{"id":3798,"date":"2020-05-13T16:25:05","date_gmt":"2020-05-13T22:25:05","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/05\/writing-migration-desedimentation-lina-meruane-cristina-rivera-garza\/"},"modified":"2024-07-06T17:25:36","modified_gmt":"2024-07-06T23:25:36","slug":"writing-migration-desedimentation-lina-meruane-cristina-rivera-garza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/05\/writing-migration-desedimentation-lina-meruane-cristina-rivera-garza\/","title":{"rendered":"&#8220;Escribir en migraci\u00f3n: una des-sedimentaci\u00f3n con Lina Meruane&#8221; de Cristina Rivera Garza"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>El sonido del afuera<\/b><\/p>\n<p>Desde el inicio, Lina Meruane fue sobre todo una voz. Mejor decir: un ritmo. Tanto en <i>Sangre en el ojo<\/i>, la primera novela que le le\u00ed, como en nuestra primera conversaci\u00f3n \u2014una tarde lluviosa en New York, si no mal recuerdo\u2014 lo que m\u00e1s se qued\u00f3 grabado en la memoria fue la cadencia de sus palabras. La manera que ten\u00edan no s\u00f3lo de significar algo, sino de ser algo en s\u00ed: sonido, presencia, compa\u00f1\u00eda. Una materialidad de ecos. Reverberaci\u00f3n. Ha pasado el tiempo y todav\u00eda, cuando nos encontramos aqu\u00ed o all\u00e1, me sigue impresionando el contraste entre el acento suave, casi cantadito, de su espa\u00f1ol chileno, y la melod\u00eda inquieta, m\u00e1s marcada, que lo saca de sus labios y lo deposita, veloz, en el aire que respiramos. Me ha llevado un buen rato darme cuenta que ese contraste de registros y tonos est\u00e1 menos relacionado a un simple azar org\u00e1nico y m\u00e1s al largo recorrido de las \u201clenguas porosas\u201d que aprendieron y practicaron, en distintos momentos de sus vidas, sus antepasados migrantes. Los lenguajes, los movimientos del cuerpo, y hasta las apariencias de generaciones enteras se pierden, con frecuencia para siempre, con cambios de contexto, procesos de movilidad social e, incluso, con el empuje de la cultura pop, como argumenta Annie Earnaux en su libro <i>Los A\u00f1os<\/i>. Pero tambi\u00e9n es cierto que, debajo de todo eso, m\u00e1s all\u00e1 de la mera superficie, algo se sedimenta en el cuerpo. Como el trauma que se hereda de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, la materialidad de la experiencia abre surcos en la garganta, impone cierta ligereza a las manos, se carga de modos determinados sobre la cadera. Decimos: te pareces tanto a tu abuela, sin poder definir exactamente en qu\u00e9 reside la similitud. Decimos: eso me recuerda la manera en que tu t\u00eda bailaba, tratando de capturar un movimiento irrepetible. Decimos: esa palabra es de tu abuelo, maravill\u00e1ndonos ante la irrupci\u00f3n que nadie esperaba. Esas cosas, que surgen, o resurgen, en momentos de gran estr\u00e9s o de mucha felicidad, no tienen calendario ni agenda. Cuando algo est\u00e1 a punto de romperse, ah\u00ed est\u00e1n. Cuando ya no hay m\u00e1s, ah\u00ed est\u00e1n. Cuando la distracci\u00f3n o el abandono, cuando la risa, cuando el ataque de nervios. Sobre todo, cuando el presente. Ese subterfugio que nos acerca a los nuestros, volvi\u00e9ndonos, de hecho, nosotros a trav\u00e9s del tiempo y del espacio es lo que o\u00ed en las palabras de Lina Meruane. Me ha llevado tiempo distinguir en su voz, pues, los acentos de lo que, incluso en una inmovilidad aparente, contin\u00faa desplaz\u00e1ndose. Es el sonido del afuera. Se trata de esa marca que cargamos, sabi\u00e9ndolo o no, los que siempre nos estamos yendo hacia otro lado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Las lenguas porosas<\/b><\/p>\n<p>En <i>Volverse Palestina<\/i>, el libro en el que Lina Meruane explora con amoroso cuidado la traves\u00eda migratoria que emprendieron sus abuelos desde Palestina hasta Chile a mediados de siglo XX, y con el que ella lleva a cabo tambi\u00e9n el regreso a un lugar en el que nunca ha estado antes todos estos a\u00f1os despu\u00e9s, se detiene por un momento en eso que llama las \u201clenguas en bifurcaci\u00f3n\u201d. Ah\u00ed est\u00e1n sus abuelos, aprendiendo, conservando y ocultando lenguas, eligiendo con matem\u00e1tico rigor el habla que le garantizar\u00eda una ciudadan\u00eda que no fuera \u201cde segunda clase\u201d a su progenie. \u00c1rabe. Espa\u00f1ol. Alem\u00e1n. Aunque la informaci\u00f3n solo es tan fidedigna como la memoria de los miembros de la familia, parece quedar claro que la abuela aprendi\u00f3 el espa\u00f1ol de ni\u00f1a, al llegar a Am\u00e9rica; mientras que el abuelo empez\u00f3 a remontar las vocales del castellano ya cuando era un joven de entre 13 y 14 a\u00f1os, y esto sin descartar de todo el alem\u00e1n que ven\u00eda de lecciones en escuelas de comunidades religiosas europeas que funcionaban en Palestina en su \u00e9poca. M\u00e1s que una desaparici\u00f3n de lenguas maternas, se trata aqu\u00ed de capas de habla que, al acumularse una sobre la otra, lejos de borrar a las precedentes, las enfatizan con su propia existencia. Hay algo debajo de la voz, algo ineluctable que, sin embargo, puede pasar desapercibido. Pero no para los que conocen el afuera. Sediment\u00e1ndose entre s\u00ed, estos idiomas porosos van abriendo t\u00faneles secretos que, en su solidez, permiten el paso libre de inflexiones propias, dejos peculiares, modulaciones que nadie, que no sea un nosotros, repetir\u00e1 jam\u00e1s. \u00bfCu\u00e1ntas lenguas se ocultan y cu\u00e1ntas dejan entrever sus ecos en las palabras que pronunciamos? Los que somos producto de largas sagas de migraci\u00f3n podemos no saber la respuesta, pero nunca dejamos de hacer esta pregunta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Des-sedimentar la lengua<\/b><\/p>\n<p>Mis abuelos paternos, como los de Lina Meruane, dejaron atr\u00e1s una tierra a la que nunca regresaron despu\u00e9s. A inicios del siglo XX, le dieron la espalda a un rinc\u00f3n de San Luis Potos\u00ed cuando la sequ\u00eda del altiplano les hab\u00eda arrebatado ya a su primer hijo. Se fueron para el norte. Y, una vez ah\u00ed, se fueron todav\u00eda m\u00e1s para el norte. En la frontera entre Coahuila y Texas, se convirtieron en trabajadores de minas de carb\u00f3n y, despu\u00e9s, con algo de suerte, en jornaleros en los ranchos ganaderos. Como muchos de los desterrados del porfiriato, mis abuelos llevaban pocas cosas con ellos, adem\u00e1s de sus brazos y su lengua, cuando partieron. Hablaban espa\u00f1ol, eso es cierto. Pero tambi\u00e9n hablaban algo m\u00e1s. La otra lengua, la que dejaron de practicar y que no heredaron a sus hijos, ser\u00e1 siempre materia de especulaci\u00f3n. Por las mismas \u00e9pocas, mis abuelos maternos cruzaron la frontera entre M\u00e9xico y Estados Unidos, convirti\u00e9ndose en pizcadores de algod\u00f3n o trabajadores de la construcci\u00f3n en las grandes ciudades texanas. Al espa\u00f1ol que llevaban con ellos, le a\u00f1adieron pronto el ingl\u00e9s. Y, cuando unos 30 a\u00f1os despu\u00e9s de su arribo el presidente Hoover inici\u00f3 una agresiva pol\u00edtica de deportaci\u00f3n despu\u00e9s de la gran depresi\u00f3n de 1929, mis abuelos, y sus lenguas, regresaron a M\u00e9xico. Ah\u00ed labraron una vida que se extendi\u00f3 en hijos y nietos. Ah\u00ed, dejaron de hablar de la expulsi\u00f3n, para empezar a hablar de la bienvenida. Poco o nada supe de esos trayectos, acuerdos, humillaciones, encuentros. En todo caso, el espa\u00f1ol se acomod\u00f3 en sus cuerpos y, ah\u00ed, en los pulmones y la garganta, en la laringe, en el torrente de sangre, finc\u00f3 su casa. Como Lina Meruane cuando regres\u00f3 a Palestina sin haber estado antes ah\u00ed, yo regres\u00e9 a Texas cuando cre\u00ed estar llegando por primera vez en 1990. Mis abuelos, que hab\u00edan trabajado sin descanso aqu\u00ed, estableciendo con el matrimonio el inicio de su familia, fundaron la huella que, como dir\u00eda Jos\u00e9 Revueltas, mi regreso habitaba. Reconocer es distinto a conocer, pero se le parece tanto. Ahora, despu\u00e9s de ya m\u00e1s de 30 a\u00f1os de vivir en Estados Unidos, a veces me preguntan por mi acento. Y esto lo hacen conocidos y amigos tanto de Estados Unidos como de M\u00e9xico. Est\u00e1, por supuesto, la espina dorsal del espa\u00f1ol, pero a su lado, en capas porosas, se tienden tambi\u00e9n esas otras lenguas que las migraciones fueron colocando y difuminando a su paso. Eso que se niega a morir, ese ritmo que no controlo y noto menos, es la carga gen\u00e9tica del sonido en migraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Una tradici\u00f3n de largas caminatas<\/b><\/p>\n<p>\u201cLos barcos zarpaban desde Haifa\u201d, dice Meruane, \u201cy descansaban en alg\u00fan puerto del Mediterr\u00e1neo (G\u00e9nova o Marsella) antes de continuar a Am\u00e9rica con sus s\u00f3tanos de tercera llenos de \u00e1rabes, de ratones, de cucarachas hambrientas\u201d. Dice, tambi\u00e9n, que esos \u00e1rabes eran cristianos ortodoxos y que dejaban sus tierras portando pasaportes otomanos. Hu\u00edan del servicio militar, que es lo mismo decir que hu\u00edan de la guerra donde ser\u00edan \u201ccarne de ca\u00f1\u00f3n\u201d. Hu\u00edan porque quedarse era una imposibilidad. Un riesgo. Una penitencia. Mis abuelos paternos hicieron lo mismo: escapaban del hambre que provocaban los a\u00f1os de sequ\u00eda; hu\u00edan de la desposesi\u00f3n de tierras que causaban las pol\u00edticas del presidente Porfirio D\u00edaz; dejaban atr\u00e1s esa pobreza radical en que una enfermedad estomacal como la disenter\u00eda era una condena de muerte. Dice Jos\u00e9 Revueltas en esa novela sobre el norte mexicano que es <i>El luto humano<\/i>, que los pobres que buscaban un sitio propio en la tierra no ten\u00edan de otra m\u00e1s que caminar fervientemente. Caminar, que de eso depend\u00eda su vida. Aunque las v\u00edas del tren que un\u00edan a San Luis Potos\u00ed con la frontera se tendieron desde fines del siglo XIX, creo que mis abuelos, que no ten\u00edan un quinto por lo dem\u00e1s, caminaron todo el camino al norte. Era, como dec\u00eda Revueltas \u201cjusto, preciso, indispensable caminar, ahora que no ten\u00edan sitio. Caminar intensamente, solo que sin meta, huyendo\u2026 Pero con todo, caminar, buscarse, porque aun cuando fueran derrotados, algo les dec\u00eda, muy dentro, sin que oyeran nada, que la salvaci\u00f3n exist\u00eda\u201d. Gloria Anzald\u00faa, otra habitante de la frontera entre Texas y Tamaulipas, no deja de recordarnos tampoco que hay, entre nosotros, \u201ca tradition of migration; a tradition of long walks\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Retroceder, que es otra forma de ir hacia el futuro<\/b><\/p>\n<p>Fue una tarde en Chile que Lina Meruane le propuso a su padre que empezaran a \u201cretroceder, lentamente\u201d. Quer\u00eda regresar a la ciudad del padre, y a su casa vieja para, como lo dice ella, \u201cparchar nosotros nuestro recuerdo\u201d. Ya para entonces nos queda claro que no solo el padre hab\u00eda dejado atr\u00e1s Beit Jala de joven, sino que ella misma se hab\u00eda largado de Chile a\u00f1os atr\u00e1s para vivir en los Estados Unidos. \u00bfSer\u00e1 cierto que los que se mudan con frecuencia recuerdan m\u00e1s? La melancol\u00eda puede hacer bromas pesadas, sin duda. La nostalgia. Para los que son parte misma de una larga secuela de migraciones, \u00bfqu\u00e9 queda? En <i>Volverse Palestina<\/i> la lista es larga: un gallinero, el ruido de una llave de agua corriendo, un patio de naranjos, un piano negro, un parag\u00fcero, un par de \u00e1rboles levantando el asfalto, una plaza de armas con su fuente de bronce, tiendas con letreros de apellidos \u00e1rabes, el pesado metro de madera con el que se med\u00edan las telas, las tijeras, las hilachas, el mostrador. Cierro el libro por un momento y, mirando fijamente la pared blanca, retrocedo: los pisos de madera muy gastada, el aroma del membrillo, los tractores oxidados, las vainas de los mezquites, los drenes, una soga amarrada a una rama que pende sobre un canal, el sart\u00e9n de hierro forjado, el sonido del palote sobre los bollos de harina, los \u00f3rganos, el cielo muy azul, el vuelo de la lechuza, el aire del primer hurac\u00e1n. Son mis recuerdos del Poblado An\u00e1huac, ese lugar en la frontera entre Tamaulipas y Texas donde mis padres se conocieron y, despu\u00e9s de casarse y traerme al mundo, dejaron atr\u00e1s. \u00bfDe d\u00f3nde eres?, me preguntaban cuando acababa de llegar a una nueva ciudad. \u00bfY c\u00f3mo decirles que hab\u00eda nacido en un sitio que no aparec\u00eda en los mapas?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Ir con el cuerpo<\/b><\/p>\n<p>Poco a poco, en <i>Volverse Palestina<\/i>, el padre de Lina se presta a compartir ese movimiento retrospectivo de la memoria, pero no sin reticencia. Se requerir\u00e1, despu\u00e9s, el apoyo memor\u00edstico de las t\u00edas, los primos, y hasta los taxistas. Pero, eventualmente, Lina ir\u00e1 personalmente. Retroceder. Ir hacia el futuro. Su cuerpo, que atraviesa aeropuertos, que contesta preguntas imposibles, dudando y haciendo dudar, va hacia all\u00e1. \u00bfQui\u00e9n es qui\u00e9n en ese lugar herido del mundo que es Palestina tomada, invadida, tajada por muros y violencia? \u00bfY qui\u00e9nes somos nosotros ac\u00e1, tan cerca de esas jaulas donde siguen encerrados los ni\u00f1os que vienen a pie desde Centroam\u00e9rica? \u00bfQui\u00e9nes somos nosotros cuando una licenciada argumenta frente a un juez que negarle el jab\u00f3n para el aseo a un migrante \u201cilegal\u201d no es una violaci\u00f3n a los derechos humanos? Tengo meses ya regresando a esa franja fronteriza. Como no hay una casa a donde volver, quiero pisar al menos los caminos por los que pasaron sus pies. No queda nada ya de los abuelos paternos: alguna fotograf\u00eda, dos o tres rumores, el nombre de un pueblo. Pero queda el recorrido. Queda su manera de migrar, que fue su modo de sobrevivir. Por eso vamos un d\u00eda de finales de verano hasta Zaragoza \u2014un poblado que, hasta antes de llegar, imaginaba seco y perdido, pero que resulta estar rodeado de manantiales y de altos \u00e1rboles de follajes inmensos. Zaragoza, Coahuila, a una hora de Piedras Negras, cruzando la frontera por Eagle Pass. Campos de algod\u00f3n aqu\u00ed y all\u00e1. Despu\u00e9s de comer y despu\u00e9s de descansar, despu\u00e9s de preguntar en la estaci\u00f3n de polic\u00eda y, luego, en las oficinas de la municipalidad, logramos ubicar el pante\u00f3n local. Sus nombres no aparecen en los libros. Y, lo \u00fanico que alcanzo a saber, es que, entre tumba y tumba, tal vez en la lim\u00edtrofe del lugar, se encuentra la fosa com\u00fan a donde iban a parar los que no ten\u00edan recursos para hacerse de un pedazo de tierra, un f\u00e9retro, una loza de m\u00e1rmol, una cruz. Ah\u00ed, en ese sitio que no puedo localizar, pero sobre el que seguramente han pasado ya mis pies, est\u00e1n los huesos de una de las abuelas. Su cuerpo bajo mi cuerpo. Mi cuerpo aqu\u00ed, junto al suyo. No puedo pedir m\u00e1s, ni obtener menos. Una cercan\u00eda que, como la de Lina Meruane cuando est\u00e1 a punto de dejar la tierra de sus abuelos, solo quiere decir que uno volver\u00e1.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Escribir desde Estados Unidos<\/b><\/p>\n<p>Siempre hay alguien que ha migrado antes. Eso es lo que estoy tratando de decir. Cuando creemos que hemos emprendido este viaje sin retorno, este desplazamiento que se subdivide o multiplica en muchos m\u00e1s, en realidad vamos embonando las plantas de nuestros pies sobre las huellas que han dejado otros. No hay tabula rasa. Somos solo invitados sobre la superficie de una tierra que experimentamos en com\u00fan. Alguien estuvo aqu\u00ed, donde yo estoy; y alguien m\u00e1s estar\u00e1 despu\u00e9s de mi estancia. Alguien habl\u00f3 esta lengua, negada una y otra vez. Las razones de esa ausencia son la cosa misma de la pol\u00edtica; las razones de la presencia son la cosa misma de la \u00e9tica. Entre ellos y nosotros, en todo caso, hay un puente que es memorioso, porque es org\u00e1nico y material. Porque nos afecta y lo afectamos. El que escribe desde Estados Unidos no puede darse el lujo de olvidar que seguimos escribiendo en migraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Este texto forma parte de una colecci\u00f3n de ensayos, escritos por Cristina Rivera Garza y traducidos por Sarah Booker, titulada <a href=\"https:\/\/www.feministpress.org\/books-a-m\/grieving\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>Grieving: Dispatches from a Wounded Country<\/em><\/a>, que ser\u00e1 publicada por Feminist Press en octubre de 2020.<\/p>\n<p><b id=\"docs-internal-guid-bf6fcc96-7fff-8d93-857c-69f4e5457261\"><a href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/number-14\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Visita nuestra p\u00e1gina de Bookshop para comprar libros de esta autora y apoyar a las librer\u00edas locales.<\/a><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde el inicio, Lina Meruane fue sobre todo una voz. Mejor decir: un ritmo. 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