{"id":3812,"date":"2020-05-15T03:56:36","date_gmt":"2020-05-15T09:56:36","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/05\/building-mariana-enriquez-ten-theses-pablo-brescia\/"},"modified":"2023-06-05T21:06:57","modified_gmt":"2023-06-06T03:06:57","slug":"building-mariana-enriquez-ten-theses-pablo-brescia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/05\/building-mariana-enriquez-ten-theses-pablo-brescia\/","title":{"rendered":"&#8220;Mariana Enr\u00edquez en construcci\u00f3n: diez tesis&#8221; de Pablo Brescia"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p>I<\/p>\n<p>El decir de la literatura puede ser anacr\u00f3nico y prof\u00e9tico a la vez.<\/p>\n<p>Leo en \u201cRambla triste\u201d, uno de los relatos del primer libro de cuentos de Mariana Enr\u00edquez, <i>Los peligros de fumar en la cama<\/i> (2009): \u201cEra posible que la nariz tapada por el resfr\u00edo \u2014siempre se pescaba alg\u00fan virus en los aviones\u2014 le distorsionara el olfato\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>A Enr\u00edquez se la cataloga como la \u201cprincesa del terror\u201d en una nota del diario argentino <i>La Naci\u00f3n <\/i>y, tres a\u00f1os despu\u00e9s, en el mismo peri\u00f3dico, se la califica como \u201creina del realismo g\u00f3tico\u201d. A eso se suman las \u201cposes\u201d en varias fotos (sobre todo las m\u00e1s recientes) que casi sin darse cuenta, o tal vez d\u00e1ndose mucha, arman un personaje de escritora desde intervenciones en el \u00e1mbito cultural que van m\u00e1s all\u00e1 de su propia ficci\u00f3n. Es cierto que el campo literario ha cambiado en las \u00faltimas d\u00e9cadas \u2014en t\u00e9rminos de circulaci\u00f3n, ventas, premios, relevancia social y, por supuesto, en t\u00e9rminos de lectura\u2014, pero aceptemos tambi\u00e9n que, como dir\u00eda Ricardo Piglia, los escritores que piensan su literatura en t\u00e9rminos de \u201cobra\u201d intentan preparar de varias maneras el campo para la recepci\u00f3n de sus textos.<\/p>\n<p>Como cuentista de buena cepa, tambi\u00e9n es indudable el inter\u00e9s obsesivo de Enr\u00edquez por la muerte, definitivamente comprobado en un libro de cr\u00f3nicas del que se habla poco (y del que ya se anuncia una reedici\u00f3n): <i>Alguien camina sobre mi tumba. Mis viajes a cementerios <\/i>(2013). La contratapa del volumen define a la autora como \u201ccatadora de cementerios\u201d. Esta impronta ayuda a se\u00f1alar, adem\u00e1s, los otros g\u00e9neros que Enr\u00edquez cultiva, como el periodismo y la biograf\u00eda; es el caso de <i>La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo<\/i> (2014). Que haya elegido para una biograf\u00eda a la que fue sin dudas la mejor cuentista argentina del siglo XX es tambi\u00e9n significativo. Aunque en este ensayo breve comento principalmente los libros de cuentos, dejo en claro que es necesaria una lectura m\u00e1s amplia de sus textos, incluyendo tal vez los period\u00edsticos. Las menciones que ha hecho de sus filiaciones con escritores que han transitado algunos de sus caminos \u2014Poe, H.P. Lovecraft, Shirley Jackson, Quiroga, Cort\u00e1zar y Stephen King\u2014 cierra ese circuito inicial que nos ayuda a entender d\u00f3nde se inscribe Enr\u00edquez: combinaci\u00f3n miedo\/horror con g\u00f3tico\/fant\u00e1stico y poligrafismo gen\u00e9rico. \u201cYo escribo porque le\u00ed a Stephen King\u201d, dice en una entrevista.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>A los narradores de Enr\u00edquez les gusta dar miedo.<\/p>\n<p>Leo en \u201cEl patio del vecino\u201d, de <i>Las cosas que perdimos en el fuego <\/i>(2016): \u201cEra el chico del patio del vecino. Ten\u00eda marcas de la cadena en el tobillo, que en unas partes sangraba y en otras supuraba infecci\u00f3n. Cuando escuch\u00f3 su voz, el chico sonri\u00f3 y ella vio sus dientes. Se los hab\u00edan limado y ten\u00edan forma triangular, eran como puntas de flecha, como un serrucho. El chico se llev\u00f3 la gata a la boca con un movimiento veloc\u00edsimo y le clav\u00f3 los serruchos en la panza\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Muchas de las rese\u00f1as y las lecturas de la obra de Enr\u00edquez han seguido la l\u00ednea, v\u00e1lida e ineludible, que indico en la parte anterior de esta nota. Para un acercamiento que combina g\u00f3tico, feminismo y necropol\u00edtica, los invito a leer el ensayo de Ana Gallego Cui\u00f1as en este dossier para <i>LALT<\/i>.<\/p>\n<p>Dec\u00eda el cr\u00edtico argentino Elvio Gandolfo en una introducci\u00f3n a una antolog\u00eda del \u201cterror argentino\u201d del 2002: \u201cEn la base del relato de horror o terror, hay una emoci\u00f3n tan b\u00e1sica como el sexo: el miedo, o el temor, llevado con frecuencia al paroxismo\u201d. Seis d\u00e9cadas antes, Adolfo Bioy Casares iniciaba la ultracitada\u00a0<i>Antolog\u00eda de la literatura fant\u00e1stica <\/i>de 1940<i> <\/i>diciendo: \u201cViejas como el miedo, las ficciones fant\u00e1sticas son anteriores a las letras\u201d. Estamos hablando de cosas no tan distintas, pero tampoco homologables: el miedo\/horror\/terror es una sensaci\u00f3n que puede ser cultivada literariamente y se asocia con un g\u00e9nero usualmente \u201cpopular\u201d (de ah\u00ed, como con la ciencia ficci\u00f3n y el policial, las interminables recombinaciones y parodias). En cambio, la literatura fant\u00e1stica \u2014no confundir con el <i>fantasy<\/i> anglosaj\u00f3n ni con lo que Tzvetan Todorov llamar\u00eda \u201cmaravilloso\u201d ni con el abusado y muy malentendido \u201crealismo m\u00e1gico\u201d\u2014, a pesar de que tambi\u00e9n posee ciertas codificaciones, es, como indicara Rosemary Jackson, un modo o, al decir de Rosalba Campra, un discurso, es decir, un uso del lenguaje literario, aunque la categor\u00eda de fant\u00e1stico est\u00e9 en constante evoluci\u00f3n y discusi\u00f3n y ahora la academia haya comenzado a preferir el t\u00e9rmino \u201cliteratura de lo ins\u00f3lito\u201d para hablar de manifestaciones recientes de las literaturas hisp\u00e1nicas ligadas a lo g\u00f3tico, la ciencia ficci\u00f3n y lo fant\u00e1stico.<\/p>\n<p>De los cr\u00edticos en lengua castellana, tal vez haya sido David Roas el que m\u00e1s ha impulsado la asociaci\u00f3n miedo-fant\u00e1stico a partir del efecto sobre el lector. En <i>Teor\u00edas de lo fant\u00e1stico<\/i> (2001) hablaba de la \u201camenaza de lo fant\u00e1stico\u201d y del miedo como efecto fundamental de la transgresi\u00f3n que provoca esta literatura. En <i>Tras los l\u00edmites de lo real<\/i> (2011), hac\u00eda m\u00e1s franca la apuesta y, siguiendo a Jean Delemeau, diferenciaba entre miedo y angustia, explicando que el miedo es una emoci\u00f3n precedida de sorpresa y con un objeto determinado mientras que la angustia es un sentimiento de incertidumbre que no tiene objeto definido. Roas enfatiza que lo fant\u00e1stico se conecta con el \u201cmiedo metaf\u00edsico\u201d que, distinto de la aparici\u00f3n del miedo como amenaza f\u00edsica o de muerte, surge al comprender un extra\u00f1amiento sobre lo real que nos hace ver la realidad de otro modo. Estos juicios se ajustan bien con trabajos como los de Terry Heller en <i>The Delights of Terror<\/i> (1987) y Leo Brady en <i>Haunted. On Ghosts, Witches, Vampires, Zombies, and other Monsters of the Natural and Supernatural Worlds<\/i> (2016). Heller, como Roas, enfatiza en el relato de horror, la funci\u00f3n del lector y distingue entre el terror \u2014el miedo de que algo le pase a uno\u2014 y el horror \u2014la emoci\u00f3n que uno siente al anticipar un da\u00f1o sobre otros. Para Heller lo fant\u00e1stico, como t\u00e9rmino que abarca ambas variantes, residir\u00eda en la ambig\u00fcedad con la que se presentan los acontecimientos del relato. Mientras tanto, Brady comenta que en nuestra \u00e9poca la cultura colectiva del miedo es intensificada por la red de comunicaciones que es manipulada por pol\u00edticos y medios masivos. Aboga entonces por \u201cuna historia cultural de la formaci\u00f3n de emociones\u201d.<\/p>\n<p>Hay, m\u00e1s que un movimiento, una especie de magma difuso en que varias narradoras latinoamericanas nacidas en los a\u00f1os setenta y ochenta \u2014las argentinas Enr\u00edquez y Samanta Schweblin, la ecuatoriana Solange Rodr\u00edguez Pappe, la boliviana Liliana Colanzi, entre otras\u2014problematizan la realidad desde un pacto no mim\u00e9tico de categor\u00edas de representaci\u00f3n que fluct\u00faan constantemente haciendo uso de m\u00faltiples recursos, estrategias y g\u00e9neros. \u00bfQu\u00e9 tienen en com\u00fan? Intersectan terror\/horror\/miedo, fant\u00e1stico y femenino.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>Enr\u00edquez aprendi\u00f3 lo mejor de Cort\u00e1zar, sin dudas. En \u201cLa casa de Adela\u201d, de <i>Los peligros de fumar en la cama<\/i>, se lee:<\/p>\n<p>\u2014La casa nos cuenta historias. \u00bfVos no la escuch\u00e1s?<\/p>\n<p>\u2014Pobre \u2014dijo Pablo\u2014.\u00a0 No escucha la voz de la casa.<\/p>\n<p>\u2014No importa \u2014dijo Adela\u2014. Nosotros te contamos.<\/p>\n<p>\u201cCasa tomada\u201d, <i>part deux<\/i>. A ver: no hay nada nuevo en los temas de la ficci\u00f3n de Enr\u00edquez. Lo distinto est\u00e1 en el lenguaje que usan sus protagonistas, casi siempre juvenil o popular, nunca \u201celevado\u201d y en la voz de sus narradoras, casi siempre mujeres, muchas adolescentes. Pero los temas \u2014relacionados a lo g\u00f3tico, al terror, al misterio\u2014 recurren al archivo de lo fant\u00e1stico que viene del siglo XIX: fantasmas, necrofilia, aparecidos, ambientes \u201cembrujados\u201d, personajes \u201canormales\u201d. En \u201cEl mirador\u201d, de <i>Los peligros de fumar en la cama<\/i>, vemos una frase que nos da un claro ejemplo: \u201cY m\u00e1s raro a\u00fan era lo que contaba la gente, los hu\u00e9spedes, el propio due\u00f1o. La historia del obrero que muri\u00f3 en la construcci\u00f3n y fue emparedado, como si el hotel tuviera pretensiones de catedral g\u00f3tica\u201d.<\/p>\n<p>Dec\u00edamos que Enr\u00edquez aprendi\u00f3 de Cort\u00e1zar \u2014y de otros escritores; agregar\u00eda a Silvina Ocampo\u2014 ese pasaje de lo cotidiano a lo monstruoso sin el filtro obsecuente de ciertos tipos de fant\u00e1stico. \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda la \u201cmarca\u201d Enr\u00edquez entonces? En primer lugar, lograr esa transici\u00f3n con un estilo que se construye mediante frases-dardos. As\u00ed, del primer libro, \u201cla angelita [que] no parece un fantasma. Ni flota ni est\u00e1 p\u00e1lida ni lleva vestido blanco\u201d, en \u201cEl desentierro de la angelita\u201d; o la curandera de \u201cEl aljibe\u201d que le dice a la protagonista: \u201c\u2014Nena, no hay nada que hacerle. Cuando te trajeron ac\u00e1 ya estaba listo\u201d. Y, del segundo libro, la mujer que \u201cse re\u00eda y la luz dejaba ver que le sangraban las enc\u00edas\u201d, en \u201cEl chico sucio\u201d; o la amistad entre tres ni\u00f1os explicada as\u00ed: \u201cnos hicimos amigos de ella, mi hermano y yo, porque Adela ten\u00eda un solo brazo\u201d, en \u201cLa casa de Adela\u201d.<\/p>\n<p>En segundo lugar, en Enr\u00edquez los personajes son j\u00f3venes y ambulantes (casi no hay viejos en sus cuentos) y est\u00e1n siempre al l\u00edmite \u2014al \u201cmango\u201d dir\u00edan en Argentina. En <i>Los peligros de fumar en la cama<\/i> aparece una joven narradora con un fantasma perdido a cuestas; una trampa tendida por celos en torno a un muchacho; un barrio maldito por un carro que deja un viejo vagabundo; una relaci\u00f3n entre dos hermanas y una maldici\u00f3n familiar; Barcelona como lugar habitado por j\u00f3venes perdidos y ni\u00f1os fantasmas; <i>groupies<\/i> de una estrella de rock <i>dark<\/i> que forman un culto; habitantes de <i>chats<\/i> que se encuentran y buscan lo bizarro; un periodista y una bur\u00f3crata testigos del regreso de chicos desaparecidos; una solitaria que experimenta fumando en la cama; y cinco chicas que se re\u00fanen a jugar a la ouija y comienzan a hablar con desaparecidos por la dictadura militar argentina de los a\u00f1os setenta. En <i>Las cosas que perdimos en el fuego<\/i>, surgen drogadictos y pobres en el barrio marginal de Constituci\u00f3n; j\u00f3venes que crecen entre drogas, alcohol y rock en la Argentina menemista de los 90; protagonistas \u201cembrujados\u201d por casas, hoster\u00edas y patios; el fantasma de un asesino famoso \u2014el Petiso Orejudo\u2014; un tri\u00e1ngulo poco amoroso dibujado sobre el \u201cg\u00f3tico mesopot\u00e1mico\u201d, como llama la autora a esa \u00e1rea geogr\u00e1fica de la Argentina colindante con Paraguay, Brasil y Uruguay; una escuela habitada por un \u201cchino enano\u201d y una mujer obsesionada por una calavera; un novio consumido en un departamento, habitante de la deep web; y mujeres ardientes pululantes en toda la Argentina. Los lectores pueden elegir por d\u00f3nde entrar al mundo Enr\u00edquez.<\/p>\n<p>En tercer lugar, ciertas obsesiones pululan de una historia a otra: las leyendas urbanas y los cultos populares y cr\u00edpticos \u2014San La Muerte es una obsesi\u00f3n que reaparece en larga novela <i>Nuestra parte de noche<\/i> (2019); el consumo de alcohol y drogas, ya que casi todos sus personajes estuvieron o est\u00e1n empastillados o fumados (obvio artificio para subrayar lo normal de esa \u201canormalidad\u201d); el registro de una \u00e9poca en la que prima lo audiovisual \u2014chats, videos, celulares, la web\u2014; y el ahondamiento en los sectores invisibles al discurso oficial \u2014no importa el gobierno de turno\u2014 que une la marginalidad de los personajes con la marginalidad de un contexto social siempre a punto de estallar. Y, claro, la guerra de g\u00e9neros, asunto en el que habr\u00e1 que profundizar en otra ocasi\u00f3n y a la cual me refiero hacia el final de esta nota.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>Enr\u00edquez siempre pone el cuerpo: deformado, mutilado, sexual, etc. Leo en \u201cBajo el agua negra\u201d, de <i>Las cosas que perdimos en el fuego<\/i>: \u201cEra una procesi\u00f3n. Una fila de gente que tocaba los tambores murgueros, con sus redoblantes tan ruidosos, encabezada por los chicos deformes con sus brazos delgados y los dedos de molusco, seguida por las mujeres, la mayor\u00eda gordas, con el cuerpo desfigurado de los alimentados casi \u00fanicamente a base de carbohidratos\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 los escritores que frecuentan el horror le tienen miedo a algo y en su escritura buscan enfrentarse a \u00e9l \u00bfA qu\u00e9 le tendr\u00eda miedo Enr\u00edquez? Respuesta posible: a la desaparici\u00f3n del cuerpo, n\u00facleo condensador de sus preocupaciones formales y tem\u00e1ticas.<\/p>\n<p>La matriz de la desaparici\u00f3n nutre casi todos los cuentos de Enr\u00edquez. \u00bfQu\u00e9 es la muerte sino un cuerpo desaparecido, ausente? Ser\u00eda muy interesante hacer una cartograf\u00eda de lo que pasa con cada cuerpo en los veinticuatro cuentos. A veces, la conexi\u00f3n con el lastre material y simb\u00f3lico que dej\u00f3 el Proceso de Reorganizaci\u00f3n Nacional es clara: el ya citado juego de la ouija que convoca esp\u00edritus en \u201cCuando habl\u00e1bamos con los muertos\u201d, en <i>Los peligros de fumar en la cama<\/i>, o los hombres que vienen a buscar a los \u201cdesaparecidos\u201d, reencarnados en Florencia y Roc\u00edo, en \u201cLa hoster\u00eda\u201d, de <i>Las cosas que perdimos en el fuego<\/i>. Otras veces el enlace es m\u00e1s tenue, m\u00e1s social que pol\u00edtico, como invitando a los lectores a establecer las relaciones: as\u00ed, el caso de investigaci\u00f3n de \u201cChicos que faltan\u201d (relato que, hay que notarlo, le debe mucho a un cuento de Bradbury) del primer libro, o el Riachuelo que oculta un ej\u00e9rcito de zombies en el jugueteo con el policial de \u201cBajo el agua negra\u201d, del segundo volumen.<\/p>\n<p>Pero la matriz de la desaparici\u00f3n no solamente funciona como n\u00facleo tem\u00e1tico del libro, sino que tambi\u00e9n se articula como un principio compositivo. En estos cuentos de atm\u00f3sferas opresivas, personajes inquietantes y situaciones l\u00edmite, Enr\u00edquez no trabaja suprimiendo zonas del relato, a la manera de un fant\u00e1stico m\u00e1s ortodoxo, sino m\u00e1s bien superpoblando las historias de detalles que no alcanzan para explicar el misterio; es ah\u00ed donde Enr\u00edquez \u201cusa\u201d g\u00e9neros como el policial o el horror, pero apela al \u201cmiedo metaf\u00edsico\u201d del que hablaba Roas, y ese es \u201csu\u201d fant\u00e1stico. Por eso, el cuerpo de una escritura que provea sentido, en t\u00e9rminos de cierre, tambi\u00e9n desaparece de alg\u00fan modo. Como ejemplo, \u201cPablito clav\u00f3 un clavito: una evocaci\u00f3n del Petiso Orejudo\u201d, relato con intertexto de caso policial real y \u00fanico cuento de <i>Las cosas que perdimos en el fuego<\/i> narrado desde la perspectiva masculina, termina con la imagen de su protagonista \u201ccon un clavo entre los dedos\u201d y la tensi\u00f3n no se resuelve ni disuelve.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>Enr\u00edquez y la guerra de los g\u00e9neros.\u00a0 \u00bfT\u00e1ctica, estrategia, estado de las cosas?<\/p>\n<p>Veo y leo la \u00faltima imagen de las \u201clocas argentinas\u201d de Enr\u00edquez que pululan en \u201cLas cosas que perdimos en el fuego\u201d, del libro hom\u00f3nimo: \u201cLa infecci\u00f3n se las llevaba en un segundo, pero Silvinita, ah, cu\u00e1ndo se decidir\u00e1 Silvinita, ser\u00eda una quemada hermosa, una verdadera flor de fuego\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>El relato que cierra y da t\u00edtulo al libro \u2014que deber\u00eda leerse en contrapunto al relato \u201cMujeres desesperadas\u201d de Schweblin\u2014 propone la autoinmolaci\u00f3n femenina como una especie de ant\u00eddoto ante la violencia de g\u00e9nero y en su estructura de f\u00e1bula moral perpet\u00faa la acci\u00f3n principal, el convertirse en esa flor de fuego hacia un \u201cmundo ideal de hombres y monstruas\u201d. Los personajes masculinos son depresivos, in\u00fatiles, est\u00fapidos; los femeninos, inteligentes, crueles, maquiav\u00e9licos, casi siempre est\u00e1n confundidos. Pocos momentos de complicidad hay, tal vez en \u201cNi cumplea\u00f1os ni bautismos\u201d o \u201cChicos que faltan\u201d, hasta en \u201cCarne\u201d, aunque sus fans terminen devorando a su \u00eddolo. Pero la figura del personaje hombre que viene y hace da\u00f1o se repite una y otra vez. Y, si es como dice Marcela \u2014\u201cYo no me lastimo. \u00c9l me lastima. Cuando duermo\u201d\u2014 en \u201cNi cumplea\u00f1os ni bautismos\u201d, entonces al hombre hay que hacerlo desaparecer, como en \u201cTela de ara\u00f1a\u201d, el mejor cuento de <i>Las cosas que perdimos en el fuego<\/i> (y el menos<i> horroroso<\/i>). Estamos en un momento de inflexi\u00f3n en la \u201chistoria cultural de la formaci\u00f3n de emociones\u201d, como dec\u00eda Brady.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>X<\/p>\n<p>Las conexiones profundas entre la literatura fant\u00e1stica y la literatura de mujeres y una posible ret\u00f3rica del miedo est\u00e1n por hacerse. Hacen falta estudios que, ampliando la muestra y proponiendo hip\u00f3tesis, comprueben o desestimen la especificidad de una narrativa fant\u00e1stica, g\u00f3tica, de horror o ins\u00f3lita femenina\/\u00bffeminista? Enr\u00edquez insiste en relaciones interpersonales turbias y trabaja un efectismo efectivo en la violencia en las im\u00e1genes (v\u00e9ase \u201cD\u00f3nde est\u00e1s coraz\u00f3n\u201d; \u201cCarne\u201d, del primer libro, y \u201cEl chico sucio\u201d y \u201cBajo el agua negra\u201d en el segundo). Los v\u00e9rtices de la naturalidad del horror, la desaparici\u00f3n, la descolocaci\u00f3n y la sexualidad tab\u00fa o transgresora demuestran que lo fant\u00e1stico es la opci\u00f3n de escritura m\u00e1s v\u00e1lida para lo que propone. Para Enr\u00edquez, bajar es lo peor, s\u00ed, pero hay que hacerlo. No se trata de un fant\u00e1stico libresco, ni intelectual, ni de ambig\u00fcedad (no es \u201cpas\u00f3 o no pas\u00f3\u201d, sino \u201c\u00bfqu\u00e9 pas\u00f3?). Esta opci\u00f3n se asociar\u00eda, en mi modo de ver, por un lado, a los \u201cmotivos tradicionales de los imaginarios colectivos vinculados a la experiencia de lo sobrenatural\u201d de los que habla Pampa Olga Ar\u00e1n en <i>El fant\u00e1stico literario. Aportes te\u00f3ricos<\/i> (1999) y, por otro, al discurso del psicoan\u00e1lisis, relacionado el \u201clado oculto\u201d de la psique humana. Inspeccionan la noci\u00f3n freudiana de lo ominoso: aquello que es, al mismo tiempo, reconocible e inesperado, visible y oculto. Lo individual y lo colectivo se unen, as\u00ed, y emergen los horrores de nuestras realidades.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n de la literatura fant\u00e1stica de estos tiempos \u2014a\u00f1o 1 de la pandemia, a\u00f1o 1 de ese virus que alguien se pesc\u00f3 en un avi\u00f3n\u2014 tal vez sea interrogar \u201clo natural\u201d en mundos donde nada o todo parece serlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>Hall de entrada del Palacio Barolo, Buenos Aires, Argentina. Foto:\u00a0Brenda Helen, Unsplash.<\/h6>\n<p><b id=\"docs-internal-guid-5ffa8e38-7fff-c6f9-e730-8069e6abfda0\"><a href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/number-14\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Visita nuestra p\u00e1gina de Bookshop para comprar libros de Mariana Enr\u00edquez y apoyar a las librer\u00edas locales.<\/a><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Literature can be anachronistic and prophetic at once.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":3809,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2982,4450],"genre":[2025],"pretext":[],"section":[2424],"translator":[2458],"lal_author":[3500],"class_list":["post-3812","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-argentina-es","tag-numero-14","genre-featured-author-es","section-featured-author-mariana-enriquez-es-2","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-pablo-brescia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3812","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3812"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3812\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3809"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3812"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3812"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3812"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=3812"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=3812"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=3812"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=3812"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=3812"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}