{"id":3950,"date":"2020-08-12T18:14:33","date_gmt":"2020-08-13T00:14:33","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/08\/universal-language-freedom-and-melancholy-margara-russotto\/"},"modified":"2023-06-03T21:51:25","modified_gmt":"2023-06-04T03:51:25","slug":"universal-language-freedom-and-melancholy-margara-russotto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/08\/universal-language-freedom-and-melancholy-margara-russotto\/","title":{"rendered":"&#8220;La lengua universal: libertad y melancol\u00eda&#8221; de Margara Russotto"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Durante un tiempo cre\u00ed que yo ten\u00eda una lengua. Estaba segura: era definitivamente m\u00eda como lo era mi piel. Tuve esa certeza a los cuatro a\u00f1os, cuando mi padre me ense\u00f1\u00f3 a leer. Estaba en mi boca, en la de todos, y estaba en las letras rojas y azules del silabario; y de all\u00ed a los anuncios, carteles, tiendas, caf\u00e9s, y en numerosos avisos. Cientos de avisos. La ciudad entera llena de alfabetos, llamadas, gui\u00f1os, disposiciones: <i>Vicolo San Giuseppe<\/i>, <i>Non attraversare<\/i>, <i>Calzolaio<\/i>, <i>Poste italiane<\/i>, <i>Lavori in corso<\/i>. Era como si ning\u00fan objeto y ninguna acci\u00f3n hubiesen existido antes de su aparici\u00f3n en la escritura: antes de que la <i>littera <\/i>le diera consistencia y plenitud. Una cosa era decir \u201cgelato\u201d, y otra muy distinta reconocer la suprema identidad del <i>GELATO<\/i> en un aviso en may\u00fascula en la helader\u00eda de la esquina. Descubrir la inmensidad de la lectura fue como acceder a la sem\u00e1ntica del mundo a trav\u00e9s del hilo que pasaba del silabario a la ciudad y de la ciudad al libro. De modo que conciencia de la lengua y conciencia de la lectura fue la misma epifan\u00eda que marc\u00f3 mi primera infancia.<\/p>\n<p>Esa lengua que cre\u00ed m\u00eda, era en verdad la de mis padres y antepasados. Era una herencia cultivada y exaltada en todos sus matices: escrita, cantada, discutida, so\u00f1ada. Am\u00e1bamos la oratoria, la gestualidad exacerbada, la m\u00fasica, el melodrama. Todos eran lenguajes, es decir, evidencias de la pluralidad universal. Eran pliegues de lenguas entre lenguas; tonos; dialectos de dialectos que distingu\u00edan los acentos de una min\u00fascula aldea, de otra situada a pocos kil\u00f3metros. \u00c9ramos los amos y se\u00f1ores del arte de la enunciaci\u00f3n y la heteroglosia. Eso mismo. Un episodio familiar contaba que mi abuelo paterno (no el materno, quien hab\u00eda sido \u201cexpulsado\u201d por la abuela por quedarse dormido en la \u00f3pera), debiendo enfrentar un juicio a ra\u00edz de una pelea de taberna, apart\u00f3 al abogado que le hab\u00edan asignado para defenderse solo, y mejor. As\u00ed era en aquel tiempo, cuando la lengua era m\u00eda porque era de todos, y yo me acunaba en ella como una Nereida en el Mediterr\u00e1neo.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo se resquebraj\u00f3 esa certeza? \u00bfCu\u00e1ndo ganar y perder lenguas se volvi\u00f3 mi signo, y la perfecta metonimia de una extraterritorialidad existencial? Quiero pensar que fue con la emigraci\u00f3n familiar a Venezuela a fines de los a\u00f1os 50, cuando la lengua materna empez\u00f3 a ser desplazada discretamente hacia los laberintos de la subjetividad por el avance de la lengua adquirida. Tal vez hubiera ocurrido lo mismo con otro desencadenante. El m\u00edo, el nuestro, fue la emigraci\u00f3n euf\u00f3rica \u2014m\u00e1s bien caleidosc\u00f3pica por sus interminables efectos\u2014 y el sue\u00f1o de un nuevo mundo en versi\u00f3n tropical-moderna contra la miseria de la posguerra. Fue el reencuentro con mi padre despu\u00e9s de su partida, y su decisi\u00f3n ejemplar de abrir camino ejerciendo el m\u00e1ximo acto de libertad que se puede emprender: emigrar. Emigrar fue salir del envoltorio original, gan\u00e1ndole al azar de haber nacido en un lugar y un tiempo no elegidos. Y fue viajar, exponerse, explorar y confrontarse con todas las formas de la alteridad. Con su ejemplo, mi padre nos gener\u00f3 dos conciencias contradictorias y simult\u00e1neas: el derecho inalienable de transitar por el mundo y la eterna nostalgia de un espacio perdido. La libertad y la melancol\u00eda. Transterrados y libres, animales ecol\u00f3gicos antes que pol\u00edticos, carg\u00e1bamos la piel de aquel pastor errante de Leopardi y su pregunta metaf\u00edsica sobre el sentido del universo y la fragilidad de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Sin saberlo, tuvimos as\u00ed la oportunidad formativa que proporciona toda dislocaci\u00f3n espacial con sus magn\u00edficas o terribles consecuencias: el gran l\u00edo de manejar nuestra herencia cultural que empezaba a trenzarse con otra, haciendo y deshaciendo un rizoma de conexiones invisibles. Y nos dejaba otro l\u00edo mayor, el \u00fanico que realmente importa, el enfrentamiento abismal del \u201ccon\u00f3cete a ti mismo\u201d que subyace a todos los l\u00edos y problem\u00e1ticas posibles: \u00bfQui\u00e9n soy? \u00bfDe d\u00f3nde vengo? \u00bfPor qu\u00e9 estoy aqu\u00ed?<\/p>\n<p>Ese trayecto socr\u00e1tico que comienza con la emigraci\u00f3n y nos distingue de los sedentarios se abri\u00f3 como a golpes de Caribe. Pronto nos dejamos caribear por ese dejo amargo y dulz\u00f3n del habla venezolana con sus creaciones portentosas: <i>cachicamo, faramallero, bochinche, jurungar.<\/i> \u00bfC\u00f3mo ser la misma despu\u00e9s de semejante anti-etimolog\u00eda? Guimar\u00e3es Rosa dec\u00eda que toda palabra \u201ctiene su sombra\u201d. Y lo dec\u00eda mientras esperaba el desenlace de sus enfermos en los caminos del <i>sert\u00e3o<\/i>, tanteando la fon\u00e9tica de un vocablo en ruso que tal vez le servir\u00eda para sus insuperables onomatopeyas. Como m\u00e9dico rural que era vigilando la muerte, cortaba y esculp\u00eda con el fino bistur\u00ed de la poes\u00eda la sombra de las palabras y su metamorfosis. Hac\u00eda luz de las sombras, y de la muerte, vida genuina y regeneraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ni elecci\u00f3n ni obediencia ciega a las circunstancias, parece imposible y desorientador determinar los motivos de la pr\u00e1ctica \u2014m\u00e1s que la preferencia\u2014 de un idioma en vez de otro de parte del escritor. Habr\u00e1 interesantes investigaciones bio-bibliogr\u00e1ficas, explicaciones neurol\u00f3gicas y perspectivas hist\u00f3ricas que avancen respuestas fascinantes. Pero yo sigo sin saber hasta d\u00f3nde se alarga la sombra de los continentes sobre el <i>cachicamo<\/i>.<\/p>\n<p>Con la experiencia de la emigraci\u00f3n, perder y ganar y volver a perder se vuelve parte del tr\u00e1nsito hacia un destino asignado. En ese sentido, el biling\u00fcismo es una coraza de protecci\u00f3n contra cualquier noci\u00f3n de exilio, de victimismo, y de obtusos patriotismos y nacionalismos. \u00bfPero podr\u00eda yo confiar en el lenguaje? Enfrascada en traducciones y di\u00e1logos entre lenguas \u00bfacaso no comprobaba la salvaje inadecuaci\u00f3n a cada intento? \u00bfNo era yo una impostora m\u00e1s? A menudo, la frase m\u00e1s simple no alcanzaba a cruzar el puente y las palabras se volv\u00edan vapor de agua, o saltaban hacia campos sem\u00e1nticos insospechados como pelotas asesinas, boomerangs contra el propio rostro. \u00bfQu\u00e9 dices? \u00bfQu\u00e9 quieres decir? Yo intentaba interrogar lo que hab\u00eda detr\u00e1s del lenguaje, las r\u00e1fagas del silencio y de la pausa, ese espacio transicional de cruces asim\u00e9tricos donde no existe predominancia, y donde la extraterritorialidad esencial no puede ser sometida a poder alguno. Yo quer\u00eda la suspensi\u00f3n de toda intenci\u00f3n, el vac\u00edo, el aire, la respiraci\u00f3n, el prana. \u00bfPero qu\u00e9 dices? \u00bfQu\u00e9 quieres decir?<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, en la etapa en los Estados Unidos, p\u00e9rdida y ganancia, transici\u00f3n y rovisionalidad, adquieren otros matices. Ahora es la lengua de la buena madrastra la que sufre amenaza de olvido y mistificaci\u00f3n, en medio de una densa neblina de \u201cideas fuera de lugar\u201d. Curiosamente, al segundo idioma de ese inmenso pa\u00eds no se le llama \u201ccastellano\u201d sino \u201cespa\u00f1ol\u201d; Am\u00e9rica Latina es otra Am\u00e9rica Latina vista desde un punto de observaci\u00f3n peculiar y a ratos folkl\u00f3rico; y, como si no fuera suficiente, la letra e\u00f1e ha desaparecido de todos los teclados. La mayor\u00eda de los intelectuales latinoamericanos que viven y trabajan en Estados Unidos tienen la libertad de escribir, publicar y dictar clases en espa\u00f1ol. Para algunos es una posici\u00f3n visceral defendida hasta con los dientes (la historia de las relaciones entre el norte y el sur podr\u00edan explicarlo mejor). Tal vez se piensa que operar en un ingl\u00e9s elemental de acr\u00f3nimos y abreviaturas incomprensibles permita flotar en la superficie para no seguir perdiendo en lo profundo. Pero son estrategias que acarrean otro tipo de p\u00e9rdida: es \u201cescribir en el aire\u201d, como afirmaba ag\u00f3nicamente el maestro y cr\u00edtico peruano Antonio Cornejo Polar, lejos de las referencias que constituyen el suelo f\u00e9rtil de la cultura latinoamericana.<\/p>\n<p>\u00bfPero cu\u00e1les referencias? Mientras escribo esto, aislada en un pac\u00edfico pueblo universitario de New England, miles de hombres y mujeres mueren por una pandemia global que nos ha arrojado al m\u00e1s oscuro calabozo del Medioevo junto a la parafernalia tecnol\u00f3gica m\u00e1s sofisticada del siglo XXI. Esta cat\u00e1strofe podr\u00eda hacer a\u00fan m\u00e1s inocua o intrascendente la pregunta sobre la libertad que tiene el escritor de escribir en una lengua que no es la materna.<\/p>\n<p>Sin embargo, el h\u00e1bito de la errancia melanc\u00f3lica insiste, y vuelven a atarse los hilos de la memoria en su tela jam\u00e1s terminada. A\u00fan puedo escuchar a mis padres cuchicheando en aquel l\u00e9xico privado que hab\u00edan inventado para que los ni\u00f1os no supi\u00e9ramos sus secretos. Todav\u00eda hoy, mis hijos, herederos del mismo vicio, practican una a-sil\u00e1bica e ininteligible lengua \u201cfilipina\u201d para acari\u00f1ar a sus animales, hecha de resoplos, caricias, gru\u00f1idos y toques misteriosos de glotis que obtienen un alegre concierto sonoro como respuesta. Durante un breve per\u00edodo de prueba como mecan\u00f3grafa en el Consulado de Italia en Venezuela, asist\u00ed repetidamente a la perplejidad y desesperaci\u00f3n de los italianos al enfrentar formularios por llenar escritos en la \u201clengua del consulado\u201d; es decir, en el c\u00f3digo especializado de una burocracia no muy distante de la ficci\u00f3n kafkiana. Entre los cuentos del desierto \u2014otro capital narrativo acumulado en los a\u00f1os vividos en Tr\u00edpoli por mi abuela y su hija menor encargadas de un dispensario m\u00e9dico\u2014 hay uno sobre un peregrino que a duras penas baja de su camello para que le curen una herida infectada. El relato de mi t\u00eda se esmera en los detalles de la cura, el uso del instrumental improvisado e inoperante para las manos de una ni\u00f1a, y en la emergencia que exig\u00eda acciones inmediatas. Yo quer\u00eda conocer el origen de los eventos e insist\u00eda en saber c\u00f3mo hablaba el herido, si era en \u00e1rabe o en italiano. Quer\u00eda saber el idioma del contacto. Pero ella cortaba abruptamente el relato: \u00c9l solo dec\u00eda ay, ay, ay. \u00c9l hablaba la lengua \u201cuniversal\u201d.<\/p>\n<p>Nadie puede decir que posee enteramente una lengua, un territorio, un reino seguro. Pero no por confusi\u00f3n bab\u00e9lica o por un ambiguo cosmopolitismo, sino porque muchas lenguas y voces nos atraviesan y diversifican nuestra identidad tironeada por los dualismos. Vivimos inmersos en la multiplicidad que nos renueva y contrar\u00eda, y no hay ning\u00fan atajo en el viaje hacia la s\u00edntesis final de una vida. El espa\u00f1ol, el italiano, el siciliano, el ingl\u00e9s, el portugu\u00e9s \u2014y tambi\u00e9n la celebraci\u00f3n en \u201cfilipino\u201d y la \u201clengua universal\u201d del sufrimiento\u2014 han sido para m\u00ed discursos abiertos y caminos hacia la indagaci\u00f3n antropol\u00f3gica y ontol\u00f3gica de la complejidad humana. Pienso que la literatura ha sido el principio regulador capaz de equilibrar todos los opuestos y fragmentaciones de este recorrido personal que intento vanamente articular.<\/p>\n<p>Quisiera creer que se trata de una regulaci\u00f3n que nunca termina, que me hace semejante a todos los de mi especie, y que, de cierta manera, constituye la salvaci\u00f3n de todos los que aman la literatura.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Margara Russotto<br \/>\nAmherst, 7 de abril 2020<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<p><b id=\"docs-internal-guid-a7f05382-7fff-95e5-6420-f1ab5483de94\"><a href=\"https:\/\/bookshop.org\/shop\/LALT\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Visita nuestra p\u00e1gina de Bookshop y apoya a las librer\u00edas locales.<\/a><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante un tiempo cre\u00ed que yo ten\u00eda una lengua. Estaba segura: era definitivamente m\u00eda como lo era mi piel. 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