{"id":39189,"date":"2025-03-29T15:20:10","date_gmt":"2025-03-29T21:20:10","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=39189"},"modified":"2025-03-29T18:14:54","modified_gmt":"2025-03-30T00:14:54","slug":"los-wilkinson","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2025\/03\/los-wilkinson\/","title":{"rendered":"Los Wilkinson"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los Wilkinson siempre tomaban una copa al atardecer. En rigor de verdad, los Wilkinson siempre tomaban una copa \u2014o dos, o tres o varias\u2014, a cualquier hora, en cualquier parte. Durante los buenos tiempos, hab\u00edan viajado mucho. No es que hicieran largos viajes. Pero hab\u00edan viajado much\u00edsimo y decenas de fotograf\u00edas ilustraban la sala de su departamento. Wilkinson y se\u00f1ora en una playa de Hawai; camisas coloridas, ukelele y hula-hula. Un batido de ron con una sombrillita de papel, \u00e9l. Con una flor origami, ella. Los Wilkinson en la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">terrasse<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de un caf\u00e9.\u00a0 Dos aceitunas chicas, verdes, en el dry martini fr\u00edo que comparten, sonrientes, en Las Vegas. Los Wilkinson en medio de un campo de golf, cada cual con su petaca y cara poco deportiva. Los Wilkinson en Viena, chop a cuestas. Venecia, viva el chianti. El sake all\u00e1 en Hong Kong. Los Wilkinson boca arriba, apuntando a la lluvia de una bota espa\u00f1ola. Los Wilkinson en M\u00e9xico. Sombreros de mariachi y caras de pescado. Los Wilkinson en las poltronas blancas del Copacabana Palace, reino de la caipirinha. Turbante de anan\u00e1 a la Miranda para ella. Un panam\u00e1 fuera de lugar en la cabeza de \u00e9l. Y as\u00ed por todos lados. Polonia, entonces vodka. Berl\u00edn y liebfraumilch. Escocia bienamada. Irlanda bienvenida. Pero si hubiera que fijar un instante, m\u00e1s repetido que los otros, como esos gestos que, despu\u00e9s de algunos a\u00f1os, imprimen una arruga, ah\u00ed tendr\u00edamos a los Wilkinson, siempre sentados, cada uno con su copa, cerca de la ventana que se abr\u00eda, panor\u00e1mica, a la plaza San Mart\u00edn, con el auspicio de las campanas que tocaban las siete de la tarde en la Torre de los Ingleses.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hubiera sido la foto en rayos X de la pareja. Una de esas fotos que un fot\u00f3grafo aficionado no se hubiera perdido. Yo, por ejemplo. L\u00e1stima que esa foto era imposible. Los Wilkinson tomaban ese trago y siempre estaban solos. As\u00ed que nada de fot\u00f3grafo en el medio. Pero hubiera sido la foto perfecta, irreemplazable a\u00fan por la suma de todas las otras. Clic. Al \u00e1lbum que no existe.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Zulema Wilkinson usaba, como casi todas las dipsoman\u00edacas de la era Susan Hayward, un vestido negro, de esos m\u00e1s bien simples, de modista. Simplicidad s\u00f3lo aparente, ya que entre la seriedad opaca de su exterior y el forro de sat\u00e9n hab\u00eda una red de costuras y puntadas milim\u00e9tricas porque nada da tanto trabajo como la sobriedad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hyram Wilkinson ten\u00eda una camisa azul con bolsillos de cazador y estaba bastante cansado de la vida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los Wilkinson tomaban cualquier cosa. La cosa era tomar. Se hab\u00edan conocido, rondando los cuarenta, en la barra gastada de un bar. Celebraron la discreta boda con brindis y m\u00e1s brindis. Tomaban cuando discut\u00edan y en la reconciliaci\u00f3n. Tomaban al mismo tiempo \u2014es decir siempre\u2014, aun cuando Hyram viajaba para visitar a sus parientes y se hablaban por tel\u00e9fono.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfQu\u00e9 tom\u00e1s, Zulema?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Un manhattan, Hyram.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfQu\u00e9 est\u00e1s tomando, Hyram?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Un Jack Daniels, Zulema. Salud.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tambi\u00e9n tomaban cuando se entregaban a euf\u00f3ricas discusiones sobre temas que los dos consideraban indudablemente apasionantes. Tomaban para olvidar y para recordar lo que hab\u00edan olvidado por descuido. Cuando las cosas empezaron a ponerse dif\u00edciles, siguieron siendo grandes bebedores. Primero, para darse valor. Al tiempo para ahogar las penas. Algunas tardes porque ya no quedaba otra cosa que hacer. Otras, porque las dedicaban a mirar fotos para avivar una memoria com\u00fan, que se agotaba sin remedio. Todas las noches antes, durante y despu\u00e9s de la comida. Cuando las cosas tambi\u00e9n se pusieron mal entre ellos, tomaban con tal de no dirigirse la palabra. Y tambi\u00e9n tomaban por separado, uno en la cocina, la otra en el escritorio o el ba\u00f1o, mientras practicaban esa manera un poco triste de orbitar la secuencia de la noche que se llama insomnio. Todo daba para tomar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los Wilkinson eran una pareja s\u00f3lida. Quiero decir: se llevaban bastante mal y estaban llenos de problemas. Una pareja estable, como dicen, de esas que juegan al bridge o al tenis para acercarse cuando todo se complica. Los Wilkinson no jugaban ni al bridge ni al tenis \u2014ocupaciones demasiado caras para ellos\u2014 pero beb\u00edan y \u00faltimamente casi no hac\u00edan el amor porque, como bien dijo Shakespeare, el alcohol aumenta el deseo y disminuye la performance. Pero eran una familia. Las familias se forman, con hijos o sin ellos, entre personas o personas y animales \u2014y a veces entre personas y objetos\u2014, y ya no hay nada que hacer. Puede formarse un diamante, un iceberg o una zona de necrosis, pero es una formaci\u00f3n as\u00ed que cualquier cambio se vive como una monstruosidad. Los Wilkinson eran, entonces, una de esas familias que uno califica de estables con ambig\u00fcedad, de esas que hab\u00edan compartido, sin garant\u00eda de \u00e9xito, duros momentos, siempre juntos. El 23 de febrero de 1946, Zulema recibi\u00f3 el siguiente telegrama:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Madre muerta. Stop. Stop. Stop. Padre vivo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La hoja con el mensaje no tembl\u00f3 entre sus manos. Un telegrama es un telegrama. Se lee lo que est\u00e1 escrito, sobre todo cuando dicta noticias como esta. Los telegramas se dejan caer, se tiran, se guardan, se pasan, se responden, o no, casi en el mismo momento en que fueron abiertos. Peor para el que escucha, porque algo propio de los telegramas es que exigen ser le\u00eddos en voz alta. Zulema mir\u00f3 a Hyram, y le dijo:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Madre muerta. Stop. Stop. Stop. Padre vivo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y Hyram entendi\u00f3. Entonces hablaron. As\u00ed:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Fondo blanco.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Fondo blanco, Hyram.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Yo viv\u00eda en el mismo piso, puerta de servicio de por medio. Todas las ma\u00f1anas, cuando sacaba a pasear a Orson, ve\u00eda la monta\u00f1a de botellas modeladas con formas incre\u00edbles. Licores en enormes tubos de ensayo y botellas para tirar mensajes al mar desde el naufragio. Vinos con nombres impactantes. Barrilitos de cerveza. Orson olisqueaba la monta\u00f1a transparente con su trompa de trompada en el hocico. Yo le chistaba y segu\u00edamos. Un d\u00eda me enter\u00e9 de que en una reuni\u00f3n de consorcio les preguntaron por qu\u00e9 no tiraban las botellas por el incinerador.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Ustedes lo quisieron \u2014dijo Hyram.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Nosotros lo sentimos tanto \u2014asegur\u00f3 Zulema. Caminando como patos, alcanzaron la puerta del ascensor.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El resultado se hizo o\u00edr durante cuatro noches. Lo que fue eso. Las botellas bajaban al s\u00f3tano y golpeaban las paredes del t\u00fanel y el ruido rebotaba como una voz por su garganta. Una voz que no desafinaba. A veces tiraban dos juntas. No s\u00e9 si les presentaron una queja o si fue una iniciativa de ellos. Pero despu\u00e9s del cuarto d\u00eda, dejaron de hacerlo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Todos los s\u00e1bados, iban a una tienda, aqu\u00ed, a la vuelta. Zulema Wilkinson, como quien se acuerda de algo, se deten\u00eda y miraba para los costados. Siempre en la misma esquina. Respiraba como un ciervo. Hyram Wilkinson la sosten\u00eda del brazo y se secaba la frente con un pa\u00f1uelo, siempre, tambi\u00e9n en invierno. Muchas veces me pregunt\u00e9 si transpiraba por verg\u00fcenza, por cansancio, o por las dos cosas juntas. Una noche tuve que subir con ellos al ascensor. A Zulema Wilkinson se le hab\u00eda ido la mano. Para empezar, se la agarr\u00f3 con Orson. Ay, qu\u00e9 cara, dec\u00eda, contorsionando la suya como una chica tentada en medio de una ceremonia. En el segundo piso pregunt\u00f3, en un dialecto entre vascuence y flamenco, qu\u00e9 har\u00edamos en caso de quedar atrapados en el ascensor. Con toda sinceridad, le dije que me morir\u00eda. Zulema Wilkinson me mir\u00f3 de arriba abajo y me dijo:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Usted es muy poco pr\u00e1ctica, \u00bfno es cierto?\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Del cuarto al quinto despleg\u00f3 otras opiniones y conductas que por respeto me abstengo de contar. Cuando finalmente llegamos al s\u00e9ptimo y Hyram abri\u00f3, veloz y galante, la puerta del ascensor, Zulema se fue de cara al piso y era dif\u00edcil saber si se re\u00eda a carcajadas o estaba agonizando con pompa de elefante. Hyram se inclin\u00f3, la levant\u00f3 del brazo, y dijo:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Creo que todos necesitamos un trago. Menos el perro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me fui derechito y callada a mi departamento. Estaba tan apurada por entrar que me dej\u00e9 la bolsa con las compras afuera, en el pasillo. Cuando abr\u00ed la puerta para recuperarla, vi un zapato de mujer en el piso. Seguro que era de Zulema. Era chico y<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">m\u00e1s ancho de lo que hubiera calculado y el taco estaba gastado del lado de afuera. Ahora, o bien hab\u00eda seguido hasta su puerta con un zapato puesto, o Hyram la hab\u00eda alzado y llevado a casa, con el pa\u00f1uelo en una de las manos para secarse la frente en cuanto la recostara en un sill\u00f3n. Y en la acrobacia se le hab\u00eda ca\u00eddo el zapato y no se dieron cuenta. Cenicienta Wilkinson, descubr\u00ed esa noche, sab\u00eda lo que era bueno. En el zapato vi el \u00f3valo plateado, como un espejito, t\u00edpico de Jackie, la zapater\u00eda a medida. Orson estornudaba desde la puerta y yo le di el zapato, que con el tiempo se convirti\u00f3 en su juguete preferido. Esa noche me cost\u00f3 dormir pero hice el trabajo necesario y entonces pude, como siempre.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A la ma\u00f1ana siguiente, me despert\u00e9 por culpa de unos golpes en la puerta. Eso era una mala se\u00f1al, considerando que mi casa tiene un timbre. Pero las sorpresas desagradables golpean la puerta y al diablo con el timbre. Orson ladr\u00f3. Abr\u00ed, sin preguntar y vi, parado ah\u00ed, el traje anguloso a rayas, las manos a los costados, a un hombre bastante alto y gordo que me pregunt\u00f3:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfEst\u00e1n los se\u00f1ores?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Orson y yo ladeamos la cabeza al mismo tiempo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014D\u00edgale a los se\u00f1ores que est\u00e1 su sobrino.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Creo que se equivoca de departamento \u2014dije.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Lo de Wilkinson \u2014dijo, mirando a Orson con desprecio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014All\u00e1 \u2014le se\u00f1al\u00e9 la puerta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me agradeci\u00f3 levantando, apenas, el sombrero, para volver a ajustarlo en su lugar. Dio media vuelta y camin\u00f3 hasta lo de Wilkinson. Algo ol\u00eda muy mal en el pasillo. El hombre golpe\u00f3 la puerta de los Wilkinson, a pesar de que ellos tambi\u00e9n ten\u00edan timbre. Dijo, en voz alta, t\u00edos. Despu\u00e9s dijo el nombre Zulema y pronunci\u00f3 muy mal el nombre Hyram. La puerta se entorn\u00f3. El hombre estaba adentro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No pude volver a dormirme. En el departamento de Zulema y Hyram Wilkinson estaba pasando algo. Algo que pod\u00eda o\u00edrse muy bien. Primero risas, despu\u00e9s un grito, despu\u00e9s el ruido de algo chocando contra algo. Por \u00faltimo, un portazo. Cuando o\u00ed que se cerraban las puertas del ascensor, llegu\u00e9 hasta su puerta, con Orson y todo. Yo s\u00ed que toqu\u00e9 el timbre.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Zulema abri\u00f3, vestida de entrecasa, con una bata. Ten\u00eda una redecilla en el pelo. O\u00ed las campanadas del Sant\u00edsimo. Era una ma\u00f1ana de domingo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los ojos de Zulema estaban todos inyectados, esta vez por la narcosis del disgusto. Se cerraba la bata y me sonre\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfEst\u00e1 todo bien? \u2014quise saber.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">O\u00ed la voz de Hyram, que llegaba desde el fondo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfQui\u00e9n es, querida?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014La chica del perro, Hyram.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfCon hielo, Zulema?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Por supuesto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me qued\u00e9 ah\u00ed parada, como una idiota, a la espera de algo. Con la idea peregrina de que algo ten\u00eda que pasar. Y algo pas\u00f3.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Perd\u00f3n por lo del otro d\u00eda \u2014dijo Zulema Wilkinson.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Negu\u00e9, con la cabeza y, ya que estaba, le ped\u00ed que me prestara un poco de az\u00facar. \u00bfPara hacerla sentir bien porque as\u00ed me daba algo y le aliviaba la culpa? \u00bfPara cambiar veloz y m\u00e1gica de tema? \u00bfPara poder entrar y echarle un vistazo al departamento? \u00bfPor qu\u00e9 lo hice? Porque no ten\u00eda az\u00facar, por supuesto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los Wilkinson tampoco pero quisieron reemplazarla, si era para el caf\u00e9, con no s\u00e9 qu\u00e9 filtro elaborado con Cointreau y con whisky. Yo dije no.<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">Ellos tomaron el primer trago al mismo tiempo. Hab\u00edamos pasado a la cocina y nos sentamos como amigos a compartir el momento. Sobre la mesa cubierta con un mantel impermeable lleno de flores, vi la billetera abierta de Hyram y la cartera, tambi\u00e9n abierta, de Zulema. Una libreta de ahorros al lado. Ese sobrino era un verdadero desgraciado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero no hablamos de eso y por ser franca no hablamos sobre nada. Yo miraba lo que pasaba entre ellos. El vaso a la boca. Medio segundo de solemnidad. La sonrisa planetaria. Y otro trago. Cada tanto, alguno de los dos, negaba, melanc\u00f3lico, con la cabeza. Y el otro asent\u00eda, bajando la vista al suelo. Despu\u00e9s se convidaban otro trago y se miraban, sin hablar. Les ped\u00ed disculpas, di las gracias y enfil\u00e9 para la salida. Los tres, antecedidos por Orson, caminamos por el pasillo, estrecho y largo, hasta la puerta. Ella dijo:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Bueno, quiz\u00e1 nos encontremos otra vez en el ascensor.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ni siquiera me dijeron hasta luego.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Todas las tardes, a eso de la siete, Zulema y Hyram Wilkinson tomaban una copa mirando, en silencio, la plaza San Mart\u00edn. Cada tanto ve\u00edan las explosiones resumidas de las fotos que la gente se sacaba en los pelda\u00f1os de la estatua. El sobrino volvi\u00f3 el domingo a la noche. Y el lunes a la tarde. El martes sub\u00ed al ascensor con Zulema y le pregunt\u00e9 por su marido. Orson ol\u00eda como el diablo. Hab\u00eda humedad y eso exageraba un poco todo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Ah\u00ed, en el sanatorio. Un disgusto. El coraz\u00f3n.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esa noche o\u00ed dos botellas vac\u00edas en carrera por el t\u00fanel del incinerador. Zulema Wilkinson era una esposa abnegada. Sal\u00eda temprano, al sanatorio. Volv\u00eda tarde, a la cama. El vestido negro le colgaba cuando su marido volvi\u00f3 a casa. A la semana me los cruc\u00e9 en la esquina. Ella se hab\u00eda quedado quieta y \u00e9l la sosten\u00eda con un brazo mientras se secaba la frente con el pa\u00f1uelo. Pero algo hab\u00eda cambiado. Esa vez no siguieron camino. Se dijeron algo y dieron media vuelta. A la noche, Paredes, el portero, me avis\u00f3 que Zulema Wilkinson hab\u00eda muerto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El consorcio hizo una colecta para comprar una corona. Yo puse por dos, por Orson y por m\u00ed. Una faja violeta con letras y borde dorado cruzaba, en diagonal, la rueda de flores y hojas, como una prohibici\u00f3n que parec\u00eda, m\u00e1s bien, un cuadro de Arcimboldo. Pregunt\u00e9 a qu\u00e9 hora y d\u00f3nde era el entierro. Al otro d\u00eda, a la ma\u00f1ana, en el cementerio de la Recoleta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando llegu\u00e9 al lugar encontr\u00e9 a Hyram Wilkinson, sentado sobre un pelda\u00f1o, sec\u00e1ndose la frente con el pa\u00f1uelo. Lo vi tan indefenso y solo entre tanta mamposter\u00eda f\u00fanebre, que pens\u00e9 que lo mejor que pod\u00eda ofrecerle era tomar un trago juntos. Hyram Wilkinson me mir\u00f3. Eso fue todo. Ni s\u00ed ni no, ni blanco ni negro. Me qued\u00e9 ah\u00ed de pie por unos minutos, el tiempo que lleva rezar un padrenuestro a las apuradas. Orson estaba ah\u00ed, sentado y a la espera, la correa de cuero negro con el lazo que lo ataba a una reja. Pens\u00e9 que la capilla ardiente parec\u00eda el puesto de aduanas de un aeropuerto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al otro d\u00eda, a pesar de mis reparos, toqu\u00e9 el timbre del departamento de los Wilkinson. \u00bfPor qu\u00e9? Porque me hab\u00eda quedado sin tel\u00e9fono y ten\u00eda que hacer una llamada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al lado de los sillones, hab\u00eda cajas de cart\u00f3n, una encima de la otra. En la \u00faltima, todav\u00eda abierta, vi un par de zapatos con el taco gastado hacia fuera y el \u00f3valo plateado de la casa Jackie. Las cosas de Zulema.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Todo va para la iglesia, ma\u00f1ana reparten ropa y mantas recibidas en donaci\u00f3n \u2014dijo Hyram.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Asent\u00ed, me lo dict\u00f3 la conciencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Habr\u00e1 m\u00e1s de una Zulema andando por el barrio \u2014dijo Hyram.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Orson se hab\u00eda instalado al lado de una de las pilas de cajas. Como no sab\u00eda qu\u00e9 decir y pens\u00e9 que Wilkinson ya estar\u00eda totalmente borracho, di media vuelta y le dirig\u00ed a Orson un reto que fue una de las acciones m\u00e1s injustas que comet\u00ed en la vida. Pero Hyram me explic\u00f3:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Zulema era tan cl\u00e1sica \u2014dijo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hice lo que se hace. Es decir que hice mi llamada y tras asentir con toda la incredulidad del mundo, le chist\u00e9 a Orson y nos fuimos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Eran las siete de la tarde, al otro d\u00eda, y bajaba con Orson por la calle de la iglesia. Vi dos mujeres vestidas iguales, cada una con un vestido negro id\u00e9ntico al de la otra, que caminaban medio de costado, cargando bolsas. Se sentaron sobre las bolsas y empezaron a pedir limosna. Orson levant\u00f3 la pata contra un poste, a pocos metros de ellas. Eran las cosas de Zulema. Salud.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Cuento de la colecci\u00f3n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Kavanagh<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (Tusquets Editores, 2004)<\/span><\/h6>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Samy MOUNICHY, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los Wilkinson siempre tomaban una copa al atardecer. En rigor de verdad, los Wilkinson siempre tomaban una copa \u2014o dos, o tres o varias\u2014, a cualquier hora, en cualquier parte. Durante los buenos tiempos, hab\u00edan viajado mucho. No es que hicieran largos viajes. Pero hab\u00edan viajado much\u00edsimo y decenas de fotograf\u00edas ilustraban la sala de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":39048,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[2887],"tags":[5254],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[3301],"class_list":["post-39189","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ficcion","tag-numero-33","lal_author-esther-cross-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39189","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39189"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39189\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":39431,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39189\/revisions\/39431"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/39048"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39189"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39189"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39189"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=39189"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=39189"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=39189"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=39189"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=39189"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}