{"id":3434,"date":"2019-11-15T20:22:27","date_gmt":"2019-11-16T02:22:27","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/11\/strange-things-happened-ribeyro-fernando-ampuero\/"},"modified":"2023-06-06T06:42:55","modified_gmt":"2023-06-06T12:42:55","slug":"strange-things-happened-ribeyro-fernando-ampuero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/11\/strange-things-happened-ribeyro-fernando-ampuero\/","title":{"rendered":"&#8220;Cosas raras que le pasaban a Ribeyro&#8221; de Fernando Ampuero"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p dir=\"ltr\">Con estas l\u00edneas no pretendo otra cosa que dar algunos atisbos personales sobre Julio Ram\u00f3n Ribeyro. Naturalmente, mi perspectiva se atiene a mi doble condici\u00f3n de amigo memorioso y de lector agradecido.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En el m\u00e1gico comercio entre literatura y realidad, no es lo mismo leer a un amigo que a un escritor cualquiera. Cuando leemos a un amigo, uno posee claves conscientes o inconscientes, y un marco mucho mayor de referencias. Conocemos las inclinaciones, las fobias, las simpat\u00edas y muchos detalles de car\u00e1cter del autor. Toda esa informaci\u00f3n ampl\u00eda y enriquece nuestra percepci\u00f3n. De un lado, nos gratifica como a cualquier lector, y de otro, nos facilita el desciframiento de sus enigmas. Para m\u00ed, por ejemplo, leer a Julio ha derivado entre otras cosas en el af\u00e1n obsesivo de desentra\u00f1ar el misterio de su fragilidad y su entereza, dos componentes tan contrastantes de su personalidad y que de hecho lo definieron como individuo, pero, sobre todo, a mi criterio, como escritor y artista.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Tambi\u00e9n, claro, leo a Julio como el lector normal que busca gozar de la lectura y comprender mejor el mundo en que vivimos; y, finalmente, lo leo como escritor. Con esto \u00faltimo quiero decir que analizo y celebro con enorme inter\u00e9s sus hallazgos de lenguaje, los vericuetos de sus tramas, su fino dise\u00f1o de personajes, sus rizos po\u00e9ticos, o bien la sencillez y eficacia de su prosa y la emoci\u00f3n que gravita en sus historias.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Julio Ram\u00f3n ha escrito novelas, teatro, diarios y prosas, pero, en opini\u00f3n de sus lectores, su mayor aporte \u2014donde ha invertido tripas y coraz\u00f3n\u2014 nos lo ha dado en el cuento, un g\u00e9nero que, en este lado del continente americano, tiene una vieja tradici\u00f3n de brillantes autores. En ese frente, durante la colonia, se alinearon los cronistas de Indias, seguidos en la Rep\u00fablica por los costumbristas, y, ya avanzado el prol\u00edfico siglo XX, por autores como Quiroga, Borges, Cort\u00e1zar, Garc\u00eda M\u00e1rquez, Rulfo, Arreola, Onetti y Benedetti, para citar algunos nombres. En el Per\u00fa, Ricardo Palma y Abraham Valdelomar fueron dos maestros del relato corto, siendo Valdelomar, sin duda, el fundador del cuento moderno. Julio Ram\u00f3n naci\u00f3 como hombre de letras al amparo de tales autores, pero sus fuentes de inspiraci\u00f3n fueron los maestros rusos y franceses del siglo XIX, Ch\u00e9jov, Turgueniev y Maupassant. \u00c9l decidi\u00f3, a mitad del siglo XX, escribir como un autor decimon\u00f3nico. Lo decidi\u00f3 por vocaci\u00f3n, por un deseo de cuajar un estilo limpio y despojado de extravagancias y ornatos in\u00fatiles, y porque no hacerlo de esa manera habr\u00eda sido ir contra su naturaleza. Sin embargo, todo lector suyo sabe que se trata de un autor que tambi\u00e9n ha le\u00eddo, y con gran dedicaci\u00f3n, a Franz Kafka y James Joyce, y que, pese a emular el tono y ciertas convenciones fundadoras de la escritura decimon\u00f3nica, es inevitablemente un escritor contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Julio Ram\u00f3n, lo dir\u00e9 de una vez, escribi\u00f3 como un cl\u00e1sico y se convirti\u00f3 en el m\u00e1s moderno de nuestros cl\u00e1sicos. Sus libros de cuentos, los diferentes vol\u00famenes que conforman La palabra del mudo, revelan la pureza y lozan\u00eda de los cl\u00e1sicos. La prosa de Ribeyro es cl\u00e1sica por la claridad y la belleza de su estilo, y al mismo tiempo es moderna por su visi\u00f3n, por su manera de mirarse y de mirarnos. La suya es una escritura del siglo XX que fluye como agua fresca, una prosa que no envejece.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Obviamente Ribeyro no fue un autor de vanguardia, tal como se acostumbra decir en alusi\u00f3n a la fila de avanzada de los ej\u00e9rcitos, sino m\u00e1s bien de retaguardia, ya que \u00e9l se ubic\u00f3 en la tropa que recoge a los heridos y los muertos que caen en combate, pero que de hecho es igualmente importante para dar solidez, empuje y cobertura a los movimientos ofensivos. Su gran temor, me lo confes\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n, era convertirse en una antigualla, un autor anacr\u00f3nico. Algunos cr\u00edticos, confundidos quiz\u00e1 por sus maneras, lo vieron as\u00ed. A estas alturas, no obstante, sabemos que es el cronista m\u00e1s penetrante y compasivo de las clases medias de su tiempo, y en definitiva el m\u00e1s moderno y vigente de nuestros cl\u00e1sicos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><strong>\u00bfQui\u00e9n es este negro?<\/strong><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Recuerdo ahora algunas de las cosas raras que anuncia el t\u00edtulo de esta nota. En sus primeros a\u00f1os de residencia en Par\u00eds, Julio Ram\u00f3n hab\u00eda conseguido que la importante editorial Gallimard tradujera sus cuentos al franc\u00e9s. Se sent\u00eda muy contento y ansioso por ver aquel primer libro en la lengua de Flaubert, y, bueno, \u00e9ste no tard\u00f3 en llegar a sus manos, pero su alegr\u00eda dur\u00f3 los pocos segundos que nos toma echar un vistazo a la tapa y contratapa de un nuevo volumen. La editorial hab\u00eda cometido un grave error: equivoc\u00f3 la foto del autor. En vez de su rostro, imprimi\u00f3 el retrato de un individuo de raza negra, un escritor africano de idioma portugu\u00e9s que ten\u00eda su apellido. Julio Ram\u00f3n se qued\u00f3 helado. Por varias horas, seg\u00fan me dijo, permaneci\u00f3 escondido en su casa, angustiado y sin saber qu\u00e9 hacer, en la m\u00e1s triste y lastimosa soledad. Para entender esta reacci\u00f3n, este pantano de inquietudes e incertidumbres, no hay que olvidar que Julio era una persona retra\u00edda y muy respetuosa de las formas, de los buenos modales.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Enfrentado a aquella desaz\u00f3n, tan absurda y embarazosa, no sab\u00eda de qu\u00e9 manera quejarse. Por ejemplo, dudaba entre llamar por tel\u00e9fono o acudir personalmente a la editorial, y dudaba incluso del tono de voz en el que deb\u00eda reclamar. Padec\u00eda esos desgarradores trances que solo sufre la gente t\u00edmida: rigidez muscular y ataque de p\u00e1nico. Lo que m\u00e1s tem\u00eda era ser malinterpretado, porque su protesta pod\u00eda pasar por racismo. Y estuvo a punto de resignarse a que ese se\u00f1or, el desconocido negro de la foto, fuera el Ribeyro de sus cuentos. Pero al final, haciendo fuerza de flaquezas, se atrevi\u00f3 a visitar la editorial y, entre balbuceos, deshaci\u00e9ndose en disculpas, pidi\u00f3 que, por favor, si es que no era molestia, corrigieran el error.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><strong>Cucharas y cucharitas de hospital<\/strong><\/p>\n<p>Cosa rara, y a la vez intensamente dram\u00e1tica, fue asimismo lo que le sucedi\u00f3 varios a\u00f1os despu\u00e9s en un hospital p\u00fablico de Francia. Julio Ram\u00f3n, quien por entonces se ve\u00eda como un hombre sumamente delgado \u2014el m\u00e1s flaco entre los flacos\u2014, era un paciente que convalec\u00eda de una operaci\u00f3n de c\u00e1ncer al est\u00f3mago. Su estado era grave y los m\u00e9dicos no ten\u00edan mayores esperanzas, raz\u00f3n por la cual lo destinaron a la sala com\u00fan del hospital. Esa sala, llamada tambi\u00e9n la sala de los desahuciados, era peligrosa. All\u00ed les pon\u00edan el biombo a los enfermos; es decir, los separaban o cubr\u00edan para que el resto de pacientes no vieran su agon\u00eda. De manera que, si un paciente anhelaba curarse, deb\u00eda salir de la sala com\u00fan. Pero para conseguir tal prop\u00f3sito, y para acceder a otra sala donde los m\u00e9dicos proporcionaban mejores cuidados y alimentos, era imprescindible dar muestras de recuperaci\u00f3n. El flaco Ribeyro advirti\u00f3 entonces que su vida depend\u00eda de su peso; deb\u00eda de ganar peso. Todos los d\u00edas pesaban a los pacientes de la sala com\u00fan, y aquellos que sub\u00edan eran los candidatos a la mudanza, los que merec\u00edan la sonrisa de aprobaci\u00f3n de los m\u00e9dicos y enfermeras. Ganar peso era el pasaporte para trasladarse a una sala especial, lejos de la desesperanza, lejos del moridero.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">As\u00ed pues, Julio Ram\u00f3n, en su empe\u00f1o por ganar peso, comenz\u00f3 a robar met\u00f3dicamente las cucharas y cucharitas de las bandejas de otros pacientes; con gran disimulo, las ocultaba en los bolsillos de su piyama y su bata. Y, con ese peso adicional, se pesaba.\u00a0 Viv\u00eda la hora de la balanza con el suspenso de una pel\u00edcula de Hitchcock. \u201cFueron momentos de gran tensi\u00f3n y autocontrol\u201d, me dijo, \u201cen las que deb\u00eda ingeni\u00e1rmelas para que nadie se diera cuenta de que el peso que ganaba cada d\u00eda no eran gramos de grasa y m\u00fasculo, sino de cucharas y cucharitas\u201d. Ese peso ficticio le salv\u00f3 la vida y le permiti\u00f3 acceder a su anhelada sala especial, donde se aliment\u00f3 mejor y, gracias a ello, mejor\u00f3 su salud y vivi\u00f3 veinte a\u00f1os m\u00e1s.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Fuera de ser una excepcional circunstancia biogr\u00e1fica, esta an\u00e9cdota de las cucharas constituye una t\u00edpica situaci\u00f3n ribeyriana. Julio Ram\u00f3n, en ocasiones un ser ingr\u00e1vido y apocado como los personajes de sus cuentos, sufri\u00f3 en carne propia el trance de acercarse al abismo, y opt\u00f3 por echar una mirada hacia abajo. Esa mirada fue comprensiva e ir\u00f3nica, como la que nos entrega su obra literaria. \u00c9l pensaba que, frente a los embates de la vida, en los que tantas veces se nos pone a prueba, hab\u00eda que responder con igual coraje y serenidad: desenvainando una sonrisa de esgrimista.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><strong>\u00bfSe robaron a Julio Ram\u00f3n?\u00a0<\/strong><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Y la vida, de hecho, lo despidi\u00f3 as\u00ed, con iron\u00eda, con una ligera sonrisa; es decir, la actitud que \u00e9l tantas veces confiriera a sus personajes. Yo a\u00fan tengo fresco en la memoria el d\u00eda en que, desde M\u00e9xico, una voz amiga le anunci\u00f3 el consagratorio premio Juan Rulfo, reconocimiento que alegr\u00f3 mucho a Julio, pero que \u00e9l no alcanzar\u00eda a recibir personalmente, pues se muri\u00f3 a las pocas semanas de la ceremonia de entrega.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Julio me hab\u00eda llamado para darme la noticia, pidi\u00e9ndome que la mantuvi\u00e9ramos en privado; hablamos del dinero (sus buenos cien mil d\u00f3lares), hablamos una vez m\u00e1s del bote a vela que \u00edbamos a comprar y que nunca compramos, y, en fin, quedamos en vernos esa noche. Nos fuimos, junto con Anita Ch\u00e1vez, su compa\u00f1era de entonces, a tomar unas copas a La Rosa N\u00e1utica, ese hermoso restaurante sobre el mar miraflorino. Por esos d\u00edas sol\u00edamos probar suerte en la ruleta de los casinos, y justamente La Rosa N\u00e1utica hab\u00eda estrenado no hac\u00eda mucho un casino propio. Y, bueno, Julio Ram\u00f3n estuvo de suerte aquel d\u00eda; no solo se enter\u00f3 del premio literario, sino que adem\u00e1s gan\u00f3 en la ruleta. Gan\u00f3 cerca de 3 mil d\u00f3lares. Y en consecuencia, a los pocos d\u00edas apareci\u00f3 un escultor, enviado por los organizadores del premio Juan Rulfo, hoy premio FIL, para hacerle fotograf\u00edas (las hizo mientras almorz\u00e1bamos en Barranco, en el restaurante del Negro Flores, que ya no existe); basado en ellas, modelar\u00eda y fundir\u00eda en bronce su busto, el tradicional busto de autor laureado por el Rulfo.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Meses despu\u00e9s, tras la muerte de Julio, enviaron a Lima una copia de ese busto, que, gracias a la gesti\u00f3n de su viuda, Alida de Ribeyro, ir\u00eda a coronar el c\u00e9ntrico pedestal del segundo \u00f3valo de la alameda Pardo, en Miraflores, el barrio de Julio de casi toda la vida, donde pas\u00f3 parte de su infancia y adolescencia, y donde en cosa de meses se rindi\u00f3 honor a su talento literario, dedic\u00e1ndole ese parque para la posteridad.<\/p>\n<p>\u00bfY d\u00f3nde est\u00e1 lo raro en esta historia? Lo raro y lo divertido de este asunto \u2014estoy seguro de que Julio a\u00fan se estar\u00e1 riendo donde quiera que ahora se encuentre\u2014, es que en menos de una semana su busto fue robado por unos \u2018fumones\u2019; seg\u00fan la polic\u00eda, lo robaron para vender el bronce al peso y con el dinero de la venta comprar la droga que los ayudar\u00eda a seguir huyendo de este mundo. Parece un final de cuento ribeyriano, y, en efecto, lo es. Un final con su atm\u00f3sfera de sorpresa y desencanto, con su impasible encogida de hombros, con su resignada frustraci\u00f3n y silencio.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Ahora han puesto en ese parque una r\u00e9plica de su busto, pero hecha en cemento pintado de color bronce, para que no se lo roben otra vez, o para que no acabe fraccionado y fundido en el suelo de un callej\u00f3n por unos pobres chicos que a lo mejor jam\u00e1s supieron qui\u00e9n era Ribeyro, ni que significaba aquello del realismo urbano en la literatura peruana, pero a quienes le correspond\u00eda su parte de herencia de la palabra del mudo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><strong>Colof\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p dir=\"ltr\">\u00bfEs Julio Ram\u00f3n un escritor para escritores? \u00bfPor qu\u00e9, durante los a\u00f1os sesenta y setenta, en plena \u00e9poca del boom latinoamericano, su nombre no sonaba tanto como el de su compatriota, Mario Vargas Llosa? Hay muchas formas de responder a esas preguntas. Julio Ram\u00f3n escrib\u00eda cuentos, no novelas, aunque para mi gusto tiene una novela corta estupenda, Cr\u00f3nicas de San Gabriel. Los cuentos, seg\u00fan las editoriales espa\u00f1olas, venden menos que las novelas. Y a ello, adem\u00e1s, se sum\u00f3 el hecho de que Julio Ram\u00f3n trabajaba contra s\u00ed mismo. Hura\u00f1o y desconfiado, defend\u00eda su privacidad y su tiempo a rajatabla, le fastidiaban la promoci\u00f3n y las entrevistas, evitaba el contacto con extra\u00f1os. Solo muy tarde en su vida, en sus tres \u00faltimos a\u00f1os, se abri\u00f3 un poco al p\u00fablico. Pero nunca fue algo que le gustara. Prefer\u00eda el perfil bajo, la discreci\u00f3n.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Sea como fuere, en el Per\u00fa, Julio Ram\u00f3n es un consagrado, mientras el mundo a\u00fan no lo descubre debidamente. La reedici\u00f3n de su excelente obra en la prestigiosa editorial espa\u00f1ola Seix Barral de Prosas ap\u00e1tridas y de La tentaci\u00f3n del fracaso, as\u00ed como las nuevas ediciones de Alfaguara de La palabra del mudo, su colecci\u00f3n de cuentos completos, cosechan a\u00f1o tras a\u00f1o entusiastas lectores de Espa\u00f1a y Am\u00e9rica latina que lo colocan entre los m\u00e1s destacados autores de la literatura en lengua castellana.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: right;\">Texto editado de una charla ofrecida por Fernando Ampuero en el a\u00f1o 2009, en el Centro Cultural Inca Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores del Per\u00fa<\/p>\n<h6 dir=\"ltr\">De izquierda a derecha: el poeta Mirko Lauer, el escritor Fernando Ampuero, Julio Ram\u00f3n Ribeyro y el poeta\u00a0Antonio Cisneros en\u00a0Lima, 1994. Foto: Herman Schwarz.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p dir=\"ltr\">Con estas l\u00edneas no pretendo otra cosa que dar algunos atisbos personales sobre Julio Ram\u00f3n Ribeyro. Naturalmente, mi perspectiva se atiene a mi doble condici\u00f3n de amigo memorioso y de lector agradecido.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":3431,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4452,2984],"genre":[2013],"pretext":[],"section":[2415],"translator":[2458],"lal_author":[3308],"class_list":["post-3434","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-12","tag-peru-es","genre-dossier-es","section-dossier-julio-ramon-ribeyro-es","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-fernando-ampuero-es-2"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3434","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3434"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3434\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3431"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3434"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3434"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3434"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=3434"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=3434"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=3434"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=3434"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=3434"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}