{"id":3938,"date":"2020-08-12T14:32:00","date_gmt":"2020-08-12T20:32:00","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/08\/new-world-replaces-old-world-victoria-de-stefano\/"},"modified":"2023-06-03T21:50:21","modified_gmt":"2023-06-04T03:50:21","slug":"new-world-replaces-old-world-victoria-de-stefano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/08\/new-world-replaces-old-world-victoria-de-stefano\/","title":{"rendered":"&#8220;El mundo nuevo sustituye el mundo viejo&#8221; de Victoria de Stefano"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En Caracas aprendi\u00f3 a leer y a escribir a los siete a\u00f1os con muchas dificultades. Cre\u00eda que nunca aprender\u00eda a leer, las eles y las emes eran su tortura. Va a la escuela, despu\u00e9s de los primeros llantos, conversa con las amigas, se descubre en la oralidad criolla, pero nunca demasiado criolla. L\u00e1stima no haber podido aprender a fondo m\u00e1s que una sola lengua, pero el proceso de fusi\u00f3n de ambos mundos andaba por ah\u00ed excavando solo y por su cuenta. A los nueve recita en silencio, no sabe con qu\u00e9 voz ni en qu\u00e9 lengua, tal vez con esa lengua transmental que, como una partitura, expansiona virtualmente lo que est\u00e1 dentro, por detr\u00e1s y por encima de las lenguas.<\/p>\n<p>Un domingo de 1950 lee los grandes titulares del peri\u00f3dico que su padre le ha enviado a comprar a la Pasteler\u00eda Vienesa, a dos cuadras de su casa. Estall\u00f3 la guerra en Corea (sin embargo, no tiene el menor recuerdo relacionado con la bomba de Hiroshima). Aterrada corre a casa a dar la noticia. Su madre la tranquiliza dici\u00e9ndole que esa guerra est\u00e1 muy lejos, que a ellos no les ocurrir\u00e1 nada. En la casa hay un Atlas. Se entretiene mir\u00e1ndolo.\u00a0 Oc\u00e9ano Pac\u00edfico, ah\u00ed est\u00e1 la guerra. Repasa los nombres de ciudades. Tokio, Hiroshima, Guadalcanal, Madr\u00e1s, Bombay, Shanghai. Del Pac\u00edfico al Atl\u00e1ntico: Dakar, Porto Alegre, Bah\u00eda, La Asunci\u00f3n. A los doce lleva un diario, por un corto tiempo. Durante la convalecencia de la parotiditis, se acomoda en la cama de la que tiene prohibido salir, a escribir, rodeada de libros, un verboso poema \u00e9pico sobre el emperador Constantino, seis estrofas, que mal rimen no importa, el j\u00fabilo, el espasmo generador del poema es lo que cuenta. Tiene debilidad por las palabras que suenan extra\u00f1as: inc\u00f3lume, aldabas, s\u00e9quito, c\u00e1liz, plugo al cielo. M\u00e1s tarde incrementa su vocabulario con la lectura nocturna de la autoridad categ\u00f3rica de un diccionario. Con esas palabras llena cuadernos. Intenta describir el tulip\u00e1n africano que ve desde la ventana del sal\u00f3n de clase, los bucares de la hacienda de Santa Luc\u00eda en la que pasa las vacaciones, los destrozos causados por la crecida del r\u00edo Tuy, una yegua desbocada, la piel que, como tra\u00edda por un fantasma, una coral ha dejado en el ba\u00f1o, el trapiche abandonado, el matadero, los paseos en burro, los ba\u00f1os en el r\u00edo, las excursiones en bicicleta a la Fila de Mariches, los patios de secado de caf\u00e9, las luci\u00e9rnagas en la completa oscuridad del campo cuando la noche se propaga, se desespera escribiendo, con su lengua pueril e indigente, a\u00fan cree en la totalidad del sistema de la lengua: a\u00fan cree que solo hace falta ser adulto para conseguir dominar el registro prescripto y la significaci\u00f3n propia de todas sus referencias. A\u00fan cre\u00eda que s\u00f3lo precisaba llegar a hacerse adulta para vencer inseguridades e incertidumbres. Ten\u00eda trece a\u00f1os, por el momento segu\u00eda confiando que era s\u00f3lo un asunto de crecer y ganarle tiempo al tiempo. Pero el tiempo a su vez le bajar\u00eda los humos a ella y a sus falsas, montaraces e ingenuas creencias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Entonces el tiempo pasa<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llegar\u00e1n a ser nueve hermanos. De no ser por una p\u00e9rdida, habr\u00edan sido diez. Las amigas, cuyas familias no pasan de tres o cuatro miembros, la envidian. Crece d\u00eda a d\u00eda, a los catorce supera el metro setenta en un cuerpo perfectamente infantil.<\/p>\n<p>A partir de los diecisiete escribe. A veces suelta la presa. A veces tiene el placer de verla retornar de nuevo. As\u00ed ser\u00e1 a lo largo de los a\u00f1os, ver partir la presa y volver de nuevo. A los veintid\u00f3s, con el ment\u00f3n en un pu\u00f1o, reflexiona sobre la prosa de ficci\u00f3n. El resultado de esa cavilaci\u00f3n (traducido a las reflexiones de hoy) es la prosa concebida como despliegue prolongado de varios cruces de caminos y sus discursos respectivos: el del acaecer siguiendo su trabajo-en-progreso, el de las unidades m\u00ednimas espaciales y descriptivas, como funciones de apropiaci\u00f3n de las diferencias cualitativas del mundo, el de la relaci\u00f3n con el presente como momento de la inmersi\u00f3n l\u00edrico subjetiva bajo la que se descubre y encubre la materia de lo experimentado en relaci\u00f3n inversa a sus fines pr\u00e1cticos. La andadura de la acci\u00f3n, la descripci\u00f3n, el hundimiento l\u00edrico: la narraci\u00f3n en cuanto concurso de una multiplicidad de modos que, en inter\u00e9s de la objetividad, no pueden ni quieren ser dejados de lado. Sin contar con la modulaci\u00f3n sint\u00e1ctico-pros\u00f3dica, con sus conectivos, con sus disyuntivos, sus adverbios, sus \u00e9nfasis, sus pausas, sus sobresaltos, sus sacudidas, que acompa\u00f1an la l\u00ednea de flotaci\u00f3n debajo de la cual corren las omisiones, porciones enteras de materiales transitorios acallados, las constelaciones, los contrapesos. Seg\u00fan Quintiliano, maestro de ret\u00f3rica, el ritmo de la prosa es m\u00e1s dif\u00edcil que el del verso. Puede que sea as\u00ed, puede que no. Pero todo lo que dice Marcus Fabius Quintilianus es que el ritmo es m\u00e1s dif\u00edcil, no que la prosa en s\u00ed misma lo sea. Todo arte vivo, todo arte perpetuo y cambiante es complicado.<\/p>\n<p>El hecho de que la acci\u00f3n avance no hace que se est\u00e9 m\u00e1s cerca de la meta. No por ir r\u00e1pido se llegar\u00e1 antes. S\u00f3lo hay que llegar, c\u00f3mo y en cu\u00e1ntos contados pasos, c\u00f3mo y en cu\u00e1ntos astutos desv\u00edos, depender\u00e1 de la manera como se incrementan o se exprimen los elementos individuales de la experiencia con el concurso de las palabras y por la fuerza de la conexi\u00f3n de las frases pasando de la expresi\u00f3n al sentido. S\u00f3lo \u00e9stos, al margen de cualquier canon, si lo hubiera, prescriben los lapsos en que sedimentar\u00e1n sus secuencias: secuencias temporales, secuencias intemporales y secuencias espaciales en sus niveles altos y en sus niveles bajos; como si se dijera, en la tierra y en el cielo, en terreno llano y terreno escarpado.<\/p>\n<p>La prosa es como el periplo de Ulises de vuelta a \u00cdtaca despu\u00e9s de la ca\u00edda de Troya, contado y cantado por el aeda. Homero entresaca episodios, abstrae, sutiliza, suma, articula, decanta intervalos de tiempo para transformarlos en tensiones, sorpresas, enigmas, aventuras, pero a Ulises, el hombre abocado a su destino, destino que antes de ser o\u00eddo, le\u00eddo, cantado, \u00fanicamente puede ser vivido, no se le ahorra ninguna de las instancias (penurias) del viaje para el que hay un itinerario de partida y el hecho cumplido, pero a\u00fan no resuelto ni tan siquiera asentado, de su llegada. En el entremedio a\u00f1os de incomprimibles necesidades, horas, d\u00edas, semanas de movimientos t\u00e1cticos, tr\u00e1nsitos sin lagunas, tr\u00e1nsitos que no se escurren con la misma rapidez instant\u00e1nea y definitiva del agua de los dedos. De todos sus recursos, y la prosa ha hecho a plena luz uso y abuso de todos los medios privados y ajenos, el m\u00e1s propio e insoslayable es la demora que dimana directamente de la necesidad de retrasar, preparar, e intensificar el cl\u00edmax, del amplio y regular desarrollo de sus convenciones temporalizadoras, de la alternancia, en raz\u00f3n de estos mismos fines, de sus modos de exposici\u00f3n y de sus veh\u00edculos de expresi\u00f3n, no cuantificables en extensi\u00f3n de p\u00e1ginas sino en el peso y suma de los tantos acumulados en el recorrido cuyos l\u00edmites \u2014puesto que cada camino recorrido puede llevar al comienzo de otro: as\u00ed se hacen las historias\u2014 tanto el narrador como el lector, tan cerca el uno del otro que se confunden los jadeos de sus voces, a\u00fan desconocen.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Caracas, octubre 2004<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Extracto del ensayo \u201cSu vida\u201d, contenido en el libro <i>La refiguraci\u00f3n del viaje. <\/i>M\u00e9rida, Venezuela: Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Pic\u00f3n Febres, 2005<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<p><b id=\"docs-internal-guid-607ef4b2-7fff-5d65-3edc-9c56a0858bbe\"><a href=\"https:\/\/bookshop.org\/shop\/LALT\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Visita nuestra p\u00e1gina de Bookshop y apoya a las librer\u00edas locales.<\/a><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Caracas aprendi\u00f3 a leer y a escribir a los siete a\u00f1os con muchas dificultades. 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A los nueve recita en silencio, no sabe con qu\u00e9 voz ni en qu\u00e9 lengua, tal vez con esa lengua transmental que, como una partitura, expansiona virtualmente lo que est\u00e1 dentro, por detr\u00e1s y por encima de las lenguas.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1335,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4449,3],"genre":[2013],"pretext":[],"section":[2425],"translator":[2471],"lal_author":[3648],"class_list":["post-3938","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-15","tag-venezuela","genre-dossier-es","section-four-venezuelan-women-writers-es","translator-katie-brown-es-2","lal_author-victoria-de-stefano-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3938","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3938"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3938\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1335"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3938"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3938"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3938"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=3938"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=3938"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=3938"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=3938"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=3938"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}