{"id":4082,"date":"2020-11-11T01:17:37","date_gmt":"2020-11-11T07:17:37","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/11\/two-short-stories-things-we-dont-do-andres-neuman\/"},"modified":"2024-05-10T06:19:30","modified_gmt":"2024-05-10T12:19:30","slug":"two-short-stories-things-we-dont-do-andres-neuman","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/11\/two-short-stories-things-we-dont-do-andres-neuman\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Andr\u00e9s Neuman"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p><strong>Una raya en la arena<\/strong><\/p>\n<p>Ruth hac\u00eda monta\u00f1as con un pie. Cavaba con el dedo gordo en la arena tibia, formaba montoncitos, los ordenaba, los alisaba cuidadosamente con la planta del pie, los contemplaba un rato. Luego los destru\u00eda. Y volv\u00eda a empezar. Ten\u00eda los empeines rojizos, le ard\u00edan como piedras solares. Llevaba las u\u00f1as pintadas de la noche anterior.<\/p>\n<p>Jorge estaba desenterrando la sombrilla, o intent\u00e1ndolo. Hay que comprar otra, murmur\u00f3 mientras forcejeaba. Ruth fingi\u00f3 no haberlo escuchado, aunque no pudo evitar sentirse irritada. Era una banalidad como cualquier otra, claro. Jorge chasque\u00f3 la lengua y apart\u00f3 la mano de la sombrilla bruscamente: se hab\u00eda pillado un dedo con una de las pinzas. Una banalidad, pensaba Ruth, pero la cuesti\u00f3n es que \u00e9l no hab\u00eda dicho \u201ctenemos que comprar otra sombrilla\u201d, sino \u201chay que comprar\u201d. De un tir\u00f3n, Jorge consigui\u00f3 plegar la copa de la sombrilla y se qued\u00f3 estudi\u00e1ndola con los brazos en jarra, como si esperase la \u00faltima reacci\u00f3n de una criatura vencida. Casualidad o no, mira por d\u00f3nde, \u00e9l ha dicho \u201chay\u201d y no \u201ctenemos\u201d, pens\u00f3 Ruth.<\/p>\n<p>Jorge sosten\u00eda en ristre la sombrilla. La punta estaba carcomida por lenguas de \u00f3xido y manchada de arena h\u00fameda. \u00c9l se fij\u00f3 en los montoncitos de Ruth. Luego busc\u00f3 sus pies con heridas de las sandalias, ascendi\u00f3 por las piernas hasta el vientre, se detuvo en los pliegues que se acumulaban alrededor del ombligo, su mirada continu\u00f3 por el torso, pas\u00f3 entre los pechos como a trav\u00e9s de un puente, salt\u00f3 a la mata salada del cabello, y finalmente resbal\u00f3 hasta los ojos de Ruth. Jorge se dio cuenta de que, reclinada en su silla de lona, haci\u00e9ndose visera con una mano, ella tambi\u00e9n lo observaba desde hac\u00eda un rato. \u00c9l sinti\u00f3 una ligera verg\u00fcenza sin saber muy bien de qu\u00e9, y sonri\u00f3 arrugando la nariz. A Ruth le pareci\u00f3 que \u00e9l hab\u00eda exagerado ese gesto, porque en realidad estaba de perfil al sol morado. Jorge levant\u00f3 la sombrilla como un trofeo inoportuno. Qu\u00e9, \u00bfme ayudas?, pregunt\u00f3 en un tono que a \u00e9l mismo le son\u00f3 ir\u00f3nico, menos benevolente de lo que hab\u00eda pretendido. Arrug\u00f3 de nuevo la nariz, volvi\u00f3 un instante la vista al mar, y entonces escuch\u00f3 la sorprendente respuesta de Ruth:<\/p>\n<p>\u2014No te muevas.<\/p>\n<p>Ruth empu\u00f1aba una raqueta de madera. El canto de la raqueta descansaba encima de sus muslos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuieres la pelota? \u2014pregunt\u00f3 Jorge.<\/p>\n<p>\u2014Quiero que no te muevas \u2014dijo ella.<\/p>\n<p>Ruth levant\u00f3 la raqueta, se irgui\u00f3 y extendi\u00f3 un brazo para trazar lentamente una raya en la arena. Era una l\u00ednea no muy recta, m\u00e1s o menos de un metro de longitud, que separaba a Ruth de su marido. Al terminar de dibujarla, ella solt\u00f3 la raqueta, se acomod\u00f3 otra vez en la silla de lona y se cruz\u00f3 de piernas.<\/p>\n<p>\u2014Muy bonita \u2014dijo Jorge, entre la curiosidad y el fastidio.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe gusta? \u2014contest\u00f3 Ruth\u2014. Entonces no la cruces.<\/p>\n<p>En la playa empezaba a levantarse un aire h\u00famedo, o Jorge lo not\u00f3 en ese momento. Le daba pereza soltar la sombrilla y el resto de los b\u00e1rtulos que llevaba colgados del hombro. Pero sobre todo le daba infinita pereza empezar a jugar a qui\u00e9n sab\u00eda qu\u00e9. Estaba cansado. Hab\u00eda dormido poco. Sent\u00eda la piel sudada, arenosa. Ten\u00eda urgencia por darse una ducha y salir a cenar algo.<\/p>\n<p>\u2014No te entiendo \u2014dijo Jorge.<\/p>\n<p>\u2014Me lo imagino \u2014dijo Ruth.<\/p>\n<p>\u2014Oye, \u00bfvamos o no?<\/p>\n<p>\u2014Haz lo que quieras. Pero no cruces la raya.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo que no la cruce?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Veo que ya lo entiendes!<\/p>\n<p>Jorge dej\u00f3 caer las cosas; le extra\u00f1\u00f3 que hicieran tanto ruido al aterrizar en la arena. Ruth se sobresalt\u00f3 un poco, pero no se movi\u00f3 de su silla de lona. Jorge contempl\u00f3 la l\u00ednea de izquierda a derecha, como si hubiera algo escrito sobre ella. Dio un paso hacia Ruth. Vio c\u00f3mo ella se contra\u00eda y se aferraba a los brazos de la silla.<\/p>\n<p>\u2014Esto es una broma, \u00bfno?<\/p>\n<p>\u2014Esto es de lo m\u00e1s serio.<\/p>\n<p>\u2014Vamos a ver, cari\u00f1o \u2014dijo \u00e9l, frenando ante la raya\u2013. Qu\u00e9 te pasa. Qu\u00e9 haces. La gente se est\u00e1 yendo, \u00bfno lo ves? Es tarde. Hay que irse. Por qu\u00e9 no eres razonable.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo soy razonable porque no me voy al mismo tiempo que los dem\u00e1s?<\/p>\n<p>\u2014No eres razonable porque no s\u00e9 qu\u00e9 te pasa.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00a1Qu\u00e9 interesante!<\/p>\n<p>\u2014Ruth&#8230; \u2014suspir\u00f3 Jorge, haciendo adem\u00e1n de ir a tocarla\u2014. \u00bfQuieres que nos quedemos un rato m\u00e1s?<\/p>\n<p>\u2014Lo \u00fanico que quiero \u2014dijo ella\u2014 es que te quedes de ese lado.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe qu\u00e9 lado, carajo?<\/p>\n<p>\u2014De ese lado de la raya.<\/p>\n<p>Ruth reconoci\u00f3 en la sonrisa esc\u00e9ptica de Jorge una contracci\u00f3n de ira. Era s\u00f3lo un temblor fugaz en la mejilla, un asomo indignado que \u00e9l sab\u00eda controlar fingiendo condescendencia; pero all\u00ed estaba. Ah\u00ed lo ten\u00eda. De pronto parec\u00eda que ahora o nunca.<\/p>\n<p>\u2014Jorge. Esta raya es m\u00eda, \u00bfentiendes?<\/p>\n<p>\u2014Esto es absurdo \u2014dijo \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014Seguramente. Por eso mismo.<\/p>\n<p>\u2014Vamos, dame las cosas. Demos un paseo.<\/p>\n<p>\u2014Quieto. Atr\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Olvida esa raya y vamos!<\/p>\n<p>\u2014Es m\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Es una chiquillada, Ruth. Estoy cansado&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCansado de qu\u00e9? Vamos, dilo: \u00bfde qu\u00e9?<\/p>\n<p>Jorge cruz\u00f3 los brazos y se arque\u00f3 hacia atr\u00e1s, como si hubiera recibido un empuj\u00f3n del viento. Vio venir el doble sentido y prefiri\u00f3 ser directo.<\/p>\n<p>\u2014No me parece justo. Est\u00e1s tomando mis palabras al pie de la letra. O no, peor: las interpretas de manera figurada cuando te hacen da\u00f1o, y las tomas literalmente cuando te conviene.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfS\u00ed? \u00bfT\u00fa crees, Jorge?<\/p>\n<p>\u2014Ahora, por ejemplo, te he dicho que estaba cansado y te haces la v\u00edctima. Act\u00faas como si yo hubiera dicho \u201cestoy cansado de ti\u201d, y&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY no era eso lo que en el fondo necesitabas decir? Pi\u00e9nsalo. Pero si hasta ser\u00eda bueno. Anda, dilo. Yo tambi\u00e9n tengo cosas que decirte. \u00bfQu\u00e9 es lo que te cansa tanto?<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed no puedo, Ruth.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAs\u00ed, c\u00f3mo? \u00bfHablando? \u00bfSiendo sinceros?<\/p>\n<p>\u2014No puedo hablar as\u00ed \u2013contest\u00f3 Jorge, volviendo a recoger lentamente las cosas.<\/p>\n<p>\u2014Recibido \u2014dijo ella, desviando la vista hacia las olas.<\/p>\n<p>Jorge solt\u00f3 las cosas de pronto y quiso agarrar la silla de Ruth. Ella reaccion\u00f3 levantando un brazo en se\u00f1al de defensa. \u00c9l comprob\u00f3 que estaba realmente seria y se detuvo en seco, justo frente a la l\u00ednea. Estaba ah\u00ed. Ya la rozaba con la punta de los pies. Pensaba en dar otro paso. En pisar fuerte la arena. En restregar los pies y terminar de una vez con aquello. Jorge se sinti\u00f3 est\u00fapido por su propia precauci\u00f3n. Ten\u00eda los hombros tensos, levantados. Pero no se movi\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuieres dejarlo ya? \u2014dijo.<\/p>\n<p>Se arrepinti\u00f3 enseguida de haber formulado la pregunta de ese modo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDejar el qu\u00e9? \u2014pregunt\u00f3 Ruth, con una sonrisa dolientemente complacida.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Me refiero a este interrogatorio! Al interrogatorio y a esa raya rid\u00edcula.<\/p>\n<p>\u2014Si tanto te incomoda nuestra charla, podemos dejarla aqu\u00ed. Y si te quieres marchar a casa, adelante, que disfrutes de la cena. Pero lo de la raya, eso ni hablar. No es rid\u00edcula y no la cruces. No pases por ah\u00ed. Te lo advierto.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1s imposible, \u00bflo sabes?<\/p>\n<p>\u2014Lamentablemente, s\u00ed \u2014contest\u00f3 Ruth.<\/p>\n<p>Jorge percibi\u00f3, desconcertado, la franqueza de su respuesta. Se agach\u00f3 a recoger de nuevo las cosas murmurando palabras inaudibles. Remov\u00eda en\u00e9rgicamente el contenido de la cesta de playa. Ordenaba una y otra vez los botes de bronceador, apilaba con furia las revistas, volv\u00eda a plegar las toallas. Por un momento, a Ruth le pareci\u00f3 que los ojos de Jorge se aguaban. Pero lo vio recobrar paulatinamente la compostura hasta preguntarle, mir\u00e1ndola con fijeza:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMe est\u00e1s poniendo a prueba, Ruth?<\/p>\n<p>Ruth not\u00f3 c\u00f3mo la ingenuidad casi brutal de aquella pregunta le devolv\u00eda un eco de nobleza: como si Jorge pudiera equivocarse, pero no mentirle; como si en \u00e9l fuera posible cualquier deslealtad, excepto la malicia. Lo vio agachado a sus pies, desorientado, con los hombros a punto de despellejarse, con menos cabello que hac\u00eda unos a\u00f1os, familiar y desconocido. Tuvo el impulso de atacarlo y a la vez de protegerlo.<\/p>\n<p>\u2014Vas por ah\u00ed avasallando \u2014dijo ella\u2014 pero vives temiendo que te juzguen. Me parece un poco triste.<\/p>\n<p>\u2014No me digas. Qu\u00e9 profunda. \u00bfY t\u00fa qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfYo? \u00bfQue en qu\u00e9 me contradigo? \u00bfEn qu\u00e9 noto que me equivoco siempre? En muchas cosas. Much\u00edsimas. Qu\u00e9 te crees. Por empezar, soy una est\u00fapida. Y una miedosa. Y una resignada. Y finjo que podr\u00eda vivir como no puedo. Pens\u00e1ndolo bien, no s\u00e9 qu\u00e9 es m\u00e1s grave: no darse cuenta de algunas cosas, o darse cuenta y no hacer nada. Por eso mismo, \u00bfentiendes?, he trazado esta raya. S\u00ed. Es infantil. Es fea y peque\u00f1ita. Y es lo m\u00e1s importante que he hecho en todo el verano.<\/p>\n<p>Jorge se qued\u00f3 con la vista perdida m\u00e1s all\u00e1 de Ruth, como siguiendo la estela de sus palabras, sacudiendo la cabeza con un gesto en el que luchaban el disgusto y la incredulidad. Luego el rostro se le congel\u00f3 en una expresi\u00f3n ir\u00f3nica. Comenz\u00f3 a re\u00edrse. Su risa sonaba a tos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9, no dices nada? \u00bfSe te ha ido la fuerza? \u2014dijo Ruth.<\/p>\n<p>\u2014Eres una caprichosa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe parece un capricho lo que te estoy diciendo?<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9 \u2014dijo \u00e9l, incorpor\u00e1ndose\u2014. A lo mejor no exactamente caprichosa. Pero orgullosa, s\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014No es s\u00f3lo una cuesti\u00f3n de orgullo, Jorge, sino de principios.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSabes qu\u00e9? Que t\u00fa defender\u00e1s muchos principios, ser\u00e1s todo lo anal\u00edtica que quieras, te creer\u00e1s muy atrevida, pero lo que en realidad est\u00e1s haciendo es esconderte detr\u00e1s de una raya. \u00a1Esconderte! As\u00ed que hazme el favor de borrarla, de recoger tus cosas y discutirlo tranquilamente en la cena. Voy a pasar. Lo siento. Todas las cosas tienen un l\u00edmite. Mi paciencia tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Ruth se levant\u00f3 como un resorte liberado, volcando la silla de lona. Jorge se detuvo antes de haber dado un paso.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ya lo creo que todo tiene un l\u00edmite! \u2014grit\u00f3 ella\u2014. Y claro que te gustar\u00eda que me escondiese. Pero esta vez no te hagas ilusiones. T\u00fa no quieres una cena: t\u00fa quieres una tregua. Y no la vas a tener, me oyes, no la vas a tener hasta que aceptes de una vez que esta raya se borra cuando yo diga, no cuando t\u00fa te impacientes.<\/p>\n<p>\u2014Me sorprende que te pongas tan autoritaria. Despu\u00e9s te quejas de m\u00ed. Me est\u00e1s prohibiendo acercarme. Yo no hago lo mismo contigo.<\/p>\n<p>\u2014Jorge. Mi vida. Escucha \u2014dijo Ruth bajando la voz, acomod\u00e1ndose el flequillo, recomponiendo la silla y sent\u00e1ndose de nuevo\u2014. Quiero que me prestes atenci\u00f3n, \u00bfde acuerdo? No es que haya una l\u00ednea. Es que hay dos, \u00bfme entiendes?, siempre hay dos. Y yo veo la tuya. O intento verla, al menos. S\u00e9 que est\u00e1 ah\u00ed, en alguna parte. Te propongo una cosa. Si te parece injusto que esta raya se borre cuando yo diga, traza t\u00fa otra, entonces. Es f\u00e1cil. Ah\u00ed tienes tu raqueta. \u00a1Haz una raya!<\/p>\n<p>Jorge solt\u00f3 una carcajada.<\/p>\n<p>\u2014Te estoy hablando en serio, Jorge. Expl\u00edcame tus reglas. Mu\u00e9strame tu territorio. Dime: de esta raya no pases. Ver\u00e1s c\u00f3mo jam\u00e1s intentar\u00e9 borrarla.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 lista! Claro que no la borrar\u00edas, porque yo nunca har\u00eda una raya como esa. Ni se me ocurrir\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Pero si la trazaras, \u00bfhasta d\u00f3nde llegar\u00eda? Necesito saberlo.<\/p>\n<p>\u2014No llegar\u00eda a ning\u00fan lado. No me gustan las supersticiones. Prefiero comportarme con naturalidad. Quiero poder pasar por donde tenga ganas. Pelearme cuando de verdad suceda algo.<\/p>\n<p>\u2014Lo \u00fanico que quiero es que mires un poco m\u00e1s all\u00e1 de tu territorio \u2014dijo ella.<\/p>\n<p>\u2014Lo \u00fanico que quiero es que me quieras \u2014dijo \u00e9l.<\/p>\n<p>Ruth pesta\u00f1e\u00f3 varias veces. Se frot\u00f3 los ojos con ambas manos, como intentando limpiarse todo el viento h\u00famedo que la hab\u00eda golpeado aquella tarde.<\/p>\n<p>\u2014Es la respuesta m\u00e1s terrible que pod\u00edas haberme dado \u2014dijo Ruth.<\/p>\n<p>Jorge pensaba en acercarse a consolarla y sospechaba que no deb\u00eda. Le picaba la espalda. Le dol\u00edan los m\u00fasculos. El mar se hab\u00eda tragado la pelota del sol. Ruth se tap\u00f3 la cara. Jorge baj\u00f3 la vista. Mir\u00f3 la raya una vez m\u00e1s: le pareci\u00f3 que med\u00eda m\u00e1s de un metro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Estar descalzo<\/strong><\/p>\n<p>Cuando supe que ser\u00eda mortal como mi padre, como aquellos zapatos negros en una bolsa de pl\u00e1stico, como el balde con agua donde entraba y sal\u00eda la fregona que restregaba el pasillo del hospital, yo ten\u00eda veinte a\u00f1os. Era joven, viej\u00edsimo. Por primera vez supe, mientras las estelas de claridad iban borr\u00e1ndose del suelo, que la salud es una pel\u00edcula muy fina, un hilo que se evapora con el pasar de los pasos. Ninguno de esos pasos era de mi padre.<\/p>\n<p>Mi padre siempre hab\u00eda caminado de manera extra\u00f1a. Veloz y al mismo tiempo torpe. Cuando iniciaba sus caminatas, uno nunca sab\u00eda si iba a tropezarse o echar a correr. A m\u00ed me gustaban esos andares. Sus pies planos y duros se parec\u00edan al suelo que pisaba, al suelo del que hu\u00eda.<\/p>\n<p>Los pies planos de mi padre ya eran cuatro, se hab\u00edan repartido en dos lugares distintos: en la camilla (unidos por los talones, ligeramente abiertos, evocando una ir\u00f3nica V de victoria) y dentro de aquella bolsa de pl\u00e1stico (a modo de recuerdo en los zapatos, imponiendo su molde al cuero). La enfermera me la entreg\u00f3 como se entregan unos desperdicios. Yo mir\u00e9 las baldosas, su tablero cambiante.<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 sentado ah\u00ed, frente a las puertas del quir\u00f3fano, esperando noticias o temiendo las noticias, hasta que saqu\u00e9 los zapatos de mi padre. Me levant\u00e9 y los puse en el centro del pasillo, como un obst\u00e1culo o una frontera o un accidente geogr\u00e1fico. Los pos\u00e9 cuidadosamente, procurando no alterar sus bultos originales, la protuberancia de los huesos, su forma ausente.<\/p>\n<p>Al rato la enfermera apareci\u00f3 a lo lejos. Atraves\u00f3 el pasillo, eludi\u00f3 los zapatos y sigui\u00f3 de largo. El suelo resplandec\u00eda. De pronto la limpieza me dio miedo. Me pareci\u00f3 una enfermedad, una impecable bacteria. Me agach\u00e9 y avanc\u00e9 a gatas, sintiendo el roce, el da\u00f1o en las rodillas. Volv\u00ed a guardar los zapatos en la bolsa. Apret\u00e9 el nudo lo m\u00e1s fuerte que pude.<\/p>\n<p>De tarde en tarde, en casa, me pruebo esos zapatos. Cada vez me quedan mejor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ruth hac\u00eda monta\u00f1as con un pie. Cavaba con el dedo gordo en la arena tibia, formaba montoncitos, los ordenaba, los alisaba cuidadosamente con la planta del pie, los contemplaba un rato. Luego los destru\u00eda. Y volv\u00eda a empezar. 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