{"id":4088,"date":"2020-11-11T02:13:12","date_gmt":"2020-11-11T08:13:12","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/11\/argentine-critic-moment-revision-marcela-croce\/"},"modified":"2023-06-02T13:39:00","modified_gmt":"2023-06-02T19:39:00","slug":"argentine-critic-moment-revision-marcela-croce","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/11\/argentine-critic-moment-revision-marcela-croce\/","title":{"rendered":"&#8220;La cr\u00edtica argentina en la hora de la revisi\u00f3n&#8221; de Marcela Croce"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si en alguna \u00e9poca \u2014los a\u00f1os de <i>Contorno<\/i> son el ejemplo obligado\u2014 la cr\u00edtica argentina revisti\u00f3 una virulencia desenfadada, en las dos d\u00e9cadas que lleva el siglo XXI la caracter\u00edstica sobresaliente que la define es el apaciguamiento, sea en su versi\u00f3n acad\u00e9mica (dominada por teor\u00edas de registro metropolitano) o en la period\u00edstica (cooptada por los intereses del poder de turno o, con mayor inmediatez, del editor del medio). El \u00e9xito del poscolonialismo y sus secuelas, junto a la pervivencia de los sociologismos con \u00ednfulas cient\u00edficas o los inmanentismos de pretensi\u00f3n filos\u00f3fica, abruma en el primer dominio e impregna inevitablemente la formaci\u00f3n universitaria, porque su reproducci\u00f3n se torn\u00f3 garant\u00eda de permanencia en los organismos oficiales de investigaci\u00f3n y ense\u00f1anza. Al segundo aspecto s\u00f3lo le dedicar\u00e9 una aproximaci\u00f3n algo somera, para la cual apelo a la figura que logra atravesar ambos espacios y que por tres d\u00e9cadas mantuvo una mediaci\u00f3n entre ellos: Beatriz Sarlo, directora de <i>Punto de Vista <\/i>entre 1978 y 2008.<\/p>\n<p>Resulta sintom\u00e1tico que el volumen en el cual revisa su carrera (<i>Escritos sobre literatura argentina<\/i>. Buenos Aires, Siglo XXI, 2017; reeditado en 2019) prescinda de los textos que difundi\u00f3 en el diario <i>Perfil <\/i>de Buenos Aires sobre los nuevos narradores argentinos. As\u00ed como en el brev\u00edsimo pr\u00f3logo al libro declara que \u201cnada de lo publicado antes de 1980 me parece aceptable\u201d (11), los art\u00edculos m\u00e1s recientes merecen id\u00e9ntica exclusi\u00f3n y el recuento se clausura en 2006. En ese momento practica una clasificaci\u00f3n seg\u00fan la cual \u201csi la novela de los ochenta fue \u2018interpretativa\u2019, una l\u00ednea visible de la novela actual es \u2018etnogr\u00e1fica\u2019\u201d (473) y acude a los ejemplos de Washington Cucurto y Daniel Link para evidenciarlo. Al primero lo descalabra en la comparaci\u00f3n con Arlt (que denunciaba la mezquindad del mundo que Cucurto celebra) y con Puig (para quien las letras de tango de Alfredo Le Pera constitu\u00edan una po\u00e9tica que en modo alguno habita las letras de cumbia que frecuenta Cucurto). A Link lo cuestiona por apelar a las nuevas tecnolog\u00edas para sostener una novela sentimental como <i>La ansiedad<\/i>, que discurre de los diarios a la <i>web<\/i>, con intercalaciones de Franz Kafka y Thomas Mann, lo que equivale a \u201creordenar al canon\u201d (480). En ambos campea \u201cla escritura-oralidad de los que <i>no saben escribir<\/i>\u201d (481).<\/p>\n<p>El juicio categ\u00f3rico se desprende en parte de la condena que en 2005 le hab\u00eda merecido a Sarlo la novela de Alejandro L\u00f3pez, <i>Keres Cojer? = Guan Tu Fak<\/i>, ante la cual proclama que el autor atrasa, en tanto procura llevar al texto lo que la televisi\u00f3n mostr\u00f3 <i>ad nauseam<\/i>, de modo de convertir la osad\u00eda en costumbrismo y la pornograf\u00eda en aburrimiento, pecado capital para un g\u00e9nero cuya mayor pretensi\u00f3n es la de escandalizar. Nuevamente, comparar con los objetos conocidos es el recurso para el desbaratamiento: all\u00ed donde Puig se empe\u00f1a en un objeto est\u00e9tico, L\u00f3pez abusa del didactismo. La referencia a Puig no se limita a ser instructiva sino insidiosa: una nota al pie le permite a la cr\u00edtica adjudicarse la idea de tratarlo como escritor <i>pop<\/i> que, se sabe, fue la tesis de <i>Manuel Puig, despu\u00e9s del fin de la literatura <\/i>(2000) de Graciela Speranza.<\/p>\n<p>Semejante observaci\u00f3n reclama alguna palabra sobre la relaci\u00f3n con los disc\u00edpulos que afecta a los cr\u00edticos argentinos que act\u00faan en la contemporaneidad estricta. Sarlo, cuya excesiva exposici\u00f3n medi\u00e1tica ha sido causa de repudio por parte de algunos de sus antiguos admiradores universitarios, incluye esa marcaci\u00f3n sobre su ex colaboradora y agradece, en contrapartida, la continuidad amistosa que representa Sylvia Sa\u00edtta, a quien se atribuye la idea de la recopilaci\u00f3n (dicho sea de paso, para la colecci\u00f3n que dirige en la editorial Eudeba, Sa\u00edtta \u2014en plan de historiadora de la literatura\u2014 recobr\u00f3 sin mayor justificativo el volumen casi hom\u00f3nimo <i>Ensayos y estudios de literatura argentina <\/i>(2019) de No\u00e9 Jitrik, publicado originalmente en 1970). Apenas una muestra de que los enfrentamientos y las adhesiones han perdido en la Argentina su car\u00e1cter deseablemente profesional, de disputa intelectual, para devenir desdichas de las relaciones humanas y razones de la fragmentaci\u00f3n de un panorama intelectual que cambia vertiginosamente, a medida que los v\u00ednculos personales definen nuevos agrupamientos y renuncian a cualquier convicci\u00f3n en pos de un improbable bienestar o de un provecho transitorio que se traduce en recomendaciones, aperturas de espacios o participaciones editoriales.<\/p>\n<p>Tal vez por eso Jorge Panesi confiesa en su antolog\u00eda personal <i>La seducci\u00f3n de los relatos. Cr\u00edtica literaria y pol\u00edtica en la Argentina<\/i> (Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2018) \u201cla desdicha de no haber sido pol\u00e9mico\u201d (21).\u00a0 En parte, porque la pol\u00e9mica era condici\u00f3n de pertenencia a la voluble categor\u00eda de \u201cintelectual\u201d \u2014y es constante en tal sentido la apelaci\u00f3n del cr\u00edtico a los viejos \u201ccontornistas\u201d, lo que ratifica a <i>Contorno<\/i> en tanto mito de origen de la cr\u00edtica moderna en la Argentina\u2014; en parte porque se trata de una pr\u00e1ctica que desarticula ese \u201ccomod\u00edn o fetiche sociol\u00f3gico y estructural de nuestros cr\u00edticos\u201d (53) que es el <i>campo intelectual<\/i>, cuya condici\u00f3n de existencia es el disenso y acaso \u201cla fractura misma\u201d (53), en lugar de las comodidades metodol\u00f3gicas a que se lo ha reducido por la reprobable pereza de la investigaci\u00f3n acad\u00e9mica. Ser\u00eda reprochable omitir en este punto la referencia a Horacio Gonz\u00e1lez, soci\u00f3logo de formaci\u00f3n \u2014aunque insensible a la cita obligada de Pierre Bourdieu\u2014 y cr\u00edtico literario ejercitado en los m\u00faltiples t\u00edtulos que cobija la editorial Colihue y que irrumpen con una voluntad de ruptura que queda amortiguada en las reiteradas intervenciones period\u00edsticas. En ellas, el lenguaje alambicado y las referencias que no trepidan ante lo extempor\u00e1neo se combinan a fin de defender las alternativas de la pol\u00edtica kirchnerista, ya descastada por los an\u00e1lisis medi\u00e1ticos de Sarlo, ya resistida por Panesi cuando confiesa su antikirchnerismo y proclama el peso de la pol\u00edtica sobre la cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Panesi parece ajustar cuentas con sus antiguos disc\u00edpulos, aunque de dos maneras diversas. Por un lado, reconociendo a los maestros (a quienes agrupa en la secci\u00f3n \u201cRetratos\u201d del libro) en un arco que va desde la exaltaci\u00f3n de Josefina Ludmer \u2014elevada a s\u00edmbolo de la cr\u00edtica argentina\u2014 y la inconcebible censura a Ana Mar\u00eda Barrenechea, hasta el asombro ante la escritura de Nicol\u00e1s Rosa y el improbable impacto que asigna a David Vi\u00f1as (improbable por no haber sido antes admitido por quien adhiri\u00f3 a teor\u00edas inmanentistas), cuya tipolog\u00eda de viajes trazada ya en 1964 y reafirmada y ampliada sucesivamente aspira a completar con \u201cel viaje intelectual\u201d. Tal categor\u00eda ironiza sobre los profesores argentinos que vibran con la fascinaci\u00f3n de asistir a las universidades norteamericanas y requieren la consagraci\u00f3n dentro de ese sistema. Por otro lado, y sesgadamente, Panesi se mofa de un disc\u00edpulo a quien no menciona nunca, pero cuyas elecciones defenestra: en los \u201chijos pr\u00f3digos de la cr\u00edtica acad\u00e9mica [que], pesarosos por lo que consideran un lastre que parece humillarlos, se quejan del legado universitario\u201d (14), no menos que en \u201caquellos cr\u00edticos acad\u00e9micos (cr\u00e9anme: los hay) que, bordeando la impudicia, practican esa forma del diario \u00edntimo y privado, tambi\u00e9n en Internet, que llamamos <i>blogs<\/i>\u201d (122), se adivina el contorno del alumno d\u00edscolo que parece haber sido Daniel Link.<\/p>\n<p>De hecho, el blog <i>Linkillo (cosas m\u00edas) <\/i>en el que Link divulga por la <i>web<\/i> las breves columnas que publica en <i>Perfil<\/i>, ha sido favorecido por el silencio de Panesi, acaso sabedor de la presencia de algunas fotograf\u00edas y reflexiones que tal vez abriguen vocaci\u00f3n de esc\u00e1ndalo, si bien resultan m\u00e1s propicias a la irritaci\u00f3n o al desd\u00e9n. El volumen de Link <i>Suturas <\/i>(Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2015), publicado en la misma colecci\u00f3n del libro de Panesi, no recibe siquiera una menci\u00f3n, pese a que reviste la rara virtud de haber sido traducido al portugu\u00e9s. Reh\u00faso especular sobre los circuitos por los cuales esa traducci\u00f3n fue posible; me detengo apenas en advertir que dicha circunstancia contribuye al reclamo de una relaci\u00f3n m\u00e1s fluida entre Brasil e Hispanoam\u00e9rica que estimo imprescindible para establecer una cr\u00edtica latinoamericana.<\/p>\n<p>Lo cierto es que, tras la reticencia a incorporar al prol\u00edfico y desenfadado Link que muestra el libro de Panesi, se agazapa un temor que el cr\u00edtico aspira a conjurar a veces con medios un tanto ingenuos: el miedo al \u201cyo\u201d. La perturbaci\u00f3n que introduce el \u201cgiro autobiogr\u00e1fico\u201d condena a Barrenechea por reconocer su fascinaci\u00f3n por Borges \u2014a quien ella inaugur\u00f3 como objeto cr\u00edtico con <i>La expresi\u00f3n de la irrealidad en la obra de Borges<\/i> (1957)\u2014 como \u201cjuicio pasional\u201d (247) que motiva el diminutivo \u201cAnita\u201d (contrariamente, siempre llam\u00e9 \u201cAnita\u201d a Barrenechea con la convicci\u00f3n de que esa forma \u201cmenor\u201d acarreaba una afectividad m\u00e1xima y me permit\u00eda acercarme a la figura admirada) y reprueba la tendencia de Alberto Giordano a evaluar el ensayo con una recalcitrante presencia de la primera persona, ya que \u201csi el narcisismo cr\u00edtico se afianza, es el conocer err\u00e1tico del ensayo el que desaparece\u201d (288).<\/p>\n<p>Probablemente sea indicio de la restricci\u00f3n de la cr\u00edtica la nula referencia en el art\u00edculo de Panesi sobre el ensayo (\u201cEscenas institucionales. Sobre <i>Modos del ensayo<\/i> de Alberto Giordano\u201d, 283-294) al libro <i>Un g\u00e9nero culpable<\/i> de Eduardo Gr\u00fcner (Buenos Aires, Godot, 2014), reeditado al cabo de veinte a\u00f1os de una primera edici\u00f3n lanzada en Rosario, que acude a la misma definici\u00f3n barthesiana del g\u00e9nero: es la escritura de un texto en funci\u00f3n de todas las veces que se levant\u00f3 la cabeza para pensar en una frase durante la lectura. Asimismo, Gr\u00fcner contempla en el subt\u00edtulo la reuni\u00f3n entre ensayo y pol\u00e9mica a la que arriba Panesi a\u00f1os m\u00e1s tarde: \u201ces el e<i>ntredecir<\/i>, no muy lejano del <i>entredicho<\/i>\u201d (288). Podr\u00eda suponer que la edici\u00f3n rosarina de Gr\u00fcner tuvo una circulaci\u00f3n acotada por no haber sido difundida desde ese centro que, en la tradici\u00f3n unitaria m\u00e1s bochornosa y abroquelada, sigue siendo Buenos Aires para emprendimientos culturales. No obstante, Panesi descarta de antemano semejante conjetura cuando proclama, a partir de la evidencia parcial que proveen algunos nombres \u2014los indiscutibles de Ludmer y Rosa al lado de los de Gramuglio, Contreras, Giordano, Adolfo y Mart\u00edn Prieto\u2014 y del determinismo que supone el lugar de origen o de formaci\u00f3n, que la cr\u00edtica surgida en las aulas rosarinas es \u201cel centro\u201d (114).<\/p>\n<p>La resistencia al \u201cyo\u201d que enarbola Panesi ha redundado, por el contrario, en una veta m\u00e1s editorial que cr\u00edtica, en la cual recalan aquellos autores que se autorizan a trav\u00e9s de la relaci\u00f3n con los libros. La \u201cColecci\u00f3n Lector&amp;s\u201d de Ampersand estimul\u00f3 desde 2018 las memorias de quienes hacen del v\u00ednculo libresco un emblema de exclusividad. All\u00ed se alinean el historiador del arte Jos\u00e9 Emilio Buruc\u00faa, el cr\u00edtico de poes\u00eda Jorge Monteleone, la novelista y cr\u00edtica Sylvia Molloy, su colega mexicana Margo Glantz y el multifac\u00e9tico Edgardo Cozarinsky, entre otros. La serie apunta a indagar la formaci\u00f3n del lector, aunque arrastra la trampa de todo memorialismo: quien escribe se detiene en la infancia y la adolescencia, pero con el saber del adulto que no vacila en abarrotar de datos la lectura inocente o en erigir en anticipos de la carrera lo que no eran sino placeres relativamente secretos.<\/p>\n<p>Un \u00faltimo aspecto quisiera abordar en este esbozo: el de la cr\u00edtica feminista y sus avatares en una Argentina cuyas grandes ciudades aparecen conmovidas por el movimiento de mujeres a favor del aborto legal y cuyos intelectuales participan del debate sobre la funcionalidad y las consecuencias del empleo del lenguaje inclusivo, que ha convocado a algunas instituciones que reclaman su medalla de correcci\u00f3n pol\u00edtica a convertirlo en modo de expresi\u00f3n privilegiado. La variante del feminismo que campea en la Argentina prefiere las producciones de mujeres y no \u2014como con notoria lucidez plante\u00f3 ya desde tres d\u00e9cadas atr\u00e1s Griselda Pollock para las manifestaciones art\u00edsticas\u2014 las representaciones de lo femenino independientemente de su autor\u00eda. En tal sentido, junto al lugar de creciente privilegio que obtuvo Mar\u00eda Moreno en los medios en los \u00faltimos a\u00f1os (a partir de sus cr\u00f3nicas, su autobiograf\u00eda y su revisi\u00f3n del legado de Rodolfo Walsh), se ha anunciado a lo largo de todo 2019 una <i>Historia feminista de la literatura argentina<\/i> que integrar\u00e1 el cat\u00e1logo de la editorial universitaria Eduvim a partir de 2020, cuyo plantel de colaboradoras es exclusivamente femenino y cuyos objetos prometen ajustarse a ese requisito excluyente.<\/p>\n<p>Ser\u00eda leg\u00edtimo esperar que una historia feminista integrara tambi\u00e9n el modo en que las mujeres han considerado las producciones masculinas, al modo en que la paulista Lilia Moritz Schwarcz abord\u00f3 su objeto en <i>Lima Barreto: Triste vision\u00e1rio <\/i>(S\u00e3o Paulo, Companhia das Letras, 2017). Orientar la mirada hacia los enfoques brasile\u00f1os, adem\u00e1s de favorecer los intercambios culturales con el vecino \u2014arrebatando la exclusividad de los mismos a las grandes discogr\u00e1ficas y soslayando el empecinamiento popular seg\u00fan el cual el pa\u00eds lim\u00edtrofe no pasa de ser un rival futbol\u00edstico\u2014, morigera las perspectivas restringidas y las perturbaciones que los locales fomentan para ajustarse a los proclamados mandatos de las academias metropolitanas. Es cierto que la reprobaci\u00f3n, ya consignada, que cierto sector de la cr\u00edtica argentina dedica al \u201cyo\u201d no permite evaluar equilibradamente la confesi\u00f3n de Lilia seg\u00fan la cual la organizaci\u00f3n de la biograf\u00eda de Lima Barreto convirti\u00f3 al objeto en \u201camigo da minha intimidade\u201d, pero convendr\u00eda calibrar semejante expulsi\u00f3n de la primera persona y recuperar la dial\u00e9ctica que el mismo Panesi establece en su libro: la que se trama entre magisterio y cr\u00edtica y se traduce, en su plasmaci\u00f3n concreta, en el v\u00ednculo entre oralidad y escritura.<\/p>\n<p>La s\u00edntesis de ambos dominios la provee la esperanza: la esperanza de ser escuchado y comprendido, en el \u00e1mbito \u00e1ulico; la esperanza de ser le\u00eddo, en la voluntad del texto. Y ya que de magisterio se trata: \u00bfpor qu\u00e9 no instalar como precauci\u00f3n esa frase que, en conversaciones afables que eran derrames de sabidur\u00eda \u2014mucho m\u00e1s que de erudici\u00f3n, f\u00e1cilmente cuantificable y dif\u00edcilmente transmisible\u2014, enunciaba Anita Barrenechea, a manera de consejo y como previsi\u00f3n de totalizaciones ufanas: \u201cla cr\u00edtica envejece\u201d? Tan ultrajante recordatorio del car\u00e1cter hist\u00f3rico de la pr\u00e1ctica recomienda renunciar a los absolutos y admitir la condici\u00f3n transitoria de un ejercicio que requiere, si no derribar todos los mitos, al menos redefinirlos en funci\u00f3n de una eficacia que no se limite a la autorreproducci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si en alguna \u00e9poca \u2014los a\u00f1os de <i>Contorno<\/i> son el ejemplo obligado\u2014 la cr\u00edtica argentina revisti\u00f3 una virulencia desenfadada, en las dos d\u00e9cadas que lleva el siglo XXI la caracter\u00edstica sobresaliente que la define es el apaciguamiento, sea en su versi\u00f3n acad\u00e9mica (dominada por teor\u00edas de registro metropolitano) o en la period\u00edstica (cooptada por los intereses del poder de turno o, con mayor inmediatez, del editor del medio). El \u00e9xito del poscolonialismo y sus secuelas, junto a la pervivencia de los sociologismos con \u00ednfulas cient\u00edficas o los inmanentismos de pretensi\u00f3n filos\u00f3fica, abruma en el primer dominio e impregna inevitablemente la formaci\u00f3n universitaria, porque su reproducci\u00f3n se torn\u00f3 garant\u00eda de permanencia en los organismos oficiales de investigaci\u00f3n y ense\u00f1anza. Al segundo aspecto s\u00f3lo le dedicar\u00e9 una aproximaci\u00f3n algo somera, para la cual apelo a la figura que logra atravesar ambos espacios y que por tres d\u00e9cadas mantuvo una mediaci\u00f3n entre ellos: Beatriz Sarlo, directora de <i>Punto de Vista <\/i>entre 1978 y 2008.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1335,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[48,4448],"genre":[],"pretext":[],"section":[2431],"translator":[2508],"lal_author":[3414],"class_list":["post-4088","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-criticism","tag-numero-16","section-latin-american-literary-criticism-es-2","translator-michael-redzich-es-2","lal_author-marcela-croce-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4088","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4088"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4088\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1335"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4088"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4088"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4088"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=4088"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=4088"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=4088"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=4088"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=4088"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}