{"id":39355,"date":"2025-03-29T14:07:03","date_gmt":"2025-03-29T20:07:03","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=39355"},"modified":"2025-03-30T14:05:54","modified_gmt":"2025-03-30T20:05:54","slug":"la-carretilla-alfonsina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2025\/03\/la-carretilla-alfonsina\/","title":{"rendered":"La carretilla Alfonsina"},"content":{"rendered":"<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cReyes no se dejaba intimidar. A los veintitantos a\u00f1os escrib\u00eda rese\u00f1as admirables por su prosa, animaci\u00f3n y precisi\u00f3n como un fil\u00f3logo que domina su t\u00e9cnica, en el doble sentido de ser profesional y de escribir muy por encima de su profesi\u00f3n: como verdadero escritor.\u201d<\/span><\/i><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entre los cuentos y leyendas del folclor industrial, hay la historia del que llevaba materiales en una carretilla, sospechosamente. Una y otra vez, los inspectores revisaban la documentaci\u00f3n y todo estaba en regla; revisaban los materiales, para ver si no escond\u00edan otra cosa, y era in\u00fatil. El hombre se alejaba sonriendo, como triunfante de una travesura, y los inspectores se quedaban perplejos, derrotados en un juego que no entend\u00edan. Tardaron mucho en descubrir que se robaba las carretillas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los inspectores de Alfonso Reyes parecen m\u00e1s afortunados, pero no lo son. Una y otra vez han descubierto que sus conocimientos del griego eran limitados, que sus credenciales acad\u00e9micas (una simple licenciatura en derecho) eran del todo insuficientes para los temas que trataba. Que, en muchos casos, manejaba fuentes de segunda mano. Peor a\u00fan: que, en tal o cual caso, no hizo m\u00e1s que poner en sus propias palabras materiales ajenos. Para decirlo soezmente: que sus ensayos eran divulgaci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1l es su especialidad? \u00bfEn qu\u00e9 tiene autoridad? Escribe bien, pero de todo. Entra y sale por los dominios universitarios, sin respetar jurisdicciones. Saquea la biblioteca, como si toda fuera suya. No puede ser. Lleva la carretilla con gracia, pero no lleva nada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aqu\u00ed, como en su poes\u00eda, hay un problema de expectativas del lector. Si todo poema debe ser intenso y fascinante, los de Reyes decepcionan. Si la prosa no es m\u00e1s que el veh\u00edculo expositor de resultados de una investigaci\u00f3n acad\u00e9mica, sus ensayos aportan poco. Pero el miope que as\u00ed lo vea se lo merece, por no haber visto la mejor prosa del mundo: un resultado sorprendente que este genial investigador disimul\u00f3 en la transparencia; un veh\u00edculo inesperado que les rob\u00f3 a los dioses y que vale infinitamente m\u00e1s que los datos acarreados. Datos, por lo general, obsoletos al d\u00eda siguiente; y, sin embargo, perennes en la sonrisa de un paseo de lujo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La investigaci\u00f3n art\u00edstica de la lengua es investigaci\u00f3n. De ah\u00ed pueden resultar descubrimientos importantes para quienes los sepan apreciar, y hasta para el vulgo. Pero se trata de investigaciones, descubrimientos y divulgaciones invisibles para los inspectores.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un poeta descubri\u00f3 hace milenios que se pueden intercambiar las palabras usadas para el agua que corre y las l\u00e1grimas. \u00bfQu\u00e9 hubo de nuevo en el experimento? Que nunca se hab\u00eda construido una frase como \u201cr\u00edos de l\u00e1grimas\u201d; que s\u00ed se pod\u00eda construir, y que dec\u00eda algo nunca dicho sobre el dolor: que puede sentirse como algo caudaloso. Hay dolores que queman, como \u00e1cidos; dolores que pesan como piedras; dolores que sacuden, que asfixian, que envenenan. Pero tambi\u00e9n hay dolores que brotan caudalosamente y corren como un r\u00edo. En lo cual hubo un triple descubrimiento: ling\u00fc\u00edstico (la construcci\u00f3n es v\u00e1lida, aunque nunca se hab\u00eda intentado), literario (una nueva met\u00e1fora, bonita y expresiva), psicol\u00f3gico (la taxonom\u00eda del dolor se enriquece con otra categor\u00eda).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La divulgaci\u00f3n, naturalmente, no consisti\u00f3 en explicar a los legos el descubrimiento. Consisti\u00f3 simplemente en aprovecharlo, hasta que se volvi\u00f3 una frase vulgar. O en construir variantes a partir de ese hallazgo, algunas tan alejadas del original que resultaron descubrimientos adicionales. Por ejemplo: el del poeta que se remont\u00f3 al origen de las l\u00e1grimas, le dio vuelta a la met\u00e1fora y dijo que los manantiales eran ojos. Esta nueva met\u00e1fora se divulg\u00f3 tanto que fue lexicalizada: llamar ojo de agua a un manantial ya no se considera una creaci\u00f3n po\u00e9tica de su autor, sino el nombre de algo, como los otros nombres del vocabulario.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un ensayo no es un informe de investigaciones realizadas en el laboratorio: es el laboratorio mismo, donde se ensaya la vida en un texto, donde se despliega la imaginaci\u00f3n, creatividad, experimentaci\u00f3n y sentido cr\u00edtico del autor. Ensayar es eso: probar, investigar, nuevas formulaciones habitables por la lectura, nuevas posibilidades de ser leyendo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El equ\u00edvoco surge cuando el ensayo, en vez de referirse, por ejemplo, a \u201cLa melancol\u00eda del viajero\u201d (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Calendario<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">), se refiere a cuestiones que pueden o deben (seg\u00fan el lector estrecho) considerarse acad\u00e9micas (\u201cFortuna espa\u00f1ola de un verso italiano\u201d, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Entre libros<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">). Surge cuando el lector se limita a leer los datos superables, no la prosa insuperable. As\u00ed tambi\u00e9n el inspector puede indignarse con el actor que hace maravillosamente el papel de malo, en vez de admirarlo. O indignarse con Shakespeare, porque escribi\u00f3 la obra aprovechando un argumento ajeno. O con el pintor que considera suya la copia que hizo de un cuadro que le interes\u00f3 en un museo, para observarlo y recrearse recre\u00e1ndolo (como Reyes reescribi\u00f3 a su manera y public\u00f3 en su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Archivo <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">un libro que le interes\u00f3). O indignarse con el p\u00fablico que escucha <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La Pasi\u00f3n seg\u00fan San Mateo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> sin saber alem\u00e1n, aunque lo importante de esta obra no es lo que dice la letra, sino lo que dice Bach.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Reyes se dio cuenta del problema, y nos ayud\u00f3 a entenderlo con una met\u00e1fora memorable: el ensayo es el centauro de los g\u00e9neros. Un inspector de centauros dif\u00edcilmente entender\u00e1 el juego, si cree que el centauro es un hombre a caballo; si cree que el caballo es simplemente un medio de transporte. El ensayo es arte y ciencia, pero su ciencia no est\u00e1 en el contenido acarreado, sino en la carretilla; no es la del profesor (aunque la aproveche, la ilumine o le abra caminos): su ciencia es la del artista que sabe experimentar, combinar, buscar, imaginar, construir, criticar, lo que quiere decir, antes de saberlo. El saber importante en un ensayo es el saber que no se tiene, el que se busca, el logrado por fin al escribirlo: el saber que no exist\u00eda antes, aunque el autor haya tenido antes muchos otros saberes, propios o ajenos, que le sirvieron para ensayar.<\/span><\/p>\n<blockquote><p><b><i>\u201cEl lector incapaz de recrearse, de reconstituirse, de reorganizarse, en la lectura de un ensayo que realmente ensaya, es un lector empobrecido por la cultura tecnocr\u00e1tica. No sabe que le robaron la carretilla.\u201d<\/i><\/b><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es posible que el ensayista avance por ambas v\u00edas, porque el centauro as\u00ed lo pide. Que llegue a descubrir no s\u00f3lo textos in\u00e9ditos importantes que salen de su ser, su cabeza, sus manos, sino cosas que los especialistas no hab\u00edan descubierto, y que deber\u00edan aprovechar. Desgraciadamente, no pueden aprovecharlas sin arriesgar su reputaci\u00f3n. Se supone que, fuera del gremio, no puede haber descubrimientos v\u00e1lidos. Por eso es tan com\u00fan el escamoteo mezquino de aprovechar sin reconocer: ser\u00eda mal visto citar a un ensayista en un trabajo \u201ccient\u00edfico\u201d. Lo cual es una peque\u00f1ez, sin importancia literaria; a menos que los ensayistas se dejen intimidar y act\u00faen como si la creaci\u00f3n fuese menos importante o menos investigaci\u00f3n que el trabajo acad\u00e9mico.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Reyes no se dejaba intimidar. A los veintitantos a\u00f1os escrib\u00eda rese\u00f1as admirables por su prosa, animaci\u00f3n y precisi\u00f3n en la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Revista de Filolog\u00eda Espa\u00f1ola<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (recogidas en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Entre libros<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">) como un fil\u00f3logo que domina su t\u00e9cnica, en el doble sentido de ser profesional y de escribir muy por encima de su profesi\u00f3n: como verdadero escritor. Lo recordaba en el Tecnol\u00f3gico de Monterrey, treinta a\u00f1os despu\u00e9s (\u201cMi idea de la historia\u201d, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Marginalia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, segunda serie): \u201cMe somet\u00ed largos a\u00f1os a las disciplinas del documento, desde el buscarlo hasta el publicarlo con todo su aparato cr\u00edtico. Pero no confundir\u00eda yo, sin embargo, esas disciplinas preparatorias con la ex\u00e9gesis y la valoraci\u00f3n de la cultura a la que aspiraba. Lo que acontece es que las artima\u00f1as eruditas son reducibles a reglas autom\u00e1ticas f\u00e1ciles de ense\u00f1ar y que, una vez aprendidas, se aplican con impersonal monoton\u00eda. No pasa lo mismo para las artes de la interpretaci\u00f3n y la narraci\u00f3n, cuya t\u00e9cnica se resuelve en tener talento\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La importancia del distingo y, sobre todo, la jerarquizaci\u00f3n, salta a la vista en las rese\u00f1as de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Entre libros<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, que se pueden leer sabrosamente, aunque fueron escritas entre 1912 y 1923. No importa que los libros y conocimientos a los cuales se refieren est\u00e9n datados. La verdadera novedad, que sigue siendo noticia, como dir\u00eda Pound (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Poetry is news that stays news<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">), est\u00e1 en la prosa trabajada como poes\u00eda. Los datos envejecen, la carretilla no.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es posible y deseable, como demuestra el caso de Reyes, que el especialista sea mucho m\u00e1s que un especialista: un esp\u00edritu ensayante, un escritor de verdad. Ha sucedido con fil\u00f3sofos, historiadores, juristas, m\u00e9dicos. Pero la universidad como centro de formaci\u00f3n de tecn\u00f3cratas desprecia la cultura libre (frente a la cultura asalariada) y la cultura de autor (frente a la cultura autorizada por los tr\u00e1mites y el credencialismo). La creaci\u00f3n de ideas, met\u00e1foras, perspectivas, formas de ver las cosas, parecen nada, frente a la \u201csolidez\u201d del trabajo acad\u00e9mico. La jerarquizaci\u00f3n correcta es la contraria.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El ensayo es tan dif\u00edcil que los escritores mediocres no deber\u00edan ensayar: deber\u00edan limitarse al trabajo acad\u00e9mico. Es natural que los especialistas, sobre todo cuando la ciencia necesita grandes presupuestos, est\u00e9n conscientes de la importancia de las relaciones p\u00fablicas. Que cuiden la comunicaci\u00f3n social por doble v\u00eda: las notificaciones de resultados dirigidas formalmente a sus colegas en revistas especializadas y la divulgaci\u00f3n para el gran p\u00fablico. Que vean los ensayos como divulgaci\u00f3n. Que hasta contraten escritores para exponer sus investigaciones. Pero el ensayo es un g\u00e9nero literario de creaci\u00f3n intelectual, no un servicio de divulgaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La funci\u00f3n ancilar (llamada as\u00ed por Reyes en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El deslinde<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">) usa la prosa como ancila, sierva, esclava, criada, del material acarreado: como carretilla subordinada al laboratorio del especialista. El ensayo, por el contrario, subordina los datos (especializados o no) al laboratorio de la prosa, al laboratorio del saber que se busca en formulaciones in\u00e9ditas, al laboratorio del ser que se cuestiona, se critica y se recrea en un texto.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El lector incapaz de recrearse, de reconstituirse, de reorganizarse, en la lectura de un ensayo que realmente ensaya, es un lector empobrecido por la cultura tecnocr\u00e1tica. No sabe que le robaron la carretilla.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Gabriel Zaid, \u201cLa carretilla Alfonsina\u201d, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Leer poes\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Obras de Gabriel Zaid<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> Vol. 3, 3\u00aa ed.<br \/>\n(M\u00e9xico: El Colegio Nacional, 2020), 115-119.<br \/>\nReproducido con autorizaci\u00f3n del autor.<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Leong Yee Foon, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cReyes no se dejaba intimidar. 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