{"id":3323,"date":"2019-11-13T17:19:50","date_gmt":"2019-11-13T23:19:50","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/11\/horse-necromancer-part-1-carlos-velazquez\/"},"modified":"2024-04-30T03:39:06","modified_gmt":"2024-04-30T09:39:06","slug":"horse-necromancer-part-1-carlos-velazquez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/11\/horse-necromancer-part-1-carlos-velazquez\/","title":{"rendered":"&#8220;El resucitador de caballos&#8221; (Primera parte) de Carlos Vel\u00e1zquez"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Es el fantasma de un caballo, susurr\u00f3 Imabelle.<\/p>\n<p>Ed se aferr\u00f3 a la escopeta y se asom\u00f3 por la ventana. El camino estaba desierto. Pero el galope persist\u00eda.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Ser\u00e1n unos parejeros.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">\u00bfA estas horas?<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Nunca faltan los borrachos envalentonados.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Es un caballo fantasma, insisti\u00f3 su mujer.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Malditas gentes sin quehacer, rezong\u00f3 Ed.<\/p>\n<p>Se recost\u00f3 con la escopeta sobre el pecho. Se resist\u00eda a apegarse a las historias que se rumiaban en el pueblo. Un indio, Mr. Mojo Risin, ten\u00eda el don de resucitar a los caballos. Y tal ejercer propiciaba toda clase de apariciones.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Puritita supercher\u00eda, pronunci\u00f3 Ed.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Du\u00e9rmete, le aconsej\u00f3 la mujer.<\/p>\n<p>El galope se percibi\u00f3 con m\u00e1s \u00edmpetu. Ed abri\u00f3 la puerta confiado en que volar\u00eda de un tiro el sombrero del jinete. Pero afuera de su propiedad no se avistaba bestia alguna. El camino estaba vac\u00edo. Se ech\u00f3 sobre la cama contrariado. Debi\u00f3 mirar al animal. Sin importar lo r\u00e1pido que corriera. Y el galope continuaba sin cesar.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">No creo en los esp\u00edritus, rumi\u00f3. Y se qued\u00f3 dormido abrazado a la escopeta.<\/p>\n<p>Ed se acod\u00f3 en la barra y reclam\u00f3 un whisky. Por el espejo encima de la fila de botellas descubri\u00f3 a Mr. Mojo Risin sentado solo en una mesa. Le costaba creer que aquel indio aficionado a la bebida ostentara poderes. Se presum\u00eda que tambi\u00e9n era curandero. Pero la fama de Mr. Mojo Risin se deb\u00eda sobre todo a su manera de beber. Trabajaba en el rancho de Augusto Robles como cuidador de caballos. Y todos los d\u00edas, al terminar su jornada, ocupaba el mismo sitio en la cantina y se congraciaba a emborracharse. Era un indio solitario. No viv\u00eda en el pueblo. Ocupaba una choza pasando la ca\u00f1ada. Ed y Mr. Mojo Risin se hab\u00edan topado en dos o tres ocasiones y no se hab\u00edan obsequiado ni siquiera un saludo.<\/p>\n<p>Mr. Mojo Risin era c\u00e9lebre como domador de caballos salvajes. Se aseveraba que era capaz de hablar con ellos. Ed se prometi\u00f3 a s\u00ed mismo que siempre prescindir\u00eda de sus servicios. Sab\u00eda que la comunicaci\u00f3n m\u00e1s eficiente con un caballo eran el fuete y la rienda.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Eh, Pedro, consult\u00f3 Ed al cantinero, \u00bfes cierto lo que se hablantea sobre el indio ese? Porque a m\u00ed se me afigura que su \u00fanico talento es depurar botellas.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">D\u00e9jalo en paz, respondi\u00f3 Pedro. Y coloc\u00f3 un whisky frente a Ed. Es mi mejor cliente.<\/p>\n<p>Mientras saboreaba su trago, Ed decidi\u00f3 que montar\u00eda una guardia afuera de su finca. Dos peones que vigilaran el camino.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Voy a atrapar a esos condenados parejeros.<\/p>\n<p>Al salir de la cantina se cruz\u00f3 con la mirada del indio. Sus ojos eran completamente cristalinos. Como dos canicas de agua. Sin iris, pues.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">\u00bfHas tra\u00eddo la tarta?, pregunt\u00f3 Imabelle al ver a Ed entrar por la cocina.<\/p>\n<p>Era el cumplea\u00f1os de su hija Clarita.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Claro, mujer.<\/p>\n<p>La deposit\u00f3 en la mesa del comedor y colg\u00f3 el sombrero en el perchero.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Me cruc\u00e9 con el indio dizque brujo en la cantina, dijo. Ni vuela ni se transforma en coyote ni revive caballos. S\u00f3lo es un ebrio.<\/p>\n<p>Imabelle le orden\u00f3 lavarse las manos.<\/p>\n<p>Pues en el pueblo aseguran que es milagroso, coment\u00f3 mientras pon\u00eda la mesa. La pobre de Hilda no consigui\u00f3 embarazarse en dos a\u00f1os de matrimonio. El marido la devolvi\u00f3 a casa de sus padres con la demanda de que estaba defectuosa. Hilda acudi\u00f3 a una consulta con Mr. Mojo Risin. Y su marido por fin consigui\u00f3 pre\u00f1arla.<\/p>\n<p>Ed solt\u00f3 una carcajada.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Ah qu\u00e9 Mr. Mojo Risin, hasta padre va a resultar, como el mismito esp\u00edritu santo<\/p>\n<p>Imabelle sac\u00f3 el pastel de carne del horno.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">El galope no es el alma de ning\u00fan animal, continu\u00f3 Ed. Son unos parejeros. O un jinete solitario. Voy a acabar con el desgraciado galope esta noche. Voy a ubicar a dos peones como guardia.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Es el cumplea\u00f1os de tu hija, Ed, sentenci\u00f3 Imabelle. Aparta esa obsesi\u00f3n para otro tiempo. Se va a enfriar la cena.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">No tardo, rebel\u00f3 Ed. Tengo derecho a dormir con tranquilidad. Le pondr\u00e9 fin para que atestig\u00fces que el caballo fantasma es invento de la gente.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 de la casa y apost\u00f3 a dos peones en el camino con la orden de enca\u00f1onar a todo el que pasara por ah\u00ed.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Si se me quedan dormidos les voy a descontar una jornada, amenaz\u00f3 Ed. Pero si lo capturan, los voy a premiar con una mula de carga a cada uno.<\/p>\n<p>Era la clase de hombre que todo lo quiere emparejar con bestias.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Ahora tienes quince a\u00f1os, hija, dijo Ed al final de la cena. Ya cuentas con edad de poseer tu propio caballo. De responder por su cuidado. En unos d\u00edas asistir\u00e9 a la feria en la rancher\u00eda de Jal y elegir\u00e9 un animal para ti. Eres mi \u00fanica descendencia. Alg\u00fan d\u00eda este rancho ser\u00e1 tuyo. Y tendr\u00e1s que aprender a administrarlo.<\/p>\n<p>Clarita era una jinete experimentada. Pero no ten\u00eda caballo propio. Uno para que s\u00f3lo ella montara.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Gracias, pap\u00e1, dijo y le bes\u00f3 la mejilla.<\/p>\n<p>Ed le hab\u00eda inculcado el amor a los caballos. La emoci\u00f3n mantuvo despierta a Clarita hasta la madrugada. As\u00ed como otros contabilizan ovejas, ella sum\u00f3 caballos hasta quedarse dormida.<\/p>\n<p>Tampoco Ed consegu\u00eda dormir, le rechinaban los nervios. Ansiaba solucionar de una vez por todas el misterio del caballo fantasma. Pero aquella noche el galope no acudi\u00f3. Tanto silencio lo desesper\u00f3. Carg\u00f3 la escopeta y se meti\u00f3 unos cartuchos entre los dientes. Sali\u00f3 a supervisar a los peones y los descubri\u00f3 dormidos.<\/p>\n<p>Revendedores de toda la regi\u00f3n gravitaban en el vest\u00edbulo del hotel. Ed procuraba apalabrar al mejor animal de toda la muestra. Hab\u00eda ahorrado durante tres estaciones. Portaba capital suficiente para respingar cualquier puja. Identific\u00f3 a Mr. Mojo Risin con un cigarro entre los dedos. Asist\u00eda en calidad de or\u00e1culo. Augusto no compraba caballos sin la aprobaci\u00f3n del indio.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Ed, salud\u00f3 Augusto. \u00bfVienes solo?<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">S\u00ed, respondi\u00f3 Ed. Para economizar. Los gastos de un acompa\u00f1ante prefiero invertirlos en adquisiciones.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Ah qu\u00e9 Ed, olvidaba que tu vida son los caballos, sonri\u00f3 Augusto. Te invito a cenar, para que no inviertas en mundanidades como los alimentos.<\/p>\n<p>Ed se sinti\u00f3 tentado a aceptar. Pero la posibilidad de departir con el indio lo perturb\u00f3.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Gracias, Augusto, pero reviento de cansancio. Los viajes me estropean el apetito. Malvada edad.<\/p>\n<p>Se registr\u00f3 en una habitaci\u00f3n con balc\u00f3n de la segunda planta. Subi\u00f3 las escaleras con las tripas protest\u00e1ndole. Medit\u00f3 lo torpe de sus palabras. Estropear el apetito. La presencia de Mr. Mojo Risin lo pon\u00eda de mal humor. C\u00f3mo permit\u00eda Augusto que un indio lo asesorara. De qu\u00e9 le constaba entonces haberse atribuido toda una vida al negocio de los caballos. Esper\u00f3 dos horas y baj\u00f3 a cenar. El restaurante estaba vac\u00edo, con excepci\u00f3n del indio que beb\u00eda en una mesa al fondo. Ed no se intimid\u00f3. Le molestaba por su supuesta chamaner\u00eda, pero no le inspiraba temor. Cen\u00f3 con serenidad. Se pidi\u00f3 un par de digestivos y se fue a su habitaci\u00f3n. El indio se qued\u00f3 bebiendo en el restaurante.<\/p>\n<p>Lo despert\u00f3 el galope. Se asom\u00f3 al balc\u00f3n y no avist\u00f3 caballos en carrera. Maldijo por no haber viajado con la escopeta. Se visti\u00f3 aprisa. Sali\u00f3 del hotel. Pero se top\u00f3 con pura noche.<\/p>\n<p>Por muy negro azabache que sea un animal, se dijo, no hay oscuridad que lo ampare.<\/p>\n<p>Regres\u00f3 a su habitaci\u00f3n y el galope reanud\u00f3. En la recepci\u00f3n tante\u00f3 por el cuarto de Augusto Robles. Subi\u00f3 hasta la tercera planta y toc\u00f3 la puerta.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">C\u00f3mo puedes dormir con ese relajo, pregunt\u00f3 Ed.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">A qu\u00e9 te refieres, dijo Augusto.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Pos al galope.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Cu\u00e1l, yo no he o\u00eddo ni uno.<\/p>\n<p>Ed observ\u00f3 al indio al fondo. Tirado encima de un petate.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">\u00bfTienes una pistola que me prestes?<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Para qu\u00e9 la quieres.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Puedes \u00bfo no?<\/p>\n<p>Augusto le entreg\u00f3 el arma a Ed. El galope no desaparec\u00eda. Pero Ed se apacigu\u00f3. Se qued\u00f3 dormido con la mano empu\u00f1ando el revolver que descansaba sobre la c\u00f3moda.<\/p>\n<p>Cada a\u00f1o Ed se apersonaba en la feria de Jal. Y aunque lo m\u00e1s comprobable es que Mr. Mojo Risin tambi\u00e9n hubiera acudido, nunca se hab\u00eda cruzado con el indio. El convivio era para la compra y venta de animales. Sin embargo, se organizaba una carrera para desestimar argucias de especuladores. Ed estaba persuadido de que el galope nocturno acataba a una parejera clandestina. La sanci\u00f3n, si te atrapaban parejeando, era la expulsi\u00f3n de la puja.<\/p>\n<p>Pero a los apostadores no los mete en cintura ni el diablo, se dijo Ed. \u00bfO fue el indio, que me enmendaba una broma? Desintim\u00f3 esta teor\u00eda. Al indio en qu\u00e9 le afectaba Ed. \u00bfEl galope va a perseguirme eternamente?, se cuestion\u00f3. \u00bfConsistir\u00e1 en eso el amor a los caballos?<\/p>\n<p>Ed no apostaba. Se congregaba en las carreras s\u00f3lo por entrometido. Los caballos incumben varias ciencias. De crianza, de reproducci\u00f3n. Y la ludopat\u00eda. \u00c9sta \u00faltima contiene ramificaciones. El animal puede ganar una carrera por trasunto matem\u00e1tico. Debido a unas corazonadas. O por simple misterio. Para maniobrar tanta tecnolog\u00eda hace falta dedicarle la vida entera. Y los vicios de Ed obedec\u00edan a otras conjuras. Pero observar a los caballos temblar de carrera no es indiferente a nadie.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">El caballo es el animal m\u00e1s bello del planeta, aseguraba Ed.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Un hombre avezado en cuacos deber\u00eda apostar, se aproxim\u00f3 Augusto a recomendar.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Uno de caballos nunca sabe lo suficiente, contradijo Ed. Aunque se convierta en abuelo montando.<\/p>\n<p>Sus palabras lo contradec\u00edan. Y se arrepinti\u00f3 del comentario. Pero no hizo nada por enmendarlo. Le otorgaba la raz\u00f3n a Augusto. El dogmatismo del indio entonces era necesario.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Existir\u00e1 el d\u00eda en que el hombre sepa absolutamente todo sobre el caballo, dijo Ed. Y le pareci\u00f3 que si exist\u00eda la gloria, era esa. Un espacio donde el alma del hombre y el alma del caballo coexistieran como iguales.<\/p>\n<p>Se escuch\u00f3 el grito \u00a1Que comiencen las apuestas! Mr. Mojo Risin susurr\u00f3 a Augusto su predilecci\u00f3n. El favorito era el azabache. Era el invicto. Pero el indio recomend\u00f3 al tordillo. Que pagaba 7 a 1. Montado sobre la raya de cal, el pe\u00f3n agit\u00f3 un pa\u00f1uelo nejo y las bestias salieron disparadas. Y con ellas un removimiento de tripas general, gritos, sombrerazos, carcajadas que abultaban panzas y ayayayayays de la concurrencia. El tordillo gan\u00f3 por un cuerpo. La extra\u00f1eza mordisc\u00f3 a la rancherada. C\u00f3mo una magn\u00edfica bestia hab\u00eda perdido contra un tordillo masudo.<\/p>\n<p>Consumado el jolgorio inici\u00f3 el comercio. Caballo que ofertaban, caballo al que Ed le angulaba defecto. O se lo inventaba. As\u00ed aconteci\u00f3 la ma\u00f1ana, desair\u00f3 cuanto ejemplar daba pase\u00edllo.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">A veces escoger una bestia para tu hija es m\u00e1s duro que elegir una para ti, apreci\u00f3 Ed.<\/p>\n<p>Recordaba con cari\u00f1o su primer caballo, a los catorce a\u00f1os. Era un paso importante en la vida.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Si una mujer escoge un mal marido llevar\u00e1 una vida desgraciada, dec\u00eda Ed. Lo mismo ocurre con los caballos.<\/p>\n<p>Y lo \u00faltimo que deseaba era el sufrimiento de su hija. Que una bestia malhumorada le agriara su relaci\u00f3n con los equinos de por vida. A la una de la tarde se instaur\u00f3 una pausa para comer. Ed decidi\u00f3 que regresar\u00eda a casa.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Me largo, dijo a la recepcionista. Ni un animal me provoca aprecio.<\/p>\n<p>Un vendedor que se registraba en ese momento lo escuch\u00f3.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Perdone, no pude evitar parar oreja. No puede marcharse sin catar mis ejemplares. Qu\u00e9dese, a las cuatro de la tarde exhibir\u00e9 mis animales.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de comer, Ed subi\u00f3 a echar una siesta. No pod\u00eda retornar sin una bestia. Clarita reclamar\u00eda su regalo. Rememor\u00f3 la tarde en que a los diez a\u00f1os se neg\u00f3 a montarse en el pony.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Tr\u00e9pate en Nalg\u00f3n, le indic\u00f3 Ed.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">No, respondi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Por qu\u00e9.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Mi caballo est\u00e1 chaparro.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Fran, orden\u00f3 a uno de los peones, j\u00e1late la yegua vieja. Me encimas a la ni\u00f1a y la amarras a la silla.<\/p>\n<p>Desde aquel d\u00eda Clarita renunci\u00f3 a conducirse en pony.<\/p>\n<p>A las cuatro de la tarde se reanud\u00f3 la puja. El desfile de animales no cautivaba a Ed. Hasta que una yegua lo hizo ponerse de pie. Todos los caballos a la venta ten\u00edan un nombre, menos el que le hab\u00eda engordado el ojo. Era una alazana de hermosura sobrenatural. Con tan solo verla desplazarse, Ed supo que era la compa\u00f1\u00eda perfecta para su hija. No se produjo una puja re\u00f1ida. S\u00f3lo otro demand\u00f3 por el precio de la bestia, pero en cuanto Ed subi\u00f3 la cifra se retir\u00f3. Un pe\u00f3n mont\u00f3 la yegua. Era mansa como un algod\u00f3n de az\u00facar. El jinete flotaba sobre el lomo. El corral por donde trotaba parec\u00eda una extensi\u00f3n del cielo.<\/p>\n<p>Augusto y el indio se acercaron a Ed.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">No adquieras ese caballo, urgi\u00f3 Augusto.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Qu\u00e9, replic\u00f3 Ed. M\u00edrala.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Mr. Mojo Risin dice que es de mala suerte comprar un caballo sin nombre.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">No digas tonter\u00edas, Augusto.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">No son tonter\u00edas, Ed.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">No creo en supersticiones.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">No compres ese animal, dijo Augusto, y sujet\u00f3 a Ed por el brazo.<\/p>\n<p>Ed se zaf\u00f3 de la mano de Augusto de un tir\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Voy a pagar por este ejemplar, dijo y se alej\u00f3.<\/p>\n<p>Augusto corri\u00f3 hasta alcanzarlo.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Ed, recapacita.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Augusto, no entiendo por qu\u00e9 te dejas influir de tal manera por un indio.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">No lleves esa yegua a tu casa, Ed.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Nada va a impedir que me haga con el animal.<\/p>\n<p style=\"margin-left: .5in;\">Bien. Prom\u00e9teme una cosa, Ed. Prom\u00e9teme que lo bautizar\u00e1s. Que le endilgar\u00e1s un nombre antes de que llegue a tu rancho. \u00bfLo prometes?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin-left: 0.5in; text-align: right;\">Nota del editor: La segunda y \u00faltima parte de &#8220;El resucitador de caballos&#8221; ser\u00e1 publicada\u00a0en\u00a0<em>Latin American Literature Today<\/em>\u00a0Nro. 13 en febrero de 2020<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ed se aferr\u00f3 a la escopeta y se asom\u00f3 por la ventana. El camino estaba desierto. 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