{"id":36401,"date":"2024-09-23T08:02:24","date_gmt":"2024-09-23T14:02:24","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=36401"},"modified":"2024-09-24T12:46:36","modified_gmt":"2024-09-24T18:46:36","slug":"un-fragmento-de-las-olas-son-las-mismas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2024\/09\/un-fragmento-de-las-olas-son-las-mismas\/","title":{"rendered":"Un fragmento de Las olas son las mismas"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los finales son p\u00e9rdidas,<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">cortes, marcas en un territorio;<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">trazan una frontera, dividen.<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esconden y escinden la experiencia.<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pero al mismo tiempo,<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0en nuestra convicci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima,<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0todo contin\u00faa.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Ricardo Piglia<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><br \/>\nGolpe de vista y mi propia silueta contra el azul, la tarde se degrada en el cielo. Iba a escribir sobre la velocidad, pero una obstinada bandada de estorninos escapando del invierno me distrajo o se convirti\u00f3 en el texto y ya no hubo m\u00e1s que esa migraci\u00f3n. Desde los dormideros hacia la siguiente temporada se dibuja una flecha y sobre mi cabeza se formula una tormenta, nombre con que el viento arrastra a la nieve. Los fen\u00f3menos clim\u00e1ticos me silencian. Golpe de vista al cielo y la tarde se clausura. El dorado cede. Las olas insisten en se\u00f1alar ese l\u00edmite donde la ciudad empieza y termina simult\u00e1neamente. El plumaje de los estorninos es bronce p\u00farpura y yo, envuelta en un abrigo largo, sigo mirando c\u00f3mo las nubes reducen la claridad del cielo. Estoy sola aqu\u00ed. Se apagan las estrellas y ahora se encienden las ampolletas que cuelgan sobre los postes del muelle. El agua choca con insistencia contra los pilones de madera.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hace diez a\u00f1os viaj\u00e9 a Par\u00eds. Tambi\u00e9n era invierno, tambi\u00e9n estaba frente a un borde, tambi\u00e9n estaba sola cuando vi una escena que se qued\u00f3 conmigo, que todav\u00eda est\u00e1 en mi memoria. Dos muchachos caminando juntos. Se alejaban del r\u00edo y de m\u00ed. Imagin\u00e9 que se hab\u00edan conocido esa misma tarde, mientras uno iba tomando apuntes de su investigaci\u00f3n en el metro. Ese se llamar\u00eda Aurelien, ser\u00eda un estudiante de ciencias y traer\u00eda entre sus manos un cuaderno. Golpe de vista al suelo. El otro se llamar\u00eda Maxime. El agua encuentra una forma de seguir su curso por entre las rocas. Estallidos subterr\u00e1neos. Golpe de vista al abismo, pensamiento humano y cara de \u00e1ngel. El vag\u00f3n atravesaba un t\u00fanel, los rieles met\u00e1licos generaban una impresi\u00f3n sedante de continuidad. La orilla est\u00e1 pronunci\u00e1ndose, las olas son siempre las mismas. Aurelien cerr\u00f3 la tapa del cuaderno porque no quer\u00eda que Maxime viera lo que estaba escrito ah\u00ed. Le hab\u00eda empezado a molestar la insistencia de su mirada, pero ese exceso de pasado en los ojos lo tranquiliz\u00f3. Su tristeza nivelaba lo hermoso que era. Macizo, ancho y determinado. Parec\u00eda inofensivo. Ten\u00eda la piel cubierta de lo que antes hab\u00edan sido espinillas. Maxime, sin dejar de mirarlo, le propuso que se bajaran e hizo un gesto con los dedos como dibujando un arco en el aire. Entonces, de s\u00fabito, Aurelien consider\u00f3 abandonar el compromiso que ten\u00eda esa noche con su pap\u00e1. Un rapto al exterior en medio de la concatenaci\u00f3n de palabras y frases que no se estaban diciendo. Tucu-t\u00fan, tucu-t\u00fan. Dejaron atr\u00e1s la estaci\u00f3n y atravesaron el viento subterr\u00e1neo, juntos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Suspiro prolongado de extra\u00f1eza al salir a la calle. Ah, el agua empapa la superficie de las piedras, pero su centro permanece seco, oscuro, un misterio. Afuera lloviznaba y la vereda reflejaba la catedral invertida, el puente parec\u00eda rodeado de un halo de muerte. Era una noche g\u00e9lida de diciembre. El r\u00edo tambi\u00e9n estaba ah\u00ed. Atra\u00eddo por ese espejo que se mov\u00eda, Aurelien, que todav\u00eda ten\u00eda el cuaderno entre sus manos, se inclin\u00f3 hacia la baranda y nuevo par\u00e9ntesis. Los sistemas de suspensi\u00f3n est\u00e1n compuestos por un elemento flexible y otro de amortiguaci\u00f3n que neutraliza las oscilaciones de lo suspendido. Igual que nosotros, dijo Maxime se\u00f1alando a las dos figuras reflejadas que la superficie del agua distorsionaba. Qu\u00e9 fr\u00edo, dijo Aurelien y volvi\u00e9ndose hacia el Sena pens\u00f3 \u00bfQu\u00e9 hago aqu\u00ed? Nubarrones p\u00farpuras despeinaban el horizonte sobre los techos de Par\u00eds. Se subi\u00f3 el cuello de la chaqueta. Esa noche de invierno \u00e9l ten\u00eda una cita con su pap\u00e1, pero el r\u00edo, el r\u00edo era un continuo iridiscente. Por ah\u00ed se hab\u00eda deslizado tambi\u00e9n la mirada de otros hombres que antes que ellos salieron a caminar de noche. El muchacho del cuaderno vio al otro botar el tabaco al suelo y manipular con poca destreza el papel. Le dieron ganas de enrolar a \u00e9l, pero luego tuvo la impresi\u00f3n de que entre las palmas de ese chico se abr\u00eda un portal. Golpe de vista al juego de hilos con los dedos que pasan de una figura a la siguiente: tri\u00e1ngulo y poliedro. Nueva estructura suspendida. El pelo corto, claro y los ojos circulados por sombras profundas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Puede ser, todo es raro. El clima, el silencio. No sab\u00eda cu\u00e1nto tiempo dejar pasar antes de que se volviera inc\u00f3modo. Aurelien pesta\u00f1e\u00f3. Le extra\u00f1aba lo serio que era ese muchacho que ten\u00eda delante, lo determinado. Lo vio lanzar una bocanada a lo alto. Con los dedos fueron pas\u00e1ndose el cigarrillo, sus yemas promet\u00edan otro roce, mayor. Pas\u00f3 un minuto y no se rieron. Golpe de vista al interior y pozo profundo. Piedras que no encuentran un final. No es que el muchacho del cuaderno quisiera hacer de la noche un drama, pero le result\u00f3 tranquilizador el abandono a las imposturas. Se estir\u00f3. Pas\u00f3 otro minuto y diez. Maxime segu\u00eda quieto, entregado a contemplar el r\u00edo. Aunque no supieran qu\u00e9 decirse, estaban c\u00f3modos con la novedad de ese silencio. El viento era g\u00e9lido. Maxime tosi\u00f3 y le pregunt\u00f3 qu\u00e9 hac\u00eda. Aurelien le cont\u00f3 que investigaba los n\u00fameros de Haicheng. \u00bfHai-qu\u00e9? El \u00fanico terremoto que se ha podido predecir en la historia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tenemos que ir a conocer ese lugar, dijo Maxime. Por primera vez en la noche el muchacho del cuaderno se rio, de puro entusiasmo. \u00bfA China?, pregunt\u00f3 en serio. Viaje a donde la luz no alcanza a tocar las huellas de la luz anterior. Fueron unas serpientes las que lo predijeron, las que primero supieron que ocurrir\u00eda un desastre. Con el cigarro en la boca le dijo bueno, vamos. Vamos a China. Y le cont\u00f3 que m\u00e1s de dos mil personas murieron en ese terremoto. El muelle desde donde ahora veo atardecer y hacerse tarde (que no es lo mismo) parece ejercer alg\u00fan tipo de resistencia a las olas. A m\u00ed la melancol\u00eda tampoco me dejaba avanzar. Estuve mucho tiempo quieta, sin moverme. Sobre el agua hay espuma reventando y figuras que desaparecen apenas terminan de formularse. Vamos a Haicheng, dijo el muchacho del cuaderno, el otro levant\u00f3 las cejas y aspir\u00f3 humo. \u00bfSerpientes? Miraron a puntos opuestos del cielo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pienso en una historia que se vaya borrando. Una posta de relevos en que cada frase reemplaza a la siguiente y al final s\u00f3lo queda legible la \u00faltima l\u00ednea. A la tormenta que ahora se avecina sobre la ciudad en que vivo, la empuja una fuerza antigua. Golpe de vista al siglo en que los hombres tallaron las piedras de esa catedral junto al puente franc\u00e9s: ellos evitaban el vac\u00edo. En mi historia ocurrir\u00eda lo contrario, los blancos perfilados por la caligraf\u00eda se ir\u00edan acumulando hacia el final. Las rocas permanecen inalterables. Golpe de vista al puente, cara de \u00e1ngel agotado y los dedos temblando. Hace demasiado fr\u00edo, v\u00e1monos, dijo el muchacho del cuaderno. Filo de luz entre las nubes que ilumina repentinamente el cielo. Constante avance de ese avi\u00f3n que ignora la tormenta. Las olas insisten en derramarse sobre las piedras, se hace tarde. Pronostico un viaje a China, dijo Maxime ri\u00e9ndose. Al otro le gust\u00f3 que su risa fuera as\u00ed, terrible. Que su piel pareciera erosionada, que fuera aparentemente inmune al fr\u00edo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los muelles son extensiones temporales del borde, los puentes son pausas y las olas son las mismas. Iba a escribir sobre lo simult\u00e1neo. Sobre las cosas dobles como los puentes o la orilla. Sobre lo que empieza y termina al mismo tiempo, pero el arrastre del viento rompe la lisura de la superficie y se genera el desplazamiento del agua. Iba a escribir sobre la semejanza, pero estos dos muchachos, tan hermosos y tan distintos. Los vi alej\u00e1ndose del Sena, diez a\u00f1os atr\u00e1s. Los vi de espaldas, en sus abrigos. Me sent\u00ed tan sola cuando los perd\u00ed de vista. El resto es pura ficci\u00f3n. Ahora enfrento a la tormenta que estalla. Ahora s\u00e9 que cuando se genera una ola las part\u00edculas de agua no retornan nunca al mismo punto donde estaban, sino que vuelven a otro, ligeramente distinto. Completamente desconocido.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Existe un cuaderno de tapa negra gastada por el roce, de cincuenta p\u00e1ginas empastadas manualmente, donde est\u00e1 registrado el viaje que dos franceses realizaron a Valpara\u00edso para el cambio de milenio. En las primeras p\u00e1ginas se encuentran los dos boletos de avi\u00f3n (asientos econ\u00f3micos en la fila J con los nombres completos de Aurelien y Maxime), un mapa desplegable del puerto y algunas anotaciones breves. En la solapa est\u00e1 pegado el comprobante del retiro del equipaje: cada uno llevaba consigo una sola mochila.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Juan es un estudiante chileno que vive en Nueva York y ahora est\u00e1 buscando algo que leer en el octavo piso de la biblioteca de la universidad. Pasa su mirada por los anaqueles descartando el nombre de los autores latinoamericanos y los t\u00edtulos de sus obras hasta que de pronto, siente como si una linterna se moviera dentro suyo y alumbrara algo que \u00e9l no quiere ver. Con curiosidad repara en el \u00fanico de todos los libros en la estanter\u00eda que no est\u00e1 encuadernado con una cubierta pl\u00e1stica como el resto. Esa diferencia le parece una se\u00f1a. Se acerca, pasa su dedo por el lomo negro y lo saca. As\u00ed el cuaderno de los franceses cae en manos de un aspirante a escritor, quien lo ojea y nota que sus p\u00e1ginas est\u00e1n completamente escritas a mano. En sus tapas no hay adherida una ficha bibliogr\u00e1fica ni un timbre que indique que ese cuaderno pertenece la colecci\u00f3n de la biblioteca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Alguien podr\u00eda haberlo dejado ah\u00ed accidental o intencionalmente. Juan pasa su mano por los apuntes y r\u00e1pidamente descubre que el cuaderno est\u00e1 escrito en franc\u00e9s, idioma que no sabe hablar pero que puede leer. Tambi\u00e9n nota que le faltaban las \u00faltimas p\u00e1ginas. Entonces lo cierra, lo guarda en su mochila y sale al pasillo rogando que no vaya a tener escondido un sensor que se active cuando cruce las barreras de seguridad de la biblioteca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una vez en la calle recupera la respiraci\u00f3n, saca el cuaderno de su mochila y piensa que hay dos formas de abordarlo: como un relato inconcluso o uno que todav\u00eda se est\u00e1 escribiendo. La distancia entre esas posibilidades es, a sus ojos, similar al v\u00e9rtigo que separa a un fen\u00f3meno clim\u00e1tico del pron\u00f3stico que lo predice. Hace algunas horas, Juan ley\u00f3 en AccuWeather que nevar\u00eda en Nueva York, pero ahora, al asomarse por la ventana del vag\u00f3n del metro que cruza el puente de Williamsburg hacia Brooklyn, s\u00f3lo descubre un inalterable cielo p\u00farpura.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Que el clima se desentienda del presagio que hacen de \u00e9l los meteor\u00f3logos es, para Juan, a la vez decepcionante y tranquilizador. Apoyado contra el vidrio se pregunta c\u00f3mo se ver\u00e1 esa secuencia de fachadas que se extiende al otro lado del r\u00edo, cuando la tormenta estalle y el barrio donde vive quede enmudecido por el blanco.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En la p\u00e1gina once de la bit\u00e1cora de viaje Juan se entera de que los franceses llegaron a Valpara\u00edso el \u00faltimo domingo de 1999. Tambi\u00e9n est\u00e1 escrito que lo primero que vieron al bajarse del terminal de buses fue una poza de sangre fresca en el pavimento. En un comienzo escribe Maxime y luego Aurelien. Aunque sus caligraf\u00edas son semejantes (a primera vista podr\u00eda parecer que la bit\u00e1cora fue escrita por una sola mano), con el paso de las p\u00e1ginas comienzan a aparecer distingos entre las observaciones de uno y otro. Maxime constat\u00f3 su encuentro con la poza de sangre con una frase sin adjetivos, mientras que Aurelien anot\u00f3 que al verla sinti\u00f3 asco, luego miedo y despu\u00e9s pens\u00f3 en el cuerpo que la hab\u00eda perdido.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El manuscrito de la mano de Aurelien termina diciendo:\u00a0<\/span><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">La muerte no me asusta.<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (La p\u00e1gina lleva el n\u00famero once, escrito con l\u00e1piz de tinta azul junto a la firma \u201cA\u201d en el borde inferior)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Maxime pensaba que la bit\u00e1cora era una oportunidad de registrar el cambio de milenio, pero tambi\u00e9n lo que parec\u00eda ser el fin de su relaci\u00f3n con Aurelien. Fue \u00e9l quien insisti\u00f3 en llevar un registro del t\u00e9rmino. Para Aurelien, en cambio, el cuaderno era una distracci\u00f3n, un juego. Durante los d\u00edas que pasaron en Valpara\u00edso ambos depositaron ah\u00ed, alternadamente, apuntes y ocasionales dibujos sobre sus paseos. Con esas pistas Juan se arm\u00f3 una primera idea de ellos: qu\u00e9 miraban, qu\u00e9 prefer\u00edan. Pero tambi\u00e9n hay (realizadas al margen) algunas notas sobre lo que no eran capaces de decirse. Esas entradas son chispazos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La bit\u00e1cora se sucede linealmente hasta que en la p\u00e1gina cincuenta el registro termina abruptamente. El ensayo se interrumpe. El juego se acaba.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Al cuaderno le falta su cierre.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Al comenzar el nuevo milenio, los franceses dejaron de tomar apuntes.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">O decidieron esconder esas p\u00e1ginas.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Lo cierto es que actualmente la bit\u00e1cora es incapaz de narrar su propio final. O por lo menos eso cree Juan cuando ve los primeros copos arrastrados por el viento estrellarse contra el vidrio de la cocina.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Con la plata de una beca estatal Juan arrienda un peque\u00f1o departamento en el sexto piso de un viejo edificio de Williamsburg, frente a la estaci\u00f3n de Marcy de la l\u00ednea JMZ. Es un departamento de una pieza con dos ventanas desde las que se ven los neones de la Funeraria Ortiz y el principio del puente que lleva a Manhattan. Ese departamento es la casa de su soledad. Ah\u00ed come wantanes y arrollados primavera que compra por pocos d\u00f3lares en un local de Havemeyer. Ah\u00ed fuma. Ah\u00ed revisa su hor\u00f3scopo y el pron\u00f3stico del tiempo a diario. Ah\u00ed lee y relee las novelas de Z que se ha tra\u00eddo desde Chile y vuelve a ver pel\u00edculas noventeras en Netflix. Ah\u00ed se asoma a mirar las estrellas y a dibujar l\u00edneas imaginarias entre ellas. Pocas veces escribe. Es la primera vez que Juan ve nevar y no quiere que termine.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>ARIES<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los vidrios est\u00e1n escarchados. La naturaleza existe a\u00fan si no la percibes. Cuando Mercurio cay\u00f3 en tu casilla, t\u00fa ca\u00edste en cuenta de algo sobre tu propia forma de ser tambi\u00e9n, \u00bfqu\u00e9 es eso que te incomoda en el fondo? Este retroceso planetario propicia reflexiones sobre el movimiento y sobre las identidades ocultas. Mercurio se une al Sol en una alianza poderosa. En las resquebraduras del cielo, las furiosas locomotoras huyen. Mirar hacia dentro es como encender la luz en una pieza oscura, pero tambi\u00e9n es como encontrarse con algo insospechado en un lugar com\u00fan.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Fragmento del libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Las olas son las mismas <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(<\/span><a href=\"https:\/\/tienda.hueders.cl\/products\/las-olas-son-las-mismas\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span style=\"font-weight: 400;\">Los Libros de la Mujer Rota, 2021<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">; <\/span><a href=\"https:\/\/www.paripebooks.com\/tienda\/las-olas-son-las-mismas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span style=\"font-weight: 400;\">Parip\u00e9 Books, 2022<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">)<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: center;\">\t\t<div data-elementor-type=\"page\" data-elementor-id=\"36702\" class=\"elementor elementor-36702 elementor-36698\" data-elementor-post-type=\"elementor_library\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"has_ae_slider elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-2f32464 elementor-section-content-middle elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"2f32464\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"has_ae_slider elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0c361a2 ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"0c361a2\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-7bf5823 elementor-align-center elementor-widget__width-initial elementor-widget elementor-widget-button\" data-id=\"7bf5823\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"button.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-button-wrapper\">\n\t\t\t\t\t<a class=\"elementor-button elementor-button-link elementor-size-sm\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-31\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\n\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-content-wrapper\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-text\">COMPRA LOS LIBROS DESTACADOS EN ESTE N\u00daMERO EN NUESTRA P\u00c1GINA DE BOOKSHOP<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/a>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Isaiah B, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los finales son p\u00e9rdidas, cortes, marcas en un territorio; trazan una frontera, dividen. 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