{"id":2993,"date":"2019-05-19T22:51:12","date_gmt":"2019-05-20T04:51:12","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/05\/ali-maria-fernanda-ampuero\/"},"modified":"2023-06-06T07:38:38","modified_gmt":"2023-06-06T13:38:38","slug":"ali-maria-fernanda-ampuero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/05\/ali-maria-fernanda-ampuero\/","title":{"rendered":"&#8220;Ali&#8221; de Mar\u00eda Fernanda Ampuero"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/><\/style>\n<div><\/div>\n<p>La ni\u00f1a Ali era rara, rara hasta en la generosidad. Ella no nos daba, por decir, la comida pasada o la ropa vieja. Nos daba lo bueno. Lo mismo que ella com\u00eda o vest\u00eda. Bueno, la ropa suya nos quedaba grand\u00edsima, pero la mandaba a arreglar antes de d\u00e1rnosla. Y cuando viajaba nos tra\u00eda ropa nueva, carteras, maquillaje, regalos, como si fu\u00e9ramos parientes de ella y no las muchachas. La ni\u00f1a Ali era as\u00ed. Mandaba a pedir comida y nos preguntaba qu\u00e9 nos provocaba porque, como ella dec\u00eda, algo pod\u00eda no gustarnos, caernos mal, \u00bfno? Nosotras nunca hab\u00edamos pensado en eso. Las se\u00f1oritas mandaban a ver cualquier cosa para uno y tocaba comer nom\u00e1s. O, por ejemplo, cuando \u00edbamos al supermercado nos daba su billetera. As\u00ed, en las manos, la billetera. O sea que era rara, pero rara buena. Ay, ni\u00f1a Ali, usted s\u00ed que es, le dec\u00edamos. Las otras chicas nos contaban que las se\u00f1oras les daban las frutas ya pasadas, la carne medio sospechosa, los aguacates negros, que nom\u00e1s serv\u00edan para el pelo, o los zapatos con el taco abierto, los pantalones con la entrepierna desollada, las cremas que ya hab\u00edan soltado ag\u00fcilla. Eso, porquer\u00edas. Igual: gracias ni\u00f1a, s\u00ed, muy bonito, muy rico, ni\u00f1a. Y tambi\u00e9n les revisaban las carteras y las fundas al salir y a veces hasta debajo de la falda por si se hab\u00edan metido algo de comida en el calz\u00f3n. Y les dec\u00edan si ustedes no fueran tan ladronas, nosotras no tendr\u00edamos que andar de polic\u00edas con todas las cosas que tenemos que hacer. Dec\u00edan todo eso sob\u00e1ndoles ah\u00ed abajo o cache\u00e1ndoles las piernas por encima del pantal\u00f3n o haci\u00e9ndolas vaciar la cartera en el suelo.<\/p>\n<p>Las otras chicas dec\u00edan con envidia: as\u00ed que la gordita es bien buena, \u00bfno? Las gordas son m\u00e1s buenas. Ojal\u00e1 yo encontrara una gorda. Esas flacas son s\u00faper miserables. Y son malas. Y s\u00f3lo andan pensando en c\u00f3mo adelgazar, se toman esas pastillas. Marlene, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n mis pastillas? Ya se las llevo, ni\u00f1a. \u00bfQu\u00e9 nom\u00e1s tendr\u00e1n esas pastillas? Como loca anda esa se\u00f1ora, con los ojos que se le salen, lechuza parece. Uy, la m\u00eda a veces, cuando va a tener un compromiso, se pasa d\u00edas nada m\u00e1s con queso de dieta y agua mineral y si le dices buenos d\u00edas ni\u00f1a te saca los ojos y si no le dices, tambi\u00e9n. La m\u00eda vomita: se pide una pizza familiar, chocolates, papas fritas, se encierra, se come todito y despu\u00e9s la oigo que vomita y vomita. La pobre Karina, la muchacha que limpia, es la que tiene que limpiar ah\u00ed todo eso y ni un gracias ni un nada. No pues, \u00bfno ves que nos pagan? El b\u00e1sico, pero nos pagan. Que los abuelos de ellas no pagaban a las muchachas, eran como quien dice los due\u00f1os. Se las tra\u00edan de los campos, las mam\u00e1s mismas las regalaban, y les daban casa y comida y gracias, patr\u00f3n, pap\u00e1 diosito les bendiga y les d\u00e9 muchos a\u00f1os de vida. Sonia trabaj\u00f3 con una que era borracha y tomaba pastillas y dorm\u00eda todo el d\u00eda y cuando se despertaba se pon\u00eda furiosa y le daba puro golpe a Sonia que se pon\u00eda en medio de ella y de los ni\u00f1os. Cuando la bot\u00f3, c\u00f3mo lloraba esa Sonia, porque, ay, esa mujer adoraba a los ni\u00f1os, dice que lloraban esas criaturitas, no te vayas Sonita, no nos dejes aqu\u00ed solitos, Sonita. Y el bebito berreaba como si lo abandonara la madre, un dolor, porque la Sonia era en verdad la mam\u00e1 de ese ni\u00f1ito. S\u00ed, eso aqu\u00ed al lado, en la urbanizaci\u00f3n esta de aqu\u00ed al lado, la del lago. El se\u00f1or ten\u00eda un cargo bien importante en el gobierno, con el alcalde, no s\u00e9 c\u00f3mo. Y despu\u00e9s con las amigas: todo perfecto, todo divino, todo so\u00f1ado. Esas risitas, \u00bfno? Tap\u00e1ndose la boca. Esas caras que ponen, m\u00e1s falsas, con esas porquer\u00edas que se inyectan que vienen como espantadas, m\u00e1s parecen de pl\u00e1stico esas mujeres, los ojos abiertotes, los labios as\u00ed de sapo. Andan hinchadas, fe\u00edsimas, como si les hubieran echado la malilla, pero pagan un billetote por eso. En las fiestas contratan saloneros con guantes blancos. Ha de ser para que no les toquen con las manos morenas la vajilla blanca y ponen unos manteles que valen m\u00e1s que lo que nosotras ganamos en un a\u00f1o. Y llenan esas mesas de ese pescado crudo de colores pastel. Y ponen flores por toda la casa. Y se ba\u00f1an en perfume. Para ocultar el olor a v\u00f3mito ha de ser. El olor a pijama y s\u00e1banas sucias, cagadas, menstruadas, pedorreadas, de cuando no se levantan varios d\u00edas. Nadie las ve as\u00ed, cuando uno tiene que ir, despacito: \u00bfni\u00f1a? Es el se\u00f1or por tel\u00e9fono, que quiere saber si usted ya se levant\u00f3. D\u00edgale que s\u00ed, que estoy en el ba\u00f1o. Que nadie me moleste, Mireya, vaya con el chofer a recoger a los ni\u00f1os y les da de comer y por dios que aqu\u00ed no entren, \u00bfme oy\u00f3? Y los chicos ya ni preguntan por la mam\u00e1. Al principio s\u00ed, pero despu\u00e9s ya solitos van a la cocina. Y te cuentan sus cosas, su f\u00fatbol, sus ex\u00e1menes, sus amigas y amigos, lo que les va bien y lo que les va mal. Las cosas que se les pasan por la cabeza y por el coraz\u00f3n y t\u00fa tambi\u00e9n les cuentas y al final son como tus hijos. Van creciendo en la cocina, comiendo con uno, hasta que se hacen grandes y ya les parece raro quererte tanto aunque en el fondo saben que la mam\u00e1 fuiste t\u00fa y te ven un d\u00eda y no saben si ponerse a llorar y correr a tus brazos como cuando se ca\u00edan de peque\u00f1itos o saludarte con la cabeza porque ya son unos se\u00f1ores y unas se\u00f1oritas de sociedad que saben que no se saluda a los empleados con besos ni abrazos.<\/p>\n<p>\u00bfLa gordita era buena madre entonces?<\/p>\n<p>S\u00ed. La ni\u00f1a Ali era una madre excelente hasta un poco antes del final. Entonces se le cruzaron los cables y ya no pod\u00eda, ya no. Al Mati no era capaz de tenerlo cerca ni de tocarlo. Nosotras no pod\u00edamos creerlo, una criatura as\u00ed, como un ni\u00f1o dios, con esos ricitos dorados y esa carita redonda, un \u00e1ngel, corriendo a abrazarla y ella con una voz ya rara, demasiado chillona, como cuando pisas a una rata, nos llamaba a gritos. Como si estuviera en peligro de muerte. Por la criaturita. Su bebito. Alicita ya era m\u00e1s grande y esa ni\u00f1a siempre fue bien inteligente, una lanza, viv\u00edsima. Con esos ojotes azules que se daban cuenta de todo. Qu\u00e9 bestia los ojos de esa ni\u00f1a, era como si te mirara todita por dentro. Parec\u00eda haber visto en su mam\u00e1 una cosa fea porque enseguidita supo. A la primera. Nom\u00e1s ya no entraba al cuarto donde estaba ella. Dej\u00f3 de pensar que ten\u00eda mam\u00e1: ya se ve\u00eda como una ni\u00f1ita hu\u00e9rfana, jugando sola y encarg\u00e1ndose del hermanito que daban ganas de morirse de la pena de verla, tan seria, visti\u00e9ndolo o dici\u00e9ndole que dejara de llorar por tonter\u00edas, que creciera. Y el joven, bueno, el joven hac\u00eda lo que pod\u00eda con su gordita loca, sal\u00eda a trabajar como todos los se\u00f1ores de la urbanizaci\u00f3n, todos a las ocho en punto, todos con un carro cuatro por cuatro, todos con camisa y pantal\u00f3n planchados por nosotras. Y esa cara de triste que part\u00eda el alma. \u00c9l tambi\u00e9n ya se sent\u00eda viudo, con sus ni\u00f1itos de madre loca. La ni\u00f1a Ali, desde que le empez\u00f3 el telele, la loquera, dorm\u00eda en el cuarto de hu\u00e9spedes y nos ped\u00eda que le llev\u00e1ramos la comida a la cama. Apenas ve\u00eda al joven. Cuando se topaban por la casa, ella le dec\u00eda qu\u00e9 fue y \u00e9l intentaba abrazarla, pero ella no lo dejaba, daba su gritito de rata aplastada y se volv\u00eda al cuarto de hu\u00e9spedes y \u00e9l se quedaba afuera, parado sin hacer nada, un buen rato, a veces con la mano en la puerta. Nos daba pena el joven. Nos daban pena todos, la verdad. La ni\u00f1a Ali ol\u00eda mal, la pobrecita. El Mati no dorm\u00eda bien por la noche. Alicita casi no hablaba y el joven no sabemos, trabajaba hasta tarde y nos dec\u00eda gracias, gracias. Cuando ven\u00eda la mam\u00e1 de la ni\u00f1a Ali, la se\u00f1ora Teresa, eso s\u00ed era terrible. La obligaba a ba\u00f1arse, a cortarse las u\u00f1as, a depilarse, a lavar toda su ropa, a airear el cuarto. Los gritos se escuchaban en toda la urbanizaci\u00f3n. Ven\u00eda el chofer de la se\u00f1ora Teresa a ayudar a levantar a la ni\u00f1a Ali y la presencia de ese hombre la volv\u00eda loca como si fuera el mismo diablo. Todos termin\u00e1bamos rasgu\u00f1ados y mordidos y llorando porque la ni\u00f1a Ali cuando ve\u00eda a ese hombre se trastornaba, se volv\u00eda un toro aterrorizado, cien kilos de masa enfurecida. Pr\u00e1cticamente hab\u00eda que amarrarla para llevarla al ba\u00f1o. Cuando el chofer se iba, la ni\u00f1a Ali parec\u00eda tranquilizarse un poco y si nosotras nos d\u00e1bamos cuenta no entendemos c\u00f3mo la madre, la se\u00f1ora Teresa, no, y tra\u00eda siempre al hombre con ella. Nosotras hab\u00edamos prohibido al chofer y al jardinero y al limpiador de ventanas y al chico que tra\u00eda la comida del supermercado y al profesor de nataci\u00f3n de Alicita y a cualquier otro trabajador que entrara a la casa cuando la ni\u00f1a Ali estaba despierta porque ya hab\u00edamos visto lo que le pasaba con los varones. Ni\u00f1a Ali, \u00bfqu\u00e9 le pasa? \u00bfQu\u00e9 le pasa? \u00bfQu\u00e9 le pas\u00f3?, le preguntamos las primeras veces, cuando le empezaron los ataques y ella a veces no sab\u00eda de qu\u00e9 le habl\u00e1bamos y a veces dec\u00eda cierren, cierren su puerta, no se duerman con la puerta sin seguro, cierren a mi hija, ci\u00e9rrenla bien, que nadie tenga la llave de mi hija, enci\u00e9rrenla, y se pon\u00eda a probar cien veces el seguro de la puerta de su cuarto. Pero la madre no. Que dios nos perdone, pero esa se\u00f1ora parec\u00eda ciega, bruta. Ni siquiera hablaba con la ni\u00f1a Ali. S\u00f3lo ven\u00eda por lo de la pierna y s\u00f3lo preguntaba por la pierna, pero cualquier tarado se hubiera dado cuenta de que el menor problema de la ni\u00f1a era la rodilla, la ca\u00edda tonta que tuvo en la piscina y los frascos y frascos de calmantes para el dolor que empezaron a darle, unos recetados por el m\u00e9dico y otros no. Nosotras, en la cocina, habl\u00e1bamos de buscar a otros doctores, doctores de la cabeza, de los loquitos, pero \u00bfqui\u00e9n iba a escuchar a las muchachas? La ni\u00f1a ya no era la misma persona y cada d\u00eda menos. Nom\u00e1s nosotras parec\u00edamos verlo. No era la pierna, \u00bfpor qu\u00e9 segu\u00edan hablando de la pierna? \u00bfPor qu\u00e9 se quedaban en la pierna, en la pierna, en la pierna? La pierna mejoraba, pero ella, \u00bfqui\u00e9n era? Ella era de meter a sus hijos a la cama y ver pel\u00edculas y comer pizza o dibujar o jugar con plastilina o inventarse obras de teatro o llevarnos a todos a comer hamburguesas o de hacer d\u00eda de los disfraces. Ella era de cuidar sus plantas, de desayunar cereales de colores como sus ni\u00f1os y de mirar al Mati dormir y luego decirnos \u00bfse imaginan que yo pude hacer algo tan precioso? Ella no era esa mujer que le hu\u00eda a su marido y a sus hijos, monstruosamente gorda, que apestaba y que abr\u00eda y cerraba el seguro de la puerta cuarenta veces al d\u00eda. No, esa no era nuestra ni\u00f1a Ali. Un d\u00eda vino el pap\u00e1, don Ricardo, sin avisar. Nosotras abrimos la puerta, pregunt\u00f3 por la hija y le dijimos que en el cuarto de hu\u00e9spedes. Fuimos a la cocina a prepararle el caf\u00e9 que pidi\u00f3 cuando escuchamos el portazo en la puerta principal. Corrimos al cuarto de la ni\u00f1a y ah\u00ed estaba ella: los ojos como platos, una mano agarrada a la s\u00e1bana bajo el cuello y la otra a una tijera de u\u00f1as. Apuntaba hacia la puerta. El brazo le temblaba desde el hombro. \u00bfNi\u00f1a? Empez\u00f3 a gritar. Que se vaya, que se vaya, que se vaya. \u00bfQui\u00e9n? \u00bfSu pap\u00e1? Ya se fue, ni\u00f1a linda. Que se vaya. Cierren la puerta, por favor, que no vuelva a entrar. Cierren todo, pongan seguro, que no se acerque a las ni\u00f1as, que no se acerque a Ali, que yo s\u00ed veo, yo s\u00ed veo y yo s\u00ed oigo y yo s\u00ed s\u00e9. \u00bfQu\u00e9 sabe, ni\u00f1a? \u00bfQu\u00e9 ve? Empez\u00f3 a gritar que le dol\u00eda. \u00bfQu\u00e9 le duele, mi ni\u00f1a linda? \u00bfD\u00f3nde? La tijera siempre apuntando hacia la puerta. Y entonces lo hizo, fue rapid\u00edsimo: cogi\u00f3 la tijera y se raj\u00f3 desde el pelo hasta la quijada. Nunca hab\u00edamos visto tanta sangre. La carita de nuestra ni\u00f1a abierta como carne fileteada. Vinicio, el chofer, escuch\u00f3 los alaridos. La subimos al carro y la llevamos a la cl\u00ednica. En el camino, llamamos al joven. Ay, ese joven. Esperamos las noticias en la casa, con los ni\u00f1os. Alicita no pregunt\u00f3 nada sobre su mam\u00e1. Ni una palabra. Le dijimos que hab\u00eda tenido un accidente y ni nos mir\u00f3. Ella volvi\u00f3 peor. Los vendajes de la cara le parec\u00edan insoportables, quer\u00eda verse, se los intentaba quitar a cada rato, as\u00ed que le pusieron vendas tambi\u00e9n en las manos y quitaron los espejos. Escuchamos de las amigas de la madre que los m\u00e9dicos dec\u00edan que no era bueno que se viera todav\u00eda, que primero hab\u00eda que seguir un tratamiento, cirug\u00edas pl\u00e1sticas, porque la herida era muy fea, muy morada, que ten\u00eda piel queloide y adem\u00e1s eso le atravesaba toda la cara, de la frente al cuello y que era un milagro que no se hubiera reventado un ojo. Escuchamos tambi\u00e9n lo de accidente. Lo de sin querer. Lo de que estaba medio dormida, que siempre fue son\u00e1mbula, desde chiquita. Son\u00e1mbula. A nosotras nadie nos pregunt\u00f3 qu\u00e9 hab\u00eda pasado porque si alguien lo hubiera hecho, habr\u00edamos dicho que esa ni\u00f1a cogi\u00f3 esas tijeras y se las clav\u00f3 y las arrastr\u00f3 para abajo como si quisiera borrarse la cara y que estaba buena y sana, despierta, y que el pap\u00e1 acababa de estar en su cuarto y que ella estaba aterrorizada con ese se\u00f1or y que ped\u00eda que alej\u00e1ramos a las ni\u00f1as de ese se\u00f1or y que a quien quer\u00eda clavar las tijeras era a ese se\u00f1or. Pero todos dijeron son\u00e1mbula y la opini\u00f3n de las muchachas no importa, as\u00ed que nos dedicamos a darle de comer con sorbete a la ni\u00f1a Ali y a arreglarle la almohada y a procurar que est\u00e9 c\u00f3moda y tranquila, a cuidar a los ni\u00f1os y al joven, que era como una almita en pena, a regar las plantas de la ni\u00f1a Ali, a darle cari\u00f1o a Alicita, cada d\u00eda con el coraz\u00f3n m\u00e1s sequito, a contestar el tel\u00e9fono y decir s\u00ed, se\u00f1orita, bien, no, ahorita est\u00e1 dormida, s\u00ed, se\u00f1ora Teresa, hoy mejor, s\u00ed, ya almorz\u00f3, un pur\u00e9 de zanahoria, s\u00ed, joven, s\u00ed, no se preocupe, aqu\u00ed estamos nosotras, no hay de qu\u00e9, hasta luego, ya se\u00f1orita, yo le digo. Cuando ven\u00eda la madre, la se\u00f1ora Teresa, la ni\u00f1a se daba la vuelta hacia la pared y ah\u00ed se quedaba a veces toda la tarde. La se\u00f1ora tra\u00eda a las amigas para no aburrirse, aunque estaba clarito que a la hija no le gustaba que viniera gente: met\u00eda la cabeza debajo de la s\u00e1bana y ah\u00ed se quedaba, como amortajada. Nosotras no par\u00e1bamos de hacer caf\u00e9, servir vasos de agua, refrescos diet\u00e9ticos, de dar galletas y encargar postres a la cafeter\u00eda del centro comercial. Las amigas de la se\u00f1ora Teresa capaz que cre\u00edan que hac\u00edan bien visitando a la ni\u00f1a Ali y cotorreando y chismorreando sobre todo el mundo, pero nosotras a veces entr\u00e1bamos y la ve\u00edamos, inm\u00f3vil, desgraciada, como un animal atado o a veces con embarrones de l\u00e1grimas por donde no le tapaba la venda la carita. Cuando se iban todas esas se\u00f1oras, qu\u00e9 alivio, hab\u00eda que ventilar todita esa casa de laca de pelo y perfume. Nosotras \u00e9ramos como renacuajos tratando de respirar, abriendo y cerrando la boca. La casa, por fin, se vaciaba como de un l\u00edquido gordo, como si fuera, por decir, una pecera con esos pescados raros: u\u00f1as pintadas y pelo de peluquer\u00eda y accesorios dorados. Se iban. Volv\u00edamos a ser como antes. La ni\u00f1a Ali sal\u00eda de debajo de la s\u00e1bana y nos ped\u00eda alg\u00fan postre que hubieran dejado. Nos re\u00edamos y com\u00edamos postres y parec\u00eda que recuper\u00e1bamos a nuestra ni\u00f1a Ali hasta que nos cog\u00eda la mano y nos dec\u00eda muerta de miedo: \u00bfsirve el seguro de la puerta? \u00bfY el del cuarto de Alicita? Y nosotras le dec\u00edamos que s\u00ed, que claro, y le acarici\u00e1bamos el pelo seboso y ella nos dec\u00eda que la cuid\u00e1ramos y se dorm\u00eda hasta que ven\u00eda la primera pesadilla. En las pesadillas la quer\u00edan desnudar. En las pesadillas alguien la obligaba a hacer cosas que ella no quer\u00eda. En las pesadillas ella pon\u00eda seguro a todas las puertas. En las pesadillas hab\u00eda siempre un adulto con un juego de llaves. Por esos d\u00edas, el joven se llev\u00f3 a los ni\u00f1os donde su mam\u00e1 porque pas\u00f3 eso de la ni\u00f1a Ali con Alicita. La verdad es que nosotras seguimos creyendo que ella no iba a hacer nada malo, que quer\u00eda ayudar a su hija, ense\u00f1arle, pero el joven lleg\u00f3 y justo las vio ah\u00ed en el ba\u00f1o a la ni\u00f1a Ali con la hijita desnudita y con esa cosa pl\u00e1stica que era como un pito de hombre grande y el joven se puso loco, le grit\u00f3 y le peg\u00f3, le dijo loca de mierda, qu\u00e9 haces, loca de mierda, gorda loca, est\u00fapida, sucia, te voy a meter a un manicomio y ella nom\u00e1s lloraba. Eso dicen que oyeron las chicas de la casa de al lado porque nosotras no est\u00e1bamos, era domingo. As\u00ed que el joven se llev\u00f3 a los ni\u00f1os en pijama, de noche, a la casa de la mam\u00e1. Ah\u00ed s\u00ed la ni\u00f1a Ali ya no levant\u00f3 cabeza. Vino la madre a quedarse y la ni\u00f1a ya no habl\u00f3 m\u00e1s. Cuando est\u00e1bamos solas, a veces abr\u00eda los ojos y preguntaba por Alicita. Nosotras le dec\u00edamos que estaba bien y nos ped\u00eda verla. Entonces se pon\u00eda a llorar y la mam\u00e1 nos mandaba a darle la pastilla. Un doctor amigo de la mam\u00e1 le hab\u00eda dado unas pastillas que la dejaban babe\u00e1ndose y con los ojos en blanco. Nosotras cre\u00edamos que era mejor que llorara porque parec\u00eda que la ni\u00f1a Ali ten\u00eda much\u00edsimo que llorar, una vida entera, pero la mam\u00e1 le daba las pastillas como caramelos. A cada ratito. Nos daba pena verla as\u00ed, tan hecha monstruo. La herida que le atravesaba la cara como un gusano morado, la gordura tremenda, las babas, los ojos idos, las batas blancas que le hab\u00eda tra\u00eddo la madre de Estados Unidos y que, dijo, eran para que la vean siempre limpia. Los d\u00edas fueron pasando. Y los meses. Lleg\u00f3 Navidad. S\u00ed. Eso fue lo peor, en Navidad. La ni\u00f1a Ali estaba un poco mejor, se levant\u00f3, fue a la cocina, desayun\u00f3 cereales y nos dijo que quer\u00eda comprar regalos, as\u00ed que nos imaginamos que quer\u00eda recuperar a sus hijos, a su marido. Nos pusimos content\u00edsimas y la dejamos sola un ratito para ir a vestirnos para ir al centro comercial. Cuando volvimos, ella se hab\u00eda metido al ba\u00f1o y hab\u00eda cerrado con seguro. Escuchamos caer el agua mucho, demasiado rato. \u00bfNi\u00f1a Ali? Tocamos la puerta. \u00bfNi\u00f1a? Fuimos a buscar las llaves y al volver ah\u00ed estaba ella, envuelta en una toalla, con el pelo empapado, largo y lacio, pegado a la espalda. Nos sonri\u00f3. \u00bfQu\u00e9 pasa? El centro comercial era una locura: villancicos, gritos de ni\u00f1os y cientos de personas. Nos preocupamos, la ni\u00f1a Ali llevaba meses sin salir de la casa, pero salvo una peque\u00f1a cojera y la gordura tan enorme, nadie hubiera dicho que a esa mujer le pasaba algo extra\u00f1o, que se vivi\u00f3 lo que se vivi\u00f3. As\u00ed es, \u00bfno? Uno ve gente y no sabe lo que ha pasado detr\u00e1s de la puerta de su casa. Casi enseguida nos mir\u00f3 y nos dijo que ten\u00eda que comprar unos regalos importantes para unas personas importantes y que esas personas no pod\u00edan ver esos regalos, as\u00ed que tendr\u00edamos que separarnos un ratito. Todo parec\u00eda ir bien. Ella gui\u00f1\u00f3 un ojo, sonri\u00f3, llevaba su cartera, ropa deportiva, zapatos rojos de correr. Parec\u00eda una chica normal, la misma ni\u00f1a Ali de siempre que se iba a la quinta planta a comprarnos qui\u00e9n sabe qu\u00e9. La vimos subir en el ascensor y sonaba la m\u00fasica navide\u00f1a y parec\u00eda de verdad que toda la locura se hab\u00eda acabado, que ella iba a ser mam\u00e1 de sus hijos y mujer de su marido y que ese era el milagro del Ni\u00f1o Jes\u00fas porque nosotras hab\u00edamos rezado tanto y dicen que Dios escucha m\u00e1s a los pobres porque quiere m\u00e1s a los pobres, as\u00ed que para algo ten\u00eda que servir la mierda de ser pobre, para recuperar a la ni\u00f1a Ali, para que se acaben sus pesadillas y las de todas. La vimos asomarse al balc\u00f3n de la cafeter\u00eda de la quinta planta y entonces supimos, enseguida supimos, hay algo que te dice, no se puede explicar, que lo horroroso va a pasar. Varios gritos al mismo tiempo, el ruido de un cuerpo que se destroza, como si lanzaras un saco de vidrio, piedra y carne cruda, un lado del cr\u00e1neo de la ni\u00f1a Ali machacado, como derretido, m\u00e1s gritos, un grito que sale de dentro tuyo, un grito que es como una cuchillada, el grito del coraz\u00f3n y de los pulmones y del est\u00f3mago y la ni\u00f1a Ali ah\u00ed, como una mu\u00f1eca grandotota despernancada, una posici\u00f3n inhumana, como rellena de lana en vez de huesos. Nosotras nos quedamos ah\u00ed, paradas, con la mano en la boca, hasta que vinieron los m\u00e9dicos, la polic\u00eda, el joven, la se\u00f1ora Teresa, don Ricardo y alguien nos empez\u00f3 a sacudir para llevarnos a la casa a atender a toda la gente que enseguida empez\u00f3 a llegar loca por saber por qu\u00e9, c\u00f3mo, y la se\u00f1ora Teresa, con un pa\u00f1uelito en la mano, dec\u00eda accidente, terrible accidente, suelo mojado, ella estaba inestable, ya sabes, la rodilla, pero insisti\u00f3 en salir porque era una madre maravillosa, claro, claro, dec\u00edan las amigas, y quer\u00eda comprarle regalos a los ni\u00f1os. Qu\u00e9 horror, s\u00ed, un accidente, pobrecita mi gorda, dec\u00edan las amigas. Pero, cuando la se\u00f1ora sal\u00eda del cuarto, alguna le\u00eda en el tel\u00e9fono la noticia de <i>La suicida del centro comercial <\/i>y las otras escuchaban, las manos llenas de anillos tap\u00e1ndose la boca y los ojos abiertos sin pesta\u00f1ear. Otra se\u00f1ora dijo bajito que alguna vez escuch\u00f3 que hab\u00eda algo raro en esa casa, que el hermano a la hermana, que el padre a la ni\u00f1a. Las otras la mandaron a callar con violencia: no repitas esas estupideces. En el entierro, una se\u00f1orita del cementerio repart\u00eda rosas blancas para que los seres queridos de la ni\u00f1a Ali las pusieran sobre su ata\u00fad. Cuando pas\u00f3 junto a nosotras, nos salt\u00f3 y le dio rosas a unas se\u00f1oras muy elegantes con gafas negras grandotas a la que nunca hab\u00edamos visto. Al d\u00eda siguiente del entierro, don Ricardo, el pap\u00e1 de la ni\u00f1a Ali, nos dio cien d\u00f3lares, los d\u00edas del mes trabajados, dijo, y, antes de irnos, la se\u00f1ora Teresa nos revis\u00f3 las carteras y las fundas por si nos est\u00e1bamos robando algo. Ah\u00ed donde no nos revis\u00f3 llev\u00e1bamos el anillo de matrimonio de la ni\u00f1a, su reloj tan bonito y un collar de perlas que nunca se puso. No nos dijo adi\u00f3s, ni gracias. Detr\u00e1s de ella, Alicita nos miraba con esos ojos azules tan inmensos, tan inteligentes, tan asustados. Los mismos ojos, igualitititos, a los de su mam\u00e1.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>Mar\u00eda Fernanda Ampuero, escritora ecuatoriana. Foto: Isabel Wagemann.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ni\u00f1a Ali was strange, strange even in her generosity. For example, she wouldn\u2019t give us expired food or old clothes. She gave us the good things. The same as she ate and wore. Of course, her clothes were far too big, but she sent them to be altered before giving them to us. And when she travelled she brought us back new clothes, handbags, make-up, and presents, as if we were relatives and not just the girls. Ni\u00f1a Ali was like that. She\u2019d order food and ask us what we fancied because, as she put it, there might be something we didn\u2019t like, had an aversion to, right? We\u2019d never thought about it like that. Other Ni\u00f1as would order anything for you and you just had to eat it.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2990,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[30,4454],"genre":[2012],"pretext":[2040,2037],"section":[2349],"translator":[2593],"lal_author":[3645],"class_list":["post-2993","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-ecuador","tag-numero-10","genre-fiction-es","pretext-ficcion-es","pretext-fiction-es","section-fiction-es","translator-victor-meadowcroft-es-2","lal_author-victor-meadowcroft-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2993","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2993"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2993\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2990"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2993"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2993"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2993"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=2993"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=2993"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=2993"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=2993"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=2993"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}