":"&#8220;A este lado del para\u00edso: Jos\u00e9 Donoso en Princeton&#8221; de Antonio D\u00edaz Oliva"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p>\u201cNana\u201d.<\/p>\n<p>Nunca he preguntado por qu\u00e9, pero a mi abuela, a mi abuela materna, le decimos nana. En verdad su nombre es Mar\u00eda Ang\u00e9lica, pero siempre le hemos dicho as\u00ed: la Nana, con may\u00fascula. Cuento esto para narrar una an\u00e9cdota relacionada con Jos\u00e9 Donoso. O con la forma en que leo a Donoso.<\/p>\n<p>Hace tiempo, mucho tiempo, mi familia materna tuvo una casa en Las Cruces. Y alguna vez hablando con la Nana, no s\u00e9 de qu\u00e9, me cont\u00f3 sobre sus veraneos cuando joven. En verdad, no recuerdo si era en Las Cruces o Cartagena, pero bueno. Entonces Chile no era muy distinto al de ahora: las elites se juntaban en un balneario y sus hijos se relacionaban entre s\u00ed. No es mucho lo que la Nana me cuenta. Jos\u00e9 Donoso era parte de ese ambiente. Y ella era menor, pero a\u00fan as\u00ed lo recuerda. Hablaba mucho, se ve\u00eda bastante lampi\u00f1o con el traje de ba\u00f1o y era hijo del m\u00e9dico Jos\u00e9 Donoso Henr\u00edquez. Y punto. Y as\u00ed, cada vez que he intentado sacarle m\u00e1s informaci\u00f3n al respecto, repite lo de arriba o vuelve a una an\u00e9cdota que a estas alturas he escuchado un mill\u00f3n de veces. Resulta que, durante gran parte de su infancia y juventud, la Nana fue gorda. Gorda-gorda. Y as\u00ed pas\u00f3 su adolescencia con verg\u00fcenza, traumatizada y atacada por la timidez. Cuando se iban de vacaciones, por ejemplo, no se atrev\u00eda a ba\u00f1arse y se resguardaba bajo un quitasol, con capas de ropa sobre el cuerpo, mientras Donoso y los otros j\u00f3venes, probablemente, se ba\u00f1aban.<\/p>\n<p>Mucho tiempo despu\u00e9s, a principio de los noventa, cuando Donoso era Donoso, en la \u00e9poca de sus talleres en Galvarino Gallardo y todo eso, la Nana se acerc\u00f3 a hablarle durante una feria del libro. Entonces mi abuela hab\u00eda perdido mucho peso. Estaba flaca. De hecho, en todas las fotos que conozco de ella se ve flaca, como si su gordura fuera una mentira con la que intentaba convencerme de que no comiera tanta comida chatarra cuando chico (aunque ese es otro tema). Pero volvamos a la Estaci\u00f3n Mapocho. Imaginemos la situaci\u00f3n: Jos\u00e9 Donoso en el stand de Planeta, una fila no tan numerosa, pero s\u00ed una buena l\u00ednea de gente detr\u00e1s de ella, mientras la Nana se acerca con su copia de <i>Casa de campo<\/i>. A Donoso, se sabe, le gustaba hablar con la gente en las ferias de libros, hacer preguntas, comentar, re\u00edrse, etc., as\u00ed que me imagino que, como acostumbraba, en aquella ocasi\u00f3n se tom\u00f3 su tiempo con cada persona. Hasta que lleg\u00f3 el turno de mi abuela.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mar\u00eda Ang\u00e9lica! \u2014le dijo Donoso apenas la vio.<\/p>\n<p>\u2014Pepe \u2014le respondi\u00f3 mi abuela\u2014, \u00bfte acuerdas de m\u00ed? Pens\u00e9 que iba a tener que recordarte qui\u00e9n soy.<\/p>\n<p>\u2014Pero claro que me acuerdo de ti, mujer. C\u00f3mo te voy a olvidar si eras tan gorda cuando \u00e9ramos j\u00f3venes.<\/p>\n<p>El comentario de Donoso no ayud\u00f3 mucho. Al contrario. Revivi\u00f3 el trauma juvenil de la Nana. Y esa copia de <i>Casa de campo<\/i> \u2014que ahora est\u00e1 en alg\u00fan lugar de mi biblioteca en Santiago\u2014, no tiene ninguna firma, ni dedicatoria.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>No mucho tiempo despu\u00e9s de esos veranos, en 1949, luego de casi tres a\u00f1os en el pedag\u00f3gico de la Universidad de Chile \u2014infelices a\u00f1os, al parecer\u2014, Jos\u00e9 Donoso viaj\u00f3 a Estados Unidos para terminar sus estudios de pregrado en la Universidad de Princeton. El sistema universitario estadounidense dicta que los estudiantes de primer a\u00f1o son freshman, en el segundo sophomore, despu\u00e9s junior y por \u00faltimo senior. Donoso, a los 25, era <i>junior<\/i>, algo extra\u00f1o frente a la realidad del resto de sus compa\u00f1eros: la mayor\u00eda con suerte alcanzaba los 21 a\u00f1os. Y no s\u00f3lo eso: el escritor chileno ya ten\u00eda ciertas experiencias de vida que asombraban a los otros estudiantes \u2014la mayor\u00eda ni siquiera hab\u00eda salido de Estados Unidos\u2014, como el trabajo que hizo de ovejero en Magallanes o su viaje por Argentina donde conoci\u00f3 a Borges.<\/p>\n<p>Es inevitable vincular a Donoso con los temas de su obra (que \u00e9l mismo instaur\u00f3 y se hizo cargo), como las casonas, las abuelas moribundas, lo monstruoso y el ocaso de un Chile decimon\u00f3nico. Lo at\u00edpico es hablar de un Donoso joven. Casi nadie habla, o ahonda, en el Donoso de formaci\u00f3n, el viajero empedernido, el que intentaba encontrarse a s\u00ed mismo. Puede ser porque he escuchado tantas veces esa an\u00e9cdota familiar, es decir, me he imaginado tantas veces a Donoso con traje de ba\u00f1o (y a la Nana gorda), que aquello es lo que primero aparece, en mi cabeza, al abrir cualquiera de sus libros. O porque mi lectura no est\u00e1 distorsionada por las lecturas educacionales obligatorias (fui a un colegio waldorf y me salv\u00e9 de leerlo a la fuerza). Como sea, es a partir de esa an\u00e9cdota familiar, y pese a que sus libros parecen ir en contra de esta idea, que me imagino a un Donoso joven. A ese Donoso que durante sus veintitantos viaj\u00f3 por el sur de Estados Unidos y M\u00e9xico a dedo (un par de a\u00f1os antes que Kerouac y compa\u00f1\u00eda). O el que le puso a su segundo libro de cuentos <i>El Charlest\u00f3n<\/i>, un t\u00edtulo energ\u00e9tico y muy en sinton\u00eda con Francis Scott Fitzgerald, el autor estadounidense que escribi\u00f3 en <i>Este lado del para\u00edso<\/i>, su novela de iniciaci\u00f3n sobre un joven con aspiraciones literarias que estudia en Princeton: \u201cNo quiero repetir mi inocencia. Quiero perderla de nuevo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>M\u00e1s de sesenta a\u00f1os despu\u00e9s, Princeton parece haberse congelado. No s\u00f3lo por el duro invierno del hemisferio norte que no quiere irse; tambi\u00e9n porque sus edificios lucen intactos desde hace siglos. Caminar por Princeton es como caminar por Hogwarts, la escuela de Harry Potter. Ac\u00e1 los estudiantes no usan varitas, pero puede ser por el esp\u00edritu ivy league, o porque todo est\u00e1 nevado y hay chimeneas humeando, que todos parecen j\u00f3venes magos. Es una escena muy propia de esta \u00e1rea de Estados Unidos que parece siempre estar en oto\u00f1o o celebrando navidad. El mismo Donoso, en una cr\u00f3nica que public\u00f3 en <i>El Sol de M\u00e9xico<\/i> (\u201cBreves encuentros con la fama\u201d), narra algo similar al recordar el ambiente de la universidad durante invierno: \u201cLos edificios neog\u00f3ticos cubiertos de nieve. Garrafas de sidra que dej\u00e1bamos para que se enfriaran en los alf\u00e9izares de nuestras ventanas, de modo que a la luz de la tarde se ve\u00edan como gl\u00f3bulos de \u00e1mbar suspendidos en las fachadas de nuestros colegios. Ardillas. Muchachos embozados en largu\u00edsimas bufandas de franjas negras y naranja transitando por el paisaje cuya blancura absorb\u00eda los sonidos\u201d.<\/p>\n<p>Fue gracias a una beca de la Fundaci\u00f3n Doherty que Donoso pudo ingresar a Princeton. Muchos pintores y artistas visuales chilenos obtuvieron u obtendr\u00edan la beca (Carlos Faz, Pablo Burchard Aguayo y Nemesio Ant\u00fanez). Y si bien lo oficial es que Donoso parti\u00f3 a Estados Unidos gracias al dinero de la fundaci\u00f3n Doherty, ya en Princeton el escritor se encarg\u00f3 de correr un rumor diferente. Robert Keeley, uno de sus compa\u00f1eros y amigos durante esos dos a\u00f1os, recuerda en <i>MSS revisited<\/i>, un librito auto-publicado por \u00e9l sobre sus recuerdos de esos a\u00f1os: \u201cCont\u00f3 que era un destacado estudiante de una universidad en Santiago, y que obtuvo una beca de una mujer millonaria la cual se hab\u00eda casado con un prominente chileno. La beca consist\u00eda en dos a\u00f1os de estudio en cualquier universidad estadounidense\u201d.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de las posibles exageraciones, lo cierto es que, seg\u00fan el mismo Donoso, algo de ayuda econ\u00f3mica recibi\u00f3 de In\u00e9s \u201cMomo\u201d del R\u00edo, la famosa mecenas y protectora de variados artistas y literatos chilenos. Lo divertido, finalmente, es que en gestos como estos se nota que Donoso entendi\u00f3 que la mejor forma de convertirse en escritor era crear un mito alrededor suyo. Desde su primer d\u00eda de clases Donoso se present\u00f3 como un ser extravagante, ayudado por el hecho de ser mayor, de venir de un pa\u00eds tan lejano y desconocido como Chile y de, pese a tener un manejo del ingl\u00e9s impecable (obra de sus a\u00f1os como estudiante en el Grange), su particular acento. Sobre su padre se remiti\u00f3 a decir que era m\u00e9dico. Pero sobre su madre elabor\u00f3 un poco m\u00e1s: \u201cSu madre era una formidable mujer que alguna vez pens\u00f3 en postularse como alcalde de Santiago, o tal vez as\u00ed lo hizo. Cuando me cont\u00f3 sobre este gesto, Jos\u00e9 lo atribuy\u00f3 a la menopausia\u201d, escribe Keeley, quien dice haber escuchado a Donoso en variadas ocasiones rememorar sus meses en Magallanes cuidando ovejas y leyendo y releyendo <i>En busca del tiempo perdido<\/i> de Marcel Proust (en franc\u00e9s). \u201cAprend\u00ed a apreciar las historias de Jos\u00e9\u201d, dice Keeley, \u201caunque nunca las cre\u00ed enteramente\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Donoso viv\u00eda en una pieza el Edwards Hall, un edificio\/dormitorio para estudiantes construido en 1879 y con fama de ser un lugar oscuro y exc\u00e9ntrico. Antes de entrar a la biblioteca y encerrarme un d\u00eda entero para revisar papeles y manuscritos, me detengo en este edificio. Sin identificaci\u00f3n de estudiante no se puede entrar, por lo que espero que salga alguien para colarme. As\u00ed sucede y, ya adentro, subo por las escaleras hasta la parte sur, habitaci\u00f3n 24, donde Donoso y Keeley se conocieron. En este sitio empezar\u00eda una amistad literaria. Tanto el chileno como el estadounidense hab\u00edan escogido literatura como \u00e1rea de estudio, pero en el fondo quer\u00edan ser escritores. Por un momento, incluso, planearon una novela a cuatro manos sobre el <i>dorm<\/i> en que viv\u00edan, aunque la idea no prosper\u00f3. El t\u00edtulo ser\u00eda <i>Edwards Hall<\/i> y la idea consist\u00eda en crear un fresco narrativo sobre los personajes que entraban y sal\u00edan de este dormitorio, una serie de sketches acerca de \u201cla amplia gama de exc\u00e9ntricos, neur\u00f3ticos y primitivos que habitaban este edificio\u201d.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed prosper\u00f3 fue <i>MSS<\/i>, la revista literaria en la que Donoso debut\u00f3 como escritor. Y en ingl\u00e9s.<\/p>\n<p>En ese entonces exist\u00edan varias revistas literarias en Princeton. La m\u00e1s famosa era el <i>Nassau Literary Magazine<\/i>, con una larga historia detr\u00e1s. <i>MSS<\/i>, a su vez, llevaba poco tiempo, apenas un n\u00famero. A Robert Keeley le ofrecieron ser director de la revista. Y lo primero que hizo fue poner a Donoso como su brazo derecho para pensar en qu\u00e9 cambios hacer y a qui\u00e9nes les gustar\u00eda publicar. Sin embargo, prontamente tuvieron que interrumpir sus planes: el semestre se acababa y la mayor\u00eda de los estudiantes regresaba a sus hogares por el verano. Keeley pas\u00f3 junio, julio y parte de agosto en Martha&#8217;s Vineyard, una isla situada en la costa este. Donoso, a su vez, parti\u00f3 a M\u00e9xico, siguiendo su esp\u00edritu trotamundos. A su regreso, meses m\u00e1s tarde, cuando cruzaba la frontera en Texas, se dio cuenta de que hab\u00eda olvidado sus documentos en su pieza, en el Edwards Hall. Por poco no consigue volver a Princeton y, de hecho, se hizo pasar por ciudadano estadounidense para no tener problemas m\u00e1s serios, como que le quitaran la visa y lo mandaran de vuelta a Chile.<\/p>\n<p>De vuelta en la universidad, Keeley se sorprendi\u00f3 al ver a Donoso instalado afuera del gimnasio, con una mesa, ofreciendo suscripciones. El plan consist\u00eda en asegurar econ\u00f3micamente la revista antes de editar el segundo n\u00famero. La meta era vender 400 suscripciones era la meta. Sin mucho \u00e9xito, decidieron ir de puerta en puerta, a trav\u00e9s de los edificios de estudiantes y profesores. Donoso result\u00f3 ser el mejor vendedor. Adem\u00e1s de su acento y apariencia llamativa, el escritor chileno usaba un argumento infalible: presentarse como un empobrecido estudiante de un pa\u00eds tan remoto como Chile. Por \u00faltimo le aseguraba a los posibles suscriptores que los escritores que <i>MSS<\/i> publicaba, sin duda, ser\u00edan famosos. Keeley: \u201cPero el elemento m\u00e1s efectivo de su capacidad de venta era su persistencia, su habilidad para convencer cautelosos estudiantes de a\u00f1os superiores que cometer\u00edan un grave error si es que lo rechazaban. Generalmente Donoso se auto-invitaba a la pieza, sin siquiera preguntar, tomaba posici\u00f3n de alg\u00fan asiento desocupado, y daba la impresi\u00f3n de que no pod\u00eda irse de la residencia hasta que le colaboraran. \u201cUn d\u00f3lar no es tanto dinero cuando se necesita para conseguir paz y calma. De esa forma Jos\u00e9 vendi\u00f3 m\u00e1s de 200 suscripciones, mucho m\u00e1s que los otros miembros de <i>MSS<\/i> juntos. Alcanzamos un total de 350 y decidimos continuar con el primer n\u00famero\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Hay algo fronterizo en la forma en que Donoso escribe en ingl\u00e9s. No usa un ingl\u00e9s americano, sino uno cercano a la tradici\u00f3n inglesa de fin de siglo. Nada raro: estos son a\u00f1os de descubrimientos literarios. En Princeton Donoso lee en profundidad a Henry James, algo que se nota en la prosa de sus dos primeros cuentos, tanto en el constante uso de la coma como en las frases intercaladas, la figura de los padres y los espacios f\u00edsicos de las casas.<\/p>\n<p>Con fecha de noviembre, 1950, en el segundo n\u00famero de <i>MSS<\/i>, \u201cThe Blue Woman\u201d es el primero de los dos relatos que Donoso public\u00f3 en Princeton. Cuenta la historia de Myra, una fr\u00e1gil mujer en sus cuarenta que trabaja en una agencia de publicidad en Nueva York. Sin pareja ni familia, y apenas un par de amigos que visita de vez en cuando, Myra pasa sus fines de semana en un estado de bovarismo: con frecuencia asiste a las funciones dobles del cine para evadir la realidad. Entonces, aburrida de su vida y de su apariencia, decide operarse su nariz. Su cambio facial, una noche que conoce a un par de extra\u00f1os en un bar, comienza a aterrorizarla; en diversos espejos y vidrios ve a una mujer azul que le recuerda su rostro anterior.<\/p>\n<p>El hecho de que el primer relato que Donoso public\u00f3 tuviera a una mujer de protagonista es clave. \u201cJos\u00e9 estaba enamorado de las novelistas mujeres. Ten\u00eda planeado escribir su tesis sobre Jane Austen\u201d, escribe Keeley. Antes que Austen, eso s\u00ed, Donoso manejaba la idea de investigar la obra de Virginia Woolf, otra de sus escritoras favoritas, y a quien, \u00e9l mismo reconoci\u00f3 en muchas entrevistas posteriores, le rob\u00f3 t\u00e9cnicas narrativas como el mon\u00f3logo interior. Pero cuando pidi\u00f3 permiso para trabajar sobre Woolf, su gu\u00eda de estudios se lo neg\u00f3 rotundamente: \u201cNo existe un corpus cr\u00edtico serio sobre su obra\u201d, le dijo. Finalmente el autor chileno escribi\u00f3 sobre Jane Austen: <i>The Elegance of Mind of Jane Austen. An Interpretation of Her Novels Through the Attitudes of Heroines<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Princeton, como la mayor\u00eda de los pueblos universitarios en Estados Unidos, es un territorio finito. Solo en una tarde es posible recorrer las calles comerciales y ya sentirse en un estado de d\u00e9j\u00e0 vu tur\u00edstico. Empiezo en la tienda oficial de la universidad, donde venden merchandising de Princeton. Veo varias copias de <i>Este lado del para\u00edso<\/i> y de <i>El Gran Gatsby,<\/i> libros de Einstein, quien ense\u00f1\u00f3 ac\u00e1, y un volumen donde se destacan los alumnos famosos que han pasado por Princeton: no aparece Donoso. A un par de cuadras est\u00e1 Labyrinth Books, la mejor librer\u00eda en toda el \u00e1rea. Voy a la D y encuentro algunos pocos libros de Donoso. Son solo traducciones al ingl\u00e9s: <i>Curfew, The Garden Next Door, Taratuta and Still Life with Pipe: Two Novellas<\/i>. Abro los libros y veo que son viejos y con sellos que han empezado a desvanecerse, probablemente de colecciones de profesores. En las contraportadas hay blurbs de John Barth, Kurt Vonnegut y Robert Coover.<\/p>\n<p>A una cuadra doy con la calle Witherspoon donde, seg\u00fan Keeley, lavaban ropa: \u201cUn d\u00eda not\u00e9 que hab\u00eda una larga pila de camisas sucias en una de las esquinas de la pieza de Jos\u00e9. Cada vez que necesitaba una camisa limpia, Jos\u00e9 iba a la tienda de la universidad y compraba una nueva. Luego de decirle que eso era est\u00fapido y una p\u00e9rdida de dinero, le present\u00e9 a la se\u00f1ora que me lavaba la ropa, una italiana inmigrante que viv\u00eda en Witherspoon Street\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Se ha creado un mito en torno a los papeles y manuscritos de Donoso. A\u00f1os atr\u00e1s, cuando su colecci\u00f3n se abri\u00f3 al p\u00fablico general, algunas revistas y diarios chilenos publicaron art\u00edculos enfatizando su homosexualidad (o bisexualidad). La mitad de esos papeles hoy est\u00e1 en Iowa, donde Donoso ense\u00f1\u00f3 escritura creativa, y el resto en esta universidad. Me paso dos d\u00edas buscando sobre su relaci\u00f3n con Princeton; cartas a amigos que conoci\u00f3 ac\u00e1, apuntes y otros textos. Pero en el camino me entretengo y divago. Entrar en la vida personal de Donoso es entrar en la historia de la literatura latinoamericana reciente. As\u00ed que lo obvio ser\u00eda buscar su correspondencia con los otros autores del Boom: Garc\u00eda M\u00e1rquez, Vargas Llosa, Fuentes y Cort\u00e1zar. Son sus amigos y colegas de los a\u00f1os en que Donoso y su esposa, Mar\u00eda Pilar Serrano, viv\u00edan en Espa\u00f1a, principalmente en Barcelona, donde escribi\u00f3 muchas de sus obras m\u00e1s famosas. Sin embargo, en vez de eso me pongo a buscar sus v\u00ednculos con las generaciones posteriores.<\/p>\n<p>Encuentro cartas de Alberto Fuguet y Edmundo Paz Sold\u00e1n, dos autores del <i>McOndo<\/i>, ese movimiento o antolog\u00eda que suplantaba el realismo m\u00e1gico por un realismo moderno y urbano. Ambos, sin embargo, se muestran cercanos a la obra y la sensibilidad de Donoso. Fuguet escribe desde Iowa, donde fue invitado al famoso International Workshop. \u201cTodos tienen los mejores recuerdos de usted. En este sentido, el solo decir que fui estudiante suyo me sube de estatus. L\u00f3gicamente, me aprovecho de ello aunque s\u00e9 que no lo merezco\u201d, escribe Fuguet en 1994. Paz Sold\u00e1n hab\u00eda conocido a Donoso en Buenos Aires, a fines de los a\u00f1os 80, en una feria del libro. Y poco despu\u00e9s de ese encuentro el escritor boliviano se instal\u00f3 en Alabama, donde fue a la universidad. \u201cRecuerdo las charlas que tuve con usted, sus consejos, y s\u00e9 que esos encuentros, por m\u00e1s peque\u00f1os que hayan sido, marcan un hilo fundamental en mi vida literaria, es decir en mi vida\u201d.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n encuentro una carta de C\u00e9sar Aira en la que el escritor argentino se queja de una visita cancelada a Buenos Aires: \u201c\u00a1Qu\u00e9 baj\u00f3n inmenso que no venga a la Feria del Libro! Me hab\u00eda hecho la ilusi\u00f3n de verlo, y como me tomo tan en serio mis ilusiones, realmente lo vi por anticipado, y estuvimos charlando&#8230; Cuando me dijeron que no vendr\u00eda fue como si me expropiaran, y me hirvi\u00f3 la sangre. No me adapto a cosas as\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Asimismo un mensaje de la profesora estrella de NYU, Diamela Eltit, quien en el 92 era agregada cultural en M\u00e9xico y se quejaba del mundillo literario local: \u201cMe repuse ya del impacto de estar en Chile y ver que ahora: espejito, espejito, el que m\u00e1s vende es el m\u00e1s bonito. Yo pues ni modo (a la mexicana) qued\u00e9 abajo de la pasarela por tonta y desubicada\u201d.<\/p>\n<p>Y me encuentro con varias y muy largas cartas de una inspirada Isabel Allende, mucho antes de <i>La casa de los esp\u00edritus<\/i>. &#8220;Siempre pens\u00e9 que las personas famosas viv\u00edan rodeadas de admiradores respetuosos, preparando conferencias o aisladas en el silencio y la soledad de su escritorio&#8221;, le escribe en 1971, un a\u00f1o despu\u00e9s de que se publicara la novela m\u00e1s celebrada de Donoso, <i>El obsceno p\u00e1jaro de la noche<\/i>. \u201cTu carta, sin embargo, es la de un hombre tranquilo y sencillo, que mira mucho, habla poco, escucha y existe honestamente en un precioso lugar de Espa\u00f1a donde nadie habla de pol\u00edtica y donde no hay smog. En resumen: algo muy cercano al Para\u00edso\u201d.<\/p>\n<p>Me detengo en una carpeta que contiene los originales de los dos relatos publicados en <i>MSS<\/i>, \u201cThe Blue Woman\u201d y \u201cThe Poisoned Pastries\u201d. Tambi\u00e9n dos traducciones de estos, aunque al parecer no se publicaron. Los autores son Mar\u00eda y Hugo Achar, el segundo un acad\u00e9mico uruguayo. En la misma carpeta se encuentra la \u00fanica reimpresi\u00f3n, hasta la fecha, de estos relatos (<i>Chasqui<\/i>, la revista de estudios latinoamericanos de la Universidad de Wisconsin, Madison). As\u00ed, los cuentos permanecen in\u00e9ditos en espa\u00f1ol. Esto porque Donoso nunca se sinti\u00f3 muy c\u00f3modo con ellos. En una nota al final, de hecho, se ve un comentario al respecto, con una letra apenas legible: \u201cProfundizar m\u00e1s la armon\u00eda de la prosa\u201d.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de papeles hay una carpeta llena de fotos. Muchas fotos. Parto con las del Boom: Donoso con Fuentes, Vargas Llosa y Garc\u00eda M\u00e1rquez en distintas situaciones, todos sonrientes y abrazados. Encuentro cinco im\u00e1genes de su tiempo como estudiante en Princeton. En una est\u00e1 sentado en el borde de una ventana, lleva el corte de pelo que esta universidad hizo famoso (the Princeton haircut), camisa blanca, corbata oscura, sin zapatos y de brazos cruzados alrededor de las rodillas. Mira a la c\u00e1mara, pero sus lentes \u2014ya gruesos en ese entonces\u2014 no dejan ver sus ojos. Atr\u00e1s dice: Princeton 1949. Otra imagen de la misma serie lo presenta con una pipa, en un sal\u00f3n de la universidad, tambi\u00e9n descalzo. Donoso parece un personaje de un relato de John Cheever antes que un futuro escritor de casas se\u00f1oriales. Hay una m\u00e1s de esos a\u00f1os; sentado con una camiseta blanca y un gorro de safari. El lugar podr\u00eda perfectamente ser M\u00e9xico; tal vez un pueblo de clima \u00e1rido. Y hay, al final, una foto de una foto. Es de Jos\u00e9 Donoso y su madre, Alicia Y\u00e1\u00f1ez. Fecha: 1926. Donoso tiene el pelo rubio y ruliento (a lo \u201cpr\u00edncipe valiente\u201d) y est\u00e1 de blanco. Parece una ni\u00f1a. Le toma la mano a su mam\u00e1, y ella, sonriente, lo mira.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Fabi\u00e1n Casas lo dijo: \u201cLas parejas y las revistas literarias duran casi siempre dos n\u00fameros\u201d. En el tiempo que Donoso estuvo en Princeton, <i>MSS<\/i> tuvo tres ediciones. Dos con relatos del escritor chileno. \u201cThe Poisoned Pastries\u201d fue incluido en la edici\u00f3n de mayo, 1951. \u201cThe Poisoned Pastries\u201d parte con un hombre rememorando su infancia y las pesadillas surrealistas que ten\u00eda con su padre (un sue\u00f1o recurrente en el que el narrador se hincha como un gigante globo rosado hasta reventar, lo que hace que desde su interior una moneda caiga al pavimento). Le sigue a esto la aparici\u00f3n de una extra\u00f1a se\u00f1ora que le ofrece unos pasteles al ni\u00f1o y a su hermana, quienes se niegan a probarlos. En \u201cThe Poisoned Pastries\u201d hay varios elementos que adelantan pistas de por donde avanzar\u00e1 la narrativa de Donoso, como el personaje de la abuela religiosa y enferma que el narrador y su hermana deben visitar cada noche, y la presencia\/ausencia de los padres. Incluso en esta etapa inicial Donoso es donosiano. Seg\u00fan Keeley, el escritor chileno le coment\u00f3 que se hab\u00eda inspirado en un episodio de su ni\u00f1ez.<\/p>\n<p>\u201cEs una historia bien planeada, pero el escritor ha tenido dificultad en desarrollarla, la cl\u00e1sica dificultad de intensificar una an\u00e9cdota y hacerse cargo de ese tono de reminiscencia con que se presentan a los personajes. Cuesta evocar a la repelente y pat\u00e9tica mujer\u201d, escribi\u00f3 Robert Fitzgerald, profesor de la universidad, al rese\u00f1ar el n\u00famero de <i>MSS<\/i> para el peri\u00f3dico de Princeton. Aunque a Donoso no le doli\u00f3 tanto la cr\u00edtica: \u201cPor lo menos no dijo que estaba imitando a otro escritor\u201d, le coment\u00f3 a Keeley.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>El autor de <i>Coronaci\u00f3n<\/i> nunca fue un estudiante ejemplar. Ni en el colegio, ni el pedag\u00f3gico, ni menos en Princeton (\u201cresult\u00e9 ser un alumno deplorable\u201d). Siempre estuvo m\u00e1s interesado en vivir que en estudiar. O en leer. Ahora, adem\u00e1s, ten\u00eda a su disposici\u00f3n todos los autores que siempre hab\u00eda querido y en su idioma original. De ah\u00ed que su paso por Princeton lo ayudara a confirmar que como estudiante era irregular y su condici\u00f3n de escritor. En uno de los archivos que hay en Princeton, una autobiograf\u00eda, Donoso recuerda al respecto lo siguiente:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Mi gu\u00eda de estudios me pregunt\u00f3 sobre mis calificaciones malas. Le respond\u00ed que estaba enamorado. Protest\u00f3 que sin duda yo no era el \u00fanico princetoniano enamorado. Cuando respond\u00ed a su protesta con un \u201cpero se\u00f1or, comprenda, yo soy latino\u201d. Me hizo salir, seguramente, para re\u00edr.<\/p>\n<p>De todas maneras, el sistema de universidades estadounidenses daba libertad a sus estudiantes. Muchos ex\u00e1menes y evaluaciones eran bastante aut\u00f3nomos. En enero de 1951, iniciando su \u00faltimo semestre en Princeton, le escribe a la \u201cMomo\u201d:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Yo cada d\u00eda m\u00e1s interesado por la pintura. Tengo ahora el curso m\u00e1s maravilloso del mundo, que se llama \u201cThe Northern Rennaissance\u201d. Tres clases y una discusi\u00f3n cada semana. El examen final es lo siguiente: nos dan la quotation de Eckhardt \u201cWhat is man that thou art mindful of him?\u201d, y uno puede hacer lo que se le d\u00e9 la real gana con ella. Un amigo m\u00edo escribi\u00f3 s\u00f3lo un soneto; otro, un cuento de cuarenta mil p\u00e1ginas; Waring Bidle hizo un film; John Elliot pint\u00f3 un tr\u00edptico moderno; Bob Belknap escribi\u00f3 una cosa que \u00e9l llama \u201cInterplanetary Pastiral\u201d, totalmente genial e insano; Tony Devereux, un di\u00e1logo entre \u00e9l y Lutero; Art Windels, un di\u00e1logo entre tres bolas de billar blancas, etc. Yo escrib\u00ed una cosa largu\u00edsima llamada \u201cThe Private Collection of J. M. Donoso\u201d, en la que hago con palabras un grupo de diez pinturas imaginarias, por pintores del renacimiento.<\/p>\n<p>Y luego narra la recepci\u00f3n de su proyecto en clase:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Tuvo un success feroz, pues en el estilo de ingl\u00e9s trat\u00e9 de imitar el estilo de pintura, y las ideas eran siempre las m\u00edas, no las del pintor; tratando de poner cada cuento \u2014es en realidad una serie de diez cuentecitos de m\u00e1s o menos cuatro p\u00e1ginas de largo cada uno\u2014 fuera del tiempo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>El fin de paso de Donoso por Princeton coincidi\u00f3 con el matrimonio de su amigo Robert Keely. Apenas termin\u00f3 el \u00faltimo d\u00eda de clase, el escritor chileno tom\u00f3 un tren a Nueva York. Su plan era ir a la mayor cantidad de museos, librer\u00edas o simplemente recorrer las avenidas y parques.<\/p>\n<p>\u201cLleg\u00f3 tarde, justo para la cena\u201d, escribe Keeley sobre el d\u00eda del matrimonio y la aparici\u00f3n de Donoso. \u201cLe trajo a la novia un regalo en la bolsa de la tienda donde la hab\u00eda comprado, ya que no tuvo tiempo de envolverlo. Era un recipiente de aluminio rojo para poner hielo con la forma de una manzana gigante\u201d. Adentro ten\u00eda una tarjeta con la siguiente inscripci\u00f3n: \u201cPara Eva de la serpiente\u201d.<\/p>\n<p>Esa noche Donoso no prest\u00f3 atenci\u00f3n a las atractivas mujeres que bailaban y buscaban compa\u00f1\u00eda. En vez de eso estuvo con la madrastra de Keeley, entonces en sus treinta a\u00f1os. Conversaron largamente y brindaron un par de veces. \u201cT\u00edpico de Jos\u00e9\u201d, recuerda Keeley ya que Donoso, en esos dos a\u00f1os, ten\u00eda un historial al respecto. \u201cLe gustaban las mujeres en general. Pero Jos\u00e9 no sal\u00eda en citas durante sus a\u00f1os de estudiante. No lo necesitaba. Ten\u00eda dos amigas en el pueblo, aunque no eran chicas. Eran mujeres. Una era una viuda en sus cuarenta, la secretaria de uno de los departamentos acad\u00e9micos. La otra era la esposa de un doctor, un psiquiatra en verdad, en sus treinta. Jos\u00e9 regular y seriamente dorm\u00eda con ambas mujeres, en las camas de ellas, nunca en su dormitorio. Cuando le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 le atra\u00edan las mujeres \u2018adultas\u2019, me explic\u00f3 que ten\u00edan tres ventajas. La primera es que eran \u2018serias\u2019. Segundo, eran \u2018experimentadas\u2019. Y m\u00e1s importante, eran muy \u2018agradecidas\u2019\u201d.<\/p>\n<p>Si lo que Keeley asegura es cierto, puede ser entonces que Donoso frecuentaba a la mujer de un matrimonio que viv\u00eda en el pueblo de Princeton. Un matrimonio de amigos que hab\u00eda conocido en la universidad y que lo recibieron en una navidad. En el art\u00edculo \u201cBreves encuentros con la fama\u201d, el escritor chileno lo recuerda: \u201cYo me hab\u00eda hecho amigo, entretanto, de un m\u00e9dico y su mujer que viv\u00edan en Princeton. Esa Navidad, cuando la mayor\u00eda de los estudiantes partieron a sus hogares, yo permanec\u00ed en la universidad y el doctor Howland y su mujer me invitaron a pasar la v\u00edspera en su casa. Oir\u00eda o podr\u00eda tomar parte, me dijeron, de un concierto de flautas verticales. Alrededor del fuego y del ponche se reuni\u00f3 un grupo de grandes y ni\u00f1os tocando las viejas melod\u00edas de esas latitudes\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>La noche del matrimonio el alcohol corri\u00f3 y se bail\u00f3 mucho. Horas m\u00e1s tarde Donoso apenas caminaba. El mismo Keeley se encarg\u00f3 de llevarlo al hotel y registrarlo en el lobby. Cuando termin\u00f3, vio que el futuro escritor chileno dorm\u00eda en uno de los sillones.<\/p>\n<p>Luego de esa noche, y con el tiempo contra (su visa expirar\u00eda pronto), Donoso comenz\u00f3 su retorno. Ten\u00eda 26 a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Al terminar mis estudios en Princeton emprend\u00ed mi regreso a Chile en autostop cruzando lentamente el sur de Estados Unidos y M\u00e9xico, donde permanec\u00ed varios meses. Part\u00ed desde Washington, donde fui a despedirme de don Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, a quien ve\u00eda con cierta frecuencia. Viv\u00eda en una de esas casitas horribles y oscuras, por no decir s\u00f3rdidas, que los escritores espa\u00f1oles en el exilio tienen ese don especial para encontrar.<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo pretend\u00eda despedirse del poeta espa\u00f1ol, tambi\u00e9n quer\u00eda pedirle una carta de recomendaci\u00f3n. El plan de Donoso era ir a M\u00e9xico, a Xalapa, donde Gabriela Mistral viv\u00eda. Jim\u00e9nez, a rega\u00f1adientes, le escribi\u00f3 una carta. Y as\u00ed, meses m\u00e1s tarde, el autor chileno se present\u00f3 frente a la poeta y premio Nobel en tierras mexicanas: \u201cLe cont\u00e9 mi procedencia princetoniana y mi obligado regreso a Chile. Le relat\u00e9 mis peripecias mexicanas, donde viv\u00eda hace casi un mes sin dinero, manteni\u00e9ndome con un \u2018trabajo\u2019 ins\u00f3lito: flaqu\u00edsimo (entonces), con crew cut y bermuda shorts, casi negro de tanto estar al sol, me iba en las ma\u00f1anas al castillo de Chapultepec a esperar que llegaran los autobuses llenos de turistas norteamericanos. Me acercaba a alguna dama de aspecto cr\u00e9dulo y con mi m\u00e1s culto acento ingl\u00e9s le dec\u00eda que yo era estudiante de psicolog\u00eda (falso) en Princeton y que me hallaba capacitado para hacer un estudio de su car\u00e1cter por las l\u00edneas de sus manos\u201d.<\/p>\n<p>Luego de unos d\u00edas junto a Gabriela Mistral (se neg\u00f3 a que ese parlanch\u00edn joven chileno le leyera la mano), Donoso sigui\u00f3 su recorrido por Am\u00e9rica Latina. La llegada a Santiago ser\u00eda un golpe duro. Luego de estos dos a\u00f1os en el extranjero, sinti\u00f3 que el pa\u00eds, m\u00e1s que nunca, se estrechaba y lo asfixiaba. En Princeton se sent\u00eda al otro lado del para\u00edso. Pero ahora le tocaba retornar. \u201cMi regreso a Chile marc\u00f3 el comienzo de a\u00f1os \u00e1ridos para m\u00ed, duros, sin direcci\u00f3n, insatisfactorios, prolongad\u00edsimos, en que iba a escribir y no escrib\u00eda, en que ense\u00f1aba y no me gustaba ense\u00f1ar, en que pensaba volver al extranjero sin lograr emprender el viaje, recordando con nostalgia Princeton, o a Gabriela Mistral en Xalapa\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Pese a los viajes, el paso del tiempo y los libros publicados, Donoso nunca perdi\u00f3 contacto con Princeton y sus compa\u00f1eros. A lo largo de los a\u00f1os intercambi\u00f3 cartas con Robert Keeley, quien se convirti\u00f3 en diplom\u00e1tico, viaj\u00f3 por diversos pa\u00edses y termin\u00f3 viviendo en Washington DC; se aloj\u00f3 con John Elliot en Nueva York reiteradas veces; y Walter Clemons Jr, otro compa\u00f1ero que no escribi\u00f3 ficci\u00f3n, aunque s\u00ed desarroll\u00f3 carrera como periodista y rese\u00f1\u00f3 <i>El obsceno p\u00e1jaro de la noche<\/i> para Newsweek (\u201ccon este libro se ha transformado en un novelista de categor\u00eda mundial\u201d).<\/p>\n<p>En 1973, Donoso le escribi\u00f3 a Keeley desde Calaceite, Espa\u00f1a, donde manten\u00eda a su familia con 300 d\u00f3lares al mes. La vida en la costa catalana no era cara. Pero Donoso se lamentaba no ofrecerle a su familia estabilidad financiera. Especialmente ahora que Pilar, su hija, cumpl\u00eda seis a\u00f1os:<\/p>\n<p>\u201cNo quiero dejar esta simple y sencilla vida para conseguir un trabajo en Madison Avenue. Aunque me gustar\u00eda pasar un a\u00f1o en una universidad estadounidense, pero ya veremos. Estoy hablando con tu hermano, y me dijo que le escribiera el a\u00f1o entrante, pero Dios sabe qu\u00e9 suceder\u00e1. Es dif\u00edcil dejar esta solitaria, simple vida por algo que uno no est\u00e1 seguro de que le gustar\u00e1. Aunque Princeton, especialmente Princeton, es tentador. \u00bfHa cambiado mucho?\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed fue como Donoso regres\u00f3 a Princeton de profesor invitado durante los a\u00f1os 74\/75, gracias a la gesti\u00f3n de Edmund Keeley, el hermano de Robert. Ya ten\u00eda camino recorrido: en Iowa hab\u00eda sido profesor de varias generaciones de j\u00f3venes escritores norteamericanos, entre los cuales se cuenta a John Irving, adem\u00e1s de entablar amistad con Kurt Vonnegut. Su regreso a Princeton tambi\u00e9n ser\u00eda tiempo de saldar deudas. Pese a la beca de la fundaci\u00f3n Doherty y las ayudas de la \u201cMomo\u201d, Donoso se gradu\u00f3 y dej\u00f3 una deuda de varios d\u00f3lares con Princeton. Ya reconocido un escritor internacional, lleg\u00f3 a un acuerdo: ceder papeles y manuscritos para no seguir moroso.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Le escribo un correo electr\u00f3nico a mi madre mientras espero el tren de regreso a Nueva York. En el mensaje adjunto las fotos de las fotos de Donoso que saqu\u00e9 en la biblioteca. \u201cTal vez se las puedes mostrar a la Nana\u201d, le digo, \u201csi es que la vas a ver pronto\u201d. Luego reviso mis apuntes y transcripciones. Me quedo pegado en un texto de Donoso sobre su infancia y juventud. No hay mucha informaci\u00f3n sobre d\u00f3nde se public\u00f3.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">\u201cPrinceton me dej\u00f3 marcado cosas importantes, tales como el hecho de que la literatura no estaba desprovista de encantos, ni tampoco era la fuente culpabilidad y miseria como me hab\u00eda advertido mi padre dici\u00e9ndome que me convertir\u00eda en paria, sino, por el contrario, me di cuenta que para m\u00ed, por lo menos, encerraba un gran placer\u201d.<\/p>\n<p>El texto contin\u00faa con un tono nost\u00e1lgico. Donoso recuerda a sus profesores, compa\u00f1eros y el ambiente cultural de la universidad; sus fines de semana en Nueva York y sus visitas a museos; y repite que fue un p\u00e9simo estudiante, pero eso, aclara, no importa. Fueron a\u00f1os decisivos no s\u00f3lo porque lo pusieron en contacto con escritores fundamentales para su futura obra, tambi\u00e9n porque se mantuvo vital; viajando, leyendo y escribiendo.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">All\u00ed se me dio a conocer las grandes obras del arte universal, con las cuales siempre hab\u00eda anhelado tomar contacto. Esas obras las vi en compa\u00f1\u00eda de amigos nuevos e interesantes, en nuestros viajes de fin de semana a Nueva York. Durante las vacaciones me dediqu\u00e9 a hacer un viaje por M\u00e9xico a pie, publiqu\u00e9 los primeros cuentos y me di cuenta que, para bien o para mal, era escritor.<\/p>\n<h6>Jos\u00e9 Donoso, escritor chileno, 1981. Foto: <a href=\"https:\/\/www.flickr.com\/photos\/76540627@N03\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\u00a9 Elisa Cabot<\/a>, usada baja\u00a0<a href=\"https:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-sa\/2.0\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">CC BY-SA 2.0<\/a>. Licencia:\u00a0<a href=\"https:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-sa\/2.0\/legalcode\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Attribution-ShareAlike 2.0<\/a>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca he preguntado por qu\u00e9, pero a mi abuela, a mi abuela materna, le decimos nana. En verdad su nombre es Mar\u00eda Ang\u00e9lica, pero siempre le hemos dicho as\u00ed: la Nana, con may\u00fascula. Cuento esto para narrar una an\u00e9cdota relacionada con Jos\u00e9 Donoso. 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