{"id":39311,"date":"2025-03-29T13:33:07","date_gmt":"2025-03-29T19:33:07","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=39311"},"modified":"2025-03-31T10:35:15","modified_gmt":"2025-03-31T16:35:15","slug":"gabriel-zaid-catolico-y-moderno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2025\/03\/gabriel-zaid-catolico-y-moderno\/","title":{"rendered":"Gabriel Zaid: cat\u00f3lico y moderno"},"content":{"rendered":"<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cEn el pensamiento de Zaid, como en todo pensamiento complejo y m\u00e1s a\u00fan en aquel que se quiere simple, hay un drama sin soluci\u00f3n dram\u00e1tica.\u201d<\/span><\/i><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>I<\/strong><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cat\u00f3lico y moderno. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando se escriba esa historia de la literatura mexicana que so\u00f1amos y reclamamos, la posteridad recordar\u00e1 que los viges\u00e9micos fallamos al hacer la suma y la multiplicaci\u00f3n de los trabajos y los d\u00edas. Pero quedar\u00e1n zonas cartografiadas por cr\u00edticos como Zaid, verdaderos ge\u00f3grafos de la imaginaci\u00f3n literaria. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tres poetas cat\u00f3licos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, reuni\u00f3n de treinta a\u00f1os de curiosidad, bosqueja las rutas, los pasajes y los atolladeros de una narraci\u00f3n, nuestra literatura cat\u00f3lica, que piadosamente desconocemos.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Zaid, partiendo de ese texto liminar titulado \u201cMuerte y resurrecci\u00f3n de la cultura cat\u00f3lica\u201d, enfrenta el imperio de ese mutante de dos cabezas aut\u00f3fagas: el jacobinismo y el clericalismo. El primero, vencedor de la Reforma y verdugo durante la guerra cristera, confin\u00f3 a la cultura cat\u00f3lica en sus extremos m\u00e1s lejanos: la procesi\u00f3n y el seminario. El clericalismo, derrotado y humillado, se ocult\u00f3 tras la mitra, asiduo a las componendas clandestinas o al refresco de nuevos milenarismos, como la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n. Las consecuencias fueron nefastas: antes que una anatom\u00eda de la espiritualidad mexicana, tuvimos una teratolog\u00eda. M\u00e9xico, naci\u00f3n cat\u00f3lica fundada en una <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">par\u00e9nesis<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, el convenio religioso entre quienes predican y quienes se convierten, es un pa\u00eds que ha vivido oficialmente sin cultura cat\u00f3lica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esa simulaci\u00f3n dram\u00e1tica invadi\u00f3 la historia literaria. Con las excepciones poco conocidas de Antonio Estrada (1927\u20131968) y Jes\u00fas Goytort\u00faa (1910\u20131969), la novela cristera renunci\u00f3 de principio a la dignidad art\u00edstica, urgida de justificaci\u00f3n martirol\u00f3gica. Tuvo que ser un comunista, Jos\u00e9 Revueltas, el gran novelista cristiano. Y los intelectuales cat\u00f3licos (esa hermosa anomal\u00eda, hija inesperada de la Revoluci\u00f3n Francesa y del romanticismo), tuvieron que escoger entre la imaginaci\u00f3n y el esc\u00e1ndalo, ser como los discretos hermanos Alfonso y Gabriel M\u00e9ndez Plancarte, ser como el viejo Jos\u00e9 Vasconcelos, quien en sus letan\u00edas del atardecer fue m\u00e1s cat\u00f3lico que cristiano. Otros, como Antonio Caso, el padre \u00c1ngel Mar\u00eda Garibay K. o Antonio G\u00f3mez Robledo, votaron por la prudencia, ubic\u00e1ndose como figuras voluntariamente secundarias ante gran coro pagano, mas\u00f3n, jacobino y agn\u00f3stico donde brillaba el gran gorro frigio de Mart\u00edn Luis Guzm\u00e1n, la toga socr\u00e1tica de Alfonso Reyes o las mentes metaf\u00edsicas de los Contempor\u00e1neos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A los poetas cat\u00f3licos le fue concedida cierta franqu\u00eda. El catolicismo de Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde y de Carlos Pellicer fue <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">tolerado<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: era aparentemente inofensivo. En el caso del zacatecano se condescend\u00eda ante la tristeza provinciana y reaccionaria, y al tabasque\u00f1o se le festej\u00f3 la inocente alegr\u00eda franciscana frente al paisaje. Pero Zaid rompe con esa tolerancia mustia de manera enf\u00e1tica. Armando el rompecabezas del Partido Cat\u00f3lico Nacional, aquel aliado inc\u00f3modo y luego deturpador del presidente Francisco I. Madero, Zaid termina con el impostado bardo oficial de la Revoluci\u00f3n Mexicana y nos lo presenta como esa figura del intelectual cat\u00f3lico que el M\u00e9xico moderno ha extra\u00f1ado y que exist\u00eda, prefigurada y trunca, en L\u00f3pez Velarde. Estudiando la relaci\u00f3n entre el poeta y su amigo Eduardo J. Correa (como la han hecho tambi\u00e9n Jean Meyer y Guillermo Sheridan), Zaid presenta una versi\u00f3n distinta de la vida intelectual durante la guerra de 1910.<\/span><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tres poetas cat\u00f3licos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> contin\u00faa con Pellicer. No voy a insistir en las cualidades cr\u00edticas m\u00e1s celebradas de Zaid, su capacidad de ense\u00f1ar c\u00f3mo funciona la poes\u00eda a esp\u00edritus prosaicos como el m\u00edo. La lectura de Zaid me har\u00e1 volver con mayor entendimiento a los poemas pellicerianos. Y m\u00e1s all\u00e1 de los \u201cazules que se caen de morados\u201d, Zaid recuerda un asunto capital enunciado por Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez e ignorado por la historia literaria: la relaci\u00f3n oblicua entre el modernismo po\u00e9tico hispanoamericano y la herej\u00eda hom\u00f3nima condenada por el papa P\u00edo X, con la enc\u00edclica <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pascendi<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en septiembre de 1907.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ante la aberrante condena del mundo moderno proclamada por P\u00edo IX en el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Syllabus<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1864), los intelectuales cat\u00f3licos, sobre todo en Francia, pasaron a la rebeli\u00f3n. Impresionados por la metaf\u00edsica alemana, por la cr\u00edtica b\u00edblica de Ernest Renan o por la lectura de las tradiciones cat\u00f3licas orientales, abiertos a la ciencia moderna y a su implicaci\u00f3n sobre los dogmas cat\u00f3licos, modernistas como el gran Alfred Loisy, \u00c9douard Le Roy o el oratoriano Lucien Laberthonni\u00e8re, apostaron por su cuenta y riesgo al <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">aggiornamento<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la Iglesia. Quiz\u00e1 Teilhard de Chardin fue el \u00faltimo miembro de esa estirpe y el Concilio Vaticano II, la victoria parcial y p\u00f3stuma de los cat\u00f3licos condenados al principiar el siglo.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El influjo de ese modernismo cat\u00f3lico fue esencial en M\u00e9xico. Aliment\u00f3, tanto o m\u00e1s que el positivismo dogm\u00e1tico, la franca heterodoxia cristiana de Amado Nervo o Jos\u00e9 Juan Tablada cuando eran j\u00f3venes, la incredulidad de Reyes y Guzm\u00e1n, la ansiedad religiosa jam\u00e1s saciada de Vasconcelos, el espiritismo de Madero y el espiritualismo de Caso, la (proto) democracia cristiana en L\u00f3pez Velarde, y como lo se\u00f1ala Zaid, el optimismo cristiano de Pellicer, sin duda de aliento franciscano, pero doblemente modernista, como l\u00edrico y como cat\u00f3lico. Pero no creo, como parece suponerlo Zaid en uno de los anexos, que algunos poemas cristianos de ocasi\u00f3n modifiquen un \u00e1pice el inverecundo paganismo de Reyes.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El tercer poeta cat\u00f3lico examinado es el padre Manuel Ponce (1913\u20131994), a quien el propio Zaid hab\u00eda presentado ante la sociedad literaria profana a fines de los a\u00f1os setenta. Con Ponce, autor de ese inolvidable <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ciclo de v\u00edrgenes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1940), uno de los pocos poemas cat\u00f3licos mexicanos que sorprenden a los incr\u00e9dulos, Zaid cierra un libro que demuestra que el catolicismo estuvo en la pol\u00edtica revolucionaria (con L\u00f3pez Velarde), entre la poes\u00eda moderna (Pellicer) y en el propio p\u00falpito. Y se antoja que los <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tres poetas cat\u00f3licos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> se conviertan en cuatro, cinco, seis, regresando al padre Alfredo R. Plascencia y avanzando hacia Concha Urquiza \u2014nuestra Simone Weil seg\u00fan Zaid\u2014, Francisco Alday, el grupo de la revista <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Trento<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1943\u20131968) que dirigi\u00f3 Ponce, hasta llegar a los m\u00e1s j\u00f3venes, como Javier Sicilia.<\/span><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tres poetas cat\u00f3licos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> es una pieza esencial en la resurrecci\u00f3n literaria de nuestra cultura cat\u00f3lica. Falta mucho por hacer, pero el punto de partida ser\u00e1 Zaid, que se dibuja a s\u00ed mismo en el negativo de mocho, ciudadano que sostiene sus creencias cat\u00f3licas entre la civilidad y creyente que se afirma como laico frente a la catolicidad. Debo decir que Zaid es un tipo extra\u00f1o de cr\u00edtico cat\u00f3lico: el cardenal Newman y el primer Blanco White hubieran comulgado con un modernista que, a fines del siglo XX, ha censurado tanto el progreso improductivo como las fantas\u00edas universitarias.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un libro como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tres poetas cat\u00f3licos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> es un ejemplo de la cr\u00edtica literaria como pensamiento al aire libre, fiesta de la amenidad en casa de la investigaci\u00f3n, tiempo de las preguntas por encima de las certezas, invitaci\u00f3n a leer poes\u00eda que se asemeja a la narraci\u00f3n de Zaid sobre los nacimientos navide\u00f1os de Pellicer, cuya \u00e1nima era la luz que permite sentir la orfandad de la b\u00f3veda celeste y la inexplicable alegr\u00eda que produce la miniatura del mundo. Zaid, por ser el escoliasta de una tradici\u00f3n amenazada y herida, ha sabido ser, m\u00e1s que sus tres poetas electivos, cat\u00f3lico y moderno. (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Servidumbre y grandeza de la vida literaria<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, 1998)<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>II<\/strong><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Alcances y limitaciones de un m\u00e9todo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Al paso de los a\u00f1os, al leer, releer o tan s\u00f3lo hojear <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Plural<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Vuelta<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> va despleg\u00e1ndose ante la memoria la matizada riqueza del grupo que anim\u00f3 esas revistas. El peso de Octavio Paz en la literatura mundial, la animadversi\u00f3n pol\u00edtica que rode\u00f3 a las revistas y el deseo de verlas pronto olvidadas, as\u00ed como el \u00e1nimo desde\u00f1oso de sus protagonistas han impedido registrar cabalmente una experiencia colectiva en la historia de la literatura hispanoamericana. En el dise\u00f1o intelectual de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Plural <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Vuelta<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> tan importantes como Paz fueron Alejandro Rossi, Zaid y, m\u00e1s tarde, Enrique Krauze. Estos tres escritores son, a su vez, figuras capitales para entender las maneras pol\u00edticas y las seguridades intelectuales con las que el \u00faltimo Paz domin\u00f3 sobre la cultura mexicana.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Zaid ocup\u00f3, en el interior de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Plural<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Vuelta<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> una posici\u00f3n exc\u00e9ntrica, la de ser el \u00fanico cat\u00f3lico en un grupo de agn\u00f3sticos y descre\u00eddos. Juan Garc\u00eda Ponce y Salvador Elizondo se presentaron como hermanos enemigos, con una genealog\u00eda com\u00fan desarrollada a trav\u00e9s de la est\u00e9tica de la transgresi\u00f3n con Bataille y la parte maldita de la literatura occidental. Un poeta como Tom\u00e1s Segovia es legible a trav\u00e9s de la heredad de Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez y de la cr\u00edtica y la complicidad de la generaci\u00f3n del 27, mientras que los cuentos y ensayos de Rossi son una rama del \u00e1rbol de Borges, Bioy Casares y Jos\u00e9 Bianco. Y mientras que la poes\u00eda de Zaid, tan feliz, cuenta entre sus claridades la de poder ser cabalmente rastreada, su papel como cr\u00edtico de la poes\u00eda, del mundo editorial y del poder pol\u00edtico apelaba a una compleja configuraci\u00f3n intelectual, que empez\u00f3 a florecer mediante art\u00edculos y rese\u00f1as en los a\u00f1os sesenta en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La cultura en M\u00e9xico<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Di\u00e1logos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cuadernos del viento<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">Zaid, luego autor de dos antolog\u00edas esenciales (el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00d3mnibus de poes\u00eda mexicana<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> en 1970 y la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Asamblea de poetas j\u00f3venes de M\u00e9xico<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> en 1980) escribi\u00f3 lecturas memorables y pol\u00e9micas sobre poetas como Alfonso Reyes, Pellicer, Jos\u00e9 Carlos Becerra, Luis Cernuda, Marco Antonio Montes de Oca, Jos\u00e9 Emilio Pacheco o sobre la canalla literaria y el papel de las antolog\u00edas. Y desde su columna \u201cLa cinta de Moebius\u201d, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Plural, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Zaid se convirti\u00f3 en uno de los cr\u00edticos m\u00e1s afilados del r\u00e9gimen de la revoluci\u00f3n institucional, entonces obsesionado por recobrar entre los intelectuales la legitimidad perdida en 1968 y puesta una vez en juego tras la matanza del jueves de Corpus de 1971.<\/span><\/p>\n<blockquote><p><b><i>\u201cA Zaid no le interesa una condena del mundo moderno y en ese sentido Paz se equivoc\u00f3 al decir que era un tradicionalista. Hay en Zaid un optimismo evang\u00e9lico \u2014el de Pellicer y el padre Manuel Ponce, sus poetas electivos m\u00e1s que L\u00f3pez Velarde.\u201d<\/i><\/b><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para desentra\u00f1ar las maneras cr\u00edticas zaideanas no basta con se\u00f1alar una militancia cat\u00f3lica que, adem\u00e1s, se fue haciendo p\u00fablica de manera progresiva, hasta llegar a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tres poetas cat\u00f3licos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1997). Zaid se present\u00f3 como un cr\u00edtico literario extra\u00f1amente alejado, en apariencia, de todo esencialismo, una suerte de moralista pr\u00e1ctico que hubiera sido f\u00e1cil asociar a cierto esp\u00edritu protestante. En un medio intelectual saturado por las reyertas teol\u00f3gicas de los marxistas de todas las escuelas, Zaid, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Leer poes\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1972) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">C\u00f3mo leer en bicicleta<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1975) decidi\u00f3 examinar, en una empresa solitaria que parec\u00eda una extravagancia, las condiciones materiales en que se produc\u00eda la vida literaria y la literatura misma. Su objetivo no era postular un sistema o fundar alguna sociolog\u00eda de la recepci\u00f3n (aunque de alguna manera ilumin\u00f3 ese camino) sino desbrozar al hecho literario de toda la hojarasca metaf\u00edsica e ideol\u00f3gica que lo rodeaba y exhibir el funcionamiento de la poes\u00eda en cuanto <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La m\u00e1quina de cantar,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> como titul\u00f3 a su c\u00e9lebre libro de 1967.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero la cr\u00edtica de Zaid, de manera a\u00fan m\u00e1s sorprendente, no s\u00f3lo era ajena a la academia sino estaba dirigida contra las mitolog\u00edas y las pr\u00e1cticas del saber acad\u00e9mico. De la exhibici\u00f3n de los mecanismos de la inspiraci\u00f3n Zaid pas\u00f3 a una cr\u00edtica radical (y que acab\u00f3 por ser desmesurada) de la clase universitaria como creadora y usufructuaria del poder cultural. S\u00f3lo entonces, con libros como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El progreso improductivo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1979) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">De los libros al poder<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1988) pudo comprenderse la naturaleza moral de la cr\u00edtica zaideana: hacer cr\u00edtica literaria prescindiendo del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">eufuismo \u2014<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">el ornato de lo bizarro y sus elipsis<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> era s\u00f3lo un paso en la cruzada por librar a la vida p\u00fablica de la superstici\u00f3n del<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">progreso improductivo que los universitarios ofrec\u00edan a la sociedad como panacea.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El mecanismo utilizado por Zaid result\u00f3 ser el mismo al analizar una antolog\u00eda po\u00e9tica que una revoluci\u00f3n centroamericana: descomponer una realidad en las partes que la componen, despojar a esa totalidad de su prestigio art\u00edstico, metaf\u00edsico, ideol\u00f3gico o humanitarista, y revelarla a la luz del sentido com\u00fan y, no pocas veces, de la reducci\u00f3n al absurdo. Pero mientras que la cr\u00edtica literaria de Zaid es un utilitarismo de alcance limitado dado que no desea postular leyes (de lo contrario tendr\u00edamos un Emerson o hasta un Chernichevski), su cr\u00edtica pol\u00edtica result\u00f3 devastadora y certera dada la envergadura moral de la impostura que denunciaba. Al analizar al gobierno sandinista o la guerrilla salvadore\u00f1a con el mismo patr\u00f3n de un Silvio Zavala en<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> Los intereses particulares en la Conquista de la Nueva Espa\u00f1a<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1991), Zaid hizo una aplicaci\u00f3n novedosa de algunas teor\u00edas de las \u00e9lites pol\u00edticas, y lo hizo con una sorprendente eficacia period\u00edstica. El objetivo utilitario era una demostraci\u00f3n moral: basados en el marxismo-leninismo, el jesuitismo y el nacionalismo, los guerrilleros centroamericanos, se propon\u00edan, al inventar la voluntad popular, usurparla. Tras la derrota de los sandinistas en las urnas (1990) y los acuerdos de Chapultepec entre el gobierno y la guerrilla salvadore\u00f1a (1991) hasta un Joaqu\u00edn Villalobos (el jefe guerrillero que asesin\u00f3 al poeta Roque Dalton y principal blanco de Zaid en aquellos memorables textos) hubo de reconocer que la democracia pol\u00edtica era el \u00fanico espacio concurrente para dirimir las ambiciones de las \u00e9lites. Paz mismo hab\u00eda criticado al totalitarismo por razones ideol\u00f3gicas mientras que Zaid di\u00f3 a esa reserva moral una explicaci\u00f3n m\u00e1s pragm\u00e1tica. A diferencia de Paz, de Rossi o de Krauze, Zaid es un dem\u00f3crata antes un liberal: no le interesan las tradiciones pol\u00edticas omnicomprensivas sino las ideales comunidades ciudadanas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El m\u00e9todo de Zaid tiene limitaciones evidentes: en muchas de sus cr\u00edticas del poder cultural o de la industria editorial es palpable que la realidad se resiste al <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">mode d\u2019emploi<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> al que el cr\u00edtico trata de someterla. En otros casos, Zaid aparece tan s\u00f3lo como ejemplar de una mutaci\u00f3n hace tiempo registrada en los anales, la del intelectual que odia a los intelectuales. Y que uno de los primeros (y m\u00e1s c\u00e9lebres) poemas de Zaid est\u00e9 dedicado \u201cal diccionario Larousse\u201d no es casualidad: el mundo deber\u00eda tener, para este humanista cat\u00f3lico de nuevo tipo, la forma no de una enciclopedia, sino de un diccionario port\u00e1til cuyas definiciones no siempre resultan convincentes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La bondad, el equilibrio, la dulzura y la generosidad eran las virtudes del hombre perfecto seg\u00fan el humanismo del Renacimiento. Y para que esa m\u00e1quina espiritual produciese a un humanista cat\u00f3lico, como lo fue Erasmo, era necesaria la docilidad cristiana ante la divinidad de todos los empe\u00f1os humanos. El joven Zaid que ofreci\u00f3 a sus paisanos, en Monterrey, aquel texto cr\u00edtico inaugural \u2014\u201cLa ciudad y los poetas\u201d en 1963\u2014 se mostraba ya en tanto que el humanista cat\u00f3lico llamado a prolongar la experiencia literaria que Reyes \u2014en una mutaci\u00f3n que habr\u00eda fascinado a George Santayana\u2014 hab\u00eda dejado en su fase pagana. Por ello resultan l\u00f3gicos (aunque sean un tanto abusivos y contraproducentes) los empe\u00f1os del Zaid maduro por sacar a don Alfonso del limbo gracias a las pruebas doblemente <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">reveladoras<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que el catolicismo habr\u00eda dejado en algunos de sus poemas religiosos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El poeta que se dirige a la ciudad es un humanista cat\u00f3lico habl\u00e1ndole a los filisteos con la convicci\u00f3n erasmiana de que nadie puede ser excluido de la lectura de las escrituras ni de la comuni\u00f3n con una palabra po\u00e9tica que Zaid asocia, con la modestia metodol\u00f3gica propia de Santayana, con la ra\u00edz de la religi\u00f3n. A lo largo de toda su carrera como cr\u00edtico, Zaid ser\u00e1 fiel a esa andadura de estudiante medieval, estrategia de ocultamiento m\u00e1s epic\u00farea que cristiana que le permite vivaquear sin rumbo fijo entre los legos y los profanos, sacando a las humanidades de los claustros acad\u00e9micos y de las torres de marfil. Ello explica tanto la amplitud como las restricciones que Zaid busca y se impone, haciendo gala de esa falsa modestia que Chamfort considera como el m\u00e1s tolerable de los pecados mundanos: publicar en revistas did\u00e1cticas masivas y negarse a traspasar el l\u00edmite de la palabra escrita, pues quien a\u00f1ade ciencia, a\u00f1ade dolor y suficientemente pesada es la vanidad del saber como para agregarle el fardo de la vanidad del mundo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ese proyecto de humanista cristiano se top\u00f3 con un mundo \u2014el de los a\u00f1os sesenta del siglo pasado\u2014 donde ciertas pautas renacentistas habr\u00edan de chocar con la crudeza de nuevas guerras de religi\u00f3n. El clima del Concilio Vaticano II, que tuvo en Zaid a uno de sus m\u00e1s sutiles int\u00e9rpretes culturales, devino en Am\u00e9rica Latina en la conversi\u00f3n de los reformadores eclesi\u00e1sticos en sacerdotes guerrilleros. La cr\u00edtica demoledora que hizo Zaid de los universitarios en el poder en M\u00e9xico, en Nicaragua y en El Salvador muestra el car\u00e1cter erasmiano del sabio que ve a los antiguos escol\u00e1sticos transformados en luteranos, calvinistas, zuinglianos, enfebrecidos profetas dividiendo lo que deber\u00eda ser indivisible: la catolicidad.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A Zaid no le interesa una condena del mundo moderno y en ese sentido Paz se equivoc\u00f3 al decir que era un tradicionalista. Hay en Zaid un optimismo evang\u00e9lico \u2014el de Pellicer y el padre Manuel Ponce, sus poetas electivos m\u00e1s que L\u00f3pez Velarde. Y esa alegr\u00eda ve al esp\u00edritu reaccionario en todo milenarismo, provenga de la izquierda o de la derecha. A cambio, Zaid considera que la construcci\u00f3n ut\u00f3pica de la ciudad de Dios es una tarea cotidiana basada en el redise\u00f1o permanente de la humanidad de las leyes, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Legum humanitas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que en el siglo XXI s\u00f3lo puede expresarse a trav\u00e9s de un anarquismo conservador que se solidarice con las peque\u00f1as empresas, las comunidades agrarias autosuficientes o el consumo cultural como la aduana que separa a la barbarie de la civilizaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el pensamiento de Zaid, como en todo pensamiento complejo y m\u00e1s a\u00fan en aquel que se quiere simple, hay un drama sin soluci\u00f3n dram\u00e1tica. En su renuncia conceptual a imponer un sistema hay una profunda necesidad ut\u00f3pica, y al ofrecer soluciones pr\u00e1cticas a problemas complejos, Zaid puede acertar mil veces, y sin embargo quedar como un utopista cuyos peque\u00f1os dise\u00f1os aspiran a una inmensa ingenier\u00eda social que en apariencia no es de este mundo. Ante el problema del libre albedr\u00edo que separaba a Roma de la Reforma, Erasmo dej\u00f3 insatisfechas a ambas partes pues no estaba en su esp\u00edritu la postulaci\u00f3n de una teolog\u00eda ni el ofrecimiento de una soluci\u00f3n dogm\u00e1tica. Pero entre las cenizas de las guerras de religi\u00f3n la vocaci\u00f3n erasminiana de probar que la gracia y el libre albedr\u00edo colaboraban felizmente en la cotidiana divinidad de lo humano, vali\u00f3 m\u00e1s que los tratados, los anatemas y las argucias. A Zaid no le toc\u00f3 hablar desde el p\u00falpito ni desde la tribuna pol\u00edtica, sino desde la literatura, la \u00fanica posici\u00f3n en la cual el mundo contempor\u00e1neo pod\u00eda garantizar su libertad. La suya es una concepci\u00f3n utilitaria de la literatura donde la inspiraci\u00f3n y el sentido com\u00fan han cooperado teologalmente para crear una de esas raras obras donde la nobleza de una inteligencia redime a una \u00e9poca de sus infamias.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Christopher Dom\u00ednguez Michael, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Diccionario cr\u00edtico de la literatura mexicana, 1955-2011<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n(M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2012), 618-631.<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Alexey Demidov, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el pensamiento de Zaid, como en todo pensamiento complejo y m\u00e1s a\u00fan en aquel que se quiere simple, hay un drama sin soluci\u00f3n dram\u00e1tica.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":39224,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[5257],"tags":[5254],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[3073],"class_list":["post-39311","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-autor-destacado-gabriel-zaid","tag-numero-33","lal_author-christopher-dominguez-michael-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39311","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39311"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39311\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":40124,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39311\/revisions\/40124"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/39224"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39311"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39311"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39311"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=39311"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=39311"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=39311"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=39311"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=39311"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}