{"id":39126,"date":"2025-03-29T15:24:41","date_gmt":"2025-03-29T21:24:41","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=39126"},"modified":"2025-03-30T16:17:16","modified_gmt":"2025-03-30T22:17:16","slug":"un-fragmento-de-elsinore-un-cuaderno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2025\/03\/un-fragmento-de-elsinore-un-cuaderno\/","title":{"rendered":"Un fragmento de Elsinore: un cuaderno"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>I<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Estoy so\u00f1ando que escribo este relato. Las im\u00e1genes se suceden y giran a mi alrededor en un torbellino vertiginoso. Me veo escribiendo en el cuaderno como si estuviera encerrado en un par\u00e9ntesis dentro del sue\u00f1o, en el centro inm\u00f3vil de un v\u00f3rtice de figuras que me son a la vez familiares y desconocidas, que emergen de la niebla, se manifiestan un instante, circulan, hablan, gesticulan, luego se quedan quietas como fotograf\u00edas, antes de perderse en el abismo de la noche, abrumadas por la avalancha de olvido y sumirse en la quietud inquietante de las aguas del lago. Las palabras que escucho mientras sue\u00f1o que escribo parecen venir de un m\u00e1s all\u00e1, desde una vigilia remota en el tiempo y en el espacio, y aunque las oigo con claridad no las entiendo, como si estuvieran dichas en una lengua vestigial o ya olvidada. Todo est\u00e1 inscrito en la brumosa lejan\u00eda del olvido y los seres y las cosas aparecen envueltos en esa lentitud de lo que apenas empieza a ser recordado, de lo que acaba de despertar a la vida renovada de la memoria. Sobre la p\u00e1gina del cuaderno en que escribo el sue\u00f1o proyecta, difusas e imprecisas, las im\u00e1genes que guardan todav\u00eda el torpor y la laxitud de su propio sue\u00f1o de olvido. Me veo llegar por primera vez a esa ciudad en compa\u00f1\u00eda de mi padre, a quien sus calles y sus gentes le son familiares y acostumbradas. El aeropuerto estaba repleto de soldados y marineros, sanos y heridos. Las wacs y las enfermeras iban y ven\u00edan afanosas por las inmensas salas de espera. Las paredes estaban tapizadas con avisos y carteles de propaganda entre los que, por su profusi\u00f3n y notoriedad, me llam\u00f3 poderosamente la atenci\u00f3n uno que representaba a un hombrecillo p\u00e1lido y sa\u00f1udo, de ojos claros con lentes de bordes esmerilados y gruesos arillos de carey. De los l\u00edvidos y apretados labios le sal\u00eda una boquilla de \u00e1mbar con un cigarrillo reci\u00e9n encendido cuya lumbre rozaba casi el filo del ala ca\u00edda de su sombrero de fieltro. Llevaba el cuello de su trench coat subido hasta las orejas. Atr\u00e1s se vislumbraba no recuerdo bien si un tramo del Golden Gate con la bah\u00eda de San Francisco al fondo o el skyline de New York con la Estatua de la Libertad al frente. El hombrecillo estaba en actitud de escuchar atenta pero displicente y solapadamente lo que se dec\u00eda a su alrededor. BE CAREFUL! &#8230; dec\u00eda el cartel con grandes letras en la parte superior, y abajo&#8230; HE MIGHT BE LISTENING! \u00bfQui\u00e9n es ese del sombrero? le pregunt\u00e9 a mi pap\u00e1. G\u00f3bbels, me contest\u00f3 maliciosamente. Pasar\u00edamos unos d\u00edas juntos antes de que yo fuera a casa de mis t\u00edos a hacer los preparativos para la entrada a la escuela. Nos quedamos en el Biltmore. Se alojaban all\u00ed los oficiales que ven\u00edan de licencia de la guerra en el Pac\u00edfico. Sus maletas de lona se apilaban en el lobby. Cuando abrimos las nuestras mi padre se dio cuenta de que no llevaba pa\u00f1uelos. Se ve que no saben hacer su maleta, pens\u00e9. Era temprano. Bajamos a la tienda de Gus S. May que estaba en la planta baja del hotel, sobre la calle Olive a un lado de la puerta principal. Compr\u00f3 una docena de los m\u00e1s finos y para m\u00ed una billetera de cuero de cochino con compartimento secreto y las esquinas de plata. En el compartimento puso un billete doblado en ocho. Por si alguna vez tienes mucha urgencia de dinero, dijo, pero era tan secreto y tan dif\u00edcil de desentra\u00f1ar que durante muchos meses me olvid\u00e9 de ello. Reveo en el sue\u00f1o los restaurants y las tiendas a donde fuimos, los personajes que me se\u00f1alaba: la imponente masa acromeg\u00e1lica de Primo Carnera, sentado en una mesa contigua a la nuestra en el Mike Liman\u2019s, a las estrellas famosas que bailaban, cantaban o dec\u00edan chistes en el tablado que el USO hab\u00eda erigido en el centro de Pershing Square y que pod\u00edamos ver desde nuestro cuarto. Un d\u00eda antes de su regreso lo acompa\u00f1\u00e9 a Hollywood a sus negocios. Comimos en Lawry\u2019s con sus amigos: Luego fuimos de compras y entramos un rato en un newsreel theater. Anochec\u00eda tarde en esa \u00e9poca del a\u00f1o, Cuando regresamos al Downtown vimos en el camino muchos heridos que reposaban, convalecientes, al sol de la tarde, tendidos en sus camillas o inm\u00f3viles en sus sillas de ruedas y cubiertos de horribles escayolas y accesorios m\u00e9dicos, sobre el c\u00e9sped del front lawn, rodeados de sus padres, de sus mujeres, de sus hijos peque\u00f1os o de sus enfermeras. Muchas casas ostentaban en la vidriera de la puerta principal o en alguna de las ventanas de la fachada pendones de seda blanca con flecos dorados y con estrellas; estrellas plateadas para los hombres que estaban en el frente; estrellas doradas para los que ya hab\u00edan ca\u00eddo. Se formaban todas las combinaciones hasta de cinco&#8230; una dorada y tres plateadas, una plateada y una dorada, dos plateadas, tres doradas y dos plateadas, una afortunada estrella plateada&#8230; tres terribles doradas. Cenamos chili con carne en la cafeter\u00eda del Biltmore y cuando me met\u00ed a la cama y pens\u00e9 en lo que hab\u00eda visto, por primera vez me di cuenta de que de veras viv\u00eda yo en un pa\u00eds en guerra. Al d\u00eda siguiente, camino al aeropuerto, mi padre me dej\u00f3 en casa de mis t\u00edos. Estaba sobre la colina donde acababa la Calle Quinta. Ostentaba en la puerta principal, detr\u00e1s de la vidriera, un pend\u00f3n con una sola estrella dorada. Para evitarse una visita penosa, era la hermana mayor de mi madre, mi t\u00eda sali\u00f3 a recibirme a las escalerillas del porch de la entrada. Mi pap\u00e1 baj\u00f3 del coche, se saludaron afablemente, pero con cierta frialdad. Era, a pesar de su edad y de su pena, una mujer hermosa y jovial. Muy alta y bien plantada; muy blanca, de grandes ojos negros y pelo casta\u00f1o un poco encanecido en las sienes. Ten\u00eda un cuerpo a la vez sensual e ideal. A\u00f1os despu\u00e9s o\u00ed decir de ella, en ingl\u00e9s, &#8230; really fit for the wares she sells! Era desde hac\u00eda mucho tiempo Head de Ladies\u2019 Fine Lingerie en una tienda muy elegante del Downtown. El luto le sentaba divinamente, como a casi todas las mujeres. Hab\u00eda tomado unos d\u00edas off para ayudarme a preparar mi ingreso en la escuela. Ocupar\u00eda yo una de las habitaciones de abajo. Un d\u00eda me dio permiso de subir a ver el cuarto de mi primo. Estaba en el \u00e1tico y ten\u00eda el techo inclinado. Parec\u00eda que acabara de salir su due\u00f1o, aunque todo estaba en orden perfecto. En las paredes hab\u00eda fotograf\u00edas, algunas de grupo, otras de parientes, una de una muchacha de sweater Love, Laverne, un bander\u00edn deportivo Westlake High; de la alfarda colgaba el modelo a escala de un biplano Jenny. Al fondo hab\u00eda una ventana. Me asom\u00e9 a ella. Daba al oriente y desde all\u00ed se pod\u00eda ver el panorama de todo el Downtown y dirigiendo la vista un poco hacia el norte se alcanzaba a divisar la enorme torre blanca del City Hall con su remate de cobre verdizo. Junto a la ventana hab\u00eda un escritorio; sobre una cubierta de terciopelo azul hab\u00eda un portarretratos con la fotograf\u00eda de mi primo en uniforme, sus medallas y trofeos, insignias alemanas, una daga de los SS. Tuve entonces por primera vez una sensaci\u00f3n que luego se ha repetido a lo largo de mi vida y que no s\u00e9 si es debida a una facultad com\u00fan a toda la gente o propia de un efecto fotogr\u00e1fico m\u00e1gico: la de saber, con solo ver su fotograf\u00eda, si el modelo est\u00e1 vivo o muerto. Se ve\u00eda luego que Laverne estaba viva y que mi primo estaba muerto. Mis t\u00edos hab\u00edan conseguido unos cupones extra para gasolina, que estaba estrictamente racionada igual que los cigarrillos y, en su coche que nunca usaban, me llevar\u00edan a la escuela. Con mi t\u00eda al volante salimos temprano aquel domingo. Pasa como en un sue\u00f1o dentro de otro sue\u00f1o la carretera hacia levante. Queda atr\u00e1s el inmenso gas\u00f3metro, las f\u00e1bricas, los patios del ferrocarril, los interminables aleda\u00f1os y los shanty-towns que acusan los signos inconfundibles de una mexicanidad miserable y abyecta. Poco a poco el sue\u00f1o frut\u00edcola de Luther Burbank va cobrando preeminencia en el paisaje y suplantando la endeble arquitectura dom\u00e9stica urbana de light-frame. Hacia el mediod\u00eda llegamos al Knott\u2019s Berry Farm, inmenso restaurant de pollo frito, donde nos paramos a comer. Ahora lo considero un presagio significativo. Despu\u00e9s de visitar apresuradamente el Far West Village, con su horca, su banco, su c\u00e1rcel, su saloon, seguimos nuestro camino entre hortalizas cuidadas por hombres rubios bronceados por el sol de California, enfundados en sus camisolas grises que dicen con grandes letras negras POW; m\u00e1s adelante otros hombres, morenos, tocados con sombreros mexicanos de palma pero con iguales camisolas se afanan entre los vi\u00f1edos. Alemanes e italianos que han recorrido el largo trayecto de la guerra desde el desierto de Tobruk hasta el de Mojave. Hacia las tres de la tarde llegamos a nuestro destino, punto final de una tortuosa y estrecha carretera condal: Lake Elsinore. M\u00e1s all\u00e1 de las monta\u00f1as que rodean el lago, dec\u00edan \u2014no a ciencia cierta, claro\u2014 que no hab\u00eda m\u00e1s que el desierto y el misterio. Una leyenda paradisiaca penetrar\u00eda la imaginaci\u00f3n y el sue\u00f1o, se prolongar\u00eda a lo largo de los meses y de los a\u00f1os en otro sue\u00f1o y \u00e9ste a su vez se mezclar\u00eda con otros y as\u00ed sucesivamente hasta que la vida entera quedaba rodeada de sue\u00f1os, aprisionando en su centro un sue\u00f1o \u00fanico que ahora que lo estoy so\u00f1ando otra vez por escrito los abarca a todos y en el que todos se confunden en una sola imagen: la del Deseo. Fuera del sue\u00f1o, sobre el mapa, el Lago Elsinore se extend\u00eda de este a oeste a lo largo de unas seis o siete millas, pero su anchura mayor no era m\u00e1s de una. Estas proporciones lo hac\u00edan ideal para pista de carreras de lanchas de alta velocidad. El lugar hab\u00eda tenido su apogeo al final de los a\u00f1os veinte. Los noticieros de la \u00e9poca abundan en bellas ba\u00f1istas que presencian las carreras de lanchas. Elsinore era la sede veraniega de Aim\u00e9e Sample McPhearson, fundadora de una religi\u00f3n entusiasta, y los newsreels la mostraban cruzando a nado el lago desde la playa junto a la iglesia hasta el embarcadero del Southern California Automobile Club, en la otra ribera. Sobre todos estos recuerdos presid\u00eda el mito legendario e impreciso de Olympic Gardens, situados en alg\u00fan lugar detr\u00e1s de las monta\u00f1as que bordeaban el lago hacia el sur y que ten\u00edan fama secreta y mal\u00e9vola entre los adeptos a la vida, por llamarla de alguna manera, naturista y a las revistas subrepticias de desnudo al natural. La Escuela Naval y Militar de Elsinore, mejor conocida en mi memoria por su sigla ENMS, situada en la ribera meridional del lago m\u00e1s cerca de su extremo occidental, no era sino el centro nervioso del vasto imperio del Coronel Hunter. De all\u00ed part\u00edan las consignas que reg\u00edan una hacienda que muchas millas a la redonda lo abarcaba todo: las nogaleras, los naranjales, las porquerizas, los establos, las cuadras, las granjas av\u00edcolas, los inmensos gallineros de las ponedoras \u2014los m\u00e1s grandes que hab\u00eda al oeste de las Monta\u00f1as Rocosas\u2014 y el lago mismo \u2014sobre el que detentaba droit de passage, simb\u00f3licamente, claro\u2014 eran de su propiedad. El edificio que ocupaba la escuela era el trasunto adaptado de lo que hab\u00eda sido el SCAC, meta natatoria de Aim\u00e9e Sampl\u00e9, que el Coronel Hunter hab\u00eda podido adquirir, junto con las tierras ribere\u00f1as y aleda\u00f1as, en condiciones ventajosas despu\u00e9s del crack del 29. Ec\u00f3nomo perspicaz, al Coronel no le fue muy dif\u00edcil hacer fructificar sus dominios desolados por la depresi\u00f3n convirtiendo la cuenca abandonada por el turismo en un emporio agropecuario y satisfacer al mismo tiempo una vocaci\u00f3n militar frustrada por esa edad intermedia que no le hab\u00eda permitido participar ni en la Primera ni en la Segunda con una fachada pedag\u00f3gica para la formaci\u00f3n de j\u00f3venes destinados a la carrera de las armas, ya fuera en el Army o en la Navy. El car\u00e1cter naval de la escuela se reduc\u00eda casi exclusivamente a la proximidad del lago y a la existencia de un muelle destartalado que la desecaci\u00f3n hab\u00eda dejado tierra adentro hac\u00eda mucho tiempo. Ninguna embarcaci\u00f3n surcaba las aguas tranquilas del lago. Esa perspicacia tambi\u00e9n le hab\u00eda permitido al Coronel Hunter fundar la m\u00e1s prestigiada, la m\u00e1s fotog\u00e9nica, la m\u00e1s exclusiva, e igual que sus pavos de triple pechuga, la mejor escuela militar al oeste de las Monta\u00f1as Rocallosas, y, sobre todas las cosas, la m\u00e1s segura. Nunca, desde que se hab\u00eda fundado en 1930, ning\u00fan cadete hab\u00eda conseguido escapar. Geogr\u00e1fica y topogr\u00e1ficamente era imposible salir de all\u00ed despu\u00e9s de haber entrado. El emporio estaba noblemente administrado, Todo estaba m\u00e1s o menos en familia. El Coronel Hunter presid\u00eda sobre todos y Mrs. Hunter sobre las actividades sociales, fiestas, bailes y esas cosas. Ten\u00edan una hija, Diana, interna en una escuela, LaRue School for Girls, que estaba en un pueblo cercano a Elsinore. Las hermanas de Mrs. Hunter tambi\u00e9n participaban junto con sus maridos en la administraci\u00f3n de la escuela y la hacienda. Mrs. Lang se encargaba de la secci\u00f3n de los peque\u00f1os y administraba las sesiones de Sunday school. Su marido el Capt. Lang era algo as\u00ed como el intendente general de la finca. A otra no la recuerdo, pero su marido, el Capt. Murchison, era el Senior Commander del Cuerpo de Cadetes, encargado del orden y la disciplina; su hija Margie preparaba los milkshakes en el Kadets\u2019 Korner, la cafeter\u00eda. Hab\u00eda un gran n\u00famero de mujeres; algunas de ellas ten\u00edan a sus hijos como cadetes. Tal era el caso de otra de las hermanas de Mrs. Hunter, Mrs. Congrave, la profesora de Historia, madre del Lt. Congrave, sobrino del Coronel Hunter, encargado de la armer\u00eda. Tambi\u00e9n Mrs. Sakall, la dietista, blanca, l\u00edvida y siempre vestida de blanco de pies a cabeza. Hablaba con una voz muy dulce, casi inaudible, pero con fuerte acento eslavo. Era viuda de guerra. Su hijo estaba con los peque\u00f1os. Compart\u00eda un bungalow con una de sus ayudantes en la cocina: Grandma Boren, una viejecita sorda que solo sab\u00eda unas cuantas palabras en ingl\u00e9s. Su nieto era ya sargento. Y Mrs. Reed, la secretaria, ten\u00eda un hijo en el junior yard igual que Mrs. Dubois, sure\u00f1a que hablaba con el acento desganado de su regi\u00f3n y se ocupaba de la roper\u00eda: ten\u00eda uno con los peque\u00f1os&#8230; Una se\u00f1ora, Ma Dowson, se ocupaba de la cl\u00ednica y enfermer\u00eda de urgencia. Era enfermera titulada, siempre llevaba su cofia blanca y su uniforme y usaba invariablemente y para todo la primera persona del plural&#8230; Did our bowels move today? La profesora de mecanograf\u00eda era viuda de guerra. Los d\u00edas calurosos daba su clase en shorts. No recuerdo su nombre porque a m\u00ed no me tocaba todav\u00eda typing, pero s\u00ed sus piernas. Compart\u00eda un bungalow grande con Mr. Stockwell, el profesor de literatura, afeminado, cl\u00e1sico. Una vez, con muchas reticencias y muecas de desagrado, nos habl\u00f3 de Poe y nos hizo leer The Raven, pero, claro, su favorito era Whitman; insist\u00eda mucho en O Captain, My Captain&#8230;! Hab\u00eda muchos m\u00e1s, hombres y mujeres. Todos acusaban alguna irregularidad vital indefinible, de edad, de nacionalidad, de condici\u00f3n. Un inmenso alem\u00e1n conocido como Swede al que le faltaba parte del cr\u00e1neo, todos los dientes y la mano izquierda y que, ayudado de unos complicados correajes, conduc\u00eda con pasmosa habilidad el enorme bulldozer. Otro alem\u00e1n gordo y rozagante, con su gorro blanco, era el chef de cocina; Karl, el janitor, era id\u00e9ntico, con todo y el cigarrillo y los anteojos de gruesos arillos, al esp\u00eda de los carteles. Nunca escuch\u00e9 su voz, y mientras encorvado sobre su cubeta y su exprimidor de rodillos mopeaba los corredores de la escuela parec\u00eda estar escuchando solapadamente lo que pod\u00eda. T. Lt. Kennedy, el contador, que nos repart\u00eda el allowance semanal y que a pesar de las disposiciones muy estrictas del Coronel Hunter, que sosten\u00eda la vigencia del Volstead Act en sus dominios, beb\u00eda secretamente de un frasco de bolsillo que guardaba en el fondo del \u00faltimo caj\u00f3n de su escritorio \u2014pero siempre se le notaba por el rubor de las narices y adem\u00e1s era indispensable. El gordo Gene, que serv\u00eda un poco para todo. De d\u00eda supervisaba los almacenes, conduc\u00eda el school-bus, la camioneta del servicio y los otros coches; despu\u00e9s de la jornada hac\u00eda de peluquero. Padec\u00eda de meteorismo cr\u00f3nico y delante de los cadetes no se reprim\u00eda produciendo la hilaridad de los que esper\u00e1bamos nuestro turno, pero su aspecto siempre congestionado lo hac\u00eda poco simp\u00e1tico. El n\u00famero de mexicanos empleados por el Coronel Hunter variaba con los a\u00f1os y con las temporadas. Viv\u00edan en unas barracas cerca de la ribera del lago y del extremo de los gallineros hacia el poniente, pero m\u00e1s all\u00e1 del per\u00edmetro de la ronda de guardia que solo comprend\u00eda los bungalows de los profesores y los gallineros as\u00ed que, con excepci\u00f3n de unos cuantos que trabajaban en la escuela, se les ve\u00eda poco. Hice, entre esos, amistad con un hombre singular; se llamaba Porfirio D\u00edaz. Era sobreviviente del Potrero del Llano y le faltaba el \u00edndice de la mano derecha que hab\u00eda perdido, dec\u00eda, en el hundimiento de ese barco. Era el jardinero y se ocupaba de cortar el c\u00e9sped, podar los rosales y barrer las hojas secas de la plataforma del asta bandera en el jard\u00edn que bordeaba la fachada de la escuela, donde ten\u00eda lugar todos los d\u00edas el cambio de guardia. Aunque era de car\u00e1cter reservado y serio yo me hab\u00eda ganado su confianza haciendo peque\u00f1os negocios con \u00e9l. En mis ratos libres, mientras iba y ven\u00eda empujando su m\u00e1quina podadora, me contaba sus aventuras marinas y me daba su versi\u00f3n del hundimiento en que hab\u00eda perdido el dedo. Era tambi\u00e9n el conducto por el que ten\u00eda vagas noticias de la vida en las barracas de los braceros, entre todos los cuales destacaba muy notablemente por su incongruencia la pareja formada por Diosdado y el Yuca, extremoso compendio de la etnograf\u00eda mexicana. Diosdado era un norte\u00f1o de imponente estatura, fornido, un poco torpe de movimientos y parco de palabra. Era de tez muy blanca y en medio de su rostro, que no afectaba m\u00e1s que un bigotillo recortado, brillaban sus ojos peque\u00f1os y negros como dos cuentecillas de azabache. Iba siempre enfundado en un overol de peto y tirantes cruzados a la espalda y calzaba unos rudos botines de obrero, todo lo cual lo hac\u00eda verse m\u00e1s grande todav\u00eda. Cuando hac\u00eda fr\u00edo se pon\u00eda una parka de cuadros de vivos colores. El Yuca, su compa\u00f1ero inseparable, no le llegaba al codo, a pesar de que usaba unos botines texanos de altos tacones y de los estrechos pantalones de vaquero con los que pretend\u00eda verse un poco menos peque\u00f1o de lo que para su desgracia era, sobre todo visto junto a Diosdado. Su tez era clara aunque te\u00f1ida de ese tono oliv\u00e1ceo caracter\u00edstico de las gentes de su tierra. Ten\u00eda la nariz grande y en forma de pico de p\u00e1jaro, pero los ojos verdes bajo las cejas arqueadas, rasgo del que se envanec\u00eda secretamente y por el que se consolaba de su deficiente estatura. Era vivaz y tonto, pero sociable, y se ve\u00eda luego que era afecto a la jarana y de temperamento tropical. Por las tardes, cuando hac\u00eda fr\u00edo, se pon\u00eda una de esas chamarras de cuero forradas de piel de borrego que llamaban de bombardero. Tal era la dispareja pareja en que la serpiente de nuestra nacionalidad se mord\u00eda la cola y que se ocupaba de recolectar los huevos de las Buff Orpington que por el piso inclinado de las jaulas rodaban suavemente hasta una canal exterior de donde los recog\u00edan. Cabe se\u00f1alar de paso, y en homenaje a las instalaciones del Coronel Hunter, que as\u00ed como cada naranjo ten\u00eda su calefactor de petr\u00f3leo que se encend\u00eda autom\u00e1ticamente en las noches de invierno as\u00ed tambi\u00e9n cada gallina ten\u00eda en su jaula una peque\u00f1a ducha que en los d\u00edas calurosos echaba, autom\u00e1ticamente, su refrescante aspersi\u00f3n. A veces conversaba yo largamente con Porfirio D\u00edaz. Entreveraba en sus aventuras de marino alguno que otro comentario acerca de los incidentes de la vida en las barracas de los braceros. La cr\u00f3nica social existe hasta en los estratos m\u00e1s rudimentarios de la vida. Como ya se dijo, el alcohol estaba estrictamente prohibido en todos los dominios del Coronel Hunter. Porfirio, que era abstemio, me contaba c\u00f3mo Diosdado y el Yuca, que ocupaban solos una de las barracas, consegu\u00edan meter una botella de vez en cuando. Seguramente eran los d\u00edas en que se escuchaba la jarana a lo lejos. A esa edad uno de los temas m\u00e1s socorridos son las mujeres. A este respecto Porfirio se mostraba m\u00e1s bien reservado. Me cont\u00f3 que era casado y que su mujer y su hijo viv\u00edan en Tampico. Las mujeres tambi\u00e9n estaban prohibidas, pero a veces, daba a entender Porfirio, consegu\u00edan llegar a las barracas. \u00bfPutas? Mov\u00eda la cabeza entre dudoso y mordaz. Qui\u00e9n sabe; a la mera hora&#8230; \u00bfDe d\u00f3nde ven\u00edan? \u00bfDe Riverside? Qui\u00e9n sabe; a la mera hora&#8230; \u00bfCu\u00e1nto costaba cogerse una? Qui\u00e9n sabe; a la mera hora nada&#8230; y segu\u00eda yendo y viniendo con su podadora. He intentado una descripci\u00f3n de las cosas y seres m\u00e1s interesantes de la parte occidental de los terrenos de la escuela propiamente dichos. Al oriente una callecita arbolada de eucaliptos del lado de la escuela y de nogales en el otro bajaba desde la carretera hasta la orilla del lago. En el extremo, junto a la carretera, estaba la cl\u00ednica y enfermer\u00eda de Ma Dowson. En la otra punta de la calle, ya cerca de la ribera del lago, hab\u00eda un peque\u00f1o cottage cubierto de hiedra y sombreado por los retorcidos nogales y los viejos naranjos. Parec\u00eda que estaba abandonado, pero viv\u00eda all\u00ed un vecino por todos motivos singular e inolvidable: Bela Lugosi, el Conde Dr\u00e1cula. Pasaba por aquel entonces un eclipse del que no saldr\u00eda hasta pasados unos a\u00f1os, cuando ya se hab\u00eda generalizado la televisi\u00f3n y resucitaron sus viejas pel\u00edculas. A unos metros de esa casa estaba de interno su hijo de igual nombre, que introduc\u00eda entre nosotros, en la vida ordenada militarmente, el elemento terror\u00edfico y misterioso, dando lugar a bromas de mal gusto acerca de su pap\u00e1: . . . Does he sleep in a coffin the old bloodsucker? etc\u00e9tera. De la vida de interno pongo solamente lo m\u00e1s memorable. Segu\u00ed el precepto de Graci\u00e1n. Habl\u00e9 primero con los vivos y durante las primeras seis semanas de mi estancia all\u00ed, aprend\u00ed el idioma y hasta ahora el ingl\u00e9s ha sido mi segunda lengua. En algunas circunstancias de mi vida, a lo largo de los a\u00f1os que han pasado, en momentos dif\u00edciles y gloriosos, la primera. Durante el primer a\u00f1o me dediqu\u00e9 a los negocios. Con el billete que mi pap\u00e1 me hab\u00eda puesto en el compartimento secreto de la billetera y asociado con mi compa\u00f1ero de cuarto, un tal Friedman, fund\u00e9 un banco usurario que reten\u00eda prendas en garant\u00eda y mediante el consabido IOU cobraba 25% de intereses semanalmente con aumento por saldos insolutos hasta el rescate total de la prenda empe\u00f1ada. El honor militar obligaba al pago puntual. Pero al fin nuestra empresa fue intervenida y expropiada. Friedman fue mudado a otro cuarto y all\u00ed qued\u00f3 la cosa. Salimos a mano, m\u00e1s o menos. Durante las primeras vacaciones de verano que pas\u00e9 en M\u00e9xico, me inici\u00e9 en las artes carnales con la recamarera Irene y a mi regreso a Los Angeles para el segundo curso en el oto\u00f1o, me detuve en la librer\u00eda que estaba en Pershing Square. Compr\u00e9 Van Nostrand\u2019s Scientific and Technical Encyclopaedia y una edici\u00f3n en ingl\u00e9s de la Psychopathia Sexualis. Ansiaba saberlo todo&#8230; El c\u00e9lebre manual del Profesor Krafft-Ebing iba noche a noche de cuarto en cuarto y de mano en mano a raz\u00f3n de two bits la noche con derecho a traducci\u00f3n de las locuciones latinas, lo que se me facilitaba por el espa\u00f1ol secretis vaginae suae ad membrum viri so that the dog, attracted by the smell, membrum quoque lambebat. Hasta que no fue descubierto, decomisado y hecho desaparecer como por arte de magia, me rindi\u00f3 buenas ganancias y mis clientes no me delataron. Tres a\u00f1os hab\u00edan pasado sin que mi vocaci\u00f3n a las armas despertara m\u00e1s que muy d\u00e9bilmente. Me conformaba con el orden y la disciplina que, contrariamente a lo que todos creen, eximen de todo esfuerzo individual; las marchas forzadas, las paradas de gala, los ejercicios ecuestres, las rondas nocturnas de guardia y los deportes obligatorios, lejos de templar el esp\u00edritu lo disolv\u00edan en una rutina autom\u00e1tica y sin gracia. Fui buen tirador y le ten\u00eda un cierto afecto a mi rifle que pod\u00eda desarmar, limpiar y volver a armar con los ojos vendados. Todav\u00eda recuerdo el n\u00famero de serie con que estaba registrado en la Armer\u00eda Nacional de Springfield el que me toc\u00f3 el \u00faltimo a\u00f1o: 1005740013075. De la vida en ENMS pongo lo m\u00e1s memorable, casi todo lo cual pas\u00f3 durante mi \u00faltimo a\u00f1o all\u00ed. Al poco tiempo de haber comenzado el a\u00f1o escolar \u2014debe de haber sido en septiembre u octubre\u2014 ocurri\u00f3 un hecho extraordinario que me vali\u00f3 mi primer ascenso y que si no se hubiera producido delante de m\u00ed me hubiera mantenido en la condici\u00f3n de cadete raso sin obtener siquiera el grado m\u00e1s bajo del escalaf\u00f3n: PFC, soldado de primera clase. Estando de guardia una noche, mientras hac\u00eda la ronda detr\u00e1s del ala de los salones de clase, hacia los gallineros y ya cerca de las barracas de los mexicanos me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el sonido de una guitarra con la que se acompa\u00f1aba en voz de falsete una l\u00e1nguida y triste canci\u00f3n mexicana&#8230; Yo s\u00e9 que nunca&#8230; Las luces de una barraca estaban encendidas pero todo estaba sin novedad. Debe de haber sido cerca de la medianoche cuando hice la contrarronda. La voz que cantaba se hab\u00eda callado y las luces de la barraca se hab\u00edan apagado. O\u00ed un tronido como de madera que se raja y, en menos tiempo del que me toma escribirlo, un extremo de los gallineros estaba envuelto en llamas. El fuego aumentaba y avanzaba a gran velocidad. Durante unos segundos no supe qu\u00e9 hacer primero, si tocar el silbato o dar la voz de alarma. Toqu\u00e9 el silbato y me fui corriendo hacia los bungalows de los profesores. Fire! Fire! grit\u00e9, luego fui hacia las barracas de los les de entender que las del amor. Mi amistad con braceros y grit\u00e9 en espa\u00f1ol iFuego! iFuego! Volv\u00ed, a sonar el silbato. Vi, como quien ve pasar su propio reflejo en una vidriera, pasar una silueta, pero no me detuve a investigar. Me fui corriendo hacia el edificio central por el campo de parada gritando Fire! Fire! y tocando la se\u00f1al de alarma en mi silbato. Las gallinas son material altamente inflamable y combustible. Dos horas m\u00e1s tarde no quedaba nada de los gallineros m\u00e1s grandes al oeste de las Monta\u00f1as Rocallosas. Al d\u00eda siguiente hubo asueto y pudimos dormir hasta media ma\u00f1ana. Por la tarde, durante la retreta, se anunci\u00f3 mi ascenso a PFC. Por fortuna nos dieron de cenar corned beef hash porque el olor de plumas quemadas y de pollo rostizado, que me en sus ratos francos. Fred confiaba en que durante recordaban el Knott\u2019s Berry Farm, persisti\u00f3 en todo el Valle de Elsinore durante mucho tiempo. De hecho, hasta que lleg\u00f3 la fiesta del D\u00eda de Gracias, \u00faltimo jueves de noviembre, que ir\u00eda a pasar a Pasadena en casa de mi amigo Fred.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">T\u00edtulo original: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Elsinore: un cuaderno<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Salvador Elizondo, 3\u00aa ed., pp. 9-28<br \/>\n<\/span>R. \u00a9 2001, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica<br \/>\n<span style=\"font-weight: 400;\">Carretera Picacho Ajusco 227, 14110 Ciudad de M\u00e9xico<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Salvador Elizondo, escritor mexicano (derecha), con Octavio Paz (centro) y Jorge Luis Borges (izquierda).<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I Estoy so\u00f1ando que escribo este relato. Las im\u00e1genes se suceden y giran a mi alrededor en un torbellino vertiginoso. Me veo escribiendo en el cuaderno como si estuviera encerrado en un par\u00e9ntesis dentro del sue\u00f1o, en el centro inm\u00f3vil de un v\u00f3rtice de figuras que me son a la vez familiares y desconocidas, que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":39012,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[4086],"tags":[5254],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[5287],"class_list":["post-39126","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-clasicos-lalt","tag-numero-33","lal_author-salvador-elizondo-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39126","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39126"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39126\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":39851,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39126\/revisions\/39851"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/39012"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39126"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39126"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39126"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=39126"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=39126"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=39126"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=39126"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=39126"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}