{"id":3794,"date":"2020-05-13T14:54:26","date_gmt":"2020-05-13T20:54:26","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/05\/dislocating-writing-latin-america-rewrites-estados-unidos-gisela-heffes\/"},"modified":"2023-06-05T21:07:57","modified_gmt":"2023-06-06T03:07:57","slug":"dislocating-writing-latin-america-rewrites-estados-unidos-gisela-heffes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/05\/dislocating-writing-latin-america-rewrites-estados-unidos-gisela-heffes\/","title":{"rendered":"&#8220;Dislocar la escritura: Latinoam\u00e9rica reescribe United States&#8221; de Gisela Heffes"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Escribir en lengua extranjera o escribir en la propia lengua en un pa\u00eds extranjero no es un fen\u00f3meno nuevo. Elegir la lengua en que se escribe es una decisi\u00f3n que tiene implicancias no s\u00f3lo en la escritura en s\u00ed, sino en lo que la escritora de origen bengal\u00ed, Jhumpa Lahiri, en un art\u00edculo publicado en <i>The New Yorker<\/i> titulado \u201cTeach Yourself Italian\u201d, defini\u00f3 como un continuo \u201cexilio ling\u00fc\u00edstico\u201d. Lahiri, quien se cri\u00f3 en su mayor parte en Estados Unidos y por lo tanto en ingl\u00e9s, se refiere en particular a la elecci\u00f3n de escribir en italiano, lengua de adopci\u00f3n. La lengua de escritura puede ser una lengua adoptada y no necesariamente la \u201cbiol\u00f3gica\u201d o \u201cmaterna\u201d, si insistimos en una relaci\u00f3n materno filial. Lahiri, cuya madre es una poeta que escribe en bengal\u00ed, sostiene:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">\u201cCuando vives en un pa\u00eds donde tu propio idioma es considerado extranjero, puedes sentir una sensaci\u00f3n continua de extra\u00f1eza. Hablas un lenguaje secreto y desconocido, carente de correspondencias con el entorno. Una ausencia que crea una distancia dentro de ti\u201d.<\/p>\n<p>La poeta de origen japon\u00e9s Yoko Tawada adopt\u00f3 el alem\u00e1n para escribir su narrativa. Alternando entre el alem\u00e1n y el japon\u00e9s (su lengua \u201cmaterna\u201d) admite que se siente \u201centre dos lenguas\u201d y que eso mismo le ha ofrecido a su escritura \u201ccierta poes\u00eda\u201d. Sin embargo, como sugiere la magn\u00edfica escritora norteamericana Rivka Galchen, en una entrevista a Tawada para <i>The New York Times Magazine<\/i>, \u201cThe Profound Empathy of Yoko Tawada\u201d, algunas personas son extranjeras m\u00e1s all\u00e1 de la geograf\u00eda en la que se encuentran. Son naturalmente no \u201cvern\u00e1culas\u201d m\u00e1s all\u00e1 de su condici\u00f3n de inmigrantes. Es el caso de Tawada, quien reconoce que muchas veces se siente jud\u00eda dado que los escritores que m\u00e1s han impactado su obra son Walter Benjamin, por sus ensayos, Franz Kafka, por su ficci\u00f3n, y Paul Celan, por su poes\u00eda. Esta relaci\u00f3n familiar tiene sentido porque, como observa Galchen, el alem\u00e1n es una lengua que en cierta medida ha sido hostil para estos autores, y esta hostilidad ha pasado a formar un aspecto esencial de sus pensamientos y su escritura.<\/p>\n<p>Este fen\u00f3meno de exofon\u00eda, seg\u00fan lo han definido en el campo de estudios literarios, se invierte cuando nos referimos a escritores que residen en un pa\u00eds extranjero, y contin\u00faan escribiendo en su lengua \u201cmaterna\u201d o de origen. De manera inversa a los casos de Tawada, Lahiri, o los m\u00e1s conocidos como el checo Milan Kundera, el ruso Vladimir Nabokov o el polaco Joseph Conrad, quienes escribieron en franc\u00e9s y en ingl\u00e9s, los autores que introducimos en este peque\u00f1o dossier han optado por producir en una lengua extranjera respecto al pa\u00eds de su residencia e incluso, en algunos casos, naturalizaci\u00f3n. Mientras que la lengua de escritura no es una lengua hostil, como en los casos de Benjamin, Kafka y Celan a los que refer\u00eda Galchen, el espa\u00f1ol ha adquirido en Estados Unidos algunas caracter\u00edsticas peculiares. Es, por ejemplo, la lengua que m\u00e1s se habla luego del ingl\u00e9s (se estima que hay 58.9 millones de personas hispanas en Estados Unidos, las que comprenden un 18.1% de la poblaci\u00f3n). Esta presencia, no obstante, no alivia su existencia frente a la cultura que la hospeda. Al contrario, subyace una hostilidad respecto a la presencia de lo hispano. M\u00e1s a\u00fan, hay un prejuicio respecto tanto a la lengua como a su portador, el cual, similar al enfermo que acarrea una enfermedad contagiosa, es percibido como una amenaza: alguien capaz de esparcir un virus por todos los confines de la naci\u00f3n que lo alberga. El espa\u00f1ol es as\u00ed asociado con el inmigrante ilegal, con el invasor, o con la empleada dom\u00e9stica. El jardinero, el portero de edificio, la ni\u00f1era, o la persona que trabaja en la construcci\u00f3n. Asociaciones que no portan en s\u00ed un valor negativo si no fuera que son puestas en pr\u00e1ctica desde una posici\u00f3n despectiva. Es la pr\u00e1ctica lo que crea un juego de referentes desde el desprecio y la superioridad. Vista desde la mirada local, no es una lengua europea propiamente dicha, porque es una lengua mal hablada, diferente del espa\u00f1ol de Espa\u00f1a, una lengua que no se entiende, que se percibe como ajena, a veces nasal, tosca. Una lengua alienada, como los sujetos: <i>aliens.<\/i> En el imaginario estadounidense no es el espa\u00f1ol del Quijote y Lope de Vega. Ese es el espa\u00f1ol civilizado, de la cultura alta, asociado con su capital, Madrid, o con el exotismo andaluz. Con Europa. El espa\u00f1ol de los hispanos en Estados Unidos, en cambio, es el de los campesinos que llegan a pie hasta las garitas de oficiales de fronteras para pedir asilo, o el de los que llegan caminando y cruzan la frontera fluvial, y a veces y con suerte, sobreviven al desierto, a los animales salvajes, y a las pr\u00e1cticas de tiroteo que ejercitan algunos locales al norte del R\u00edo Grande para ejercer su derecho a la propiedad privada y al no <i>trespassing<\/i>. Siempre dentro del marco legal. Defender el territorio es uno de los principios m\u00e1s arraigados en la cultura de Estados Unidos. Una cultura del \u201cfar west\u201d que, no casualmente, se encuentra fundada por asentamientos de inmigrantes ilegales. <i>Settlers <\/i>que llegaron a Texas cuando \u00e9sta a\u00fan pertenec\u00eda a M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Pero, retomando la lengua, y su asociaci\u00f3n en el presente con un origen \u201cinculto\u201d, cabe aclarar: en Espa\u00f1a tambi\u00e9n hay campesinos, adem\u00e1s de jam\u00f3n y vino, y queso Manchego. Y no es tan civilizada. Y lo de cultura alta, bueno, eso es relativo.<\/p>\n<p>Desde que llegu\u00e9 a este pa\u00eds a hacer un doctorado en literatura y cultura latinoamericanas, una de las cosas que m\u00e1s me llamaron la atenci\u00f3n es que los norteamericanos padecen \u2014consciente o inconscientemente\u2014 de eurofilia. Por ejemplo, los departamentos de literatura angl\u00f3fona en las universidades m\u00e1s elitistas, como las <i>Ivy Leagues<\/i>, se especializan, en su mayor\u00eda, en literatura brit\u00e1nica (victoriana siglo XIX o renacentista, para ser a\u00fan m\u00e1s espec\u00edficos). No en literatura norteamericana. No en Toni Morrison, porque su escritura pertenece al departamento de estudios africanos; no en Philiph Roth, porque se lo estudia en el programa de estudios judaicos; no en Eudora Welty o Djuna Barnes, porque \u00e9stas se leen en los programas de estudio de g\u00e9nero; no en Sandra Cisneros o Rolando Hinojosa, ya que se corresponden con los estudios chicanos; y no en Carson McCullers o William Faulkner, porque \u00e9stos son le\u00eddos en los departamentos de estudios americanos. As\u00ed de cierto. Fue un shock, porque en Argentina, donde estudi\u00e9 antes de hacer mi doctorado aqu\u00ed, el plato m\u00e1s fuerte fue siempre la literatura argentina; luego, las literaturas latinoamericanas, incluyendo la brasilera. No la literatura de Espa\u00f1a, ni de Portugal. Y no porque no haya magn\u00edficos escritores ib\u00e9ricos, sino por un inter\u00e9s por lo nacional que, sin entrar en detalles, es un inter\u00e9s por entenderse a uno mismo. Entender la propia historia y su relaci\u00f3n inextricable con la literatura; entender el pasado, entender lo que se es, para bien o para mal. En este sentido, quiz\u00e1 se puede proponer, de manera especulativa, que esta continua derivaci\u00f3n de la literatura nacional, en Estados Unidos, a departamentos, programas o centros que se especializan en grupos \u201cminoritarios\u201d es un mecanismo de negarle el acceso a estas minor\u00edas a una literatura nacional, asumiendo que lo nacional se define como lo no africano, lo no jud\u00edo, lo no femenino, lo no sure\u00f1o, y lo no chicano. Pero tambi\u00e9n como una negaci\u00f3n de (re)conocer y analizar la propia literatura en relaci\u00f3n a la historia nacional, como si ambas transitaran carriles paralelos sin yuxtaponerse ni acercarse en ning\u00fan punto. Y es a\u00fan m\u00e1s curioso que los encargados de preservar esta estructura fragmentaria sean quienes abogan continuamente por una inclusi\u00f3n fuera de los marcos de estudios acad\u00e9micos. Es decir, fuera del \u00e1rea de trabajo \u201cangl\u00f3fono\u201d, ese campo de estudio limitado y de investigaci\u00f3n que en general remite a una literatura \u201calta\u201d y europea, hay una insistencia \u2014una imposici\u00f3n\u2014 a veces desproporcionada por aplicar pol\u00edticas de inclusi\u00f3n. Es valido preguntarse, por lo tanto, si estas pol\u00edticas obedecen a una culpa velada, de la que ellos mismos no tienen conocimiento \u2014una culpa que se manifiesta como una internalizaci\u00f3n del racismo\u2014, o de un mecanismo de racializar y etnificar la producci\u00f3n cultural, lo que no solo refuerza los lugares asignados a cada una de las culturas minoritarias, sino que adem\u00e1s perpet\u00faa esa racializaci\u00f3n y etnificaci\u00f3n fortaleciendo, parad\u00f3jicamente, a\u00fan m\u00e1s la exclusi\u00f3n y diferenciaci\u00f3n contra la cual, en la superficie, se lucha. Una consecuencia notable de estas contradicciones es que los grupos que conforman estas minor\u00edas quedan, al fin y al cabo, excluidas de lo que vagamente podr\u00edamos definir como lo \u201cnacional\u201d.<\/p>\n<p>En este contexto de disociaciones, la literatura producida en espa\u00f1ol en Estados Unidos se conformar\u00eda en una literatura m\u00e1s, dentro de lo \u201cnacional\u201d, entendiendo que esto \u00faltimo, en el contexto estadounidense, nunca es definido como un todo sino como una serie de fragmentaciones que se corresponden con cada una de las minor\u00edas que se representa, perpetuando su condici\u00f3n de extranjer\u00eda. La literatura en espa\u00f1ol producida en Estados Unidos conforma, m\u00e1s a\u00fan, un aspecto fundamental de la cultura local, tan importante como otras literaturas nacionales, y cuyos referentes no aparecen en, por ejemplo, la literatura producida en los pa\u00edses de or\u00edgenes. En cuanto a su po\u00e9tica, cuenta con rasgos particulares que la dislocan de un imaginario geogr\u00e1fico y cultural espec\u00edfico, cuestionando la idea de lo local y lo nacional. Consta de preocupaciones y angustias diferentes (por ejemplo, en estas escrituras la idea de movimiento, migraci\u00f3n, transitoriedad, partir y volver, olvidar y reencontrar, entre otras, es bastante frecuente). Son po\u00e9ticas del desarraigo, donde el escritor o la escritora se cuestiona problemas existenciales relacionados con el desplazamiento, la dislocaci\u00f3n y la relocaci\u00f3n. As\u00ed, la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, al hablar de otra escritora dislocada, la chilena Lina Meruane, indaga: \u201c\u00bfCu\u00e1ntas lenguas se ocultan y cu\u00e1ntas dejan entrever sus ecos en las palabras que pronunciamos? Los que somos producto de largas sagas de migraci\u00f3n podemos no saber la respuesta, pero nunca dejamos de hacer esta pregunta\u201d. Como un palimpsesto ling\u00fc\u00edstico, una continua yuxtaposici\u00f3n de voces \u2014desde familiares a extranjeras\u2014 la propia voz se extranjeriza. Se trata de una distorsi\u00f3n, o tergiversaci\u00f3n del mundo que nos rodea, de la percepci\u00f3n, incluyendo sus expresiones, las fisionom\u00edas. El boliviano Rodrigo Hasb\u00fan, otro de los escritores que introducimos en esta presentaci\u00f3n, apela de forma aleg\u00f3rica, al referirse al tambi\u00e9n expatriado escritor peruano de origen japon\u00e9s Carlos Yushimito, a una miop\u00eda. Desde su encuentro en una Nueva York distante, en la que ambos, \u201cestudiantes vencidos\u201d, deambulan \u2014como s\u00f3lo saben y pueden hacerlo los estudiantes\u2014 por una ciudad en la que \u201cno dejaba de resultar extra\u00f1o que para \u00e9l todo lo que ten\u00edamos alrededor fuera borroso y m\u00e1s ajeno todav\u00eda de lo que ya lo era para m\u00ed\u201d. La miop\u00eda, sugiere Hasb\u00fan, transforma los lugares \u201cde manera radical\u201d al punto que, \u201ccuando te pones o te quitas los lentes, se vuelven menos o m\u00e1s amenazantes de un segundo a otro, menos o m\u00e1s acogedores, menos o m\u00e1s bellos\u201d. Si leer es \u201ccompartir la miop\u00eda de quien leemos, y es tambi\u00e9n mirarlo todo con sus lentes\u201d entonces, como anota Hasb\u00fan, a trav\u00e9s de \u201cesa cosa milagrosa que propicia la lectura\u201d, \u201clo que llamamos realidad\u201d, adquiere \u201cnuevos matices, otro tipo de agudeza, un orden peculiar\u201d. La miop\u00eda de un escritor desarraigado exacerba la relaci\u00f3n con el entorno. La miop\u00eda como alegor\u00eda de la dislocaci\u00f3n, f\u00edsica, pero tambi\u00e9n emocional. Una borradura. Una experiencia fuera de foco. Una extra\u00f1eza, apunta la escritora peruana Claudia Salazar Jim\u00e9nez, al abordar la experiencia escrituraria de otra escritora desarraigada, la argentina Sylvia Molloy. Citando uno de sus \u00faltimos libros, <i>Vivir entre lenguas <\/i>(2016), Salazar Jim\u00e9nez reflexiona, a trav\u00e9s de una suerte de di\u00e1logo, en \u201cc\u00f3mo se escribe en esta vida entre distintos territorios\u201d. La \u201ccasa de la escritura y de la lengua\u201d, observa, se sacude frente al ir y venir, y la confluencia dada por el tr\u00e1nsito se vuelve \u201celemento de producci\u00f3n creativa\u201d. Es el tr\u00e1nsito entre diferentes idiomas, se\u00f1ala Salazar Jim\u00e9nez, pero tambi\u00e9n entre \u201cla escritura cr\u00edtica y la escritura de ficci\u00f3n\u201d, las que se contaminan mutuamente, franqueando fronteras y dejando la casa \u201csacudida. Un terremoto\u201d.<\/p>\n<p>Palimpsesto de palabras; miop\u00eda y experiencias fuera de foco; una casa estremecida, a punto de colapsar. Los tres escritores presentados aqu\u00ed fueron invitados a participar en un breve dossier sobre \u201cpo\u00e9ticas del desarraigo\u201d. En lugar de escribir sobre su propio proceso escriturario, se les pidi\u00f3 que abordaran la escritura de otro u otra escritor\/a latinoamericano\/a que asimismo reside en Estados Unidos. Se los invit\u00f3 a reflexionar sobre un escritor en particular y en su relaci\u00f3n con el exilio, y que esa reflexi\u00f3n incluyera la mirada del que escribe, quien tambi\u00e9n es un escritor o escritora dislocado\/a. Se los invit\u00f3, en suma, a entablar un di\u00e1logo o juego de voces. Un contrapunto que dispare tanto hablar sobre la obra del otro como sobre la propia: dos perspectivas que convergen en la experiencia de escribir en este pa\u00eds.<\/p>\n<p>Hoy, si hablar en espa\u00f1ol es un acto pol\u00edtico, escribir lo es a\u00fan m\u00e1s. Desafiar un modelo que encorseta la lengua, del mismo modo en que reprime cuerpos, grandes y chicos, confin\u00e1ndolos y alien\u00e1ndolos a jaulas visibles e invisibles. Es un acto de desaf\u00edo pero tambi\u00e9n liberador. Hoy, m\u00e1s que nunca, la literatura que se produce en Estados Unidos y en espa\u00f1ol conforma un fen\u00f3meno que atraviesa generaciones, naciones, etnias, religiones, y razas. Es un fen\u00f3meno transversal que a\u00fana, aglutina. Y es, sobretodo, un fen\u00f3meno que redefine lo nacional y lo local, aunque no se lo quiera ver, aunque la miop\u00eda resida tambi\u00e9n en el pa\u00eds que hospeda (y no s\u00f3lo en quien experimenta la dislocaci\u00f3n). En el clima de violencia actual, hablar en espa\u00f1ol, escribir en espa\u00f1ol y, por qu\u00e9 no, so\u00f1ar en espa\u00f1ol, implica una pol\u00edtica de cambio: no s\u00f3lo cuestionar sino tambi\u00e9n deslegitimar la hostilidad que rodea a estas voces. Palabras e imaginarios que embellecen el entorno local, que poetizan el exilio ling\u00fc\u00edstico y que transforman la experiencia fuera de foco en un encuadre nuevo. Reescribir, alterar, dislocar. Fundar, erigir. Componer un prisma de voces, crom\u00e1tico y polif\u00f3nico, donde el lenguaje, su potencialidad, desestabilice hasta agrietar el tejido monol\u00edtico y unidimensional que lo envuelve y circunda. Dislocar, entonces, s\u00ed, pero, m\u00e1s urgente a\u00fan, relocar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escribir en lengua extranjera o escribir en la propia lengua en un pa\u00eds extranjero no es un fen\u00f3meno nuevo. Elegir la lengua en que se escribe es una decisi\u00f3n que tiene implicancias no s\u00f3lo en la escritura en s\u00ed, sino en lo que la escritora de origen bengal\u00ed, Jhumpa Lahiri, en un art\u00edculo publicado en <i>The New Yorker<\/i> titulado \u201cTeach Yourself Italian\u201d, defini\u00f3 como un continuo \u201cexilio ling\u00fc\u00edstico\u201d. Lahiri, quien se cri\u00f3 en su mayor parte en Estados Unidos y por lo tanto en ingl\u00e9s, se refiere en particular a la elecci\u00f3n de escribir en italiano, lengua de adopci\u00f3n. La lengua de escritura puede ser una lengua adoptada y no necesariamente la \u201cbiol\u00f3gica\u201d o \u201cmaterna\u201d, si insistimos en una relaci\u00f3n materno filial. 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