{"id":3942,"date":"2020-08-12T16:48:21","date_gmt":"2020-08-12T22:48:21","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/08\/writing-foreign-language-krina-ber\/"},"modified":"2023-06-03T21:50:43","modified_gmt":"2023-06-04T03:50:43","slug":"writing-foreign-language-krina-ber","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/08\/writing-foreign-language-krina-ber\/","title":{"rendered":"&#8220;Escribir en un idioma ajeno&#8221; de Krina Ber"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este es el tema: un idioma ajeno. S\u00ed. Hoy ya es m\u00edo, o casi. Pero hace diez a\u00f1os escribir en espa\u00f1ol todav\u00eda me causaba r\u00e1fagas de asombro. Todav\u00eda quer\u00eda captar ese asombro en mi <i>diario ficticio<\/i> de entonces: un cortocircuito entre embeleso y extra\u00f1eza:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">En el soplo del mar, en un vaso de leche tibia y, sobre todo, en unas viejas fotos que no pude botar, siento a veces un toque fugaz del idioma que se fue. Este mismo en que estoy escribiendo, ahora, y a la vez otro que dej\u00f3 de existir como deja de existir un paisaje de colinas y bosques cuando el tren se adentra en \u00e9l. Un idioma que era solo sonidos y misterio, antes del simple <i>buenos d\u00edas<\/i>, antes \u2014\u00a1cu\u00e1nto antes!\u2014 de Borges y Cort\u00e1zar, ni <i>caliente<\/i> ni <i>tibio<\/i> ni <i>vaso<\/i> ni <i>leche<\/i> (solo <i>mar<\/i> tal vez, <i>desayuno, playa, arena<\/i>), cuando las palabras no significaban nada, ol\u00edan a islas y pasiones de verano. Palabras cerradas a\u00fan como nueces que apenas comienzan a descascararse en: <i>cu\u00e1nto cuesta<\/i>, <i>sangr\u00eda, noche, paella de mariscos, amor<\/i>. Solas, reci\u00e9n salidas del huevo, torpes y desvalidas: palabras.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(\u201cPalabras de Antes\u201d. <i>Para no perder el hilo<\/i>. Caracas: Mondadori, 2009)<\/p>\n<p>En efecto, mi primer contacto con el espa\u00f1ol fue en el verano que pas\u00e9 con un novio de mi juventud en la isla de Ibiza. Ninguno de los dos lo hablaba: ten\u00edamos un diccionario de bolsillo y nos divert\u00edamos aprendiendo algunas palabras. En esos tiempos yo estudiaba el primer a\u00f1o de arquitectura en Lausanne y mis interacciones cotidianas eran en franc\u00e9s, salvo cuando volv\u00eda para las vacaciones a mi casa en Tel Aviv donde hablaba hebreo. El polaco de mi infancia qued\u00f3 relegado a los cuadernos del diario que a\u00fan manten\u00eda en un terco apego al idioma materno, cada vez m\u00e1s pobre por falta de uso. Yo hab\u00eda sido una escritora precoz, una ni\u00f1a enamorada de las palabras y de la magia que se pod\u00eda hacer con ellas \u2014pero antes de que cumpliera los diez a\u00f1os mi familia emigr\u00f3 a Israel y el cap\u00edtulo polaco qued\u00f3 atr\u00e1s junto con mis ilusiones literarias. A aquella estudiante en Ibiza la idea de que alg\u00fan d\u00eda publicar\u00eda cuentos y novelas en espa\u00f1ol le habr\u00eda parecido m\u00e1s fantasiosa que la de un viaje espacial.<\/p>\n<p>Pero la vida y sus viajes tienen muchos imprevistos. No sab\u00eda que en pocos a\u00f1os a\u00f1adir\u00eda Portugal a mi lista de pa\u00edses al casarme con Fernando Da Costa Gomes (aunque \u00e9l, exiliado del r\u00e9gimen fascista, a\u00fan ten\u00eda vedado el retorno); no conoc\u00eda las restricciones de trabajo para extranjeros que nos reservaba Suiza despu\u00e9s de graduados y tampoco pod\u00eda prever que, en un momento oportuno, un amigo venezolano nos invitar\u00eda a su pa\u00eds. Fernando se fue primero; yo lo segu\u00ed cinco meses m\u00e1s tarde con un beb\u00e9 en los brazos, ciento diez d\u00f3lares en la cartera y una entusiasta confianza en el mundo que hoy no logro entender.\u00a0 El vuelo Lisboa-Caracas con una larga parada en Curazao dur\u00f3 m\u00e1s de doce horas, y casi me desmay\u00e9 de cansancio esperando las maletas en Maiquet\u00eda. As\u00ed relato esa llegada en \u201cSuponte\u201d: otro fragmento de mi <i>diario ficticio <\/i>en <i>Para no perder el hilo: <\/i><\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">De pronto todos acuden para ayudarte, ojos negros, caras morenas, manos fuertes que te ponen de pie. Acarician la cabecita del peque\u00f1o. Te consiguen un carrito, dos, tres carritos, cargan tus maletas, sonr\u00eden y te hacen preguntas, pero solo puedes responder a las sonrisas porque no entiendes ni una palabra: aterrizaste en un idioma desconocido.<\/p>\n<p>Escribir en un idioma ajeno. S\u00ed. Pero \u00bfcu\u00e1l era el m\u00edo propio? Hab\u00eda vivido mi infancia en polaco, mi adolescencia en hebreo, mi juventud en franc\u00e9s y mi vida adulta en espa\u00f1ol, sin olvidar el ingl\u00e9s que siempre es necesario. No es tan dif\u00edcil aprender otros idiomas. Al inicio del nuevo siglo, tras veinticinco a\u00f1os en Venezuela mi espa\u00f1ol era m\u00e1s que suficiente para hablar, trabajar, criar a los hijos y desenvolverme en la vida diaria. Pero \u00bfescribir?<\/p>\n<p>El lenguaje que permite escribir est\u00e1 en otro pelda\u00f1o, all\u00ed donde alguna vez hab\u00eda estado el polaco de mi infancia. Conocer varios idiomas no ayuda, m\u00e1s bien dispersa. Hay que conocer uno, con el est\u00f3mago, con los dientes, con la seguridad de quien ha crecido dentro de \u00e9l y nadie le pregunta c\u00f3mo lo ha aprendido.<\/p>\n<p>No esperaba alcanzar alguna vez ese pelda\u00f1o, tampoco sent\u00eda la necesidad de hacerlo. Yo le\u00eda muy poco: como toda madre que trabaja profesionalmente, estaba desbordada de tareas. Nuestra compa\u00f1\u00eda de arquitectura, <i>Kreska Proyectos Industriales, C.A<\/i>., se hab\u00eda especializado en acero, aluminio, vidrio y membranas textiles, sobre todo en grandes cubiertas donde hace falta el dise\u00f1o industrial de los componentes entre los c\u00e1lculos del ingeniero y su fabricaci\u00f3n por la industria metal\u00fargica. Trabaj\u00e1bamos con programas especializados, al principio acogidos con entusiasmo. Mi marido \u2014un verdadero genio en ese campo\u2014 lo mantuvo siempre, pero el m\u00edo se extingu\u00eda a medida que el avance de la tecnolog\u00eda devoraba porciones cada vez m\u00e1s grandes de nuestro tiempo y recursos. Me sent\u00eda vac\u00eda y cansada. La edad no ayud\u00f3, supongo: hab\u00eda cruzado los cincuenta.<\/p>\n<p>Dicen que todo ocurre a su debido tiempo. Y mi tiempo lleg\u00f3 cuando fui a matricular a mi hijo menor en la Universidad Cat\u00f3lica Andr\u00e9s Bello. Cruc\u00e9 el puente peatonal flanqueado de trinitarias en flor, mir\u00e9 el variopinto horizonte de los barrios Ant\u00edmano y Mamera separado de las aulas por una laboriosa colmena de concreto, y sent\u00ed un deseo irresistible de volver a ese sitio, aunque fuera por unas horas, una tarde por semana. No alcanzaba para estudiar una materia, pero la UCAB tambi\u00e9n ten\u00eda talleres literarios. Uno de ellos estaba<i> <\/i>orientado a la realidad<i> <\/i>(hoy dir\u00edamos a la no-ficci\u00f3n). No me interesaba; yo estaba sufriendo de una <i>sobredosis de realidad<\/i>.<\/p>\n<p>Al escuchar ese t\u00e9rmino, me mandaron con Eduardo Liendo.<\/p>\n<p>Esa fue mi suerte. Mi primer taller de narrativa era conducido por uno de los grandes escritores venezolanos, algo que yo no sab\u00eda: mi vida hab\u00eda transcurrido alejada de la literatura. Lo encontr\u00e9 en un aula en medio de un enjambre de muchachos que ten\u00edan la edad de mi hijo menor.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hace aqu\u00ed, se\u00f1ora?, pregunt\u00f3, un poco en nombre de todos.<\/p>\n<p>En el siguiente encuentro le entregu\u00e9 mi primer texto. Eduardo Liendo lo ley\u00f3 con evidente inter\u00e9s y sentenci\u00f3:<\/p>\n<p>Tu espa\u00f1ol es terrible, pero t\u00fa, chica, eres una escritora.<\/p>\n<p>Era la primera versi\u00f3n de mi cuento <i>Benjam\u00edn y la caminadora<\/i> que gan\u00f3 ese mismo a\u00f1o la menci\u00f3n en el entonces prestigioso concurso del diario <i>El Nacional<\/i> y termin\u00f3 incluido en 2012 en la antolog\u00eda <i>El cuento venezolano<\/i> compilada por Jos\u00e9 Balza. Aquel texto estaba, en efecto, plagado de errores. No obstante, a partir de entonces despareci\u00f3 la <i>se\u00f1ora<\/i> junto con cualquier diferencia de edad y cultura en el grupo de seis o siete participantes que finalmente quedamos fijos en aquel maravilloso taller del que no perd\u00ed ninguna sesi\u00f3n en todo el a\u00f1o. Aquel d\u00eda compr\u00e9 mi primera novela en espa\u00f1ol escogida al azar: <i>Reo de nocturnidad<\/i>, de Bryce Echenique. Y fue como una explosi\u00f3n: a los cincuenta a\u00f1os cumplidos volv\u00ed a ser la lectora voraz de mi ni\u00f1ez y adolescencia. Comenc\u00e9 a escribir: un texto semanal para el taller.\u00a0 Muchos de esos relatos entraron en <i>Cuentos con Agujeros,<\/i> mi primer libro publicado en 2004 por Monte \u00c1vila Editores, como premio del Concurso para Obras de Autores In\u00e9ditos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ese a\u00f1o en la UCAB me inscrib\u00ed en otros talleres, curs\u00e9 la maestr\u00eda en Literatura Comparada en la UCV, gan\u00e9 otros concursos literarios y publiqu\u00e9 otros libros; y me desagrada que a\u00fan hoy me pregunten en las entrevistas c\u00f3mo aprend\u00ed espa\u00f1ol. Me desagrada porque me devuelve a mi estatus de eterna extranjera y eterna principiante. Me desagrada que hablen de m\u00ed antes de profundizar en las historias que escribo, los temas y los personajes. Pero no hay nada que hacer: pasan a\u00f1os y siempre surge la misma pregunta, a la que suelo contestar que ya ten\u00eda veinticinco a\u00f1os en Venezuela cuando comenc\u00e9 a escribir. La verdadera respuesta es demasiado larga para las entrevistas.\u00a0 S\u00ed, es verdad: tras veinticinco a\u00f1os de utilizar el idioma como se utiliza el tenedor y el cuchillo, por fin <i>aprend\u00ed espa\u00f1ol<\/i>. O sea: lo aprend\u00ed de verdad, sub\u00ed ese pelda\u00f1o que separa el lenguaje cotidiano de ese otro que permite escribir.<\/p>\n<p>Ese otro espa\u00f1ol lo aprend\u00ed leyendo. Le\u00eda mucho, devoraba libros escritos o traducidos al espa\u00f1ol como para atrapar el tiempo perdido. Cuentos, cr\u00f3nicas y novelas, sin orden ni planificaci\u00f3n alguna. Bryce Echenique, Kundera, Carlos Fuentes, Clarice Lispector, Ednodio Quintero o Borges, todo val\u00eda. Eduardo Liendo, Javier Mar\u00edas, Mu\u00f1oz Molina, Onetti. Antonieta Madrid, Rosa Montero, Uslar Pietri, Isabel Allende, Cort\u00e1zar\u2026 Me confeccion\u00e9 en Excel un diccionario personal con las palabras que encontraba en sus libros, incluyendo la forma de usarlas como (cito al azar): <i>escudarse en, hacer acopio de, albergar dudas, ce\u00f1irse a, hacer amago de\u2026<\/i>\u00a0 Las expresiones que no conoc\u00eda o no sabr\u00eda usar. Palabras organizadas a mi manera, por grupos. palabras de sonidos.\u00a0 <i>Ennegrecer, difuminar, fulgor, oscilaci\u00f3n, relumbre: <\/i>palabras de luz, brillo y temblor. <i>Aclarar, advertir, mascullar, desglosar, exponer, enfatizar: <\/i>palabras de expresarse en palabras. Palabras de duda y de certidumbre, de fuerza y debilidad. Palabras de hacer y deshacer:\u00a0 <i>derruir, desahuciar, desgajar, desperdigar\u2026<\/i><\/p>\n<p>Todav\u00eda conservo las p\u00e1ginas amarillentas de ese diccionario al que hace tiempo no acudo porque lo he internalizado por completo. Hojearlo es evocar el estado de borrachera euf\u00f3rica que me acompa\u00f1aba en aquellos a\u00f1os iniciales.\u00a0 Algo de eso a\u00fan existe, en su forma melanc\u00f3lica y lejana, como el recuerdo del enamoramiento inicial persiste a veces en un matrimonio.<\/p>\n<p>Porque encontrar un lenguaje que pudiera anidar en el alma como solo lo hab\u00eda hecho mi idioma materno \u2014el polaco, hoy casi olvidado\u2014 solo puede compararse con un enamoramiento. Un enamoramiento tard\u00edo, desde luego, y de alguien que siempre estaba cerca y no te fijabas en \u00e9l. Un enamoramiento que por suerte ha dado origen a una relaci\u00f3n duradera. Y que me hizo parte, por fin, del pa\u00eds donde vivo: Venezuela.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b id=\"docs-internal-guid-d69c736e-7fff-6b86-9e7c-711b12c157ca\"><a href=\"https:\/\/bookshop.org\/shop\/LALT\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Visita nuestra p\u00e1gina de Bookshop y apoya a las librer\u00edas locales.<\/a><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este es el tema: un idioma ajeno. S\u00ed. Hoy ya es m\u00edo, o casi. Pero hace diez a\u00f1os escribir en espa\u00f1ol todav\u00eda me causaba r\u00e1fagas de asombro. Todav\u00eda quer\u00eda captar ese asombro en mi <i>diario ficticio<\/i> de entonces: un cortocircuito entre embeleso y extra\u00f1eza: En el soplo del mar, en un vaso de leche tibia y, sobre todo, en unas viejas fotos que no pude botar, siento a veces un toque fugaz del idioma que se fue. Este mismo en que estoy escribiendo, ahora, y a la vez otro que dej\u00f3 de existir como deja de existir un paisaje de colinas y bosques cuando el tren se adentra en \u00e9l. Un idioma que era solo sonidos y misterio, antes del simple <i>buenos d\u00edas<\/i>, antes \u2014\u00a1cu\u00e1nto antes!\u2014 de Borges y Cort\u00e1zar, ni <i>caliente<\/i> ni <i>tibio<\/i> ni <i>vaso<\/i> ni <i>leche<\/i> (solo <i>mar<\/i> tal vez, <i>desayuno, playa, arena<\/i>), cuando las palabras no significaban nada, ol\u00edan a islas y pasiones de verano. Palabras cerradas a\u00fan como nueces que apenas comienzan a descascararse en: <i>cu\u00e1nto cuesta<\/i>, <i>sangr\u00eda, noche, paella de mariscos, amor<\/i>. 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