{"id":3307,"date":"2019-11-12T22:13:57","date_gmt":"2019-11-13T04:13:57","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/11\/dilemmas-poesia-de-la-tierra-igor-barreto\/"},"modified":"2024-07-06T14:28:46","modified_gmt":"2024-07-06T20:28:46","slug":"dilemmas-poesia-de-la-tierra-igor-barreto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/11\/dilemmas-poesia-de-la-tierra-igor-barreto\/","title":{"rendered":"&#8220;Dilemas para una poes\u00eda de la tierra&#8221; de Igor Barreto"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p>Algunas veces escribir supone aceptar que ciertas dolencias f\u00edsicas eran s\u00f3lo enfermedades del esp\u00edritu, de la palabra. La enfermedad estimula la actividad imaginativa, as\u00ed lo refiere Susan Sontag en su libro <em>La Enfermedad y sus met\u00e1foras<\/em> donde explica c\u00f3mo el romanticismo fue una met\u00e1fora de la tuberculosis y en estos tiempos encuentran en el c\u00e1ncer y el sida algunas de sus representaciones.<\/p>\n<p>Esa misma condici\u00f3n metaf\u00f3rica de la enfermedad ha hecho del oficio literario una pr\u00e1ctica saludablemente enfermiza. La poes\u00eda tiene su origen en la carencia, lo que constituye el punto de relaci\u00f3n m\u00e1s fuerte entre poes\u00eda y enfermedad.<\/p>\n<p>Pero todo lo dicho hasta el momento s\u00f3lo pretende confesarles la ansiedad que me aqueja cada vez que retorno a Caracas luego de los viajes que de continuo realizo al interior del pa\u00eds. Al mirar la ciudad, desde las cimas de las monta\u00f1as que la amurallan, se apodera de mi cuerpo un desarreglo, un malestar, que ha comenzado a provocar sus met\u00e1foras, as\u00ed como una consiguiente necesidad de mi psiquis por encontrar explicaciones y razonamientos que sit\u00faen el origen de tal inquietud.<\/p>\n<p align=\"left\">Muchas veces olvidamos que esto que llamamos ciudad es un hecho residual. Caracas es una ciudad inconclusa y ambigua. A pesar de que ella de manera incansable sepulta su pasado rural, su modernidad no termina por cumplirse. Cada momento en su historia deja una capa de ripio, un estrato geol\u00f3gico de naturaleza cultural diferente. Al igual que otras ciudades latinoamericanas, Caracas no ha logrado realizar el sue\u00f1o liberal del siglo XIX y construir un mundo urbano a la manera de las metr\u00f3polis europeas y norteamericanas. Domingo Faustino Sarmiento llam\u00f3 a esta utop\u00eda urban\u00edstica, <em>Argir\u00f3polis<\/em>: Ciudad ideal que deb\u00eda edificarse d\u00e1ndole la espalda a la barbarie campesina.<\/p>\n<p align=\"left\">Ahora bien, toda utop\u00eda desemboca en el exilio. Y mis ciudades m\u00e1s cercanas (como seguramente otras) se construyeron sobre la extensi\u00f3n de esta experiencia. Jos\u00e9 Solanes, el siquiatra y ensayista valenciano, en su libro <em>Los nombres del exilio<\/em> recuerda que esta palabra es un derivado del lat\u00edn: exiliare: saltar afuera<em>. <\/em>En el caso de Caracas fue un apartarse del espacio de la tradici\u00f3n y un alejarse de la naturaleza.<\/p>\n<p align=\"left\">Quiz\u00e1s sea tal circunstancia lo que provoca en m\u00ed un desarreglo. Verme ingresar en la zona de lo ambiguo, confrontarme con rupturas tantas veces no declaradas. Una <em>poes\u00eda de la tierra<\/em> en este continente deber\u00eda aceptar este \u201csalto\u201d y hablar desde la <em>conciencia del exilio<\/em>. Llenarse de esta realidad, asimilarla. Claro que al referirme a una <em>poes\u00eda de la tierra<\/em> hablo de una escritura invocada con mucha frecuencia desde la distancia del mundo urbano. Una distancia idealizante del pasado y la naturaleza. Pero nuestra distancia es m\u00e1s que eso, es la p\u00e9rdida de la memoria, un vac\u00edo al cual se refiere Derek Walcott cuando dice en <em>La voz del crep\u00fasculo<\/em> que la amnesia es la verdadera historia del Nuevo Mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">Entre nosotros esta<em> amnesia<\/em> tiene el car\u00e1cter violento de la cancelaci\u00f3n de grandes segmentos de tiempo pasado. No es mi intenci\u00f3n realizar un recuento de las circunstancias en que han ocurrido estas cancelaciones, pero s\u00ed quisiera subrayar la evidente coincidencia de estos actos con grandes hitos hist\u00f3ricos nacionales: la Conquista, la fundaci\u00f3n de la Rep\u00fablica o el nacimiento de la Democracia Petrolera. Algunos \u00edconos recientes de esta voluntad amn\u00e9sica son las fotos del fot\u00f3grafo venezolano Pedro Duim sobre la construcci\u00f3n de la avenida Bol\u00edvar o El Silencio. Resultan inolvidables aquellos socavones hasta la peladura de la tierra, y unas casas provincianas orilladas a enormes mont\u00edculos de ripio. Adem\u00e1s, ser\u00eda bueno decir que de manera frecuente el olvido se suscita para resolver discordias; como en otros pa\u00edses latinoamericanos, en Venezuela las corrientes premodernas (resistentes al cambio) se han enfrentado arduamente a las modernizantes. Esto explica la violencia de los <em>actos de cancelaci\u00f3n<\/em> y nuestra corta memoria.<\/p>\n<p align=\"left\">En ese contexto, estas l\u00edneas extra\u00eddas del ensayo de Graciela Montaldo <em>De pronto, el campo<\/em> son \u00fatiles como elementos de una posible comprensi\u00f3n de lo rural en Venezuela, y pienso en lo \u201crural\u201d porque esa categor\u00eda simboliza apropiadamente los t\u00e9rminos de tradici\u00f3n y naturaleza. Afirma Graciela Montaldo que la referencia a lo rural ser\u00e1 menos un contenido que una tensi\u00f3n constante, y contin\u00faa, la ciudad y el campo \u2014sus pr\u00e1cticas y sentidos\u2014 son dos especies que en la cultura argentina, desde el Fin de Siglo, no dejan de formar un complejo que ya no hay modo de pensar por separado.<\/p>\n<p align=\"left\">Ambas citas hablan de una realidad semejante a la nuestra. Pero en la primera se nos dice algo que le concierne especialmente a la Venezuela contempor\u00e1nea: lo rural es <em>una tensi\u00f3n constante<\/em>. Las ciudades se edifican por oposici\u00f3n al mundo rural, siempre con el deseo (no realizado) de cancelarlo. Una mirada rom\u00e1ntica ser\u00eda aquella que oculta, olvida, idealiza, simplifica esta \u201ctensi\u00f3n\u201d que forma parte de la vida cotidiana como una garza que planea sobre la autopista de una metr\u00f3polis caribe\u00f1a.<\/p>\n<p align=\"left\">Escribir desde el epicentro de esta <em>tensi\u00f3n<\/em> es un destino m\u00e1s codiciable para un poeta interesado en una tradici\u00f3n de equ\u00edvocos como los que acompa\u00f1an a la <em>poes\u00eda de la tierra<\/em>. Poes\u00eda del exilio; porque se escribe desde un <em>afuera<\/em> urbano, desde una situaci\u00f3n extra\u00f1ada en la que se evoca la utop\u00eda de la vida agreste como en las <em>\u00c9glogas<\/em> y <em>Buc\u00f3licas<\/em> de Virgilio donde la menci\u00f3n de lo rural es adem\u00e1s una enumeraci\u00f3n pl\u00e1cida y cortesana. O como en San Juan de la Cruz para el cual la naturaleza es la encarnaci\u00f3n de su contrapartida celeste y lo longitudinal priva sobre lo latitudinal. Y m\u00e1s modernamente, es tambi\u00e9n la escritura de Alberto Caeiro quien rompe la unidad virgiliana del paisaje con su paganismo, su sensorialidad, su distanciamiento que permite acercarse a la naturaleza como si \u00e9sta fuese un <em>otro<\/em>. En Caeiro se reivindican a un mismo tiempo la contemporaneidad y la arcadia primitiva, esa que es dulcificada por los Idilios de Te\u00f3crito y los versos de Virgilio en favor del progreso y la actividad fabril. Caeiro cree en la naturaleza como un <em>otro <\/em>porque \u00e9l nunca se refiere a ella directamente, es decir, cuando escribe sus pensamientos lo hace de cara a nosotros; la naturaleza permanece a sus espaldas y all\u00ed transcurre a su modo como una ausente. No olvidemos que el poeta viene del mundo pedregoso de las serran\u00edas pastoriles, donde seguro habr\u00e1 visto y habr\u00e1 o\u00eddo, de ah\u00ed que pueda hablarnos sin tanto embeleso. Muy por el contrario, la \u00f3ptica rom\u00e1ntica menoscaba el acercamiento a la naturaleza como un <em>otro<\/em>. No hay suficiente conciencia y priva una estrategia de sometimiento de lo natural. El inevitable \u201cyo\u201d del poeta invade o se apropia del espacio geogr\u00e1fico. Creo que en Am\u00e9rica Latina esta manera es de gran prestigio con figuras tutelares incluso en las \u00faltimas vanguardias literarias.<\/p>\n<p align=\"left\">Hablando de la poes\u00eda de Robert Frost en los ensayos <em>Del dolor y la raz\u00f3n<\/em>, Joseph Brodsky se refiere a lo que podr\u00eda ser la caracterizaci\u00f3n del encuentro de un americano con la naturaleza: cuando un estadounidense sale de su casa y se topa con un \u00e1rbol se trata de un encuentro entre iguales. El hombre y el \u00e1rbol se enfrentan con sus respectivos poderes primigenios, libres de toda referencia: ninguno de los dos tiene pasado y, en cuanto a quien le tocar\u00e1 un mejor futuro, la moneda sigue en el aire.<\/p>\n<p align=\"left\">Para nosotros, como para la sociedad norteamericana, la moneda hace tiempo cay\u00f3 a tierra, aunque podr\u00edamos hablar de tal encuentro <em>entre iguales<\/em> como un supuesto que tipifica nuestra actitud hacia lo natural. Tal encuentro <em>entre iguales<\/em> ya no ser\u00e1 posible si no consideramos al <em>otro <\/em>(a la naturaleza) como una entidad aut\u00f3noma, al margen de los dictados de la raz\u00f3n y el sentimiento. Esta actitud vuelve a adquirir un rango de necesidad como \u00fanica y posible cura ante una l\u00edrica tan afectada.<\/p>\n<p align=\"left\">La tradici\u00f3n rom\u00e1ntica aliment\u00f3 la modernidad con la transfiguraci\u00f3n po\u00e9tica de lo cotidiano: descubriendo las cortinas de lo familiar pretend\u00eda un acercamiento a lo bello y maravilloso. Poco m\u00e1s o menos una idea semejante expuso Wordsworth en su presentaci\u00f3n a las <em>Baladas L\u00edricas <\/em>y Coleridge en su <em>Biograf\u00eda Literaria, <\/em>donde no deja de advertirnos sobre los riesgos del prosa\u00edsmo y la representaci\u00f3n pedestre de objetos y acciones. La advertencia va dirigida precisamente a aquello que podr\u00eda facilitar una mirada distinta, una mirada hacia lo <em>otro<\/em>.<\/p>\n<p align=\"left\">En la escas\u00edsima bibliograf\u00eda venezolana sobre el tratamiento literario de la naturaleza, el ensayo de Julio Miranda <em>Poes\u00eda, paisaje y pol\u00edtica<\/em> se\u00f1ala con inteligencia un ejemplo de manifestaci\u00f3n de una naturaleza como otro, el cual me gustar\u00eda recordar. Se trata de un pasaje del poema <em>Canto F\u00fanebre<\/em> del poeta rom\u00e1ntico Jos\u00e9 Antonio Mait\u00edn. El poema es un poema melanc\u00f3lico en el sentido m\u00e1s exacto del t\u00e9rmino, por lo menos en aquel que se\u00f1ala Poe en su <em>Filosof\u00eda de la Composici\u00f3n<\/em> cuando dice que un poema (en este registro) es aquel que trata sobre la muerte de una hermosa mujer. Mait\u00edn se lamenta por la desaparici\u00f3n de su esposa y el paisaje exuberante de las monta\u00f1as de Choron\u00ed es la imagen de un esp\u00edritu en pena. A la manera de la poes\u00eda de Lamartine contemplamos un <em>paysage-\u00e9tat d\u2019\u00e2me.<\/em> Pero, a diferencia del claroscuro lamartiniano, de su naturaleza filtrada por la niebla en Mait\u00edn son inevitables los momentos de incandescente luz, y guiados por ella llegamos al canto n\u00famero XIII de su eleg\u00eda donde a orillas del pedregoso r\u00edo Choron\u00ed el poeta se percata de la impasibilidad de la esplendente naturaleza, ajena a sus doloridas palabras: <a name=\"_Hlk13749833\"><\/a>\u201cAqu\u00ed todo contrasta\/con mi pesar sombr\u00edo:\/ en esta soledad solemne y vasta\/ no hallo un dolor que corresponda al m\u00edo\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">En el despliegue del poema (y de la poes\u00eda de ese tiempo en Venezuela), este es un momento de particular relieve donde se suspende por completo esa ilusi\u00f3n de di\u00e1logo que el poeta rom\u00e1ntico sosten\u00eda con la naturaleza, recordemos los <em>Preludios<\/em> de Wordsworth. Mait\u00edn se queda solo como persona y la naturaleza transcurre en una autonom\u00eda distante, casi fotogr\u00e1fica. Qu\u00e9 destino diferente tendr\u00edamos si este poema de Mait\u00edn partiera de la conciencia de la naturaleza como un <em>otro<\/em>, del mundo como un <em>otro<\/em>. Estar\u00edamos ante una escritura contenida en el despliegue de las emociones y plena de sustantividad, quiero decir de <em>otredad<\/em>. El mundo no ser\u00eda un <em>desierto<\/em> como lo escribe el poeta al final de su eleg\u00eda.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta cancelaci\u00f3n de lo <em>otro<\/em>, este subjetivismo voraz, son tambi\u00e9n rasgos de la l\u00edrica actual. En estos tiempos el desarrollo del simbolismo, esa pr\u00e1ctica sugerente y resonante de la palabra agot\u00f3 su poder de penetraci\u00f3n y nos condujo al callej\u00f3n sin salida de lo que se cree espiritual y bello. Otros determinismos contempor\u00e1neos desembocaron en id\u00e9ntica idealizaci\u00f3n. Hoy perduramos en ese t\u00fanel de lo pretendidamente trascendente.<\/p>\n<p align=\"left\">Enriqueta Arvelo Larriva encarna uno de esos puntos de partida de la poes\u00eda moderna venezolana, especialmente si nos referimos a <em>la poes\u00eda de la tierra.<\/em> Su poes\u00eda es tambi\u00e9n un buen ejemplo de desarraigo territorial e interiorizaci\u00f3n. Sin geograf\u00eda ni perspectiva hist\u00f3rica el poema se convierte en la medida subjetiva del mundo. Esta afirmaci\u00f3n podr\u00eda ser el lema de su obra. En 1939 la poeta env\u00eda una carta desde Barinitas (al sur de Venezuela) al escritor venezolano Juli\u00e1n Padr\u00f3n donde le dice:<a name=\"_Hlk13752807\"><\/a> \u00c9ste no es el llano, sino un llano peor que los otros o que est\u00e1 en peores condiciones<em>. <\/em>Los otros tienen su respiradero<em>.<\/em> \u00c9ste est\u00e1 ciego. Enriqueta reconoce que el llano de su tiempo ha roto quiz\u00e1s una tradici\u00f3n m\u00edtica y parte de la modernidad po\u00e9tica de su obra consiste en dar cuenta de esta ruptura urbana. Ella s\u00f3lo escribe desde el estremecimiento que pretende devolverle trascendencia a lo que ya no la tiene. Atr\u00e1s han quedado el llano de solera cordobesa del siglo XIX y primeras d\u00e9cadas del veinte descrito en 1948 por Fernando Calzadilla Vald\u00e9s en su libro <em>Por los Llanos de Apure<\/em>; el llano de los criollistas y los dibujos de Carmelo Fern\u00e1ndez. La reclusi\u00f3n de Enriqueta en la antigua casa de los Arvelo en Barinitas (su confinamiento en el poema) tiene el doble sentido de una despedida del llano antiguo, as\u00ed como el nacimiento de una conciencia moderna que gira en torno al \u201cyo\u201d. <em>La verdad<\/em> ya no est\u00e1 en el espect\u00e1culo del mundo sino en ella misma. El llano no <em>est\u00e1 ciego <\/em>s\u00f3lo que la poeta no lo quiere ver en su materialidad y su riqueza de situaciones. Se trata de la asunci\u00f3n de una est\u00e9tica moderna con todos sus interdictos: su rechazo a la enumeraci\u00f3n de detalles geogr\u00e1ficos y a la narraci\u00f3n, dos de los recursos tradicionales de la poes\u00eda de ese espacio estepario. Con esta poes\u00eda iniciamos dentro de la modernidad la p\u00e9rdida del mapa de un territorio, desdibujamiento que se prolonga en la l\u00edrica m\u00e1s reciente en otras voces como la del poeta Luis Alberto Crespo.<\/p>\n<p align=\"left\">Otro tanto podr\u00eda decirse de la obra del correntino Francisco Madariaga y su antolog\u00eda <em>El tren casi fluvial<\/em>. Madariaga, quien fuera un destacado poeta contempor\u00e1neo en la vertiente imaginaria y on\u00edrica de un C\u00e9sar Moro, o un poeta rom\u00e1ntico heredero de voces como las de Aurelio Arturo o Vicente Gerbasi, es tambi\u00e9n un mentor de la desterritorializaci\u00f3n propia de la modernidad. Solamente que el poeta argentino emprende el desdibujamiento del lugar mediante una escritura desconyuntada por la saturaci\u00f3n imaginativa.<\/p>\n<p align=\"left\">En la otra orilla de estos determinismos est\u00e9ticos e imaginarios est\u00e1n poetas como el nicarag\u00fcense Ernesto Cardenal y el chileno Jorge Teillier, cuya intenci\u00f3n l\u00e1rica siempre me record\u00f3 la ternura del provincialismo de algunos poemas de Pavese.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero en estas dos posibles l\u00edneas de desarrollo de una <em>poes\u00eda de la tierra <\/em>nunca se plante\u00f3 una escritura trazada desde ese lugar a medio camino que es el hoy de Am\u00e9rica Latina. Una cultura que transcurre como dir\u00eda en una entrevista el poeta Drumond de Andrade <em>entre el campo y el ascensor<\/em>. Frente a nuestra desmemoria y apartamiento de la tradici\u00f3n y de una convivencia <em>entre iguales <\/em>con la naturaleza, corresponde a la <em>poes\u00eda de la tierra <\/em>escribirse desde una <em>conciencia del exilio<\/em>, es decir, escribir sin obviar las distancias, desde una amnesia sentida y comprometida. Apart\u00e1ndose de las enumeraciones asombrosas y del culto trascendentalista a una naturaleza que ya no existe o est\u00e1 en v\u00edas de extinci\u00f3n. <em>La conciencia del exilio <\/em>restablecer\u00e1 un territorio en crisis, movedizo y cambiante, donde la palabra debe estar alerta. La otra convicci\u00f3n que podr\u00eda animar esta poes\u00eda es la conciencia de la naturaleza como un <em>otro<\/em>. Se trata de una \u00e9tica y de una actitud pol\u00edtica hacia la naturaleza y su imagen. Estas son ideas orientadas por la experiencia de la escritura y no pretenden convertirse en recetas. Por lo tanto son verdades a medias.<\/p>\n<p align=\"right\">Versi\u00f3n adaptada de la publicada originalmente en<br \/>\n<em>Nuestra Am\u00e9rica<\/em>, no. 4, 2007, pp. 111-117<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\" align=\"right\">Igor Barreto, escritor venezolano. Foto: Lisbeth Salas.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunas veces escribir supone aceptar que ciertas dolencias f\u00edsicas eran s\u00f3lo enfermedades del esp\u00edritu, de la palabra. 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