{"id":3019,"date":"2019-05-20T00:00:08","date_gmt":"2019-05-20T06:00:08","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/05\/carnation-and-tenebrae-candle-marosa-di-giorgio\/"},"modified":"2024-04-25T03:33:20","modified_gmt":"2024-04-25T09:33:20","slug":"carnation-and-tenebrae-candle-marosa-di-giorgio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/05\/carnation-and-tenebrae-candle-marosa-di-giorgio\/","title":{"rendered":"De Clavel y tenebrario de Marosa di Giorgio"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p>13<br \/>\nVi otra vez, el bosque de sa\u00facos, los peque\u00f1os r\u00edos y sus habitantes casi sin nombre; las cucharas de agua, las cacerolitas de agua y los hongos.<br \/>\nEl lugar por donde cruzan los excaballos, los seres de antes. Y el dormitorio, y los murci\u00e9lagos, que en la noche, abren la sombrilla, y se prenden al rostro, a las manos, al incansable sexo.<\/p>\n<p>14<br \/>\nLa pava iba por entre las retamas en flor, sin saber que la Navidad se acercaba.<br \/>\nM\u00e1s bien parec\u00eda una se\u00f1orita con sus plumas azules, el collar de corales y la locura por casarse.<br \/>\nCreo que hasta puso unos huevos, blancos como el m\u00e1rmol, o azules o morados. No s\u00e9, porque eso era antes.<br \/>\nY el crimen se consum\u00f3 a mis espaldas.<br \/>\nPero, tal vez, algo de ella a\u00fan corra por mis venas.<br \/>\nMe queda como un remordimiento.<br \/>\nUn recuerdo raro.<\/p>\n<p>16<br \/>\nOigo a los teros de la infancia, all\u00e1 sobre el maizal que mi padre invent\u00f3, que \u00e9l hizo, mata por mata, que reg\u00f3 y ador\u00f3.<br \/>\nEstoy, de pie, al lado de la casa. Pasan m\u00e1scaras, la de los teros, la del ma\u00edz, la de Dios, \u00e9sta es la m\u00e1s rara y la m\u00e1s fina.<br \/>\nY baila, all\u00e1, sobre las colinas,<br \/>\naquello atroz.<\/p>\n<p>17<br \/>\nVi una mariposa que mor\u00eda y resucitaba, que mor\u00eda y resucitaba, as\u00ed toda la noche, creo, todo el tiempo. Cuando cre\u00eda que la hab\u00eda vencido, ella volv\u00eda a abrir las alas, a vivir.<\/p>\n<p>20<br \/>\nDe los oscuros troncos de los naranjos caen hongos, az\u00facar, azahares. Tiendo la mano y devoro; aunque mam\u00e1 me tiene prohibido que tome nada fuera de lo que ella me da en casa. Tengo miedo y los dedos confitados.<br \/>\nHay murci\u00e9lagos en la heredad.<br \/>\nEn casa hay murci\u00e9lagos;<br \/>\nfuman, se duermen, acostados<br \/>\nen el aire, simplemente.<br \/>\nPero, es necesario ponerles, cerca, una tacita con sangre.<\/p>\n<p>22<br \/>\nNo olvido las casas de las palomas, los peque\u00f1os castillos de maderas en el aire, all\u00e1 en las asoleadas tardes; ellas sal\u00edan, revoloteaban como \u00e1ngeles, volv\u00edan al nidal.<br \/>\nLas palomas grises, de alas ribeteadas; la paloma blanca, de gasa, de gladiolo, la paloma color almendra, y la negra paloma de sus sue\u00f1os.<br \/>\nA veces, llegaba un loro, todo verde y rojo, como hecho con malvones; y hac\u00eda un gran discurso.<br \/>\nEllas lo escuchaban con impaciencia; lo instaban a irse.<\/p>\n<p>23<br \/>\n\u2014\u00bfEst\u00e1 do\u00f1alise?<br \/>\nSe entreabri\u00f3 el portoncito junto al romero. La ni\u00f1a encontr\u00e1base all\u00ed, en el peque\u00f1o traje. Se atrevi\u00f3 a rectificar: LIS.<br \/>\n\u2014Que si est\u00e1 do\u00f1alise. Y, si es gente&#8230; o hada.<br \/>\nLa ni\u00f1a tuvo miedo y se apoy\u00f3 en el romero que era su ni\u00f1o amigo.<br \/>\nPara serenarse pens\u00f3 en la abuela, que, all\u00e1, en la cocina, hac\u00eda pastelillos, ardientes como rosas; alguno volaba un poco, a veces. Uno pas\u00f3 volando, y ella tendi\u00f3 la mano y lo atrap\u00f3 y lo mordi\u00f3, y para cambiar de conversaci\u00f3n, dijo: Tiene romero, (el romero mir\u00f3 sus propios ramitos, ya cocidos) hongos, oliva picada.<br \/>\nPero, la otra pidi\u00f3 para entrar. Juntas llegaron al patio, cuyas enredaderas atajaban la lluvia. La mesa ten\u00eda un extra\u00f1o hoyo. Las plantas, de hojas como alas. El cardomomo con sus flores pur\u00edsimas, de Primera Comuni\u00f3n, entreabiertas, h\u00famedas, salmones, como sexos, el cardomomo con sus gajitos de palomas, de&#8230;<br \/>\nLa abuela se puso de pie; el cabello enroscado en la nuca como una rosa; dej\u00f3 la fuente de los vivaces pastelillos, se sec\u00f3 las manos.<br \/>\nDijo a la visitante que pod\u00eda sentarse, que pod\u00eda servirse.<br \/>\nPero, \u00e9sta cont\u00f3 que ven\u00eda de Pueblo Palmeras, que era L\u00eda, hija de Estela, de Mar\u00eda Lia.<br \/>\nY pregunt\u00f3 si estaba do\u00f1a Lise, si viv\u00eda, ah\u00ed.<br \/>\nLa abuela respondi\u00f3: \u2013No. Es vecina.<br \/>\nY si ven\u00eda aqu\u00ed.<br \/>\nLa abuela dijo: \u2013Tal vez, ahora, o a la tarde.<br \/>\nMidieron el tiempo. Eran las nueve: la tarde podr\u00eda ser la ca\u00edda de la tarde. La otra dijo que no iba a esperar. Sali\u00f3 al patio; la ni\u00f1a la segu\u00eda. Las plantas de nieve. La mesa seca bajo la lluvia. El romero se mec\u00eda, espolvoreaba el aire.<br \/>\nAqu\u00e9lla quiso trepar a su carro de dos caballos; \u00e9stos, creyendo que, ya hab\u00eda subido, galopaban un poco; luego, se detuvieron asustados; entonces, ella trep\u00f3, y conduc\u00eda sabiamente.<br \/>\nLa ni\u00f1a se par\u00f3 junto al romero, junto a una puerta, entr\u00f3 a la cocina, por ver si la abuela le daba otra pastelita, y as\u00ed, se disimulaba todo ese otro asunto.<br \/>\nPero, como nada hubo, sali\u00f3 al jard\u00edn, camin\u00f3 un poco. La lluvia, ya hab\u00eda cesado. Ca\u00eda un leve polvo. Las plantas abr\u00edan bien anchas las hojas; algunas entrecerraban los ramos. Camin\u00f3 un poco. Hasta que, como siempre, sinti\u00f3 malestar y bienestar. Y, s\u00ed, all\u00ed, en el aire limpio, LIS surgi\u00f3 todo entera, envuelta en su tul brillante, el sombrero largo que parec\u00eda tocar el cielo, el rostro en \u00f3valo, los ojos como zafiros.<br \/>\n&#8230; Tal vez, entrar\u00eda<br \/>\n\u2014a saludar a la abuela\u2014.<br \/>\nTal vez, se desvaneciese, enseguida.<\/p>\n<p>24<br \/>\nPap\u00e1 dijo que \u00edbamos a la casa del t\u00edo Juan; y subimos con \u00e9l, al carricoche \u2014livian\u00edsimo\u2014, mi prima, mi hermana, y yo. Era por el sendero de los \u00e1lamos, de los eucaliptos rosados y celestes. La luna nos segu\u00eda, siempre, como un p\u00e1jaro de papel, una mariposa, una princesa encaprichada. Al atravesar todos aquellos jardines, ven\u00eda el perfume, a la vez, violento y sutil, de las arvejas; y las lilas volaban como moscas al alcance de la mano, se las pod\u00eda atrapar, y ven\u00eda, de continuo, el p\u00edo-p\u00edo de las liebres reci\u00e9n nacidas. Cuando llegamos a la casa de Juan, todos se alborozaron, los perros ladraban. Me sent\u00e9, r\u00edgida, en una peque\u00f1a silla; era una alta ni\u00f1a, de ocho o nueve a\u00f1os, con la melena casta\u00f1a, y el vestido de color de rosa. Vinieron mis primos, Luis Alberto y Juan Esteban. Me dijeron que fuera con ellos, que iban a mostrarme algo, y bajamos por una escalerilla, y descendimos al otro patio, y subimos a otra escalerilla, y, ya, en el desv\u00e1n, ellos comenzaron a desplegar unas hojas grandes y fin\u00edsimas. De higuera, dije. Pero no. De ciruelo gigante. Y no. Y yo estaba extra\u00f1ad\u00edsima, porque conoc\u00eda bien las hojas de todos los \u00e1rboles, y \u00e9sas, se parec\u00edan a todas y a ninguna. Contaron que estaban sometidas a un tratamiento especial y que ten\u00edan caracteres grabados. Y que ellos eran \u201cPoetas\u201d, y le\u00edan lo que estaba escrito en las hojas, y era algo prodigioso, en verdad, nunca o\u00eddo. Y yo estaba inm\u00f3vil, y la luna, tambi\u00e9n, miraba por la ventana, fijamente.<br \/>\nDespu\u00e9s, guardaron todo en grandes cajas bajo dos llaves. Y bajamos las escalerillas y llegamos al otro patio, y ya nos \u00edbamos. Y la mujer de Juan at\u00f3 un ramo de ra\u00edz de lirio para mi madre.<br \/>\nY ya nos \u00edbamos en el carricoche,<br \/>\ny yo ten\u00eda miedo y no entend\u00eda de qu\u00e9.<\/p>\n<p>26<br \/>\nLa uni\u00f3n sexual se estaba realizando; pero, fue suspendida, porque las doncellas lloraban, miraban hacia la pared, rezaban. Una se adelant\u00f3 y dijo una oraci\u00f3n muy antigua, que nunca hab\u00eda o\u00eddo; pero, igual, le vino a la memoria, y la dijo.<br \/>\nEntonces, la semiviolada huy\u00f3 hacia los anaqueles, uni\u00f3 las manos cerca de los vasos de hierbas, las retamas, las cajitas de azucenas.<br \/>\nUn animalillo blanco como el m\u00e1rmol, con los ojos inyectados de sangre, pas\u00f3 por el jard\u00edn.<\/p>\n<p>28<br \/>\nPap\u00e1 va a pescar.<br \/>\nHay una luna enorme, redonda y clara.<br \/>\nParece un d\u00eda extra\u00f1o.<br \/>\n\u00c9l sale con el anzuelo al hombro, y es como si fuera otro.<br \/>\nLos bueyes, al mirarlo, se levantan.<br \/>\n\u00c9l pasa y los pastizales se cierran suavemente; cae una manzana. El roc\u00edo brilla como un diablo, como un \u00e1ngel.<br \/>\nLa laguna queda lejos.<br \/>\nMi hermana, mi prima y yo, no dejamos de dormir ni de jugar; pero, le seguimos con la mirada, y preguntando qu\u00e9 sacar\u00e1 del agua \u2013Va a volver tard\u00edsimo\u2013 qu\u00e9 traer\u00e1 para morir en casa.<br \/>\nNo lo s\u00e9; pienso en un bicho nunca visto,<br \/>\nun gato sombr\u00edo de melena suelta,<br \/>\nque r\u00ede y r\u00ede, en el momento de morir.<\/p>\n<p>29<br \/>\n&#8230; Es que resultaba irreal tu trabajo en medio del jard\u00edn de junquillos,<br \/>\nel leve punteo de la azada, que de seguro, no hab\u00eda tenido principio, y que no iba a tener fin,<br \/>\nporque el dulce de ciruelas con su mant\u00f3n granate,<br \/>\nlos viajes de los habitantes de la casa<br \/>\ny la luz de la luna,<br \/>\npodr\u00edan parecer existentes,<br \/>\npero, tu faena, en medio del jard\u00edn dorado de flores, no.<\/p>\n<p>30<br \/>\nPor entre las pajas doradas iban los aguazales, los peque\u00f1os barcos, reci\u00e9n construidos, de vidrio y de papel, donde viajaban conejos sin residencia, y las ni\u00f1itas, que, en mitad de la tarde se escapaban, audazmente, de sus residencias.<br \/>\nHabr\u00eda que filmar eso; y alguien, dijo: Lituania.<br \/>\nPero, bien sab\u00edamos que \u00e9ste no era el pa\u00eds de Lituania.<br \/>\nEl sol, aunque en el final, brillaba con fijeza; las aguas crecieron a\u00fan m\u00e1s y treparon otra parte de las pajas doradas y algunas ventanas de los barcos. Eran barcos peque\u00f1os, en los que cab\u00edan s\u00f3lo una liebre y una ni\u00f1ita, y, a veces, s\u00f3lo uno de los dos.<br \/>\nLas liebres eran todas doradas como todas las liebres, y con los ojos rojos, o azules como las turquesas.<br \/>\nMe dio miedo, e iba a huir; iba a abandonar la m\u00e1quina cinematogr\u00e1fica, e iba a huir; pero, no pude, porque&#8230; pero, no pod\u00eda porque&#8230;<br \/>\nUna de las ni\u00f1itas cay\u00f3 al agua, pero, se trep\u00f3, enseguida.<br \/>\nLas liebres miraban, indiferentes, los largos r\u00edos que iban a recorrer.<\/p>\n<p>31<br \/>\nEra un campo poblad\u00edsimo de animales.<br \/>\nGliptodontes peque\u00f1os, y m\u00e1s grandes, y de gran tama\u00f1o.<br \/>\nBajo las c\u00e1scaras peludas, parec\u00edan de piedra peluda.<br \/>\nNo se rozaban ni se mov\u00edan, por miedo a una hecatombe, al autoexterminio.<br \/>\nSi se los miraba, de nuevo, ya, parec\u00edan m\u00e1s, como si en pocos segundos se hubieran amado y multiplicado, y las cr\u00edas tuvieran, ya, el mismo tama\u00f1o de los padres.<br \/>\nAlgunos desplegaban la boca, en actitud de lamento o de apetito.<br \/>\nY todos parec\u00edan m\u00e1quinas o muebles.<\/p>\n<p>32<br \/>\nAll\u00ed iban la Mar\u00eda Josefa y la Poup\u00e9e Mar\u00eda, bajo la tormenta de manzanas que ca\u00eda sobre la huerta, desde el coraz\u00f3n profundo de la tierra, desde el coraz\u00f3n sediento de las nubes, manzanas como fuego de oro puro, algunas ven\u00edan envueltas en un papel de plata, otras eran grises y celestes como el humo.<br \/>\nEllas avanzaban bajo la tormenta de lirios, de manzanas centelleantes.<br \/>\nA lo lejos, iban los animales avizores del campo, se o\u00eda el galope de sus u\u00f1as de plata.<br \/>\nY, a veces, aparec\u00edan, tambi\u00e9n, los viejos \u00eddolos. Leandro, Elba e Isabel; por un segundo ve\u00edanse \u00a0sus retratos en el cielo, en la piel dorada de las manzanas.<br \/>\nEntonces, ellas se asustaban, la Mar\u00eda Pepita y la Poup\u00e9e Mar\u00eda, eran madre e hija.<br \/>\nO la madre no se asustaba nunca.<br \/>\nY la ni\u00f1a fing\u00eda hacerlo, daba grandes gritos, se echaba de bruces en el mar de lirios, de pronto, fallec\u00eda.<\/p>\n<p>37<br \/>\nMe encantan la magnolia amarilla,<br \/>\ny la magnolia rosada y amarilla,<br \/>\ny la magnolia blanca como una estrella,<br \/>\ny la magnolia con rayas grises,<br \/>\n\u00e9sa que parece una p\u00e1jara del bosque,<br \/>\nuna polla con las alas abiertas.<br \/>\nPido a pap\u00e1 que me traiga la magnolia que nadie tiene;<br \/>\ny \u00e9l va y la corta en el minuto preciso,<br \/>\ny la trae al medio de la pieza,<br \/>\ny ella abre los grandes p\u00e9talos perfumados,<br \/>\ny le cuelga la cabecita gris sangrando.<\/p>\n<p>40<br \/>\nAnoche, me pareci\u00f3 que era mi abuela, la antigua rosa, la Rosa antigua, que pasaba, ciega, los escalones de la casa, y los del M\u00e1s All\u00e1.<\/p>\n<p>41<br \/>\nUna vez, en casa, naci\u00f3 un caballo, o en los alrededores de la casa; desde el momento de su nacimiento y el de caminar, que casi fueron uno, demostr\u00f3 gran masculinidad y belleza; era azul, reluciente, y la cola le llegaba al suelo pero, cuando pas\u00f3 el tiempo, su color fue tomando otro sentido, y fue como la \u201cflor de un d\u00eda\u201d, ese lirio que dura s\u00f3lo un d\u00eda, y que es blanco y con manchas negras; pero, al tocar la plena juventud, ya, estaba totalmente nevado, y as\u00ed, las opiniones se dividieron; hubo partidarios del caballo negro, y otros, de \u00e9ste, del de ahora. Las ni\u00f1as de la casa, que \u00e9ramos tres, est\u00e1bamos enamoradas de \u00e9l, y tambi\u00e9n, las de las vecinas. Algunas le segu\u00edan llamando \u201cel caballo negro\u201d, aunque, ya destellase; otras ni siquiera lo nombr\u00e1bamos. Se alimentaba de ramas, de rosas y alhel\u00edes, y de las cajas de masas que, a prop\u00f3sito, le dej\u00e1bamos entre los pastos, envueltas, siempre, en papel de color de rosa, que \u00e9l apartaba desde\u00f1osamente, comi\u00e9ndose la dorada confitura. Iba y ven\u00eda, mir\u00e1ndonos con indiferencia, y hasta con burla.<br \/>\nPas\u00f3 mucho tiempo. No s\u00e9 en verdad lo que pasaba. Pero, por verle, abandonamos la canastilla de los estudios y el canasto de las puntillas; no nos imagin\u00e1bamos ninguna cosa de la vida, en que no estuviese presente aquel caballo.<br \/>\n&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br \/>\nHasta, que, al final, \u00e9l se cas\u00f3 con una de nosotras. La que era algo mayor; una muy p\u00e1lida y de pelo largo.<br \/>\nRecuerdo el d\u00eda de la boda,<br \/>\nel viaje y el olvido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Once again I saw the forest of elder trees, the little rivers and their nearly nameless inhabitants: the spoons of water, the pans of water and the mushrooms.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":3016,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4454,42],"genre":[2010],"pretext":[],"section":[2365],"translator":[2602],"lal_author":[3444],"class_list":["post-3019","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-10","tag-uruguay","genre-poetry-es","section-translation-previews-and-new-releases-es","translator-jeannine-m-pitas-es","lal_author-marosa-di-giorgio-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3019","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3019"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3019\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32688,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3019\/revisions\/32688"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3016"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3019"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3019"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3019"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=3019"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=3019"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=3019"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=3019"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=3019"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}