{"id":3870,"date":"2020-08-10T03:53:33","date_gmt":"2020-08-10T09:53:33","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/08\/those-days-mr-monster-jose-luis-guerra\/"},"modified":"2024-07-06T18:41:16","modified_gmt":"2024-07-07T00:41:16","slug":"those-days-mr-monster-jose-luis-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/08\/those-days-mr-monster-jose-luis-guerra\/","title":{"rendered":"&#8220;Aquellos d\u00edas con el se\u00f1or monstruo&#8221; de Jos\u00e9 Luis Guerra"},"content":{"rendered":"<p>Durante mucho tiempo despert\u00e9 lleno de miedo. Cada ma\u00f1ana el p\u00e1nico se apoderaba de mi cuerpo cuando escuchaba un despertador que sonaba diferente al de mis amigos. No era el cantar de los gallos ni las sutiles palabras de mi mam\u00e1 ni la alarma del reloj. Lo que me despertaba era el rugido de mi t\u00edo repitiendo sin parar su propio nombre: \u00a1Ra\u00fal! \u00a1Ra\u00fal! \u00a1Ra\u00fal! \u00a1Ra\u00fal!<\/p>\n<p>Y entre aquellos gritos me arreglaba r\u00e1pido para salir al colegio.<\/p>\n<p>\u2014Buenos d\u00edas, hijo. Desp\u00eddete de tu t\u00edo \u2014me dec\u00eda Virginia, mi madre, cuando al salir le pas\u00e1bamos por un lado.<\/p>\n<p>Le ped\u00eda la bendici\u00f3n mientras \u00e9l se re\u00eda a carcajadas. A veces me daba un abrazo tan fuerte que sent\u00eda que iba a partir mis huesos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Dios te bendiga! Te quiero \u2014me dec\u00eda.<\/p>\n<p>Sus palabras de afecto hac\u00edan que perdiera el miedo. La mayor\u00eda de los adultos de mi casa las pronunciaban en alg\u00fan momento. Las asociaba con familia porque solemos pensar que la familia no hace da\u00f1o. Yo entonces ten\u00eda 5 a\u00f1os y no entend\u00eda muy bien lo que ocurr\u00eda.<\/p>\n<p>El temor siempre volv\u00eda cuando llegaba a casa.<\/p>\n<p>Ra\u00fal pod\u00eda asustar a cualquiera. Era alto, de piel blanca, gordo. Y ten\u00eda una mirada misteriosa. Usaba ropa ancha y chancletas de goma que produc\u00edan ruido al caminar. Hablaba fuerte. Era muy fuerte. A veces pensaba que era Hulk. Pero no era verde.<b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p>Cuando crec\u00ed me contaron su historia. Dicen que fue un trago lo que cambi\u00f3 su vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-3861\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/2._aquellos_dias_con_el_senor_monstruo_1.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"600\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/2._aquellos_dias_con_el_senor_monstruo_1.jpg 800w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/2._aquellos_dias_con_el_senor_monstruo_1-300x225.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/2._aquellos_dias_con_el_senor_monstruo_1-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<p>Nadie recuerda con exactitud la fecha de la noche en la que Ra\u00fal, de 17 a\u00f1os, compart\u00eda bebidas con varios de sus amigos. Algunos jugaban domin\u00f3. Fue esa noche en el barrio La Trinidad de Cuman\u00e1, la capital del estado Sucre, cuando alguien le ofreci\u00f3 un vaso de ron. Y \u00e9l lo acept\u00f3.<\/p>\n<p>Al rato, comenz\u00f3 a correr desenfrenado por toda la calle. Como enfurecido. Le cambi\u00f3 la respiraci\u00f3n, la mirada, luc\u00eda desesperado. La comunidad estaba desconcertada y ni siquiera los padres de Ra\u00fal, mis abuelos, de car\u00e1cter recio, lograban controlarlo.<\/p>\n<p>Hasta que le dio fiebre y se qued\u00f3 muy quieto.<\/p>\n<p>La gente comenz\u00f3 a comentar que el ron estaba adulterado y que por eso Ra\u00fal se hab\u00eda puesto as\u00ed. Sus padres extra\u00f1ados por ese comportamiento decidieron llevarlo al m\u00e9dico. En la consulta lo exploraron y le hicieron ex\u00e1menes de laboratorio: ten\u00eda los valores normales.<\/p>\n<p>Los doctores no brindaron un diagn\u00f3stico que explicara lo sucedido. Comentaron que los cambios en el estado de \u00e1nimo y humor pod\u00edan ser s\u00edntoma de un trastorno bipolar. Le recetaron unas pastillas y acordaron hacerle seguimiento.<\/p>\n<p>Pasaron d\u00edas, y con ellos aumentaba el murmullo de los vecinos porque el cambio constante de actitud era brusco. Al parecer las pastillas no lograban el efecto deseado.<\/p>\n<p>\u2014Ada, ya no vayan m\u00e1s al m\u00e9dico. Vamos a buscarle remedio por otro lado. Has ido tres veces y nada. De que vuelan vuelan, mi hermana \u2014 le dijo una de las vecinas a mi abuela.<\/p>\n<p>Mis abuelos hab\u00edan nacido en R\u00edo Arenas, pueblo cercano a Cuman\u00e1, y como quienes viv\u00edan all\u00ed, ella cre\u00eda en supersticiones. Decidieron llevar a Ra\u00fal a unos brujos en la ciudad de Matur\u00edn, estado Monagas. Tambi\u00e9n fueron a los poblados de Cumanacoa y Marig\u00fcitar, en Sucre. Pasaron tres a\u00f1os de brujo en brujo.<\/p>\n<p>Pero los gritos y la amargura de mi t\u00edo continuaron, seg\u00fan me contaron. Su alegr\u00eda duraba poco. A veces se volv\u00eda violento y no quedaba m\u00e1s opci\u00f3n que enfrentarlo con arrojo. La conclusi\u00f3n luego de las visitas a los brujos fue que recibi\u00f3 un trabajo por medio de aquel trago de ron. Le recomendaron remedios naturales y ba\u00f1os con hierbas.<\/p>\n<p>Ra\u00fal, con ayuda de la familia, acept\u00f3 las sugerencias y al cabo de cuatro meses parec\u00eda recuperado. Estaba tranquilo. Volvi\u00f3 a ser la persona que era antes de aquella noche: conversaba, hac\u00eda diligencias, transmit\u00eda serenidad.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-3863\" style=\"margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/3._aquellos_dias_con_el_senor_monstruo_1.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"534\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/3._aquellos_dias_con_el_senor_monstruo_1.jpg 400w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/3._aquellos_dias_con_el_senor_monstruo_1-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/>Pero el terror volvi\u00f3 tras la muerte de su pap\u00e1 en 1985.<br \/>\nYa mi t\u00edo ten\u00eda 32 a\u00f1os. Yo ni siquiera hab\u00eda nacido. Me cuentan que durante el funeral estuvo en completo silencio, pensativo, viendo las flores y el ata\u00fad. Nunca llor\u00f3. Las l\u00e1grimas se asomaban, pero se quedaban contenidas en sus ojos enrojecidos.<\/p>\n<p>El d\u00eda del entierro estaba en medio de un choque emocional. Recay\u00f3. Tuvieron que ingresarlo en el Hospital Universitario Antonio Patricio de Alcal\u00e1. All\u00ed lo evaluaron, le inyectaron sedantes y le recetaron un estricto tratamiento. Esta vez s\u00ed hubo un diagn\u00f3stico certero: padec\u00eda esquizofrenia.<\/p>\n<p>Nac\u00ed en septiembre de 1997. Como mi t\u00edo pensaba que yo era un mu\u00f1eco, mi mam\u00e1 permanec\u00eda atenta protegi\u00e9ndome de \u00e9l. A medida que fui creciendo, yo mismo manten\u00eda cierta distancia. A\u00fan as\u00ed, la familia siempre me salvaguardaba.<\/p>\n<p>Mam\u00e1 sab\u00eda que Ra\u00fal me produc\u00eda miedo. Ella me explicaba que \u00e9l era paciente psiqui\u00e1trico. Pero recuerdo que titubeaba. No encontraba las palabras correctas para que un ni\u00f1o de 7 a\u00f1os de edad, entendiera que su t\u00edo hac\u00eda cosas raras como consecuencia de su enfermedad mental.<\/p>\n<p>\u2014Jos\u00e9 Luis, no te acerques porque est\u00e1 lun\u00e1tico.<\/p>\n<p>Recuerdo esa permanente advertencia de mis familiares. Estaba en segundo grado de educaci\u00f3n b\u00e1sica y pensaba: \u00bfSer\u00e1 que es astronauta?, \u00bfD\u00f3nde estar\u00e1 su traje? \u00a1Guao! \u00bfY si le digo que me lleve a la luna en su pr\u00f3ximo viaje? \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 su nave?<\/p>\n<p>Mis pensamientos se destru\u00edan cuando ve\u00eda a <i>Panchol\u00f3n<\/i>, como tambi\u00e9n le dec\u00edamos, correr sin sentido por toda la casa, intentando abrir la reja para salir a la calle a saludar a la gente o golpeando su cabeza como un martillo enterrando clavos en la pared. Se sentaba en las mesas de vidrio hasta romperlas. Se sent\u00eda libre gritando nombres y groser\u00edas. Estaba en su mundo.<\/p>\n<p>Terminaba sus horas lun\u00e1ticas soltando orine y excremento. La sala de estar era su ba\u00f1o, el porche su dormitorio y el patio su comedor. La cocina era el \u00fanico lugar que no confund\u00eda. Le gustaba comer.<\/p>\n<p>Cuando ten\u00eda hambre gritaba a todo pulm\u00f3n: \u201c\u00a1Laura, quiero comida!\u201d.<\/p>\n<p>Laura era su hermana: alegre y bochinchera. Esa manera de ser le ayud\u00f3 a tolerar la vida que le hab\u00eda tocado al tener que ocuparse de mi t\u00edo. Trabajaba en el mercado municipal vendiendo comida para camioneros. Ra\u00fal m\u00e1s de una vez le quit\u00f3 ingredientes y se comi\u00f3 las arepas encargadas. Escond\u00eda cebollas y tomates en los bolsillos de su pantal\u00f3n y al llegar al patio se los com\u00eda a mordiscos como si fueran frutas. Terminaba de masticar mientras se beb\u00eda un sorbo de cloro o limpiador de pisos.<\/p>\n<p>Cuando mi familia olvidaba sacar del patio las botellas con los productos de limpieza, enseguida preparaban dos vasos de leche. Dicen que la leche ayuda a contrarrestar un envenenamiento.<\/p>\n<p>En casa aprendieron a controlar sus momentos esquizofr\u00e9nicos con gotas, pastillas e inyecciones. Yo, de tanto que los escuch\u00e9, me sab\u00eda los nombres de aquellos medicamentos: Meleril, Sinog\u00e1n, Akinet\u00f3n, Haldol, Neulept\u00edl. Pero fueron perdiendo eficacia. Y aunque se segu\u00edan las instrucciones de los doctores, Ra\u00fal ni siquiera dorm\u00eda.<\/p>\n<p>Parec\u00edamos zombis. Nadie lograba descansar.<\/p>\n<p>Un d\u00eda cualquiera, en 2005, mi t\u00edo se mec\u00eda en la mecedora de la sala d\u00e1ndose leves golpes en la cabeza. Era la hora de almorzar y lo llamaron para comer, pero no se levant\u00f3. Cuando le acercaron el plato de comida lo hizo volar hasta aterrizar en el piso. De inmediato busc\u00f3 la escoba que, en lugar de usarla para barrer el desastre, la us\u00f3 como arma para amenazar a todos.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 a correr desenfrenado por toda la casa. Enfurecido, otra vez. Se golpeaba la cabeza con lo que encontraba a su paso. Volvimos a vivir el primer cap\u00edtulo de su historia lun\u00e1tica. Todos estaban cargados de angustia pregunt\u00e1ndose qu\u00e9 iban a hacer. Se llevaban las manos a la cabeza porque solo quedaba media pastilla de Sinog\u00e1n y en casa tampoco hab\u00eda ampollas de Akinet\u00f3n. Era fin de semana. En Venezuela se hab\u00edan iniciado las restricciones con los medicamentos que conten\u00edan drogas.<\/p>\n<p>Hac\u00eda falta un m\u00e9dico, una enfermera, un param\u00e9dico, alguien que supiera c\u00f3mo controlarlo. Mi familia tom\u00f3 un taxi para llevarlo al \u00faltimo piso del Hospital Universitario Antonio Patricio de Alcal\u00e1. All\u00ed se encontraban los enfermos mentales. El lugar ol\u00eda a \u00f3xido y a sangre podrida.<\/p>\n<p>\u2014Buenas tardes, desde temprano mi hermano ha tenido varias crisis. No sabemos qu\u00e9 hacer \u2014dijo mi mam\u00e1 preocupada y alterada.<\/p>\n<p>\u2014Ll\u00e9veselo se\u00f1ora, por ahora los insumos se acabaron.<\/p>\n<p>La respuesta del personal m\u00e9dico la indign\u00f3 y decidi\u00f3 amenazar con dejarlo all\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014C\u00f3mo puedes decirme que me lo lleve si se supone que aqu\u00ed le garantizar\u00edan atenci\u00f3n. Si aqu\u00ed no hay medicinas, imag\u00ednate en mi casa. Hay doctores que les encanta fallar a su juramento. Si no lo recibes, igual lo soltar\u00e9 y me ir\u00e9.<\/p>\n<p>Y eso fue lo que hizo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-3865\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/4._aquellos_dias_con_el_senor_monstruo_1.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"600\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/4._aquellos_dias_con_el_senor_monstruo_1.jpg 800w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/4._aquellos_dias_con_el_senor_monstruo_1-300x225.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/4._aquellos_dias_con_el_senor_monstruo_1-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<p>Ra\u00fal qued\u00f3 deambulando por el piso 10, hasta que el personal vivi\u00f3 en carne propia lo que a diario suced\u00eda en casa. Lo ataron a una camilla y le aplicaron dosis de Haldol para controlar su desorden psic\u00f3tico.<\/p>\n<p>La psiquiatra que lo atendi\u00f3 convers\u00f3 con la familia.<\/p>\n<p>Recomend\u00f3 acondicionar los espacios para que mi t\u00edo, el se\u00f1or monstruo, pudiera volver. Aprovech\u00f3 para advertir que si el trastorno segu\u00eda avanzando tendr\u00edan que internarlo.<\/p>\n<p>En casa decidieron soldar rejas en una habitaci\u00f3n y en el patio. Buscaban la manera de mantenerlo en un solo ambiente. La forzada soluci\u00f3n empeor\u00f3 el panorama, como era de esperarse. Ra\u00fal estremec\u00eda las rejas como un preso desesperado. Extend\u00eda sus brazos para agarrar a quien estuviera cerca. De su boca sal\u00eda un recital de groser\u00edas. Deb\u00edan internarlo. No hab\u00eda m\u00e1s opci\u00f3n.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 la b\u00fasqueda del lugar apropiado para esquizofr\u00e9nicos. Pero en todos los sanatorios los cupos estaban copados. Hab\u00eda la necesidad de encontrar su bienestar sin echarlo al olvido.\u200b Cansados, y casi sin esperanzas, unos amigos de Caracas recomendaron a mis t\u00edas llevarlo a un sitio en el estado Miranda, a m\u00e1s de 330 kil\u00f3metros de Cuman\u00e1. All\u00ed, les dijeron, probablemente pod\u00edan recibirlo. Y as\u00ed fue.<\/p>\n<p>En 2006, aquel despertador con el que mis ma\u00f1anas llenas de temor iniciaban, dej\u00f3 de sonar.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, un cami\u00f3n se estacion\u00f3 afuera de mi casa para recoger los muebles de mi t\u00eda Laura. Se mudaba a una residencia en Miranda para estar cerca de Ra\u00fal. \u00c9l ingresar\u00eda al Sanatorio Mental La Paz, ubicado en el municipio Carrizal de ese estado. All\u00ed consigui\u00f3 amigos, medicinas y personal m\u00e9dico dispuesto a velar por su salud. Mis otras t\u00edas que viv\u00edan en Caracas acordaron visitarlo cada domingo. Era d\u00eda de tertulia, risas, cantos y bastante comida. Su vida dio un giro igual que la nuestra. \u00c9l estaba rozagante. Nosotros logramos descansar.<\/p>\n<p>Quienes quedamos viviendo en Cuman\u00e1, \u00edbamos espor\u00e1dicamente. No tanto como nos hubiese gustado, porque mi mam\u00e1 trabajaba mucho y no le alcanzaba ni su tiempo ni su dinero para ir tan seguido.<\/p>\n<p>Tuve la oportunidad de ir a verlo. En ese momento una sensaci\u00f3n extra\u00f1a recorri\u00f3 mi cuerpo. El miedo entr\u00f3 conmigo cuando abrieron la puerta del psiqui\u00e1trico. Despu\u00e9s se march\u00f3 y me dej\u00f3 compartir con \u00e9l. El lugar era una casa grande con jardines. Los pacientes me observaban fijamente. Hubo quienes incluso se acercaron y narraron sus vidas. Mi t\u00edo no record\u00f3 mi nombre, pero me ech\u00f3 la bendici\u00f3n al despedirme. Como siempre.<\/p>\n<p>Esa fue la \u00faltima vez que lo vi.<\/p>\n<p>El sanatorio entr\u00f3 en una \u00e9poca decadente con la disminuci\u00f3n del financiamiento. Sus ingresos depend\u00edan del Estado. Enviaron a varios pacientes a diferentes zonas del pa\u00eds. A Ra\u00fal lo llevaron al Sanatorio mental Buena Vista, en Macaira, Gu\u00e1rico, a m\u00e1s de 168 kil\u00f3metros de Miranda.<\/p>\n<p>El 10 de noviembre de 2016, Laura recibi\u00f3 una llamada desde ese psiqui\u00e1trico rural. Sin tanto rodeo, le notificaron que su hermano hab\u00eda fallecido, supuestamente a causa de una neumon\u00eda. El mismo d\u00eda se dirigi\u00f3 a las afueras de Altagracia de Orituco. Viaj\u00f3 por carreteras destruidas. Cruz\u00f3 r\u00edos y quebradas hasta llegar al lugar. All\u00ed la recibieron con el cuerpo de su hermano en descomposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Su muerte se convirti\u00f3 en un enigma.<\/p>\n<p>No hay certeza del d\u00eda ni de la causa de su fallecimiento. Con el tiempo supimos que el psiqui\u00e1trico rural de Macaira se convirti\u00f3 en un epicentro de decesos. El final de la vida de Ra\u00fal se repiti\u00f3 en otros internos. Algunas familias ni siquiera lograron enterrar a los suyos. Al llegar se enteraban de que uno m\u00e1s hab\u00eda sido sepultado en una fosa com\u00fan.<\/p>\n<p>Aquella noche del trago de ron cambi\u00f3 la vida de mi t\u00edo. Y la nuestra. De alguna manera lo perdimos. \u200bY qui\u00e9n nos iba a decir que procurando el bienestar de todos, lo volver\u00edamos a perder. Pero esta vez para siempre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-3867\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/5aquellosdiasconelsenormonstruo1.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"581\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/5aquellosdiasconelsenormonstruo1.jpg 800w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/5aquellosdiasconelsenormonstruo1-300x218.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/5aquellosdiasconelsenormonstruo1-768x558.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Esta historia fue cedida por el sitio web <a href=\"https:\/\/www.lavidadenos.com\/la-vida-de-nos-itinerante-universitaria\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><i>La Vida de Nos<\/i><\/a> y forma parte de su Semillero de Narradores.<\/p>\n<p><b id=\"docs-internal-guid-31181030-7fff-5177-bdec-38147101e631\"><a href=\"https:\/\/bookshop.org\/shop\/LALT\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Visita nuestra p\u00e1gina de Bookshop y apoya a las librer\u00edas locales.<\/a><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante mucho tiempo despert\u00e9 lleno de miedo. 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Lo que me despertaba era el rugido de mi t\u00edo repitiendo sin parar su propio nombre: \u00a1Ra\u00fal! \u00a1Ra\u00fal! \u00a1Ra\u00fal! \u00a1Ra\u00fal!<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":3867,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4449],"genre":[2015],"pretext":[],"section":[2409],"translator":[],"lal_author":[3590],"class_list":["post-3870","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-15","genre-chronicle-es","section-chronicle-es-2","lal_author-jose-luis-guerra-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3870","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3870"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3870\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":35929,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3870\/revisions\/35929"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3867"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3870"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3870"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3870"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=3870"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=3870"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=3870"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=3870"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=3870"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}