{"id":3796,"date":"2020-05-13T15:45:47","date_gmt":"2020-05-13T21:45:47","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/05\/travel-notes-carlos-yushimito-rodrigo-hasbun\/"},"modified":"2023-06-05T21:07:47","modified_gmt":"2023-06-06T03:07:47","slug":"travel-notes-carlos-yushimito-rodrigo-hasbun","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/05\/travel-notes-carlos-yushimito-rodrigo-hasbun\/","title":{"rendered":"&#8220;Notas de viaje alrededor de Carlos Yushimito&#8221; de Rodrigo Hasb\u00fan"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.<\/p>\n<p>Se le perdieron los lentes a Carlos Yushimito, el d\u00eda que lo conoc\u00ed. Era enero o febrero del 2011 y nos hab\u00edan invitado a un evento literario en una Nueva York todav\u00eda fr\u00eda y gris. Durante horas deambulamos por barrios que ninguno conoc\u00eda bien (yo un boliviano descendiente de palestinos, \u00e9l un peruano descendiente de japoneses, los dos estudiantes vencidos), y no dejaba de resultar extra\u00f1o que para \u00e9l todo lo que ten\u00edamos alrededor fuera borroso y m\u00e1s ajeno todav\u00eda de lo que ya lo era para m\u00ed. Los miopes severos sabemos esto: los lugares se transforman de manera radical cuando te pones o te quitas los lentes, se vuelven menos o m\u00e1s amenazantes de un segundo a otro, menos o m\u00e1s acogedores, menos o m\u00e1s bellos. Si adem\u00e1s de miopes somos escritores, tambi\u00e9n sabemos que en ese desencuentro constante entre lo que vemos y lo que solo atisbamos se cifra la mirada y la sensibilidad de un escritor, su entendimiento de las cosas y de d\u00f3nde comienza y termina cada una de esas cosas. Leer es en alguna medida compartir la miop\u00eda de quien leemos, y es tambi\u00e9n mirarlo todo con sus lentes, si decide usarlos. Entonces sucede esa cosa milagrosa que propicia la lectura: lo que llamamos realidad cobra nuevos matices, otro tipo de agudeza, un orden peculiar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>2.<\/p>\n<p>Recuerdo esa tarde en la que conoc\u00ed a Yushimito mientras releo \u201cElogio de la miop\u00eda\u201d, un ensayo que recogi\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s en su libro <i>Marginalia. Breve repertorio de pensamientos prematuros sobre el arte poco notable de escribir al rev\u00e9s <\/i>(2015), volumen miscel\u00e1neo en el que resuenan en m\u00e1s de un modo las <i>Prosas ap\u00e1tridas <\/i>de Julio Ram\u00f3n Ribeyro, con el que comparte un mismo pa\u00eds que abandonaron ambos y tambi\u00e9n la discreci\u00f3n y la lucidez. Escribe en esas p\u00e1ginas: \u201cToda experiencia migrante es una experiencia de lenguaje. Llegar a una nueva comunidad es, por lo com\u00fan, algo parecido a forzarse a mirar una tabla optom\u00e9trica, lo cual se parece, m\u00e1s o menos, a conquistar nuevamente una forma de leer\u201d. Quien se ha ido intenta descifrar los signos de su nuevo entorno y no deja de compararlos con aquellos que sab\u00eda interpretar un poco de memoria ah\u00ed de d\u00f3nde se fue. Aprende a leer de nuevo, a leer con la atenci\u00f3n del miope, encontr\u00e1ndose y perdi\u00e9ndose todo el tiempo mientras cuestiona las din\u00e1micas y los contornos del nuevo lugar, que somete siempre al contraste con los lugares anteriores. Es, claro, un contraste m\u00faltiple, ling\u00fc\u00edstico para comenzar, pero tambi\u00e9n social y pol\u00edtico y geogr\u00e1fico y cultural. Sigue Yushimito, atando cabos: \u201cCreo que alguien miope tiene desde su propia relaci\u00f3n con el mundo un modo natural de ser diferente y de relacionarse, en consecuencia, de forma distinta con \u00e9l. Del mismo modo, pienso que escribir en el extranjero debe ser como mirar el mundo sin los anteojos puestos. Un poco acostumbrado a que la realidad se confunda con el sue\u00f1o, lavado de l\u00edmites, donde a la escritura le crezcan las sinestesias como la mala hierba le crece a los jardines que no son otra cosa que espacios de exacta domesticaci\u00f3n. Pienso que uno debe limpiarse los ojos llenos de tierra. Y que uno debe luchar contra esa solidez, contra todos esos contornos que alguna vez fueron s\u00f3lidos y n\u00edtidos\u201d.<\/p>\n<p>En esa confluencia entre la miop\u00eda, la extranjer\u00eda y la escritura se esconde quiz\u00e1 una clave posible para entender la po\u00e9tica de Yushimito, una po\u00e9tica del extra\u00f1amiento y tambi\u00e9n, casi inevitablemente, de la incomodidad y del fuera de lugar. Como en las pesadillas m\u00e1s severas, y como en los sue\u00f1os que arrastramos con nosotros a lo largo de los a\u00f1os, en su escritura todo resulta impredecible y familiar, al mismo tiempo ajeno y pr\u00f3ximo. En ese territorio \u201clavado de l\u00edmites\u201d el cruce de fronteras es una pr\u00e1ctica habitual, y predomina una cierta desobediencia hacia los g\u00e9neros. Sus cuentos viajan adem\u00e1s de un libro a otro, suavizando la continuidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>3.<\/p>\n<p>Nacido en Lima en 1977, Yushimito vivi\u00f3 en Estados Unidos desde agosto del 2008 hasta octubre del 2018. En esos diez a\u00f1os hizo una maestr\u00eda y un doctorado en las universidades de Villanova y Brown (lleg\u00f3 al pa\u00eds amparado bajo una beca de estudio, al igual que tantos otros escritores latinoamericanos), antes de mudarse a ense\u00f1ar a California. Mientras tanto, escribi\u00f3 los cuentos de <i>Lecciones para un ni\u00f1o que llega tarde<\/i> (2011) y <i>Los bosques tienen sus propias puertas<\/i> (2013), las dos breves incursiones en la literatura infantil <i>La lavandera <\/i>(2013) y <i>Un circo sin carpa <\/i>(2016), y la mayor\u00eda de los textos reflexivos de<i> Marginalia. Breve repertorio de pensamientos prematuros sobre el arte poco notable de leer al rev\u00e9s<\/i> (2015). Solo dos libros de cuentos, <i>El mago <\/i>(2004) y <i>Las islas <\/i>(2006), anteceden su d\u00e9cada en Estados Unidos, y todav\u00eda no ha publicado desde que se fue.<\/p>\n<p>Le pregunto por correo electr\u00f3nico si considera que los libros que escribi\u00f3 aqu\u00ed se vieron afectados por su condici\u00f3n migrante. Esto responde: \u201cSin duda. Creo que mi vida en los Estados Unidos me concedi\u00f3 una tranquilidad muy grande para escribir; en particular, mucho tiempo libre para escribir y tambi\u00e9n mucha libertad para leer y reflexionar ociosamente. As\u00ed que, digamos, sin las condiciones materiales de esa \u00e9poca yo no hubiera sido capaz de escribir probablemente varios de los libros que termin\u00e9 escribiendo. En lo que refiere al influjo de esa experiencia sobre mi escritura, por ahora soy consciente de al menos dos: uno de ellos provino de los paisajes a los que me acostumbr\u00e9; y el otro, de cierto aislamiento ling\u00fc\u00edstico, una especie de par\u00e9ntesis o adormecimiento. Yo viv\u00ed casi toda mi vida en Lima, que es un desierto inmenso, invisible para mucha gente; de forma que empezar a vivir de pronto en las zonas boscosas del norte fue una experiencia maravillosa. Descubr\u00ed la nieve y las lluvias. Las estaciones. Una vegetaci\u00f3n abundante. Todo eso, pienso ahora, tuvo un efecto muy duradero en mi escritura. En cuanto al aislamiento ling\u00fc\u00edstico del que te hablaba antes, f\u00edjate que yo no me hab\u00eda dado cuenta de lo mucho que me afect\u00f3 este asunto hasta que, hace unos meses, volv\u00ed a vivir en Am\u00e9rica Latina. Durante diez a\u00f1os yo sol\u00eda viajar en los autobuses con los o\u00eddos apagados. Metido como estaba en mis pensamientos, mi entorno se convirti\u00f3 en un susurro inmanente. Algo as\u00ed como las voces que escucha Charlie Brown. Ahora, poco a poco, estoy habitu\u00e1ndome de nuevo a escuchar las voces que sobrenadan mi alrededor cada vez que salgo a caminar; las calles me resultan de nuevo ensordecedoras. Dejar de escucharme solo a m\u00ed me ha hecho comprender la verdadera naturaleza de mi retorno\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>4.<\/p>\n<p>A partir de su bibliograf\u00eda podr\u00eda decirse que Yushimito es un visitante asiduo de las zonas perif\u00e9ricas de un sistema literario que todav\u00eda privilegia la novela por encima de cualquier otro g\u00e9nero. Su condici\u00f3n de migrante descendiente de migrantes, la proliferaci\u00f3n de sus inquietudes, y su fascinaci\u00f3n por el movimiento y la transitoriedad, parecen haber encontrado no una casa sino muchas en las formas breves y, en especial, en el cuento, que ha practicado magistralmente y sobre el cual ha escrito en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Vuelvo a citarlo in extenso, esta vez sobre lo que postula al respecto en una de sus notas de <i>Marginalia<\/i>: \u201cLa ansiedad por la novedad y la fetichizaci\u00f3n del libro actual no alcanzan a explicar el acorralamiento del g\u00e9nero en el prejuicio in\u00fatil de las estrategias de agentes, editores y corporaciones que confabulan en contra de su divulgaci\u00f3n, si no se piensa que hay algo m\u00e1s bien at\u00e1vico que aleja al cuento de la sensibilidad capitalista que gu\u00eda a la industria editorial. Sospecho que algo de la pr\u00e1ctica pre mercantil de la cual surgi\u00f3 y que todav\u00eda hoy lo aproxima a la poes\u00eda, participa de la desconfianza interna que provoca el g\u00e9nero del cuento como tal. El capitalismo impreso debe mucho a\u00fan a la novela, g\u00e9nero que no solo ayud\u00f3 a la imaginaci\u00f3n nacional y a su com\u00fan tejido social moderno, sino tambi\u00e9n a la expansi\u00f3n de un mercado que se vio a s\u00ed mismo inacabable, sin darse cuenta de que, al menos en nuestra lengua, alcanzaba su propio l\u00edmite en el p\u00fablico alfabetizado disponible. Paralelo a \u00e9l, paciente y obstinado, el g\u00e9nero del cuento sigue emergiendo espoleado por su soledad y sus lectores m\u00ednimos. Como f\u00e1cilmente podr\u00e1 comprobar el lector que se acerque a cuentos como los de Felisberto Hern\u00e1ndez (que, en su inusual l\u00f3gica on\u00edrica, parecen no concluir sino abandonarse siempre), o los de Clarice Lispector (que nos leg\u00f3, entre otras maravillas, \u2018A Menor Mulher do Mundo\u2019, que implosiona de historias internas como una eficiente bomba de racimo) o la extraordinaria tradici\u00f3n norteamericana, que desde mucho antes de \u2018The Short Happy life of Francis Macomber\u2019 hac\u00eda imposible dirimir lo que separa a un cuento de una <i>nouvelle<\/i>, una pol\u00edtica de la escritura no es solo determinada por la mayor o menos militancia de su contenido. Mucho m\u00e1s radical, menos domesticada, doblemente inc\u00f3moda, es aquella que, adem\u00e1s de resistir con su sola pr\u00e1ctica, resiste embistiendo contra s\u00ed misma\u201d.<\/p>\n<p>En esa tradici\u00f3n de la doble incomodidad, y de la resistencia dentro de un g\u00e9nero ya resistente de por s\u00ed, se ubican sin duda los cuentos de Yushimito.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>5.<\/p>\n<p>Antes de conocerlo ese enero o febrero del 2011, yo hab\u00eda le\u00eddo con asombro su libro <i>Las islas<\/i>, que est\u00e1 ambientado \u00edntegramente en las favelas de R\u00edo de Janeiro, una ciudad que \u00e9l solo conoc\u00eda por medio de la m\u00fasica, la literatura y el cine. Reley\u00e9ndolo ahora constato que es uno de los libros de cuentos m\u00e1s singulares que se hayan escrito en Latinoam\u00e9rica en lo que va de este siglo veintiuno y que \u201cBossa Nova para Chico Pires Duarte\u201d, \u201cTinta de pulpo\u201d y \u201cSeltz\u201d, con sus amores torcidos y su sabidur\u00eda popular y su violencia, merecer\u00edan un lugar en cualquier antolog\u00eda. Adem\u00e1s del di\u00e1logo convincente que entabla en ellos con la cultura brasilera y de su extraordinaria capacidad de fabulaci\u00f3n, lo que m\u00e1s me llama la atenci\u00f3n son el vigor y la hondura de su estilo (Yushimito es uno de los m\u00e1s finos estilistas de eso que podr\u00edamos llamar literatura latinoamericana reciente, etiqueta que \u00e9l seguramente cuestionar\u00eda), as\u00ed como la sigilosa construcci\u00f3n de sus atm\u00f3sferas.<\/p>\n<p>Esas cualidades persisten en <i>Lecciones para un ni\u00f1o que llega tarde <\/i>y <i>Los bosques tienen sus propias puertas<\/i>, libros tambi\u00e9n notables en los que ha virado hacia una extra\u00f1eza mayor, y en los que coquetea abiertamente con lo par\u00f3dico y lo intertextual, lo fant\u00e1stico, lo apocal\u00edptico y lo ominoso. Por dar unos cuantos ejemplos, en \u201cEn que da cuenta L\u00e1zaro de su amistad con un ciego traficante de historias y de los infortunios que con \u00e9l pas\u00f3\u201d Yushimito viaja en el tiempo y ofrece un doble homenaje l\u00fadico al Lazarillo de Tormes y a la literatura uruguaya. En \u201cFlechado por Tocantis\u201d retrata el mundillo de las telenovelas brasileras, mientras ejecuta en el mismo cuento algunos de los mecanismos del melodrama. En \u201cLos que esperan\u201d un periodista y un fot\u00f3grafo amarillistas rastrean la monstruosidad oculta en una Per\u00fa bizarra, cuya obsesi\u00f3n culinaria es empujada a l\u00edmites escandalosos en \u201cRizoma\u201d, que arranca as\u00ed: \u201cDesde aqu\u00ed arriba, desde lo alto de esta noria iluminada, veo a los cinoc\u00e9falos congreg\u00e1ndose atropelladamente alrededor de m\u00ed. Son cientos; tal vez miles los cinoc\u00e9falos que levantan sus cuellos. Su n\u00famero, caballeros, ya no importa.\u201d<\/p>\n<p>El humor dimensiona la mayor\u00eda de esos cuentos, as\u00ed como lo hace una escritura atravesada por im\u00e1genes inesperadas y hallazgos verbales recurrentes. El lenguaje siempre est\u00e1 ah\u00ed, llamando la atenci\u00f3n sobre s\u00ed mismo, pero sin opacar los placeres narrativos que Yushimito nos ofrece de manera sutil y contundente. Gracias a esa suma, no es posible transitar por sus textos de pasada. Hay que atravesarlos como atravesar\u00edamos un bosque ancestral o una zona pantanosa, o quiz\u00e1 incluso una ciudad ajena, con los lentes puestos o, mejor a\u00fan, sin saber d\u00f3nde los hemos dejado olvidados. Ya lo insinuaba: sucede igual en los sue\u00f1os y las pesadillas. Tambi\u00e9n en la literatura m\u00e1s perdurable.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b id=\"docs-internal-guid-3871afd6-7fff-18b2-5f1c-c6fd1fd755cd\"><a href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/number-14\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Visita nuestra p\u00e1gina de Bookshop para comprar libros de este autor y apoyar a las librer\u00edas locales.<\/a><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se le perdieron los lentes a Carlos Yushimito, el d\u00eda que lo conoc\u00ed. Era enero o febrero del 2011 y nos hab\u00edan invitado a un evento literario en una Nueva York todav\u00eda fr\u00eda y gris. Durante horas deambulamos por barrios que ninguno conoc\u00eda bien (yo un boliviano descendiente de palestinos, \u00e9l un peruano descendiente de japoneses, los dos estudiantes vencidos), y no dejaba de resultar extra\u00f1o que para \u00e9l todo lo que ten\u00edamos alrededor fuera borroso y m\u00e1s ajeno todav\u00eda de lo que ya lo era para m\u00ed. Los miopes severos sabemos esto: los lugares se transforman de manera radical cuando te pones o te quitas los lentes, se vuelven menos o m\u00e1s amenazantes de un segundo a otro, menos o m\u00e1s acogedores, menos o m\u00e1s bellos. Si adem\u00e1s de miopes somos escritores, tambi\u00e9n sabemos que en ese desencuentro constante entre lo que vemos y lo que solo atisbamos se cifra la mirada y la sensibilidad de un escritor, su entendimiento de las cosas y de d\u00f3nde comienza y termina cada una de esas cosas. Leer es en alguna medida compartir la miop\u00eda de quien leemos, y es tambi\u00e9n mirarlo todo con sus lentes, si decide usarlos. 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