{"id":2969,"date":"2019-05-19T01:55:58","date_gmt":"2019-05-19T07:55:58","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/05\/house-devastated-after-hurricane-antimodern-writing-maria-negroni\/"},"modified":"2024-04-24T06:23:07","modified_gmt":"2024-04-24T12:23:07","slug":"house-devastated-after-hurricane-antimodern-writing-maria-negroni","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/05\/house-devastated-after-hurricane-antimodern-writing-maria-negroni\/","title":{"rendered":"Una casa devastada despu\u00e9s de un hurac\u00e1n: La escritura antimoderna de Mar\u00eda Negroni"},"content":{"rendered":"<div dir=\"ltr\"><\/div>\n<div class=\"caption\" dir=\"ltr\"><\/div>\n<p dir=\"ltr\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/><\/style>\n<\/p>\n<p>Una casa devastada despu\u00e9s de un hurac\u00e1n: las estructuras se mantienen, nadie asegura que la casa se venga a bajo, pero hay confianza de que por el momento no ser\u00e1 as\u00ed. Vidrios rotos, muebles destrozados por doquier. Ropa diseminada como en una batahola de locos. El techo cay\u00e9ndose a pedazos, la mamposter\u00eda evidenciando que el arreglo del mes pasado no fue duradero. No dar\u00edan ganas de vivir ah\u00ed: no hay luz, no hay agua, no hay gas. Es la ruina total. Pero es tu casa. <i>Tu\u00a0<\/i>casa, la de nadie m\u00e1s. Y no se puede ir a otro sitio. A\u00f1os y a\u00f1os construyendo, a\u00f1os y a\u00f1os, arreglando, tapizando, comprando muebles y utensilios que fueran como propios. Entre las ruinas, encontrar, de pronto, un objeto amado: una fotograf\u00eda vieja o un reloj que fue del abuelo. O tal vez, un vaso que sobrevivi\u00f3 intacto y que ahora, al estar a la intemperie, es un lujo que se celebra y da \u00e1nimos. De un lado a otro de la casa, jirones de cuadros bellamente enmarcados son el recordatorio de una \u00e9poca que se quiso mejor. Pero hoy, esos mismos jirones, m\u00e1s que develar el estatus de un pasado imaginario, son en el presente un resguardo afectuoso de esa misma intemperie que vuelve una y otra vez a mirar de frente. Y esa mirada se encuentra tenaz con nuestros ojos. As\u00ed leemos la literatura, tal vez toda literatura. As\u00ed, muy probablemente, la escritura de Mar\u00eda Negroni, nos mira cuando su casa \u2014nuestra casa\u2014 se cae a pedazos, pero sabemos que en ella tenemos que habitar porque la hemos construido a\u00f1o tras a\u00f1o con el fin de desafiar a la intemperie.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>No s\u00e9 si otros lectores de la poeta y escritora argentina pensar\u00e1n lo mismo, pero su literatura, su <i>escritura,<\/i> siempre se me ha ocurrido imagin\u00e1rmela como la de una vasta variaci\u00f3n original y contempor\u00e1nea de ese libro fundacional y \u00fanico de nuestras letras continentales: <i>Los raros <\/i>de Rub\u00e9n Dar\u00edo. No lo digo por el af\u00e1n cr\u00edtico que se le adosa a todo poeta moderno \u2014y a estas alturas postmoderno\u2014 en la estela inaugurada por Baudelaire, tampoco en el sentido que implica efectuar un \u201crevival\u201d de gestos de autoconciencia cr\u00edtica en una \u00e9poca como la nuestra, tan dejada de s\u00ed misma en ese tipo de manifestaciones que terminan convirti\u00e9ndose en un clich\u00e9 \u201cintelectual\u201d. Para nada. Lo pienso m\u00e1s bien como una variaci\u00f3n que asume en la recreaci\u00f3n constructiva de los referentes a los que acude, una b\u00fasqueda apasionada de sus razones \u00faltimas. Acaso su justificaci\u00f3n para poder decir, menos para solicitar un fuero especial a lo hist\u00f3rico. Tal vez por eso, en la trama amplia y variada de su escritura, los ensayos de Negroni se me vienen a la mente no como eruditos estudios o indagaciones exc\u00e9ntricas para dar cuenta de una sensibilidad tal o cual que deba rendirle pleites\u00eda a la \u201cactualidad\u201d, ese t\u00f3tem en que se consumen los sacrificios contempor\u00e1neos de tantos inocentes. En absoluto: cuando esta escritora recorre con la prestancia de su prosa ese verdadero cat\u00e1logo imaginativo que hace de Edgar Allan Poe, Dr\u00e1cula, <i>The Maltese Falcon<\/i>, <i>Touch of Evil<\/i>, Raymond Chandler, el Capit\u00e1n Nemo y el Dr. Jekyll, por ejemplo, referencias de una pasi\u00f3n lectora y visual que nos conduce a laberintos oscuros, es menos por el peso de un romanticismo <i>demod\u00e9<\/i> y edulcorado lo que pone en juego, que acaso un modo de tratar de decir a esa misma \u00e9poca a semejanza de un baile de sombras que se viene a mal con la claridad de una raz\u00f3n ilustrada echa a\u00f1icos y que, en nuestra literatura, siempre ha querido examen, esc\u00e1ner social y diagn\u00f3stico de crisis permanentes. En ese gesto, quiz\u00e1s anida un modo de leer, un modo de entrever en la huerfan\u00eda hispanoamericana, el contacto con tradiciones alternas que socavan la modernidad de la cual siempre hemos sido deudores. Por otro lado, el inter\u00e9s de Negroni por esas figuras centrales, pero exc\u00e9ntricas \u2014Walser, Benjamin, Dickinson, por ejemplo\u2014 es el contrapunto ideal para las puertas tenebrosas del cine Noir o los fascinantes museos de cera que atraviesan su poes\u00eda y buena parte de su prosa. Contrapunto en tanto no escatima en hacernos ver siempre el reverso de la apariencia, destruyendo de paso, el anverso de lo que creemos como presente: pura fantasmagor\u00eda que funda su propio vac\u00edo, pero que es tambi\u00e9n a su vez, aquello que se qued\u00f3 abajo cuando el tren de la modernidad parti\u00f3. Y al parecer, cuando ese tren se ha estrellado en la estaci\u00f3n final \u2014que pudo haber sido la vieja Estaci\u00f3n Finlandia, pero de la cual, toda utop\u00eda huy\u00f3\u2014 no deja de ser altamente ejemplificador el modo en que el retraimiento de la Dickinson, por mencionar un caso, es para Negroni menos un aspecto de una biograf\u00eda que nos seduce como peculiar, que un gesto de escritura que se retira de escena para fundar su propio sentido. O cuando comenta a Walser y nos lo muestra m\u00e1s como un compa\u00f1ero de ruta de los caminos del sue\u00f1o que de los principios categ\u00f3ricos de la escritura <i>engag\u00e9<\/i> que, hoy por hoy, a modo de un zombi que jam\u00e1s fue aniquilado, retorna por sus fueros. Es que en los gui\u00f1os y actualizaciones de Negroni habita ese af\u00e1n de detener la m\u00e1quina y volver atr\u00e1s para decir: \u201cintentemos de nuevo\u201d. Por eso es m\u00e1s que probable que las alusiones de febril nocturnidad, apelando a Novalis y a Edgar Allan Poe, tal como esas vueltas de tuerca en la espectral reivindicaci\u00f3n de Marosa Di Georgio, Horacio Quiroga, o cierto Octavio Paz \u2013el de <i>La hija de Rapaccini <\/i>que tanto nos recuerda a E.T. Hoffmann\u2013 nos muestran a una escritora que lee y nos invita a leer el reverso de una modernidad atascada. El rostro carcomido del progreso por el sonambulismo de cine negro, como por los monstruos de la fantas\u00eda v\u00eda Mary Shelley o Ridley Scott o por los vampiros que anhelan s\u00f3lo ser mortales, desde\u00f1ando el infinito y, ciertamente, los fil\u00f3sofos de las miniaturas que hallaban como la m\u00e1s fecunda fatalidad reflexiva el mirar melanc\u00f3lico de las figuritas de mazap\u00e1n, son el contradiscurso de una modernidad que nunca tuvimos y que se abre a su propia disoluci\u00f3n en el impacto est\u00e9tico de su propio horror. En ello, Negroni da el salto y se aventura: en la estela de Dar\u00edo, en la de Huidobro, Pitol, Paz o Borges, nuestra escritora prefiere mil veces hacer catastro significativo de las ruinas de la vieja promesa que tragarse la asepsia de una postmodernidad que se va volviendo cada vez m\u00e1s moralizante. Negroni hace suyo el dictum de su amada Susan Sontag: \u201cPara acceder a la literatura mundial es necesario escapar de la prisi\u00f3n de la vanidad nacional, del filiste\u00edsmo, del provincialismo obligatorio, de la escolarizaci\u00f3n inane, de los destinos imperfectos y la mala suerte. La literatura es el pasaporte para entrar en una vida m\u00e1s amplia, es decir, una zona de libertad\u201d. As\u00ed, la escritora argentina, nos plantea un desaf\u00edo de \u201creconocimiento\u201d no tanto de lo \u201cnuevo\u201d, sino de lo que se qued\u00f3 en el tintero antes del cierre de la imprenta y que es preciso aprehender en vistas de la jaur\u00eda que internet ha soltado vociferante. Tal vez por eso, Negroni nos aborda con el menos conocido Huidobro, el de <i>Cagliostro<\/i>, indic\u00e1ndonos que, en una \u00e9poca t\u00e9cnica, la magia no se extingue, como a su vez, nos inquiere con los laberintos infantiles del Verne de <i>20 mil leguas de viaje submarino<\/i> para se\u00f1alar que a\u00fan esa misma t\u00e9cnica no es sino un detritus melanc\u00f3lico. Sin duda esas conjunciones, azarosas, provocativas, variables, tienen menos de reliquiario que de exploraci\u00f3n de sentidos posibles. Esa es la \u201crareza\u201d de la escritora argentina, una \u201crareza\u201d en la estela de ser descendiente de Dar\u00edo, no por un gusto musical, sino para inventar mosaicos que amamos al identificarlos con nuestra diseminada no\/identidad postmoderna y que creemos liviana, pueril, pero m\u00e1s que nada, atenta en su lucidez juguetona.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Un critico literario chileno, hoy muy probablemente olvidado, Ricardo Latcham, a mediados del siglo XX, escrib\u00eda sendos estudios para examinar la influencia de Balzac y Zola en la narrativa hispanoamericana. Que esos estudios nos digan algo a\u00fan, es tema que dejo en suspenso, pero que muestran por otro lado, una pasi\u00f3n com\u00fan en nuestras letras se me hace palpable: ese af\u00e1n de querer hacer de la literatura un correlato pr\u00edstino del conflicto social, casi como un planteamiento dial\u00e9ctico, y que implica abordar o entender la literatura como una especie de ant\u00edtesis, necesaria en su cariz est\u00e9tico, pero paso previo para una s\u00edntesis tal vez mayor que los mismos discursos emancipadores de lo pol\u00edtico y social demandar\u00edan en eventuales etapas socio-hist\u00f3ricas posteriores, enarbolando sus banderas liberadoras. Pero siempre, ante tama\u00f1os consensos, han existido esos escritores y poetas entre nosotros que sin desde\u00f1ar para nada aquel desaf\u00edo cultural, efect\u00faan un viaje oblicuo en aras de asumirse en la retaguardia de una modernidad que no siempre ha sido feliz y menos complaciente entre nosotros. Creo que el gesto de \u201crareza\u201d de Negroni que mencionaba l\u00edneas m\u00e1s arriba, va en esa direcci\u00f3n: s\u00f3lo, as\u00ed como lector me veo seducido por las bellezas siniestras que evoca, por las oscuras referencias que atrae, por los juegos de imaginaci\u00f3n seductora que propone. Al final, en la antesala de una modernidad desquiciada, una escritora como Negroni, creo que entre nosotros ocupa esa posici\u00f3n que tan bien ha descrito Antoine Compagnon: \u201cuna antimoderna\u201d. \u00bfSer\u00e1 posible eso? \u00bfo es acaso una mera provocaci\u00f3n en una \u00e9poca tan atenta de detectar, denunciar y desacreditar el surgimiento de cualquier discurso que le parezca sospechoso al no concordar con el mito del progreso y la moralidad a \u00e9l circunscrito?\u00a0 En un instante hist\u00f3rico como el nuestro que ha sido testigo del cuestionamiento a los logros de ese largo periodo de autocomplacencia imaginativa como lo ha sido el siglo liberal desde fines de la Segunda Guerra Mundial, una literatura como la de Negroni, de pronto, ca\u00eddos los resquemores victorianos de puritanismo censurador, creci\u00f3 a sus anchas en la idea de su propio juego de formas, en su propio entrecruzamiento de placer, fantas\u00eda y oscuridad. Ese tipo de narrativa, ese tipo de ensayo, ese tipo de poes\u00eda, desprendida de la asfixiante moralidad del \u201cdeber ser\u201d es lo que, a nuestro modesto parecer, ha hecho de Negroni tan seductora: un viaje por el lado oscuro de la existencia que posee su cuota de cr\u00edtica ya sea cultural o pol\u00edtica y que no es desde\u00f1able en sus apariencias est\u00e9ticas de intensidad fantasmag\u00f3rica. La literatura de Negroni ha efectuado un viaje que no es inofensivo a pesar de querer identificarlo con lo exc\u00e9ntrico, lo marginal o la erudici\u00f3n del imaginario g\u00f3tico o neorrom\u00e1ntico. Porque Negroni, a diferencia de varios\/as, no lee, por ejemplo, en Benjamin, al fil\u00f3sofo de la historia que invoca al \u00e1ngel para que le abra un intersticio al mes\u00edas prometido bajo la capa de la reivindicaci\u00f3n social de lo que sea. No, Negroni se fascina m\u00e1s bien con el fil\u00f3sofo que admira mu\u00f1ecas, chucher\u00edas y que se va de vagabundaje de la mano de Baudelaire entre los recovecos de la gran ciudad. Lo mismo que Walser, lo mismo que Chandler, lo mismo que Hawthorne, lo mismo que Pizarnik: figuras, estelas, instantes, im\u00e1genes para nada convencionales y donde la locura, el tedio, la asfixia y la alienaci\u00f3n cobran su fuero con los ojos de una llovizna a las afueras de un cine de barrio que ha contado esas historias negras que tanto nos fascinan. En ese gesto, no hay econom\u00eda. Hay gasto simb\u00f3lico sin capitalizaci\u00f3n: puro exceso y sin mediaci\u00f3n, cat\u00e1strofe y pura oblicuidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Aun la casa no se cae a pesar de no arreciar la tormenta. Entre sus ruinas, nos cobijamos, pero no sinti\u00e9ndonos ajenos, evidentemente, a la intemperie \u2014como siempre ha sido\u2014, pero sin la angustia de no saber d\u00f3nde estamos. En el intertanto, mientras sabemos que ninguna ayuda llegar\u00e1, retiramos los escombros y leemos. No podemos dejar de hacerlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><b id=\"docs-internal-guid-1255d9bd-7fff-506e-182f-2586bec71c94\">A house devastated after a hurricane: the structures still stand, no one can say for sure whether the house will collapse, but at least for the moment we can be confident that it will not be so. Broken glass, smashed furniture all over the place. Clothes scattered as if after a brawl&nbsp;between madmen.<\/b><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2966,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4454],"genre":[2019],"pretext":[2033],"section":[2344],"translator":[2458],"lal_author":[3341],"class_list":["post-2969","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-10","genre-essay-es","pretext-ensayo-es","section-essays-es","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-ismael-gavilan-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2969","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2969"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2969\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32678,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2969\/revisions\/32678"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2966"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2969"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2969"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2969"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=2969"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=2969"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=2969"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=2969"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=2969"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}