{"id":34581,"date":"2024-06-02T13:03:19","date_gmt":"2024-06-02T19:03:19","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=34581"},"modified":"2024-06-26T12:00:21","modified_gmt":"2024-06-26T18:00:21","slug":"prologo-de-cimbelino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2024\/06\/prologo-de-cimbelino\/","title":{"rendered":"Pr\u00f3logo de Cimbelino"},"content":{"rendered":"<p><b>Nota del editor: <\/b><span style=\"font-weight: 400;\">Aqu\u00ed reproducimos el pr\u00f3logo, escrito por el mismo C\u00e9sar Aira, de su traducci\u00f3n al castellano de la obra <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cymbeline <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de William Shakespeare, publicada en el a\u00f1o 2000 por Grupo Editorial Norma como parte de la serie \u201cShakespeare por escritores\u201d.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aunque la cronolog\u00eda de las obras de Shakespeare es tan especulativa como todo lo dem\u00e1s en \u00e9l, parece seguro que las piezas llamadas \u201c<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">romances<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d o \u201c<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">tales<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d vienen despu\u00e9s de las grandes tragedias, y son las \u00faltimas que escribi\u00f3. Son un peque\u00f1o grupo, enigm\u00e1tico por m\u00e1s de una raz\u00f3n: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cimbelino<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pericles<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El cuento de invierno <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tempestad<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. La leyenda quiere que <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tempestad <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">haya sido la \u00faltima, y es probable que <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cimbelino <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">fuera la primera (una fecha promedio entre todas las propuestas es 1609), y muestra las vacilaciones experimentales en un g\u00e9nero nuevo, en manos de un autor maduro, quiz\u00e1s ya cansado y \u201cde vuelta\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tal como lo practic\u00f3 Shakespeare, este g\u00e9nero tiene elementos de la novela griega de peripecias y del cuento popular. Su rasgo com\u00fan es la reuni\u00f3n y el reconocimiento de padres, hijos, hermanos y esposos dados por muertos, a veces muchos a\u00f1os atr\u00e1s. La \u00e9poca en que suceden es precristiana (en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tempestad <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">el anacronismo alcanza la perfecta intemporalidad). Los dioses no desde\u00f1an hacer una irrupci\u00f3n aparatosa en el escenario. La moral de los temas gira alrededor de la castidad, la acci\u00f3n avanza a fuerza de viajes, y el mar va tomando una importancia creciente en la serie. En los finales, reina la reconciliaci\u00f3n. De hecho estas piezas son historias de reconciliaci\u00f3n, y en ese car\u00e1cter trascienden la clasificaci\u00f3n en comedias y tragedias.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es dif\u00edcil imaginarse por qu\u00e9 Shakespeare empez\u00f3 a escribir este tipo de obras en esta etapa de su carrera. La calidad y el br\u00edo de la invenci\u00f3n descartan la hip\u00f3tesis del agotamiento creativo. En realidad no deben de haber sido m\u00e1s f\u00e1ciles de escribir, sino mucho m\u00e1s dif\u00edciles: su materia argumental, hecha de grandes distancias y largos a\u00f1os \u2013necesarios unas y otros para que los ni\u00f1os perdidos lleguen a adultos y continentes enteros separen a los amantes\u2013 las hace especialmente inadecuadas para el tratamiento dram\u00e1tico; asimismo, los delicados movimientos psicol\u00f3gicos del reconocimiento, la culpa y el perd\u00f3n son m\u00e1s novelescos que teatrales.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es atendible, aunque dudosa como lo son siempre en Shakespeare los argumentos externos, la hip\u00f3tesis de que su compa\u00f1\u00eda haya necesitado en esa \u00e9poca piezas m\u00e1s adecuadas para un teatro cerrado, con p\u00fablico cortesano y una maquinaria de escena m\u00e1s perfecta (es atractivo pensar que los dioses aparecieron en sus obras s\u00f3lo porque hubo al fin buenas maquinarias para moverlos; y que la aparici\u00f3n de los dioses arrastr\u00f3 el tipo de peripecias que hiciera necesaria su intervenci\u00f3n).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Quiz\u00e1s la reconciliaci\u00f3n basta para explicarlas biogr\u00e1ficamente. Relacionada con ella, hay otra cosa que se advierte cuando se las lee con atenci\u00f3n: que el final feliz, la recuperaci\u00f3n de los muertos queridos, del amor, de la vida perdida por errores e imprudencias, no es un triunfo de la acci\u00f3n de los personajes sino que ya estaba decidida desde el principio por un ser poderoso y ben\u00e9volo que lo invent\u00f3 todo. El J\u00fapiter de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cimbelino <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">es un anticipo imperfecto de Pr\u00f3spero. Las pruebas que tuvieron que superar los personajes fueron s\u00f3lo eso: pruebas, de las que ni siquiera tuvieron que salir aprobados. No era necesario que fueran constantes ni h\u00e1biles ni prudentes. Al contrario: la funci\u00f3n de sus errores era provocar las deliciosas inquietudes de la ficci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ah\u00ed creo que est\u00e1 la caracter\u00edstica definitiva de estas \u00faltimas obras, lo que las hace preciosas en el corpus shakesperiano: son teatro que se manifiesta como tal, artificios exquisitos que arrastran nuestra credulidad s\u00f3lo para que una sabia sonrisa nos asegure al final: \u201cno es la vida, es s\u00f3lo teatro\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La ins\u00f3lita complicaci\u00f3n de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cimbelino <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">podr\u00eda provenir del manejo todav\u00eda inseguro de la tem\u00e1tica novelesca. La obra tiene tres o cuatro hilos apenas ligados entre s\u00ed. Para empezar, y llenando los dos primeros actos, la apuesta por la castidad de la esposa. Proviene de una historia muy difundida; est\u00e1 en el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Decamer\u00f3n <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de Boccaccio, pero Shakespeare la tom\u00f3 de otra fuente. Segundo, los pr\u00edncipes perdidos, que es un tema folcl\u00f3rico. Tercero, la materia hist\u00f3rica (Cimbelino fue un rey contempor\u00e1neo de Augusto, y tuvo problemas tributarios con Roma); Shakespeare la tom\u00f3 de su fuente habitual, las cr\u00f3nicas de Holinshead. Por \u00faltimo, est\u00e1 la trama familiar de la casa real: la reina, t\u00edpica madrastra hechicera de los cuentos de hadas, su hijo poco favorecido, la princesa bella y v\u00edctima.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El entrelazamiento de estos hilos admite cr\u00edticas como la de Nosworthy en el pr\u00f3logo a su edici\u00f3n: \u201caventuras imposibles de gente irreal en ambientes promiscuos\u201d. Pero eso es totalmente secundario. Tom\u00e1rselo en serio ser\u00eda confundir las premisas de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Hamlet <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">o <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Macbeth <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">con las de una fantas\u00eda sobre el funcionamiento del teatro. Las complicaciones aqu\u00ed est\u00e1n en funci\u00f3n del desenlace que generan, y ah\u00ed s\u00ed, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cimbelino <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">es \u00fanica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La maravillosa escena final, exhibici\u00f3n insuperable de virtuosismo dram\u00e1tico, es una sucesi\u00f3n en cascada de nada menos que veinticuatro desenlaces. Lo m\u00e1s admirable no es que nada quede sin resolver, sino que ning\u00fan malentendido se haya resuelto antes. Un autor \u201cnormal\u201d no habr\u00eda resistido a la tentaci\u00f3n de ir ganando tiempo y disipar alguno de los errores \u2013que son todos de tipo \u201cpunto ciego\u201d, ignorancias parciales de uno o varios personajes\u2013. Shakespeare los deja acumular en tal cantidad que s\u00f3lo la aparici\u00f3n de J\u00fapiter en su \u00e1guila puede hacernos confiar, y reservando alguna duda, en que se resolver\u00e1n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es la acci\u00f3n retrospectiva de esta gran escena final la que proyecta luz sobre el laberinto de la acci\u00f3n y la muestra como la ficci\u00f3n teatral que es, interacci\u00f3n de actores y espectadores. Con lo cual la reconciliaci\u00f3n se efect\u00faa no s\u00f3lo entre los personajes, sino entre ellos y el p\u00fablico, y en general entre el arte y la vida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Traduje la obra en prosa, con la vista fija en el significado y desentendi\u00e9ndome por completo del tono o la modalidad del discurso po\u00e9tico. M\u00e1s que eso, transpuse a la prosa, mediante per\u00edfrasis, todos los elementos po\u00e9ticos del verso de Shakespeare: aliteraciones, alusiones, juegos de palabras y hasta met\u00e1foras. De ese modo no hubo necesidad de saltearse nada, ni proponer equivalencias idiom\u00e1ticas que siempre me han parecido sospechosas. Este m\u00e9todo puede hacer perder eficacia a los chistes y las obscenidades (que abundan), pero al menos quedaron todos en su lugar.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\t\t<div data-elementor-type=\"page\" data-elementor-id=\"34983\" class=\"elementor elementor-34983\" data-elementor-post-type=\"elementor_library\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"has_ae_slider elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-2f32464 elementor-section-content-middle elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"2f32464\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"has_ae_slider elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0c361a2 ae-bg-gallery-type-default\" data-id=\"0c361a2\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-7bf5823 elementor-align-center elementor-widget__width-initial elementor-widget elementor-widget-button\" data-id=\"7bf5823\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"button.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-button-wrapper\">\n\t\t\t\t\t<a class=\"elementor-button elementor-button-link elementor-size-sm\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-30\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\n\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-content-wrapper\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-button-text\">COMPRA LOS LIBROS DESTACADOS EN ESTE N\u00daMERO EN NUESTRA P\u00c1GINA DE BOOKSHOP<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t<\/a>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Imagen principal: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Arviragus Bearing Imogen as Dead in His Arms<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cymbeline<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Acto IV, Escena II (1780), de Mary Hoare (inglesa, 1753-1820).<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nota del editor: Aqu\u00ed reproducimos el pr\u00f3logo, escrito por el mismo C\u00e9sar Aira, de su traducci\u00f3n al castellano de la obra Cymbeline de William Shakespeare, publicada en el a\u00f1o 2000 por Grupo Editorial Norma como parte de la serie \u201cShakespeare por escritores\u201d. &nbsp; 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