{"id":38275,"date":"2024-12-10T10:02:21","date_gmt":"2024-12-10T16:02:21","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=38275"},"modified":"2024-12-19T19:15:17","modified_gmt":"2024-12-20T01:15:17","slug":"donde-esta-el-malo-cuando-realmente-lo-necesitas-antagonistas-y-maestros-del-crimen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2024\/12\/donde-esta-el-malo-cuando-realmente-lo-necesitas-antagonistas-y-maestros-del-crimen\/","title":{"rendered":"\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el malo cuando realmente lo necesitas? Antagonistas y maestros del crimen"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #000000;\"><b>Nota del editor: <\/b><span style=\"font-weight: 400;\">En esta secci\u00f3n compartimos textos publicados originalmente por nuestra casa matriz, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">World Literature Today<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (WLT), ahora en edici\u00f3n biling\u00fce. El presente texto fue publicado originalmente en <\/span><a style=\"color: #000000;\" href=\"https:\/\/www.worldliteraturetoday.org\/2018\/may\/where-bad-guy-when-you-really-need-one-antagonists-and-master-criminals-j-madison-davis\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">World Literature Today<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> Vol. 92, Nro. 3 en mayo de 2018<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Haz click abajo para suscribirte a WLT:<br \/>\n<\/span><b>\t\t<div data-elementor-type=\"section\" data-elementor-id=\"25586\" class=\"elementor elementor-25586\" data-elementor-post-type=\"elementor_library\">\n\t\t\t\t\t<section class=\"has_ae_slider elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-8c88522 elementor-section-full_width elementor-section-height-default elementor-section-height-default ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"8c88522\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"has_ae_slider elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-147c027 ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"147c027\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-85c0392 elementor-align-left elementor-widget elementor-widget-button\" data-id=\"85c0392\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"button.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-button-wrapper\">\n\t\t\t\t\t<a class=\"elementor-button elementor-button-link elementor-size-sm\" href=\"https:\/\/my.worldlit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\n\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-content-wrapper\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-text\">SUSCRIBIRME A <i>WLT<\/i><\/span>\n\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/a>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/b><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\n\u00bfQu\u00e9 es lo que caracteriza al g\u00e9nero policial? Una respuesta simplista es \u201cla lucha entre el bien y el mal\u201d. As\u00ed como la luz cobra sentido en contraste con la oscuridad, no hay h\u00e9roe si del otro lado no hay un personaje que le haga frente. De los griegos heredamos las palabras \u201cprotagonista\u201d y \u201cantagonista\u201d, que surgieron de su t\u00e9rmino para \u201cactor\u201d (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">agon<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">), donde el \u201cprotagonista\u201d es el actor principal y el \u201cantagonista\u201d es el oponente. En la mayor\u00eda de las historias, el protagonista es \u201cbueno\u201d en el sentido que Arist\u00f3teles describe en su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Po\u00e9tica<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: no es santo ni moralmente puro (Arist\u00f3teles no era cristiano), sino que toma decisiones que el p\u00fablico interpretar\u00eda como las correctas. Pensemos en el brillante cl\u00e1sico \u201cUn jurado de iguales\u201d, de Susan Glaspell. Un grupo de mujeres oculta el hecho de que su amiga maltratada por su marido lo asesin\u00f3. Al llegar al final de la historia, en general estamos de acuerdo con su decisi\u00f3n y vemos al <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">sheriff<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> como un antagonista. Las mujeres no est\u00e1n haciendo \u201cel bien\u201d, en el sentido convencional, pero el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">sheriff<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, desde ya, no es \u201cmalo\u201d. Sus decisiones, como hombre y representante de la ley, nos muestran su ceguera ante las crueldades emocionales infligidas a la esposa durante muchos a\u00f1os. El sufrimiento de ella justifica la dif\u00edcil decisi\u00f3n de callar, y los lectores, quiz\u00e1 con cierta reticencia, la aceptan.<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En la mayor\u00eda de las historias policiales, las elecciones de los personajes no son as\u00ed de ambiguas. Sherlock Holmes est\u00e1 del lado de Dios y de la Corona, pero no lo considerar\u00edamos \u201cbueno\u201d en el sentido habitual. Es adicto a la coca\u00edna, dispara contra las paredes de su departamento y parece tener poco o ning\u00fan respeto por la gente \u201cinferior\u201d. Trata al fiel Watson (un m\u00e9dico y veterano de guerra herido) como a un perro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">King Charles spaniel<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que est\u00e1 ah\u00ed para entretenerlo. Sin embargo, Holmes y sus lectores no sufren mucho por las decisiones que \u00e9l toma: algo malo est\u00e1 pasando y \u00e9l lo va a solucionar. El Philip Marlowe de Raymond Chandler suele mostrar una compasiva simpat\u00eda por los delincuentes de poca monta y por otras cuestiones morales \u201cinsignificantes\u201d, pero nunca pone en duda \u201clo importante\u201d. Sam Spade, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El halc\u00f3n malt\u00e9s<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, se encuentra ante un agobiante dilema entre el amor y la justicia. El lector, que sabe cu\u00e1nto ama Sam a Brigid, teme que Sam no tenga la fuerza necesaria para tomar la decisi\u00f3n adecuada. Termina siendo un alivio cuando toma el camino doloroso pero correcto. Ni siquiera es capaz de explicar bien por qu\u00e9 act\u00faa as\u00ed, pero nos cae bien, y en cierta medida lo admiramos por elegir lo que quisi\u00e9ramos tener la fuerza de elegir nosotros en circunstancias similares.\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400; color: #000000;\">El antagonista, en realidad, no necesita tomar decisiones que el p\u00fablico considera \u201cno buenas\u201d. \u00c9l o ella s\u00f3lo se encarga de dificultar las \u201cbuenas\u201d decisiones del protagonista. Al oponerse al personaje principal, sea cual sea el motivo, un antagonista cumple con su funci\u00f3n dram\u00e1tica. Arist\u00f3teles escribi\u00f3 una pol\u00e9mica frase que dice que el personaje est\u00e1 al servicio de la trama. Podr\u00edamos tener una obra sin personaje, explica, pero nunca una sin trama. Es una de las cosas m\u00e1s criticadas que escribi\u00f3, y, aun as\u00ed, piensen en todas las obras que han disfrutado donde, por lo general, los personajes no son el centro. Un personaje bueno, un personaje malo y una serie de eventos que desembocan en una conclusi\u00f3n: esa es, sin duda, la base de la mayor\u00eda de los policiales.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Eso no quiere decir que la literatura de la mejor calidad nos ofrezca personajes sin complejidad ni complicaciones (\u201cprofundidad\u201d, si se prefiere), pero los conflictos entre buenos y malos son la norma en los libros, las pel\u00edculas y, a veces, incluso en los programas de televisi\u00f3n de alta calidad. Cuando me contrataron para escribir una novela original de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La ley y el orden<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, me dijeron que el desaf\u00edo para el novelista era que en el programa los personajes no estaban muy desarrollados; es decir, que a diferencia de muchas otras series de televisi\u00f3n (como la serie derivada <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La ley y el orden: Unidad de v\u00edctimas especiales<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">), las luchas internas de los personajes ten\u00edan poca o ninguna importancia. Sin embargo, casi nadie considera que<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> La ley y el orden<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> sea un programa de \u201ctelevisi\u00f3n basura\u201d. Lo pasan casi todas las noches en la televisi\u00f3n por cable, y todav\u00eda le ofrece sus elaborados cap\u00edtulos al p\u00fablico. La hist\u00f3rica serie <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Misi\u00f3n imposible<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> era parecida en cuanto a los personajes, que tampoco ten\u00edan personalidades muy desarrolladas. Lo \u00fanico que hace falta saber sobre Barney era que estaba cortando cables en el entresuelo, abajo del palacio del dictador.\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El novelista Dick Francis sol\u00eda decir que desarrollar el personaje del h\u00e9roe le ayudaba a llenar las p\u00e1ginas. Sin embargo, en la narrativa policial, yo dir\u00eda que el personaje del malo suele estar poco elaborado y casi siempre parece sacado de una caricatura. \u00bfPor qu\u00e9? Bueno, para mantener el misterio, generalmente se oculta parte de la personalidad del antagonista, pero \u00bflo ideal no ser\u00eda que el antagonista sea un igual, un oponente digno, un reflejo del protagonista? Ahora bien, los escritores construyen tramas donde hay que resolver el problema, por lo que, claro est\u00e1, un empate (para parafrasear a Vince Lombardi) ser\u00eda como besar a tu hermana. Por eso la balanza se inclinar\u00e1 a favor \u201cdel bueno\u201d. Los escritores europeos se inclinan m\u00e1s por las resoluciones ambiguas para hacerlas \u201cm\u00e1s realistas\u201d, como en \u201cla literatura\u201d, y para distanciarse de las imitaciones brit\u00e1nicas y estadounidenses. Sin embargo, el enfrentamiento entre el bien y el mal claramente definidos goza de m\u00e1s popularidad, tanto en textos poco originales como en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">best sellers<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> importados.\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Adem\u00e1s, dir\u00eda que son pocas las personas que logran identificarse con el mal en estado puro. Incluso los criminales m\u00e1s duros racionalizan su comportamiento. La chica no rob\u00f3 el local para alardear de su maldad: lo hizo porque quer\u00eda un vestido nuevo. Raskolnikov asesin\u00f3 a la casera para convertirse en un Napole\u00f3n. Hannibal Lecter nos puede resultar morbosamente entretenido, pero \u00bfpodemos identificarnos con \u00e9l? A m\u00ed ya no me gust\u00f3 lo de los porotos, y ni hablar de lo del h\u00edgado. Vale la pena se\u00f1alar que, por muy entretenido que sea Lecter en sus dos primeras apariciones, en realidad no es el antagonista principal en ninguna de ellas. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Drag\u00f3n rojo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, el agente Will Graham persigue al \u201cHada de los Dientes\u201d. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El silencio de los inocentes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Clarice Starling persigue a \u201cBuffalo Bill\u201d. Ninguno de los dos asesinos antagonistas resulta simp\u00e1tico. A pesar del atractivo de Lecter, la funci\u00f3n que cumple es apenas la de un personaje secundario, como un se\u00f1or Micawber asesino. Los agentes lo necesitan por la informaci\u00f3n, y eso es todo.\u00a0\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La mayor\u00eda de los villanos m\u00e1s conocidos resultan memorables por lo caricaturescos que son; por ejemplo, el profesor Moriarty de las historias de Holmes. \u00c9l es el t\u00edpico maestro del crimen: intelectual, bien educado, de familia distinguida. Est\u00e1 claro que se dedica al crimen porque est\u00e1 en su naturaleza, y la limitada descripci\u00f3n de su personalidad lo posiciona como el pionero de una larga lista de psic\u00f3patas dentro del g\u00e9nero policial. Los psic\u00f3patas, seg\u00fan se los suele representar, son antagonistas ideales: camale\u00f3nicos, inteligentes y totalmente desprovistos de emociones. Es poco probable que un lector promedio se sienta identificado con un psic\u00f3pata, ya que se ve atormentado por emociones inoportunas. Para enfatizar la anormalidad de sus villanos, los escritores a veces retratan a sus antagonistas como amantes de los gatos <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">(\u00a1El sat\u00e1nico Dr. No!)<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y de la m\u00fasica cl\u00e1sica. Si un detective entra en la habitaci\u00f3n de un personaje que est\u00e1 escuchando Beethoven, ya sabemos que es el asesino. Por extra\u00f1o que parezca, a las mentes malvadas no les gusta Mozart. El inspector Morse, de Colin Dexter, rompe con todas las normas por su papel de buen hombre que escucha a Wagner, un compositor que en la ficci\u00f3n, por lo general, s\u00f3lo suena en los gram\u00f3fonos de los nazis.<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hoy en d\u00eda, tenemos una mayor conciencia sobre los prejuicios raciales, religiosos y sexuales, y esto ha alterado nuestra percepci\u00f3n de los villanos ficticios. Nos resulta inc\u00f3moda la representaci\u00f3n de violadores afroestadounidenses babeantes en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El nacimiento de una naci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">; japoneses con dientes prominentes y actitud sospechosa en pel\u00edculas viejas; jud\u00edos conspiradores; \u00e1rabes traicioneros; sonrientes bandidos mexicanos; y chicos grandotes, lascivos y asesinos con bajo coeficiente intelectual. Cuando yo era chico, en la televisi\u00f3n masacraban a los nativos americanos en cantidades que casi coincid\u00edan con el genocidio real. De a poco, empezamos a sentir que esas escenas transmitidas en los viejos televisores no eran del todo aceptables, y ese tipo de pel\u00edculas comenz\u00f3 a desaparecer. Claro que los estereotipos permanecen. El malvado Doctor Fu-Manch\u00fa, que aparece en la serie de novelas creadas por Sax Rohmer entre 1911 y 1959, era un personaje mucho m\u00e1s interesante que el incondicional inspector Comosellame, pero hoy en d\u00eda jam\u00e1s lo revivir\u00edan para libros o pel\u00edculas. As\u00ed y todo, el miedo al \u201cpeligro amarillo\u201d por desgracia contin\u00faa, y las representaciones de narcotraficantes hispanos con mirada lasciva han pasado a formar parte de nuestro discurso pol\u00edtico nacional, que se inspira en las caracterizaciones que aparecen en pel\u00edculas como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los siete magn\u00edficos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1960) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El tesoro de la Sierra Madre<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1948).<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El miedo a las tormentas virales que se desatan como reacci\u00f3n al racismo impide que se sigan creando muchos de esos anticuados genios criminales, lo cual es positivo, pero tambi\u00e9n podr\u00eda explicar por qu\u00e9 tantas de las pel\u00edculas de hoy en d\u00eda tienen robots, alien\u00edgenas o mutantes malvados extra\u00eddos de c\u00f3mics. Los Transformers y los Klingon no son objeto de ninguna discriminaci\u00f3n social que nos haga sentir inc\u00f3modos, por lo que pueden causar estragos libremente hasta que los h\u00e9roes logran destruirlos (\u00a1qu\u00e9 aburrido!). En la literatura, los asesinos en serie han cumplido una funci\u00f3n similar, por lo menos desde que <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El drag\u00f3n rojo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1981) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El silencio de los inocentes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1988) marcaron la d\u00e9cada de los ochenta. Es dif\u00edcil identificarse con las racionalizaciones de alguien que no siente culpa, que tiene la costumbre de asesinar por diversi\u00f3n&#8230; o para almorzar. Los ped\u00f3filos tambi\u00e9n han empezado a aparecer en novelas actuales como representaci\u00f3n del mal absoluto, a lo mejor porque el p\u00fablico es m\u00e1s consciente del impacto del problema y, aun as\u00ed, el inquietante final de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El vampiro negro<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Fritz Lang, es el punto m\u00e1s cercano al que alguien querr\u00eda llegar cuando intenta entender o empatizar con esa patolog\u00eda.<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por suerte para los escritores de novelas policiales, pero por desgracia para la capacidad de caracterizaci\u00f3n de muchos de ellos, los nazis siempre son una opci\u00f3n. Desde <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El expediente Odessa<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Frederick Forsyth, hasta <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los ni\u00f1os del Brasil<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Ira Levin, pasando por <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El d\u00eda despu\u00e9s de ma\u00f1ana<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Allan Folsom, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Operaci\u00f3n Napole\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Arnaldur Indri\u00f0ason, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">M\u00fanich<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Robert Harris, y un sinf\u00edn de libros m\u00e1s, los nazis, por m\u00e1s viejos que sean, han recorrido y todav\u00eda recorren las estanter\u00edas de muchos como los antagonistas que a todo el mundo le gusta odiar. Es dif\u00edcil imaginar peores perpetradores del mal y, sin embargo, resulta ir\u00f3nico que la literatura popular muchas veces les concede el estatus de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00dcbermensch <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">que ellos mismos se atribu\u00edan con total ridiculez. Estos maestros del crimen son genios de la ciencia, individuos con una condici\u00f3n f\u00edsica ejemplar, tiradores de primera, y, al igual que los nazis asesinos que aparecen en tantas novelas policiales, son capaces de eliminar cualquier equipo de custodia. Sin embargo, al parecer no consiguen deshacerse de su acento ni derrotar a un simple m\u00e9dico de Omaha. Basta con comparar a esos \u201csuperhombres\u201d con los nazis pat\u00e9ticos, idiotas y trastornados de la vida real (Himmler, Hess, George Lincoln Rockwell, los manifestantes que llevaban antorchas <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">tiki<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> en Charlottesville) para darse cuenta de lo mucho que se aleja la ficci\u00f3n de la realidad.\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400; color: #000000;\">Traducci\u00f3n de Mar\u00eda Sol Autelli<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000000;\">\t\t<div data-elementor-type=\"page\" data-elementor-id=\"38001\" class=\"elementor elementor-38001 elementor-37989\" data-elementor-post-type=\"elementor_library\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"has_ae_slider elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-2f32464 elementor-section-content-middle elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"2f32464\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"has_ae_slider elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0c361a2 ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"0c361a2\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-7bf5823 elementor-align-center elementor-widget__width-initial elementor-widget elementor-widget-button\" data-id=\"7bf5823\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"button.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-button-wrapper\">\n\t\t\t\t\t<a class=\"elementor-button elementor-button-link elementor-size-sm\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-32\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\n\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-content-wrapper\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-text\">COMPRA LOS LIBROS DESTACADOS EN ESTE N\u00daMERO EN NUESTRA P\u00c1GINA DE BOOKSHOP<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/a>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400; color: #000000;\">Foto: Gram\u00f3fono Victrola, por Jimmy Baikovicius\/Flickr.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nota del editor: En esta secci\u00f3n compartimos textos publicados originalmente por nuestra casa matriz, World Literature Today (WLT), ahora en edici\u00f3n biling\u00fce. El presente texto fue publicado originalmente en World Literature Today Vol. 92, Nro. 3 en mayo de 2018. &nbsp; Haz click abajo para suscribirte a WLT: \u00bfQu\u00e9 es lo que caracteriza al g\u00e9nero [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":38240,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[4539],"tags":[5160],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[5241],"lal_author":[5238],"class_list":["post-38275","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura-mundial-de-wlt","tag-numero-32-es","translator-maria-sol-autelli-es","lal_author-j-madison-davis"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38275","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=38275"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38275\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":38430,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38275\/revisions\/38430"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/38240"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=38275"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=38275"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=38275"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=38275"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=38275"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=38275"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=38275"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=38275"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}