{"id":3319,"date":"2019-11-13T16:39:47","date_gmt":"2019-11-13T22:39:47","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/11\/notes-marguerite-nestor-mendoza\/"},"modified":"2023-06-06T06:44:59","modified_gmt":"2023-06-06T12:44:59","slug":"notes-marguerite-nestor-mendoza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/11\/notes-marguerite-nestor-mendoza\/","title":{"rendered":"&#8220;Apuntes para Marguerite&#8221; de N\u00e9stor Mendoza"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p>I<\/p>\n<p>\u201cA partir del momento en que estaba muerto, \u00e9l, el hermano peque\u00f1o, todo deb\u00eda morir despu\u00e9s\u201d. La frase plantea varios nudos, dos o tres personajes; la muerte pr\u00f3xima de uno de ellos, la de un hermano menor; pero, ante todo, una historia previa y una historia posterior, ambas tr\u00e1gicas. La frase es de una autora que escribe en franc\u00e9s. La frase es de una autora nacida en Vietnam, Marguerite Duras. La ha destacado con l\u00e1piz. Ya no lo hace con bol\u00edgrafo. Lo han convencido de que eso violenta el papel. Que no se hace. Que se debe respetar el derecho del otro (del otro lector), de la lectura virginal del texto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Se levanta temprano y disfruta del aislamiento del primer caf\u00e9.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed las ma\u00f1anas y las noches son fr\u00edas, parece como si la casa no tuviese techo. De hecho, no lo tiene o parece no tenerlo: lo que parece ser un tragaluz, en el peque\u00f1o patio, podr\u00eda serlo o ser simplemente la consecuencia improvisada para arrendar lo m\u00e1s pronto posible esta casa. No finaliza casi nunca el fr\u00edo. Desde los costados. Desde abajo. Un humo fr\u00edo, otro inquilino. Est\u00e1 en un barrio muy alto de la ciudad. Barrio La R., le dicen.<\/p>\n<p>Es una casa peque\u00f1a, rectangular.<\/p>\n<p>Viven dos personas con \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00c9l es el esposo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hay una esposa y una suegra.<\/p>\n<p>No hay animales, salvo los que se encuentran fuera de la casa, los de los vecinos. Como aquel gato lanudo que se acerc\u00f3 anoche y que \u00e9l pudo acariciar varias veces antes de cerrarle lentamente la puerta. Hay muchos perros en la calle y amos que dejan los residuos corporales de esos perros en la grama, desechos muy apropiados para que los transe\u00fantes los pisen o los esquiven. Para que se la pasen mirando al piso.<\/p>\n<p>Intenta retener el sabor del caf\u00e9. Ese amargo que va extrayendo de la boca mientras produce m\u00e1s saliva. Debe ir por m\u00e1s caf\u00e9. Har\u00e1 el desayuno. Algo sencillo: lo que se pueda cocinar r\u00e1pido. Lo que ensucie menos. Lo que se digiera m\u00e1s r\u00e1pido pero no tanto como para que le produzca un hambre anticipada. Va y enciende la hornilla. Regresa a la computadora para seguir escribiendo. Ya se encarg\u00f3 de levantar a la esposa. El fuego de la cocina es uniforme: una casi perfecta alternancia de los colores habituales de la llama.<\/p>\n<p>Esta nueva casa no es como la anterior. A decir verdad, la otra no era una casa, sino dos piezas conectadas por la ausencia de una puerta. All\u00ed vivieron los tres desde octubre. Pasaron nueve meses para cambiar de domicilio. Esta nueva casa est\u00e1 incrustada en la parte baja de una loma. Hay dos hileras de fachadas, separadas por un canal verde de pasto. Los vecinos han ido ubicando peque\u00f1os \u00e1rboles y sembrado algunas flores rodeadas de cauchos multicolores. La casa, por su ubicaci\u00f3n, a\u00edsla el ruido externo. No totalmente, pero s\u00ed lo suficiente para convertir los ruidos en sonidos tolerables: lejanas conversaciones, pasos frente a la puerta o el rugido tenue de un motor. Alguien tose y tambi\u00e9n cuenta como ruido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>La portada de aquella novela de Duras, la de la frase inquietante sobre el hermano muerto (<em>El amante<\/em>), tiene la provocadora imagen de una mujer recostada sobre una almohada con flores sencillas, caricaturizadas. Son como flores de un Oriente colonizado. Esa mujer mira hacia al frente, hacia \u00e9l (hacia m\u00ed, quiero entenderlo as\u00ed), hacia todos los que la ven. Hacia todos los que toman el libro. Tambi\u00e9n sus senos miran a quienes toman el libro. El seno derecho, m\u00e1s concretamente, el pez\u00f3n derecho de aquella mujer de cabello medianamente largo o medianamente corto. La cubierta es de un tal Jos\u00e9 Ruiz. \u00bfJos\u00e9 Ruiz tom\u00f3 la foto? \u00bfQui\u00e9n es la modelo? \u00bfD\u00f3nde?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Aqu\u00ed las casas van creciendo hacia arriba.<\/p>\n<p>Parecen edificios peque\u00f1os, pero no lo son.<\/p>\n<p>Son casas sobre otras casas.<\/p>\n<p>Hay tanta altura. Se ve casi toda la ciudad. De d\u00eda, ciertamente, sorprende la vastedad de techos rodeados de monta\u00f1a. Es un gran valle, uno gigante. Alguien ha dicho que es una meseta (un amigo suyo, a modo de broma, dijo que a Bogot\u00e1 no se sube sino que se escala). Pero de noche el espect\u00e1culo es mayor si se mira sin prejuicios: todo alumbrado de peque\u00f1as luces de casas humildes sin frisar que rivalizan con otros edificios m\u00e1s ostentosos.<\/p>\n<p>Un enorme lienzo de luces.<\/p>\n<p>La esposa se levanta para continuar con el desayuno. Huevos con chorizo campesino. Arepas. \u00c9l debe hacer m\u00e1s caf\u00e9 para los dos.<\/p>\n<p>La casa est\u00e1 pegada de otra casa, pero son dos lugares independientes. Los une una pared y las conversaciones algo acaloradas de los vecinos. Es una misma casa si se mira desde fuera. Aqu\u00ed dicen que son casas diferentes, pero parecen la misma casa.<\/p>\n<p>\u00c9l duerme siempre con dos medias, un pantal\u00f3n deportivo. Esto hace desde que lleg\u00f3 a la ciudad fr\u00eda, de climas alterados. Ahora, en esta nueva casa, debe dormir con su\u00e9ter y guantes.<\/p>\n<p>Ella la mayor\u00eda de las veces tiene fr\u00edo. La suegra siempre tiene fr\u00edo. Ahora los tres comparten el fr\u00edo.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s democr\u00e1tico el padecimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>En internet se hallan varias fotos de Marguerite. Llama la atenci\u00f3n una: la m\u00e1s joven. Mira en blanco y negro y se piensa en su novela <em>El amante<\/em>. Se podr\u00eda incluso intuir esa blancura de quince a\u00f1os que la autora describe. Lo hace tantas veces que la blancura trasciende la prosa y adquiere la textura de una dermis m\u00e1s dada a las caricias que a la recreaci\u00f3n escritural.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>El hermano de la primera frase, la del primer p\u00e1rrafo, tiene 27 veintisiete a\u00f1os cuando fallece. No es el mayor. La hermana lo describe y solo existe cuando toma cuerpo en la escritura de su hermana. La mam\u00e1 no le permiti\u00f3 crecer. Complejo de Peter Pan, dicen. Ella sufri\u00f3 por \u00e9l. Se trag\u00f3 todo el sufrimiento de su hijo en peque\u00f1os bocados de dominaci\u00f3n maternal. Pudo haber crecido, pero no lo dejaron. De all\u00ed el lamento de su hermana. Esta frase, la del hijo muerto, le parece conveniente para recrear un di\u00e1logo con el mismo nombre o con otro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>El cuerpo joven de Marguerite termin\u00f3 de aparecer aquella noche junto al mercader. No se hab\u00eda despojado completamente de su cuerpo de ni\u00f1a: algo quedaba. Poco a poco, menos cris\u00e1lida y m\u00e1s alas de mariposa. Algunos lo llaman desinhibici\u00f3n. M\u00e1s bien apareci\u00f3 otra figura, igual de estrecha pero m\u00e1s \u00e1gil. Alternancia de cuerpos, el mismo cuerpo de Marguerite que intentaba huir y otro que se quedaba quieto y empezaba a moverse en las manos del hombre. Parec\u00eda una contemplaci\u00f3n mutua y confusa, como si acabaran de hallar las proporciones humanas en viejos manuales de anatom\u00eda o en los bosquejos de Vitruvio. Se tradujo, al principio, en caricias focalizadas y lentas. Luego devino en la progresiva aceleraci\u00f3n y agotamiento. El sudor se fue secando en esa misma uni\u00f3n. \u00c9l tiene doce a\u00f1os m\u00e1s que ella. La sobrepasa en status y prejuicios, pero no en soltura corporal. Habla franc\u00e9s con acento parisino ligeramente forzado, habla de dinero con una desenvoltura sincera. No hay di\u00e1logos expl\u00edcitos entre ellos. Por lo general, \u00e9l habla poco y ella no intenta reanudar explicaciones. Una vez vestidos, la lleva a casa y, al llegar, no se bajar\u00e1 de la limusina. Su madre la ver\u00e1 descender desde la ventana de la cocina y no le dir\u00e1 nada, al menos no desde el acostumbrado serm\u00f3n encubierto de los desayunos. El desayuno es la oportunidad del encuentro entre ambas y la mudez del hermano. Entre el silencio del hermano Ricardo y las frases escuetas de la madre y de la hija.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEres t\u00fa, Ricardo? \u2014se demora unos segundos en responder que s\u00ed. La madre lo mira desde el borde de la cocina que sirve a la vez de mesa y de barra. Hace la misma pregunta porque Marguerite y \u00e9l tienen casi la misma edad y casi el mismo peso. Los dos hablan poco (o no los dejan hablar mucho). La delgadez iguala sus pisadas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 quieres desayunar? \u2014reitera la madre como mera pregunta ret\u00f3rica, pues sabe que el hijo dir\u00e1 que s\u00ed a todo el men\u00fa matutino, al que est\u00e1 ya casi listo sobre la barra-mesa de la cocina. Es, b\u00e1sicamente, el mismo plato reinventado cada ma\u00f1ana con la ausencia o presencia de algunos vegetales.<\/p>\n<p>Ricardo es el hermano m\u00e1s cercano a Marguerite. No hablan mucho entre s\u00ed, pero son tan cercanos que saben calcular las omisiones.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY tu hermana sigue dormida?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, a\u00fan duerme. Se acost\u00f3 tarde anoche. \u2014Ricardo sabe que no duerme y aun as\u00ed responde afirmativamente. Marguerite est\u00e1 en la cama, pero no duerme. Extiende el insomnio mirando hacia el techo. Por lo general ella gasta algunos minutos mirando hacia el techo. Quiere esquivar el contacto cara a cara en la cocina. Sabe que la madre no cocina para ambos, aunque en la mesa-barra haya dos platos. La madre cocina para dos y mientras gira de un lado a otro la tortilla, en su mente solo hay un hijo y un plato.<\/p>\n<p>Marguerite baja lentamente las escaleras para retardar el desayuno.<\/p>\n<p>\u2014Tu hermano siempre se levanta primero que t\u00fa. Deber\u00edas aprender de \u00e9l \u2014dice la madre.<\/p>\n<p>\u2014Pues yo no soy \u00e9l.<\/p>\n<p>Marguerite, ahora mismo, tiene un poco m\u00e1s de quince a\u00f1os. Est\u00e1n en Saig\u00f3n por las decisiones de su mam\u00e1 de planificar la infelicidad familiar. Marguerite, como reacci\u00f3n a las preguntas inc\u00f3modas, apela a frases cortas, directas, para afirmar o negar. Esa ha sido la constante entre ellas.<\/p>\n<p>\u2014Hoy tambi\u00e9n llegar\u00e1s tarde, me supongo \u2014dice la madre.<\/p>\n<p>\u2014Supones bien.<\/p>\n<p>El desayuno es un tr\u00e1mite t\u00e1cito para fingir dentro de casa. Es la otra cara de la moneda en el ejercicio social de las apariencias.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHoy vendr\u00e1s nuevamente con el comerciante?<\/p>\n<p>Marguerite no contesta. El silencio es afirmativo.<\/p>\n<p>Esto podr\u00eda ser un di\u00e1logo triangular, pero casi nunca lo es. Ricardo es un espectador. Ya casi ha terminado su tortilla (s\u00f3lo un par de bocados m\u00e1s) y los cubiertos de Marguerite siguen paralelos alrededor del plato.<\/p>\n<p>\u2014Te vieron llegar con un chino mucho mayor que t\u00fa.<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9 de qu\u00e9 hablas.<\/p>\n<p>\u2014Por eso llegas tarde de la escuela, \u00bfverdad?<\/p>\n<p>Las preguntas consecutivas desconciertan m\u00e1s a la madre que a Marguerite. M\u00e1s bien se extra\u00f1a de que ella se atreva a romper la l\u00ednea delgada que divide el interrogatorio materno y el mon\u00f3logo escueto de los desayunos.<\/p>\n<p>\u2014Trata de llegar m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano, o que te deje al otro lado de la calle. Puedes incomodar a los vecinos \u2014esa es la respuesta de la madre, involucrando a terceras personas para que la reprimenda sea indirecta, como si quisiera arrastrar la verg\u00fcenza hacia el patio de los vecinos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>Qu\u00e9 fr\u00edo tan tremendo. No s\u00e9 en qu\u00e9 estaba pensando. \u00bfAcaso no era l\u00f3gico creer que, mientras m\u00e1s cerca de la monta\u00f1a, en esa misma medida, el fr\u00edo aumenta? Y pensar que iba a deshacerse de aquel gab\u00e1n negro que usaba mientras trabaj\u00f3 de portero en el bar, cuando reci\u00e9n llegaba a la ciudad del fr\u00edo, hace ya m\u00e1s de un a\u00f1o. Ahora lo utiliza para dormir. A pesar de su grosor, parece no surtir ning\u00fan efecto para las bajas temperaturas de la noche en el barrio La R. No quiere ir a trabajar; est\u00e1 algo cansado por la larga y lluviosa caminata de ayer, de regreso del concierto gratuito, y por el retraso ya prolongado de un pago pendiente. La esposa y la suegra duermen.<\/p>\n<p>No se escucha casi nada afuera.<\/p>\n<p>La nevera retoma su ruido que se\u00f1ala el enfriamiento.<\/p>\n<p>Regresa del trabajo. Las rodillas duelen. Tiene que acostumbrarse a descender en las ma\u00f1anas. Cometi\u00f3 una locura, hace algunas noches: subi\u00f3 a ritmo acelerado la cuesta hasta la casa. Era de noche, hab\u00eda bebido y crey\u00f3 que podr\u00eda hacerlo sin problemas. A\u00fan le duele el pecho y contin\u00faa una ligera taquicardia a pesar de los d\u00edas. Tiene que acostumbrarse al nuevo espacio. De alguna forma (esto sucede poco a poco) debe familiarizarse con las personas y sus h\u00e1bitos. Ese es el resultado de la mudanza. Y lo m\u00e1s inc\u00f3modo: pasearse como un lugare\u00f1o en el nuevo barrio. No le gusta mirar como miran los que reci\u00e9n llegan a un lugar desconocido.<\/p>\n<p>Piensa en la foto de la joven Marguerite. \u00bfPor qu\u00e9 son tan provocadoras las fotos antiguas? Ha de ser por ese empe\u00f1o de hacerlas ver algo mayores, de despojarlas de los residuos infantiles y as\u00ed darle paso a la mujer que vendr\u00e1.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>En su antiguo apartamento (no de la ciudad fr\u00eda sino de la asoleada, en Venezuela), dej\u00f3 dos libros de Marguerite Duras. Dos traducciones realizadas por el poeta A.S.H. Lamenta no haber tra\u00eddo esos libros. <em>El amante<\/em> lo hall\u00f3 en una venta de libros expuestos en una s\u00e1bana, en el centro de Bogot\u00e1, hace un par de meses. Lo hab\u00eda comprado para su esposa y no pudo esperar para empezar la lectura. Es una edici\u00f3n tapa dura, bien conservada.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n ama a qui\u00e9n en <em>El amante<\/em>? Pareciera que el m\u00e1s expuesto es el existente entre la joven blanca (esa voz narrativa en tercera persona que confundimos con la de Marguerite) y el comerciante chino de Cholen. No obstante, la cercan\u00eda entre Ricardo y Marguerite se\u00f1ala otras alternativas.<\/p>\n<p>La autora habla de s\u00ed misma (eso nos hace creer). La autora habla con tal desgarro y ternura sobre la muerte anticipada de su hermano que nos olvidamos de ella (\u201cNo sab\u00eda hablar, apenas leer, apenas escribir, a veces cre\u00edamos que no sab\u00eda ni sufrir\u201d); la autora habla en tercera persona sobre su propio cuerpo delgado y adolescente, de su piel blanca acariciada, que nos olvidamos de ella, de la autora (\u201cEl amante de Cholen se ha acostumbrado a la adolescencia de la ni\u00f1a blanca hasta perderse\u201d). Y era, especialmente, la vinculaci\u00f3n y el conflicto con su progenitora (\u201cla desdicha de mi madre ha ocupado el lugar del sue\u00f1o\u201d; \u201cUn d\u00eda ya no fue capaz de planear grandezas para sus hijos y plane\u00f3 miserias\u201d). <em>El amante<\/em>, autobiograf\u00eda novelada, puede verse como las memorias de Marguerite Duras, de la ni\u00f1a que crece en la antigua Indochina, hoy Vietnam, bajo la realidad del colonialismo franc\u00e9s. M\u00e1s que novela sobre su primer amante, un mercader chino, es una cr\u00f3nica erotizada de la amada. Y tambi\u00e9n: relato l\u00edrico de una familia franc\u00f3fona, disfuncional, cosida por los h\u00e1bitos y prejuicios de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>X<\/p>\n<p>Est\u00e1 cansado. Ayer, con su esposa y dos amigos (realmente un amigo, el otro lo conocieron esa misma noche), bebieron cinco cervezas cada uno. Tiene algo de sue\u00f1o todav\u00eda, pero desea continuar con un trabajo pendiente desde la casa. No propiamente desde la casa, porque all\u00ed no hay internet por ahora. Tiene ganas de ir, de subir hasta la esquina, para enviar unos correos pendientes. El sue\u00f1o, cada vez m\u00e1s cerca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>XI<\/p>\n<p>Est\u00e1 la autora (Marguerite Duras);<\/p>\n<p>la que habla en <em>El amante<\/em><\/p>\n<p>y la que el esposo intenta recrear en aquellos di\u00e1logos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>XII<\/p>\n<p>El hermano menor muri\u00f3 de una bronconeumon\u00eda.<\/p>\n<p>A lo largo de diez a\u00f1os, una sola vez le escribi\u00f3 a Marguerite.<\/p>\n<p><em>La carta era convencional,<\/em><\/p>\n<p><em>pasada en limpio,<\/em><\/p>\n<p><em>sin faltas <\/em><\/p>\n<p><em>caligrafiada<\/em>.<\/p>\n<p>Ella, la autora, anota la fecha de su muerte en <em>El amante<\/em>: diciembre de 1942, bajo la ocupaci\u00f3n japonesa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>XIII<\/p>\n<p>Otra resaca. Alguna discusi\u00f3n nocturna. Los pies h\u00famedos por el fr\u00edo acumulado en la noche. El libro de Duras en la mesa. La foto de la joven Duras en las p\u00e1ginas internas: peinado hacia atr\u00e1s, con esa l\u00ednea, esa carretera, que divide en dos el cabello. Y esos ojos, esos surcos en ellos que le otorgan una madurez prematura. \u00bfTendr\u00e1 diez a\u00f1os all\u00ed? Se nota el fuerte labial. Se podr\u00eda especular un color rojo que vence el blanco y el negro de la vieja foto. Quiz\u00e1s no tenga diez a\u00f1os sino 13. Esos ojos puestos a prueba por las caricias precoces.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>XIV<\/p>\n<p>Marguerite habla de su madre, del desamor hacia su madre. Lo hace con la distancia y el dolor que da la maduraci\u00f3n anticipada. En Marguerite todo parece darse en plena cris\u00e1lida. Y no solo el amor hacia el amante chino, ese es una consecuencia posterior; es la crisis intrafamiliar: el desapego materno y la visible preferencia de la madre de Duras a favor del controvertido hermano mayor. En cuanto al hermano menor, sometido por el mayor, es otra de las conexiones tensas de <em>El amante<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>XV<\/p>\n<p>Tiene ganas, luego de finalizar el trabajo en casa de A., de pasearse por el bulevar del centro para comprar un par de libros en oferta. Finaliz\u00f3 con grato aroma <em>El amante<\/em> y <em>La \u00faltima escala del Tramp Steamer<\/em>, este \u00faltimo de \u00c1lvaro Mutis. A veces esto sucede en el esposo: lee varias novelas consecutivas, fren\u00e9ticamente, cuatro o seis, y sigue con la intermitencia de los poemas y ensayos dispersos. En ese mismo envi\u00f3n ley\u00f3 una trilog\u00eda de novelas cortas del cubano-venezolano Julio Miranda, <em>Agua por todas partes<\/em>. Desde ayer en la noche prosigue con otra obra de Mutis: <em>Amirbar<\/em>.<\/p>\n<p>Una frase apareci\u00f3 en el ba\u00f1o. En ocasiones esto sucede, el lugar de la aparici\u00f3n poco importa: \u201chay un Dios para la guerra y un Dios para la paz\u201d. No era precisamente este orden o estas finalidades (la guerra o la paz), sino la dualidad. Era algo m\u00e1s preciso, m\u00e1s perfecto, no era solo esta frase que puede ser una cita recordada.<\/p>\n<p>Otra imagen que podr\u00eda avanzar (o retroceder) para un posible poema: la deconstrucci\u00f3n de la belleza, la descripci\u00f3n regresiva de la belleza (la del cuerpo), empezando por una edad avanzada y as\u00ed volver hacia atr\u00e1s para describir las cualidades juveniles e infantiles de un cuerpo. Algo as\u00ed como en <em>Benjamin Button<\/em>.<\/p>\n<p><em>El amante<\/em> de Marguerite, el libro, ya no est\u00e1 en la mesa. Lo ubic\u00f3 en lo que, con entusiasmo juvenil, llama la \u201cbiblioteca\u201d: dos peque\u00f1as hileras de libros en la parte baja del televisor.<\/p>\n<h6>N\u00e9stor Mendoza, escritor venezolano. Foto: Jos\u00e9 Antonio Rosales.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cA partir del momento en que estaba muerto, \u00e9l, el hermano peque\u00f1o, todo deb\u00eda morir despu\u00e9s\u201d. La frase plantea varios nudos, dos o tres personajes; la muerte pr\u00f3xima de uno de ellos, la de un hermano menor; pero, ante todo, una historia previa y una historia posterior, ambas tr\u00e1gicas. La frase es de una autora que escribe en franc\u00e9s. La frase es de una autora nacida en Vietnam, Marguerite Duras. La ha destacado con l\u00e1piz. Ya no lo hace con bol\u00edgrafo. Lo han convencido de que eso violenta el papel. Que no se hace. 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