{"id":3677,"date":"2020-05-08T03:30:12","date_gmt":"2020-05-08T09:30:12","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/05\/short-little-stories-aida-bortnik\/"},"modified":"2024-07-06T17:47:37","modified_gmt":"2024-07-06T23:47:37","slug":"short-little-stories-aida-bortnik","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/05\/short-little-stories-aida-bortnik\/","title":{"rendered":"Cuentitos de A\u00edda Bortnik"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p><strong>El ba\u00fal<\/strong><\/p>\n<p>Se hab\u00edan amado con un amor tormentoso. Hab\u00edan llorado noches enteras, uno a causa del otro. Se hab\u00edan abrazado y besado, se hab\u00edan mordido y pegado, se hab\u00edan re\u00eddo, se hab\u00edan enga\u00f1ado, se hab\u00edan perdonado, se hab\u00edan comprendido, se hab\u00edan reprochado. Hab\u00edan crecido juntos, aprendiendo uno del otro. Hab\u00edan soportado juntos la humillaci\u00f3n, el fracaso, el dolor, la traici\u00f3n, las alegr\u00edas, el lento paso de los a\u00f1os, el vertiginoso paso de la vida. Un d\u00eda descubrieron que ya eran lo bastante sabios como para sonre\u00edr a los deterioros del tiempo, cuando se asomaban uno al espejo del otro. Entonces supieron que, finalmente, hab\u00edan comenzado a envejecer.<\/p>\n<p>\u00c9l se sentaba en el jard\u00edn de adelante, le\u00eda el diario y arreglaba interminablemente relojes antiguos que despu\u00e9s regalaba. Ella cuidaba las rosas y la comida. Iban juntos a hacer las compras. Tra\u00edan la bolsa cargando una manija cada uno. Siempre parec\u00edan tener algo que conversar. Ella lloraba mucho en el cine. Cuando agotaba los propios, tend\u00eda la mano y \u00e9l le prestaba su pa\u00f1uelo, blanco y perfumado a la colonia. \u00c9l no lloraba, pero tampoco se burlaba. Alternaban religiosamente: una de amor y una de acci\u00f3n. Aunque a \u00c9l, \u00faltimamente, ya no le gustaban las de guerra, tampoco.<\/p>\n<p>El hijo var\u00f3n hab\u00eda muerto, la hija mujer viv\u00eda en otro pa\u00eds. Ella escrib\u00eda las cartas, \u00c9l las llevaba al Correo. Iban al cementerio una vez por mes. Ella llevaba las flores. \u00c9l se quedaba de pie, con las manos a la espalda y una mirada que no ve\u00eda m\u00e1s que hacia el pasado.<\/p>\n<p>Ten\u00edan un ba\u00fal lleno de fotograf\u00edas, algunas heredadas de madres y abuelas, gente solemne o melanc\u00f3lica (mujeres con trajes largos de pie junto a un jarr\u00f3n lleno de flores, ensayando una sonrisa que las sobreviviera, hombres con bast\u00f3n y sombrero rom\u00e1ntico, eternamente desafiantes); de la que se hab\u00edan re\u00eddo cuando eran demasiado j\u00f3venes y a la que miraban ahora con una ternura que hermanaba esa familia, desconocida y desvanecida, a otras inocencias en otras fotograf\u00edas: vacaciones, fiestas, caminatas y alegr\u00edas fijadas para siempre, expuestas para siempre a la risa de otros j\u00f3venes despiadados que ya no les costaba imaginar en una rueda que sab\u00edan interminable. Alguna vez Ella hab\u00eda hablado de hacer un \u00e1lbum. Pero \u00c9l prefer\u00eda el desorden y el azar de las evocaciones, la solapada tristeza, el inesperado rubor que proporcionaba cada noche que le dedicaban al ba\u00fal.<\/p>\n<p>Cuando decidieron pintar la casa a Ella le cost\u00f3 convencerlo de que necesitaba ayuda, pero despu\u00e9s los dos estaban felices de haber conocido al muchacho. No se parec\u00eda al hijo, ni siquiera lo pensaron nunca, pero estaba tan solo y era tan callado y amable, que los dos supieron enseguida que extra\u00f1aba a su familia. No les hizo falta hablar para estar de acuerdo: El muchacho necesitaba trabajo pero, sobre todo, necesitaba afecto. Cuando terminara de pintar, inventar\u00edan alguna otra cosa.<\/p>\n<p>Pero no termin\u00f3 de pintar.<\/p>\n<p>A Ella la mat\u00f3 en la cocina. Bast\u00f3 de un solo golpe. Probablemente estaba ya muerta antes de que le partiera la cabeza, porque le vio levantar el brazo y ni siquiera grit\u00f3. A \u00c9l lo mat\u00f3 en el dormitorio. Pero le cost\u00f3 m\u00e1s. Era m\u00e1s fuerte de lo que parec\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando abri\u00f3 el ba\u00fal le sorprendi\u00f3 que no tuviera llave. Al principio no comprendi\u00f3. Busc\u00f3 un doble fondo: las fotograf\u00edas volaban por el aire y estaba totalmente rodeado de generaciones de la familia cuando finalmente se convenci\u00f3 de que all\u00ed no hab\u00eda dinero. Se sinti\u00f3 estafado: solamente por eso despu\u00e9s de revisar salvajemente el resto de la casa y no encontrar m\u00e1s que unos relojes inservibles y unos pesos miserables, amonton\u00f3 todas las fotograf\u00edas y tir\u00f3 el f\u00f3sforo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El coraz\u00f3n de Celeste<\/strong><\/p>\n<p>Celeste iba a una escuela que ten\u00eda doble patio. En el de adelante se hac\u00edan los actos. En el de atr\u00e1s era donde la Maestra las hac\u00eda parar en fila, tomando distancia y sin bajar el brazo; y sin apoyar m\u00e1s un pie y doblar la otra rodilla; y sin hablar. Toda la hora. Y una vez dos horas seguidas. Bueno, no eran horas. Pero hubo dos recreos y cuatro campanadas, antes de que las dejara volver a clase. Y las de los otros grados, que en el primer recreo se re\u00edan y jugaban casi como siempre, en el segundo recreo no jugaron nada. Se fueron parando contra las paredes y las miraban nada m\u00e1s. Miraban la fila derechita, tomando distancia en el medio del patio. Y nadie se re\u00eda. Y cuando la Maestra golpe\u00f3 las manos para indicar que se hab\u00eda terminado el castigo, Celeste fue la \u00fanica que no se estir\u00f3, ni se quej\u00f3, ni se frot\u00f3 el brazo, ni marc\u00f3 el paso hasta el aula. Cuando se sentaron comenz\u00f3 a mirar fijamente a la Maestra. Como miraba en el pizarr\u00f3n las palabras nuevas, las que no sab\u00eda qu\u00e9 quer\u00edan decir, ni para qu\u00e9 serv\u00edan, exactamente.<\/p>\n<p>Nunca hab\u00eda contado el castigo en su casa. Seguramente su madre habr\u00eda hecho un comentario acerca de lo dif\u00edcil que deb\u00eda ser, para la pobre Maestra, lidiar con tantas desobedientes. Seguramente alguno de sus hermanos se habr\u00eda re\u00eddo. Pero lo peor era que, seguramente, la T\u00eda hubiera pensado que era una buena idea. Y los hubiera puesto alguna vez en fila, a los nueve, con el brazo extendido. As\u00ed que nunca hab\u00eda contado el castigo en su casa.<\/p>\n<p>Esa noche, cuando lo acostaba, su hermanito volvi\u00f3 a preguntar: \u201c\u00bfY cu\u00e1ndo voy a ir a la escuela?\u201d Pero esa noche ella no se rio, ni le contest\u00f3 cualquier cosa. Se sent\u00f3 y lo abraz\u00f3 un rato como hac\u00eda siempre que se daba cuenta de que era tan chiquito y que sab\u00eda tan poquito, todav\u00eda. Y apret\u00f3 m\u00e1s el brazo porque se lo imagin\u00f3 de repente, en medio del patio, con el bracito extendido tomando distancia, con el cuerpo duro, sintiendo fr\u00edo y rabia y miedo, en una fila en la que todos eran chiquitos como \u00e9l.<\/p>\n<p>Y la siguiente vez que la Maestra se enoj\u00f3 con el grado, Celeste ya sab\u00eda lo que ten\u00eda que hacer.<\/p>\n<p>No levant\u00f3 el brazo.<\/p>\n<p>La Maestra repiti\u00f3 la orden, mir\u00e1ndola con un poquito de sorpresa. Pero Celeste no levant\u00f3 el brazo. La Maestra se acerc\u00f3 y le pregunt\u00f3 casi preocupada qu\u00e9 le pasaba. Y ella se lo dijo. Le dijo que el brazo dol\u00eda, despu\u00e9s. Y que uno no iba a la escuela para sentir dolor, fr\u00edo y miedo.<\/p>\n<p>Celeste no se o\u00eda a s\u00ed misma, pero ve\u00eda la cara de la Maestra, mientras ella hablaba. Y era una cara muy rara. Y las compa\u00f1eras le dijeron despu\u00e9s que hablaba muy alto, no gritando, pero muy alto. Como cuando uno dice un poema de \u00e9sos de palabras grandes, parada arriba de la tarima, en el patio de adelante. Como cuando todas saben que est\u00e1n en un acto solemne y que se habla de cosas importantes que pasaron hace mucho, porque el mundo mejor\u00f3 despu\u00e9s de aquel d\u00eda.<\/p>\n<p>Y casi todas empezaron a bajar los brazos. Y despu\u00e9s volvieron al aula. Y la Maestra escribi\u00f3 una nota con tinta roja en su cuaderno. Y cuando su padre le pregunt\u00f3 qu\u00e9 hab\u00eda hecho y ella se lo cont\u00f3, su padre se qued\u00f3 mir\u00e1ndola durante un largo rato, pero como si no la viera a ella sino a alguna otra cosa que estaba adentro o m\u00e1s all\u00e1 de ella. Y despu\u00e9s sonri\u00f3 y firm\u00f3 sin decir nada. Y mientras ella pon\u00eda el secante sobre la firma, \u00e9l le pas\u00f3 la mano por la cabeza muy suavemente, como si la cabeza de Celeste fuera algo muy, muy fr\u00e1gil, que una mano pesada pod\u00eda quebrar.<\/p>\n<p>Esa noche Celeste casi no durmi\u00f3, porque ten\u00eda una sensaci\u00f3n muy extra\u00f1a en el cuerpo. Una sensaci\u00f3n que hab\u00eda comenzado cuando no levant\u00f3 el brazo, en medio de la fila: la sensaci\u00f3n de que algo crec\u00eda adentro del pecho. Ard\u00eda un poco, pero no era doloroso. Y pens\u00f3 que si a uno le crecen las piernas y los brazos y todo eso, lo de adentro tambi\u00e9n tiene que crecer. Pero las piernas y los brazos crecen sin que uno se d\u00e9 cuenta, parejo y de a poquito. Y el coraz\u00f3n deb\u00eda crecer as\u00ed, a saltos. Y le pareci\u00f3 un pensamiento l\u00f3gico: el coraz\u00f3n crece cuando uno hace algo que no hab\u00eda hecho nunca, cuando uno aprende algo que no sab\u00eda, cuando uno siente algo distinto y mejor, por primera vez. Y la sensaci\u00f3n extra\u00f1a le pareci\u00f3 buena. Y se prometi\u00f3 a s\u00ed misma que su coraz\u00f3n seguir\u00eda creciendo y creciendo y creciendo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00bfTe acord\u00e1s?<\/strong><\/p>\n<p><strong>Nostalgia<\/strong>: (del griego <em><strong>nostos<\/strong><\/em>: regreso; y <em><strong>algos<\/strong><\/em>: dolor). Tristeza causada por la ausencia de la patria, o de los deudos y amigos. (Sin\u00f3n. V. <strong>Melancol\u00eda<\/strong>) \/ Pesar que causa el recuerdo de alg\u00fan bien perdido.<\/p>\n<p>Un d\u00eda se despert\u00f3 y ya nada estaba all\u00ed. No se hab\u00eda movido, sin embargo. Lo sab\u00eda bien. A lo mejor era eso, a lo mejor se hab\u00eda quedado inm\u00f3vil mientras todo lo dem\u00e1s se deslizaba\u2026 No. Permanec\u00edan las cosas y las fachadas. Se hablaba el mismo idioma, o uno casi id\u00e9ntico. Se hac\u00edan los mismos gestos, o algunos muy parecidos. Y perduraban s\u00edmbolos que un pudor m\u00ednimo impedir\u00eda mencionar.<\/p>\n<p>Pens\u00f3: Ser\u00e1 pasajero. Y record\u00f3: Yo tambi\u00e9n lo soy.<\/p>\n<p>Prob\u00f3 a gritar: \u201c\u00a1\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 todo?!\u201d Pero la verg\u00fcenza fue abrumadora. \u00bfAcaso los otros no hab\u00edan perdido lo mismo? Y bien que trataban de comportarse con dignidad. O como se llamara esa manera de hacer como que la vida era la misma vida; la gente la misma gente; el mundo el mismo mundo.<\/p>\n<p>El aprendizaje result\u00f3 m\u00e1s r\u00e1pido de lo que pens\u00f3. Pero hab\u00eda trampas, sin embargo. Por ejemplo, si se exageraba el movimiento, si uno se entusiasmaba un poco con el tono\u2026 inmediatamente algo sonaba a hueco. Y el sonido era espantoso. Hab\u00eda que tener much\u00edsimo cuidado. Much\u00edsimo cuidado.<\/p>\n<p>Dormir tampoco es f\u00e1cil, porque est\u00e1n los sue\u00f1os. Y no hay inocencia que valga. Por ejemplo: esa pel\u00edcula de los hermanos Marx. \u00bfC\u00f3mo se previene uno contra una imagen tan ingenua? La pel\u00edcula se llamaba \u201cUna noche en Casablanca\u201d. Harpo est\u00e1 en la calle, apoyado contra una inmensa pared. Chico pasa, lo llama. Harpo le hace se\u00f1as de que no puede abandonar su responsabilidad. Chico se r\u00ede: \u201cqu\u00e9 \u00bfest\u00e1s sosteniendo el edificio?\u201d Lo toma del brazo y lo obliga a seguirlo. El edificio se desploma. El edificio se desploma. El edificio se desploma. Intent\u00f3 re\u00edrse al despertar en medio del terror. Era una pel\u00edcula c\u00f3mica. \u00bfQu\u00e9 tiene de malo so\u00f1ar el gag de una pel\u00edcula c\u00f3mica\u2026? Pero no pod\u00eda despegar la palma de la mano de la pared. No pod\u00eda.<\/p>\n<p>El m\u00e9dico fue comprensivo. Los compa\u00f1eros de trabajo fueron comprensivos. La familia fue comprensiva. Los amigos fueron comprensivos. Con el tiempo lo logr\u00f3. La mano tend\u00eda, sin embargo, a sostener paredes, gentes, situaciones. Tard\u00f3 mucho tiempo en entender que nada iba a desplomarse, porque nada pesaba ya lo suficiente.<\/p>\n<p>Y un d\u00eda se cans\u00f3. Se cans\u00f3 tanto, tanto, tanto, que pens\u00f3 que todo le daba lo mismo: un ladrillo hueco prolijamente equilibrado sobre otro no abrigaba m\u00e1s que el edificio desplomado. Un amigo ausente no abrazaba m\u00e1s que un fantasma. Una dignidad flexible no dignificaba m\u00e1s que una abyecci\u00f3n oportuna. Una memoria negada no alimentaba m\u00e1s que un ideal muerto.<\/p>\n<p>Entonces volvi\u00f3 a despertarse. Pero a despertarse del todo. Y mir\u00f3 a su alrededor. Y a la primera cara vagamente familiar le pregunt\u00f3 sin permiso ni pre\u00e1mbulo, sin verg\u00fcenza ni temor: \u201c\u00bfTe acord\u00e1s de m\u00ed?\u201d Cuando la cara iba a empezar a negar, dispar\u00f3 la siguiente pregunta: \u201c\u00bfTe acord\u00e1s de vos?\u201d<\/p>\n<p>Lloraron en un abrazo. Y a medida que recordaban, el mundo comenzaba a espesarse, a rellenarse, a solidificarse.<\/p>\n<p>Si uno se acuerda de uno, llora. Si uno se olvida de uno, \u00bfqui\u00e9n se r\u00ede? Yo no. Ustedes tampoco. Entonces, \u00bfqui\u00e9n?<\/p>\n<h6>Im\u00e1genes de A\u00edda Bortnik de la colecci\u00f3n de la familia Bortnik.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se hab\u00edan amado con un amor tormentoso. Hab\u00edan llorado noches enteras, uno a causa del otro. 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