{"id":28509,"date":"2023-12-01T08:02:27","date_gmt":"2023-12-01T14:02:27","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=28509"},"modified":"2024-05-20T10:05:02","modified_gmt":"2024-05-20T16:05:02","slug":"bestias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2023\/12\/bestias\/","title":{"rendered":"Bestias"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me bajo de la micro en el paradero veinte. Vengo mareada porque estuve tomando con mis compa\u00f1eras de la U. Es tan tarde, que los locales de la avenida ya tienen las cortinas cerradas y el aire est\u00e1 cubierto por esa neblina espesa que huele a humo a\u00f1ejo, a camanchaca sucia. No anda nadie y eso me asusta. Me dan m\u00e1s miedo los paisajes vac\u00edos que los repletos de gente, no s\u00e9 por qu\u00e9. Mi \u00fanica arma de defensa es arrugar la frente, caminar r\u00e1pido y esperar que no pase nada malo de aqu\u00ed a mi casa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Camino la primera cuadra y escucho que alguien me sigue. Se me aprieta la guata. Puedo adivinar que es una banda de flaites con cuchillas de doble filo o el viejo del saco masturb\u00e1ndose con los pantalones abajo. Me doy vuelta y lo que encuentro es un quiltro. Chico, negro y moviendo la cola. Es ese t\u00edpico perro que aparece en la ruta, esos perros que vienen y van, que a una le tocan por azar, como las monedas o los billetes, y que son imposibles de reconocer en un reencuentro. Perro due\u00f1o, escuch\u00e9 una vez que se llaman. Me agacho para hacerle cari\u00f1o y \u00e9l me muestra la <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">panza<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">. Entonces descubro que le cuelgan las tetas de reci\u00e9n parida. Es de madrugada y anda sola, pienso. Imagino que sale de noche a buscar algo que darle de comer a sus cachorros durante el d\u00eda. La invito a que me siga y ella se suma. Ahora somos dos trasnochadoras haciendo soberan\u00eda por las calles de Gran Avenida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Caminamos y escucho el tint\u00edn de sus patitas detr\u00e1s de m\u00ed y veo c\u00f3mo su sombra crece y alcanza la m\u00eda, en un juego de luces negras y anaranjadas que producen los postes sobre la vereda. Se parece a la Cholita, pienso, la \u00fanica perra que cumpli\u00f3 su rol de mascota feliz. La Cholita fue una quiltra negra que mi abuela adopt\u00f3 cuando yo era chica y viv\u00edamos en La Florida. Se supone que era m\u00eda y de mi hermano, pero en realidad la perra le respond\u00eda a mi abuela. Se acostaba con ella en su cama y se paraba a mirar por la ventana a las diez de la noche, cuando mi abuela estaba por volver del trabajo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una tarde se perdi\u00f3. No sabemos c\u00f3mo aprendi\u00f3 a salir a la calle, pero ese d\u00eda, quiz\u00e1 por la calentura del celo, se arranc\u00f3. Mi abuela se estaba ti\u00f1endo el pelo y sali\u00f3 con una bolsa pl\u00e1stica en la cabeza a preguntar por todo el pasaje si alguien hab\u00eda visto a la Cholita. Nadie, nada. Me acuerdo que llor\u00e9, pero no de pena. No hab\u00eda alcanzado a encari\u00f1arme tanto con la perra. Llor\u00e9 porque sab\u00eda que hab\u00eda perdido algo m\u00edo y a los doce a\u00f1os ya ten\u00eda esa noci\u00f3n de propiedad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que m\u00e1s me doli\u00f3 de perder a la Cholita es que todos los ni\u00f1os y ni\u00f1as del pasaje ten\u00edan su peluche vivo en el patio delantero. Yo no ten\u00eda nada. Una noche decid\u00ed corregir ese vac\u00edo. Agarr\u00e9 mi cuerda de saltar y mi mochila de campamento y me fui a recorrer otras poblaciones, donde no conociera a nadie con quien sentirme culpable. Encontr\u00e9 perros bravos que en cuanto me acerqu\u00e9 a la reja me tiraron los dientes y encontr\u00e9 casas en las que no se ve\u00eda nada para adentro porque lo tapaba todo una masa enorme de ligustrinas amarillas. Hasta que en una casa vi a un poodle blanco. Me acerqu\u00e9 y me tendi\u00f3 la cabeza para que le hiciera cari\u00f1o. Abr\u00ed la reja de la casa con cuidado. Estaba sin llave. Las luces apagadas. Entr\u00e9 y le amarr\u00e9 la cuerda al cuello. El poodle se resisti\u00f3 un poco, pero era sumiso y no me cost\u00f3 echarlo a la mochila. Cerr\u00e9 la reja y me fui corriendo con el perro aullando en mi espalda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Llegu\u00e9 a mi casa y lo amarr\u00e9 a un \u00e1rbol de lim\u00f3n que estaba al fondo del patio. Fui a la cocina y ech\u00e9 un poco de carbonada en una olla vieja y se lo llev\u00e9. El poodle no comi\u00f3, estaba echado y aullaba. Me arrodill\u00e9 frente a \u00e9l y le dije: ahora eres m\u00edo. Trat\u00e9 de abrazarlo y se escurri\u00f3. Se puso a correr hacia la reja. La cuerda le tiraba del cuello como un l\u00e1tigo y el perro chillaba fuerte y agudo. En ese momento apareci\u00f3 mi abuela. Me ret\u00f3, dijo que yo estaba haciendo lo mismo que alguien me hab\u00eda hecho a m\u00ed al llevarse a la Cholita. Le encontr\u00e9 raz\u00f3n, pero no lo dije.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi abuela solt\u00f3 al poodle y el perro se fue corriendo. Durante mucho tiempo la odi\u00e9 por eso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nunca m\u00e1s tuve un perro, salvo los perros due\u00f1o que te siguen en la calle. Como ahora, que me acompa\u00f1a un clon de la Cholita a la que le cuelgan las tetas con leche.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Caminamos. Todos los viernes en la noche hago esta ruta, pero no hab\u00eda visto esta perra. Me cae bien. Empiezo a gru\u00f1irle y a saltar de un lado a otro, como una bestia, y ella me gru\u00f1e de vuelta y salta y mueve la cola porque quiz\u00e1 hace cu\u00e1nto tiempo nadie en la calle le hace alguna gracia. Le acaricio la cabeza y de nuevo me muestra la panza. Y aunque es de noche, veo c\u00f3mo le caminan las pulgas entre sus tetas rosadas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya estamos a mitad de camino. Con la caminata, el mareo se me pasa y de a poco el vino en caja con Kem Pi\u00f1a empieza a perder su efecto. Pienso que voy a aguacharme a la perra y le voy a dar vienesas y pan remojado en leche cuando lleguemos a mi casa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entonces pasa algo horrible.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vamos llegando al ciber del Gustavo y aparece un pastor alem\u00e1n (o una mezcla de \u00e9l) y se le tira encima a la madre perra. Al cuello, como si la perra fuera una ant\u00edlope y el quiltro alem\u00e1n un jaguar. Y yo grito, SU\u00c9LTALA PERRO DE MIERDA, ALEM\u00c1N DE MIERDA, NAZI DE MIERDA. El pastor se la trata de montar y tambi\u00e9n le muerde el lomo y la perra chilla y hace mucho que no siento tanto miedo y me pongo a llorar. Agarro una piedra grande de la vereda y se la tiro. El alem\u00e1n se me lanza encima y me agarra el pantal\u00f3n y siento sus dientes pero m\u00e1s siento c\u00f3mo me miran los ojos de la perra herida. Levanto la pierna derecha y no s\u00e9 c\u00f3mo le pateo la cabeza y el perro retrocede y entonces corro, corro, corro. Corro como en todas las escenas clich\u00e9s de las pel\u00edculas donde alguien corre por vivir.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Llego a la esquina de San Francisco con El Parr\u00f3n. Respiro apenas y me duele una punzada en el costado. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Es el bazo, pienso. Mi mam\u00e1 cre\u00eda que ese dolor era bueno, dec\u00eda \u201csi te duele es porque sientes y si sientes es porque est\u00e1s viva\u201d. Y viva y en una pieza es como quiero llegar a mi casa. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Me doy vuelta y veo al perro sobre la perra. Miro hacia adelante y veo la plaza semi vac\u00eda y veo mi casa y pienso en la luz encendida de la pieza de mi abuela y el traca traca incansable de su m\u00e1quina de coser. Pienso, ayudo a la quiltra o no. Aprieto la guata y vendo a la perra como toda la gente vende y transa a los perros callejeros. Porque son paisaje, igual que los vagos o las palomas, que nadie mira cuando duermen en la calle y nadie echa de menos cuando los autos las aplastan.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entro a mi casa y escucho a mi abuela que grita mi nombre. No respondo. Me encierro en el ba\u00f1o y me saco el pantal\u00f3n. Me baja la sangre desde el muslo hacia el pie. No es mucha, pero es sangre. Me limpio con confort y saco un gotero de yodo del botiqu\u00edn y me echo encima de la herida. Es chica, pero profunda y pienso que si le cuento a mi abuela me van a vacunar y prefiero no decir nada, porque ya tuve suficiente con los colmillos del perro alem\u00e1n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me meto a la ducha y luego me acuesto a dormir con el pelo mojado. Sue\u00f1o con esos monos animados en los que aparec\u00eda un perro que era tan feo que usaba una casucha en la cabeza y en mi sue\u00f1o el perro feo y gigante se quita su casa-m\u00e1scara y su cabeza es la del perro alem\u00e1n y abre la boca como un cocodrilo y me persigue a m\u00ed porque soy Judas y yo corro y estoy vestida con una t\u00fanica y con las sandalias que usan los ap\u00f3stoles en Jes\u00fas de Nazaret.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al otro d\u00eda despierto temprano. No tengo ca\u00f1a, pero igual me duele adentro. Salgo de mi casa y mi abuela me pregunta ad\u00f3nde voy. Yo no le digo. Camino hasta la esquina donde abandon\u00e9 a la madre perra y obviamente ya no est\u00e1. En el suelo de cemento hay manchas de sangre y tierra. Las toco y me llevo los dedos a la boca y siento el sabor a fierro de la sangre viva. Me toco la herida y ese ardor tambi\u00e9n me confirma que lo de anoche fue real. Me levanto para volver a mi casa y entonces la veo. Las tetas colgando y cuatro perritos chicos igual de negros que ella se le refugian detr\u00e1s. Camino y le aviso con los ojos que la voy a buscar. Y ella se queda muy tranquila en la vereda, sin ning\u00fan cordel que la amarre a esperarme ah\u00ed.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Del libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Quiltras <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(Los Libros de la Mujer Rota, 2022)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #ffffff;\">.<\/span><\/p>\n<p><!-- HTML !--><\/p>\n<p><center><a class=\"bookshop-button\" role=\"button\" href=\"https:\/\/bookshop.org\/lists\/issue-28?\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Compra los libros destacados en este n\u00famero en nuestra p\u00e1gina de Bookshop<\/a>\u00a0<\/center><span style=\"color: #ffffff;\">.<\/span><\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Patrick Henry, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me bajo de la micro en el paradero veinte. Vengo mareada porque estuve tomando con mis compa\u00f1eras de la U. 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