{"id":3498,"date":"2020-02-11T00:57:39","date_gmt":"2020-02-11T06:57:39","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/02\/little-gray-head-rosario-castellanos\/"},"modified":"2023-06-06T06:22:33","modified_gmt":"2023-06-06T12:22:33","slug":"little-gray-head-rosario-castellanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/02\/little-gray-head-rosario-castellanos\/","title":{"rendered":"&#8220;Cabecita blanca&#8221; de Rosario Castellanos"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/><\/style>\n<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 72.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/><\/style>\n<p>La se\u00f1ora Justina miraba, como hipnotizada, el retrato de ese postre, con merengue y fresas, que ilustraba (a todo color) la receta que daba la revista. La receta no era para los momentos de apuro \u2014cuando el marido llega a la casa a las diez de la noche con invitados a cenar: compa\u00f1eros de trabajo, el Jefe que estaba de buen humor y, casualmente, sin ning\u00fan compromiso; alg\u00fan amigo de la adolescencia con el que se top\u00f3 en la calle\u2014 y hab\u00eda que portarse a la altura de las circunstancias. No, la receta era para las grandes ocasiones: la invitaci\u00f3n formal al Jefe al que se pensaba pedir un aumento de sueldo o de categor\u00eda; la puntilla al prestigio culinario y legendario de la suegra; la batalla de la reconquista de un esposo que empieza a descarriarse y quiere probar su fuerza de seducci\u00f3n en la jovencita que pod\u00eda ser la compa\u00f1era de estudios de su hija.<\/p>\n<p>\u2014Hola, mam\u00e1. Ya llegu\u00e9.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Justina apart\u00f3 la mirada de aquel espejismo que ayudaba a fabricar su hambre de diab\u00e9tica sujeta a r\u00e9gimen y examin\u00f3 con detenimiento, y la consabida decepci\u00f3n, a su hija Lupe. No, no se parec\u00eda, ni remotamente, a las hijas que salen en el cine que si llegaban a estas horas era porque se hab\u00edan ido de paseo con un novio que trat\u00f3 de seducirlas y no logr\u00f3 m\u00e1s que despeinarlas o con un pretendiente tan respetuoso y de tan buenas intenciones que produc\u00eda el efecto protector de una \u00faltima rociada de spray sobre el crep\u00e9, laboriosamente organizado en el sal\u00f3n de belleza. No, Lupe no ven\u00eda\u2026 descompuesta. Ven\u00eda fatigada, aburrida, harta, como si hubiera estado en una ceremonia eclesi\u00e1stica o merendando con unas amigas tan solitarias, tan sin nada que hacer ni de qu\u00e9 hablar como ella. Sin embargo, la se\u00f1ora Justina se sinti\u00f3 en la obligaci\u00f3n de clamar:<\/p>\n<p>\u2014No le guardas el menor respeto a la casa\u2026 entras y sales a la hora que te da la gana, como si fueras hombre\u2026 como si fuera un hotel\u2026 no das cuenta a nadie de tus actos\u2026 si tu pobre padre viviera\u2026<\/p>\n<p>Por fortuna su pobre padre estaba muerto y enterrado en una tumba a perpetuidad en el Pante\u00f3n Franc\u00e9s. Muchos criticaron a la se\u00f1ora Justina por derrochadora pero ella pens\u00f3 que no era el momento de reparar en gastos cuando se trataba de una ocasi\u00f3n \u00fanica y, adem\u00e1s, solemne. Y ahora, bien enterrado, no dejaba de ser un detalle de buen gusto invocarlo de cuando en cuando, sobre todo porque eso permit\u00eda a la se\u00f1ora Justina comparar su tranquilidad actual con sus sobresaltos anteriores. Acomodada exactamente en medio de la cama doble, sin preocuparse de si su compa\u00f1ero llegar\u00eda tarde (prendiendo luces a diestra y siniestra y haciendo un esc\u00e1ndalo como si fueran horas h\u00e1biles) o de si no llegar\u00eda porque hab\u00eda tenido un accidente o hab\u00eda ca\u00eddo en las garras de una mala mujer que mermar\u00eda su fortaleza f\u00edsica, sus ingresos econ\u00f3micos y su atenci\u00f3n \u2014ya de por s\u00ed escasa\u2014 a la leg\u00edtima.<\/p>\n<p>Cierto que la se\u00f1ora Justina siempre hab\u00eda tenido la virtud de preferir un esposo dedicado a las labores propias de su sexo en la calle que uno de esos maridos caseros que revisan las cuentas del mercado, que destapan las ollas de la cocina para probar el saz\u00f3n de los guisos, que se dan ma\u00f1a para descubrir los peque\u00f1os dep\u00f3sitos de polvo en los rincones y que deciden experimentar las nov\u00edsimas doctrinas pedag\u00f3gicas en los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2014Un marido en la casa es como un colch\u00f3n en el suelo. No lo puedes pisar porque no es propio; ni saltar porque es ancho. No te queda m\u00e1s que ponerlo en su sitio. Y el sitio de un hombre es su trabajo, la cantina o la casa chica.<\/p>\n<p>As\u00ed opinaba su hermana Eugenia, amargada como todas las solteronas y, adem\u00e1s, sin ninguna idea de lo que era el matrimonio. El lugar adecuado para un marido era en el que ahora reposaba su difunto Juan Carlos.<\/p>\n<p>Por su parte, la se\u00f1ora Justina se hab\u00eda portado como una dama: luto riguroso dos a\u00f1os, lenta y progresiva recuperaci\u00f3n, telas a cuadros blancos y negros y ahora el ejemplo vivo de la conformidad con los designios de la Divina Providencia: colores serios.<\/p>\n<p>\u2014Mam\u00e1, ay\u00fadame a bajar el cierre, por favor.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Justina hizo lo que le ped\u00eda Lupe y no desaprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n de ponderar una importancia que sus hijos tend\u00edan a disminuir.<\/p>\n<p>\u2014El d\u00eda en que yo te falte\u2026<\/p>\n<p>\u2014Siempre habr\u00e1 alg\u00fan acomedido \u00bfno crees? Que me baje el cierre aunque no sea m\u00e1s que por inter\u00e9s de los regalos que yo le d\u00e9.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed el resultado de seguir los consejos de los especialistas en relaciones humanas: \u201csea usted amiga, m\u00e1s que madre; aliada, no juez\u201d. Muy bien. \u00bfY ahora qu\u00e9 hac\u00eda la se\u00f1ora Justina con la respuesta que ni siquiera hab\u00eda provocado? \u00bfPoner el grito en el cielo? \u00bfAsegurarle a Lupe que le dejar\u00eda en su testamento lo suficiente como para que pudiera pagarse un servicio satisfactorio de baja-cierres? Por Dios, en sus tiempos una muchacha no se daba por entendida de ciertos temas por respeto a la presencia de su madre. Pero ahora, en los tiempos de Lupe, era la madre la que no deb\u00eda darse por entendida de ciertos temas que tocaba su hija.<\/p>\n<p>\u00a1Las vueltas que da el mundo! Cuando la se\u00f1ora Justina era una muchacha se supon\u00eda que era tan inocente que no pod\u00eda ser dejada sola con un hombre sin que \u00e9l se sintiera tentado de mostrarle las realidades de la vida subi\u00e9ndole las faldas o algo. La se\u00f1ora Justina hab\u00eda usado, durante toda la \u00e9poca de su solter\u00eda y, sobre todo, de su noviazgo, una especie de refuerzo de manta gruesa que le permit\u00eda resistir cualquier ataque a su pureza hasta que llegara el auxilio externo. Y que, adem\u00e1s permit\u00eda a su familia saber con seguridad que si el ataque hab\u00eda tenido \u00e9xito fue porque cont\u00f3 con el consentimiento de la v\u00edctima.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Justina resist\u00eda siempre con ara\u00f1azos y mordiscos las asechanzas del demonio. Pero una vez sinti\u00f3 que estaba a punto del desfallecimiento. Se acomod\u00f3 en el sof\u00e1, cerr\u00f3 los ojos\u2026 y cuando volvi\u00f3 a abrirlos estaba sola. Su tentador hab\u00eda huido, avergonzado de su conducta que estuvo a punto de llevar a una joven honrada al borde del precipicio. Jam\u00e1s procur\u00f3 volver a encontrarla pero cuando el azar los reun\u00eda \u00e9l la miraba con extremo desprecio y si permanec\u00edan lo suficientemente pr\u00f3ximos como para poder hablarle al o\u00eddo sin ser escuchado m\u00e1s que por ella, le dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Piruja!<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Justina pens\u00f3 en el convento como \u00fanico resguardo contra las flaquezas de la carne pero el convento exig\u00eda una dote que el mediano pasar de su padre \u2014bendecido por el cielo con cinco hijas solteras\u2014 convert\u00eda en un requisito imposible de cumplir. Se conform\u00f3, pues, con afiliarse a cofrad\u00edas piadosas y fue en una reuni\u00f3n mixta de la ACJM donde conoci\u00f3 al que iba a desposarla.<\/p>\n<p>Se amaron, desde el primer momento, en Cristo y se regalaban, semanalmente, ramilletes espirituales. \u201cHoy renunci\u00e9 a la raci\u00f3n de cocada que me correspond\u00eda como postre y cuando mi madre insisti\u00f3 en que me alimentara, fing\u00ed un malestar estomacal. Me llevaron a mi cuarto y me dieron t\u00e9 de manzanilla, muy amargo. Ay, m\u00e1s amarga era la hiel en que empaparon la esponja que se acerc\u00f3 a los labios de Nuestro Se\u00f1or cuando, crucificado, se quejaba de tener sed\u201d.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Justina se sent\u00eda humillad\u00edsima por los alcances de Juan Carlos. Lo de la cocada a cualquiera se le ocurr\u00eda, pero lo de la esponja\u2026 Se puso a repasar el catecismo pero nunca atin\u00f3 a establecer ning\u00fan nexo entre los misterios de la fe o los pasos de la historia divina y los acontecimientos cotidianos. Lo que le sirvi\u00f3, a fin de cuentas (por aquel precepto evang\u00e9lico de que los que se humillen ser\u00e1n ensalzados) para comprobar que los caminos de la Providencia son inescrutables. Gracias a su falta de imaginaci\u00f3n, a su imposibilidad de competir con Juan Carlos, Juan Carlos cay\u00f3 redondo a sus pies. Dijera lo que dijera provocaba siempre un \u00a1ah! de admiraci\u00f3n tanto en la se\u00f1ora Justina cuanto en el eco d\u00f3cil de sus cuatro hermanas solteras. Fue con ese \u00a1ah! con el que Juan Carlos decidi\u00f3 casarse y su decisi\u00f3n no pudo ser m\u00e1s acertada porque el eco se mantuvo inc\u00f3lume y audible durante todos los a\u00f1os de su matrimonio y nunca fue interrumpido por una pregunta, por un comentario, por una cr\u00edtica, por una opini\u00f3n disidente.<\/p>\n<p>Ahora, ya desde el puerto seguro de la viudez \u2014inamovible, puesto que era fiel a sus recuerdos y puesto que hab\u00eda heredado una pensi\u00f3n suficiente para sus necesidades\u2014 la se\u00f1ora Justina pensaba que quiz\u00e1 le hubiera gustado aumentar su repertorio con algunas otras exclamaciones. La de la sorpresa horrorizada, por ejemplo, cuando vio por primera vez, desnudo frente a ella y fren\u00e9tico, qui\u00e9n sabe por qu\u00e9, a un hombre al que no hab\u00eda visto m\u00e1s que con la corbata y el saco puestos y hablando unciosamente del patronazgo de San Luis Gonzaga al que hab\u00eda encomendado velar por la integridad de su juventud. Pero le sell\u00f3 los labios el sacramento que, junto con Juan Carlos, hab\u00eda recibido unas horas antes en la Iglesia y la advertencia oportuna de su madre quien, sin entrar en detalles, por supuesto, la puso al tanto de que en el matrimonio no era oro todo lo que reluc\u00eda. Que estaba lleno de acechanzas y peligros que pon\u00edan a prueba el temple de car\u00e1cter de la esposa. Y que la virtud suprema que hab\u00eda que practicar si se quer\u00eda merecer la palma del martirio (ya que a la de la virginidad se hab\u00eda renunciado autom\u00e1ticamente al tomar el estado de casada) era la virtud de la prudencia. Y la se\u00f1ora Justina entendi\u00f3 por prudencia el silencio, el asentimiento, la sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando Juan Carlos se volvi\u00f3 loco la noche misma de la boda y le exigi\u00f3 realizar unos actos de contorsionismo que ella no hab\u00eda visto ni en el Circo Atayde, la se\u00f1ora Justina se esforz\u00f3 en complacerlo y fue logr\u00e1ndolo m\u00e1s y m\u00e1s a medida que adquir\u00eda pr\u00e1ctica. Pero tuvo que calmar sus escr\u00fapulos de conciencia (\u00bfno estar\u00eda contribuyendo al empeoramiento de una enfermedad que quiz\u00e1 era curable cediendo a los caprichos nocturnos de Juan Carlos en vez de llevarlo a consultar con un m\u00e9dico?) en el confesionario. All\u00ed el se\u00f1or cura la tranquiliz\u00f3 asegur\u00e1ndole que esos ataques no s\u00f3lo eran naturales sino transitorios y que con el tiempo ir\u00edan perdiendo su intensidad, espaci\u00e1ndose hasta desaparecer por completo.<\/p>\n<p>La boca del Ministro del Se\u00f1or fue la de un \u00e1ngel. A partir del nacimiento de su primer hijo Juan Carlos comenz\u00f3 a dar s\u00edntomas de alivio. Y gracias a Dios, porque con la salud casi recuperada por completo pod\u00eda dedicar m\u00e1s tiempo al trabajo en el que ya no se daba abasto y tuvieron que conseguirle una secretaria.<\/p>\n<p>Muchas veces Juan Carlos no ten\u00eda tiempo de llegar a comer o a cenar a su casa o se quedaba en juntas de consejo hasta la madrugada. O sus jefes le hac\u00edan el encargo de vigilar las sucursales de la Compa\u00f1\u00eda en el interior de la Rep\u00fablica y se iba, por una semana, por un mes, no sin recomendar a la familia que se cuidara y que se portara bien. Porque ya para entonces la familia hab\u00eda crecido: despu\u00e9s del varoncito nacieron dos ni\u00f1as.<\/p>\n<p>El varoncito fue el mayor y si por la se\u00f1ora Justina hubiera sido no habr\u00eda encargado ninguna otra criatura porque los embarazos eran una verdadera cruz, no s\u00f3lo para ella, que los padec\u00eda en carne propia, sino para todos los que la rodeaban. A deshoras del d\u00eda o de la noche le ven\u00eda un antojo de nieve de guan\u00e1bana y no quedaba m\u00e1s remedio que salir a buscarla donde se pudiera conseguir. Porque ninguno quer\u00eda que el ni\u00f1o fuera a nacer con alguna mancha en la cara o alg\u00fan defecto en el cuerpo, como consecuencia de la falta de atenci\u00f3n a los deseos de la madre.<\/p>\n<p>En fin, la se\u00f1ora Justina no ten\u00eda de qu\u00e9 quejarse. All\u00ed estaban sus tres hijos buenos y sanos y Luisito (por San Luis Gonzaga, del que Juan Carlos segu\u00eda siendo devoto) era tan lindo que lo alquilaban como ni\u00f1o Dios en la \u00e9poca de los nacimientos.<\/p>\n<p>Se ve\u00eda hecho un cromo con su rop\u00f3n de encaje y con sus caireles rubios que no le cortaron hasta los doce a\u00f1os. Era muy seriecito y muy formal. No andaba, como todos los otros muchachos de su edad, buscando los charcos para chapotear en ellos ni trep\u00e1ndose a los \u00e1rboles ni revolc\u00e1ndose en la tierra. No, \u00e9l no. La ropa le dejaba de venir, y era una l\u00e1stima, sin un remiendo, sin una mancha, sin que pareciera haber sido usada. Le dejaba de venir porque hab\u00eda crecido. Y era un modelo de conducta. Comulgaba cada primer viernes, cantaba en el coro de la Iglesia con su voz de soprano, tan limpia y tan bien educada que, por fortuna, conserv\u00f3 siempre. Le\u00eda, sin que nadie se lo mandara, libros de edificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Justina no hubiera pedido m\u00e1s pero Dios le hizo el favor de que, aparte de todo, Luisito fuera muy cari\u00f1oso con ella. En vez de andar de parranda (como lo hac\u00edan sus compa\u00f1eros de colegio, y de colegio de sacerdotes \u00a1qu\u00e9 horror!) se quedaba en la casa platicando con ella, deteni\u00e9ndole la madeja de estambre mientras la se\u00f1ora Justina la enrollaba, pregunt\u00e1ndole cu\u00e1l era su secreto para que la sopa de arroz le saliera siempre tan rica. Y a la hora de dormirse Luisito le ped\u00eda, todas las noches, que fuera a arroparlo como cuando era ni\u00f1o y que le diera la bendici\u00f3n. Y aprovechaba el momento en que la mano de la se\u00f1ora Justina quedaba cerca de su boca para robarle un beso. \u00a1Rob\u00e1rselo! Cuando ella hubiera querido darle mil y mil y mil y com\u00e9rselo de puro cari\u00f1o. Se conten\u00eda por no encelar a sus otras hijas y \u00a1qui\u00e9n iba a creerlo! por no tener un disgusto con Juan Carlos.<\/p>\n<p>Que, con la edad, se hab\u00eda vuelto muy majadero. Le gritaba a Luisito por cualquier motivo y una vez, en la mesa, le dijo\u2026 \u00bfqu\u00e9 fue lo que le dijo? La se\u00f1ora Justina ya no se acordaba pero ha de haber sido algo muy feo porque ella, tan comedida siempre, perdi\u00f3 la paciencia y jal\u00f3 el mantel y se vino al suelo toda la vajilla y el caldo salpic\u00f3 las piernas de Carmela, que grit\u00f3 porque se hab\u00eda quemado y Lupe aprovech\u00f3 la oportunidad para que le diera el soponcio y Juan Carlos se levant\u00f3, se puso su sombrero y se fue, muy digno, a la calle de la que no volvi\u00f3 hasta el d\u00eda de la quincena.<\/p>\n<p>Luisito\u2026 Luisito se separ\u00f3 de la casa porque la situaci\u00f3n era insostenible. Hab\u00eda conseguido un trabajo muy bien pagado en un negocio de decoraci\u00f3n. Lo del trabajo deb\u00eda de haberle tapado la boca a su padre, pero \u00a1que esperanzas! Segu\u00eda diciendo barbaridades hasta que Luisito opt\u00f3 por venir a visitar a la se\u00f1ora Justina a las horas en que estaba seguro de no encontrarse con el energ\u00fameno de su pap\u00e1.<\/p>\n<p>No ten\u00eda que complicarse mucho. La Se\u00f1ora Justina estaba sola la mayor parte del d\u00eda, con las muchachas ya encarriladas en una oficina muy decente y con el marido sabe Dios d\u00f3nde. Metido en problemas, seguro. Pero de eso m\u00e1s val\u00eda no hablar porque Juan Carlos se irritaba cuando su mujer no entend\u00eda lo que le estaba diciendo.<\/p>\n<p>Una vez la se\u00f1ora Justina recibi\u00f3 un an\u00f3nimo en el que \u201cuna persona que la estimaba\u201d la pon\u00eda al corriente de que Juan Carlos le hab\u00eda puesto casa a su secretaria. La se\u00f1ora Justina estuvo mucho rato viendo aquellas letras desiguales, groseramente escritas, que no significaban nada para ella, y acab\u00f3 por romper el papel sin comentar nada con nadie. En esos casos la caridad cristiana manda no hacer juicios temerarios. Claro que lo que dec\u00eda el an\u00f3nimo pod\u00eda ser verdad. Juan Carlos no era un santo sino un hombre y como todos los hombres, muy material. Pero mientras a ella no le faltara nada en su casa y le diera su lugar y respeto de esposa leg\u00edtima, no ten\u00eda derecho a quejarse ni por qu\u00e9 armar alborotos.<\/p>\n<p>Pero Luisito, que estaba pendiente de todos los detalles, pens\u00f3 que su mam\u00e1 estaba triste tan abandonada y el diez de mayo le regal\u00f3 una televisi\u00f3n port\u00e1til. \u00a1Qu\u00e9 cosas se ve\u00edan, Dios del cielo! Realmente los que escriben las comedias ya no saben ni qu\u00e9 inventar. Unas familias desavenidas en las que cada quien jala por su lado y los hijos hacen lo que se les pega la gana sin que los padres se enteren. Unos maridos que enga\u00f1an a las esposas. Y unas esposas que no eran m\u00e1s tontas porque no eran m\u00e1s grandes, encerradas en sus casas, creyendo todav\u00eda lo que les ense\u00f1aron cuando eran chiquitas: que la luna es queso.<\/p>\n<p>\u00a1V\u00e1lgame! \u00bfY si esas historias sucedieran en la realidad? \u00bfY si Luisito fuera encontr\u00e1ndose con una ma\u00f1osa que lo enredara y lo obligara a casarse con ella? La se\u00f1ora Justina no descans\u00f3 hasta que su hijo le prometi\u00f3 formalmente que nunca, nunca, nunca se casar\u00eda sin su consentimiento. Adem\u00e1s \u00bfpor qu\u00e9 se preocupaba? Ni siquiera ten\u00eda novia. No le hac\u00eda ninguna falta, dec\u00eda, abraz\u00e1ndola, mientras tuviera con \u00e9l a su mamacita.<\/p>\n<p>Pero hab\u00eda que pensar en el ma\u00f1ana. La se\u00f1ora Justina no le iba a durar siempre. Y aunque le durara. No estaba bien que Luisito viviera como un gitano.<\/p>\n<p>Para desenga\u00f1arla Luisito la llev\u00f3 a conocer su departamento. \u00a1Qu\u00e9 precioso lo hab\u00eda arreglado! No en balde era decorador. Y en cuanto a servicio hab\u00eda conseguido un mozo, Manolo, porque las criadas son muy in\u00fatiles, muy sucias y todas las mujeres, salvo la se\u00f1ora Justina, su mam\u00e1, muy malas cocineras.<\/p>\n<p>Manolo parec\u00eda servicial: le ofreci\u00f3 t\u00e9, le arregl\u00f3 los cojines del sill\u00f3n en el que la se\u00f1ora Justina iba a sentarse, le quit\u00f3 de encima el gato que se empe\u00f1aba en sobarse contra sus piernas. Y, adem\u00e1s, Manolo era agradable, bien parecido y bien presentado. Menos mal. Se hab\u00eda sacado la loter\u00eda con Luisito porque lo trataba con tantos miramientos como si fuera su igual: le permit\u00eda comer en la mesa y dormir en el couch de la sala porque el cuarto de la azotea, que era el que le hubiera correspondido, ten\u00eda muy buena luz y se usaba como estudio.<\/p>\n<p>La \u00fanica espina era que Luisito y Juan Carlos no se hubieran reconciliado. No iba a ceder el rigor del padre ni el orgullo del hijo sino ante la coyuntura de la \u00faltima enfermedad. Y la de Juan Carlos fue larga y puso a prueba la ciencia de los m\u00e9dicos y la paciencia de los deudos. La se\u00f1ora Justina se esmeraba en cuidar a su marido, que nunca tuvo buen temple para los achaques y que ahora no soportaba sus dolores y molestias sin desahogarse sobre su esposa encontrando torpes e inoportunas sus sugerencias, insuficientes sus desvelos, in\u00fatiles sus precauciones. S\u00f3lo pon\u00eda buena cara a las visitas: la de sus compa\u00f1eros de trabajo, que empezaron siendo frecuentes y acabaron como las apariciones del cometa. La \u00fanica constante fue la secretaria (\u00a1pobrecita, tan vieja ya, tan canosa, tan acabada! \u00bfC\u00f3mo era posible que alguien se hubiera cebado en su fama calumni\u00e1ndola?) y tra\u00eda siempre alg\u00fan agrado: revistas, frutas que Juan Carlos alababa con tanta insistencia que sus hijas sal\u00edan disgustadas del cuarto. \u00a1Muchachas d\u00edscolas! En cambio Luisito guardaba la compostura, como bien educado que era, y por delicadeza, porque no sab\u00eda c\u00f3mo iba a ser recibido por su padre, la primera vez que quiso hacerle un regalo no se lo entreg\u00f3 personalmente sino que encarg\u00f3 a Manolo que lo hiciera.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed como Manolo entr\u00f3 por primera vez en la casa de la se\u00f1ora Justina y supo hacerse indispensable a todos, al grado de que ya a ninguno le importaba que viniera acompa\u00f1ando a Luisito o solo. Sab\u00eda poner inyecciones, preparaba platillos de sorpresa despu\u00e9s del \u00faltimo programa de televisi\u00f3n y acompa\u00f1aba a la secretaria de regreso a su casa que, por fortuna, no quedaba muy lejos \u2014unas dos o tres cuadras\u2014 y se llegaba f\u00e1cilmente a pie.<\/p>\n<p>En el velorio de Juan Carlos m\u00e1s parec\u00eda Manolo un familiar que un criado y nadie tom\u00f3 a mal que recibiera el p\u00e9same vestido con un traje de casimir negro que Luisito le compr\u00f3 especialmente para esa ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Tiempos felices. A duras penas se prolongaron durante el novenario pero despu\u00e9s la casa volvi\u00f3 a quedar como vac\u00eda. La secretaria se fue a vivir a Guanajuato, a las muchachas no les alcanzaba el tiempo repartido entre el trabajo y las diversiones. El \u00fanico que, por m\u00e1s ocupado que estuviera siempre se hac\u00eda un lugar para darle un beso a su \u201ccabecita blanca\u201d \u2014como la llamaba cari\u00f1osamente\u2014 era Luisito. Y Manolo ca\u00eda de cuando en cuando con un ramo de flores, m\u00e1s que para halagar a la se\u00f1ora Justina (eso no se le escapaba a ella, ni que fuera tonta) para lucir alg\u00fan anillo de piedra muy vistosa, un pisacorbata de oro, un par de mancuernas tan payo que dec\u00eda a gritos que su due\u00f1o nunca antes hab\u00eda tenido dinero y que no sab\u00eda c\u00f3mo gastarlo.<\/p>\n<p>Las muchachas se burlaban de \u00e9l dici\u00e9ndole que no fuera malo, que no les hiciera la competencia y anunci\u00e1ndole que si alguna vez consegu\u00edan novio no iban a present\u00e1rselo para no correr el riesgo de que las plantara y se fuera con su rival. Manolo se re\u00eda haciendo unos visajes muy chistosos y cuando Carmela, la mayor, le comunic\u00f3 a su familia que iba a casarse con un compa\u00f1ero de trabajo y organizaron una fiestecita para formalizar las relaciones, Manolo se comprometi\u00f3 a ayudar en la cocina y a servir la mesa. As\u00ed se hizo pero Carmela se olvid\u00f3 de Manolo a la hora de las presentaciones y Manolo entraba y sal\u00eda de la sala donde todos estaban platicando como si \u00e9l no existiera o como si fuera un criado.<\/p>\n<p>Cuando los invitados se despidieron Manolo estaba llorando de sentimiento sobre la estufa salpicada de la grasa de los guisos. Entonces entr\u00f3 Carmela palmoteando de gusto porque le hab\u00eda ganado la apuesta. \u00bfYa no se acordaba de que quedaron de que si alguna vez ten\u00eda novio no se lo iba a presentar a Manolo? Bueno, pues, hab\u00eda mantenido su palabra y ahora exig\u00eda que Manolo le cumpliera porque adem\u00e1s se lo ten\u00eda bien merecido por presuntuoso y coqueto. Manolo lloraba m\u00e1s fuerte y se fue dando un portazo. Pero al d\u00eda siguiente ya estaba all\u00ed, con una caja de chocolates para Carmela, y dispuesto a entrar en la discusi\u00f3n de los detalles del traje de bodas y los adornos de la Iglesia.<\/p>\n<p>\u00a1Pobre Carmela! \u00a1Con cu\u00e1nta ilusi\u00f3n hizo sus preparativos! Y desde el d\u00eda en que regres\u00f3 de la luna de miel no tuvo sosiego: un embarazo muy dif\u00edcil, un parto prematuro a los siete meses exactos como que contribuyeron a alejar al marido, ya desobligado de por s\u00ed, que acab\u00f3 por abandonarla y aceptar un empleo como agente viajero en el que nadie supo ya c\u00f3mo localizarlo.<\/p>\n<p>Carmela se manten\u00eda sola y le ped\u00eda a la se\u00f1ora Justina que la ayudara cuidando a los ni\u00f1os. Pero en cuanto estuvieron en edad de ir a la escuela se fueron distanciando cada vez m\u00e1s y no se reun\u00edan m\u00e1s que en los cumplea\u00f1os de la se\u00f1ora Justina, en las fiestas de Navidad, en el d\u00eda de las madres.<\/p>\n<p>A la se\u00f1ora Justina le molestaba que Carmela pareciera tan exagerada para arreglarse y para vestirse y que estuviera siempre tan nerviosa. Por m\u00e1s que gritaba los ni\u00f1os no la obedec\u00edan y cuando ella los amenazaba con pegarles ellos la amenazaban, a su vez, con contarle a su t\u00edo a qu\u00e9 horas hab\u00eda llegado la noche anterior y con quien.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Justina no alcanzaba a entender por qu\u00e9 Carmela tem\u00eda tanto a Luisito pues en cuanto sus hijos dec\u00edan \u201cmi t\u00edo\u201d ella les permit\u00eda hacer lo que les daba la gana. Temer a Luisito, que era una dama y que ahora andaba de viaje por los Estados Unidos con Manolo, era absurdo; pero cuando la se\u00f1ora Justina quiso comentarlo con Lupe no tuvo como respuesta m\u00e1s que una carcajada.<\/p>\n<p>Lupe estaba hist\u00e9rica, como era natural, porque nunca se hab\u00eda casado. Como si casarse fuera la vida perdurable. Pocas ten\u00edan la suerte de la se\u00f1ora Justina que se encontr\u00f3 un hombre bueno y responsable. \u00bfNo se miraba en el espejo de su hermana que andaba siempre a la cuarta pregunta? Lupe, en cambio, pod\u00eda echarse encima todo lo que ganaba: ropa, perfumes, alhajas. Pod\u00eda gastar en paseos y viajes o en repartir limosna entre los necesitados.<\/p>\n<p>Cuando Lupe escuch\u00f3 esta \u00faltima frase estall\u00f3 en improperios: la necesitada era ella, ella que no ten\u00eda a nadie que la hubiera querido nunca. Le sal\u00edan como espuma por la boca, nombres entremezclados, historias sucias, quejas desaforadas. No se calm\u00f3 hasta que Luisito \u2014que regres\u00f3 de muy mal humor de los Estados Unidos donde se le hab\u00eda perdido Manolo\u2014 le plant\u00f3 un par de bofetadas bien dadas.<\/p>\n<p>Lupe llor\u00f3 y llor\u00f3 hasta quedarse dormida. Despu\u00e9s como si se le hubiera olvidado todo, se qued\u00f3 tranquila. Pasaba sus horas libres tejiendo y viendo la televisi\u00f3n y no se acostaba sin antes tomar una taza de t\u00e9 a la que a\u00f1ad\u00eda el chorrito de una medicina muy buena para\u2026 \u00bfpara qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 cabeza! A la se\u00f1ora Justina se le confund\u00eda todo y no era como para asombrarse. Estaba vieja, enferma. Le habr\u00eda gustado que la rodearan los nietos, los hijos, como en las estampas antiguas. Pero eso era como una especie de sue\u00f1o y la realidad era que nadie la visitaba y que Lupe, que viv\u00eda con ella, le avisaba muy seguido que no iba a comer o que se quedaba a dormir en casa de una amiga.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 Lupe nunca correspond\u00eda a las invitaciones haciendo que sus amigas vinieran a la casa? \u00bfPor no dar molestias? Pero si no era ninguna molestia, al contrario\u2026 Pero Lupe ya no escuchaba el parloteo de su madre, bajando de prisa, de prisa los escalones, abriendo la puerta de la calle.<\/p>\n<p>Cuando Lupe se quedaba, porque no ten\u00eda d\u00f3nde ir, tampoco era posible platicar con ella. Respond\u00eda con monos\u00edlabos apenas audibles y si la Se\u00f1ora Justina la acorralaba para que hablara adoptaba un tono de tal insolencia que m\u00e1s val\u00eda no o\u00edrla.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Justina se quejaba con Luisito, que era su pa\u00f1o de l\u00e1grimas, esperanzada en que \u00e9l la rescatar\u00eda de aquel infierno y la llevar\u00eda a su departamento, ahora que Manolo ya no viv\u00eda all\u00ed y no hab\u00eda sirviente que le durara: ladrones unos, igualados los otros, inconstantes todos, lo mataban a c\u00f3leras. Pero Luisito no daba su brazo a torcer ni decidi\u00e9ndose a casarse (que ya era hora, ya se pasaba de tueste) ni volviendo a casa de su madre (que lo hubiera recibido con los brazos abiertos) ni pidiendo una ayuda que la se\u00f1ora Justina le hubiera dado con tanto gusto.<\/p>\n<p>Porque as\u00ed como se hab\u00eda desentendido de Carmela y como estaba dispuesta a abandonar a Lupe (eran mujeres, al fin y al cabo, pod\u00edan arregl\u00e1rselas solas) as\u00ed no pod\u00eda sosegar pensando en Luisito que no ten\u00eda quien lo atendiera como se merec\u00eda y que, para no molestarla \u2014porque con lo de la diabetes se cansaba muy f\u00e1cilmente\u2014 ya ni siquiera la llevaba a su casa.<\/p>\n<p>En lo que no fallaba, eso s\u00ed, era en visitarla a diario, siempre con alg\u00fan regalito, siempre con una sonrisa. No con esa cara de herrero mal pagado, con esa mirada de basilisco con que Lupe se asomaba a la puerta de la rec\u00e1mara de la se\u00f1ora Justina para darle las buenas noches.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}\np.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}\np.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 72.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}\n<\/style>\n<p>La se\u00f1ora Justina miraba, como hipnotizada, el retrato de ese postre, con merengue y fresas, que ilustraba (a todo color) la receta que daba la revista.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":3495,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2956,4451],"genre":[2012],"pretext":[],"section":[2349],"translator":[2653],"lal_author":[3570],"class_list":["post-3498","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-mexico-es","tag-numero-13","genre-fiction-es","section-fiction-es","translator-andrew-adair-es-2","lal_author-rosario-castellanos-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3498","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3498"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3498\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3495"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3498"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3498"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3498"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=3498"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=3498"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=3498"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=3498"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=3498"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}