{"id":30821,"date":"2024-03-25T19:01:02","date_gmt":"2024-03-26T01:01:02","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=30821"},"modified":"2024-05-21T06:48:39","modified_gmt":"2024-05-21T12:48:39","slug":"los-tios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2024\/03\/los-tios\/","title":{"rendered":"Los t\u00edos"},"content":{"rendered":"<p>Ya nadie nos invita. El tel\u00e9fono no suena, no llegan mensajes ni llamadas. Pasan los viernes, s\u00e1bados y domingos y la urgencia se instala.<\/p>\n<p>Gloria hace como que no le afecta. Simula un inter\u00e9s enorme por ir al cine, a la \u00faltima exposici\u00f3n de alg\u00fan museo, a conocer tal o cual restaurante, mientras nuestros amigos de siempre se re\u00fanen en una plaza o parque de diversiones.<\/p>\n<p>Y ven a sus ni\u00f1os jugar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fueron llegando a destiempo. Ellos, los hijos. Para algunos, muy j\u00f3venes y en modalidad sorpresa. Y ah\u00ed fuimos los dem\u00e1s a cuidar guaguas mientras ellos estudiaban para el examen de grado o los acompa\u00f1amos a presentaciones de fin de curso, como una familia de mentira. Para otros, tarde, casi muy tarde, con tratamientos car\u00edsimos y tests y term\u00f3metros. Con p\u00e9rdidas que todos lloramos en alg\u00fan bar, mientras dec\u00edamos eso de quiz\u00e1s fue para mejor, tal vez para la pr\u00f3xima. Y luego las celebraciones y los brindis cuando por fin aparec\u00eda esa raya azul y pasaban los tres meses y mira c\u00f3mo va creciendo esa panza.<\/p>\n<p>Fuimos a bautizos y cumplea\u00f1os. Nos volvimos expertos en comprar juguetes apropiados y adivinar la talla exacta para cada momento de sus vidas. Y, al principio, todo estuvo bien con eso. Los padres, nuestros amigos, parec\u00edan esperarnos con paciencia. Dec\u00edan \u201c\u00bfY ustedes no se animan?\u201d, sobre todo cuando nos ve\u00edan jugando de lo m\u00e1s entretenidos con alguno de sus ni\u00f1os. Y Gloria sonre\u00eda como siempre y yo ment\u00eda como nunca.<\/p>\n<p>Y, por un tiempo, todos esperaron con nosotros. En vano, claro. Para nosotros nunca llegaron.<\/p>\n<p>En realidad, nunca nos molestamos en salir a buscarlos.<\/p>\n<p>Y entonces nos quedamos solos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despierto con la luz de una pantalla en mi cara. Del otro lado est\u00e1n la mano y el brazo de mi mujer.<\/p>\n<p>\u2013Mira \u2013me pide, y hay en sus ojos una chispa que no he visto en a\u00f1os.<\/p>\n<p>Recibo su tel\u00e9fono y leo.<\/p>\n<p><em>Mommy Time!<\/em><\/p>\n<p>Quiero re\u00edrme, pero la expresi\u00f3n de Gloria me confirma que va en serio.<\/p>\n<p>Reviso la p\u00e1gina con cuidado. Sin levantar la vista de las fotograf\u00edas y descripciones. Luego, de los precios. Es una locura, pero tambi\u00e9n es cierto que nuestra situaci\u00f3n es desesperada.<\/p>\n<p>As\u00ed que decidimos hacer la prueba.<\/p>\n<p>A nuestros amigos les decimos que es una forma de ensayar y todos se ponen felices. Nos invitan de inmediato a la plaza escogida para este domingo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gloria espera junto a la puerta hasta que suena el timbre. Se levanta de un salto y se arregla arrugas imaginarias en su vestido. Del otro lado est\u00e1 Gaspar, con una chaqueta que lo hace parecer un adulto en miniatura y un libro bajo el brazo. Junto a \u00e9l est\u00e1 Sara, la encargada del servicio. Ella tambi\u00e9n lleva algo en la mano: una <em>tablet<\/em> en la que aparece un contrato que Gloria firma con el dedo, sin leerlo.<\/p>\n<p>\u2013Gaspar, estos son tus padres hoy. Se llaman Gloria y Tom\u00e1s.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o nos mira hacia arriba, pero no sonr\u00ede. En un gesto algo rid\u00edculo se saca su gorro.<\/p>\n<p>\u2013Vengo a buscarlo a las siete. Por favor, no me hagan esperar.<\/p>\n<p>Son sus \u00faltimas palabras antes de cerrar la puerta.<\/p>\n<p>Gaspar se sienta, confiado, en la sala.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfTienes hambre? \u00bfQuieres algo? \u2013le pregunta, nerviosa, mi mujer.<\/p>\n<p>\u2013No, gracias. Acabo de almorzar \u2013responde el ni\u00f1o, que investiga nuestros cuadros y muebles, quiz\u00e1s buscando libros\u2013. Entiendo que vamos a ir a la plaza \u2013contin\u00faa.<\/p>\n<p>Su forma de hablar es tan rebuscada que, por un momento, pienso que puede tratarse de un robot.<\/p>\n<p>Gloria, con una mirada fulminante, me suplica que le hable.<\/p>\n<p>\u2013As\u00ed es \u2013digo yo, tambi\u00e9n m\u00e1s formal de lo que acostumbro\u2013. \u00bfTe gustan los juegos?<\/p>\n<p>El ni\u00f1o me observa como si le hubiese preguntado si le gustaba comer gusanos. Empiezo a pensar en inventar una jaqueca para quedarme en la casa.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfC\u00f3mo debo dirigirme a ustedes? \u2013nos pregunta entonces.<\/p>\n<p>Con Gloria nos miramos, inc\u00f3modos.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfPor sus nombres? \u00bfO mam\u00e1 y pap\u00e1?<\/p>\n<p>Me molesta la solemnidad en su voz. Como si nos tuviera pena. Como si viniera aqu\u00ed a darnos una lecci\u00f3n.<\/p>\n<p>No me atrevo a contestarle. Despu\u00e9s de todo, fue Gloria la de la idea.<\/p>\n<p>Y entonces ella responde, para mi m\u00e1ximo alivio:<\/p>\n<p>\u2013Por nuestros nombres, Gaspar. Por nuestros nombres est\u00e1 bien.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya en la plaza, Los Padres nos reciben con una euforia exagerada. Toman a Gaspar de la mano, le ofrecen un helado (\u00e9l responde que no come az\u00facar), lo acercan a sus hijos, que lo vigilan, curiosos, desde resbalines y columpios. \u201c\u00a1Miren qu\u00e9 lindo!\u201d, gritan, y le desordenan el pelo o lo besan, al pasar, en una de sus mejillas.<\/p>\n<p>Con Gloria nos sentamos en una banca. Lo miramos tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>S\u00f3lo que este ni\u00f1o no juega. Se queda de pie en medio del foso de arena sin saber qu\u00e9 hacer. Como si hubiese reprobado la prueba introductoria de experiencias infantiles. Lo veo apretar el libro bajo el brazo como si fuera un salvavidas, lo \u00fanico que lo mantuviera a flote en medio del mar. En su cara no hay lugar para la inocencia. Gaspar est\u00e1 lleno de una calma solemne, una calma que parece desentonar con los gritos de los dem\u00e1s ni\u00f1os. Esos que llevan todas sus vidas llam\u00e1ndonos \u00abt\u00edos\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una vez Lauri, la hija de Clara y Cristi\u00e1n, cuando era bien chica, hab\u00eda mirado a Gloria, extra\u00f1ada. Luego de un rato, le hab\u00eda preguntado:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY t\u00fa de qui\u00e9n eres mam\u00e1?<\/p>\n<p>Mi mujer, al principio, no le dio importancia. Sonri\u00f3 como siempre y respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2013De nadie, Lauri. No soy mam\u00e1 de nadie.<\/p>\n<p>La ni\u00f1a qued\u00f3 a\u00fan m\u00e1s perpleja.<\/p>\n<p>\u2013Y entonces \u2013dijo con una timidez rara\u2013, \u00bfentonces qu\u00e9 eres?<\/p>\n<p>Me gustar\u00eda poder decir que Gloria volvi\u00f3 a sonre\u00edr o que a m\u00ed se me ocurri\u00f3 algo inteligente para salvar la situaci\u00f3n. Pero lo cierto es que me qued\u00e9 de pie en una esquina, sosteniendo una copa de vino, como un espectador inc\u00f3modo. Lauri demor\u00f3 tres segundos en volver a concentrarse en sus juguetes. Gloria, en cambio, se triz\u00f3. S\u00f3lo un poco, casi imperceptiblemente. Durante el almuerzo se preocup\u00f3 de ayudar a servir helado a los m\u00e1s chicos e incluso acompa\u00f1\u00f3 a uno de nuestros sobrinos de mentira a ver dibujos animados. Sin embargo, esa noche, cuando llegamos a la casa, por fin solos y juntos, hizo la pregunta, nerviosa:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfEstamos seguros?<\/p>\n<p>No necesitaba especificar nada m\u00e1s. Yo sab\u00eda exactamente de qu\u00e9 me estaba hablando.<\/p>\n<p>Pero me extra\u00f1\u00f3 ese plural.<\/p>\n<p>De pronto, sent\u00ed una responsabilidad en la que jam\u00e1s hab\u00eda reparado. Yo s\u00ed estaba seguro. Yo s\u00ed nos quer\u00eda a nosotros, a este \u00abnosotros\u00bb donde no cab\u00eda nadie m\u00e1s. O, al menos, nadie que no implicara cambios enormes en la realidad que hab\u00edamos construido con los a\u00f1os. A las levantadas tarde, a ser due\u00f1os de nuestro tiempo, a la fascinaci\u00f3n de Gloria por su trabajo. La verdad, no me la pod\u00eda imaginar desvel\u00e1ndose para ir a dar leche o sin dormir por culpa de un resfr\u00edo de nuestro eventual hijo. Pero ella hab\u00eda hablado de nosotros y ese \u201cnosotros\u201d se hab\u00eda sentido, por primera vez, distinto. Ese \u201cnosotros\u201d, que parec\u00eda pregunta, incluso duda, escond\u00eda en verdad una invitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si le dije que s\u00ed. No s\u00e9 si dije nada. Gloria estaba exhausta y fue a la cocina a hacerse una taza de t\u00e9. Yo me qued\u00e9 dormido. A la ma\u00f1ana siguiente el mundo era distinto. Y, en los siguientes \u00abnosotros\u00bb, s\u00f3lo volvi\u00f3 a o\u00edrse el ruido de unas puertas bien cerradas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No lo disfrutamos. Ni Gloria ni yo. Menos Gaspar. S\u00ed, es un ni\u00f1o educado, hace preguntas siempre pertinentes (adultas en extremo, pero pertinentes); sin embargo, ya en el auto, volvemos a casa en silencio. Un silencio que todos parecemos agradecer. El ni\u00f1o, a ratos, hojea su libro y quisiera advertirle que se va a marear, que lo deje para despu\u00e9s, pero no me sale nada.<\/p>\n<p>La supervisora llega puntual a buscarlo y Gloria sube las escaleras. Otra puerta se cierra.<\/p>\n<p>El agua corre para llenar la tina.<\/p>\n<p>All\u00ed la encuentro. Su cuerpo se ve deforme bajo el agua y hay unas cuantas burbujas tristes alrededor de su espalda y flotando sobre sus pechos. Se ve vieja. M\u00e1s vieja de lo que es. Triste. Pienso que la experiencia ha sido muy fuerte para ella, que fue un error, que tal vez podr\u00edamos buscar alg\u00fan destino de viaje divertido, salir unos d\u00edas, escaparnos, pero Gloria abre la boca y pregunta lo impensable:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfPodemos volver a tratar?<\/p>\n<p>No alcanzo a responder y agrega:<\/p>\n<p>\u2013Una ni\u00f1a, ahora.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se llama Amalia y esta vez la tenemos s\u00f3lo para nosotros. Nada de paseos al parque ni de compromisos con amigos. Tal vez por eso, Gloria s\u00ed se atreve a pedirle que nos diga pap\u00e1 y mam\u00e1. \u201cS\u00f3lo si no es muy raro\u201d, agrega, como disculp\u00e1ndose. La ni\u00f1a, debo reconocerlo, es adorable. No habla mucho pero, cuando lo hace, s\u00ed parece una ni\u00f1a. Se emociona cuando la llevamos a una helader\u00eda y le decimos que puede pedir lo que quiera. Y m\u00e1s a\u00fan cuando vamos con ella a una tienda de juguetes. \u201cUno s\u00f3lo\u201d, le decimos, pensando que ser\u00e1 un problema. Pero Amalia, luego de pens\u00e1rselo mucho, camina por los pasillos, confiad\u00edsima y directo a una mu\u00f1eca cuyo pelo cambia de color. Es m\u00e1s cara de lo que nos gustar\u00eda, pero Amalia pregunta con su voz perfecta:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfPuede ser esta, pap\u00e1?<\/p>\n<p>No me emociono, no me dan ganas de llorar. Pero algo se desajusta en m\u00ed, algo que Gloria no alcanza a ver.<\/p>\n<p>Abro mi billetera y pago. Amalia me abraza las piernas.<\/p>\n<p>Por el rabillo del ojo descubro a mi mujer sac\u00e1ndonos una foto con el tel\u00e9fono. Est\u00e1 prohibido hacerlo. Es una de las reglas del contrato. Pero Amalia est\u00e1 muy concentrada en su mu\u00f1eca nueva y yo me hago el que no vio nada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La semana pasa tranquila. Gloria est\u00e1 de mejor humor que nunca y tiramos casi todos los d\u00edas. Por la ma\u00f1ana y con el desayuno. Tambi\u00e9n en la ducha, inc\u00f3modos y entre risas. Parecemos los de antes. Los de tanto tiempo antes. En un momento me viene el p\u00e1nico y pienso que Gloria ha dejado de cuidarse. Que esto es una trampa. Pero no: ah\u00ed est\u00e1n sus pastillas, ah\u00ed est\u00e1 la alarma en el tel\u00e9fono, ah\u00ed est\u00e1 ella tom\u00e1ndoselas todos los d\u00edas. Siempre puntual.<\/p>\n<p>Pero cuando llego el viernes a casa, escucho gritos.<\/p>\n<p>Al abrir la puerta, veo a Amalia jugando con mi mujer. Corren como locas, suben y bajan escaleras. Pasan a mi lado, sin verme. Por la noche pedimos una pizza \u2013Amalia la elige\u2013 y vemos una pel\u00edcula todos en el sof\u00e1, la ni\u00f1a muy bien sentada entre los dos. A ratos nos mira y sonr\u00ede.<\/p>\n<p>Sara llega puntual a recogerla y nos da las buenas noches. Amalia tambi\u00e9n. Pero, camino al auto de la compa\u00f1\u00eda, no se da vuelta a mirarnos.<\/p>\n<p>Ni una sola vez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Durante un par de d\u00edas todo parece volver a la normalidad. Gloria trabaja hasta tarde y llega a contarme, entre sonrisas, de un nuevo proyecto, de una casa en el sur, de un bono de fin de a\u00f1o. En mi consulta los pacientes me recomiendan a amigos y la vida parece sonre\u00edrnos con su abundancia. Vamos a probar el \u00faltimo restaurante de moda, compramos un nuevo televisor para la sala e incluso una consola de videojuegos. A ratos descubro a Gloria mirando la foto de Amalia en el tel\u00e9fono, con ilusi\u00f3n pero sin pena.<\/p>\n<p>Ya pronto viene el cumplea\u00f1os de Teo, que est\u00e1 anotado, junto al de todos nuestros sobrinos falsos, en el calendario de la cocina. Su madre nos llama para invitarnos. Para pedirnos que llevemos hielo \u2013siempre falta\u2013 y comentar, como al pasar, que quiz\u00e1s podr\u00edamos probar el servicio una vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfNo ser\u00eda entretenido? \u2013pregunta, en un tono m\u00e1s agudo de lo normal.<\/p>\n<p>Su voz flota por la cocina, en altavoz, como un fantasma. Gloria saca su tel\u00e9fono y empieza a buscar la aplicaci\u00f3n de <em>Mommy Time!<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em>Me gustar\u00eda decir que me molesta la idea, pero no es as\u00ed. Es m\u00e1s, agradezco la sugerencia. Tengo ganas de ver a Amalia. De comprarle el auto de juguete que es parte del set de su mu\u00f1eca y que vi el otro d\u00eda en el supermercado. De ense\u00f1arle todos esos chistes malos que mi pap\u00e1 me contaba cuando chico. Pero el rostro de Gloria se nubla. Toca la pantalla una y otra vez, hace <em>scroll<\/em> y revisa todo el cat\u00e1logo de la compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfNo hay disponibilidad, acaso? \u2013le pregunto.<\/p>\n<p>Pero Gloria no me responde. Se lleva el tel\u00e9fono a la oreja y sale a hablar a la terraza.<\/p>\n<p>La veo gesticular. Temblar un poco. Afuera ya va haciendo fr\u00edo, pero no me atrevo a llevarle una chaqueta. Llega el pedido de comida china y le abro la puerta al repartidor. Reviso los contenidos de la bolsa y le pago con billetes nuevos, reci\u00e9n sacados del cajero.<\/p>\n<p>Cuando cierro, Gloria est\u00e1 de regreso en la cocina y en su cara hay una mueca que no he visto nunca.<\/p>\n<p>\u2013Podemos invitarla otro d\u00eda, amor. No importa si no puede acompa\u00f1arnos esta vez.<\/p>\n<p>Entonces me cuenta.<\/p>\n<p>Que los padres de Amalia \u2013sus padres \u201cde verdad\u201d, recalcale pidieron que dejara de trabajar. Que se sent\u00edan inc\u00f3modos.<\/p>\n<p>Lo dice y sus ojos est\u00e1n tristes; lo dice mientras simula un inter\u00e9s exagerado en el contenido de la boleta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De a poco vamos dejando de recibir llamadas e invitaciones. Un par de domingos llegamos a la plaza, solos, y nuestros amigos no logran ocultar su decepci\u00f3n. M\u00e1s de alguno se atreve a preguntar si acaso no nos convencimos con la experiencia, si vamos a volver a intentarlo; otros recomiendan tratamientos de fertilidad o que congelemos \u00f3vulos, no vaya a ser que luego nos arrepintamos. Son conversaciones tensas, de esas que se hacen con al menos uno de los participantes mirando al suelo; e-mails sin asunto, con s\u00f3lo un link a una cl\u00ednica y un \u201cSaludos\u201d al final.<\/p>\n<p>\u201cSaludos cordiales\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gloria habla cada vez menos. Hay algo de ella que ya no est\u00e1 o que no logra volver. A veces llega tarde a la casa y como cerrada por dentro. Le pregunto si quiere que llamemos a Sara. Si le gustar\u00eda llevar a otra ni\u00f1a a ver el <em>show<\/em> de las princesas Disney que visitar\u00e1 la ciudad el pr\u00f3ximo mes.<\/p>\n<p>Pero no dice nada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tomo su tel\u00e9fono mientras lava los platos.<\/p>\n<p>Ya no aparece la foto de Amalia como salvapantallas.<\/p>\n<p>Ni el \u00edcono de la compa\u00f1\u00eda, con sus letras color verde brillante.<\/p>\n<p>Entonces es mi turno de preguntar:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfEstamos seguros?<\/p>\n<p>Y ella no lo piensa ni un segundo y responde.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><strong>Cuento del libro <em>Una m\u00fasica futura,<\/em> de Mar\u00eda Jos\u00e9 Navia (Editorial Kindberg, 2020)<\/strong><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>Foto: Vanessa Bucceri, Unsplash.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ya nadie nos invita. El tel\u00e9fono no suena, no llegan mensajes ni llamadas. Pasan los viernes, s\u00e1bados y domingos y la urgencia se instala. 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