{"id":36918,"date":"2024-09-23T05:03:42","date_gmt":"2024-09-23T11:03:42","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=36918"},"modified":"2024-09-24T11:31:21","modified_gmt":"2024-09-24T17:31:21","slug":"un-fragmento-de-balun-canan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2024\/09\/un-fragmento-de-balun-canan\/","title":{"rendered":"Un fragmento de Bal\u00fan Can\u00e1n\u00a0"},"content":{"rendered":"<p><b>Primera Parte<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">Musitaremos el origen. Musitaremos<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">solamente la historia, el relato.<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">Nosotros no hacemos m\u00e1s que regresar,<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">hemos cumplido nuestra tarea; nuestros d\u00edas<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">est\u00e1n acabados. Pensad en nosotros,<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">no nos borr\u00e9is de vuestra memoria,<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">no nos olvid\u00e9is.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">Libro de Consejo (Popul Vuh)<\/span><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">I<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013&#8230;Y entonces, col\u00e9ricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que hab\u00edamos atesorado: la palabra, que es el arca de la memoria. Desde aquellos d\u00edas arden y se consumen con el le\u00f1o en la hoguera. Sube el humo en el viento y se deshace. Queda la ceniza sin rostro. Para que puedas venir t\u00fa y el que es menor que t\u00fa y les baste un soplo, solamente un soplo&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013No me cuentes ese cuento, nana.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013\u00bfAcaso hablaba contigo? \u00bfAcaso se habla con los granos de an\u00eds?\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No soy un grano de an\u00eds. Soy una ni\u00f1a y tengo siete a\u00f1os. Los cinco dedos de la mano derecha y dos de la izquierda. Y cuando me yergo puedo mirar de frente las rodillas de mi padre. M\u00e1s arriba no. Me imagino que sigue creciendo como un gran \u00e1rbol y que en su rama m\u00e1s alta est\u00e1 agazapado un tigre diminuto. Mi madre es diferente. Sobre su pelo \u2013tan negro, tan espeso, tan crespo\u2013 pasan los p\u00e1jaros y les gusta y se quedan. Me lo imagino nada m\u00e1s. Nunca lo he visto. Miro lo que est\u00e1 a mi nivel. Ciertos arbustos con las hojas carcomidas por los insectos; los pupitres manchados de tinta; mi hermano. Y a mi hermano lo miro de arriba abajo. Porque naci\u00f3 despu\u00e9s de m\u00ed y, cuando naci\u00f3, yo ya sab\u00eda muchas cosas que ahora le explico minuciosamente. Por ejemplo \u00e9sta:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Col\u00f3n descubri\u00f3 la Am\u00e9rica.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mario se queda vi\u00e9ndome como si el m\u00e9rito no me correspondiera y alza los hombros con un gesto de indiferencia. La rabia me sofoca. Una vez m\u00e1s cae sobre m\u00ed todo el peso de la injusticia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013No te muevas tanto, ni\u00f1a. No puedo terminar de peinarte.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfSabe mi nana que la odio cuando me peina?\u00a0 No lo sabe. No sabe nada. Es india, est\u00e1 descalza y no usa ninguna ropa debajo de la tela azul del tzec. No le da verg\u00fcenza. Dice que la tierra no tiene ojos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Ya est\u00e1s lista. Ahora el desayuno.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero si comer es horrible. Ante m\u00ed el plato mir\u00e1ndome fijamente sin parpadear. Luego la gran extensi\u00f3n de la mesa. Y despu\u00e9s&#8230;no s\u00e9. Me da miedo que del otro lado haya un espejo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Acaba de beber la leche.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Todas las tardes, a las cinco, pasa haciendo sonar su esquila de esta\u00f1o una vaca suiza. (Le he explicado a Mario que suiza quiere decir gorda.) El due\u00f1o la lleva atada a un cordelito, y en las esquinas se detiene y la orde\u00f1a. Las criadas salen de las casas y compran un vaso. Y los ni\u00f1os malcriados, como yo, hacemos muecas y la tiramos sobre el mantel.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Te va a castigar Dios por el desperdicio \u2013afirma la nana.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Quiero tomar caf\u00e9. Como t\u00fa. Como todos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Te vas a volver india.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su amenaza me sobrecoge. Desde ma\u00f1ana la leche no se derramar\u00e1.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\nII<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi nana me lleva de la mano por la calle. Las aceras son de lajas, pulidas, resbaladizas. Y lo dem\u00e1s de piedra. Piedras peque\u00f1as que se agrupan como los p\u00e9talos en la flor. Entre sus junturas crece hierba menuda que los indios arrancan con la punta de sus machetes. Hay carretas arrastradas por bueyes so\u00f1olientos; hay potros que sacan chispas con los cascos. Y cabellos viejos a los que amarran de los postes con una soga. Se est\u00e1n ah\u00ed el d\u00eda entero, cabizbajos, moviendo tristemente las orejas. Acabamos de pasar cerca de uno. Yo iba conteniendo la respiraci\u00f3n arrim\u00e1ndome a la pared temiendo que en cualquier momento el caballo desenfundara los dientes \u2013amarillos, grandes y numerosos\u2013 y me mordiera el brazo. Y tengo verg\u00fcenza porque mis brazos son muy flacos y el caballo se iba a re\u00edr de m\u00ed.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los balcones est\u00e1n siempre asomados a la calle, mir\u00e1ndola subir y bajar y dar vuelta en las esquinas. Mirando pasar a los se\u00f1ores con bast\u00f3n de caoba; a los rancheros que arrastran las espuelas al caminar; a los indios que corren bajo el peso de su carga. Y a todas horas el trotecillo diligente de los burros que acarrean el agua en barriles de madera. Debe de ser ten bonito estar siempre, como los balcones, desocupado y distra\u00eddo, s\u00f3lo mirando. Cuando yo sea grande&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ahora empezamos a bajar la cuesta del mercado. Adentro suena el hacha de los carniceros y las moscas zumban torpes y saciadas. Tropezamos con las indias que tejen pichulej, sentadas en el suelo. Conversan entre ellas, en su curioso idioma, acezante como ciervo perseguido. Y de pronto echan a volar sollozos altos y sin l\u00e1grimas que todav\u00eda me espantan, a pesar de que los he escuchado tantas veces.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vamos esquivando los charcos. Anoche llovi\u00f3 el primer aguacero, el que hace brotar esa hormiga con alas que dicen tzisim. Pasamos frente a las tiendas que huelen a telas reci\u00e9n te\u00f1idas. Detr\u00e1s del mostrador el dependiente las mide con una vara. Se oyen los granos de arroz desliz\u00e1ndose contra el metal de la balanza. Alguien tritura un pu\u00f1ado de cacao. Y en los zaguanes abiertos entra una muchacha que lleva un cesto sobre la cabeza y grita, temerosa de que salgan los perros, temerosa de que salgan los due\u00f1os:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013\u00bfMercan tamales?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La nana me hace caminar de prisa. Ahora no hay en la calle m\u00e1s que un hombre con los zapatos amarillos, rechinantes, reci\u00e9n estrenados. Se abre un port\u00f3n, de par en par, y aparece frente a la forja encendida el herrero, oscuro a causa de su trabajo. Golpea, con el pecho descubierto y sudoroso. Apartando apenas los visillos de la ventana, una soltera nos mira furtivamente. Tiene la boca apretada como si se la hubiera cerrado un secreto. Est\u00e1 triste, sintiendo que sus cabellos se vuelven blancos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Sal\u00fadala, ni\u00f1a. Es amiga de tu mam\u00e1.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero ya estamos lejos. Los \u00faltimos pasos los doy casi corriendo. No voy a llegar tarde a la escuela.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\nIII<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las paredes del sal\u00f3n de clase est\u00e1n encaladas. La humedad forma en ellas figuras misteriosas que yo descifro cuando me castigan sent\u00e1ndome en un rinc\u00f3n. Cuando no, me siento frente a la se\u00f1orita Silvina en un pupitre cuadrado y bajo. La escucho hablar. Su voz es como la de las maquinitas que sacan punta a los l\u00e1pices: molesta pero \u00fatil. Habla sin hacer distingos, desplegando ante nosotras el cat\u00e1logo de sus conocimientos. Permite que cada una escoja los que mejor le convengan. Yo escog\u00ed, desde el principio, la palabra <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">meteoro<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Y desde entonces la tengo sobre la frente, pesando, triste de haber ca\u00eddo del cielo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nadie ha logrado descubrir qu\u00e9 grado cursa cada una de nosotras. Todos estamos revueltas, aunque somos tan distintas. Hay ni\u00f1as gordas que se sientan en el \u00faltimo banco para comer sus cacahuetes a escondidas. Hay ni\u00f1as que pasan al pizarr\u00f3n y multiplican un n\u00famero por otro. Hay ni\u00f1as que s\u00f3lo levantan la mano para pedir permiso de ir al \u201ccom\u00fan\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Estas situaciones se prolongan durante a\u00f1os. Y de pronto, sin que ning\u00fan acontecimiento lo anuncie, se produce el milagro. Una de las ni\u00f1as es llamada aparte y se le dice:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Trae un pliego de papel cartoncillo porque vas a dibujar el mapamundi.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La ni\u00f1a regresa a su pupitre revestida de importancia, grave y responsable. Luego se afana con unos continentes m\u00e1s grandes que otros y mares que no tienen ni una ola. Despu\u00e9s sus padres vienen por ella y se la llevan para siempre.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">(Hay tambi\u00e9n ni\u00f1as que no alcanzan jam\u00e1s este t\u00e9rmino maravilloso y vagan borrosamente como las almas en el limbo.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A mediod\u00eda llegan las criadas sonando el almid\u00f3n de sus fustanes, olorosas a brillantina, trayendo las j\u00edcaras de posol. Todas bebemos, sentadas en fila en una banca del corredor, mientras las criadas hurgan entre los ladrillos, con el dedo gordo del pie.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La hora del recreo la pasamos en el patio. Cantamos rondas:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Naranja dulce,<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">lim\u00f3n partido&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">O nos disputan el \u00e1ngel de la bola de oro y el diablo de las siete cuerdas o \u201cvamos a la huerta del toro, toronjil\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La maestra nos vigila con mirada ben\u00e9vola, sentado bajo los \u00e1rboles de bamb\u00fa. El viento arranca de ellos un rumor incesante y hace llover hojitas amarillas y verdes. Y la maestra est\u00e1 all\u00ed, dentro de su vestido negro, tan peque\u00f1a y tan sola como un santo dentro de su nicho.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hoy vino a buscarla una se\u00f1ora. La maestra se sacudi\u00f3 de la falda las hojitas del bamb\u00fa y ambas charlaron largamente en el corredor. Pero a medida que la conversaci\u00f3n avanzaba, la maestra parec\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s inquieta. Luego la se\u00f1ora se despidi\u00f3.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De una campanada suspendieron el recreo. Cuando estuvimos reunidas en el sal\u00f3n de clase, la maestra dijo:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Queridas ni\u00f1as: ustedes son demasiado inocentes para darse cuenta de los peligrosos tiempos que nos ha tocado vivir. Es necesario que seamos prudentes para no dar a nuestros enemigos ocasi\u00f3n de hacernos da\u00f1o. Esta escuela es nuestro \u00fanico patrimonio y su buena fama es el orgullo del pueblo. Ahora algunos est\u00e1n intrigando para arrebat\u00e1rnosla y tenemos que defenderla con las \u00fanicas armas de que disponemos: el orden, la compostura y, sobre todo, el secreto. Que lo que aqu\u00ed sucede no pase de aqu\u00ed. No salgamos, bulbuluqueando, a la calle. Que si hacemos, que si tornamos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nos gusta o\u00edrla decir tantas palabras juntas, de corrido y sin tropiezo, como si leyera una recitaci\u00f3n en un libro. Confusamente, de una manera que no alcanzamos a comprender bien, la se\u00f1orita Silvina nos est\u00e1 solicitando un juramento. Y todas nos ponemos de pie para otorg\u00e1rselo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\nIV<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es una fiesta cada vez que vienen a casa los indios de Chactajal. Traen costales de ma\u00edz y de frijol, atados de cecina y marquetas de panela. Ahora se abrir\u00e1n las trojes y sus ratas volver\u00e1n a correr, gordas y relucientes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi padre recibe a los indios, recostado en la hamaca del corredor. Ellos se aproximan, uno por uno, y le ofrecen la frente para que la toque con los tres dedos mayores de la mano derecha. Despu\u00e9s vuelven a la distancia que se les ha marcado. Mi padre conversa con ellos de los asuntos de la finca. Sabe su lengua y sus modos. Ellos contestan con monos\u00edlabos respetuosos y r\u00eden brevemente cuando es necesario.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Yo me voy a la cocina, donde la nana est\u00e1 calentando caf\u00e9.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Trajeron malas noticias, como las mariposas negras.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Estoy husmeando en los trasteros. Me gusta el color de la manteca y tocar la mejilla de las frutas y desvestir las cebollas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Son cosas de los brujos, ni\u00f1a. Se lo comen todo. Las cosechas, la paz de las familias, la salud de las gentes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">He encontrado un cesto de huevos. Los pecosos son de guajolote.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Mira lo que me est\u00e1n haciendo a m\u00ed.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y alz\u00e1ndose el tzec, la nana me muestra una llaga rosada, tierna, que le desfigura la rodilla.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Yo la miro con los ojos grandes de sorpresa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013No digas nada, ni\u00f1a. Me vine de Chactajal para que no me siguieran. Pero su maleficio alcanza lejos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013\u00bfPor qu\u00e9 te hacen da\u00f1o?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013 Porque he sido crianza de tu casa. Porque quiero a tus padres y a Mario y a ti.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013\u00bfEs malo querernos?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Es malo querer a los que mandan, a los que poseen. As\u00ed dice la ley.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La caldera est\u00e1 quieta sobre las brasas. Adentro, el caf\u00e9 ha empezado a hervir.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Diles que vengan ya. Su bebida est\u00e1 lista.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Yo salgo, triste por lo que acabo de saber. Mi padre despide a los indios con un adem\u00e1n y se queda recostado en la hamaca, leyendo. Ahora lo miro por primera vez. Es el que manda, el que posee. Y no puedo soportar su rostro y corro a refugiarme en la cocina. Los indios est\u00e1n sentados junto al fog\u00f3n y sostienen delicadamente los pocillos humeantes. La nana les sirve con una cortes\u00eda medida, como si fueran reyes. Y tienen en los pies \u2013calzados de caites\u2013 costras de lodo; y sus calzones de manta est\u00e1n remendados y sucios y han tra\u00eddo sus morrales vac\u00edos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando termina de servirles la nana tambi\u00e9n se sienta. Con solemnidad alarga ambas manos hacia el fuego y las mantiene all\u00ed unos instantes. Hablan y es como si cerraran un c\u00edrculo a su alrededor. Yo lo rompo, angustiada.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Nana, tengo fr\u00edo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ella, como siempre desde que nac\u00ed, me arrima a su regazo. Es caliente y amoroso. Pero tendr\u00e1 una llaga. Una llaga que nosotros le habremos enconado.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\nVI<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Dicen que hay en el monte un animal llamado dzul\u00fam. Todas las noches sale a recorrer sus dominios. Llega donde est\u00e1 la leona con sus cachorros y ella le entrega los despojos del becerro que acaba de destrozar. El dzul\u00fam se los apropia, pero no los come, pues no se mueve por hambre sino por voluntad de mando. Los tigres corren haciendo crujir la hojarasca cuando olfatean su presencia. Los reba\u00f1os amanecen diezmados y los monos, que no tienen verg\u00fcenza, a\u00fallan de miedo entre la copa de los \u00e1rboles.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013\u00bfY c\u00f3mo es el dzul\u00fam?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Nadie lo ha visto y ha vivido despu\u00e9s. Pero yo tengo para m\u00ed que es muy hermoso, porque hasta las personas de raz\u00f3n le pagan tributo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Estamos en la cocina. El rescoldo late apenas bajo el copo de ceniza. La llama de la vela nos dice por d\u00f3nde anda volando el viento. Las criadas se sobresaltan cuando retumba, lejos, un trueno. La nana contin\u00faa hablando.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Una vez, hace ya mucho tiempo, est\u00e1bamos todos en Chactajal. Tus abuelos recogieron a una hu\u00e9rfana a la que daban trato de hija. Se llamaba Ang\u00e9lica. Era como una vara de azucena. Y tan d\u00f3cil y sumisa con sus mayores. Y tan apacible y considerada para nosotros, los que la serv\u00edamos. Le abundaban los enamorados. Pero ella como que los miraba menos o como que estaba esperando a otro. As\u00ed se iban los d\u00edas. Hasta que una ma\u00f1ana amaneci\u00f3 la novedad de que el dzul\u00fam andaba rondando en los t\u00e9rminos de la hacienda. Las se\u00f1ales eran los estragos que dejaba dondequiera. Y un terror que hab\u00eda secado las ubres de todos los animales que estaban criando. Ang\u00e9lica lo supo. Y cuando lo supo tembl\u00f3 como las yeguas de buena raza cuando ven pasar una sombra enfrente de ellas. Desde entonces ya no tuvo sosiego. La labor se le ca\u00eda de las manos. Perdi\u00f3 su alegr\u00eda y andaba como busc\u00e1ndola por los rincones. Se levantaba a deshora, a beber agua serenada porque ard\u00eda de sed. Tu abuelo pens\u00f3 que estaba enferma y trajo al mejor curandero de la comarca. El curandero lleg\u00f3 y pidi\u00f3 hablar a solas con ella. Qui\u00e9n sabe qu\u00e9 cosas se dir\u00edan. Pero el hombre sali\u00f3 espantado y esa misma noche regres\u00f3 a su casa, sin despedirse de ninguno. Ang\u00e9lica se iba consumiendo como el pabilo de las velas. En las tardes sal\u00eda a caminar al campo y regresaba, ya oscuro, con el ruedo del vestido desgarrado por las zarzas. Y cuando le pregunt\u00e1bamos d\u00f3nde fue, s\u00f3lo dec\u00eda que no encontraba el rumbo y nos miraba como pidiendo ayuda. Y todas nos junt\u00e1bamos a su alrededor sin atinar en lo que hab\u00eda que decirle. Hasta que una vez no volvi\u00f3.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La nana coge las tenazas y atiza el fog\u00f3n. Afuera, el aguacero est\u00e1 golpeando las tejas desde hace rato.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Los indios salieron a buscarla con hachones de ocote. Gritaban y a machetazos abr\u00edan su vereda. Iban siguiendo un rastro. Y de repente el rastro se borr\u00f3. Buscaron d\u00edas y d\u00edas. Llevaron a los perros perdigueros. Y nunca hallaron ni un jir\u00f3n de la ropa de Ang\u00e9lica, ni un resto de su cuerpo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013\u00bfSe la hab\u00eda llevado el dzul\u00fam?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Ella lo mir\u00f3 y se fue tras \u00e9l como hechizada. Y un paso llam\u00f3 al otro paso y as\u00ed hasta donde se acaban los caminos. \u00c9l iba adelante, bello y poderoso, con su nombre que significa ansia de morir.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\nVII<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esta tarde salimos de paseo. Desde temprano las criadas se lavaron los pies restreg\u00e1ndolos contra una piedra. Luego sacaron del cofre sus espejos con marcos de celuloide y sus peines de madera. Se untaron el pelo con pomadas olorosas; se trenzaron con listones rojos y se dispusieron a ir.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mis padres alquilaron un autom\u00f3vil que est\u00e1 esper\u00e1ndonos a la puerta. Nos instalamos todos, menos la nana que no quiso acompa\u00f1arnos porque tiene miedo.\u00a0 Dice que el autom\u00f3vil es invenci\u00f3n del demonio. Y se escondi\u00f3 en el traspatio para no verlo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Qui\u00e9n sabe si la nana tenga raz\u00f3n. El autom\u00f3vil es un monstruo que bufa y echa humo. Y en cuanto nos traga se pone a reparar ferozmente sobre el empedrado. Un olfato especial lo gu\u00eda contra los postes y las bardas para embestirlos. Pero ellos lo esquivan graciosamente y podemos llegar, sin demasiadas contusiones, hasta el llano de Nicalococ.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es la temporada en que las familias traen a los ni\u00f1os para que vuelen sus papalotes. Hay muchos en el cielo. All\u00ed est\u00e1 el de Mario. Es de papel de china azul, verde y rojo. Tiene una largu\u00edsima cauda. All\u00ed est\u00e1, arriba, sonando como a punto de rasgarse, m\u00e1s gallardo y aventurero que ninguno. Con mucho cordel para que suba y se balancee y ning\u00fan otro lo alcance.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los mayores cruzan apuestas. Los ni\u00f1os corren, arrastrados por los papalotes que buscan la corriente m\u00e1s propicia. Mario tropieza y cae, sangran sus rodillas \u00e1speras. Pero no suelta el cordel y se levanta sin fijarse en lo que le ha sucedido y sigue corriendo. Nosotras miramos, apartadas de los varones, desde nuestro lugar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a1Qu\u00e9 alrededor tan inmenso! Una llanura sin reba\u00f1os donde el \u00fanico animal que trisca es el viento. Y c\u00f3mo se encabrita a veces y derriba los p\u00e1jaros que han venido a posarse t\u00edmidamente en su grupa. Y c\u00f3mo relincha. \u00a1Con qu\u00e9 libertad! \u00a1Con qu\u00e9 br\u00edo!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ahora me doy cuenta de que la voz que he estado escuchando desde que nac\u00ed es \u00e9sta. Y \u00e9sta la compa\u00f1\u00eda de todas mis horas. Lo hab\u00eda visto ya, en invierno, venir armado de largos y agudos cuchillos y traspasar nuestra carne acongojada de fr\u00edo. Lo he sentido en verano, perezoso, amarillo de polen, acercarse con un gusto de miel silvestre entre los labios. Y anochece dando alaridos de furia. Y se remansa al mediod\u00eda, cuando el reloj del Cabildo da las doce. Y toca las puertas y derriba los floreros y revuelve los papeles del escritorio y hace travesuras con los vestidos de las muchachas. Pero nunca, hasta hoy, hab\u00eda yo venido a la casa de su albedr\u00edo. Y me quedo aqu\u00ed, con los ojos bajos porque (la nana me lo ha dicho) es as\u00ed como el respeto mira a lo que es grande.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Pero qu\u00e9 tonta eres. Te distraes en el momento en que gana el papalote de tu hermano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00c9l est\u00e1 orgulloso de su triunfo y viene a abrazar a mis padres con las mejillas encendidas y la respiraci\u00f3n entrecortada.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Empieza a oscurecer. Es hora de regresar a Comit\u00e1n. Apenas llegamos a la casa busco a mi nana para comunicarle la noticia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013\u00bfSabes? Hoy he conocido el viento.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ella no interrumpe su labor. Contin\u00faa desgranando el ma\u00edz, pensativa y sin sonrisa. Pero yo s\u00e9 que est\u00e1 contenta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013Eso es bueno, ni\u00f1a. Porque el viento es uno de los nueve guardianes de tu pueblo.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\nExtractos tomados de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Bal\u00fan Can\u00e1n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Edici\u00f3n de Dora Sales, Madrid: C\u00e1tedra: Letras Hisp\u00e1nicas, 2004.<\/span><\/h5>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">T\u00edtulo original: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Bal\u00fan Can\u00e1n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Rosario Castellanos, 6<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">o<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> ed., pp. 5-19<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">D.R. \u00a9 1957, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Carretera Picacho Ajusco 227, 14110 Ciudad de M\u00e9xico<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\t\t<div data-elementor-type=\"page\" data-elementor-id=\"36702\" class=\"elementor elementor-36702 elementor-36698\" data-elementor-post-type=\"elementor_library\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"has_ae_slider elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-2f32464 elementor-section-content-middle elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"2f32464\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"has_ae_slider elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0c361a2 ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"0c361a2\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-7bf5823 elementor-align-center elementor-widget__width-initial elementor-widget elementor-widget-button\" data-id=\"7bf5823\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"button.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-button-wrapper\">\n\t\t\t\t\t<a class=\"elementor-button elementor-button-link elementor-size-sm\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-31\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\n\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-content-wrapper\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-text\">COMPRA LOS LIBROS DESTACADOS EN ESTE N\u00daMERO EN NUESTRA P\u00c1GINA DE BOOKSHOP<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/a>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/p>\n<h6><\/h6>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Diego Lozano, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera Parte &nbsp; Musitaremos el origen. Musitaremos solamente la historia, el relato. Nosotros no hacemos m\u00e1s que regresar, hemos cumplido nuestra tarea; nuestros d\u00edas est\u00e1n acabados. Pensad en nosotros, no nos borr\u00e9is de vuestra memoria, no nos olvid\u00e9is.\u00a0 Libro de Consejo (Popul Vuh) &nbsp; I \u2013&#8230;Y entonces, col\u00e9ricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que hab\u00edamos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":36764,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[4086],"tags":[5093],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[3570],"class_list":["post-36918","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-clasicos-lalt","tag-numero-31","lal_author-rosario-castellanos-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36918","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=36918"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36918\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":36921,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36918\/revisions\/36921"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/36764"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=36918"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=36918"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=36918"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=36918"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=36918"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=36918"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=36918"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=36918"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}