{"id":39202,"date":"2025-03-29T15:22:09","date_gmt":"2025-03-29T21:22:09","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=39202"},"modified":"2025-03-30T16:32:17","modified_gmt":"2025-03-30T22:32:17","slug":"la-confesion-de-johnny","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2025\/03\/la-confesion-de-johnny\/","title":{"rendered":"La confesi\u00f3n de Johnny"},"content":{"rendered":"<h5 style=\"text-align: right;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">A Ram\u00f3n B\u00e1ez,<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">que nad\u00f3 con Tarz\u00e1n<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">y me cont\u00f3 esta historia.<\/span><\/i><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es f\u00e1cil, ahora, re\u00edrse de Tarz\u00e1n. Recordar al hombre que con un mono a la espalda y colgado de las ramas hac\u00eda sonre\u00edr a los cocodrilos. Lo conocimos por los libros, las revistas, el cine, junto a la sorprendida Jane y al elefante Tantor. C\u00f3mo no admirarlo cuando desde lo alto de las matin\u00e9s de cualquier cine de barrio se arrojaba con los brazos abiertos, el pecho de le\u00f3n, y despu\u00e9s juntaba las manos, giraba el torso y se clavaba en el r\u00edo como una aguja en un vestido de seda. Ninguno dej\u00f3 de imitar el llamado del hombre perdido en la selva, un grito que mezclaba el triunfo y la soledad. Pero yo no puedo re\u00edrme de Tarz\u00e1n y apenas soporto lo que dicen los diarios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00c9l sab\u00eda que ese grito estaba m\u00e1s all\u00e1 de lo que hab\u00eda sido dado sobre la tierra. S\u00e9 que lo intent\u00f3 y casi lo puedo o\u00edr debajo de las risas de los muchachos de la barra, que festejan el absurdo y me piden que lo imite como en los viejos tiempos. Porque yo nad\u00e9 con Tarz\u00e1n y ninguno de estos tipos, que son buenos hombres de trabajo y no le har\u00edan mal a nadie, volver\u00e1n a escuchar ese grito de mi boca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ten\u00eda diecinueve a\u00f1os y trabajaba en la estiba del puerto de Montevideo cuando me enter\u00e9 de que hab\u00eda llegado a entrenar nadadores en Rosario de Santa Fe, invitado por el general Per\u00f3n. Me lo dijo un compadre de Carmelo, con el que carg\u00e1bamos bolsas en los barcos como a\u00f1os atr\u00e1s los camalotes de la orilla del r\u00edo. Julio era diez a\u00f1os m\u00e1s grande que yo en aquel tiempo, cuando el que no se animaba a cruzar al Delta era un mariquita. Los hab\u00eda visto irse con la corriente del Uruguay hacia la franja verde y extendida de la orilla argentina, montados arriba de los camalotes. Y los hab\u00eda visto regresar con la corriente de la tarde, en medio de alborotos y bromas. Pasaban el d\u00eda en la isla Juncal, com\u00edan frutos de los \u00e1rboles y llegaban llenos de historias con el sol tatuado en las espaldas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se burlaban, claro, de mi miedo, y me lo ten\u00eda merecido. Porque hasta el d\u00eda en que cumpl\u00ed los seis a\u00f1os nunca hab\u00eda querido acompa\u00f1arlos. Desde entonces no conoc\u00ed mayor felicidad que dejarme llevar por el agua corriente abajo, el cuerpo suspendido, atento al horizonte verde que se acercaba sin esfuerzo, como si lo fuera tirando de un piol\u00edn.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me hice nadador primero por orgullo y despu\u00e9s por fidelidad a la barra de muchachos que Julio lideraba desde una ventaja que se redujo, luego de mi primer cruce, a los \u00fanicos dos a\u00f1os que se har\u00edan irreductibles. A\u00f1os despu\u00e9s compet\u00ed en las doce millas del Palmar, y en las veinte de Carmelo, y en las treinta del Uruguay, convencido de ser el mejor fondista de la zona gracias a las medallas que gan\u00e9 y luego perd\u00ed no s\u00e9 d\u00f3nde. Pero me acuerdo del aliento de la gente, derramada por la orilla del r\u00edo con sus fogones, reposeras y viandas, mientras yo pasaba sumergido, meta brazo y pierna y brazo, con la gorra calada y las gafas empa\u00f1adas, la cabeza adentro y la cabeza afuera, como si le tomara fotograf\u00edas con cada brazada. Hab\u00eda aprendido a o\u00edr los m\u00fasculos dentro del agua, a buscar las corrientes m\u00e1s fuertes, a detener los calambres con un alfiler de gancho que nunca olvidaba. Cuando sent\u00eda el cimbronazo del \u00e1cido l\u00e1ctico en la pantorrilla me clavaba el alfiler con fuerza y durante los segundos que demoraba el \u00e1cido en mezclarse con el agua pensaba en Julio, o en la madre de Julio, porque la puteada era fenomenal, y agradecido por el secreto que me hab\u00eda pasado y el alivio, segu\u00eda r\u00edo abajo con la destreza de un pez.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entonces yo ve\u00eda todas las pel\u00edculas de Tarz\u00e1n y le estudiaba el estilo, la elegancia con la que se desplazaba por los r\u00edos del \u00c1frica para enfrentar o huir de bestias salvajes, entre las que no faltaba el hombre. No las eleg\u00eda por el argumento sino por la cantidad de veces que nadaba o se clavaba desde un acantilado, y m\u00e1s de una vez me encontr\u00e9 en medio de la sala iluminada, intentado retener sobre la pantalla en blanco los movimientos de Tarz\u00e1n en el agua, mientras el viejo Lucanor barr\u00eda los papeles de las golosinas regados por el suelo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En aquel tiempo yo era joven, mi padre era un vago recuerdo en los ojos de mi madre y aprend\u00eda que un hombre no puede realizar todo lo que desea. La necesidad de trabajar fue mi lecci\u00f3n n\u00famero uno. Pero cuando debajo de una bolsa de trigo Julio me dijo que Tarz\u00e1n estaba en Rosario, se me cort\u00f3 la respiraci\u00f3n y el guinche de una gr\u00faa casi me atropella la cabeza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hacer un bollito con la plata, juntar una ropa y tomarme el \u00f3mnibus a Rosario fue una sola decisi\u00f3n. Hab\u00eda que pagar para entrar a un curso de muchos aspirantes, en su mayor\u00eda nadadores argentinos y socios de un club pituco, con piletas y vestuarios como yo no hab\u00eda visto nunca. Pero hac\u00edan pr\u00e1cticas en el r\u00edo Paran\u00e1, acamp\u00e9 en la costa y decid\u00ed esperar mi oportunidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una ma\u00f1ana lo vi aparecer rodeado de j\u00f3venes, con un short de ba\u00f1o de color negro y una toalla roja sobre los hombros. En las pel\u00edculas, se sabe, todo se ve m\u00e1s grande, pero de cerca Tarz\u00e1n era impresionante. De estatura mediana, tirando a alto, sus espaldas med\u00edan el ancho de una puerta y sus brazos y piernas parec\u00edan remos de un barco que nunca hab\u00eda encallado. Me asombr\u00f3 verle las bolsas de los ojos hinchadas y varias canas mezcladas en el pelo, pero conservaba ese rulo negro y rebelde que volcado sobre la frente anuncia la raza de los h\u00e9roes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Apenas me mir\u00f3 por encima de las cabezas que lo rodeaban, me arroj\u00e9 al agua y comenc\u00e9 a nadar. Fui hasta la mitad del r\u00edo, volv\u00ed, me tir\u00e9 de nuevo y regres\u00e9 mientras \u00e9l daba instrucciones, ayudado por un asistente que lo traduc\u00eda. Cuando por quinta vez llegu\u00e9 a la orilla me lo top\u00e9 de frente, metido con las piernas en el agua. Me miraba de un modo extra\u00f1o que no lograba descifrar y me dec\u00eda algo en ingl\u00e9s. Lo que fuera que me dijera no lo pod\u00eda entender porque de ingl\u00e9s yo solo sab\u00eda decir good morning, pero me acerqu\u00e9 y \u00e9l me puso una mano en el hombro antes de repetir aquello con sus labios grandes y duros. Deb\u00ed quedar paralizado porque me zamarre\u00f3 un poco y me se\u00f1al\u00f3 a los dem\u00e1s alumnos del grupo. Asent\u00ed y encog\u00ed los hombros porque a Tarz\u00e1n no le iba a decir otra cosa que s\u00ed, y \u00e9l dio media vuelta para regresar con su asistente, un petiso de vientre hinchado que se desconcert\u00f3 al principio y despu\u00e9s, de mala manera, me dijo que Johnny me invitaba a participar del entrenamiento como su invitado especial. Me temblaron las piernas y con un gesto que le ver\u00eda repetir en los d\u00edas siguientes me revolvi\u00f3 el pelo en todas direcciones, igual que el viento la cabellera de la jungla.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">As\u00ed pas\u00e9 a formar parte del equipo, entre argentinos de modales y gustos que yo desconoc\u00eda, alojado en las instalaciones del club durante los diez d\u00edas que dur\u00f3 su visita. A la ma\u00f1ana siguiente, durante los ejercicios, explic\u00f3 que el secreto de la largada estaba en mantenerse bajo el agua el mayor tiempo posible porque el cuerpo va m\u00e1s r\u00e1pido sumergido que sobre la superficie, y puso a todo el mundo a trabajar en el r\u00edo, a ensayar el envi\u00f3n de largada desde un peque\u00f1o muelle. Despu\u00e9s me hizo un se\u00f1a con la cabeza, desafi\u00e1ndome a nadar afuera, y nos fuimos r\u00edo abajo por el centro del Paran\u00e1 con un pamperito suave que daba de costado, algo retrasado yo, mientras intentaba dominar el ritmo de las brazadas y negar al cuerpo la emoci\u00f3n de nadar con Tarz\u00e1n por un r\u00edo marr\u00f3n que mezclaba sus aguas en otros r\u00edos y luego con el mar, donde yo iba a seguir nadando junto al rey de la selva lejana y muda, de ese modo profundo con que llegan los secretos debajo del agua: el sonido del coraz\u00f3n, los pulmones, la respiraci\u00f3n de todo lo que fue creado desde el origen de la naturaleza rota por el paso de dos cuerpos en la superficie ondulada y blanda, con un rumbo fijo y desconocido.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De pronto lo vi a la par, elegante como un delf\u00edn, desplazando una ola que abr\u00eda un surco triangular y volv\u00eda a desaparecer. Comenz\u00f3 a hacerme se\u00f1as con la mano y a fuerza de insistir adivin\u00e9 que me se\u00f1alaba la orilla derecha, donde varias personas nos segu\u00edan con la mirada y otras corr\u00edan por la costa. Al principio no entend\u00ed, o no quise hacerlo. Lo mir\u00e9 a los ojos y comprend\u00ed que me ped\u00eda que no lo pasara delante de la gente, que disminuyera el ritmo y me mantuviera un poco retrasado. En ese instante tuve ganas de seguir, de imaginar el momento en que contar\u00eda, orgulloso, que le hab\u00eda ganado a Tarz\u00e1n. Pero hab\u00eda algo m\u00e1s en sus ojos, la resignaci\u00f3n de una derrota m\u00e1s honda y, con m\u00e1s temor que piedad, lo dej\u00e9 ir adelante.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando llegamos a la playa me abraz\u00f3 contra su pecho, me revolvi\u00f3 el pelo y se qued\u00f3 pensativo. Supe que se le iban los ojos a otro tiempo, como si recordara algo precioso de su juventud. Me di cuenta porque su mirada se volvi\u00f3 dulce, como la de un chiquil\u00edn.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No fue f\u00e1cil para m\u00ed aceptar que Tarz\u00e1n era rumano y se llamaba con el impronunciable nombre de Johnny Weissm\u00fcller. Atento a lo que hablaban los dem\u00e1s, se me arm\u00f3 una tormenta en la cabeza. Supe que en su infancia Johnny hab\u00eda enfermado de polio, y que los tratamientos lo condujeron al agua, donde la caja tor\u00e1cica, los brazos y los b\u00edceps triunfaron sobre la debilidad de sus piernas. Esa dificultad lo hab\u00eda llevado a convertirse en campe\u00f3n ol\u00edmpico en los cien metros y acababa de filmar su \u00faltima pel\u00edcula como Jim de la selva. Despu\u00e9s de a\u00f1os de trabajar en el cine, Hollywood lo hab\u00eda hecho a un lado y desde entonces viajaba como entrenador para sobrevivir y pagarse el trago. Porque Tarz\u00e1n le daba al whisky desde la ma\u00f1ana temprano y no hac\u00eda falta m\u00e1s que verlo tantear por la noche las paredes que lo guiaban a su caba\u00f1a, algo apartada del resto de los pabellones donde nos aloj\u00e1bamos, con la mirada extraviada y las piernas mezcladas. Pero mi mayor sorpresa fue saber que les ten\u00eda alergia a los monos y nada odiaba m\u00e1s en la vida que a \u201cChita\u201d. Un bicho sarnoso, dijo en plena rueda de conversaci\u00f3n, traducido por su asistente. Sarnoso en el alma, agreg\u00f3, responsable de metros y metros de celuloide tirados a la basura por sus caprichos insufribles, y de un sinf\u00edn de escenas riesgosas que le obligaba a repetir, en las que m\u00e1s de una vez estuvo por partirse el cr\u00e1neo. Tambi\u00e9n Jane repet\u00eda en la pantalla la mentira id\u00edlica de esa realidad bochornosa. Maureen O\u2019Sullivan odiaba a Chita. Y Chita los odiaba a los dos, tom\u00e1ndose toda clase de venganzas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde los primeros d\u00edas de entrenamiento, todos le ped\u00edan que repitiera el grito de Tarz\u00e1n. Pero Johnny sonre\u00eda y callaba mientras negaba con la cabeza, acostumbrado a escuchar el insistente reclamo de un club a otro, a lo largo del mundo. Ped\u00eda a los alumnos que trataran de imitarlo y comenzaban los alaridos impotentes y las risas, en una cascada de fracasos que le hac\u00edan mucha gracia. Yo lo hab\u00eda practicado no una vez sino cientos de veces y estaba orgulloso de mis resultados. Alentado por los dem\u00e1s, una noche llen\u00e9 los pulmones de aire con la garganta apretada para dilatar y contraer el cuello, pero raspando el aire contra una sensaci\u00f3n de angustia que entonces no identificaba y con los a\u00f1os aprend\u00ed a intuir, despu\u00e9s a temer, y por fin a respetar. Algo nunca dicho m\u00e1s que por el rumor del agua contra el cuerpo sumergido, librado a la soledad de avanzar en medio de la marea y las olas con un deseo irrenunciable.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando termin\u00e9, los dem\u00e1s repitieron las burlas, pero Johnny no sonri\u00f3. Clav\u00f3 sus ojos en m\u00ed y dijo que el grito de Tarz\u00e1n no era humano, era una mezcla de gritos de animales, muy ac\u00fasticos, fundidos con una voz humana en un estudio de grabaci\u00f3n. Se hizo un silencio raro y comprend\u00ed o me pareci\u00f3 adivinar que la confesi\u00f3n de Tarz\u00e1n, dicha as\u00ed, como un servicio a la comunidad de los hombres, nos sacaba un peso de encima pero lo dejaba expuesto a una humillaci\u00f3n que no merec\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esa noche se fue a dormir temprano. Lo vimos cargar su botella de whisky de un modo l\u00e1nguido que provoc\u00f3 las primeras burlas de los nadadores. Porque hasta entonces nadie se hab\u00eda atrevido a pronunciar lo que estaba en la cabeza de todos y necesitaba esa \u00faltima confesi\u00f3n para derramarse: que Per\u00f3n hab\u00eda tra\u00eddo a un borracho en plena decadencia, cuando ya no val\u00eda nada, y no solo era capaz de romper la ilusi\u00f3n que hab\u00eda creado en el p\u00fablico abrazado a Chita; ni siquiera era capaz de hacer el grito de Tarz\u00e1n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cYo no digo que lo saque igual\u201d, dijo uno mientras nos acost\u00e1bamos en el dormitorio. \u201cPero se forr\u00f3 de guita durante a\u00f1os, \u00bfme vas a decir que no pod\u00eda aprender a imitarlo, viejo?, \u00bfque alguna vez no lo intent\u00f3, aunque fuera para ver c\u00f3mo le sal\u00eda?\u201d<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cSiempre pasa igual\u201d, contest\u00f3 otro. \u201cVienen a la Argentina cuando est\u00e1n en la ruina y doblaron la curva. Antes ni exist\u00edamos, \u00e9ramos los negritos del sur, y despu\u00e9s vienen a comer al pie, igual que \u00e9ste. Con tal de morfarse un churrasco se bajan hasta el apellido. \u00bfA vos te parece que un deportista puede dar ese ejemplo, abrazado a una botella?\u201d<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c\u00bfSab\u00e9s qu\u00e9 pasa?\u201d, se meti\u00f3 un rubio de flequillo corto mientras se calzaba el pijama. \u201cTarz\u00e1n no era El Rey de los Monos. Era el Rey de la Mona. De la mam\u00faa.\u201d<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fue ah\u00ed, con la sangre en los ojos y la cabeza revuelta de caramelos y pantallas, que me levant\u00e9 de un salto. Fui hasta el rubio y lo baj\u00e9 de una trompada. Cuatro o cinco se me echaron encima. \u201c\u00a1Qu\u00e9 hac\u00e9s, Yoruba! \u00a1Todav\u00eda que te bancamos ven\u00eds a pegar!\u201d<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se arm\u00f3 una gresca de mil demonios y qued\u00e9 sepultado bajo una monta\u00f1a de brazos y piernas, ardido hasta las orejas. Todav\u00eda forceje\u00e1bamos cuando se abri\u00f3 la puerta y entr\u00f3 Tarz\u00e1n con el rulo revuelto sobre la frente y una expresi\u00f3n que nos paraliz\u00f3 a todos. Ten\u00eda puesto el pantal\u00f3n y el torso desnudo, la cara desacomodada por el whisky y la confusi\u00f3n, pero preparado para lanzarse sobre su presa. Aprovech\u00e9 la distracci\u00f3n para darle una trompada al que me hab\u00eda mordido la oreja y apenas me di vuelta sent\u00ed la mano de Johnny en el hombro, y despu\u00e9s en el cuello, a punto de ahorcarme. Me sacudi\u00f3 con fuerza y me dijo que juntara mis cosas y me fuera, que no me hab\u00eda tra\u00eddo para que le causara problemas. Lo dijo en ingl\u00e9s, pero me bast\u00f3 mirarle la cara para entenderlo. Me sequ\u00e9 la sangre de la oreja y la nariz con la s\u00e1bana, me vest\u00ed y junt\u00e9 mis cosas, mientras Tarz\u00e1n me vigilaba, al lado, y los dem\u00e1s se callaban la boca. Cuando salimos volvi\u00f3 a gritarme que me rajara, mientras regresaba a su casilla, eructaba y cerraba la puerta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Revolv\u00ed el bolsito junto a la piscina, solo para decidir lo que har\u00eda. Pero c\u00f3mo iba a decirle nada si el gringo solo hablaba ingl\u00e9s o alem\u00e1n. Camin\u00e9 hacia la puerta del club y despu\u00e9s me volv\u00ed, y dud\u00e9 de nuevo. Yo no quer\u00eda irme por nada del mundo, ahora que la ilusi\u00f3n se perd\u00eda para m\u00ed y quiz\u00e1, tambi\u00e9n para \u00e9l. Finalmente me sent\u00e9 en la galer\u00eda de su caba\u00f1a y me qued\u00e9 hundido en la oscuridad mientras o\u00eda la radio que Johnny ten\u00eda encendida. Pas\u00e9 una hora as\u00ed, en un limbo, entre tangos de Gardel, de la Tita Merello, y despu\u00e9s la puerta se abri\u00f3 y Johnny se recost\u00f3 sobre el marco con la botella en la mano, iluminado de atr\u00e1s por la luz del velador. Una luz mortecina que le agrandaba la mand\u00edbula y alcanzaba su ojo derecho, un ojo hecho para mirar la noche, una noche hecha para los dos, si no fuera porque los dem\u00e1s lo hab\u00edan arruinado todo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No demor\u00f3 en descubrirme en la oscuridad, pero volvi\u00f3 a mirar las estrellas y luego la piscina iluminada por unos focos blancos que daban al agua una transparencia glacial. Despu\u00e9s se sent\u00f3 o se dej\u00f3 caer a mi lado, y comenz\u00f3 a hablar y a tomar de la botella los \u00faltimos restos de whisky que le quedaban.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No s\u00e9 lo que dijo, pero habl\u00f3 un largo rato con una duda que le nac\u00eda del fondo del pecho abierto y tenso como un tambor, mientras yo le miraba los ojos, los movimientos de los labios y de su cara cuadrada, con la sensaci\u00f3n de que repet\u00eda una pregunta in\u00fatil que ven\u00eda del pasado. En un momento se llev\u00f3 las manos a la boca y cre\u00ed entender o tal vez imagin\u00e9 que hablaba del grito que le hab\u00edan inventado y nunca pudo dar fuera de la ilusi\u00f3n de la pantalla; un grito vigoroso y l\u00fagubre que hab\u00eda quedado en la memoria despu\u00e9s de a\u00f1os de escucharlo, tambi\u00e9n \u00e9l, como el resto, pero ya no pod\u00eda desmentir sin una insoportable sensaci\u00f3n de derrota.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esa noche dorm\u00ed en un sill\u00f3n de su cuarto y a la ma\u00f1ana siguiente me condujo de nuevo al grupo, se preocup\u00f3 de hacerles saber que nadie deb\u00eda decir ni p\u00edo. Por eso ahora, cuando los diarios dicen que Johnny Weissm\u00fcller muri\u00f3 loco en un hospital de M\u00e9xico, intentando dar el grito de Tarz\u00e1n, no puedo entretener a los muchachos del caf\u00e9, como no pude esa vez, en el r\u00edo, atreverme a pasarlo. Porque ambos sab\u00edamos que ese grito no era humano, que nac\u00eda del pecho de una bestia imposible contra la que el hombre hab\u00eda aprendido a pararse sobre dos pies, y despu\u00e9s a ser m\u00e1s fuerte que su m\u00fasculo, y despu\u00e9s a so\u00f1arse otro, y esa lucha no hab\u00eda terminado.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cuento de la colecci\u00f3n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Mares bald\u00edos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (Literatura Random House, 2014)<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Karim Aazzouzi, Unsplash.<\/span><\/h6>\n<div id=\"gtx-trans\" style=\"position: absolute; left: 1353px; top: 96.3333px;\">\n<div class=\"gtx-trans-icon\"><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A Ram\u00f3n B\u00e1ez, que nad\u00f3 con Tarz\u00e1n y me cont\u00f3 esta historia. &nbsp; Es f\u00e1cil, ahora, re\u00edrse de Tarz\u00e1n. Recordar al hombre que con un mono a la espalda y colgado de las ramas hac\u00eda sonre\u00edr a los cocodrilos. 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