{"id":3327,"date":"2019-11-13T17:55:18","date_gmt":"2019-11-13T23:55:18","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/11\/aboni-spirit-things-itamar-vieira-junior\/"},"modified":"2023-06-06T06:43:34","modified_gmt":"2023-06-06T12:43:34","slug":"aboni-spirit-things-itamar-vieira-junior","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/11\/aboni-spirit-things-itamar-vieira-junior\/","title":{"rendered":"&#8220;El esp\u00edritu Aboni de las cosas&#8221; de Itamar Vieira Junior"},"content":{"rendered":"<div class=\"caption\"><\/div>\n<p>Nota del editor: Estamos orgullosos de incluir &#8220;El espirit\u00fa\u00a0<em>Aboni<\/em>\u00a0de las cosas&#8221; en edici\u00f3n triling\u00fce: en traducci\u00f3n al espa\u00f1ol y al ingl\u00e9s, y en el portugu\u00e9s original. Haz clic en &#8220;English&#8221; para leer en ingl\u00e9s, y despl\u00e1zate hacia abajo para leer en portugu\u00e9s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>El sol <em>bahi <\/em>creci\u00f3 en el cielo <em>neme <\/em>con mucha luz. Ahora es hora de partir. Tokowisa se pinta para entrar en la selva. Tokowisa lleva plumas, cerbatana, arco y flecha. Tokowisa tiene los pies descalzos y el cuerpo fuerte. Cuando entra en la selva, no se distingue la fuerza de un \u00e1rbol de la fuerza de Tokowisa. No se distingue el esp\u00edritu <em>aboni<\/em> de un \u00e1rbol del esp\u00edritu <em>aboni <\/em>de Tokowisa. No se distingue el esp\u00edritu <em>aboni<\/em> de un taitet\u00fa <em>kobaya<\/em> del esp\u00edritu <em>aboni <\/em>de Tokowisa, ni el de un mono guariba <em>dyico <\/em>del esp\u00edritu <em>aboni<\/em> de Tokowisa. Todos los animales hablan e indican los caminos de las cosas. Tokowisa se detiene, escucha lo que el \u00e1rbol dice. \u00c9l se agacha a orillas del r\u00edo <em>faha <\/em>y escucha lo que le dice. Mira hacia el cielo <em>neme<\/em> para luego cerrar los ojos y escuchar lo que la lluvia <em>faha<\/em> le dice.<\/p>\n<p>Tokowisa necesita encontrar la palmera de abatosi para curar a su mujer, Yanici, que espera un hijo. Tokowisa tiene otros hijos e hijas. El viejo cham\u00e1n dice que Tokowisa tiene que encontrar la palmera de abatosi en las tierras lejanas. Tokowisa tiene sus piernas y quiere llegar a una de las mil orillas del r\u00edo <em>faha<\/em>. Tambi\u00e9n tiene brazos, y en la canoa remonta los igarap\u00e9s hasta llegar al cauce del gran r\u00edo. La mujer de Tokowisa tiene un sangrado y faltan lunas para que nazca su hijo. La mujer de Tokowisa, Yanici, ya no carga la cesta y no cuida los campos de mandioca y choclo. Ella yace en la hamaca y Tokowisa sale a cazar. Pero el pensamiento <em>ati boti <\/em>de Tokowisa se queda con la mujer. El cham\u00e1n sopl\u00f3 tabaco sobre el cuerpo de la mujer e invoc\u00f3 a los dioses. Pidi\u00f3 que se le trajera la abatosi para poder curarla. Tokowisa no va a ir con los otros hombres de su aldea porque su esp\u00edritu <em>aboni<\/em> lo llevar\u00e1 hacia una tierra de guerra. \u00c9l y el cham\u00e1n saben del peligro. Tokowisa debe seguir sin los hombres de su aldea.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfEres t\u00fa mismo?\u201d, pregunt\u00f3 el cham\u00e1n. \u201cS\u00ed, soy yo mismo\u201d, respondi\u00f3 Tokowisa. El cham\u00e1n quer\u00eda saber si el esp\u00edritu <em>aboni<\/em> de Tokowisa habitaba su cuerpo. \u201cVe a una de las mil orillas del r\u00edo <em>faha <\/em>y recoje unas hojas verdes y los frutos de la abatosi\u201d, orden\u00f3 el cham\u00e1n. \u201cS\u00ed, voy\u201d, dijo Tokowisa. \u201cP\u00edntate para la guerra\u201d, orden\u00f3 el cham\u00e1n. \u201cS\u00ed, lo hago\u201d, respondi\u00f3 Tokowisa. Entonces prepar\u00f3 su canoa, amarr\u00f3 los adornos a su cuerpo, tom\u00f3 las cosas <em>de <\/em>que necesitaba y parti\u00f3 cuando el sol <em>bahi<\/em> ilumin\u00f3 el cielo <em>neme<\/em>.<\/p>\n<p>Tokowisa prepara la canoa y espera a que el cielo <em>neme <\/em>se ilumine. Deja a su hija mayor, Neme, que ya maneja la cesta y recoge la mandioca, para que cuide de la mam\u00e1 que no se levanta de la hamaca. Tokowisa remonta el igarap\u00e9 remando suave por las aguas calmas. Ve peces <em>aba <\/em>y p\u00e1jaros <em>bani. <\/em>Mira para el cielo <em>neme<\/em> y escucha todo. Tokowisa tiene que prestar atenci\u00f3n al coraz\u00f3n <em>ati boti <\/em>de la selva porque no se le puede escapar ninguna se\u00f1al a su esp\u00edritu <em>aboni<\/em>. Para encontrar la abatosi, Tokowisa tiene que escuchar todo, tiene que mirar todo, tiene que conocer el movimiento del viento <em>boni<\/em>, tiene que o\u00edr el camino de las aguas y los cantos de los p\u00e1jaros <em>bani <\/em>en el cielo <em>neme. <\/em>\u00c9l remonta el r\u00edo faha y se prepara para los d\u00edas en que estar\u00e1 lejos de la aldea. Tokowisa necesita fuerza para encontrar la abatosi. Se pinta y entona c\u00e1nticos para que los dioses lo oigan y le den la fuerza y la riqueza \u00a0que necesita.<\/p>\n<p>Tokowisa carga en el coraz\u00f3n <em>ati boti <\/em>la imagen de Yanici tumbada en la hamaca y con la faz p\u00e1lida. Ella tiene una manada de perros <em>yome<\/em> a su alrededor y los ni\u00f1os que lloran queriendo pescado <em>aba<\/em> y pastel de mandioca <em>fowa kabe<\/em>. Yanici fue sorprendida por un hechizo lanzado por un cham\u00e1n de la aldea en guerra con la aldea de Tokowisa. El hechizo era para Tokowisa, pero fue Yanici quien cay\u00f3 en debilidad por cargar el hijo guerrero. El cham\u00e1n teme que el esp\u00edritu <em>aboni <\/em>de Yanici sea raptado por los <em>inamati bote<\/em>, que viven debajo de la tierra. Los <em>inamati bote <\/em>fueron invocados por el cham\u00e1n que lanz\u00f3 el hechizo en venganza por las bajas que tuvieron en la \u00faltima batalla. Por eso, Tokowisa tiene que traer la abatosi para que las intenciones de los esp\u00edritus viejos sean revertidas. Tokowisa va solo, para que la aldea <em>tabora <\/em>no quede desprotegida.<\/p>\n<p>Tokowisa es un guerrero, pero ahora corre peligro. Su aldea est\u00e1 en guerra contra la aldea <em>yawa<\/em> de una de las mil orillas del r\u00edo <em>faha. <\/em>Tokowisa no va a comer carne de caza cazada hasta que no encuentre la abatosi. Tokowisa no quiere disgustar a la <em>yama <\/em>que lo visit\u00f3 en un sue\u00f1o para indicarle el lugar donde estaba la palmera de abatosi. La <em>yama <\/em>apareci\u00f3 con ojos de fuego y pelo muy blanco. Tokowisa recuerda muy bien la palmera de abatosi en la orilla de un igarap\u00e9, tal cual se le apareci\u00f3 en el sue\u00f1o. La <em>yama <\/em>llev\u00f3 a Tokowisa hasta la palmera de abatosi. Tokowisa no puede comer animales. Va a comer <em>asahi <\/em>y otros frutos que encuentre para no disgustar a la <em>yama. <\/em>Su pueblo le teme a la <em>yama. <\/em>Tokowisa no le teme a la <em>yama<\/em>.<\/p>\n<p>Tokowisa y su canoa remontan el r\u00edo <em>faha<\/em> y sus brazos fuertes manejan el remo<em> koyari, <\/em>muy atento, escuchando para saber para qu\u00e9 lado debe seguir. El r\u00edo <em>faha <\/em>va diciendo con el sonido de las aguas y va abriendo camino para la canoa que lo remonta, dejando atr\u00e1s la aldea <em>tabora<\/em>. R\u00edo arriba, <em>nakani.<\/em> R\u00edo abajo, <em>bato<\/em>. Tokowisa no est\u00e1 solo porque el esp\u00edritu <em>aboni <\/em>de las cosas y de los animales lo acompa\u00f1a. Tokowisa no le tiene miedo a la guerra, ni a los hombres de guerra, ni a los blancos. Tokowisa sabe que su pueblo est\u00e1 murriendo porque los hombres blancos quieren llevarse los cuerpos de los \u00e1rboles. Tokowisa no tiene certeza de que los blancos sean humanos <em>jarawara<\/em>. Los hombres blancos no le temen a la maldici\u00f3n destinada a los que le faltan el respeto a la tierra <em>wami<\/em>. Los hombres blancos piensan que ellos existen solos y que los \u00e1rboles y los animales son despreciables . Los hombres blancos matan viejos, matan mujeres, matan hombres, matan ni\u00f1os, todo para llevarse el cuerpo de los \u00e1rboles. \u201c\u00bfPara qu\u00e9 querr\u00e1n un \u00e1rbol sin su <em>aboni<\/em>?\u201d, se pregunta Tokowisa a s\u00ed mismo. \u201cSi sacas al \u00e1rbol de la tierra <em>wami <\/em>su <em>aboni <\/em>va al cielo <em>neme\u201d<\/em>. \u201c\u00bfDe qu\u00e9 sirve tener un \u00e1rbol sin su <em>aboni<\/em>?, Tokowisa se pregunta cuando para y descansa del viaje. Tokowisa para y la noche <em>yama soki<\/em> baja en el cielo <em>neme<\/em>. Hace una fogata peque\u00f1a que ilumina aquel pedazo de la selva. Yanici vaga por los pensamientos de Tokowisa. Cansado, Tokowisa yace en el suelo de la foresta, con el arco, la flecha y la cerbatana a su lado. Tokowisa espera un sue\u00f1o que le indique si est\u00e1 cerca o lejos de la palmera abatosi. Cierra los ojos y espera.<\/p>\n<p>Los hombres cargan el arco y la flecha. Las mujeres cargan la cesta. Los hombres cazan y guerrean. Las mujeres siembran y cuidan a los hombres que guerrean. Las mujeres bailan. Los hombres bailan. Las mujeres cantan. Los hombres cantan. Pintan sus cuerpos con los colores de la tierra <em>wami<\/em>. El arco y la flecha permiten que los hombres capturen animales y los peces <em>aba<\/em>. La cesta es para que las mujeres carguen los frutos de su cosecha. Choclo <em>Kimi<\/em>, mandioca <em>fowa bao<\/em>, mandioca <em>fowa basota, <\/em>mandioca <em>fowa nestona<\/em>. Los hombres cuidan a sus mujeres, porque las mujeres son la fuerza para los hombres; los hombres son la fuerza para las mujeres. Tokowisa quiere salvar a Yanici y vuelve a la canoa en la orilla del r\u00edo <em>faha <\/em>para seguir remont\u00e1ndolo en busca de la abatosi.<\/p>\n<p>Tokowisa comienza a ver un destello en la selva que indica que hay hombres blancos arrancando \u00e1rboles sin su esp\u00edritu <em>aboni<\/em>. Recuerda que muchas historias tristes llegan a la aldea y que los hombres se preparan para la guerra. Las mujeres almacenan alimentos en la tierra. Plantan todas las variedades de mandioca <em>fowa<\/em> y las dejan guardadas debajo de la tierra para que, cuando llegue la guerra, alimenten a su pueblo. Los hombres blancos tienen madera que escupe fuego y desangra a los hombres hasta morir. Los hombres de la aldea tienen el arco y la flecha. Tienen tambi\u00e9n la cerbatana, que paraliza a un jaguar <em>yome<\/em> m\u00e1s grande que un hombre con su veneno. Los hombres de su aldea guerrean con los hombres de otra aldea. Tokowisa no teme a ninguno de ellos. Tokowisa naci\u00f3 para ser guerrero y particip\u00f3 en muchas batallas. Sabe que nada puede pasar en tierra <em>wami <\/em>sin que sea vengado. Que todo lo que hacemos aqu\u00ed tiene que ser vengado aqu\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Tokowisa es un hombre que remonta el r\u00edo<em> faha <\/em>con su canoa. Los guerreros de su pueblo no est\u00e1n a su lado, pero Tokowisa tiene al mundo: la tierra <em>wami<\/em>, el agua <em>faha <\/em>y el cielo <em>neme<\/em>. Tokowisa puede hablar con la piedra<em> yati<\/em> cuando baje de la canoa. Puede hablar con el <em>boto <\/em>y o\u00edr su respuesta. Puede hablar con los esp\u00edritus <em>aboni <\/em>del cielo<em> neme<\/em>. Con el esp\u00edritu <em>aboni<\/em> de los \u00e1rboles. Tokowisa lleva el mundo en su coraz\u00f3n <em>ati boti.<\/em> Yanici est\u00e1 en su<em> ati boti<\/em>. Sus hijos tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Tokowisa oye estruendos que se parecen al sonido de la madera que escupe fuego de los hombres blancos. Est\u00e1n matando el <em>aboni <\/em>de las cosas, piensa. Tokowisa puede sentir los destellos de luz que vienen del interior de la selva. Tokowisa le dijo al cham\u00e1n que los \u00e1rboles tiemblan de miedo ante los hombres blancos que devoran la selva. Tokowisa puede sentir el alboroto en la foresta. Sabe que los esp\u00edritus <em>aboni<\/em> del cielo <em>neme<\/em> ser\u00e1n implacables en su venganza contra los hombres blancos.<\/p>\n<p>Han pasado muchos d\u00edas y Tokowisa llega al lugar que la <em>yama<\/em> del sue\u00f1o le indic\u00f3. El sol <em>bahi <\/em>est\u00e1 en lo alto del cielo. Su luz desciende entre las nubes iluminando la solitaria palmera de abatosi en la orilla del igarap\u00e9. Tokowisa toca la palmera de abatosi y pide permiso a su <em>aboni<\/em> para subir su cuerpo. Sube por la palmera de abatosi, toma las hojas m\u00e1s verdes y los frutos m\u00e1s maduros. Tokowisa respira, respira, respira. Bebe el agua <em>faha<\/em> y baja con su canoa para continuar su viaje.<\/p>\n<p>Llueve mucho, despu\u00e9s de que Tokowisa retoma su viaje. \u00c9l decide parar para que la lluvia <em>faha<\/em> no llene su canoa. Tokowisa, cansado, se duerme. No sue\u00f1a, aunque quisiera so\u00f1ar para tener noticias de Yanici. Los <em>yawa<\/em> ven una canoa en la orilla del r\u00edo<em> faha<\/em>, debajo de un \u00e1rbol, cuando la lluvia cesa. Los <em>yawa<\/em> reconocen que all\u00ed duerme un enemigo yawa. Gritan y llevan a Tokowisa para la aldea <em>yawa<\/em> en una de las mil orillas del r\u00edo <em>faha<\/em> que \u00e9l no conoce.<\/p>\n<p>Tokowisa est\u00e1 preso en la aldea de una de las mil orillas del r\u00edo <em>faha<\/em>. Los hombres que guerrean con su aldea <em>tabora<\/em> ahora son due\u00f1os de su cuerpo. Tokowisa no teme a los enemigos y sabe que debe morir como un guerrero. No puede decepcionar a los hombres de la aldea <em>tabora<\/em> huyendo de la aldea <em>yawa<\/em>. Como si los hombres de la aldea <em>tabora<\/em>, su aldea natal, no fueran guerreros para vengarlo. Tokowisa no puede decepcionarlos. Sabe que no es m\u00e1s grande que todos los hombres juntos. Tokowisa cree en que los guerreros de la aldea <em>tabora<\/em> ir\u00e1n a salvarlo. Tokowisa sabe que ahora ser\u00e1 transformado en un enemigo <em>yawa<\/em>. Perder\u00e1 sus adornos, su arco, su flecha, su cerbatana. Perder\u00e1 los colores de su tierra <em>wami<\/em>. Ganar\u00e1 los colores de tierra <em>wami<\/em> de los <em>yawa<\/em>. Ganar\u00e1 adornos de los <em>yawa<\/em>. Pero el esp\u00edritu <em>aboni<\/em> de Tokowisa nunca ser\u00e1 un <em>yawa<\/em>.<\/p>\n<p>Los <em>yawa<\/em> van a transformar a Tokowisa en uno de ellos. Despu\u00e9s los <em>yawa<\/em> van a comer su cuerpo. Tokowisa partir\u00e1 para el cielo <em>neme<\/em>. Va a habitar el cielo <em>neme<\/em> y a encontrar a todos los que ya partieron. Los \u00e1rboles matados por los blancos y los animales que comi\u00f3. Tokowisa vivir\u00e1 en guerra en el cielo<em> neme<\/em>, porque la guerra cre\u00f3 a los hombres de la selva. Tokowisa tiene que llevar las hojas verdes y los frutos da abatosi para rescatar el esp\u00edritu <em>aboni<\/em> de Yanici y salvar a su hijo. Han pasado muchos d\u00edas, Tokowisa necesita encontrar una forma de llevar lo que el cham\u00e1n le pidi\u00f3 para revertir el embrujo. Tokowisa no puede defraudar a los guerreros de su aldea <em>tabora<\/em>. Los guerreros esperan que Tokowisa les d\u00e9 el honor de rescatarlo, y si no es posible, el honor de vengar su muerte, pero no esperan que \u00e9l escape como un <em>bato mawa<\/em>.<\/p>\n<p>Tokowisa necesita llevar a abatosi para salvar a Yanici. Los yawa se llevaron a abatosi. Se llevaron tambi\u00e9n el arco, la flecha, la cerbatana y la canoa. Tokowisa no ten\u00eda amarrados los pies y manos, pero estaba vigilado por los guerreros yawa. Tokowisa siente tristeza porque quiere salvar a Yanici.<\/p>\n<p>Por la noche, Tokowisa sue\u00f1a con Yanici: est\u00e1 acostada en la hamaca y tiene los ojos cerrados. Yanici tiene sudor en el cuerpo y da a luz a un taitet\u00fa <em>kobaya<\/em>. Yanici se pone feliz con su taitet\u00fa hijo. Pero de su cuerpo sale un r\u00edo de sangre <em>ama<\/em>. Tokowisa despierta con el piar de un arasar\u00ed de pico blanco <em>howaraka.<\/em> El tuc\u00e1n <em>howaraka<\/em> est\u00e1 muy cerca y ya es noche <em>yama soki.<\/em> Los <em>yawa<\/em> duermen. Tokowisa desaparece. El arasar\u00ed <em>howaraka<\/em> que vi\u00f3 en su vida no es blanco, pero el arasar\u00ed <em>howaraka<\/em> que se posa y mira a Tokowisa es blanco y tiene los ojos bermejos como la <em>yama<\/em>. Tokowisa aparece con el arco, la flecha, la cerbatana, las hojas verdes y los frutos da abatosi. Tokowisa lleva todo para su canoa, que reposa en una de las mil orillas del r\u00edo <em>faha<\/em>, y el arasar\u00ed <em>howaraka<\/em> blanco y de ojos bermejos lo observa. Tokowisa lo llama y levanta el brazo. El arasar\u00ed <em>hawaraka<\/em> se posa en su brazo. Los <em>yawa<\/em> duermen como si estuvieran embrujados por el <em>yama<\/em> que es el arasar\u00ed <em>howaraka<\/em>. Tokowisa coloca todo en la canoa y siente el deseo de partir. Tokowisa lleva el arasar\u00ed <em>howaraka<\/em> para la canoa, este vuela y se posa. Tokowisa siente el olor del <em>yama<\/em> que es el arasar\u00ed <em>howaraka<\/em>. Empuja la canoa para que pueda bajar por el r\u00edo <em>faha<\/em> y duerme.<\/p>\n<p>La canoa llega hasta el igarap\u00e9 en las orillas donde queda la casa <em>yobe<\/em> de Tokowisa y Yanici. La hija de Tokowisa, Neme, baja hasta la orilla porque reconoce la canoa de su padre. Neme llama a su padre <em>abi<\/em> y los hombres y las mujeres de la aldea <em>tabora<\/em> bajan a su encuentro. Los hombres recogen el arco, la flecha y la cerbatana de la canoa para que Neme no tenga que tocarlos y traiga mala suerte para su padre <em>abi<\/em>. Los hombres recogen las hojas y los frutos de la palmera de abatosi. Neme pide que lleven todo al cham\u00e1n, para que pueda curar a su madre. Neme no le cuenta a Yanici que Tokowisa no vino en la canoa.<\/p>\n<p>El cham\u00e1n macera las hojas y quema una parte hasta que se transformen en cenizas. El cham\u00e1n cubre el rostro de Yanici de cenizas y la hace beber parte de las hojas mezcladas con el jugo de los frutos. Dice entonces palabras sagradas, invoca a los dioses del cielo <em>neme<\/em>, invoca al esp\u00edritu <em>aboni <\/em>de Tokowisa. El cham\u00e1n tiene sus ojos vueltos hacia lo sagrado y siente que Tokowisa vive, que su esp\u00edritu <em>aboni <\/em>no est\u00e1 en el cielo<em> neme<\/em>. Los hombres de la aldea <em>tabora<\/em> se dividen: unos se visten para la guerra y remontan el r\u00edo <em>faha<\/em>. R\u00edo arriba, <em>nakani.<\/em> R\u00edo abajo, <em>bato<\/em>. Otros se quedan en la aldea tabora para defender a las mujeres, los hijos y los viejos.<\/p>\n<p>Han pasado dos noches, dos d\u00edas, y Yanici se libera de los <em>inamati bote<\/em> y recupera su fuerza. Baja a las orillas del igarap\u00e9 porque se acerca la hora del nacimiento de su hijo. Yanici contempla la canoa inmueble en la orilla del agua <em>faha<\/em>. Canta porque extra\u00f1a a Tokowisa. Canta tambi\u00e9n porque el hijo de Tokowisa va a nacer. Si Tokowisa regresa, encontrar\u00e1 a su hijo tomando de la leche del seno de Yanici.<\/p>\n<p align=\"right\">Este texto ha sido traducido del portugu\u00e9s al espa\u00f1ol por un equipo de profesoras (Let\u00edcia Goellner y Luciana Pissolato) y estudiantes (Nicol\u00e1s P\u00e9rez Ferretti y Sebasti\u00e1n Villagra) de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de Chile. Su revisi\u00f3n estuvo a cargo de las profesoras Goellner y Pissolato, junto a la estudiante Alejandra Menichetti.<\/p>\n<hr \/>\n<p>O sol <em>bahi<\/em> cresceu no c\u00e9u <em>neme<\/em> com muita luz. Agora \u00e9 hora de partir. Tokowisa se pinta para adentrar a floresta. Tokowisa carrega penas, zarabatana, arco e flecha. Tokowisa tem os p\u00e9s descal\u00e7os e o corpo forte. Quando entra na floresta, n\u00e3o se distingue a for\u00e7a de uma \u00e1rvore da for\u00e7a de Tokowisa. N\u00e3o se distingue o esp\u00edrito <em>aboni<\/em> de uma \u00e1rvore do esp\u00edrito <em>aboni<\/em> de Tokowisa. N\u00e3o se distingue o esp\u00edrito <em>aboni<\/em> de um caititu <em>kobaya<\/em> do esp\u00edrito aboni de Tokowisa, nem o de um macaco-guariba <em>dyico<\/em> do esp\u00edrito <em>aboni<\/em> de Tokowisa. Todos os animais falam e indicam os caminhos das coisas. Tokowisa para, escuta o que a \u00e1rvore diz. Ele se agacha na beira do rio <em>faha<\/em> e escuta o que lhe diz. Olha para o c\u00e9u <em>neme<\/em> para logo depois fechar os olhos e escutar o que a chuva <em>faha<\/em> lhe diz.<\/p>\n<p>Tokowisa precisa encontrar a palmeira de abatosi para curar sua mulher, Yanici, que espera um filho. Tokowisa tem outros filhos e filhas. O velho xam\u00e3 disse que Tokowisa tem que encontrar a palmeira de abatosi nas terras de longe. Tokowisa tem suas pernas e quer chegar a uma das mil margens do rio <em>faha<\/em>. Tamb\u00e9m tem bra\u00e7os, e \u00e9 na canoa que sobe os igarap\u00e9s at\u00e9 chegar ao leito do grande rio. A mulher de Tokowisa tem sangramento e faltam luas para seu filho nascer. A mulher de Tokowisa, Yanici, j\u00e1 n\u00e3o carrega o cesto e n\u00e3o cuida da ro\u00e7a de mandioca e milho. Ela fica deitada na rede e Tokowisa sai para ca\u00e7ar. Mas o pensamento <em>ati boti <\/em>de Tokowisa fica com a mulher. O xam\u00e3 soprou tabaco sobre o corpo da mulher e invocou os deuses. Pediu que lhe trouxesse a abatosi para poder cur\u00e1-la. Tokowisa n\u00e3o vai partir com outros homens de sua aldeia porque seu esp\u00edrito <em>aboni<\/em> o levar\u00e1 para uma terra de guerra. Ele e o xam\u00e3 sabem do perigo.\u00a0 Tokowisa deve seguir sem os homens de sua aldeia.<\/p>\n<p>\u201c\u00c9 voc\u00ea mesmo?\u201d, perguntou o xam\u00e3. \u201cSim, sou eu mesmo\u201d, respondeu Tokowisa. O xam\u00e3 queria saber se o esp\u00edrito <em>aboni<\/em> de Tokowisa habitava seu corpo. \u201cV\u00e1 para uma das mil margens do rio <em>faha<\/em> e colha as folhas verdes e os frutos da abatosi\u201d, ordenou o xam\u00e3. \u201cSim, eu vou\u201d, disse Tokowisa. \u201cPinte-se para a guerra\u201d, ordenou o xam\u00e3. \u201cSim, eu fa\u00e7o\u201d, respondeu Tokowisa. Ent\u00e3o preparou sua canoa, amarrou os adere\u00e7os em seu corpo, pegou as coisas <em>de<\/em> que precisava e saiu quando o sol <em>bahi<\/em> iluminou o c\u00e9u <em>neme<\/em>.<\/p>\n<p>Tokowisa prepara a canoa e espera o c\u00e9u <em>neme<\/em> se iluminar. Deixa a filha mais velha, Neme, que j\u00e1 maneja o cesto e colhe a mandioca, para cuidar da m\u00e3e que n\u00e3o levanta da rede. Tokowisa sobe o igarap\u00e9 remando suave pelas \u00e1guas calmas. V\u00ea peixes <em>aba<\/em> e p\u00e1ssaros <em>bani<\/em>. Olha para o c\u00e9u <em>neme<\/em> e escuta tudo. Tokowisa tem que prestar aten\u00e7\u00e3o no cora\u00e7\u00e3o <em>ati boti<\/em> da floresta porque nenhum sinal pode escapar ao seu esp\u00edrito <em>aboni<\/em>. Para encontrar a abatosi, Tokowisa tem que escutar tudo, tem que olhar tudo, tem que conhecer o movimento do vento <em>boni<\/em>, tem que ouvir o caminho das \u00e1guas e os cantos dos p\u00e1ssaros <em>bani<\/em> no c\u00e9u <em>neme<\/em>. Ele sobe o rio faha e se prepara para os dias em que ficar\u00e1 longe da aldeia. Tokowisa precisa de for\u00e7a para encontrar a abatosi. Pinta-se e entoa cantos para que os deuses ou\u00e7am e lhe deem a for\u00e7a e a riqueza de que precisa.<\/p>\n<p>Tokowisa carrega no cora\u00e7\u00e3o <em>ati boti<\/em> a imagem de Yanici deitada na rede e com a face p\u00e1lida. Ela tem uma matilha de c\u00e3es<em> yome<\/em> ao seu redor e as crian\u00e7as que choram querendo peixe <em>aba<\/em> e bolo de mandioca <em>fowa kabe<\/em>. Yanici foi surpreendida por um feiti\u00e7o lan\u00e7ado por um xam\u00e3 da aldeia que guerreia contra a aldeia de Tokowisa. O feiti\u00e7o era para Tokowisa, mas foi Yanici que caiu de fraqueza, porque carrega o filho guerreiro. O xam\u00e3 teme que o esp\u00edrito <em>aboni<\/em> de Yanici seja raptado pelos <em>inamati bote<\/em>, que moram debaixo da terra. Os <em>inamati bote<\/em> foram invocados pelo xam\u00e3 que lan\u00e7ou o feiti\u00e7o por vingan\u00e7a \u00e0s perdas que tiveram na \u00faltima batalha. Por isso, Tokowisa tem que trazer a abatosi para que as inten\u00e7\u00f5es dos esp\u00edritos velhos sejam revertidas. Tokowisa vai s\u00f3, para que a aldeia <em>tabora<\/em> n\u00e3o fique desprotegida.<\/p>\n<p>Tokowisa \u00e9 um guerreiro, mas agora corre perigo. Sua aldeia est\u00e1 em guerra contra a aldeia <em>yawa<\/em> de uma das mil margens do rio <em>faha<\/em>. Tokowisa n\u00e3o vai comer carne de ca\u00e7a enquanto n\u00e3o encontrar a abatosi. Tokowisa n\u00e3o quer desagradar a <em>yama<\/em> que lhe visitou em sonho para indicar o local onde estava a palmeira de abatosi. A <em>yama<\/em> apareceu com olhos de fogo e pelo muito branco. Tokowisa lembra muito bem da palmeira de abatosi na beira de um igarap\u00e9, tal qual lhe apareceu no sonho. A<em> yama<\/em> levou Tokowisa at\u00e9 a palmeira de abatosi. Tokowisa n\u00e3o pode comer animais. Vai comer <em>asahi<\/em> e outros frutos que encontrar para n\u00e3o desagradar a <em>yama<\/em>. Seu povo teme a <em>yama<\/em>. Tokowisa n\u00e3o teme a<em> yama<\/em>.<\/p>\n<p>Tokowisa e sua canoa sobem o rio <em>faha<\/em> e seus bra\u00e7os fortes manejam o remo <em>koyari<\/em>, muito atento, escutando para saber para que lado deve seguir. O rio <em>faha<\/em> vai dizendo com o som das \u00e1guas e vai abrindo caminho para a canoa que sobe, deixando para tr\u00e1s a aldeia <em>tabora<\/em>. Rio acima, <em>nakani<\/em>. Rio abaixo, <em>bato<\/em>. Tokowisa n\u00e3o est\u00e1 sozinho porque o esp\u00edrito aboni das coisas e dos animais o acompanha. Tokowisa n\u00e3o tem medo da guerra, nem dos homens da guerra, nem dos brancos. Tokowisa sabe que seu povo tem morrido porque os homens brancos querem levar os corpos das \u00e1rvores. Tokowisa n\u00e3o tem certeza de que os brancos s\u00e3o humanos <em>jarawara<\/em>. Os homens brancos n\u00e3o temem a maldi\u00e7\u00e3o reservada aos que desrespeitam a terra <em>wami<\/em>. Os homens brancos acham que eles existem sozinhos e que as \u00e1rvores e os animais s\u00e3o desprez\u00edveis. Os homens brancos matam velhos, matam mulheres, matam homens, matam crian\u00e7as, tudo para levar o corpo das \u00e1rvores. \u201cPara que eles querem uma \u00e1rvore sem seu <em>aboni<\/em>?\u201d pergunta Tokowisa para si mesmo. \u201cSe retirar a \u00e1rvore da terra <em>wami<\/em> seu <em>aboni<\/em> vai para o c\u00e9u <em>neme<\/em>\u201d. \u201cDe que adianta ter uma \u00e1rvore sem seu <em>aboni<\/em>?\u201d, Tokowisa se pergunta quando para e descansa da viagem.<\/p>\n<p>Tokowisa para e a noite <em>yama soki<\/em> desce no c\u00e9u <em>neme<\/em>. Faz uma fogueira pequena que ilumina aquele peda\u00e7o da floresta. Yanici est\u00e1 vagando no pensamento de Tokowisa. Cansado, Tokowisa deita no ch\u00e3o da selva, com o arco, a flecha e a zarabatana ao seu lado. Tokowisa espera um sonho que indique se est\u00e1 perto ou longe da palmeira de abatosi. Fecha os olhos e espera.<\/p>\n<p>Os homens carregam o arco e a flecha. As mulheres carregam o cesto. Os homens ca\u00e7am e guerreiam. As mulheres ro\u00e7am e cuidam dos homens que guerreiam. As mulheres dan\u00e7am. Os homens dan\u00e7am. As mulheres cantam. Os homens cantam. Pintam seus corpos com as cores da terra wami. O arco e a flecha permitem aos homens capturar a ca\u00e7a e o peixe <em>aba<\/em>. O cesto \u00e9 para que as mulheres carreguem os frutos de suas ro\u00e7as. Milho <em>kimi<\/em>, mandioca <em>fowa bao<\/em>, mandioca <em>fowa basota<\/em>, mandioca <em>fowa nestona<\/em>. Os homens cuidam de suas mulheres, porque as mulheres s\u00e3o a for\u00e7a para os homens; os homens s\u00e3o a for\u00e7a para as mulheres. Tokowisa quer salvar Yanici e volta para a canoa na beira do rio <em>faha<\/em> para continuar a subir em busca da abatosi.<\/p>\n<p>Tokowisa come\u00e7a a ver um clar\u00e3o na floresta que indica que tem homens brancos retirando \u00e1rvores sem seu esp\u00edrito <em>aboni<\/em>. Lembra que muitas hist\u00f3rias tristes chegam \u00e0 aldeia e os homens se preparam para a guerra. As mulheres estocam alimentos na terra. Plantam todas as variedades de mandioca <em>fowa<\/em> e as deixam guardadas debaixo da terra para, quando chegar a guerra, alimentar seu povo.\u00a0 Os homens brancos t\u00eam madeira que cospe fogo e sangra os homens at\u00e9 a morte. Os homens da aldeia t\u00eam o arco e a flecha. T\u00eam tamb\u00e9m a zarabatana que paralisa uma on\u00e7a <em>yome<\/em> maior que um homem, com seu veneno. Os homens de sua aldeia guerreiam com os homens de outra aldeia. Tokowisa n\u00e3o teme nenhum deles. Tokowisa nasceu para ser guerreiro e participou de muitas batalhas. Sabe que nada pode passar na terra <em>wami<\/em> sem que seja vingado. Que tudo que fazemos aqui precisa ser vingado aqui mesmo.<\/p>\n<p>Tokowisa \u00e9 um homem que sobe o rio <em>faha<\/em> com sua canoa. Os guerreiros de seu povo n\u00e3o est\u00e3o ao seu lado, mas Tokowisa tem o mundo: a terra <em>wami<\/em>, a \u00e1gua <em>faha<\/em> e o c\u00e9u <em>neme<\/em>. Tokowisa pode falar com a pedra <em>yati <\/em>quando desce da canoa. Pode falar com o boto e ouvir sua resposta. Pode falar com os esp\u00edritos <em>aboni <\/em>do c\u00e9u <em>neme<\/em>. Com o esp\u00edrito <em>aboni<\/em> das \u00e1rvores. Tokowisa carrega o mundo em seu cora\u00e7\u00e3o <em>ati boti<\/em>. Yanici est\u00e1 em seu <em>ati boti<\/em>. Os seus filhos tamb\u00e9m.<\/p>\n<p>Tokowisa ouve estrondos que parecem com o som da madeira que cospe fogo dos homens brancos. Est\u00e3o matando o <em>aboni<\/em> das coisas, pensa. Tokowisa pode sentir clar\u00f5es de luz vindo do interior da floresta. Tokowisa disse para o xam\u00e3 que as \u00e1rvores tremem de medo dos homens brancos que devoram a floresta. Tokowisa pode sentir o alvoro\u00e7o na selva. Sabe que os esp\u00edritos<em> aboni<\/em> do c\u00e9u <em>neme<\/em> ser\u00e3o implac\u00e1veis em sua vingan\u00e7a para com os homens brancos.<\/p>\n<p>Passaram-se muitos dias e Tokowisa chega ao lugar que a <em>yama<\/em> do sonho lhe indicou. O sol <em>bahi<\/em> est\u00e1 no alto do c\u00e9u. Sua luz desce entre as nuvens iluminando a solit\u00e1ria palmeira de abatosi na beira do igarap\u00e9. Tokowisa toca a palmeira de abatosi e pede licen\u00e7a ao seu <em>aboni<\/em> para subir em seu corpo. Sobe a palmeira de abatosi, retira as folhas mais verdes e os frutos mais maduros. Tokowisa respira, respira, respira. Bebe a \u00e1gua <em>faha <\/em>e desce com sua canoa para continuar sua viagem.<\/p>\n<p>Chove muito, depois que Tokowisa continua a sua viagem. Ele resolve parar para que a chuva <em>faha<\/em> n\u00e3o encha sua canoa. Tokowisa, cansado, adormece. N\u00e3o sonha, embora quisesse sonhar para ter not\u00edcias de Yanici. Os<em> yawa<\/em> veem uma canoa na margem do rio <em>faha<\/em>, debaixo de uma \u00e1rvore, quando a chuva cessa. Os <em>yawa<\/em> reconhecem que ali dorme um inimigo <em>yawa<\/em>. Gritam e carregam Tokowisa para a aldeia <em>yawa<\/em> em uma das mil margens do rio <em>faha<\/em> que ele n\u00e3o conhece.<\/p>\n<p>Tokowisa est\u00e1 preso na aldeia de uma das mil margens do rio <em>faha<\/em>. Os homens que guerreiam com sua aldeia <em>tabora <\/em>agora s\u00e3o donos do seu corpo. Tokowisa n\u00e3o teme os inimigos e sabe que deve morrer como um guerreiro. N\u00e3o pode desapontar os homens de sua aldeia <em>tabora<\/em> com uma fuga da aldeia <em>yawa<\/em>. Como se os homens da aldeia <em>tabora<\/em>, sua aldeia natal, n\u00e3o fossem guerreiros para ving\u00e1-lo. Tokowisa n\u00e3o pode desapont\u00e1-los. Sabe que n\u00e3o \u00e9 maior que todos os homens juntos. Tokowisa acredita que os guerreiros da aldeia <em>tabora<\/em> ir\u00e3o salv\u00e1-lo. Tokowisa sabe que agora ser\u00e1 transformado em um inimigo<em> yawa<\/em>. Perder\u00e1 seus adere\u00e7os, seu arco, sua flecha, sua zarabatana. Perder\u00e1 as cores da sua terra <em>wami<\/em>. Ganhar\u00e1 as cores da terra <em>wami<\/em> dos <em>yawa<\/em>. Ganhar\u00e1 adere\u00e7os dos <em>yawa<\/em>. Mas o esp\u00edrito <em>aboni<\/em> de Tokowisa nunca ser\u00e1 um <em>yawa<\/em>.<\/p>\n<p>Os <em>yawa <\/em>v\u00e3o transformar Tokowisa em um deles. Depois os <em>yawa<\/em> ir\u00e3o comer seu corpo. Tokowisa partir\u00e1 para o c\u00e9u <em>neme<\/em>. Vai habitar o c\u00e9u<em> neme<\/em> e encontrar todos que j\u00e1 partiram. As \u00e1rvores mortas pelos brancos e os animais que comeu. Tokowisa viver\u00e1 em guerra no c\u00e9u <em>neme<\/em>, porque a guerra fez o homem da floresta. Tokowisa tem que levar as folhas verdes e os frutos da abatosi para resgatar o esp\u00edrito <em>aboni <\/em>de Yanici e salvar seu filho. Passaram-se muitos dias, Tokowisa precisa encontrar uma forma de levar o que o xam\u00e3 lhe pediu para reverter o feiti\u00e7o. Tokowisa n\u00e3o pode desapontar os guerreiros de sua aldeia <em>tabora<\/em>. Os guerreiros esperam que Tokowisa d\u00ea-lhes a honra de resgat\u00e1-lo, e se n\u00e3o for poss\u00edvel, a honra de vingar a sua morte, mas n\u00e3o esperam que ele escape como um <em>bato<\/em> <em>mawa<\/em>.<\/p>\n<p>Tokowisa precisa levar a abatosi para salvar Yanici. Os <em>yawa<\/em> pegaram a abatosi. Pegaram tamb\u00e9m o arco, a flecha, a zarabatana e a canoa. Tokowisa n\u00e3o tinha p\u00e9s e m\u00e3os amarrados, mas era guardado pelos guerreiros <em>yawa<\/em>. Tokowisa sente tristeza porque quer salvar Yanici.<\/p>\n<p>\u00c0 noite, Tokowisa sonha com Yanici: est\u00e1 deitada na rede e tem os olhos fechados. Yanici tem suor no corpo e d\u00e1 a luz a um caititu <em>kobaya<\/em>. Yanici fica feliz com seu caititu-filho. Mas de seu corpo desce um rio de sangue <em>ama<\/em>. Tokowisa desperta com o pio do ara\u00e7ari-de-bico-branco <em>howaraka<\/em>. O ara\u00e7ari <em>howaraka<\/em> est\u00e1 muito perto e \u00e9 noite <em>yama soki<\/em>. Os <em>yawa<\/em> dormem. Tokowisa some. O ara\u00e7ari <em>howaraka<\/em> que viu na vida n\u00e3o \u00e9 branco, mas o ara\u00e7ari <em>howaraka<\/em> que pousa e olha para Tokowisa \u00e9 branco e tem os olhos vermelhos como a <em>yama<\/em>. Tokowisa aparece com o arco, a flecha, a zarabatana, as folhas verdes e os frutos da abatosi. Tokowisa leva tudo para a sua canoa, repousada em uma das mil margens do rio<em> faha<\/em>, e o ara\u00e7ari <em>howaraka<\/em> branco e de olhos vermelhos o observa. Tokowisa o chama e levanta o bra\u00e7o. O ara\u00e7ari <em>howaraka<\/em> pousa em seu bra\u00e7o. Os <em>yawa<\/em> dormem como que enfeiti\u00e7ados pelo <em>yama<\/em> que \u00e9 o ara\u00e7ari <em>howaraka<\/em>. Tokowisa coloca tudo na canoa e sente vontade de partir. Tokowisa leva o ara\u00e7ari <em>howaraka<\/em> para a canoa, ele voa e pousa s\u00f3. Tokowisa sente o cheiro da <em>yama<\/em> que \u00e9 o ara\u00e7ari <em>howaraka<\/em>. Empurra a canoa para que ela possa descer o rio <em>faha<\/em> e dorme.<\/p>\n<p>A canoa chega at\u00e9 o igarap\u00e9 nas margens onde fica a casa <em>yobe <\/em>de Tokowisa e Yanici. A filha de Tokowisa, Neme, desce at\u00e9 a margem porque reconhece a canoa do pai. Neme grita por pai <em>abi<\/em> e os homens e as mulheres da aldeia <em>tabora<\/em> descem ao seu encontro. Os homens recolhem o arco, a flecha e a zarabatana da canoa para que Neme n\u00e3o precise tocar e trazer m\u00e1 sorte para seu pai <em>abi<\/em>. Os homens recolhem as folhas e os frutos da palmeira abatosi. Neme pede que levem tudo at\u00e9 o xam\u00e3, para que ele possa curar sua m\u00e3e. Neme n\u00e3o conta para Yanici que Tokowisa n\u00e3o veio na canoa.<\/p>\n<p>O xam\u00e3 macera as folhas e queima parte delas at\u00e9 que se transformem em cinzas. O xam\u00e3 cobre o rosto de Yanici de cinzas e a faz beber parte das folhas misturadas ao sumo dos frutos. Fala ent\u00e3o palavras sagradas, invoca os deuses do c\u00e9u <em>neme<\/em>, invoca o esp\u00edrito <em>aboni <\/em>de Tokowisa. O xam\u00e3 tem seus olhos voltados para o sagrado e sente que Tokowisa vive, que o seu esp\u00edrito <em>aboni <\/em>n\u00e3o est\u00e1 no c\u00e9u <em>neme<\/em>. Os homens da aldeia <em>tabora <\/em>se dividem: uns vestem-se para a guerra e sobem o rio faha. Rio acima, <em>nakani<\/em>. Rio abaixo, <em>bato<\/em>. Outros continuam na aldeia <em>tabora<\/em> para defender as mulheres, as crian\u00e7as e os velhos.<\/p>\n<p>Passam-se duas noites, dois dias, e Yanici se liberta dos <em>inamati bote<\/em> e recupera sua for\u00e7a. Desce \u00e0 beira do igarap\u00e9, porque a hora do filho nascer se aproxima. Yanici contempla a canoa parada na beira da \u00e1gua <em>faha<\/em>. Canta porque sente saudade de Tokowisa. Canta tamb\u00e9m porque o filho de Tokowisa ir\u00e1 nascer. Se Tokowisa regressar, encontrar\u00e1 seu filho bebendo leite do seio de Yanici.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sol <em>bahi <\/em>creci\u00f3 en el cielo <em>neme <\/em>con mucha luz. Ahora es hora de partir. Tokowisa se pinta para entrar en la selva. 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