{"id":37631,"date":"2024-12-06T10:01:26","date_gmt":"2024-12-06T16:01:26","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=37631"},"modified":"2024-12-21T12:31:42","modified_gmt":"2024-12-21T18:31:42","slug":"juan-carlos-mendez-guedez-desafios-del-mercado-y-transparencia-afectiva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2024\/12\/juan-carlos-mendez-guedez-desafios-del-mercado-y-transparencia-afectiva\/","title":{"rendered":"Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez: Desaf\u00edos del mercado y transparencia afectiva"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Quien desee familiarizarse con la narrativa venezolana de entre milenios no puede dejar de explorar la obra de Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez (Barquisimeto, 1967). Lo primero que le llamar\u00e1 la atenci\u00f3n es su radical heterogeneidad, que incluye desde la novela hasta el microrrelato pasando por la noveleta y el cuento. Si nos concentramos en su faceta de novelista, la desenvoltura con que maneja todos los g\u00e9neros narrativos se vislumbra en sus incursiones en subg\u00e9neros numerosos, entre los que se advierten la novela sentimental \u2014<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El libro de Esther<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1999)\u2014, la novela de formaci\u00f3n \u2014<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Una tarde con campanas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2004)\u2014, la novela detectivesca \u2014<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La ola detenida<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2017)\u2014, la novela metaficticia \u2014<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Chulapos mambo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2011)\u2014 y, por supuesto, todos sus h\u00edbridos, con aventuras verbales tan osadas e inclasificables como algunas recientes donde recupera antiguos lenguajes protonovel\u00edsticos, folcl\u00f3ricos y m\u00edticos \u2014<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Roman de la isla Bararida<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2024)\u2014. No exagero al aseverar que estamos ante uno de los autores hispanoamericanos m\u00e1s d\u00factiles de los albores del siglo XXI, y ha de observarse, por cierto, que sus filiaciones son amplias. Emigrado a Espa\u00f1a en 1996 y desde 1999 con presencia continua en el aparato editorial de ese pa\u00eds, su labor circula respaldada por una pertenencia dual: sin perder su posici\u00f3n en el sistema literario de su lugar de origen es a estas alturas miembro tambi\u00e9n de la sociedad letrada peninsular \u2014situaci\u00f3n an\u00e1loga a la de la uruguaya Cristina Peri Rossi, el argentino Andr\u00e9s Neuman o el peruano Fernando Iwasaki\u2014. Desde ese umbral M\u00e9ndez Gu\u00e9dez ha sabido entablar negociaciones est\u00e9ticas infrecuentes para otros escritores venezolanos. As\u00ed como su l\u00e9xico y sus giros idiom\u00e1ticos migran en un mismo texto entre registros americanos y europeos dependiendo de las exigencias de la construcci\u00f3n del personaje, los desplazamientos de sus inquietudes y preferencias en otros planos abundan. Adem\u00e1s de ser uno de los primeros narradores venezolanos en desarrollar una sensibilidad diasp\u00f3rica vinculada a las tr\u00e1gicas circunstancias pol\u00edticas y sociales que se inician a fines del siglo XX, pocos como \u00e9l la han divulgado mejor gracias a la combinaci\u00f3n de su talento con la capacidad de sondear esferas de recepci\u00f3n diversas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el \u00e1mbito de la novela las aportaciones de M\u00e9ndez Gu\u00e9dez sobresalen por su cariz experimental. La afirmaci\u00f3n podr\u00eda sorprender si el experimento art\u00edstico se limita a su acepci\u00f3n vanguardista o neovanguardista, es decir, a una interrupci\u00f3n o transgresi\u00f3n de c\u00f3digos preestablecidos con la consecuente impresi\u00f3n de hermetismo. El quehacer de M\u00e9ndez Gu\u00e9dez jam\u00e1s ha sido experimental en ese sentido, sino en uno m\u00e1s sutil y a tono con las circunstancias materiales de la literatura hispanoamericana luego del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">boom<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, que fue el momento en que el mercado mundial del libro se convirti\u00f3 en interlocutor de narradores acostumbrados a interactuar solo con mercados nacionales y locales. Los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os han instituido para los novelistas de la regi\u00f3n una l\u00f3gica de producci\u00f3n m\u00e1s complicada en que los ideales de autonom\u00eda no han desaparecido del todo, pero han tenido que apertrecharse para resistir los embates de un comercialismo tenaz cuyo efecto ha sido homogeneizar mediante la serializaci\u00f3n de gustos y la consolidaci\u00f3n de f\u00f3rmulas. M\u00e9ndez Gu\u00e9dez ha respondido a la coyuntura no neg\u00e1ndose de plano a los reclamos del gran mercado, sino asimil\u00e1ndose en este para cuestionarlo desde dentro. No ha sido la suya una tarea sencilla; el sistema editorial espa\u00f1ol \u2014desde los a\u00f1os sesenta el m\u00e1s influyente en el mundo hisp\u00e1nico\u2014 pone numerosos obst\u00e1culos a la propagaci\u00f3n de proyectos art\u00edsticos que se desv\u00eden de los h\u00e1bitos del comprador. Una de las estrategias con que cuenta es la r\u00edgida ortopedia de subg\u00e9neros: a varios de esos moldes ha aceptado aproximarse M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, aunque de una forma cr\u00edtica e iluminadora. La clave de la subversi\u00f3n a la que aludo est\u00e1 en su solapado cultivo del extra\u00f1amiento tipol\u00f3gico. Un ejemplo excelente lo hallaremos en novelas como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los maletines<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2014), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El baile de madame Kalal\u00fa<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2016) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La ola detenida<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Sin que as\u00ed la haya conceptuado el autor, estamos ante una trilog\u00eda en que cada integrante tiene como marco inicial el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">thriller<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, espec\u00edficamente las novelas <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">hardboiled<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> o las negras<\/span><sup><span style=\"font-weight: 400;\">1<\/span><\/sup><span style=\"font-weight: 400;\">; ese marco, sin embargo, empieza a desdibujarse por el a\u00f1adido exuberante, abigarrado, de tradiciones para nada afines.<\/span><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los maletines <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014t\u00edtulo exitoso traducido al franc\u00e9s y ahora al ingl\u00e9s\u2014 suma a los ingredientes policiacos o de espionaje el perfil de sus protagonistas, en algunos aspectos reminiscentes de la picaresca espa\u00f1ola renacentista y barroca, cuyos antih\u00e9roes nunca llegaban a ser criminales pese a sus innegables delitos explicables por la necesidad de sobrevivir en una sociedad degradada. Y, concurriendo con la picaresca, emergen aspectos de la novela sentimental como repetidas veces desde el siglo XIX se ha practicado en Latinoam\u00e9rica, seg\u00fan lo demostr\u00f3 Doris Sommer: con un trasfondo de problemas comunitarios y sus potenciales soluciones que acaba vinculado aleg\u00f3ricamente al destino de la pareja o la familia<\/span><sup><span style=\"font-weight: 400;\">2<\/span><\/sup><span style=\"font-weight: 400;\">. \u00bfEn torno a qu\u00e9 problemas comunitarios y parejas gira el argumento de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los maletines<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">? Asediado por la debacle venezolana de la era chavista y su criminalidad, Donizetti, divorciado, casado de nuevo, con dos hijos y dos hogares que sostener, se implica en el turbio negocio de transportar maletines a distintos puntos de Europa y Am\u00e9rica por encargo de funcionarios del gobierno pendientes de financiar aliados. Su amigo Manuel pronto cooperar\u00e1 con \u00e9l para que escape de ese laberinto de corrupci\u00f3n, y Manuel tiene asimismo dolorosas separaciones en su haber, solo que de una relaci\u00f3n homosexual. El n\u00facleo dram\u00e1tico, por tanto, es el fortalecimiento de una at\u00edpica amistad y una familia fuera de los esquemas usuales, lo que desarticula el esbozo de una narraci\u00f3n fundadora can\u00f3nica y nos fuerza a aterrizar en un orbe decadente incapaz de ofrecer aliento. Este \u00fanicamente se obtiene con la mediaci\u00f3n de lo personal, la estricta intimidad: el afecto como tabla de salvaci\u00f3n ante el fracaso de las utop\u00edas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El baile de madame Kalal\u00fa<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> la amalgama de lo policial con lo picaresco se mantiene, pero el homenaje se dirige a la vertiente femenina, compendiada por <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La p\u00edcara Justina<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, novela que rezuma \u2014como la de M\u00e9ndez Gu\u00e9dez\u2014 un humor verbal bufonesco y an\u00e1rquico, a prueba de moralina. Adicionalmente, el escritor moderno profundiza en su admiraci\u00f3n por el Siglo de Oro maniobrando con sus modelos enunciativos: si la picaresca echaba mano de seudodi\u00e1logos o de un c\u00edrculo ficticio de comunicaci\u00f3n en que un narrador en primera persona interpela a un interlocutor mudo cuya posici\u00f3n adoptamos, al referir sus piller\u00edas la ladrona de arte internacional Emma S\u00e1ez \u2014o como se llame: es adicta a las m\u00e1scaras\u2014 lo hace a una monja en coma, y en un recinto psiqui\u00e1trico portugu\u00e9s. Cuando Emma declare, hacia el final, que escapa para volver al Caribe, deja traslucir que la monja la acompa\u00f1ar\u00e1: m\u00e1s all\u00e1 de la posible vor\u00e1gine de escenarios ilusorios de una enferma mental, la enf\u00e1tica autarqu\u00eda novelesca cancela nuestra exigencia de verosimilitud. Lo que triunfa es el acto de contar, casi materializado para nuestra contemplaci\u00f3n y muy lejos de las rutinas de la narrativa comercial.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En lo que respecta a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La ola detenida<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la demolici\u00f3n de los par\u00e1metros policiales es igual de inaudita. La detective venezolana Magdalena Yaracuy, radicada en Europa, acepta la misi\u00f3n de regresar a Caracas para localizar a la hija de un pol\u00edtico espa\u00f1ol inmiscuida en una intriga donde convergen agentes dobles, pandillas, funcionarios chavistas y otros maleantes. Una trama as\u00ed satisfar\u00eda a quien ans\u00ede exclusivamente consumir una an\u00e9cdota \u201ctrepidante\u201d como la prometida en la contratapa de la edici\u00f3n original \u2014de HarperCollins\u2014; en un plano menos amistoso con las masas, no obstante, el novelista socava las premisas del producto confiado al mercado, cruz\u00e1ndolo con otro producto de moda despu\u00e9s del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">boom<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: el realismo m\u00e1gico. Con la particularidad de que a este M\u00e9ndez Gu\u00e9dez lo devuelve a sus inicios premercantiles. Recordemos la manera como en 1948 Arturo Uslar Pietri tradujo el concepto de Franz Roh al dominio de las letras venezolanas, en las que destac\u00f3 una \u201cconsideraci\u00f3n del hombre como misterio en medio de los datos realistas\u201d<\/span><sup><span style=\"font-weight: 400;\">3<\/span><\/sup><span style=\"font-weight: 400;\">; Uslar, a la larga, incluso se referir\u00eda a una literatura representativa del alma popular donde \u201cel mal y el bien luchan con f\u00f3rmulas m\u00e1gicas\u201d<\/span><sup><span style=\"font-weight: 400;\">4<\/span><\/sup><span style=\"font-weight: 400;\">. Eso es lo que acontece en la historia de Magdalena Yaracuy, creyente en Mar\u00eda Lionza, diosa tel\u00farica venezolana, s\u00edntesis de mitos europeos, ind\u00edgenas y africanos: la religiosidad contribuye decisivamente a delinear el perfil psicol\u00f3gico de la protagonista e impide que la circunscribamos a una caricatura del detective tradicional. En nuestra percepci\u00f3n sus rocambolescas haza\u00f1as se suspenden por el roce con la fe, que nos la revela como ser desgarrado entre la querencia por su pa\u00eds natal sumergido en un pozo de negrura delictiva y la a\u00f1oranza de la ni\u00f1ez vivida en \u00e9l, en contacto con una naturaleza espiritualizada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mis breves comentarios a esas tres novelas no se proponen agotar lo que podr\u00eda decirse de M\u00e9ndez Gu\u00e9dez. Si en la enorme diversidad de su narrativa recalco los sucesivos asaltos a los recintos industrializados del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">thriller<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> es porque evidencian la m\u00e9dula cervantina de su po\u00e9tica, dispuesta a remozar las inclinaciones fosilizadas del p\u00fablico mayoritario con un ejercicio de creaci\u00f3n mediante la destrucci\u00f3n. Casi alqu\u00edmico, el procedimiento tiene tres componentes principales: significativas dosis de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">pastiche<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, un sentido del humor a ratos carnavalesco y una gran cercan\u00eda a lo que en ingl\u00e9s se conoce como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">new sincerity<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Dado que los dos primeros elementos han de resultar obvios por lo se\u00f1alado hasta aqu\u00ed, para concluir agregar\u00e9 algunas palabras acerca del tercero. Mucho hay tanto en las novelas como en los cuentos de M\u00e9ndez Gu\u00e9dez de la espontaneidad emotiva hace lustros reivindicada por David Foster Wallace al pregonar un rechazo a la iron\u00eda cr\u00f3nica de los <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">postmodernists <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">estadounidenses \u2014pi\u00e9nsese en John Barth, Donald Barthelme o Thomas Pynchon\u2014, sus ambivalencias intelectuales y, sobre todo, su temor a acoger con respeto y convicci\u00f3n \u201cplain old untrendy human troubles and emotions\u201d, emociones y conflictos humanos simples, a\u00f1ejos y fuera de moda<\/span><sup><span style=\"font-weight: 400;\">5<\/span><\/sup><span style=\"font-weight: 400;\">. En el caso del escritor venezolano, la espontaneidad se duplica, ya que nada indica la intenci\u00f3n de promover una figura heroica de artista que se erija en el \u201cnext real literary rebel\u201d, como calificaba Wallace \u2014en un sesgado autorretrato\u2014 a quien tuviera la valent\u00eda de romper con el cerebral horizonte del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">postmodernism<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. El minucioso examen de lo sentimental en buena parte de la narrativa que nos ocupa a duras penas se asimila a duelos gremiales o indirectas reacciones a ellos: brota de una urgencia, de una inmediatez que quiz\u00e1 solo logre atribuirse a un apego por Venezuela, pa\u00eds en que han ido resquebraj\u00e1ndose desde principios de los a\u00f1os ochenta los espejismos paralelos de la bonanza petrolera y la solidez democr\u00e1tica, con desoladoras consecuencias. No ignoro que la nueva sinceridad venezolana tiene sus ra\u00edces en los relatos y las novelas de Francisco Massiani y la poes\u00eda de Eugenio Montejo<\/span><sup><span style=\"font-weight: 400;\">6<\/span><\/sup><span style=\"font-weight: 400;\">, pero me parece similarmente indiscutible que el retorno a cierta transparencia afectiva en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El libro de Esther<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Una tarde con campanas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los maletines<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La ola detenida<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> o <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Roman de la isla Bararida<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> se nutre de los sinsabores colectivos que siguieron, cada vez m\u00e1s acentuados. Y lo mismo podr\u00eda aseverarse de la obra de otros excepcionales autores venezolanos contempor\u00e1neos, pues M\u00e9ndez Gu\u00e9dez es uno de los nombres m\u00e1s visibles de un movimiento narrativo de tremenda riqueza y vitalidad que merecer\u00eda en su conjunto una mejor difusi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">1 <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Subsumidas por la publicidad editorial espa\u00f1ola en el simplificador marbete de \u201cnovela negra\u201d. En lengua inglesa, dentro del espectro de lo policial, la novela <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">hardboiled<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> suele distinguirse por una resoluci\u00f3n siquiera parcial de la crisis \u00e9tica que supone el crimen cometido, en contraste con la novela negra, en cuya visi\u00f3n, pesimista, el bien no se deslinda del mal y resulta casi una quimera. Cons\u00faltese <\/span><a href=\"https:\/\/thesewaneereview.com\/articles\/a-conversation-with-megan-abbott\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span style=\"font-weight: 400;\">Annie Adams, \u201cA Conversation with Megan Abbott\u201d, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Sewanee Review<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, verano de 2018<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">2 <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Doris Sommer, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Foundational Fictions<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Berkeley: University of California, 1991.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">3 <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Arturo Uslar Pietri, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Obras selectas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Madrid-Caracas: Edime, 1956, p. 1071.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">4 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ib<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">., p. 1215.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">5 <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">David Foster Wallace, \u201c<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">E Unibus Pluram<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: Television and U.S. Fiction\u201d, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Review of Contemporary Fiction<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, 13:2, 1993, pp. 151-194.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">6<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> Montejo, en un ensayo de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El taller blanco<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1983), casi esboza un manifiesto: \u201cAprender a sentir: esta sola tentativa, que no es nada peque\u00f1a, formar\u00eda mejor al joven poeta que todo el aprendizaje perseguido a trav\u00e9s del conocimiento literario, las reglas, las modas\u201d (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Obra completa<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, A. L\u00f3pez Ortega, M. Gomes y G. Y\u00e1\u00f1ez Vicentini, eds., Valencia: Pre-Textos, 2022, vol. II, p. 413).<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: center;\">\t\t<div data-elementor-type=\"page\" data-elementor-id=\"38001\" class=\"elementor elementor-38001 elementor-37989\" data-elementor-post-type=\"elementor_library\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"has_ae_slider elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-2f32464 elementor-section-content-middle elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"2f32464\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"has_ae_slider elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0c361a2 ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"0c361a2\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-7bf5823 elementor-align-center elementor-widget__width-initial elementor-widget elementor-widget-button\" data-id=\"7bf5823\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"button.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-button-wrapper\">\n\t\t\t\t\t<a class=\"elementor-button elementor-button-link elementor-size-sm\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-32\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\n\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-content-wrapper\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-text\">COMPRA LOS LIBROS DESTACADOS EN ESTE N\u00daMERO EN NUESTRA P\u00c1GINA DE BOOKSHOP<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/a>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, escritor venezolano.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quien desee familiarizarse con la narrativa venezolana de entre milenios no puede dejar de explorar la obra de Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez (Barquisimeto, 1967). Lo primero que le llamar\u00e1 la atenci\u00f3n es su radical heterogeneidad, que incluye desde la novela hasta el microrrelato pasando por la noveleta y el cuento. 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