{"id":2997,"date":"2019-05-19T22:56:52","date_gmt":"2019-05-20T04:56:52","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/05\/last-lash-oswaldo-estrada\/"},"modified":"2023-06-06T07:38:22","modified_gmt":"2023-06-06T13:38:22","slug":"last-lash-oswaldo-estrada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/05\/last-lash-oswaldo-estrada\/","title":{"rendered":"&#8220;El \u00faltimo zarpazo&#8221; de Oswaldo Estrada"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; line-height: 21.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-indent: 36.0px; line-height: 21.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; line-height: 21.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; line-height: 21.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; line-height: 21.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/><\/style>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/><\/style>\n<p>Cuando volvi\u00f3 de la calle horas despu\u00e9s, Felipe comprob\u00f3 con asombro y pavor que su mujer se hab\u00eda ido. Seg\u00fan el acuerdo, Julia se llev\u00f3 la mitad de todo, m\u00e1s todo aquello que hab\u00edan adquirido juntos para crear un hogar que le supiera a su tierra: los jarrones de talavera, la vajilla de Tlaquepaque, las alfombras oaxaque\u00f1as, el comedor de rat\u00e1n. Tambi\u00e9n una estanter\u00eda r\u00fastica, un armario se\u00f1orial de bisagras oxidadas. El ba\u00fal que hac\u00eda las veces de mesa de centro y la cama nupcial donde perdieron todas las batallas iniciadas en busca de la felicidad.<\/p>\n<p>\u2014Si quieres qu\u00e9date con la gata, pero Milagros se va conmigo. Se lo dijo as\u00ed, desafiante, sin una pizca de remordimiento. Buscando que se levantara del sof\u00e1 y la samaqueara para pedirle a golpes que se fuera de una vez o se quedara.<\/p>\n<p>No era justo. Hab\u00eda cedido en todo. Con la plusval\u00eda de la casa. Los ahorros mancomunados. El coche que acababan de comprar el a\u00f1o pasado. Jug\u00f3 entonces su \u00faltima carta con la misma amabilidad que hab\u00eda fingido desde hac\u00eda tres meses para que le firmara los papeles del divorcio.<\/p>\n<p>\u2014No seas caprichosa. Piensa que lo mejor para ella es quedarse aqu\u00ed. \u00bfC\u00f3mo la vas a meter a un apartamento tan reducido? T\u00fa trabajas todo el d\u00eda y ella est\u00e1 acostumbrada a correr por el monte. Aqu\u00ed est\u00e1n sus amigos, el lago donde nos ba\u00f1amos. El r\u00edo. Deja de pensar en castigarme y hazlo por ella que est\u00e1 aterrorizada.<\/p>\n<p>Fue in\u00fatil. Eres t\u00fa el que no quiere compartirla, lo ret\u00f3 con calculada dignidad. Y hubiera cedido otra vez, si no fuera por el auxilio de la voz ancestral. No lo hagas, coraz\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo vas a compartir la custodia? Deja de hacer el rid\u00edculo, hijo. Lo est\u00e1 haciendo para darte pena. Para que vuelvas con ella. \u00bfNo te das cuenta que es una perra?<\/p>\n<p>Le agarr\u00f3 la cabeza con las dos manos y se tir\u00f3 al suelo con ella. Le susurr\u00f3 al o\u00eddo que la querr\u00eda siempre, aunque le vomitara el coche de camino al veterinario. Ven pronto, le dijo. Ladrando como endemoniada y tumb\u00e1ndome\u00a0a punta de leng\u00fcetazos.<\/p>\n<p>Quiso morderla. Tener sus colmillos para despellejarla sin piedad. Pero se conform\u00f3 con tirar un portazo y decirle con todas sus letras que se fuera a la mierda.<\/p>\n<p>Solo entre los ara\u00f1azos de la mudanza, pens\u00f3 que le hab\u00edan robado. No los muebles ni la tele. Ni el cuadro de los alcatraces que hab\u00eda dejado una silueta en la pared, sino algo m\u00e1s. Tan vaporoso como los ecos que lo sorprend\u00edan a cada paso. O el recuerdo inefable de la perra.<\/p>\n<p>Se acost\u00f3 en el suelo despu\u00e9s de beberse unos mezcales con la intenci\u00f3n de dormir un mes entero. Se agarr\u00f3 a una de las almohadas como si la abrazara. Y se dio varias vueltas en el piso de madera pensando que jugaban en la hierba, que Milagros fing\u00eda morderlo, mientras \u00e9l le rascaba la panza, las orejas. Fue una ilusi\u00f3n pasajera. So\u00f1ando la busc\u00f3 en un parque de perros, descalzo y en calzoncillos, rodeado de desconocidos que dec\u00edan haberla visto con otra perra, escondida entre los pinos, hasta que lo despertaron los maullidos de la gata que hab\u00eda destrozado la mosquitera del dormitorio para forzar su ingreso.<\/p>\n<p>Puta gata. Le dieron ganas de tirarla por la ventana. O acuchillarla. So\u00f1\u00f3 entonces que al agarrarla por el cogote se transformaba en su mujer y volv\u00eda a entrar otra vez. Entre golpes y zarpazos la meti\u00f3 en una funda. La arrastr\u00f3 por las escaleras con la intenci\u00f3n de lisiarla. Cruz\u00f3 al lago de enfrente y se dio el gusto de ahogarla.<\/p>\n<p>Fue imposible deshacerse de ella. El mismo d\u00eda que llegaron a casa con el cami\u00f3n de la mudanza la encontraron echada en la terraza. Y aunque trat\u00f3 de ahuyentarla, ella sigui\u00f3 ah\u00ed, desafiante, dispuesta a quedarse.<\/p>\n<p>\u2014Pobrecita, la habr\u00e1n abandonado los otros due\u00f1os, suspir\u00f3 Julia, buscando en \u00e9l un poco de compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Ni se te ocurra darle comida, le record\u00f3 antes de irse al trabajo a la ma\u00f1ana siguiente. Y fue lo que hizo. Esa misma tarde le compr\u00f3 croquetas para gato y dos recipientes de cer\u00e1mica para que comiera como una reina.<\/p>\n<p>No le hizo gracia, pero dej\u00f3 que Julia jugara a la casita con la gata y se sintiera menos sola en ese pueblo de inmensos \u00e1rboles y monta\u00f1as nevadas, donde ninguno ten\u00eda un alma.<\/p>\n<p>A partir de entonces discutieron por la gata. Sus pelos gris\u00e1ceos aparec\u00edan en la cama y \u00e9l juraba que los sent\u00eda en los pulmones. Hab\u00eda destrozado el respaldo del sill\u00f3n donde sol\u00eda leer. Una l\u00e1mpara tejida a croch\u00e9. Tambi\u00e9n las cortinas de la sala y la puerta de la entrada. Lo peor eran sus maullidos salvajes cuando \u00e9l comenzaba a acariciarla. De noche. De madrugada. Y ella le suplicaba que dejara entrar a la gata.<\/p>\n<p>\u2014No te entiendo, le dec\u00eda sentado al pie de la cama, abraz\u00e1ndose las rodillas hu\u00e9rfanas. Ella le respond\u00eda con la mirada p\u00e1lida, queriendo que se callara para refugiarse de nuevo en los brazos de la gata. No. No extra\u00f1o a mi hermana. \u00bfY entonces? \u00bfQu\u00e9 te pasa? \u00bfQu\u00e9 te falta? Promet\u00eda entenderla, le ped\u00eda que confiara. Y eso s\u00f3lo aumentaba sus n\u00e1useas. El deseo de salir corriendo para enterrarse en la nieve y que nadie la encontrara.<\/p>\n<p>No puedo, le dijo. Pero su hermana la convenci\u00f3 en dos patadas. Has estado esperando este momento desde que viniste. Tienes la oportunidad de quedarte con un hombre que te ofrece los papeles. Que te quiere. \u00bfY me dices que no puedes? Ya ni la jodes, mana. \u00bfT\u00fa sabes c\u00f3mo cruc\u00e9 yo? \u00bfLo que es la sed, que te suelten en el desierto y te digan que corras como loca? \u00bfQue te agaches o te descubran los helic\u00f3pteros? Me tard\u00e9 meses en cruzar y para hacerlo le entr\u00e9 a todo. Tambi\u00e9n a eso. Hazlo por los pap\u00e1s que se empe\u00f1aron para conseguirte ese pasaporte y de milagro. \u00bfYa no te acuerdas?<\/p>\n<p>Claro que se acordaba. Fue lo primero que se les ocurri\u00f3 para reanimarla. Mandarla al otro lado con Ignacia. Era un trapo sangrante cuando la encontraron en esa cl\u00ednica. Se pas\u00f3 meses sin hablar, sin querer comer ni salir al patio. Hasta la mandaron con su abuela a Tapalpa. Y nada. Mi ni\u00f1a se me muere, Anselmo, lloraba la madre. Y \u00e9l toc\u00f3 todas las puertas hasta llegar a ese jacal donde descos\u00edan pasaportes y volv\u00edan a coserlos con visados aut\u00e9nticos. Una t\u00e9cnica a toda madre, le asegur\u00f3 El Meco, lanzando a sus pies un escupitajo negro. Hasta que las computadoras gabachas aprendieron a cotejar: nombres, fechas de nacimiento, lugares de expedici\u00f3n, el n\u00famero de cada visa, y el negocio se fue a la verga.<\/p>\n<p>No puedo, le dijo. Pero al final pudo. Cuando entreg\u00f3 el pasaporte al oficial de inmigraci\u00f3n estaba convencida de haber estudiado periodismo, de ser la autora de esas cr\u00f3nicas que pertenec\u00edan a otro nombre que memoriz\u00f3 a la perfecci\u00f3n. El viaje a Los Angeles, explic\u00f3 con voz firme, era para cubrir las nuevas propuestas antimigratorias para el diario donde trabajaba. Se lo dijo sin temor alguno. Serena. Acostumbrada a reportar en el ojo del hurac\u00e1n.<\/p>\n<p>C\u00e1sate conmigo, Julia, le dijo al escuchar que hab\u00eda entrado al pa\u00eds con un permiso humanitario porque ven\u00eda de una zona de guerra. Donde aparecen muertas todos los d\u00edas. Debajo de alg\u00fan puente, en la regadera. En la maquila, le cont\u00f3, una se\u00f1ora americana se hizo cargo de ella. Para tramitarle los papeles del ingreso como exiliada. Sin serlo, por supuesto. Un abogado llevaba su caso y su t\u00eda \u2013as\u00ed le dec\u00eda\u2013 le hab\u00eda asegurado que en unos meses tendr\u00eda su permiso de trabajo.<\/p>\n<p>No le crey\u00f3 ni un pelo. En cambio lo conmovi\u00f3 la necesidad de legitimarse con cuentos imposibles que serv\u00edan no tanto para protegerse de la migra como para crearse una casita de fantas\u00eda. Cosida a mano y con doble hilo. Como la que sus padres inventaron antes de tenerlo a \u00e9l en el Memorial Hospital donde sus patitas gordas sellaron su legalidad en una partida de nacimiento. Quiso quererla. Tener muchos hijos con esa mujer de ojos secretos a la que hab\u00eda conocido hac\u00eda dos meses en la barra del Para\u00edso.<\/p>\n<p>Le dijo que s\u00ed, ocultando su incomodidad cuando sus manos la tocaban y malograban el momento. Sus labios urgidos de afecto. Su torso cruel, enhiesto, tan contrario a la sonrisa infantil que promet\u00eda ampararla de todo mal.<\/p>\n<p>\u2014No te reconozco, chibolo, lo vacilaba Tomasito. Lo \u00fanico que te falta es que te pongas a tejer una chompa con tu hembrita. Era cierto. Lo hab\u00eda abandonado por estar con ella, viendo la telenovela. Interpretaba sus faltas de acrobacia como inexperiencia. Y le gustaba estar con una mujer as\u00ed, inocente y modosita. Que lo redimiera.<\/p>\n<p>Juntos so\u00f1aron con hacerse una casa de mu\u00f1ecas. De colores vivos y azulejos. Con muebles de mimbre y hierro forjado. Y una cocina con mucha luz para preparar moles en ollas de barro.<\/p>\n<p>\u2014S\u00f3lo a ti se te ocurre semejante idiotez, hijo. Ahora que te vas a mudar, que has conseguido un buen trabajo, te casas con una total desconocida.<\/p>\n<p>\u2014Yo la quiero, mam\u00e1.<\/p>\n<p>\u2014Una cosa es ser bueno y otra cosa es ser animal.<\/p>\n<p>Tumbado en el suelo, con la gata a sus pies, se pregunta si la vieja tuvo raz\u00f3n. O si fue el exceso de trabajo, sus guardias constantes o la falta de un hijo. Nunca entendi\u00f3 la aberraci\u00f3n que sent\u00eda a la intimidad y el deseo incompatible de ser madre y cuidar de un beb\u00e9. Visitaron m\u00e9dicos, probaron tratamientos. Pastillas. Inyecciones. Levantar las piernas y sostenerlas en el aire haciendo bicicleta para facilitar el pase del esperma. Dietas de tomate. Inseminaciones. Hasta se pusieron en manos de una curandera que la sob\u00f3 con rabia para acomodarle la matriz, mientras le rezaba y la escup\u00eda con agua bendita. En dos meses, le dijo, quedas encinta muchachita. Ahora vete a menearlo todo lo que puedas. Y p\u00eddele a esta beata de la estampita que te lo conceda.<\/p>\n<p>\u2014Esas son huevadas. Mejor c\u00f3mprale un perro, le aconsej\u00f3 su amigo enfermero. Aqu\u00ed en el hospital los usan de terapia con los ni\u00f1os que tienen c\u00e1ncer. Y de paso se olvidar\u00e1 de la gata. Yo s\u00e9 lo que te digo. La vio llorando tantas veces en la sala, en el umbral de la cocina. O en el ba\u00f1o, cuando comprobaba que los m\u00e9dicos y la sobadora la hab\u00edan enga\u00f1ado, que no aguant\u00f3 m\u00e1s y le hizo caso. Un perro, carajo. Un perro que los sacara de casa. Para acampar en las monta\u00f1as o alquilar una caba\u00f1a donde se tomaran el caf\u00e9 sentados viendo el paisaje, tapados los tres con una manta. Como en las pel\u00edculas que ve\u00edan juntos cuando dejaban de pelear.<\/p>\n<p>Se la regal\u00f3 un catorce de febrero, a las cinco de la tarde, cuando afuera ya era de noche y nevaba como si el mundo se fuera a acabar. La gata fue la primera en atacarla y ense\u00f1arle con un par de rasgu\u00f1os qui\u00e9n mandaba en casa. Julia la mir\u00f3 de lejos con la misma distancia que a \u00e9l, reclam\u00e1ndole que no le hubiera preguntado si quer\u00eda una perra antes de adoptarla. Si me conocieras un poco, le dijo, sabr\u00edas que no los soporto. Ni su olor, ni su aliento nauseabundo. Milagros va a ser nuestra terapia, le respondi\u00f3 \u00e9l. Ri\u00e9ndose de su gracia.<\/p>\n<p>Nunca se acostumbr\u00f3. Le fastidiaba su presencia, las pulgas que no ten\u00eda, las babas que le colgaban del hocico cada vez que tomaba agua. Su nariz eternamente mojada. Su af\u00e1n de lamerla. S\u00f3lo cuando peleaban la sacaba de casa a tirones con la excusa de llevarla a caminar. Y entonces la odiaba m\u00e1s. Detestaba sus orines amarillentos en la nieve. Tener que recoger su mierda. Caliente.<\/p>\n<p>Intent\u00f3 dejarla en siete ocasiones distintas, cerca de alg\u00fan aniversario, cuando confirmaba en silencio o en una pelea de perros y gatos que no ten\u00eda nada que celebrar, que se demoraba en el trabajo para huir del silencio sepulcral. Las miradas esquivas. Los reproches ag\u00f3nicos de una gata imposible de domar.<\/p>\n<p>Siempre terminaban d\u00e1ndose otra oportunidad. La \u00faltima y no m\u00e1s. Por ellos y la familia que iban a formar. Y \u00e9l se consolaba con la perra. Le contaba del ni\u00f1o que hab\u00eda nacido en la maternidad con la espalda mal formada. De la joven que falleci\u00f3 de un c\u00e1ncer uterino. O del esposo sordo que lloraba inconsolable en la sala de espera porque no hab\u00eda o\u00eddo a su mujer cuando rod\u00f3 por las escaleras. Con ella se fue de campamento dejando atr\u00e1s a la gata y a su due\u00f1a. Y con ella aprendi\u00f3 a enga\u00f1arla y a perdonarle sus rechazos. Porque as\u00ed se perdonaba \u00e9l por ella. Por esas aventuras que duraban lo justo. Con alguien del trabajo. En el gimnasio. O en los parques de \u00e1rboles frondosos donde los perros jugaban sin collares ni cadenas mientras sus due\u00f1os se escond\u00edan entre el follaje y dejaban manchada la nieve o la tierra.<\/p>\n<p>\u00c9l tambi\u00e9n era como ellos. Bien vestido y educado, pero un animal que s\u00f3lo quiso ech\u00e1rsela al plato, meditaba en sus horas de desvelo. Como el hombre asqueroso que la lam\u00eda mientras el otro le abr\u00eda las nalgas. Para que aprendas lo que es una verga. Como el otro que la escupi\u00f3 en la cara. Por puta, porque no aflojaba. Aqu\u00ed vas a aprender a ser hembra. Para que no andes de sobrada. No por favor, imploraba. Pero se la madrearon hasta dejarla inconsciente. Sin habla.<\/p>\n<p>Est\u00e1 viva de milagro, le dijeron a sus padres. La encontraron unos perros debajo de la basura. Las malas lenguas sentenciaron que andaba en las andadas, como la piruja de su hermana. A las muchachas decentes eso no les pasa, escuch\u00f3 por su ventana. Y maldijo a los putos perros que seg\u00fan la salvaron de la desgracia.<\/p>\n<p>Aguant\u00f3 hasta que le llegaron los papeles, cuando ya no ten\u00eda caso seguir intent\u00e1ndolo ni tampoco reclamarle los moretes que asomaban por debajo del cuello de la camisa. Los preservativos descubiertos en alg\u00fan bolsillo. Las llamadas perdidas. Las salidas nocturnas con Milagros. Que para caminarla tantito, cuando ella se sentaba a ver la novela y le ped\u00eda a todos sus santos que no volviera.<\/p>\n<p>Est\u00e1 bien, le dijo, sin hacer aspavientos. Poniendo fin a los a\u00f1os ingratos en que se tomaron fotos felices y aprendieron las man\u00edas de cada uno para pasar el examen de migraci\u00f3n. El modo de tomar el caf\u00e9. Con mucha crema y sin az\u00facar. Los programas favoritos. Los paseos solitarios. Las rutinas del gimnasio. S\u00f3lo dame la mitad que me corresponde, le exigi\u00f3. Y \u00e9l no puso resistencia, aunque hubiera podido sacarle en cara los recibos acumulados, los papeles y tratamientos.<\/p>\n<p>Se dividieron los bienes en paz, como si estuvieran sellando una nueva relaci\u00f3n matrimonial. Hasta el d\u00eda que se fue la perra dej\u00e1ndole a la gata, sabiendo que ten\u00eda las tetillas rojas y alargadas, que com\u00eda a todas horas y dorm\u00eda m\u00e1s de la cuenta. Porque estaba pre\u00f1ada de unas siete o seis semanas. Qui\u00e9n sabe de qu\u00e9 gato techero. Por andar en las andadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>When he got home hours later, Felipe confirmed, with astonishment and dread, that his wife had actually left. According to their agreement, Julia had taken half of everything, plus what they had gotten together to create a home that would have the flavor of her homeland: the Talavera jars, the dinner set from Tlaquepaque, the Oaxacan rugs, the rattan dining room set. Also a rustic bookcase, a stately hutch with rusted hinges. The trunk that served as a coffee table and their marriage bed, where they lost all the battles they began in search of happiness.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2994,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2956,4454],"genre":[2012],"pretext":[2040,2037],"section":[2349],"translator":[2595],"lal_author":[3498],"class_list":["post-2997","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-mexico-es","tag-numero-10","genre-fiction-es","pretext-ficcion-es","pretext-fiction-es","section-fiction-es","translator-rhi-johnson-es-2","lal_author-oswaldo-estrada-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2997","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2997"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2997\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2994"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2997"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2997"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2997"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=2997"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=2997"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=2997"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=2997"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=2997"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}