{"id":39072,"date":"2025-03-29T15:03:46","date_gmt":"2025-03-29T21:03:46","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=39072"},"modified":"2025-03-30T13:38:01","modified_gmt":"2025-03-30T19:38:01","slug":"el-lector-melancolico-ricardo-forster-y-la-biblioteca-infinita-leer-y-desleer-a-borges","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2025\/03\/el-lector-melancolico-ricardo-forster-y-la-biblioteca-infinita-leer-y-desleer-a-borges\/","title":{"rendered":"El lector melanc\u00f3lico: Ricardo Forster y La biblioteca infinita. Leer y desleer a Borges"},"content":{"rendered":"<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cPara Forster, en Borges la lectura infantil es la \u00fanica en la que el lector es plenamente parte de lo que lee. La lectura adulta, en cambio, est\u00e1 mediada; es una lectura de distancias y de involucramientos que establecen una diferencia entre lo escrito y el acto de leer.\u201d<\/span><\/i><\/p>\n<\/blockquote>\n<p><b><br \/>\nI. Leer y escribir en la \u00e9poca Potemkin<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En alg\u00fan lugar de su voluminosa escritura, George Steiner nos lleva a poner la atenci\u00f3n sobre la cuidada arquitectura y las espl\u00e9ndidas fachadas de ciudades europeas que fueron ferozmente bombardeadas durante la Segunda Guerra Mundial (Varsovia, Berl\u00edn, Bratislava, Hamburgo, entre tantas otras) y que en nuestro presente aparecen como si las llamas de la Historia no las hubiesen arrasado. Entre sus calles, sobre todo en las de los antiguos barrios, pareciera que el tiempo se ha detenido. Sin duda hay tr\u00e1fico, gente que circula, comercios que abren y cierran en horarios establecidos. Pero cada plazoleta, cada fachada de edificios antiguos, cada techumbre, cada espacio que se nos ofrece, pareciera sacado de una bodega de utiler\u00eda, desprendiendo una rara sensaci\u00f3n de artificio. Su pretendida inmediatez resulta falsa o inadecuada. La perfecci\u00f3n y detalle minucioso de cada mil\u00edmetro restaurado, ordenado y reconstruido durante la postguerra, llega a ser fantasmag\u00f3rico: la asepsia indolente arguye en cada rinc\u00f3n de esas ciudades un gesto inhumano, pero sonriente, emp\u00e1tico y fr\u00edamente pertinente. Convertidas en gigantescas y grotescas versiones modernas de esos \u201cpueblos Potemkin\u201d que los ministros de la zarina Catalina la Grande de Rusia le ofrec\u00edan construidos con id\u00edlica premura durante sus viajes de inspecci\u00f3n a sus territorios, es muy probable que buena parte de nuestra experiencia inmediata se vea cada vez m\u00e1s desplazada hacia la figuraci\u00f3n ficticia de lo que podr\u00eda considerarse solo como discurso. Apariencia y espect\u00e1culo y disoluci\u00f3n del mundo ficcional.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nuestra \u00e9poca es un \u201cpueblo Potemkin\u201d que se ha vuelto hiperb\u00f3lico. En una \u00e9poca as\u00ed \u2014una \u00e9poca de pantallas\u2014, volver al libro es un gesto melanc\u00f3lico. Es decir, un anhelo de recobrar el viejo equilibrio entre el microcosmos y el macrocosmos que se ha visto trastocado: el orden est\u00e1 perturbado, reina la confusi\u00f3n y el sujeto afectado ya no obedece a las leyes que rigen de forma inseparable el universo y su propio destino. La pantalla ha anulado el desplazamiento bajo la promesa de la inmediatez que solo es la m\u00e1scara de la extra\u00f1eza. El libro nos trae esa conciencia desplazada que forma parte esencial de aquella tristeza aguda que nos incita el deseo de recobrar la vida. El libro nos abre a la reflexi\u00f3n sobre el desplazamiento. Es una reflexi\u00f3n desplazada, pues concibe a la lectura como un acto que no es fortuito ni casual y que posee en s\u00ed mismo una simbolog\u00eda vital e intelectiva que desear\u00eda dejar constancia del car\u00e1cter numinoso del acceso, encuentro y uso del objeto libro y de las conductas ritualistas a \u00e9l adyacentes. As\u00ed, tal como nos recuerda Walter Benjamin, quiz\u00e1s la mejor forma de leer el libro que queremos es escribirlo: el gesto melanc\u00f3lico por antonomasia; asunci\u00f3n y conjuro del desplazamiento para resistir la mirada petrificante y medusea de la pantalla Potemkin.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ricardo Forster, en su \u00faltimo libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La biblioteca infinita. Leer y desleer a Borges<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2024), asume el riesgo de ir contracorriente, escribiendo sobre Borges despu\u00e9s de haberlo le\u00eddo toda una vida. \u00bfQu\u00e9 se lee en el libro de Forster?, \u00bfun an\u00e1lisis cr\u00edtico al uso como pide la actual burocracia acad\u00e9mica? Por supuesto que no. \u00bfUn contrapunto a esos libros hoy por hoy imprescindibles de la bibliograf\u00eda borgiana como los de Sucre, Sarlo, Pauls, Rodr\u00edguez Monegal o Guti\u00e9rrez Girardot? En parte s\u00ed, en parte no. El giro personal de Forster en este libro apunta m\u00e1s a una exploraci\u00f3n de esa efigie que es Borges a modo de un s\u00edmbolo plural que a un mero escrutinio respecto de una herencia bibliogr\u00e1fica vast\u00edsima. Leer a Borges para Forster es como un viaje. Una especie de apertura asombrada y reflexiva con los mundos que presenta el autor de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El Aleph<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Ciertamente abordar este nuevo libro de Forster es, de alguna manera, saldar una deuda de lector: por un lado, para nosotros, es apreciar c\u00f3mo ac\u00e1 se llega a una especie de culminaci\u00f3n gozosa de las obsesiones de un ensayista que ha hecho de la memoria, la lectura, Walter Benjamin, la infancia, la ciudad, el juda\u00edsmo y la reflexi\u00f3n cr\u00edtica, los avatares reiterados de una escritura que lleva d\u00e9cadas en ejercicio. Por otro lado, es tambi\u00e9n la deuda que Forster asume consigo mismo, en tanto ensayista, para dilucidar en Borges y por Borges su propia impronta imaginativa, cultural y pol\u00edtica: devaneos de un ritmo personal que encauza su muy singular lucidez melanc\u00f3lica donde se ve involucrado el mundo de la literatura, la escritura, la ense\u00f1anza, las humanidades, la filosof\u00eda y el ensayo. Es como si en este libro sobre Borges, Forster se adentrara no en un objeto de estudio como ense\u00f1a la convenci\u00f3n universitaria, sino en la conversaci\u00f3n infinita con las obsesiones que cruzan su trabajo intelectual de a\u00f1os. Ac\u00e1 Forster, con palabras de Borges, sue\u00f1a, prev\u00e9, analiza, parafrasea y establece una red de referencias que a la larga no sabemos si son de \u00e9l, de Borges o de aquel Nadie agazapado en las citas y alusiones generosas que cruzan todo el texto. En esa apasionante superposici\u00f3n, m\u00e1s que nada, se inscribe el desplazamiento: el gesto melanc\u00f3lico de este ensayista para v\u00e9rselas de frente con la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">tentatio<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> ins\u00edpida de nuestra \u00e9poca Potemkin. Dada la derrota de la realidad, bienvenida sea la organizaci\u00f3n vertiginosa de la memoria en los recovecos que la lectura ilumina. En ese sentido, pareciera ser que para Forster, Borges es el pretexto ideal para dar cuenta de esos resabios o intersticios que permiten la aparici\u00f3n de esquirlas de sentido que a\u00fan sobreviven en medio de la espectacularidad atosigante de la hora presente. M\u00e1s que biograf\u00eda intelectual de un autor can\u00f3nico, veo ac\u00e1 una especie de autobiograf\u00eda necesaria para este siglo XXI cada vez m\u00e1s \u00e1grafo y visual.<\/span><\/p>\n<p><b><br \/>\nII. El bibliotecario melanc\u00f3lico<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Walter Benjamin, en su ensayo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Desembalo mi biblioteca<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, ofrece una profunda reflexi\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre el individuo y los libros que lo rodean. Para Benjamin, la biblioteca no es solo un conjunto de vol\u00famenes, sino un espacio cargado de significados, recuerdos y emociones. Cada libro es un testigo de nuestra vida, un fragmento de nuestra historia personal que evoca momentos, pensamientos y sentimientos. La melancol\u00eda, en este contexto, no es un sentir adosado a una eventual nostalgia por lo que cada libro evoca. Se trata m\u00e1s bien de una especie de hilo conductor que une la reflexi\u00f3n, la cita y la memoria. La pesantez melanc\u00f3lica conlleva, entre muchas otras cosas, que no olvidemos la obsesa man\u00eda de la cita, de la referencia, de la par\u00e1frasis: un \u00e1nimo por conjurar ese vac\u00edo que tras toda textualidad se vuelve algo amenazante, mostr\u00e1ndonos la debacle ontol\u00f3gica que implica el desmantelamiento de cualquier certeza fundada sobre s\u00ed misma. El <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">horror vacui<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que todo archivero, bibliotecario y, dig\u00e1moslo de una buena vez, cualquier lector fiel a s\u00ed mismo, encuentra al final del anaquel, implica, muy probablemente, un volcamiento sobre las lecturas pasadas y entra\u00f1ables que, revisitadas, se convierten en aliciente est\u00e9tico y moral para conjurar de alguna forma el vaciamiento del presente. As\u00ed, al desempacar su biblioteca, Benjamin no solo organiza sus libros, sino que tambi\u00e9n revive las experiencias asociadas a ellos. Esta acci\u00f3n de desempacar se transforma en un acto de introspecci\u00f3n, donde cada t\u00edtulo evoca recuerdos que pueden ser tanto placenteros como dolorosos. La melancol\u00eda, entonces, se manifiesta como una forma de auscultar por lo que ha sido, por las lecturas que han dejado huella en nuestra identidad. <\/span><\/p>\n<blockquote><p><b><i>\u201cEl libro de Forster sobre Borges es eso y m\u00e1s: siendo un artefacto que sobresale entre el itinerario de referencias a otros libros, es un mecanismo que se activa con aquella energ\u00eda de contrastes que,\u00a0a falta de otro nombre, nominamos como\u00a0melancol\u00eda.\u201d<\/i><\/b><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La cita y la par\u00e1frasis, en el hacer melanc\u00f3lico, se presentan como un puente entre el pasado y el presente. Al citar a otros autores, se establece un di\u00e1logo que enriquece nuestra comprensi\u00f3n del mundo. Sin embargo, esta pr\u00e1ctica tambi\u00e9n puede evocar una sensaci\u00f3n de p\u00e9rdida, ya que cada cita nos recuerda que las voces del pasado ya no est\u00e1n presentes en nuestra realidad inmediata. La melancol\u00eda se asoma aqu\u00ed, record\u00e1ndonos que, aunque los libros nos conectan con otros tiempos y pensamientos, tambi\u00e9n nos confrontan con la ausencia de aquellos que han influido en nuestra formaci\u00f3n. En esta encrucijada, el libro sobre Borges de Forster es un avezado ejercicio de archivero. Y no refiero a las tan tra\u00eddas y llevadas teor\u00edas en torno al archivo que pululan en la nomenclatura cultural y literaria contempor\u00e1nea. M\u00e1s bien quisiera se\u00f1alar lo que denominar\u00eda como el establecimiento de una discontinuidad din\u00e1mica del sentido, es decir, la radicalidad inherente a toda escritura ensay\u00edstica que implica desarrollar una cultura letrada sobre las ruinas de un alfabeto abolido del cual recordamos los gestos enunciados desde la reflexi\u00f3n memoriosa. Algo similar a lo que el ensayista chileno Mart\u00edn Cerda se\u00f1ala cuando intenta comprender la ruptura entre la palabra y la cosa significada, viendo en la discontinuidad m\u00e1s que una ruina, una ocasi\u00f3n para generar posibilidades expresivas y vitales en esa tierra de nadie que hab\u00edamos nominado como realidad. Creo que esa tensi\u00f3n, en el libro de Forster, se aprecia perfectamente cuando se re\u00fanen ah\u00ed una serie de alusiones y \u201ctextos\u201d que, en relaci\u00f3n con Borges, permiten una apertura cada vez m\u00e1s heterog\u00e9nea de referentes, creando la sensaci\u00f3n de c\u00edrculos conc\u00e9ntricos en expansi\u00f3n. Una especie de rompecabezas donde cada pieza forma parte de un todo que no es buscado como una totalidad aprehensible en la inmediatez de la comprensi\u00f3n, sino en la reverberaci\u00f3n no causal de las asociaciones. Desde esa perspectiva, Borges es entre un veedor y una justificaci\u00f3n, una ventana abierta y una confirmaci\u00f3n, una especie de t\u00f3tem sobre el cual vuelve una y otra vez, regresiva y perifr\u00e1sticamente, la escritura de Forster: ciudad, memoria, juda\u00edsmo, viaje y lectura. En las diversas \u201crepisas\u201d de esa biblioteca que es este libro, Forster ordena, orienta y practica el arte de la deriva como todo buen ensayista que se precie. M\u00e1s que una jerarqu\u00eda elaborada por filiaciones prestigiosas, nuestro autor lee mientras escribe. Un modo de proceder que permite asociaciones que marcan su propia racionalidad o, m\u00e1s bien, su trayectoria incumbente. Porque no se trata de explicar, ni menos dirimir una versi\u00f3n correcta de la hermen\u00e9utica que gira en torno al mundo borgeano, sino que se trata quiz\u00e1s de ir dejando una serie de huellas entre los textos en que hace escala: ya sea Benjamin, ya sea Marechal, ya sea Piglia, ya sea el propio Borges, ya sea Kafka, ya sea Salgari u otro autor. Con lo dicho hasta ac\u00e1, ese bibliotecario melanc\u00f3lico que ser\u00eda como el \u201chablante\u201d que discurre en el libro de Forster (como si de un poema se tratara) traza un itinerario que obedece al ejercicio del escribir mismo. Por eso es interesante apreciar que mientras avanzamos en la lectura, este libro no muestra necesariamente un plan espec\u00edfico. A medida que se lee, se hacen asociaciones. Sin duda una tentadora anarqu\u00eda que nos incita a sentir una experiencia de libertad, pero tambi\u00e9n un ordenamiento que parece tener el rostro del azar, y que, sin embargo, muestra en su despliegue una articulaci\u00f3n cuasi secreta que emerge en tanto la mirada discurre m\u00e1s all\u00e1 de las referencias que activan la percepci\u00f3n. Por ello, creo, el t\u00edtulo es m\u00e1s que pertinente; es una justificaci\u00f3n tan borgeana y a la vez, tan propia de Forster: la biblioteca infinita como met\u00e1fora de la amplitud que nos supera y que estar\u00edamos tentados a nominar como \u201cvida\u201d. Esa met\u00e1fora no es nueva para nuestro ensayista. En un ensayo suyo titulado precisamente \u201cLa biblioteca\u201d, recopilado en dos libros anteriores como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La muerte del h\u00e9roe <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2011) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Huellas que regresan<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2018) se aprecia el cruce entre lo biogr\u00e1fico y bibliogr\u00e1fico, el ordenamiento de las pasiones imaginativas de la juventud y de la madurez como una b\u00fasqueda que hilvana experiencias y libros, que hace del libro experiencia y que permite justificar la experiencia como tal. En esos ensayos, como en el presente libro, Forster lleva a cabo una estrategia de lectura melanc\u00f3lica que puede ser analogable al modo de leer que posee el propio Borges: la infinitud de la biblioteca entendida como el abordaje a una enciclopedia ligada a lo imprevisto: abrir una p\u00e1gina cualquiera implica reunir entradas no vinculantes, sino bajo la misma letra del abecedario. En aquel proceder, Forster escribe tal como lee Borges cuando este se empe\u00f1a en dar forma escrita a la opacidad de sus sue\u00f1os o pesadillas: aquella mezcla entre erudici\u00f3n, juego ir\u00f3nico, nostalgia, infancia, alucinaciones y obsesiones varias. Todo lector de Borges termina escribiendo sobre Borges como el bibliotecario melanc\u00f3lico que, seducido por la infinitud de la biblioteca que ha custodiado toda la vida, sabe que hay un gusto especial entre goce y refugio en la escritura que se espejea a s\u00ed misma. Forster, como tantos otros antes y despu\u00e9s, es uno de esos bibliotecarios.<\/span><\/p>\n<p><b><br \/>\nIII. Lecturas de infancia<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No es posible deslindar de este libro todas sus claves de lectura. Una tarea imposible. Habr\u00eda que escribir un nuevo libro solo para eso. Aqu\u00ed, para finalizar, solo deseo referirme a una de esas claves, probablemente, una de las m\u00e1s relevantes: la infancia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La infancia es una etapa en la vida llena de descubrimientos, juegos y, sobre todo, historias. Haciendo un hiato arbitrario para dar cuenta de la relevancia de aquello, quiz\u00e1s el Romanticismo alem\u00e1n es el que pone sobre la palestra aquel tema: poemas, fragmentos, cartas, cuentos, novelas o m\u00e1s bien, proyectos de novela y otro tipo de textos bastante inclasificables, son el soporte desde el cual se levanta un imaginario que posee en sus p\u00e1ginas lo fundamental: la experiencia primigenia del mundo. En Novalis, en Jean Paul, en los hermanos Schlegel y en los hermanos Grimm, en von Kleist, en Hoffmann, en tantos otros, esa experiencia es la mirada y c\u00f3mo esa mirada deletrea lo circundante. Mucho confluye ah\u00ed: el asombro y el descubrimiento, el gesto aleatorio del ordenamiento de las cosas, las asociaciones inesperadas, la \u201cprimera vez\u201d de la percepci\u00f3n, la seducci\u00f3n de ir hacia el afuera, llevando dentro de la propia subjetividad (ese \u201cyo\u201d amplio, vers\u00e1til y l\u00fadico) las posibles respuestas a lo que el descubrimiento propone a su ritmo. Ac\u00e1 descubrir es constatar, tal como el joven disc\u00edpulo en Sa\u00eds del relato de Novalis narra su paulatina concientizaci\u00f3n de lo que le rodea, de s\u00ed mismo y de su proyecci\u00f3n futura. Antes que Nietzsche, parafraseando a P\u00edndaro, dijera \u201cdebes aprender a ser lo que eres\u201d, ya los rom\u00e1nticos sab\u00edan que no hay un <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">ir hacia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que no signifique, a su vez, viajar hacia el mundo interior. Y ese viaje, en el caso de Borges, tiene nombre: la lectura de los libros de infancia que le permiten imaginar, pero tambi\u00e9n atesorar la experiencia de la aventura como necesidad que no se limita a lo f\u00edsico o espacial. El poder de la imaginaci\u00f3n es poderoso. Tal vez por ello los libros que leemos en la infancia no solo nos entretienen, sino tambi\u00e9n moldean nuestra percepci\u00f3n, nuestra capacidad para comunicarnos, nuestra capacidad para relacionarnos con nosotros mismos. La relaci\u00f3n entre infancia y literatura es profunda y, a menudo, melanc\u00f3lica, no solo o exclusivamente porque esos primeros encuentros con las palabras pueden dejar una huella imborrable en nuestra vida adulta, sino porque las historias ah\u00ed plasmadas nos recrean a nosotros mismos, permiti\u00e9ndonos contar nuestra propia mismidad, elaborando ese mundo del cual formamos parte hasta que se nos viene la muerte.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Forster observa agudamente que a los escritores siempre se les pregunta sobre sus influencias o lecturas relevantes, pero que la mayor\u00eda pasan por alto las lecturas de infancia.\u00a0 Borges, en ese sentido, da un salto y no renuncia a la infancia, porque, en alg\u00fan punto, como se\u00f1ala nuestro ensayista, el autor de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Inquisiciones<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> fue un ni\u00f1o toda su vida. En verdad, Borges nunca sali\u00f3 de la biblioteca de su casa paterna. El mundo para \u00e9l fue visto a trav\u00e9s de los libros que ley\u00f3. En esa sutil observaci\u00f3n, no anida la nostalgia por un mundo ya devenido, sino m\u00e1s bien presenciamos la estrecha ligaz\u00f3n que existe entre infancia y lectura. Para Forster, en Borges la lectura infantil es la \u00fanica en la que el lector es plenamente parte de lo que lee. La lectura adulta, en cambio, est\u00e1 mediada; es una lectura de distancias y de involucramientos que establecen una diferencia entre lo escrito y el acto de leer. En cambio, la lectura infantil es una lectura de inmersi\u00f3n, de plenitud, pero no necesariamente de claridad pr\u00edstina. Cada historia se convierte en un espejo donde reflejamos nuestra propia opacidad. De aquella manera, la experiencia borgiana emerge construida desde y en el interior de innumerables p\u00e1ginas le\u00eddas durante la infancia, creando una efigie equidistante entre la apariencia de cierta ingenuidad atribuible a la inocencia y el aparente distanciamiento del anacoreta respecto del mundo. Entre ambos l\u00edmites, Forster identifica una experiencia continua de lectura inacabable, encontrando en los libros, ciertamente, una serie de relatos que configuran esa identidad huidiza, pero que conlleva de alg\u00fan modo un viaje que implica cartografiar esos territorios ignotos donde la memoria se cruza con la invenci\u00f3n, donde el recuerdo es tambi\u00e9n el presente de lo reci\u00e9n acaecido. Ah\u00ed es donde la temporalidad se vuelca sobre s\u00ed misma, apareciendo convertida en un presente que resume dentro suyo la multiplicidad de eventos de los cuales la subjetividad no puede escapar, porque simplemente le ha tocado elaborarla. De aquel modo, cada vaiv\u00e9n experiencial posee su propia historia de lectura, permitiendo a Forster se\u00f1alar de forma muy pertinente que, en sus viajes, siendo ya un autor famoso, Borges, ciego, ve lo que ha le\u00eddo: aquellas ciudades que lo retrotraen a su propia infancia donde la lectura se vuelve mediadora entre la realidad de lo le\u00eddo y la realidad concreta del lugar. En aquel detalle anecd\u00f3tico, Forster da en el clavo y confirma algo de suyo evidente, pero que es capital para entender c\u00f3mo Borges es leal a la infancia en un presentismo camuflado de iron\u00eda y que sin embargo, en verdad, no es tal distanciamiento, sino m\u00e1s cercan\u00eda creativa y menos nostalgia pesarosa: en el autor de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ficciones<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la aventura es siempre literaria; no hay otra forma de vivirla que no sea a trav\u00e9s de la literatura. Por ello, Forster constata que la infancia en Borges es siempre la infancia del lector, es decir, una experiencia que no puede ser entendida excluyendo o alejando la condici\u00f3n de ni\u00f1o que lee. El ni\u00f1o que lee en la biblioteca paterna, en el habit\u00e1culo en donde el mundo fue concebido y donde la imaginaci\u00f3n plasm\u00f3 su realidad para hacerse m\u00e1s real que cualquier otra cosa. Porque detr\u00e1s de eso, no solo est\u00e1 el volver a la lectura de Verne, Kipling, Salgari o <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Las mil y una noches<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> como si aquello fuera un ensalmo compensatorio frente una realidad dif\u00edcil de aprehender o aceptar, sino que ah\u00ed Borges construye, elabora y vivencia la circularidad del tiempo como un peculiar juego eterno de cosas, im\u00e1genes, presencias y palabras que retornan una y otra vez en la recreaci\u00f3n que efect\u00faa su propia escritura de adulto y que es leal en la radicalidad de su convicci\u00f3n. Forster pone atenci\u00f3n sobre ese gran detalle que es imprescindible en Borges: su escritura es el producto de todo lo que ley\u00f3 en su infancia, y por eso, su infancia es permanente.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>CODA<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un libro es un artefacto (algo que est\u00e1 ah\u00ed) y tambi\u00e9n un mecanismo (algo que es animado por la lectura). El libro de Forster sobre Borges es eso y m\u00e1s: siendo un artefacto que sobresale entre el itinerario de referencias a otros libros, es un mecanismo que se activa con aquella energ\u00eda de contrastes que,\u00a0a falta de otro nombre, nominamos como\u00a0melancol\u00eda: reflexi\u00f3n, ensimismamiento, evocaci\u00f3n, densa concentraci\u00f3n de pensar lo propio en el gesto ajeno de p\u00e1ginas que activan la memoria. Un mecanismo melanc\u00f3lico que cruza paisajes, horizontes, im\u00e1genes, palabras. Quiz\u00e1s Borges es todo eso\u00a0y su Aleph sea la palabra aprisionada en la garganta de un subsuelo an\u00edmico que no brota, sino en fragmentos de infancia o esquirlas de realidad. Y otras cosas. Cosas que van y vienen desde el desv\u00e1n del asombro. Que van y vienen desde los rincones de la ciudad. Desde el jard\u00edn del juego que implica deletrear los cromos o esos signos que se llaman Kipling, Verne o Salgari. O todo eso junto, como cuando en una traves\u00eda incierta\u00a0en ese\u00a0viejo\u00a0tren llamado lectura,\u00a0contemplamos\u00a0desde la ventana el crep\u00fasculo\u00a0con\u00a0su rostro enrojecido;\u00a0ese destello opaco\u00a0que nos devuelve un reflejo: nosotros mismos, siendo otros,\u00a0en\u00a0el ritmo interior que ha querido ser escritura.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Jorge Luis Borges, escritor argentino, en Mil\u00e1n, 1980. Por Dino Fracchia \/ Alamy Stock Photo.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cPara Forster, en Borges la lectura infantil es la \u00fanica en la que el lector es plenamente parte de lo que lee. La lectura adulta, en cambio, est\u00e1 mediada; es una lectura de distancias y de involucramientos que establecen una diferencia entre lo escrito y el acto de leer.\u201d I. Leer y escribir en la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":39042,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[2889],"tags":[5254],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[3341],"class_list":["post-39072","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayos","tag-numero-33","lal_author-ismael-gavilan-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39072","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39072"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39072\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":39393,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39072\/revisions\/39393"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/39042"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39072"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39072"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39072"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=39072"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=39072"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=39072"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=39072"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=39072"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}