{"id":3474,"date":"2020-02-10T21:48:46","date_gmt":"2020-02-11T03:48:46","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2020\/02\/pibesa-girl-who-doesnt-know-what-do-so-much-youth-pablo-brodsky\/"},"modified":"2024-07-06T14:55:37","modified_gmt":"2024-07-06T20:55:37","slug":"pibesa-girl-who-doesnt-know-what-do-so-much-youth-pablo-brodsky","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2020\/02\/pibesa-girl-who-doesnt-know-what-do-so-much-youth-pablo-brodsky\/","title":{"rendered":"&#8220;Pibesa, la ni\u00f1a que no sabe qu\u00e9 hacer con tanta juventud&#8221; de Pablo Brodsky"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/><\/style>\n<p><i>El siguiente texto busca difundir una etapa muy significativa de la vida del escritor chileno conocido como Juan Emar. Asimismo, pretende dar a conocer \u201cPibesa\u201d, uno de los cuentos de <\/i>Diez<i>, publicado en 1937 en Chile. <\/i><\/p>\n<p>\u201c\u00a1Hemos triunfado! \u00a1Venci\u00f3 la Libertad! El tirano de Ib\u00e1\u00f1ez y su s\u00e9quito ya no existen\u2026 \u00a1Viva Chile! \u00a1Viva la libertad!\u201d, le escrib\u00eda Luisa Y\u00e1\u00f1ez Bianchi a su madre Rosal\u00eda Bianchi de Y\u00e1\u00f1ez en una carta del 19 de agosto de 1931. Hubo varias manifestaciones de j\u00fabilo a lo largo de Chile cuando Carlos Ib\u00e1\u00f1ez del Campo abandon\u00f3 el Palacio de La Moneda, mientras otros se enteraron estando en el extranjero. Entre estos \u00faltimos se contaba Juan Emar, a quien le reenviaron a Par\u00eds la misma carta que su hermana Luisa le escribi\u00f3 a la madre Rosal\u00eda. Tambi\u00e9n su padre, Eliodoro Y\u00e1\u00f1ez, se encontraba en Europa. Despu\u00e9s que le expropiaron el diario <i>La Naci\u00f3n<\/i>, este se vio obligado a partir al exilio, pasando temporadas en hoteles alemanes, suizos e italianos. La confiscaci\u00f3n del diario por la dictadura iba\u00f1ista y los efectos de la Gran Depresi\u00f3n de 1929, sumados a los gastos que signific\u00f3 el exilio, originaron los problemas econ\u00f3micos de la familia, que tendr\u00edan una importante repercusi\u00f3n en la vida de Emar.<\/p>\n<p>Eliodoro regres\u00f3 al pa\u00eds a los pocos d\u00edas de la ca\u00edda de Ib\u00e1\u00f1ez. Su primera y \u00fanica preocupaci\u00f3n era que le devolvieran el diario arrebatado. Pero las cosas no fueron seg\u00fan lo esperado. En noviembre de 1931 a trav\u00e9s de una carta le pidi\u00f3 a su hijo que se embarcara para volver, porque \u201cno ser\u00e1 posible enviarte la cantidad que pides en tus cartas a mam\u00e1\u2026\u201d. A Emar no le qued\u00f3 m\u00e1s remedio que regresar. Lo hizo en marzo de 1932, pocos meses antes de que muriera Eliodoro Y\u00e1\u00f1ez, sin haber recuperado <i>La Naci\u00f3n<\/i>.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hac\u00eda Emar en aquella \u00e9poca? Sara Malvar, su amiga y c\u00f3mplice en la aventura de las \u201cNotas de Arte\u201d de <i>La Naci\u00f3n<\/i>, tambi\u00e9n viv\u00eda en Par\u00eds y en una carta escrita en febrero de 1928 nos entrega algunas pistas: \u201cQu\u00e9 a\u00f1o 1927 (\u2026). Pilo agriado con <i>La Naci\u00f3n<\/i>\u2026. Ahora. Porque cuando yo rabiaba desde el comienzo con el famoso \u2018esp\u00edritu Naci\u00f3n\u2019, entonces Pilo era sordo y ciego (\u2026). Ahora ve todo con claridad. Herido. Hasta por dentro\u2026\u201d.\u00a0 Malvar se refiere al proyecto que se inici\u00f3 como \u201cNotas de Par\u00eds\u201d y que culminar\u00eda como \u201cLa Naci\u00f3n en Par\u00eds\u201d, que Emar dirig\u00eda y que tuvo que abandonar a ra\u00edz de la expropiaci\u00f3n de <i>La Naci\u00f3n<\/i>. Para \u00e9l significaba mucho m\u00e1s que publicar unas p\u00e1ginas sobre el arte contempor\u00e1neo y las distintas manifestaciones emergentes de la cultura mundial. En torno al proyecto \u2014se\u00f1ala Patricio Lizama\u2014 \u201cdise\u00f1\u00f3 un sistema de distribuci\u00f3n y venta de material impreso en Francia, modalidad que permitir\u00eda la compra y recibo en Chile de libros, revistas y todo tipo de textos que fueran de inter\u00e9s para el p\u00fablico nacional. Adem\u00e1s, organiz\u00f3 un servicio tur\u00edstico dirigido a chilenos que planificaban viaje a Europa\u201d. Todo un emprendimiento, como se dir\u00eda hoy d\u00eda, todo un proyecto cultural y econ\u00f3mico que se vino al suelo.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente, 1928, la vida afectiva de Emar era un verdadero embrollo. Desde hac\u00eda un tiempo manten\u00eda una relaci\u00f3n \u00edntima con la francesa Alice de la Martini\u00e9re, modelo de los pintores de Montparnasse, m\u00e1s conocida como P\u00e9p\u00e9che.\u00a0 El pintor Luis Vargas Rosas, becado en Par\u00eds, le escribe a su esposa Henriette Petite, en septiembre de ese a\u00f1o: \u201cAnoche se suicid\u00f3 P\u00e9p\u00e9che, con Calmina y Dial, pero esta ma\u00f1ana despert\u00f3. Vi a Pilo muy nervioso anoche, pero hoy ya est\u00e1 m\u00e1s tranquilo y se r\u00ede\u201d.\u00a0 Este episodio ocurri\u00f3 durante los meses de la separaci\u00f3n de Emar de su primera esposa, Herminia Y\u00e1\u00f1ez, con quien tuvo dos hijos. La separaci\u00f3n no fue un episodio traum\u00e1tico para \u00e9l, por el contrario, apoy\u00f3 el nuevo romance de su esposa con un artista de circo, de origen h\u00fangaro: \u201cLa historia del H\u00fangaro es sabida con m\u00e1s detalles de los que yo pueda saber (\u2026). Las historias de Pilo al detalle. Los <i>m\u00e9nage a trois<\/i>\u2026\u201d, le escribe Henriette Petite a su marido, en octubre de ese a\u00f1o. Y este le contesta un mes despu\u00e9s: \u201cQue la chica Rivadeneira est\u00e1 o estuvo loca lo he sabido hace un mes por carta de mi madre. Ha sido y es el gran amor de Pilo, tanto que piensa casarse y rehacer su vida, su hogar, a base de ella\u201d. En efecto, dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en marzo de 1930, Emar viaja a Chile para casarse con Gabriela Rivadeneira en agosto y regresar en septiembre a Par\u00eds con su nueva esposa, bastante m\u00e1s joven que \u00e9l. Con ello, todo parec\u00eda haberse calmado en su vida: \u201cPilo, ahora se levanta temprano, escribe, trabaja (\u00bf), no bebe \u2014en fin, una maravilla\u201d, le escribe Sara Malvar a su marido, Fernando Garc\u00eda Oldini.<\/p>\n<p>Son los a\u00f1os en que, junto a Huidobro y su grupo, segu\u00eda de cerca las experiencias del Surrealismo. Asist\u00eda a conferencias y se reun\u00eda diariamente en los caf\u00e9s de Montparnasse para discutir con otros escritores y artistas sobre las acciones del grupo de Breton, y leer las nuevas publicaciones que iban marcando el rumbo del arte vanguardista. Son los a\u00f1os en que concibe \u201cEl p\u00e1jaro verde\u201d, uno de los cuentos de <i>Diez<\/i>, y escribe las primeras l\u00edneas de su novela <i>Ayer<\/i>.<\/p>\n<p>En eso estaba cuando recibi\u00f3 la carta de su padre pidi\u00e9ndole que regresara a Chile. A partir de 1932 se dedic\u00f3 por entero a la escritura de los cuentos y textos que publicar\u00e1 en 1935 y 1937. Entre ellos se encuentra \u201cPibesa\u201d, otro de los cuentos de su libro <i>Diez<\/i>.<\/p>\n<p>Pibesa, personaje principal del cuento hom\u00f3nimo, se llama as\u00ed porque se trata de una mujer \u201cmuy joven\u201d, una ni\u00f1a que \u201cno halla qu\u00e9 hacer con tanta vida joven\u201d, seg\u00fan nos dice el narrador. Este, definitivamente mayor, sabe que ella siempre estar\u00e1 con \u00e9l, que le ser\u00e1 fiel hasta la muerte.<\/p>\n<p>Un d\u00eda cualquiera, ambos caminan en silencio \u201cpor unas calles atardecidas, respirando hast\u00edo\u201d. De pronto, azarosamente, se les cruza en el camino un \u201cpapel arrugado color de rosa\u201d, en el que se lee: \u201cV\u00e1lido para el d\u00eda de hoy\u201d. Es un permiso para ir a visitar la cordillera, una invitaci\u00f3n a \u201calgo nuevo, algo con qu\u00e9 llenar un hueco de la vida\u201d, nos dice el narrador. Y, con ella, se inicia una historia de deseos, arrepentimientos y culpas.<\/p>\n<p>Una vez en la cordillera el narrador intenta poseer a Pibesa: \u201cCorr\u00ed hacia ella. Con el brazo izquierdo la cog\u00ed por atr\u00e1s rode\u00e1ndole la cintura; con la mano derecha le levant\u00e9 sus faldas de seda gris perla (\u2026). Pero Pibesa se esquiv\u00f3, hizo resonar una risa de cascabel (\u2026) y se escap\u00f3 como una hembra de animalillo joven\u201d. El narrador corri\u00f3 tras ella hasta que esta se detuvo. Entonces le dijo que la amaba. En ese momento, \u201cPibesa, bifurc\u00e1ndose, se desdobl\u00f3 en dos. Dos muchachas con juventud de agua, ce\u00f1idas en seda de perlas\u201d. Una de ellas bajaba con regularidad y constancia una escalera de caracol; la otra, lo hac\u00eda lentamente, alargando \u201cun piececito de raso\u201d y luego roz\u00e1ndolo \u201cen el pelda\u00f1o siguiente\u201d. Mientras la primera continuaba descendiendo, lenta, muy lentamente, y tarareando una canci\u00f3n, el narrador se queda con la segunda Pibesa, a la que toma por detr\u00e1s y logra poseer. Cuando abre sus ojos para mirarla, se da cuenta que tiene en sus brazos a \u201cuna mujer ignorada\u201d, distinta a la Pibesa que segu\u00eda descendiendo la escalera de caracol. El narrador se deja llevar por la sensaci\u00f3n de no saber con qui\u00e9n est\u00e1 ni a qui\u00e9n hab\u00eda pose\u00eddo: \u201cya era demasiado tarde, ya no hab\u00eda fuerzas que me retuvieran y, aunque ignorada, tuve que vaciarme en esa inc\u00f3gnita de mi vida que Pibesa, en su alejamiento de seda, hab\u00eda sembrado en medio de mi persecuci\u00f3n impotente\u201d. Tuvo que vaciarse en ella, nos dice el narrador, refiri\u00e9ndose a esa mujer ignorada que hab\u00eda pose\u00eddo, pensando que era Pibesa. Pero ella descend\u00eda la escalera de caracol y se alejaba m\u00e1s y m\u00e1s. \u00bfQu\u00e9 no pod\u00eda atrapar, qu\u00e9 se le escapaba inevitablemente?<\/p>\n<p>\u201cPibesa\u201d nos relata la historia de una pulsi\u00f3n, de una seducci\u00f3n que el narrador es incapaz de controlar y cuyas consecuencias pudieron serle fatales. Y tambi\u00e9n nos enuncia uno de los problemas m\u00e1s acuciantes para su autor: la fragmentaci\u00f3n del yo, en este caso, de Pibesa. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, Marul Carampangue, una de las remitentes de <i>Umbral<\/i>, le dice al narrador del <i>Tercer pilar<\/i>, en la p\u00e1gina 1325: \u201cAs\u00ed est\u00e1s t\u00fa amarrado a tus ansias de crear algo. Para justificarlas juegas con dos personajes que habr\u00eda en ti. Esto te hace resaltar el que habr\u00edas querido ser, sin pereza. S\u00ed, hay una lucha en ti\u201d. Es as\u00ed como en \u201cPibesa\u201d se cruzan los dos temas: la pulsi\u00f3n irrefrenable de la seducci\u00f3n y la escisi\u00f3n del yo.<\/p>\n<p>Ya lo hemos dicho: el narrador comete una infidelidad. A solo \u201ccien pasos\u201d m\u00e1s abajo del lugar donde se perpetr\u00f3 la seducci\u00f3n y la trasgresi\u00f3n, Pibesa aguardaba y, \u201cal vernos, sonri\u00f3. No hab\u00eda en su sonrisa ni iron\u00eda, ni compasi\u00f3n, ni resentimiento, nada\u201d. Era el perd\u00f3n de la enga\u00f1ada, de la verdadera Pibesa, con cuya autorizaci\u00f3n contaba el narrador: \u201cClaro est\u00e1 que ten\u00eda el permiso para visitar, all\u00ed lo ten\u00eda\u201d, en ese papel color de rosa. Pibesa acept\u00f3 la infidelidad y su indulgencia le permiti\u00f3 al narrador \u201cseguir girando\u201d con las dos mujeres nacidas de una.<\/p>\n<p>\u201cDe pronto, subieron hasta nuestros o\u00eddos los ecos acompasados de unos pasos robustos (\u2026). Tuve un miedo instant\u00e1neo y horrible\u201d, nos dice el narrador. Eran las pisadas del marido despechado que sub\u00eda la escalera de caracol buscando a su mujer. El narrador sab\u00eda que algo no estaba bien, aunque no supiese precisar qu\u00e9 era lo que estaba mal. Para \u00e9l no se trataba de haber pose\u00eddo a una mujer \u201cque no era m\u00eda\u201d y a la que hab\u00eda dejado a lo largo de la escalera. M\u00e1s bien era la situaci\u00f3n en su conjunto, el todo, lo que no cuadraba: la cordillera, la escalera de caracol, Pibesa, la otra y \u00e9l, especialmente que \u00e9l se encontrara all\u00ed en ese lugar y en ese momento. Porque para el narrador ese todo no ten\u00eda ninguna importancia, le era completamente indiferente. No le importaba para nada haber pose\u00eddo a la otra mujer, y si a Pibesa tampoco le importaba, \u00bfpor qu\u00e9 podr\u00eda importarle a ese hombre que sub\u00eda la escalera? Estos eran los pensamientos que cruzaban por su mente, cuando apareci\u00f3 la \u201cpunta de un gran sombrero mexicano\u201d, y tras \u00e9l, un hombre \u201cque cogi\u00f3 del brazo a la otra\u201d, haci\u00e9ndola desaparecer. El narrador huye por las escaleras de caracol abajo, por pasillos y corredores, dejando a Pibesa atr\u00e1s. En su carrera se precipita sobre una puerta que da \u201ca la calma color caf\u00e9 de las calles de mi ciudad\u201d. Forcejea con ella para abrirla: \u201cSolt\u00e9 primero una cadena, quit\u00e9 luego dos cerrojos e iba ya a coger la llave, cuando en el corredor mismo son\u00f3 una detonaci\u00f3n\u201d. Finalmente logra abrirla y llama a Pibesa a viva voz, dici\u00e9ndole que est\u00e1n salvados, pero en ese momento ella aparece destilando sangre. \u201cLleno de indignaci\u00f3n empec\u00e9 a gritar cuanto pod\u00eda para amotinar al pueblo en contra del miserable que hab\u00eda hecho fuego en contra de Pibesa, hiri\u00e9ndola y ensangrent\u00e1ndola\u201d. En un principio, las intenciones del narrador tienen eco en la gente. Pero nadie se mueve: ni el vengador enga\u00f1ado ni la plebe justiciera. M\u00e1s bien, todas las miradas se volvieron hacia \u00e9l, \u201cy todos esos ojos me interrogaron (\u2026). Una vaga culpabilidad me hizo palidecer\u201d. La duda del infiel permiti\u00f3 que el vengador hiciera su primer movimiento: \u201ccon calma fr\u00eda ech\u00f3 mano atr\u00e1s, cogi\u00f3 su rev\u00f3lver y con m\u00e1s calma aun fue dirigiendo, de abajo hacia arriba, el ca\u00f1\u00f3n sobre m\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>El narrador hubiese pagado con la vida la satisfacci\u00f3n de su deseo si no hubiese aparecido un guardia, quien dispers\u00f3 a la multitud. El despechado guard\u00f3 su arma, \u201cdio un profundo suspiro, gir\u00f3 sobre sus talones y se alej\u00f3 puerta adentro. Nosotros hicimos otro tanto. Pibesa y yo resbalamos por las calles, presurosos. El gent\u00edo empez\u00f3 a fundirse. Y el guardia se march\u00f3\u201d. As\u00ed, el narrador obtuvo el perd\u00f3n de la Ley por su desliz, insistiendo que \u201ctoda la raz\u00f3n estaba de parte nuestra\u201d: con el permiso otorgado por su pareja, bien se puede ser infiel, aunque las consecuencias puedan ser fatales. Para no ser ajusticiado por la sociedad, es necesario huir para que \u201cnunca m\u00e1s ninguna de esas gentes nos vuelvan a ver, que pueden de un balazo, de un mirar de sus ojos quietos, deshacer todas las razones por justas que ellas sean\u201d.<\/p>\n<p>Es interesante hacer notar que un argumento parecido tiene la decapitaci\u00f3n de Rudecindo Malleco, en el libro <i>Ayer<\/i>. Pero en \u00e9l no se trata de la satisfacci\u00f3n del deseo, como en \u201cPibesa\u201d, sino de la culpabilidad por el solo hecho de haber pensado en una conducta socialmente reprobable. Aqu\u00ed, lo que la justicia sentencia no es el acto sino el pensamiento. \u00a0 Es por eso que a Rudecindo Malleco le cortan la cabeza, porque ese fue el lugar del pecado. Es significativo, sobre todo si se piensa que ambos textos (<i>Ayer<\/i> y \u201cPibesa\u201d) fueron escritos paralelamente, en agosto de 1933, poco despu\u00e9s que Emar lleg\u00f3 a Chile y a un mes del entierro de su padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Pablo Brodsky<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><i>El siguiente texto busca difundir una etapa muy significativa de la vida del escritor chileno conocido como Juan Emar. 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