{"id":2935,"date":"2019-05-18T01:59:00","date_gmt":"2019-05-18T07:59:00","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/05\/tourist-his-own-land-juan-villoro-chronicle\/"},"modified":"2023-06-06T07:34:21","modified_gmt":"2023-06-06T13:34:21","slug":"tourist-his-own-land-juan-villoro-chronicle","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/05\/tourist-his-own-land-juan-villoro-chronicle\/","title":{"rendered":"El turista en su propia tierra: Juan Villoro ante la cr\u00f3nica"},"content":{"rendered":"<div dir=\"ltr\"><\/div>\n<div class=\"caption\" dir=\"ltr\"><\/div>\n<p>En <i>Safari accidental<\/i> (2005), Juan Villoro nombra memorablemente a la cr\u00f3nica: el \u201cornitorrinco de la prosa\u201d. Este animal fue inspeccionado por un cient\u00edfico occidental por primera vez en 1799 en Inglaterra. El doctor George Shaw lo diseccion\u00f3 con el fin de encontrar las suturas que un\u00edan las partes de distintos animales; sobra decir que no las encontr\u00f3. En Alemania se le puso el nombre cient\u00edfico de <i>ornithorhynchus paradoxus<\/i>; esta \u00faltima palabra implica etimol\u00f3gicamente una creencia u opini\u00f3n contraria a la detentada por la mayor\u00eda, una poco veros\u00edmil. As\u00ed como el ornitorrinco dej\u00f3 perplejos a los cient\u00edficos europeos, la cr\u00f3nica se utiliza usualmente para temas admirables e incre\u00edbles, cuando el observador necesita comunicar su hallazgo a los dem\u00e1s. Sin embargo, los medios de informaci\u00f3n masivos no le son suficientes; hay algo en el lenguaje que es m\u00e1s importante a\u00fan que el objeto mismo. Es la uni\u00f3n de todas las partes dis\u00edmiles y parad\u00f3jicas lo que hace que la cr\u00f3nica sea una <i>rara avis<\/i> de la literatura.<\/p>\n<p>Para los cronistas de Indias era muy claro que hab\u00eda que narrar el Nuevo Mundo o ser\u00eda literalmente impensable. De Crist\u00f3bal Col\u00f3n a Bernardino de Sahag\u00fan, pasando por Hern\u00e1n Cort\u00e9s, Bernal D\u00edaz del Castillo y Bartolom\u00e9 de las Casas, los cronistas registraron su experiencia ultramarina sin dejar de lado a grifos y dragones, b\u00e1rbaros y h\u00e9roes, muertes y conquistas. En sus cr\u00f3nicas salta a la vista siempre la historia personal, e indudablemente verdadera para el narrador, pero tambi\u00e9n el elogio, la diatriba, la belleza y extra\u00f1eza de Am\u00e9rica. Estas \u00faltimas permiten entrever cierto sentido est\u00e9tico en el contenido de las cr\u00f3nicas y, sin duda, una valoraci\u00f3n de la importancia hist\u00f3rica de los acontecimientos narrados.<\/p>\n<p>Pero para Juan Villoro la belleza de la cr\u00f3nica no est\u00e1 exclusivamente en su contenido, en el asombro ante eventos hist\u00f3ricos, sino tambi\u00e9n en el lenguaje mismo. En <i>Los once de la tribu<\/i> (1995), el cronista comenta que se inicia en este g\u00e9nero para compensar la soledad de escribir ficci\u00f3n. Es decir, el escritor se aventura al mundo exterior, va a encontrarse con la realidad, pero en el caso de Villoro, no deja de transmutarla en la palabra. No es gratuita la constante aparici\u00f3n de los cronistas deportivos en las cr\u00f3nicas de nuestro autor: el m\u00e1s admirado entre ellos es \u00c1ngel Fern\u00e1ndez, seguido de Pedro \u201cEl Mago\u201d Septi\u00e9n. En la cancha y en el diamante ha habido sucesos legendarios, hechos hist\u00f3ricos, como el juego perfecto de Sandy Koufax con los Dodgers de Los \u00c1ngeles, seg\u00fan lo consigna el propio Villoro en <i>El v\u00e9rtigo horizontal<\/i> (2018). Quien narra semejante juego no requiere de dotes literarias sobrehumanas; el hecho se basta en s\u00ed mismo para ser extraordinario: enfrentar a veintisiete bateadores de las Ligas Mayores y que ninguno logre conectar un <i>hit <\/i>ni tocar base. El problema aparece cuando el estadio de los Diablos Rojos del M\u00e9xico est\u00e1 medio vac\u00edo y hay que enardecer a la audiencia a trav\u00e9s del puro lenguaje. Una alquimia verbal debe transmutar la expresi\u00f3n inerte del lanzador fija en las se\u00f1as del receptor<i> <\/i>en una batalla psicol\u00f3gica como la que librara Rask\u00f3lnikov. El cronista crea un nuevo lenguaje para la tribu, un lenguaje que transforma el d\u00eda a d\u00eda y hace que la esquina m\u00e1s rec\u00f3ndita ya no sea tal, sino \u201cdonde las ara\u00f1as tejen su nido\u201d.<\/p>\n<p>De igual manera, Villoro toma una realidad generalmente cotidiana y la convierte en un hecho extraordinario: la casa de su infancia, en las esquinas de Santander y Valencia, se vuelve la de todos los ni\u00f1os que vivieron el asombro y el miedo en su barrio natal, un campo de batallas y aventuras circunscrito a un par de cuadras. De ah\u00ed que la cr\u00f3nica de Villoro, entre los muchos elementos que componen su ornitorrinco, incluya el cuadro de costumbres. A diferencia de los frailes y conquistadores que anotaron lo que cre\u00edan un mundo nuevo, el cronista que vio morir el siglo XX y escribe su infancia desde el XXI, pas\u00f3 ya por el romanticismo y el realismo y sabe que no queda m\u00e1s que el lenguaje para crear su <i>plus ultra. <\/i>Y, sin embargo, \u00e9ste se encuentra enraizado en la realidad de un barrio, pero su lenguaje hace que \u00e9se en particular represente la unicidad de todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Sin embargo, Villoro tambi\u00e9n se adentra en las costumbres de los otros. Desde la otredad que representa Yucat\u00e1n para un habitante de la Ciudad de M\u00e9xico, ese \u201cpa\u00eds dentro del pa\u00eds\u201d, el escritor explora en <i>Palmeras de la brisa r\u00e1pida<\/i> (1989) la historia de su familia, la del estado, la cr\u00f3nica como g\u00e9nero y su papel en una tierra que le es ajena. Deambula tambi\u00e9n por Chile en <i>8.8: el miedo en el espejo<\/i> (2010) y ah\u00ed encuentra no s\u00f3lo que la gente a\u00fan utiliza piyamas para dormir, sino que mexicanos y chilenos reaccionan de formas distintas a la tragedia. El terremoto de Chile le permite a Villoro tambi\u00e9n hacer una reflexi\u00f3n sobre la cr\u00f3nica: como propone Giorgio Agamben en <i>Lo que queda de Auschwitz<\/i>, solamente quien conoce el horror puede ser un \u201ctestigo integral\u201d. La diferencia entre Primo Levi, a quien Agamben considera el testigo ideal, y Villoro es que \u00e9ste s\u00ed se considera escritor y cree firmemente que su funci\u00f3n esencial es la escritura, pues innumerables escenas del terremoto pueden ser f\u00e1cilmente encontradas en YouTube. De ah\u00ed que constantemente est\u00e9 rompiendo las reglas de la cr\u00f3nica testimonial, como en <i>Tiempo transcurrido <\/i>(1986), donde escribe \u201ccr\u00f3nicas imaginarias\u201d. El propio <i>8.8: el miedo en el espejo<\/i> incluye recursos literarios que le son completamente ajenos a la cr\u00f3nica que pretende ser testimonial, como la focalizaci\u00f3n interior de quienes pasaron por la tragedia del terremoto del 27 de febrero de 2010.<\/p>\n<p>Los personajes de las cr\u00f3nicas de Villoro son muchas veces imposibles, se nota la factura del narrador que public\u00f3 su primer libro de cuentos, <i>El mariscal de campo <\/i>(1978), ocho a\u00f1os antes que el primero de cr\u00f3nicas; publicar\u00eda, adem\u00e1s, <i>La noche navegable <\/i>(1980) y <i>Albercas<\/i> (1985)<i> <\/i>antes que \u00e9ste. El lector se pregunta c\u00f3mo pudo el testigo presenciar ciertos pensamientos o ciertas acciones; y la verdad es que no lo hizo, sino que las imagin\u00f3 como pudieron o debieron haber pasado para hacer la cr\u00f3nica m\u00e1s intensa, m\u00e1s literaria. Se pregunta el cronista en <i>Palmeras de la brisa r\u00e1pida<\/i>: \u201c\u00bfPuede haber mayor tedio que una cr\u00f3nica mesurada? La sensatez [\u2026] es un narc\u00f3tico literario\u201d. La desmesura de \u00c1ngel Fern\u00e1ndez al narrar un partido de futbol es lo que lo hace \u00e9pico, as\u00ed como los excesivos s\u00edmiles de P\u00edndaro inmortalizaron a los atletas hel\u00e9nicos en sus epinicios. De este modo, Villoro libera sus dotes de narrador, ensayista, dramaturgo y periodista en un ornitorrinco que parece imposible y que, sin embargo, camina gr\u00e1cil y elegante.<\/p>\n<p>Villoro les presenta a sus lectores una serie de textos que llama cr\u00f3nicas, pero que incluyen un vasto abanico de g\u00e9neros y estrategias literarios cuyo gozo no radica exclusivamente en el objeto narrado. A decir verdad, es el arte verbal quien enaltece al objeto. En \u201c<i>Vivir en la ciudad: <\/i>El conscripto\u201d, por ejemplo, incluido en <i>El v\u00e9rtigo horizontal<\/i>, el cronista narra su experiencia en el poco marcial servicio militar mexicano; pero de esa vivencia que infunde un tedio infinito a la mayor\u00eda de edad en M\u00e9xico pasa a la narraci\u00f3n de un episodio amoroso. El evento es en s\u00ed un tanto trivial (el joven de clase media alta que se enamora de una muchacha hija de ferrocarrileros y est\u00e1 dividido entre su enamoramiento, que despu\u00e9s sabremos que no es correspondido, y el miedo a que la familia descubra c\u00f3mo este \u201cturista de la otredad\u201d se ha infiltrado en las redes familiares), pero lo realmente importante es el sentido po\u00e9tico que Villoro imprime a esta cr\u00f3nica, a este hecho un tanto balad\u00ed, y lo hace un tema sensible para quien se haya sentido un \u201cturista de la otredad\u201d (es decir, todos). La historia es efectivamente sobre Luc\u00eda y Juan, los dos muchachos que, a pesar de sus diferencias de clase, se besan una tarde en Nonoalco; pero es tambi\u00e9n la aserci\u00f3n de que \u201chay cosas que valen la pena porque son imposibles\u201d, como enamorarse tras un beso, salir al \u201cmundo para desfacer agravios y enderezar entuertos\u201d o escuchar al fantasma paterno e intentar vengarlo.<\/p>\n<p>De este modo, el cronista se vuelve un turista en su propia tierra. Yucat\u00e1n, Chile, Disney World o la Ciudad de M\u00e9xico son los escenarios para quien ha sido descastado desde la infancia en la ic\u00f3nica colonia Insurgentes Mixcoac. Villoro no se encuentra ante el asombro de Am\u00e9rica, ante el juego perfecto de Koufax o el gol de Maradona contra Inglaterra, pero sabe que est\u00e1 presenciando una historia m\u00e1s \u00edntima, una compartida por quienes se encontraron entre los l\u00edmites temporales de la masacre de Tlatelolco y el terremoto de 1985, pero tambi\u00e9n quienes comparten tragedias diarias o extraordinarias. De este modo, en las cr\u00f3nicas de Villoro, no se encuentra exclusivamente la gran tragedia humana; por el contrario, \u00e9sta est\u00e1 acotada a momentos muy espec\u00edficos, casi arbitrarios. Lo que se encuentra m\u00e1s profusamente es la historia compartida de la tribu, la del barrio, pero tambi\u00e9n la de la ciudad y aun la del continente. Lo que ocurri\u00f3 el 2 de octubre de 1968 y el 11 de septiembre de 1985 equivale a los grandes goles de la tragedia, pero Villoro, con indudable pericia narrativa, dedica su escritura a esos momentos en que los pases se extienden interminablemente en un partido de temporada regular entre dos equipos que probablemente no lleguen al campeonato. Las \u201ccr\u00f3nicas imaginarias\u201d del autor enfatizan el placer en el lenguaje, donde la realidad diaria, por lo dem\u00e1s carente de eventos desmesuradamente excitantes, es un objeto que se reviste de poes\u00eda, de creaci\u00f3n verbal.<\/p>\n<p>Es importante recalcar, sin embargo, que por mucho que sea el gusto por el lenguaje y la literatura en las cr\u00f3nicas de Villoro, hay tambi\u00e9n un gozo en la realidad narrada. Lo dice con claridad el autor: escribir cr\u00f3nicas le evita la soledad de la escritura de ficci\u00f3n. El cronista tiene que ir al partido, a Yucat\u00e1n, a Santiago, a Disney World. Sale a cazar la aventura y \u00e9sta se informa de sus lecturas y de la escritura que vendr\u00e1 en un futuro. Puede el lector f\u00e1cilmente rastrear las ideas de Benjamin, Adorno y Baudrillard en \u201cEscape de Disney World\u201d, pero lo m\u00e1s importante es c\u00f3mo se construye el texto a partir de \u00e9stas para llevar al lector a la aventura realmente excitante, el hecho digno de ser narrado: no las ideas de los fil\u00f3sofos, no el narrador consciente de su realidad, sino la familia que debe correr desesperadamente para subir al avi\u00f3n: \u201cla \u00fanica emoci\u00f3n real que permite Disney World: el inesperado escape\u201d. Hay una narraci\u00f3n dentro de la del cronista: \u201cNuestra hija oy\u00f3 los relatos de su hermano sobre el Mundo Disney como Isabel de Castilla los de sus cronistas de Indias, hasta que decidimos que tambi\u00e9n ella merec\u00eda su dosis de hiperrealidad\u201d. La creaci\u00f3n y la lectura est\u00e1n ah\u00ed, pero la salida al mundo es importante, pues generar\u00e1 aventuras dignas de narrarse y ser\u00e1 tambi\u00e9n una raz\u00f3n para la creaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica.<\/p>\n<p>Juan Villoro recrea y crea una realidad com\u00fan. A diferencia de la de los cronistas de Indias, la realidad de los siglos XX y XXI no parecer\u00eda tan excitante. Sin embargo, es la desmesura del escritor la que la carga de significados personales y sociales. Aun la realidad m\u00e1s aterradora, como la del terremoto de 2010 en Chile, que modific\u00f3 el eje de rotaci\u00f3n de la Tierra, acort\u00f3 el d\u00eda y desplaz\u00f3 las ciudades de Concepci\u00f3n y Santiago, es digna de la historia m\u00ednima, del detalle que humaniza al cronista: una de las cosas que m\u00e1s le impresiona es que haya gente que a\u00fan utilice piyama en el sentido estricto de la palabra, pues, dado que el terremoto empez\u00f3 a las 3:34 a.m., \u00e9ste le dio la oportunidad de ver a chilenos y extranjeros en sus atuendos nocturnos. El g\u00e9nero al que se enfrenta Villoro en estos textos le permite convertirse, seg\u00fan sus propias palabras, en un \u201cturista de la otredad\u201d, observar el mundo desde fuera, aun su propia ciudad y su propia calle. Es una operaci\u00f3n de inserci\u00f3n y aislamiento que sucede en la realidad. El ornitorrinco de Villoro es pato y es castor, es ficci\u00f3n y es periodismo, es reflexi\u00f3n y aventura, es lectura y escritura. Intentar separar sus partes ser\u00eda terminar con su vitalidad y su gracia. Y a veces \u201clos patos que nacen entre ornitorrincos se creen ornitorrincos\u201d, pero eso es otra historia.<\/p>\n<h6>Juan Villoro, escritor mexicano, en Tur\u00edn, Italia, 10 mayo 2019, como invitado de la Feria del Libro de Tur\u00edn. Foto:\u00a0Marco Destefanis\/Pacific Press\/Alamy Live News.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>In <em>Safari accidental<\/em> [Accidental safari] (2005), Juan Villoro memorably identifies the chronicle as the \u201cduckbill platypus of prose.\u201d This animal was first inspected by a Western scientist in England in 1799. Doctor George Shaw dissected it in the hopes of finding the sutures that joined together the parts of the separate animals that made it up; needless to say, he didn\u2019t find them.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2932,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2956,2992,4454],"genre":[2019],"pretext":[2033,2032],"section":[2402],"translator":[2458],"lal_author":[3567],"class_list":["post-2935","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-mexico-es","tag-mexico-es-2","tag-numero-10","genre-essay-es","pretext-ensayo-es","pretext-essay-es","section-featured-author-juan-villoro-es-2","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-rodrigo-figueroa-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2935","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2935"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2935\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2932"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2935"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2935"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2935"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=2935"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=2935"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=2935"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=2935"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=2935"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}