{"id":3944,"date":"2020-08-12T17:06:35","date_gmt":"2020-08-12T23:06:35","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/08\/knives-and-forks-krina-ber\/"},"modified":"2023-06-03T21:50:55","modified_gmt":"2023-06-04T03:50:55","slug":"knives-and-forks-krina-ber","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/08\/knives-and-forks-krina-ber\/","title":{"rendered":"&#8220;De cuchillos y tenedores&#8221; de Krina Ber"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un d\u00eda, uno de esos d\u00edas cuando el peso del disimulo se me hac\u00eda insoportable estuve a punto de contarle todo a Sergio. Era una tarde lluviosa y nos encontr\u00e1bamos solos tomando caf\u00e9 en el mes\u00f3n de la cocina.<\/p>\n<p>\u2014Quisiera decirte por qu\u00e9 estoy yendo al psic\u00f3logo cada semana \u2014anuncie sin ambages.<\/p>\n<p>El segu\u00eda chupando su cigarrillo como si no me oyese. S\u00f3lo cuando repet\u00ed mi petici\u00f3n me lanz\u00f3 la mirada harto conocida de su ni\u00f1ez, insegura, sabia y vulnerable, mirada de quien trata de excavar su guarida en el mundo a cierta distancia de las realidades inc\u00f3modas.<\/p>\n<p>\u2014O sea, \u00bfhay una raz\u00f3n espec\u00edfica?<\/p>\n<p>\u2014Tal vez.<\/p>\n<p>\u2014Por favor. No me la cuentes.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9? \u2014pregunt\u00e9 perpleja. Todos ellos quer\u00edan saber, estaba segura de eso, me espiaban, intercambiaban miradas elocuentes de preocupaci\u00f3n por mi salud mental, me segu\u00edan con los ojos llenos de interrogaciones que el abochornado respeto de mi privacidad les imped\u00eda verbalizar. La reacci\u00f3n de mi primog\u00e9nito me llen\u00f3 de asombro.<\/p>\n<p>\u2014Yo no soy la persona indicada. Es m\u00e1s, mam\u00e1: no quiero saberlo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Bueno. Ponlo as\u00ed: s\u00e9 que t\u00fa no eres solamente mi mam\u00e1. Eres un ser humano con l\u00edos existenciales, y eres Elena, y mujer, y una persona complej\u00edsima. Pero para m\u00ed, con mam\u00e1 me basta y sobra. Es algo que no necesito ampliar.<\/p>\n<p>En otras palabras: esa presencia indispensable e invisible con la que he crecido. Por favor, mam\u00e1.<\/p>\n<p>EI <i>l\u00edo existencial<\/i> que Sergio no hab\u00eda querido conocer perdi\u00f3 su vigencia, pero no la verdad que, aunque desde siempre sabida, se me hizo palpable aquella tarde: los padres y los hijos compartimos el mismo espacio, el mismo mes\u00f3n de la cocina, pero nunca el mismo tiempo, vivimos separados por un r\u00edo invisible de tiempo que no se debe cruzar si se quiere mantener el sabio equilibrio de la vida. Con esa suerte de s\u00fabita clarividencia que alcanza cual filo de una linterna no las premoniciones del futuro sino hechos de nuestro pasado, record\u00e9 mi propio recelo de franquear la distancia que aislaba mi vida de la de mis padres, mi af\u00e1n de cuidar las figuras que me forj\u00e9 de ellos y preservarlas de los manchones de dejadez y locura: la locura y la dejadez eran cosas m\u00edas, ocasionalmente, pero la imagen de mis padres no me la iba a da\u00f1ar a nadie, especialmente no ellos mismos.<\/p>\n<p>Toda forma de vida es una resistencia al caos: eso me hab\u00eda ense\u00f1ado pap\u00e1 desde que era chiquita y me mostraba amibas debajo del microscopio.<\/p>\n<p>Record\u00e9 otro mes\u00f3n, el de nuestra peque\u00f1a cocina en Tel Aviv. Mi padre cenando solo en el mes\u00f3n de la cocina con camisa y corbata, en invierno y verano por igual, esgrimiendo su camisa y corbata y su biblioteca antigua atestada de libros contra los pechos velludos de nuestros conocidos, vecinos y otros padres de familia que andaban por sus hogares de f\u00f3rmica en calzoncillos y cholas de goma, sus barrigas derramadas al aire afirmando el modo israel\u00ed de ser libre de los prejuicios del viejo mundo diasp\u00f3rico. Al igual que mis hijos, mi marido y yo hoy en d\u00eda, tambi\u00e9n entonces tom\u00e1bamos nuestras comidas en la cocina, sujetos a horarios diferentes. S\u00f3lo los s\u00e1bados nos reun\u00edamos a veces en la sala para un almuerzo familiar, vestigio de otros, anteriores a la inmigraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aquel mes\u00f3n de la cocina era tambi\u00e9n una suerte de liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Porque antes de ese mes\u00f3n, durante nuestra primera infancia en la Polonia natal, las comidas familiares eran una tortura de buenos modales que pap\u00e1 se empe\u00f1aba en inculcarnos, a mi hermanito y a m\u00ed. Le gustaba sacar a colaci\u00f3n el ejemplo de un tal doctor Livingstone quien cada noche se cambiaba de ropa para cenar solo en su caba\u00f1a: era el primer explorador brit\u00e1nico que hab\u00eda osado adentrarse en la vastedad inexplorada de la selva africana y lo hab\u00edan dado por perdido o comido por los can\u00edbales hasta que fue encontrado por un compatriota suyo llamado Stanley, quien tras meses de extenuante b\u00fasqueda penetr\u00f3 al fin en el precario recinto donde yac\u00eda, debilitado y enfermo, el \u00fanico hombre blanco que podr\u00eda hallarse en aquellos parajes. Stanley entr\u00f3 casi de puntillas, como disculp\u00e1ndose por su intrusi\u00f3n, se quit\u00f3 su casco de explorador brit\u00e1nico y enuncio educadamente, con una impecable pronunciaci\u00f3n de Oxford: &#8220;Doctor Livingstone, <i>I presume?<\/i>\u201d Aquel <i>I presume<\/i> \u2014me permito suponer\u2014 disparaba el deleite de mi padre que ten\u00eda una debilidad pueril por los comportamientos impecables y dignos en cualquier ocasi\u00f3n y algo en esa flem\u00e1tica compostura anglosajona le fascinaba, tal vez por ser totalmente opuesta a su propia exuberante naturaleza. Sol\u00eda afirmar que los buenos modales eran el baluarte del progreso y la primera frontera entre la barbarie y la civilizaci\u00f3n. No me daba cuenta entonces de que las conmovedoras pero adustas aristas de nuestra nueva patria le hac\u00edan sentirse a veces no muy diferente de un Livingstone extraviado en la jungla africana.<\/p>\n<p>Toni, mi hermano menor, objetaba a refunfu\u00f1ones la tiran\u00eda de los ritos de la mesa llevando la osad\u00eda israel\u00ed hasta afirmar que no ve\u00eda ninguna necesidad de observarlos. Le encantaba discutir. Pap\u00e1, quien pose\u00eda un sentido de humor afilado y siempre ganaba las escaramuzas verbales, ya fuese por nocaut o por puntos, pareci\u00f3 ponderar la cuesti\u00f3n con la cabeza ladeada y la mirada pensativa en la que bailaba apenas una chispa de iron\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Tal vez tengas raz\u00f3n \u2014dijo\u2014 T\u00fa no necesitas observarlos, tienes por padre a un cient\u00edfico bastante conocido. Mala suerte la m\u00eda que nac\u00ed hijo de un conserje y no me quedaba m\u00e1s remedio que aprender a comer como es debido.<\/p>\n<p>De ni\u00f1o mi hermano hab\u00eda recibido muchos rega\u00f1os y sermones hasta que aprendi\u00f3 a llevar la cuchara a la boca sin inclinarse hacia el plato: aun puedo verlo en la mesa, tan peque\u00f1o, tieso como un palo en su intensa concentraci\u00f3n para no derramar ni una gota de sopa. Sorber estaba prohibido, por supuesto. Yo misma sufr\u00ed la humillaci\u00f3n de comer con los brazos amarrados flojamente con una cinta para erradicar mi mala costumbre de levantar los codos, y recuerdo la tortura de cortar en esa posici\u00f3n, con el movimiento elegantemente restringido a las mu\u00f1ecas, una porci\u00f3n de pollo asado siguiendo las instrucciones quir\u00fargicas de pap\u00e1 quien me indicaba con la punta de su tenedor las articulaciones precisas donde la anatom\u00eda del ave opondr\u00eda una menor resistencia a mi cuchillo. Sin embargo, por m\u00e1s opresiva que fuese la buena educaci\u00f3n, el arte de manipular correctamente el tenedor y el cuchillo y de dejarlos al terminar la comida juntitos y paralelos sobre el plato como las piernas de una se\u00f1orita que sabe sentarse, se convirti\u00f3 en parte natural de nuestro modo de ingerir alimentos, aun estando tan solos como Livingstone en la selva africana en el mes\u00f3n de la cocina de Tel Aviv, con el plato en frente y no pocas veces un libro al lado. Al menos yo siempre le\u00eda, hered\u00e9 de mi padre la avidez de la lectura y la costumbre de no perder nunca el tiempo cuando algo que hac\u00eda se pod\u00eda hacer tambi\u00e9n leyendo.<\/p>\n<p>Pero una noche pap\u00e1 cen\u00f3 solo en el mes\u00f3n de la cocina y me asombr\u00f3 constatar que no hab\u00eda le\u00eddo su peri\u00f3dico habitual mientras com\u00eda; ni siquiera hab\u00eda encendido la luz. El principio de la oscuridad comenzaba a desle\u00edr el contorno de los objetos y el rostro de mi padre estaba fr\u00edo y sudoroso cuando lo bes\u00e9. Accion\u00e9 el interruptor. Mi coraz\u00f3n se encogi\u00f3 al constatar que el peri\u00f3dico segu\u00eda a su lado intacto, sin se\u00f1ales de haber sido abierto.<\/p>\n<p>Pero hab\u00eda algo peor, algo que no vi de inmediato porque aun teniendo la evidencia ante mis ojos no me era posible interpretar lo que ve\u00eda. Se hab\u00eda comido todo, la pechuga de pavo y las patatas. Y, sin embargo, al lado de su plato, tal como los hab\u00eda dispuesto mi madre antes de salir, descansaban el cuchillo y el tenedor encima de la servilleta doblada.<\/p>\n<p>Lo vi y no dije nada. Mi coraz\u00f3n lat\u00eda con verg\u00fcenza ajena, con incomodidad, con el clamor de a\u00f1os de educaci\u00f3n forzada gritando que no era cierto lo que estaba viendo, que no pod\u00eda ser real. Toda forma de vida es una resistencia al caos: no lo hab\u00eda olvidado. Me apresur\u00e9 a recoger el plato y los cubiertos intactos y enjabonarlo todo una y otra vez en el fregadero, como si el chorro de agua y la abundante espuma tuviesen la virtud de lavar lo que hab\u00eda visto, borrarlo para siempre no solamente de mi memoria sino del registro de las realidades, devolvi\u00e9ndole el estatus de lo que nunca hab\u00eda sucedido. De espaldas a \u00e9l, lavando con aplicaci\u00f3n el plato y los cubiertos, chachareaba r\u00e1pidamente cont\u00e1ndole algo sobre mis notas de matem\u00e1ticas, sobre la \u00faltima pel\u00edcula que quer\u00eda ir a ver con mi \u00faltimo novio y la \u00faltima travesura de mi hermano.<\/p>\n<p>Reprimiendo la pregunta, la pregunta, la \u00fanica pregunta: \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 pap\u00e1? \u00bfEst\u00e1s bien? Porque \u00e9l no estaba bien y, tal como Sergio hoy d\u00eda, yo no quer\u00eda saberlo. Me aterraba saberlo. Recuerdo que sent\u00ed un inmenso alivio cuando o\u00ed al fin la voz de pap\u00e1 avis\u00e1ndome que se iba al estudio porque estaba muy cansado. Su voz sonaba como siempre, algo cansada efectivamente. Al d\u00eda siguiente todo parec\u00eda olvidado, el jab\u00f3n y mis conjuros hab\u00edan funcionado, pens\u00e9.<\/p>\n<p>Pero no fue as\u00ed. Nuestra vida, hasta entonces lisa y compacta a pesar de todo, no tard\u00f3 en acusar las primeras fisuras que poco a poco se convirtieron en grietas profundas y resquebrajaron la cotidianidad.<\/p>\n<p>Nunca supe qu\u00e9 fue lo que hab\u00eda ocasionado el derrumbe interno de mi padre aquella noche, qu\u00e9 vejaci\u00f3n \u00edntima en su carrera, qu\u00e9 zarpazo en su repertorio de esperanzas vitales. \u00bfEra tambi\u00e9n suya la posibilidad de locura secreta que se agazapa en el trasfondo de los d\u00edas, tambi\u00e9n a \u00e9l lo anegaba a veces? O tal vez, pienso, tal vez fue entonces cuando se enter\u00f3 de que su coraz\u00f3n no ten\u00eda remedio, que s\u00f3lo era cuesti\u00f3n de tiempo, de muy poco tiempo. O tal vez no: nunca lo sabr\u00e9.<\/p>\n<p>Luego pas\u00f3 todo, y pasaron a\u00f1os. Crecimos. Volamos de la casa: mi hermano cerca y yo muy lejos; formamos nuestras propias familias, una vez yo, en Venezuela, y dos veces \u00e9l, en Israel. Mi peque\u00f1o Sergio est\u00e1 a punto de iniciar la suya.<\/p>\n<p>Realmente, pasaron muchos a\u00f1os. Perd\u00ed la cuenta, cu\u00e1ntos, perd\u00ed el hilo que los ligaba en un conjunto significante.<\/p>\n<p>A veces, el hilo reaparece donde menos lo esperamos. Es un misterio c\u00f3mo algunos <i>tics<\/i>, man\u00edas o gestos de los que nos precedieron perduran en el mundo por cuenta propia, y nunca ser\u00e1n los <i>tics<\/i>, gestos o man\u00edas realmente importantes, dignos de ser preservados en el templo de la memoria, sino los m\u00e1s anodinos, migajas irrelevantes de seres que hab\u00edan sido muy complejos y tenido sus l\u00edos existenciales y sus maneras personales de lidiar con el caos. Se niegan a perecer. Se resisten oblicuamente a los procesos de desintegraci\u00f3n propios de los verdaderos recuerdos.<\/p>\n<p>Lo vislumbr\u00e9 aquel verano cuando Toni nos mand\u00f3 a Batsheva, su hija adolescente del primer matrimonio (con la que no sab\u00eda lidiar) para que pasara las vacaciones con sus primos en Venezuela (sin\u00f3nimo de jungla para \u00e9l), ese gesto, tic o man\u00eda con la que un fantasma irrumpi\u00f3 inesperadamente en un sitio tan reacio a las sombras como puede serlo el expendio de pollo frito <i>Arturo\u2019s <\/i>en un popular Centro Comercial de Caracas, donde te sirven el plato regular, especial y el combo en un ingenioso embalaje de polietileno, expandido sobre una bandeja de PCV y con muchas servilletas al lado.\u00a0 Yo me content\u00e9 con un refresco, pero Ad\u00e1n, Nina y hasta Sergio se abalanzaron enseguida sobre sus raciones hincando los dientes en los crujientes muslos y pechugas y chup\u00e1ndose la grasa de los dedos delante de Batsheva que los observaba con una asqueada impotencia. Nunca habr\u00eda sospechado que la chica <i>punk<\/i> hiciese otra cosa que imitarlos, pero no fue as\u00ed. Sacudi\u00f3 su copete azul, se levant\u00f3 e, ignorando ol\u00edmpicamente el burl\u00f3n inter\u00e9s de otros comensales en su atuendo y tatuajes, se fue taconeando hasta la barra para pedir cubiertos.<\/p>\n<p>Y luego, ante la mirada pasmada de sus primos devoradores y la m\u00eda, nublada por una h\u00fameda fijeza, acomod\u00f3 sus piezas de pollo frito sobre un plato desechable (que tambi\u00e9n hab\u00eda pedido) y se puso a comer con parsimonia, clavando el tenedor de pl\u00e1stico en cada bocado que separaba c\u00f3modamente con el cuchillo de pl\u00e1stico en la articulaci\u00f3n correcta y lo llevaba a la boca sin inclinar la cabeza, la espalda recta, los codos bajos y los brazos paralelos al cuerpo, gestos que probablemente practicaba con la misma naturalidad hasta su \u00faltima cena el doctor Livingstone en su caba\u00f1a en la jungla africana y que el abuelo de Batsheva, muerto mucho antes de nacer ella y no menos perdido en otro paisaje, conmovedor y adusto a su manera, nos hab\u00eda inculcado a golpe de rega\u00f1os y sermones, a pesar de que mi hermano Toni (hoy tambi\u00e9n cient\u00edfico bastante conocido) pataleaba rebel\u00e1ndose como pod\u00eda contra la tiran\u00eda de esos buenos modales que \u00e9l no necesitaba para nada, claro, pero nuestro padre s\u00ed, porque era hijo de un conserje y los consideraba parte del progreso humano de la barbarie a la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El fantasma debi\u00f3 hacerse insistente en mis pupilas porque Batsheva se rebull\u00f3 inc\u00f3moda en la sillita de hierro y su zarcillo lingual tintine\u00f3 con desaf\u00edo contra los incisivos superiores.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 te pasa Elena \u2014dijo (llamarme \u201ct\u00eda\u201d no es opci\u00f3n para los ni\u00f1os criados en Israel) \u2014No puedo comer cuando me miras as\u00ed. \u00a1Uno dir\u00eda que nunca hab\u00edas visto un <i>piercing<\/i>!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b id=\"docs-internal-guid-4f517a42-7fff-7c8b-dc84-75370066b786\"><a href=\"https:\/\/bookshop.org\/shop\/LALT\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Visita nuestra p\u00e1gina de Bookshop y apoya a las librer\u00edas locales.<\/a><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un d\u00eda, uno de esos d\u00edas cuando el peso del disimulo se me hac\u00eda insoportable estuve a punto de contarle todo a Sergio. Era una tarde lluviosa y nos encontr\u00e1bamos solos tomando caf\u00e9 en el mes\u00f3n de la cocina. \u2014Quisiera decirte por qu\u00e9 estoy yendo al psic\u00f3logo cada semana \u2014anuncie sin ambages. El segu\u00eda chupando su cigarrillo como si no me oyese. S\u00f3lo cuando repet\u00ed mi petici\u00f3n me lanz\u00f3 la mirada harto conocida de su ni\u00f1ez, insegura, sabia y vulnerable, mirada de quien trata de excavar su guarida en el mundo a cierta distancia de las realidades inc\u00f3modas.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1335,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4449,3],"genre":[2013],"pretext":[],"section":[2425],"translator":[2695],"lal_author":[3661],"class_list":["post-3944","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-15","tag-venezuela","genre-dossier-es","section-four-venezuelan-women-writers-es","translator-colaboratorio-avila-es","lal_author-krina-ber-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3944","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3944"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3944\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1335"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3944"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3944"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3944"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=3944"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=3944"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=3944"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=3944"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=3944"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}