{"id":29021,"date":"2023-12-01T04:03:44","date_gmt":"2023-12-01T10:03:44","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=29021"},"modified":"2023-12-18T21:24:42","modified_gmt":"2023-12-19T03:24:42","slug":"los-picaportes-de-giannina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2023\/12\/los-picaportes-de-giannina\/","title":{"rendered":"Los picaportes de Giannina"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">La \u00faltima vez que visit\u00e9 a Giannina, me mostr\u00f3 ocho picaportes que parec\u00edan joyas, apoyados en su isla de cocina, todos de diferentes colores y tama\u00f1os, ordenados prolijamente en dos filas de menor a mayor altura, como en la reuni\u00f3n escolar de cada ma\u00f1ana. Acabo de comprarlos, me dijo entusiasmada, \u00bfcu\u00e1ntos m\u00e1s crees que deber\u00eda comprar? Mir\u00e9 con atenci\u00f3n los picaportes y sostuve uno color azul zafiro profundo que atrapaba la luz del r\u00edo Hudson en mis manos. Mientras lo devolv\u00eda a su fila obediente, le respond\u00ed que ser\u00eda lindo que comprara cuatro, y ella asinti\u00f3 lentamente, para hacerme saber que estaba de acuerdo, como si el n\u00famero que yo hab\u00eda mencionado tuviese algo de pomposo, como si tanto ella como los picaportes presentes hubiesen estado esperando ese anuncio. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cuatro picaportes m\u00e1s.<\/span><\/i><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En mis comienzos como lectora, me resultaba inconcebible poder hablar con la persona que hab\u00eda escrito un libro que yo amaba. Crec\u00ed vagando por bases militares en India y consegu\u00eda la mayor parte de mis lecturas en las bibliotecas de los diversos cuarteles, donde me escurr\u00eda entre estanter\u00edas polvorientas para rescatar libros de tapa dura forrados en tela, con sellos dorados, que a veces hab\u00edan sido prestados (o expedidos, como sol\u00eda decir yo) por \u00faltima vez a un militar brit\u00e1nico llamado Smith o Evans. Propensa a narraciones fantasiosas de mi propia vida como Artista (o lo que ahora se conoce como \u201cs\u00edndrome del personaje principal\u201d), tocaba y le\u00eda aquellos libros con cautelosa devoci\u00f3n, como si, al leerlos, entrara en contacto con sus autores, queriendo causar una primera impresi\u00f3n tan buena y atenta como las manos blanquecinas y musculosas que visualizaba hab\u00edan sostenido sus lomos antes que las m\u00edas, rozando con delicadeza las oraciones que imaginaba se hab\u00edan vuelto m\u00e1s viejas, sabias, solitarias en los a\u00f1os transcurridos entre lectores.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Encontr\u00e9 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El imperio de los sue\u00f1os, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de Giannina Braschi, en un espacio a la vez igual de polvoriento que una biblioteca militar silenciosa<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">de un pueblito de India y extremadamente distinto y opuesto en su abundancia: la m\u00e1gicamente atestada Grey Matter Books, la librer\u00eda que estaba debajo de la torre de agua a la que, por error, siempre me refiero como \u201cfaro\u201d con los amigos que me alcanzan en auto. Me hab\u00eda cruzado con el t\u00edtulo mientras le\u00eda textos acad\u00e9micos sobre ciudades, imperios y colonizaci\u00f3n, as\u00ed que reconoc\u00ed el libro de inmediato. Aunque sab\u00eda que iba a llev\u00e1rmelo a casa, hice mi prueba de la primera oraci\u00f3n someramente y hoje\u00e9 la introducci\u00f3n hasta el principio: \u201cDetr\u00e1s de la palabra est\u00e1 el silencio. Detr\u00e1s de lo que suena est\u00e1 la puerta\u201d. La lectura de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El imperio <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">me ped\u00eda ser una acr\u00f3bata torpe, que intenta estar a la altura de los saltos audaces y divertid\u00edsimos entre una l\u00ednea y la siguiente, el texto atestado de personajes que pasan a caricaturizarse a s\u00ed mismos, p\u00e1ginas que son direcciones de edificios, contradicciones que creen mucho en s\u00ed mismas pero que, en realidad, no parecen estar en la m\u00e1s m\u00ednima tensi\u00f3n entre s\u00ed. Puedo afirmar con bastante seguridad que no soy una escritora ni una lectora juguetona, pero me sedujo el imperio-casa de mu\u00f1ecas de Giannina, bullicioso y escurridizo. En lugar del deleite conocido de estar a solas con el silencio de un libro, una soledad con la que he contado durante a\u00f1os, adentrarme en las p\u00e1ginas de la poes\u00eda de Giannina me lanzaba a un escenario fren\u00e9tico y me dejaba paralizada, mientras payasos, reyes, brujas, conejos, un pastor con boina pasaban zumbando y girando. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El imperio de los sue\u00f1os, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">encontr\u00e9 los nombres que hab\u00eda considerado sagrados cuando era una lectora joven y \u00e1vida \u2014el rey Lear, Rimbaud, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La divina comedia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014 excepto que aqu\u00ed eran libertinos y estaban atrapados en el v\u00f3rtice de la Nueva York revoltosa que el libro grafica y puebla. O, como escribe Giannina, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Yo lo quiero todo. Todo. Todo.<\/span><\/i><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como suele pasar en Nueva York, estaba llegando tarde a mi primer encuentro con Giannina. Estaba nerviosa: me hab\u00eda dado cuenta de que viv\u00eda en el edificio que se alza sobre David Zwirner, una de mis galer\u00edas favoritas de Chelsea, y quer\u00eda llegar lo m\u00e1s arreglada y presentable posible. Antes de subirme al autob\u00fas que me dejar\u00eda a la vuelta del r\u00edo, par\u00e9 en el mercado de Union Square para comprar unas peon\u00edas y unas fresas brillantes. La puerta no ten\u00eda timbre, solo un llamador chiquito que us\u00e9 t\u00edmidamente para anunciar mi llegada con retraso. Unos segundos despu\u00e9s, Giannina abri\u00f3 la puerta sonriendo y me gui\u00f3 hasta su sala de estar llena de objetos con los que, me dijo, se aman mutuamente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando plane\u00e1bamos nuestro encuentro, Giannina me hab\u00eda dicho <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">ven a mi casa,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> en una invitaci\u00f3n con la que me sent\u00ed identificada, como si conocerla quedara incompleto sin conocer su casa y los objetos que colecciona con tanta alegr\u00eda. Me present\u00f3 esos objetos: la l\u00e1mpara que se convierte en silla, las obras de arte en las paredes, la cajita musical a la que le dio cuerda para que sonara una melod\u00eda, los bustos de Apolo y Dionisio que se encaraman sobre la mesa en la que escribe, los libros que se desbordan de los estantes y del escritorio, alrededor de los anotadores amarillos con renglones en los que escribi\u00f3 a mano <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El imperio de los sue\u00f1os, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">manojos de ellos, cuadernos repletos de pensamientos sobre sus lecturas. Tambi\u00e9n cerca de Giannina yo era una acr\u00f3bata torpe, igual que al leer <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El imperio, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">con la diferencia de que lo que queda en primer plano cuando se est\u00e1 cerca de ella es la torpeza con la que ansiamos jugar en la infancia. Hablamos sobre madres, sobre las criaturas que nos protegieron mientras crec\u00edamos, sobre nuestros primeros paseos por Nueva York, sobre amantes, sobre cortes de pelo de 18 d\u00f3lares (el m\u00edo) y sobre escritura. Cuando el sol comenz\u00f3 a esconderse entre los muelles de Chelsea frente a la ventana, se intensific\u00f3 el color de las fresas apoyadas sobre el m\u00e1rmol de la isla de cocina, y nos tentamos, as\u00ed que nos sentamos en silencio y las comimos con plena atenci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aunque los persigo con un fervor obsesivo e infinito, siempre creo que es el libro el que me encuentra a m\u00ed. Dediqu\u00e9 la mayor\u00eda de las tardes de mi preadolescencia a ser una entusiasta voluntaria no oficial de la biblioteca de cualquier base en la que mi padre estuviera apostado, sola con <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El amante de lady Chatterley, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">la madre de M\u00e1ximo Gorki y William Somerset Maugham (que, como mi madre me record\u00f3 durante a\u00f1os, era m\u00e9dico<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> adem\u00e1s <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de escritor). Obviamente, a duras penas entend\u00eda lo que le\u00eda; lo \u00fanico que sab\u00eda era que sent\u00eda una vocaci\u00f3n devota por las palabras y que los libros que conten\u00edan esos nombres eran muy buenos en esa vocaci\u00f3n. Cuando miro (o recuerdo) con timidez mis primeros escritos, se hace evidente que escrib\u00eda para posicionarme en las coordenadas de los mundos que le\u00eda, vali\u00e9ndome de las herramientas m\u00e1s infantiles. Casi todas mis \u201cnovelas\u201d ten\u00edan como protagonistas a chicas blancas llamadas Sierra, que viv\u00edan en la calle Elm; lo que sab\u00eda describir estaba muy alejado de mis experiencias.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando por fin me fui del apartamento de Giannina, hab\u00eda anochecido. Estaba cerca del parque High Line y decid\u00ed terminar el babka de Breads Bakery que ten\u00eda mordisqueado a medias en el bolso mientras daba un paseo. Mi primer paseo por Nueva York, del que le hab\u00eda hablado a Giannina apenas una hora antes, hab\u00eda incluido el parque elevado. Hab\u00eda caminado hasta el museo Whitney desde el Met, primeras paradas necesarias y predecibles en un debut de exploraci\u00f3n de la ciudad, y hab\u00eda decidido que me permitir\u00eda gastar 15 d\u00f3lares en mi D\u00eda en Manhattan. Hab\u00eda gastado la mayor parte de ese presupuesto en los carritos de un d\u00f3lar de la vereda de The Strand y Alabaster Books (mi primera librer\u00eda favorita de la ciudad), una porci\u00f3n de pizza de camino entre Union Square y Chelsea y con los \u00faltimos dolarcitos me hab\u00eda dado el gusto de comprar un s\u00e1ndwich helado de un carrito. En esa \u00e9poca, los apartamentos que rodeaban el parque no estaban terminados ni eran tantos, lo cual me permit\u00eda mirar detenidamente sus superficies lisas de vidrio sin disimular mi asombro. Aunque me separaban de mi ni\u00f1ez muchos a\u00f1os y kil\u00f3metros, (des)afortunadamente no hab\u00eda superado mi s\u00edndrome del personaje principal y recuerdo haber experimentado una conciencia electrificante de ser una joven escritora en Nueva York, con una mochila llena de libros de tapa dura, sobras del s\u00e1ndwich helado m\u00e1s delicioso que hab\u00eda comido en mi vida derriti\u00e9ndose sobre mi su\u00e9ter marca Old Navy, cuidadosamente elegido, mirando el sol ponerse sobre el Hudson. Lo que m\u00e1s me atra\u00eda de Nueva York era la singularidad con la que sent\u00eda que se recortaban mis propios pensamientos y anhelos sobre el paisaje, lo que Giannina llama la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">gran soledad, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">el optimismo de que la ciudad nos ponga de relieve.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando me voy del apartamento de Giannina, casi siete a\u00f1os despu\u00e9s de ese primer paseo, pienso en la Nueva York de ella y en los juguetes en los que convierte aquello que yo trataba con tanta reverencia cuando era ni\u00f1a: construye <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El imperio de los sue\u00f1os<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> como si un texto pudiera ser una fiesta, o desaparecer en un calabozo, aparecer en una valla publicitaria, chapotear bajo un pie o ser un picaporte que espera. Escribe <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">t\u00fa [&#8230;], que eres grande y peque\u00f1o, que zumbas como las abejas zurciendo y remendando la miel de mis colmenas, y que te detienes en mi coraz\u00f3n y lo poblaste de todo.<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> Qu\u00e9 lleno de alas, dice, cuando le muestro un video corto del humo de incienso que se despliega al lado de mi tr\u00e9bol morado junto a una ventana. As\u00ed es como se come una fresa, me dice, mordiendo su cabito verde.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En mis comienzos como lectora, me resultaba inconcebible poder hablar con la persona que hab\u00eda escrito un libro que yo amaba; si alguna vez lo hubiera imaginado, habr\u00eda pensado que conocer a un escritor me permitir\u00eda resolver un texto, hacerle responder preguntas sobre c\u00f3mo se amaba o enfrentaba a s\u00ed mismo, por qu\u00e9 hab\u00eda elegido esas palabras. Que hubiera podido, en definitiva, alcanzar eso que pensaba que una debe alcanzar para seguir una vocaci\u00f3n: la maestr\u00eda. En lugar de eso, al conocer a Giannina, tengo todo lo contrario: un texto m\u00e1s indeterminado que autorizado, una devoci\u00f3n a mi propio bot\u00edn literario sin resguardar sus objetos. Por qu\u00e9 no a una l\u00e1mpara que se convierte en silla. Por qu\u00e9 no a un picaporte libre de la tarea de abrir algo. Por qu\u00e9 no a un devorar lento y absoluto de fresas que se intensifican. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Y ahora me toca mecerme de lado a lado.<\/span><\/i><\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Traducci\u00f3n de Gabriela Rabotnikof<\/span><\/h5>\n<p><span style=\"color: #ffffff;\">.<\/span><\/p>\n<p><!-- HTML !--><\/p>\n<p><center><a class=\"bookshop-button\" role=\"button\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-28?\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Compra los libros destacados en este n\u00famero en nuestra p\u00e1gina de Bookshop<\/a><\/center><span style=\"color: #ffffff;\">.<\/span><\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Picaportes de la colecci\u00f3n de Giannina Braschi.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La \u00faltima vez que visit\u00e9 a Giannina, me mostr\u00f3 ocho picaportes que parec\u00edan joyas, apoyados en su isla de cocina, todos de diferentes colores y tama\u00f1os, ordenados prolijamente en dos filas de menor a mayor altura, como en la reuni\u00f3n escolar de cada ma\u00f1ana. Acabo de comprarlos, me dijo entusiasmada, \u00bfcu\u00e1ntos m\u00e1s crees que deber\u00eda [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":28717,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[4672],"tags":[4780],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[2762],"lal_author":[4748],"class_list":["post-29021","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-dossier-giannina-braschi-es","tag-numero-28-es","translator-gabriela-rabotnikof-es-2","lal_author-sarah-ahmad-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29021","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=29021"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29021\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29339,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29021\/revisions\/29339"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/28717"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=29021"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=29021"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=29021"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=29021"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=29021"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=29021"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=29021"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=29021"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}