{"id":4090,"date":"2020-11-11T02:26:35","date_gmt":"2020-11-11T08:26:35","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/11\/criticism-and-policing-contemporary-literary-thought-andean-region-antonio-villarruel\/"},"modified":"2023-06-02T13:38:43","modified_gmt":"2023-06-02T19:38:43","slug":"criticism-and-policing-contemporary-literary-thought-andean-region-antonio-villarruel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/11\/criticism-and-policing-contemporary-literary-thought-andean-region-antonio-villarruel\/","title":{"rendered":"&#8220;Cr\u00edtica y polic\u00eda: el pensamiento literario contempor\u00e1neo en la regi\u00f3n andina&#8221; de Antonio Villarruel"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hoy d\u00eda, el mayor miedo de la cr\u00edtica literaria es ofender. Las llamadas guerras culturales han extendido la idea de que plegarse a las \u201cpo\u00e9ticas de lo menor\u201d otorga la raz\u00f3n en t\u00e9rminos literarios. Del mismo modo, han dado por sentado que, por acogerse a las corrientes te\u00f3ricas de turno y conseguir mayor atenci\u00f3n p\u00fablica, se vale m\u00e1s. Estos condicionantes han logrado finalmente descentrar la figura del cr\u00edtico literario y hacer de la cr\u00edtica una peligros\u00edsima arma de doble filo. Lo primero, que en principio cae como agua de mayo para un sector tradicionalmente secuestrado por las ansiedades de autolegitimaci\u00f3n de sus \u00e9lites tradicionales, ha mutado, ya sea en Medell\u00edn, Quito o Lima, en un extra\u00f1o sindicato de polic\u00edas-escritores, donde la deslegitimaci\u00f3n y el amedrentamiento han borrado cualquier ensue\u00f1o liberal o socialista de fertilidad en el di\u00e1logo de opiniones encontradas. Lo segundo, como ocurri\u00f3 con los cambios pol\u00edticos que vivi\u00f3 Am\u00e9rica del Sur a inicios de este siglo, ha dado la raz\u00f3n a la m\u00e1xima de Tomasi di Lampedusa, al comprobarse c\u00f3mo las nuevas \u00e9lites culturales operan del mismo modo como lo hac\u00edan aqu\u00e9llas a las que los reci\u00e9n venidos criticaban.\u00a0 Es triste empezar con una conclusi\u00f3n tan desalentadora, pero hoy importa mucho menos lo que se dice en relaci\u00f3n con la supuesta transparencia e inocuidad de qui\u00e9n lo dice. La mediocridad del sue\u00f1o habermasiano del consenso alcanz\u00f3 su parnaso en el triunfo de la proposici\u00f3n de que es mejor estar callado o ser infundadamente optimista, en lugar de se\u00f1alar excesos, criticar\u00a0 trabajos fallidos o hacerse a un lado del dogmatismo y la pereza mental de las modas te\u00f3ricas o militantes. Al no haberse procurado especificidades hist\u00f3rico-anal\u00edticas, la cr\u00edtica literaria de y sobre la regi\u00f3n andina ha sucumbido embobada a estos enamoramientos, lo que prueba la extra\u00f1a aunque hist\u00f3ricamente constante repetici\u00f3n de la paradoja de los conservadurismos de la izquierda intelectual.<\/p>\n<p>Si algo ratifica la debilidad del panorama cr\u00edtico en la zona andina es la decisi\u00f3n de 2020 de cesar \u2014o refundar, depende del que lo diga\u2014 la revista bogotana <i>Arcadia<\/i>, creada en 2005 y dependiente del grupo period\u00edstico Semana. <i>Arcadia <\/i>hab\u00eda conseguido disputar al sentido com\u00fan consensos que se daban por sentados en la producci\u00f3n cultural colombiana e internacional. Dirigida por Juan David Correa desde 2016 hasta 2018, la revista cristaliz\u00f3 como un referente de pensamiento y reflexi\u00f3n en el campo de la literatura, la cr\u00edtica cultural, las novedades bibliogr\u00e1ficas, el cine y, desde luego, la pol\u00edtica. Tambi\u00e9n relev\u00f3 a <i>El Malpensante<\/i>, fundada en 1996 por Mario Jursich y Andr\u00e9s Hoyos Restrepo, revista que hab\u00eda ca\u00eddo en una espiral de falta de innovaci\u00f3n de contenidos y criterios est\u00e9ticos anacr\u00f3nicos y gazmo\u00f1os. No poco de este mal ha de atribuirse a un relevo generacional que <i>El Malpensante <\/i>proces\u00f3 de forma lenta y, tal vez, ego\u00edsta. Las castas de legitimidad cultural est\u00e1n muy bien marcadas en Colombia, distribuidas en espacios editoriales, gubernamentales y medios de comunicaci\u00f3n. Bogot\u00e1 y Medell\u00edn cuentan con sus muy visibles e influyentes popes, a los que les cuesta ceder espacio y acoger ideas de gente nueva, por lo general y, adem\u00e1s, m\u00e1s progresista.<\/p>\n<p>Con todo lo estimulante que pudo ser <i>Arcadia<\/i>, nada cambi\u00f3 para que, como dijera Ricardo Piglia en <i>Cr\u00edtica y ficci\u00f3n<\/i>, la literatura latinoamericana fuese entendida como un conjunto de subregiones literarias, entre las cuales la geograf\u00eda de los Andes formar\u00eda un universo compacto, fehaciente. S\u00ed: Lima y Bogot\u00e1 fungen como centros de edici\u00f3n y distribuci\u00f3n de los dos m\u00e1s importantes conglomerados del libro, Planeta y Random House, pero pocas veces estas ciudades se tocan la cara. Quito, con su tama\u00f1o menos colosal y un talante cultural todav\u00eda algo provinciano, ha pasado lustros recibiendo los lanzamientos que vienen primariamente de Colombia y aportando con cuotas muy peque\u00f1as de autores que publican en zona binacional. Bolivia apenas est\u00e1 esbozada en el mapa, aunque bien se puede rescatar las iniciativas editoriales de El Cuervo y Mantis, cuyas pol\u00edticas de publicaci\u00f3n les han conseguido estimulantes cat\u00e1logos. Los a\u00f1os que el guayaquile\u00f1o Leonardo Valencia (1969) pas\u00f3 en Lima, o el astuto movimiento de relaciones p\u00fablicas que la quite\u00f1a Gabriela Alem\u00e1n (1968) urdi\u00f3 como representante de la narrativa ecuatoriana, pueden ser excepciones a estas tendencias. Mucho m\u00e1s no existe, aunque las editoriales ecuatorianas independientes, surgidas desde hace un lustro al calor de peque\u00f1os y temerarios proyectos, hayan incorporado lentamente a escritores latinoamericanos, pero sobre todo argentinos.<\/p>\n<p>Si la circulaci\u00f3n de propuestas culturales puede resumirse en este somero panorama, el del movimiento de la cr\u00edtica literaria es a\u00fan m\u00e1s angosto. No es err\u00f3neo subrayar que la cr\u00edtica procedente del territorio andino est\u00e1 confinada a espacios acad\u00e9micos usualmente estadounidenses, y se retrata mucho m\u00e1s pendiente de discutir a nivel nacional que a escala latinoamericana o regional. A esta tendencia contribuyen los premios literarios y los fondos concursables, usualmente cerrados para ensayistas extranjeros o no residentes. Con esto, y como lo dec\u00eda ya Ignacio Echevarr\u00eda en 2018, justamente en Quito, las literaturas nacionales salen, al menos desde los espacios que la cr\u00edtica segmenta, fortalecidas en tanto realidades definidas. Desde all\u00ed emplean mapas mentales de asociaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n, que suelen acabar donde acaba la distribuci\u00f3n de su editorial o la incidencia de un documento acad\u00e9mico. As\u00ed, despu\u00e9s de la muerte de Antonio Cornejo Polar, resulta muy dif\u00edcil encontrar cr\u00edticos que asuman la producci\u00f3n andina como una geograf\u00eda homog\u00e9nea, o, al menos, con caracter\u00edsticas similares. Peor a\u00fan: que incidan m\u00e1s all\u00e1 de las aulas con su habilidad de razonamiento u originalidad de propuestas.<\/p>\n<p>Si de localizaci\u00f3n de residencia de los cr\u00edticos reconocidos de la zona andina se trata, el mapa se torna l\u00f3brego: pocos viven regularmente en la regi\u00f3n. M\u00e1s poblados resultan los espacios que otorga la academia estadounidense. Pero el lugar de nacimiento no indica la preocupaci\u00f3n est\u00e9tica. Es tambi\u00e9n prudente evitar la suma de cuatro pa\u00edses y as\u00ed embelesarse por un agregado de producci\u00f3n cr\u00edtica: Bolivia, Ecuador, Per\u00fa y Colombia casi no permiten que sus literaturas dialoguen, y si lo hacen, los ejercicios se consignan dentro un registro latinoamericanista. No hay, pues, especialistas literarios de \u201clo andino\u201d. Hay peruanistas, ecuatorianistas, colombianistas, y, dentro de estos \u00faltimos, acad\u00e9micos preocupados por el Caribe, otra zona difusa y de muy compleja delimitaci\u00f3n. En \u00e1mbitos como el de la circulaci\u00f3n de libros, Bolivia es la regi\u00f3n m\u00e1s olvidada.<\/p>\n<p>En estos pa\u00edses la gran mayor\u00eda de ejercicios cr\u00edticos contempor\u00e1neos han pagado justo o exagerado tributo al cisma que supuso la llegada de los estudios culturales y el pensamiento postestructuralista. La cr\u00edtica literaria como tal ya no existe y, para bien o para mal, sus mejores reto\u00f1os deben leerse como parte de la cr\u00edtica cultural, multidisciplinaria y politizada, pero indiferentes ante las herramientas filol\u00f3gicas de que la literatura se dot\u00f3 para examinar un texto. Si no se ingresa al repertorio de dolencias que ofrece la academia \u2014usualmente estudios de lo menor, ya sea desde lo \u00e9tnico, lo racial, la orientaci\u00f3n sexual o pol\u00edtica\u2014, el marco de producci\u00f3n cr\u00edtica queda a\u00fan m\u00e1s reducido, casi siempre confinado a colaboraciones en medios internacionales y un posterior ensamblaje de los textos en forma de libro. As\u00ed lo ha hecho Juan Gabriel V\u00e1squez (Bogot\u00e1, 1973), columnista en <i>El espectador<\/i> y ensayista de aliento m\u00e1s largo en medios como <i>Letras Libres. <\/i>Lector y escritor realista, brilla como ep\u00edgono de Vargas Llosa. Aunque posee la ventaja de no haberse dejado encandilar por los excesos te\u00f3ricos a la orden del d\u00eda, V\u00e1squez arriesga poco, neutraliza cualquier inserci\u00f3n en una cr\u00edtica que vaya m\u00e1s all\u00e1 del desarrollo de una interesante ocurrencia, y no se atreve tender puentes interdisciplinarios. Parece que sus estrategias de lectura no se hubieran enterado de nuevos modos de acercarse al texto literario, algunos de ellos imprescindibles, como reparar en las circunstancias y el lugar de enunciaci\u00f3n. Esto sucede con \u201cEl arte de la distorsi\u00f3n\u201d, su m\u00e1s conocido ensayo, que se resume en una elegante e informada propuesta de relectura de <i>Cien a\u00f1os de soledad. <\/i>A V\u00e1squez no le preocupa el soporte en que se sit\u00faa la cr\u00edtica \u2014como le suced\u00eda a Monsiv\u00e1is, por ejemplo\u2014, los hallazgos literarios en latitudes no legitimadas o la lectura incisiva, poco piadosa. Como en <i>Viajes con un mapa en blanco<\/i> (2018), se ocupa del relato hist\u00f3rico convencional \u2014de modo muy oficioso, por cierto\u2014, y all\u00ed, o en periplos cosmopolitas y bien pulidos, inserta su reflexi\u00f3n literaria de rigor.<\/p>\n<p>Por el contrario, el trabajo de Juan C\u00e1rdenas (1978) o Carolina San\u00edn (1973) s\u00ed busca ubicarse en otras coordenadas desde las que ejercer la cr\u00edtica literaria, pol\u00edtica y cultural. En el caso de C\u00e1rdenas, un ejemplo de b\u00fasqueda por remontar el lugar pedag\u00f3gico y relamido de la cr\u00edtica literaria usual se observa en <i>Volver a comer del \u00e1rbol de la ciencia<\/i> (2018), especialmente en su venturoso examen de la figura y obra de Felisberto Hern\u00e1ndez. En el de San\u00edn, en esa mezcla de cr\u00f3nica y ensayo que es <i>Somos luces abismales<\/i> (2018), donde en distintas ambientaciones ubica sus h\u00e1bitos y modo de operaci\u00f3n cr\u00edtica, ya sea para ver cine, leer libros o examinar el devenir pol\u00edtico de su pa\u00eds. Ambos son muy buenos embajadores de la cr\u00edtica literaria de Facebook. Algunas de sus notas en esta red social han levantado debates colectivos: sesudas, estrat\u00e9gicas, eruditas y provocadoras; y no hay raz\u00f3n para pensar que all\u00ed no discurre la discusi\u00f3n p\u00fablica sobre la cultura nacional, como cuando San\u00edn relat\u00f3 las vicisitudes que vivi\u00f3 cuando fue despedida de la Universidad de Los Andes, en Bogot\u00e1. Ser\u00eda un desprop\u00f3sito separar la cr\u00edtica literaria de la reflexi\u00f3n visual, pol\u00edtica o personal en ambos escritores. La misma mirada que examina la literatura se planta sobre los sucesos cotidianos, la narcopol\u00edtica de su pa\u00eds o los dardos temerarios que lanzan contra sus opositores, por lo general cr\u00edticos o narradores de generaciones anteriores o procedentes de otro espectro pol\u00edtico. La presencia de C\u00e1rdenas y San\u00edn es una buena noticia, sobre todo si se la compara no con V\u00e1squez, un aplicado y por momentos aventajado alumno de Vargas Llosa y Javier Cercas, en cuyo tono se regocija hasta el cansancio. Quienes quedan debiendo son escrituras anteriores, como la que abandera H\u00e9ctor Abad Faciolince, cuyos libros de cr\u00edtica \u2014<i>Palabras sueltas<\/i> (2002), <i>Las formas de la pereza <\/i>(2007) y <i>Traiciones de la memoria <\/i>(2009)\u2014 rozan un simple impresionismo.<\/p>\n<p>Aparte de la cr\u00edtica de Valencia en <i>El s\u00edndrome de Falc\u00f3n <\/i>(2008, 2020) y <i>Moneda al aire. Sobre la novela y la cr\u00edtica<\/i> (2017, 2018) el escenario ecuatoriano no es tan contrastado. All\u00ed el acad\u00e9mico \u00c1lvaro Campuzano Arteta lanz\u00f3 un muy inteligente primer libro sobre las relaciones entre Jos\u00e9 Carlos Mari\u00e1tegui y la literatura, titulado <i>La modernidad imaginada. Arte y literatura en el pensamiento de Jos\u00e9 Carlos Mari\u00e1tegui (1911-1930)<\/i> (Madrid, 2017). El rigor y la originalidad de Campuzano se reduce en el caso de acad\u00e9micos como Diego Falcon\u00ed Tr\u00e1vez y su <i>De las cenizas al texto. Literaturas andinas de las disidencias sexuales en el siglo XX<\/i> (2016), una poco original adaptaci\u00f3n de la diversidad sexual al mundo andino, en clave de autores como Paul B. Preciado. Si Falcon\u00ed acierta en incorporar sensibilidades relegadas en el campo de la cr\u00edtica literaria m\u00e1s progresista, como la diversidad sexual, bien podr\u00eda desmarcarse de la tan di\u00e1fana causalidad entre teor\u00eda literaria metropolitana y su autom\u00e1tica aplicaci\u00f3n a campos y formas sensibles que no necesariamente responden a los postulados que \u00e9stas preconizan. Pensando de manera revisionista, probablemente es tiempo de reflexionar sobre c\u00f3mo las estrategias de enaltecimiento de las identidades pueden distanciarse del mercado culturalista y tensar la correspondencia entre texto y circunstancia, de modo que la \u00e9tica textual no recaiga \u00fanicamente sobre representaciones de lo marginal o lo subalterno.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica y la labor intelectual operan en Am\u00e9rica Latina tambi\u00e9n desde el esc\u00e1ndalo y la apropiaci\u00f3n de instituciones, y no siempre estas estrategias tienen resultados negativos. Esto, no obstante, no equivale a reconocer talento, en tanto lector o ensayista, a quien opera con tales coordenadas. Tanto aquellos libros como su movimiento p\u00fablico apuntan a un modo muy angl\u00f3fono de pensar la labor cr\u00edtica, basado en el trasvase de valor relativo de la obra, hacia la creaci\u00f3n de un sujeto moral, como si el cr\u00edtico, antes de serlo, tuviese que pasar por los filtros de delineamiento de una personalidad aceptada y aceptable no para est\u00e1ndares legales, sino morales. Esta estrategia de consecuci\u00f3n de legitimidad resiente la imaginaci\u00f3n de la escritura sobre las formas sensibles y, sobre todo, la propia \u201ccr\u00edtica de la cr\u00edtica\u201d, que ahora parte, en el mejor de los casos, de la biograf\u00eda, y, en el peor, de la denuncia y el esc\u00e1ndalo como baremo rector de sus evaluaciones.<\/p>\n<p>No es nuevo que la cr\u00edtica, habitualmente proclive a la confrontaci\u00f3n de ideas y formas distintas de evaluar el \u00e1mbito de lo simb\u00f3lico, se haya convertido en una herramienta de control social. Lo nuevo es el relativo consenso respecto al tr\u00e1nsito desde la obra hacia la persona como legitimadora de lo que se aprueba o descarta. Las consecuencias de la entronizaci\u00f3n del \u201cpedestal moral\u201d que debe acreditar el cr\u00edtico est\u00e1n a la vista: hipertecnificaci\u00f3n del lenguaje literario; politizaci\u00f3n y etiqueta progresista de estratos horizontales, absolutamente ajenos a los modos org\u00e1nicos e interclasistas de solidaridad pol\u00edtica; y aproximaciones cr\u00edticas derivativas, donde el discurso venci\u00f3 al texto y el impasse intelectual entre pol\u00edtica y literatura se disolvi\u00f3 en la celebraci\u00f3n de una muy neoliberal forma de ser de izquierda: la pompa por las pol\u00edticas de la identidad y la muerte de la pol\u00edtica de la igualdad, del sujeto com\u00fan.<\/p>\n<p>No de otro modo se puede observar el trabajo cr\u00edtico reciente de uno de los m\u00e1s sensibles lectores del espectro literario peruano, Iv\u00e1n Thays (1968), quien mantuvo durante varios a\u00f1os un exitoso blog dedicado a noticias del mundo literario y que luego tuvo que soportar una serie de ataques nacionalistas \u201cpor criticar la gastronom\u00eda peruana\u201d, la cual no era de su personal gusto. No era tanto que Thays hubiese sido la punta de lanza de la cr\u00edtica literaria en los nuevos canales de discusi\u00f3n cultural: se trata, m\u00e1s bien, de la pasteurizaci\u00f3n del cr\u00edtico hasta tornarlo en una suerte de metafigura clerical, sufriente y culpabilizado por sus privilegios biogr\u00e1ficos en tanto condicionantes para elaborar lecturas supuestamente solidarias y emp\u00e1ticas para con la condici\u00f3n subalterna. Ante semejante presi\u00f3n, el oficio de la cr\u00edtica se volvi\u00f3 una sustancia evanescente o fantasmal, siempre ladeando las contingencias que puedan derrocarla desde el sofisma biogr\u00e1fico. La cada vez m\u00e1s atenuada voz del cr\u00edtico tiene como cauce natural a la cr\u00f3nica period\u00edstica latinoamericana, una extra\u00f1a mezcla de radicalismo por el dato comprobable \u2014el \u201cfact checking\u201d de <i>The New Yorker<\/i>\u2014 y soltura para narrar circunstancias o describir personas.<\/p>\n<p>Mostrar es mejor que juzgar, parece decir la cr\u00f3nica, cuyos m\u00e1s notables expositores son los peruanos Gabriela Wiener (1975) y Julio Villanueva Chang (1967), y a este corresponde el m\u00e9rito de haber fundado <i>Etiqueta negra<\/i>, nacida en 2002 y hoy desaparecida. <i>Etiqueta negra<\/i> public\u00f3 trabajos period\u00edsticos de envidiable calidad, aunque all\u00ed se observ\u00f3 con mayor transparencia la transformaci\u00f3n de cr\u00edticos literarios en contadores de historias comprobables: gente preparad\u00edsima y de sensibilidad est\u00e9tica excepcional, escribiendo desde la contenci\u00f3n que le permite el recurso de lo f\u00e1ctico. El determinismo del juicio sobre el cr\u00edtico en sentido amplio ha prevalecido sobre las dificultades de circulaci\u00f3n, promoci\u00f3n y discusi\u00f3n regional. Lo sufrieron Heberto Padilla y Reinaldo Arenas, pero tambi\u00e9n Borges, Walsh, Benedetti, Rama o el buen Henr\u00edquez Ure\u00f1a en sus tiempos.<\/p>\n<p>Se recuerda frecuentemente que los caminos de la raz\u00f3n son inescrutables y ocasionalmente producen monstruos. Se olvida, sin embargo, que el patrullaje, las venias a las \u201cautoridades\u201d angl\u00f3fonas y el puritanismo en la cr\u00edtica literaria latinoamericana sigue produciendo un di\u00e1logo de sordos, un pobr\u00edsimo relativismo textual del que no se libra la relativa autonom\u00eda del texto y el fr\u00e1gil viaje de las ideas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy d\u00eda, el mayor miedo de la cr\u00edtica literaria es ofender. Las llamadas guerras culturales han extendido la idea de que plegarse a las \u201cpo\u00e9ticas de lo menor\u201d otorga la raz\u00f3n en t\u00e9rminos literarios. Del mismo modo, han dado por sentado que, por acogerse a las corrientes te\u00f3ricas de turno y conseguir mayor atenci\u00f3n p\u00fablica, se vale m\u00e1s. Estos condicionantes han logrado finalmente descentrar la figura del cr\u00edtico literario y hacer de la cr\u00edtica una peligros\u00edsima arma de doble filo. Lo primero, que en principio cae como agua de mayo para un sector tradicionalmente secuestrado por las ansiedades de autolegitimaci\u00f3n de sus \u00e9lites tradicionales, ha mutado, ya sea en Medell\u00edn, Quito o Lima, en un extra\u00f1o sindicato de polic\u00edas-escritores, donde la deslegitimaci\u00f3n y el amedrentamiento han borrado cualquier ensue\u00f1o liberal o socialista de fertilidad en el di\u00e1logo de opiniones encontradas. Lo segundo, como ocurri\u00f3 con los cambios pol\u00edticos que vivi\u00f3 Am\u00e9rica del Sur a inicios de este siglo, ha dado la raz\u00f3n a la m\u00e1xima de Tomasi di Lampedusa, al comprobarse c\u00f3mo las nuevas \u00e9lites culturales operan del mismo modo como lo hac\u00edan aqu\u00e9llas a las que los reci\u00e9n venidos criticaban.&nbsp; Es triste empezar con una conclusi\u00f3n tan desalentadora, pero hoy importa mucho menos lo que se dice en relaci\u00f3n con la supuesta transparencia e inocuidad de qui\u00e9n lo dice. La mediocridad del sue\u00f1o habermasiano del consenso alcanz\u00f3 su parnaso en el triunfo de la proposici\u00f3n de que es mejor estar callado o ser infundadamente optimista, en lugar de se\u00f1alar excesos, criticar&nbsp; trabajos fallidos o hacerse a un lado del dogmatismo y la pereza mental de las modas te\u00f3ricas o militantes. Al no haberse procurado especificidades hist\u00f3rico-anal\u00edticas, la cr\u00edtica literaria de y sobre la regi\u00f3n andina ha sucumbido embobada a estos enamoramientos, lo que prueba la extra\u00f1a aunque hist\u00f3ricamente constante repetici\u00f3n de la paradoja de los conservadurismos de la izquierda intelectual.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1335,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[48,4448],"genre":[],"pretext":[],"section":[2431],"translator":[2714],"lal_author":[3213],"class_list":["post-4090","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-criticism","tag-numero-16","section-latin-american-literary-criticism-es-2","translator-luis-guzman-valerio-es","lal_author-antonio-villarruel-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4090","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4090"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4090\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1335"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4090"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4090"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4090"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=4090"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=4090"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=4090"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=4090"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=4090"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}