{"id":3681,"date":"2020-05-08T17:36:10","date_gmt":"2020-05-08T23:36:10","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/05\/glass-milk-manuel-rojas\/"},"modified":"2023-06-05T21:08:32","modified_gmt":"2023-06-06T03:08:32","slug":"glass-milk-manuel-rojas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/05\/glass-milk-manuel-rojas\/","title":{"rendered":"&#8220;El vaso de leche&#8221; de Manuel Rojas"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p>Afirmado en la barandilla de estribor, el marinero parec\u00eda esperar a alguien. Ten\u00eda en la mano izquierda un envoltorio de papel blanco, manchado de grasa en varias partes. Con la otra mano atend\u00eda la pipa.<\/p>\n<p>Entre unos vagones apareci\u00f3 un joven delgado; se detuvo un instante, mir\u00f3 hacia el mar y avanz\u00f3 despu\u00e9s, caminando por la orilla del muelle con las manos en los bolsillos, distra\u00eddo o pensando.<\/p>\n<p>Cuando pas\u00f3 frente al barco, el marinero le grit\u00f3 en ingl\u00e9s:<\/p>\n<p>\u2014<i>I say; look here!<\/i> (\u00a1Oiga, mire!)<\/p>\n<p>El joven levant\u00f3 la cabeza y, sin detenerse, contest\u00f3 en el mismo idioma:<\/p>\n<p>\u2014<i>Hallow! What?<\/i> (\u00a1Hola! \u00bfQu\u00e9?)<\/p>\n<p>\u2014<i>Are you hungry?<\/i> (\u00bfTiene hambre?)<\/p>\n<p>Hubo un breve silencio, durante el cual el joven pareci\u00f3 reflexionar y hasta dio un paso m\u00e1s corto que los dem\u00e1s, como para detenerse; pero al fin dijo, mientras dirig\u00eda al marinero una sonrisa triste:<\/p>\n<p>\u2014<i>No, I am not hungry! Thank you, sailor<\/i>. (No, no tengo hombre. Muchas gracias, marinero.)<\/p>\n<p>\u2014<i>Very well<\/i>. (Muy bien.)<\/p>\n<p>Sacose la pipa de la boca el marinero, escupi\u00f3 y coloc\u00e1ndosela de nuevo entre los labios, mir\u00f3 hacia otro lado. El joven, avergonzado de que su aspecto despertara sentimientos de caridad, pareci\u00f3 apresurar el paso, como temiendo arrepentirse de su negativa.<\/p>\n<p>Un instante despu\u00e9s un magn\u00edfico vagabundo, vestido inveros\u00edmilmente de harapos, grandes zapatos rotos, larga barba rubia y ojos azules, pas\u00f3 ante el marinero, y \u00e9ste, sin llamarlo previamente, le grit\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014<i>Are you hungry<\/i>?<\/p>\n<p>No hab\u00eda terminado a\u00fan su pregunta cuando el atorrante, mirando con ojos brillantes el paquete que el marinero ten\u00eda en las manos, contest\u00f3 apresuradamente:<\/p>\n<p>\u2014<i>Yes, sir, I am very hungry!<\/i> (S\u00ed, se\u00f1or, tengo harta hambre.)<\/p>\n<p>Sonri\u00f3 el marinero. El paquete vol\u00f3 en el aire y fue a caer entre las manos \u00e1vidas del hambriento. Ni siquiera dio las gracias y abriendo el envoltorio calentito a\u00fan, sentose en el suelo, restreg\u00e1ndose las manos alegremente al contemplar su contenido. Un atorrante de puerto puede no saber ingl\u00e9s, pero nunca se perdonar\u00eda no saber el suficiente como para pedir de comer a uno que hable ese idioma.<\/p>\n<p>El joven que pasara momentos antes, parado a corta distancia de all\u00ed, presenci\u00f3 la escena.<\/p>\n<p>\u00c9l tambi\u00e9n ten\u00eda hambre. Hac\u00eda tres d\u00edas justos que no com\u00eda, tres largos d\u00edas. Y m\u00e1s por timidez y verg\u00fcenza que por orgullo, se resist\u00eda a pararse delante de las escalas de los vapores, a las horas de comida, esperando de la generosidad de los marineros alg\u00fan paquete que contuviera restos de guisos y trozos de carne. No pod\u00eda hacerlo, no podr\u00eda hacerlo nunca. Y cuando, como es el caso reciente, alguno le ofrec\u00eda sus sobras, las rechazaba heroicamente, sintiendo que la negativa aumentaba su hambre.<\/p>\n<p>Seis d\u00edas hac\u00eda que vagaba por las callejuelas y muelles de aquel puerto. Lo hab\u00eda dejado all\u00ed un vapor ingl\u00e9s procedente de Punta Arenas, puerto en donde hab\u00eda desertado de un vapor en que serv\u00eda como muchacho de capit\u00e1n. Estuvo un mes all\u00ed, ayudando en sus ocupaciones a un austriaco pescador de centollas, y en el primer barco que pas\u00f3 hacia el norte embarcose ocultamente. Lo descubrieron al d\u00eda siguiente de zarpar y envi\u00e1ronlo a trabajar en las calderas. En el primer puerto grande que toc\u00f3 el vapor lo desembarcaron, y all\u00ed qued\u00f3, como un fardo sin direcci\u00f3n ni destinatario, sin conocer a nadie, sin un centavo en los bolsillos y sin saber trabajar en oficio alguno. Mientras estuvo all\u00ed el vapor, pudo comer, pero despu\u00e9s\u2026 La ciudad enorme, que se alzaba m\u00e1s all\u00e1 de las callejuelas llenas de tabernas y posadas pobres, no le atra\u00eda; parec\u00edale un lugar de esclavitud, sin aire, oscura, sin esa grandeza amplia del mar, y entre cuyas altas paredes y calles rectas la gente vive y muere aturdida por un tr\u00e1fago angustioso.<\/p>\n<p>Estaba pose\u00eddo por la obsesi\u00f3n del mar, que tuerce las vidas m\u00e1s lisas y definidas como un brazo poderoso una delgada varilla. Aunque era muy joven hab\u00eda hecho varios viajes por las costas de Am\u00e9rica del Sur, en diversos vapores, desempe\u00f1ando distintos trabajos y faenas, faenas y trabajos que en tierra casi no ten\u00edan explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que se fue el vapor anduvo, esperando del azar algo que le permitiera vivir de alg\u00fan modo mientras volv\u00eda a sus canchas familiares; pero no encontr\u00f3 nada. El puerto ten\u00eda poco movimiento y en los contados vapores en que se trabajaba no lo aceptaron.<\/p>\n<p>Ambulaban por all\u00ed infinidad de vagabundos de profesi\u00f3n; marineros sin contrata, como \u00e9l, desertados de un vapor o pr\u00f3fugos de alg\u00fan delirio; atorrantes abandonados al ocio, que se mantienen de no se sabe qu\u00e9, mendigando o robando, pasando los d\u00edas como las cuentas de un rosario mugriento, esperando qui\u00e9n sabe qu\u00e9 extra\u00f1os acontecimientos, o no esperando nada, individuos de las razas y pueblos m\u00e1s ex\u00f3ticos y extra\u00f1os, aun de aquellos en cuya existencia no se cree hasta no haber visto un ejemplar.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, convencido de que no podr\u00eda resistir mucho m\u00e1s, decidi\u00f3 recurrir a cualquier medio para procurarse alimentos.<\/p>\n<p>Caminando, fue a dar delante de un vapor que hab\u00eda llegado la noche anterior y que cargaba trigo. Una hilera de hombres marchaba, dando la vuelta, al hombro los pesados sacos, desde los vagones, atravesando una planchada, hasta la escotilla de la bodega, donde los estibadores recib\u00edan la carga. Estuvo un rato mirando hasta que atreviose a hablar con el capataz, ofreci\u00e9ndose. Fue aceptado y animosamente form\u00f3 parte de la larga fila de cargadores.<\/p>\n<p>Durante el tiempo de la jornada trabaj\u00f3 bien; pero despu\u00e9s empez\u00f3 a sentirse fatigado y le vinieron vah\u00eddos, vacilando en la planchada cuando marchaba con la carga al hombro, viendo a sus pies la abertura formada por el costado del vapor y el murall\u00f3n del muelle, en el fondo de la cual, el mar, manchado de aceite y cubierto de desperdicios, glogloteaba sordamente.<\/p>\n<p>A la hora de almorzar hubo un breve descanso y en tanto que algunos fueron a comer en los figones cercanos y otros com\u00edan lo que hab\u00edan llevado, \u00e9l se tendi\u00f3 en el suelo a descansar, disimulando su hambre.<\/p>\n<p>Termin\u00f3 la jornada completamente agotado, cubierto de sudor, reducido ya a lo \u00faltimo. Mientras los trabajadores se retiraban, se sent\u00f3 en unas bolsas acechando al capataz, y cuando se hubo marchado el \u00faltimo acercose a \u00e9l y confuso y titubeante, aunque sin contarle lo que le suced\u00eda, le pregunt\u00f3 si pod\u00edan pagarle inmediatamente o si era posible conseguir un adelanto a cuenta de lo ganado.<\/p>\n<p>Contestole el capataz que la costumbre era pagar al final del trabajo y que todav\u00eda ser\u00eda necesario trabajar el d\u00eda siguiente para concluir de cargar el vapor. \u00a1Un d\u00eda m\u00e1s! Por otro lado, no adelantaban un centavo.<\/p>\n<p>\u2014Pero \u2014le dijo\u2014, si usted necesita, yo podr\u00eda prestarle unos cuarenta centavos\u2026 No tengo m\u00e1s.<\/p>\n<p>Le agradeci\u00f3 el ofrecimiento con una sonrisa angustiosa y se fue. Le acometi\u00f3 entonces una desesperaci\u00f3n aguda. \u00a1Ten\u00eda hambre, hambre, hambre! Un hambre que lo doblegaba como un latigazo; ve\u00eda todo a trav\u00e9s de una niebla azul y al andar vacilaba como un borracho. Sin embargo, no hab\u00eda podido quejarse ni gritar, pues su sufrimiento era obscuro y fatigante; no era dolor, sino angustia sorda, acabamiento; le parec\u00eda que estaba aplastado por un gran peso. Sinti\u00f3 de pronto como una quemadura en las entra\u00f1as, y se detuvo. Se fue inclinando, inclinando, dobl\u00e1ndose forzadamente y crey\u00f3 que iba a caer. En ese instante, como si una ventana se hubiera abierto ante \u00e9l, vio su casa, el paisaje que se ve\u00eda desde ella, el rostro de su madre y el de sus hermanos, todo lo que \u00e9l quer\u00eda y amaba apareci\u00f3 y desapareci\u00f3 ante sus ojos cerrados por la fatiga\u2026 Despu\u00e9s, poco a poco, ces\u00f3 el desvanecimiento y se fue enderezando, mientras la quemadura se enfriaba despacio. Por fin se irgui\u00f3, respirando profundamente. Una hora m\u00e1s y caer\u00eda al suelo.<\/p>\n<p>Apur\u00f3 el paso, como huyendo de un nuevo mareo, y mientras marchaba resolvi\u00f3 ir a comer a cualquier parte, sin pagar, dispuesto a que lo avergonzaran, a que le pegaran, a que lo mandaran preso, a todo; lo importante era comer, comer, comer. Cien veces repiti\u00f3 mentalmente esta palabra; comer, comer, comer, hasta que el vocablo perdi\u00f3 su sentido, dej\u00e1ndole una impresi\u00f3n de vac\u00edo caliente en la cabeza.<\/p>\n<p>No pensaba huir; le dir\u00eda al due\u00f1o: \u201cSe\u00f1or, ten\u00eda hambre, hambre, hambre, y no tengo con qu\u00e9 pagar\u2026 Haga lo que quiera\u201d.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 hasta las primeras calles de la ciudad y en una de ellas encontr\u00f3 una lecher\u00eda. Era un negocio muy claro y limpio, lleno de mesitas con cubiertas de m\u00e1rmol: detr\u00e1s de un mostrador estaba de pie una se\u00f1ora rubia con un delantal blanqu\u00edsimo.<\/p>\n<p>Eligi\u00f3 ese negocio. La calle era poco transitada. Habr\u00eda podido comer en uno de los figones que estaban junto al muelle, pero se encontraban llenos de gente que jugaba y beb\u00eda.<\/p>\n<p>En la lecher\u00eda no hab\u00eda sino un cliente. Era un vejete de anteojos, que con la nariz metida entre las hojas de un peri\u00f3dico, leyendo, permanec\u00eda inm\u00f3vil, como pegado a la silla. Sobre la mesita hab\u00eda un vaso de leche a medio consumir. Esper\u00f3 que se retirara, paseando por la acera, sintiendo que poco a poco se le encend\u00eda en el est\u00f3mago la quemadura de antes, y esper\u00f3 cinco, diez, hasta quince minutos. Se cans\u00f3 y parose a un lado de la puerta, desde donde lanzaba al viejo unas miradas que parec\u00edan pedradas.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 diablos leer\u00eda con tanta atenci\u00f3n? Lleg\u00f3 a imaginarse que era un enemigo suyo, quien, sabiendo sus intenciones, se hubiera propuesto entorpecerlas. Le daban ganas de entrar y decirle algo fuerte que le obligara a marcharse, una groser\u00eda o una frase que le indicara que no ten\u00eda derecho a permanecer una hora sentado, y leyendo, por un gasto reducido.<\/p>\n<p>Por fin el cliente termin\u00f3 su lectura, o por lo menos, la interrumpi\u00f3. Se bebi\u00f3 de un sorbo el resto de leche que conten\u00eda el vaso, se levant\u00f3 pausadamente, pag\u00f3 y dirigiose a la puerta. Sali\u00f3; era un vejete encorvado, con trazas de carpintero o barnizador.<\/p>\n<p>Apenas estuvo en la calle, afirmose los anteojos, meti\u00f3 de nuevo la nariz entre las hojas del peri\u00f3dico y se fue, caminando despacito y deteni\u00e9ndose cada diez pasos para leer con m\u00e1s detenimiento.<\/p>\n<p>Esper\u00f3 que se alejara y entr\u00f3. Un momento estuvo parado a la entrada, indeciso, no sabiendo d\u00f3nde sentarse; por fin eligi\u00f3 una mesa y dirigiose hacia ella; pero a mitad de camino se arrepinti\u00f3, retrocedi\u00f3 y tropez\u00f3 en una silla, instal\u00e1ndose despu\u00e9s en un rinc\u00f3n.<\/p>\n<p>Acudi\u00f3 la se\u00f1ora, pas\u00f3 un trapo por la cubierta de la mesa y con voz suave, en la que se notaba un dejo de acento espa\u00f1ol, le pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 se va a servir?<\/p>\n<p>Sin mirarla, le contest\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Un vaso de leche.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfGrande?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, grande.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSolo?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHay bizcochos?<\/p>\n<p>\u2014No; vainillas.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, vainillas.<\/p>\n<p>Cuando la se\u00f1ora se dio vuelta, \u00e9l se restreg\u00f3 las manos sobre las rodillas, regocijado, como quien tiene fr\u00edo y va a beber algo caliente. Volvi\u00f3 la se\u00f1ora y coloc\u00f3 ante \u00e9l un gran vaso de leche y un platito lleno de vainillas, dirigi\u00e9ndose despu\u00e9s a su puesto detr\u00e1s del mostrador.<\/p>\n<p>Su primer impulso fue beberse la leche de un trago y comerse despu\u00e9s las vainillas, pero en seguida se arrepinti\u00f3; sent\u00eda que los ojos de la mujer lo miraban con curiosidad. No se atrev\u00eda a mirarla; le parec\u00eda que, al hacerlo, conocer\u00eda su estado de \u00e1nimo y sus prop\u00f3sitos vergonzosos y \u00e9l tendr\u00eda que levantarse e irse, sin probar lo que hab\u00eda pedido.<\/p>\n<p>Pausadamente tom\u00f3 una vainilla, humedeciola en la leche y le dio un bocado; bebi\u00f3 un sorbo de leche y sinti\u00f3 que la quemadura, ya encendida en su est\u00f3mago, se apagaba y deshac\u00eda. Pero, en seguida, la realidad de su situaci\u00f3n desesperada surgi\u00f3 ante \u00e9l y algo apretado y caliente subi\u00f3 desde su coraz\u00f3n hasta la garganta; se dio cuenta de que iba a sollozar, a sollozar a gritos, y aunque sab\u00eda que la se\u00f1ora lo estaba mirando no pudo rechazar ni deshacer aquel nudo ardiente que le estrechaba m\u00e1s y m\u00e1s. Resisti\u00f3, y mientras resist\u00eda comi\u00f3 apresuradamente, como asustado, temiendo que el llanto le impidiera comer. Cuando termin\u00f3 con la leche y las vainillas se le nublaron los ojos y algo tibio rod\u00f3 por su nariz, cayendo dentro del vaso. Un terrible sollozo lo sacudi\u00f3 hasta los zapatos.<\/p>\n<p>Afirm\u00f3 la cabeza en las manos y durante mucho rato llor\u00f3, llor\u00f3 con pena, con rabia, con ganas de llorar, como si nunca hubiese llorado.<\/p>\n<p>Inclinado estaba y llorando, cuando sinti\u00f3 que una mano le acariciaba la cansada cabeza y que una voz de mujer, con un dulce acento espa\u00f1ol, le dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014Llore, hijo, llore\u2026<\/p>\n<p>Una nueva ola de llanto le arras\u00f3 los ojos y llor\u00f3 con tanta fuerza como la primera vez, pero ahora no angustiosamente, sino con alegr\u00eda, sintiendo que una gran frescura lo penetraba, apagando eso caliente que le hab\u00eda estrangulado la garganta. Mientras lloraba pareciole que su vida y sus sentimientos se limpiaban como un vaso bajo un chorro de agua, recobrando la claridad y firmeza de otros d\u00edas.<\/p>\n<p>Cuando pas\u00f3 el acceso de llanto se limpi\u00f3 con su pa\u00f1uelo los ojos y la cara, ya tranquilo. Levant\u00f3 la cabeza y mir\u00f3 a la se\u00f1ora, pero \u00e9sta no le miraba ya, miraba hacia la calle, a un punto lejano, y su rostro estaba triste.<\/p>\n<p>En la mesita, ante \u00e9l, hab\u00eda un nuevo vaso de leche y otro platillo colmado de vainillas; comi\u00f3 lentamente, sin pensar en nada, como si nada le hubiera pasado, como si estuviera en su casa y su madre fuera esa mujer que estaba detr\u00e1s del mostrador.<\/p>\n<p>Cuando termin\u00f3 ya hab\u00eda oscurecido y el negocio se iluminaba con una bombilla el\u00e9ctrica. Estuvo un rato sentado, pensando en lo que le dir\u00eda a la se\u00f1ora al despedirse, sin ocurr\u00edrsele nada oportuno.<\/p>\n<p>Al fin se levant\u00f3 y dijo simplemente:<\/p>\n<p>\u2014Muchas gracias, se\u00f1ora; adi\u00f3s\u2026<\/p>\n<p>\u2014Adi\u00f3s, hijo\u2026 \u2014le contest\u00f3 ella.<\/p>\n<p>Sali\u00f3. El viento que ven\u00eda del mar refresc\u00f3 su cara, caliente a\u00fan por el llanto. Camin\u00f3 un rato sin direcci\u00f3n, tomando despu\u00e9s por una calle que bajaba hacia los muelles. La noche era hermos\u00edsima y grandes estrellas aparec\u00edan en el cielo de verano.<\/p>\n<p>Pens\u00f3 en la se\u00f1ora rubia que tan generosamente se hab\u00eda conducido e hizo prop\u00f3sitos de pagarle y recompensarla de una manera digna cuando tuviera dinero; pero estos pensamientos de gratitud se desvanec\u00edan junto con el ardor de su rostro, hasta que no qued\u00f3 ninguno, y el hecho reciente retrocedi\u00f3 y se perdi\u00f3 en los recodos de su vida pasada.<\/p>\n<p>De pronto se sorprendi\u00f3 cantando algo en voz baja. Se irgui\u00f3 alegremente, pisando con firmeza y decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a la orilla del mar y anduvo de un lado para otro, el\u00e1sticamente, sinti\u00e9ndose rehacer, como si sus fuerzas interiores, antes dispersas, se reunieran y amalgamaran s\u00f3lidamente.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s la fatiga del trabajo empez\u00f3 a subirle por las piernas en un lento hormigueo y se sent\u00f3 sobre un mont\u00f3n de bolsas.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 el mar. Las luces del muelle y las de los barcos se extend\u00edan por el agua en un reguero rojizo y dorado, temblando suavemente. Se tendi\u00f3 de espaldas, mirando el cielo largo rato. No ten\u00eda ganas de pensar, ni de cantar, ni de hablar. Se sent\u00eda vivir, nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Hasta que se qued\u00f3 dormido con el rostro vuelto hacia el mar.<\/p>\n<h6>Barcos en el mar frente a Puerto Natales, Chile. Foto: Jens Johnsson, Unsplash.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Afirmado en la barandilla de estribor, el marinero parec\u00eda esperar a alguien. Ten\u00eda en la mano izquierda un envoltorio de papel blanco, manchado de grasa en varias partes. 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