{"id":38269,"date":"2024-12-10T10:03:56","date_gmt":"2024-12-10T16:03:56","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=38269"},"modified":"2024-12-19T19:15:11","modified_gmt":"2024-12-20T01:15:11","slug":"once","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2024\/12\/once\/","title":{"rendered":"Once"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #000000;\"><b>Nota del editor: <\/b><span style=\"font-weight: 400;\">En esta secci\u00f3n compartimos textos publicados originalmente por nuestra casa matriz, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">World Literature Today<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (WLT), ahora en edici\u00f3n biling\u00fce. El presente texto fue publicado originalmente en <\/span><a style=\"color: #000000;\" href=\"https:\/\/www.worldliteraturetoday.org\/2024\/may\/once-julia-kornberg\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">World Literature Today<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> Vol. 98, Nro. 3 en mayo de 2024<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Haz click abajo para suscribirte a WLT:<br \/>\n<\/span><b>\t\t<div data-elementor-type=\"section\" data-elementor-id=\"25586\" class=\"elementor elementor-25586\" data-elementor-post-type=\"elementor_library\">\n\t\t\t\t\t<section class=\"has_ae_slider elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-8c88522 elementor-section-full_width elementor-section-height-default elementor-section-height-default ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"8c88522\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"has_ae_slider elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-147c027 ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"147c027\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-85c0392 elementor-align-left elementor-widget elementor-widget-button\" data-id=\"85c0392\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"button.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-button-wrapper\">\n\t\t\t\t\t<a class=\"elementor-button elementor-button-link elementor-size-sm\" href=\"https:\/\/my.worldlit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\n\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-content-wrapper\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-text\">SUSCRIBIRME A <i>WLT<\/i><\/span>\n\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/a>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/b><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\nEn una visita al barrio jud\u00edo de Once, una escritora se encuentra a s\u00ed misma atrapada entre el deseo de escaparse de internet y la necesidad de conectarse mientras reflexiona sobre un ensayo de Marcelo Cohen y se enfrenta a un sinf\u00edn de est\u00edmulos visuales.\u00a0<\/span><\/i><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400; color: #000000;\">Llevo tres meses en Buenos Aires, la ciudad donde nac\u00ed. Estoy yendo al barrio jud\u00edo de Once, que en realidad es m\u00e1s bien Almagro o Balvanera pero todos llaman as\u00ed por la rebeli\u00f3n del 11 de septiembre de 1852. Vine a pagarle a un escritor el dinero que le debo por haber le\u00eddo, masacrado y elogiado mi novela en partes iguales. En Argentina, a eso lo llaman \u201ccl\u00ednica\u201d: un taller quir\u00fargico donde escritores j\u00f3venes se someten a escuchar las opiniones de escritores m\u00e1s grandes, m\u00e1s respetados y m\u00e1s sabios, a veces a costa de su propia autoestima. El escritor y yo nos conocemos solamente por Zoom, donde trabajamos juntos mi novelita de internet, y para m\u00ed fue una agradable sorpresa enterarme de que vive en una de mis zonas favoritas de la ciudad. El barrio de Once est\u00e1 en el centro de la ciudad, cerca de una gran cantidad de monumentos y atracciones hist\u00f3ricas, y me recuerda inmediatamente a un ensayo de Marcelo Cohen, uno de los grandes escritores jud\u00edos argentinos de mi tiempo. En el ensayo, Cohen va al oftalm\u00f3logo y empieza a enumerar todo lo que su ojo puede registrar: un juego peligroso en Once, donde los est\u00edmulos visuales son hiperabundantes y la mayor parte de la poblaci\u00f3n es m\u00e1s bien m\u00edope.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400; color: #000000;\">S\u00e9 que voy a perder, pero intento jugar bajo las reglas de Cohen. El barrio tiene calles angostas, a menudo obstruidas por comerciantes peruanos, jud\u00edos ortodoxos y senegaleses que intentan vender zapatillas falsas y electr\u00f3nicos usados al por mayor. Me tomo un taxi e intento avanzar unas cuadras, aunque un embotellamiento (que empez\u00f3 all\u00e1 por 1972) nos hace detener el auto frente a una escuela jud\u00eda. Veo un grupo de chicos religiosos que juegan en la puerta, esperando a que los vengan a buscar, e intento sacarle una foto al que me parece m\u00e1s simp\u00e1tico. \u00c9l hace caras frente a mi c\u00e1mara y luego les avisa a sus amigos. Todos empiezan a posar enfrente del taxi. Bailan y saludan con las manos. El taxi avanza un poco, pero ellos siguen haciendo caras a la distancia. Intento contar la cantidad de veces que me distrae el tel\u00e9fono, incluso si no tengo conexi\u00f3n a internet.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Despu\u00e9s de unas cuadras el taxi se comprueba in\u00fatil, as\u00ed que me bajo y camino. Veo algunas mujeres y hombres ortodoxos y muchas chicas que parecen haber abandonado reci\u00e9n la comunidad \u2014sus rodillas vueltas en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">sheela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> surcan la calle en el verano porte\u00f1o despu\u00e9s de haber dejado atr\u00e1s la vida religiosa. Ahora caminan por Buenos Aires como turistas, como hago yo, negociando entre la sensaci\u00f3n de pertenecer y ser extranjero al mismo tiempo. Sigo caminando y me doy cuenta de que no tengo manera de comunicarme con el escritor porque no le funciona el portero el\u00e9ctrico y no le puedo enviar mensajes de texto. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ya nadie usa el portero el\u00e9ctrico<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, pienso: empezaron a romperse o la gente los roba para vender el cobre y, en una econom\u00eda arruinada y dominada por la tecnolog\u00eda, nadie se molesta en arreglarlos o reponerlos. Me doy cuenta de que los par\u00e1metros de mi misi\u00f3n cambiaron y ahora estoy obligada a buscar una red WiFi para poder comunicarme con \u00e9l.\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Sigo caminando; ahora paso por negocios donde venden productos electr\u00f3nicos, cotill\u00f3n, telas, art\u00edculos de bazar, parafernalia de Peppa Pig, camisetas de f\u00fatbol y toallas con la cara de Messi, zapatillas y lucecitas de Navidad. La mejor versi\u00f3n de Once es este caos <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">kitsch<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> jolgorioso en el que los vendedores buscan tentarme con adaptadores universales, tel\u00e9fonos robados o de origen dudoso, vitaminas y cremas m\u00e1gicas, garrapi\u00f1ada, globos para fiestas de quince, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">bar mitzv\u00e1s<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, divorcios. Recurro a m\u00e9todos humillantes para intentar pedir WiFi, esquivo madres que ayudan a sus hijos a elegir los \u00fatiles para el nuevo a\u00f1o escolar con el af\u00e1n de ahorrar un poco. Busco alg\u00fan Starbucks o un McDonald\u2019s, pero no hay ninguno. Envidio a los orgullosos due\u00f1os de tel\u00e9fonos con tapa y de Nokias 1100, paso por el templo Litvak<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">y dudo si meterme. De vuelta en la calle, los comerciantes gritan y piropean con miradas que me hacen caminar m\u00e1s r\u00e1pido y esquivar a m\u00e1s y m\u00e1s personas hasta que casi me choco contra una mujer que vende churros. Intento buscar un caf\u00e9 y ah\u00ed me doy cuenta de que no puedo jugar bien al juego de Cohen porque Cohen exist\u00eda en una realidad paralela, en la que no hab\u00eda <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">smartphones <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y los porteros el\u00e9ctricos funcionaban, en la que la gente pod\u00eda pagar para ir al oftalm\u00f3logo sin problemas y nadie estaba conectado con la estrat\u00f3sfera. No puedo jugar al juego de Cohen porque la experiencia de la ciudad cambi\u00f3 radicalmente por la necesidad de datos, de WiFi y de distracciones, porque ahora los taxistas usan el GPS a niveles alarmantes y la gente se olvid\u00f3 los nombres de las calles y las estaciones de tren.<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">Sobre todo, no puedo jugar al juego de Cohen porque, incluso cuando hago el intento de distanciarme de internet, internet retorna y me persigue.\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Me resigno a la imposibilidad de encontrar un caf\u00e9 (\u00bfa qui\u00e9n se le ocurre sentarse a tomar un caf\u00e9 en Once?) y camino hasta la estaci\u00f3n de subte. Pago el equivalente de cinco centavos de d\u00f3lar para entrar. Paso por delante de una familia senegalesa que grita<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">en franc\u00e9s; parece que llegaron hace poco, se nota porque caminan lento. Encuentro un recoveco al lado de una muestra que conmemora los ataques a la AMIA, donde una pantalla t\u00e1ctil que est\u00e1 rota promete contar la historia del coche bomba que destruy\u00f3 el edificio central de la comunidad jud\u00eda. Me agacho junto a las caras de las v\u00edctimas \u2014conozco algunos de sus nombres, algunas de sus familias\u2014 y me conecto al WiFi de la ciudad. Mientras intento mandarle un mensaje al escritor y escucho a una se\u00f1ora boliviana que le pregunta a su hijo de qu\u00e9 se trata la instalaci\u00f3n. \u00c9l le dice que es por los desaparecidos, los militantes y activistas asesinados durante la dictadura de los a\u00f1os 70. No los corrijo; yo a las v\u00edctimas de la AMIA las pienso tambi\u00e9n como desaparecidas. Despu\u00e9s mando dos mensajes: uno a mi marido, para avisarle d\u00f3nde estoy, y uno al escritor.\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Calculo que voy a tardar dos minutos en volver a su departamento, as\u00ed que espero a que aparezca el doble tic de Whatsapp y vuelvo a subir r\u00e1pido. Esquivo chicos con kip\u00e1 y repartidores en bicicleta enfurecidos; los pies me est\u00e1n matando y hay camiones que, en el intento de descargar mercader\u00eda, bloquean avenidas enteras. Trato de imitar su ira y camino m\u00e1s r\u00e1pido todav\u00eda hasta que veo al escritor, que me espera en la puerta de su decr\u00e9pito edificio <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">art dec\u00f3<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en medio de este barrio desesperante. Le pago veintid\u00f3s d\u00f3lares, que es mucho dinero en Buenos Aires, y \u00e9l no dice nada. Se queda quieto, agradeci\u00e9ndome con los ojos, y demuestra ser tan misterioso en persona como en l\u00ednea.\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400; color: #000000;\">No s\u00e9 qu\u00e9 esperaba del encuentro, pero vuelvo a casa triste y levemente lobotomizada. Desconectada del escritor, de mi novela, de internet y del Once. Estoy tan enojada como el barrio y un poco insatisfecha. Me doy cuenta de que ya no vivo en la \u00e9poca de Cohen, que Cohen no es mi contempor\u00e1neo, y me prometo visitarlo en el Cementerio Brit\u00e1nico, al otro lado de la ciudad. En el camino de regreso, trato de conectarme, distra\u00edda una vez m\u00e1s, al WiFi de la ciudad. Cruzo la avenida Corrientes con el sem\u00e1foro en rojo y me gritan de nuevo.\u00a0<\/span><\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400; color: #000000;\">Traducci\u00f3n de Paula Wischnevsky<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000000;\">\t\t<div data-elementor-type=\"page\" data-elementor-id=\"38001\" class=\"elementor elementor-38001 elementor-37989\" data-elementor-post-type=\"elementor_library\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"has_ae_slider elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-2f32464 elementor-section-content-middle elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"2f32464\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"has_ae_slider elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0c361a2 ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"0c361a2\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-7bf5823 elementor-align-center elementor-widget__width-initial elementor-widget elementor-widget-button\" data-id=\"7bf5823\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"button.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-button-wrapper\">\n\t\t\t\t\t<a class=\"elementor-button elementor-button-link elementor-size-sm\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-32\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\n\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-content-wrapper\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-text\">COMPRA LOS LIBROS DESTACADOS EN ESTE N\u00daMERO EN NUESTRA P\u00c1GINA DE BOOKSHOP<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/a>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400; color: #000000;\">Foto: El barrio de Once, Buenos Aires, por Jordi Cam\u00ed \/ Alamy.com.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nota del editor: En esta secci\u00f3n compartimos textos publicados originalmente por nuestra casa matriz, World Literature Today (WLT), ahora en edici\u00f3n biling\u00fce. El presente texto fue publicado originalmente en World Literature Today Vol. 98, Nro. 3 en mayo de 2024. &nbsp; Haz click abajo para suscribirte a WLT: En una visita al barrio jud\u00edo de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":38238,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[4539],"tags":[5160],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[5245],"lal_author":[5242],"class_list":["post-38269","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura-mundial-de-wlt","tag-numero-32-es","translator-paula-wischnevsky-es","lal_author-julia-kornberg"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38269","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=38269"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38269\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":38429,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38269\/revisions\/38429"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/38238"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=38269"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=38269"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=38269"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=38269"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=38269"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=38269"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=38269"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=38269"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}