{"id":2813,"date":"2019-02-14T01:59:22","date_gmt":"2019-02-14T07:59:22","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/02\/havana-dead-castro-jose-antonio-moreno\/"},"modified":"2024-04-22T07:11:12","modified_gmt":"2024-04-22T13:11:12","slug":"havana-dead-castro-jose-antonio-moreno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/02\/havana-dead-castro-jose-antonio-moreno\/","title":{"rendered":"&#8220;La Habana para un Castro difunto&#8221; de Jos\u00e9 Antonio Moreno"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 10.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.s1 {font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>Para Ivet Kamar. Por el sabor del caf\u00e9.<br \/>\nLas constelaciones y el aroma del mediterr\u00e1neo.<\/i><\/p>\n<p>De Ciudad de M\u00e9xico a Canc\u00fan. El avi\u00f3n aterriz\u00f3 a medio d\u00eda.<\/p>\n<p>Como ten\u00eda que esperar cuatro o cinco horas para hacer la conexi\u00f3n con Cubana de Aviaci\u00f3n, deambul\u00e9 por los alrededores; record\u00e9 im\u00e1genes de hac\u00eda 10 a\u00f1os, cuando siendo un adolescente, en un viaje de estudios, visit\u00e9 este espl\u00e9ndido lugar para los sedientos del sol, playa y safaris nocturnos. La m\u00e1s atractiva de ellas fue la noche que, caminando por el malec\u00f3n, divis\u00e9 las luces titilar desde la capital isle\u00f1a.\u00a0 Qued\u00e9 empapado.<\/p>\n<p>Si la humedad era insoportable aqu\u00ed, me dije, en este lugar tan concurrido por card\u00famenes de turistas del mundo entero, no quise imaginarme lo que podr\u00eda registrar el term\u00f3metro en La Habana, casi a finales del mes de marzo, el anticipo del verano m\u00e1s frankenstein de 1997, pleno de confusiones y asombros. Mi vuelo estaba programado para las 20:00 horas. Ni los sextantes, ni las gitanas quirom\u00e1nticas, tampoco las bolas de cristal habr\u00edan revelado que mi arribo coincidir\u00eda con la llegada de los restos mortales del Che Guevara. Eso, para empezar, ya era mucho.<\/p>\n<p>M\u00e9xico se qued\u00f3 atr\u00e1s.<\/p>\n<p>El capit\u00e1n de la aeronave nos comunic\u00f3 con la voz aterciopelada de los conductores de noticias que aterrizar\u00edamos pasada la hora de vuelo en el aeropuerto internacional Jos\u00e9 Mart\u00ed.<\/p>\n<p>Mientras los 35 grados cent\u00edgrados que nos esperaban all\u00e1 afuera, para caldear a\u00fan m\u00e1s los \u00e1nimos, porque tuvimos que esperar casi dos horas para salir del avi\u00f3n, en ese estado de perplejidad y morigerada curiosidad de no saber lo que realmente pasaba con un movimiento inusitado de militares, se me vino a la mente el inicio de esta cr\u00f3nica del descomunal Jos\u00e9 Lezama Lima: \u201c\u00a1Hay fr\u00edo en La Habana! Fr\u00edo nocturno de abanico de cuchillos, de salida de baile\u201d, a tono con la desafiante l\u00f3gica de la intemperie.<\/p>\n<p>Formul\u00e1bamos preguntas y las lanz\u00e1bamos como buscapi\u00e9s, pero nadie de la tripulaci\u00f3n pudo, o no quiso, darnos el placebo que pacificara nuestra ansiedad. Ve\u00edamos soldados, tan altos como la palma real \u2014el \u00e1rbol nacional de Cuba\u2014, ir de un lado para otro con la marcialidad diligente de sus movimientos. La Operaci\u00f3n Carlota, la guerra del Ogad\u00e9n y los a\u00f1os de persecuci\u00f3n punitiva contra Jon\u00e1s Savimbi, aquellas aventuras africanas que tanto r\u00e9dito ideol\u00f3gico generaron en Latinoam\u00e9rica, ya formaban pasto de los historiadores desde hac\u00eda mucho tiempo. En un contexto de opresi\u00f3n pol\u00edtica, ll\u00e1mese despotismo, tiran\u00eda o dictadura, siempre hay alguien que habla.<\/p>\n<p>Fuimos testigos circunstanciales, con ello, de la repatriaci\u00f3n de los restos mortales del mayor icono de la post-revoluci\u00f3n cubana que se haya fabricado jam\u00e1s, inmortalizado en esa foto de Alberto D\u00edaz, alias Korda \u2014la boina calada, el pelo hirsuto, bigotillo tenue y esa mirada tan insondable como susceptible\u2014, sin que ninguno de los pasajeros de a bordo haya podido descifrar lo que realmente pas\u00f3 con el traj\u00edn militar, si no es porque el encargado de las bandas por donde se deslizan las valijas, habl\u00f3 como un <i>orisha<\/i> deslenguado. Nos llam\u00f3 los elegidos, \u00e9ramos unos cuantos los preguntones, por haber sido parte de semejante coincidencia entre la llegada del h\u00e9roe con el encuentro de unos simples mortales que desconoc\u00edan muchas cosas, yo, el que m\u00e1s, especialmente, si de marxismo-leninismo se trataba; en un r\u00e9gimen dogm\u00e1tico y dictatorial, los manuales y manifiestos forman parte de la Biblia atea, como el de la<i> Academia de Ciencias<\/i>, de la URSS;<i> El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado<\/i>, de Engels; <i>El Estado y la revoluci\u00f3n<\/i>, de Lenin; <i>El socialismo y las iglesias<\/i>, de Luxemburgo. <i>El capital<\/i>. <i>Tomo I<\/i>. <i>El proceso de Acumulaci\u00f3n Capitalista<\/i>, de Marx. <i>El libro rojo<\/i>, de Mao. Finalmente, <i>Los fundamentos del socialismo en Cuba<\/i>, de Blas Roca. En cuanto al h\u00e9roe, desde su muerte, llegada y la recepci\u00f3n de la casta militar, hab\u00eda que leerlo en clave hom\u00e9rica, marcadamente novelesca, la muerte de Ulises, que se fue para remediar trayectorias sociales alternativas, buscar nuevos saberes y explorar tierras lejanas.<\/p>\n<p>En aquel momento como en \u00e9ste, sigo sin concederle el m\u00e9rito que proponen las palabras del <i>orisha <\/i>aeroportuario, con perd\u00f3n de Elegua. No es por insensibilidad. Desconocimiento. Ni tampoco abulia de car\u00e1cter ideol\u00f3gico. Con la llegada del h\u00e9roe muerto tomaba fuerza aquella idea hegeliana que Marx se encarg\u00f3 de perfeccionar en <i>El 18 brumario de Luis Bonaparte<\/i>: la Historia se escribe dos veces, primero como tragedia, despu\u00e9s como farsa.<\/p>\n<p>De camino al taxi clandestino que me llevar\u00eda a El Vedado, cerca de L\u00ednea y Calzada, una pareja de mexicanos cuarentones me pregunt\u00f3 si pod\u00edamos compartir el servicio. Acept\u00e9. El d\u00f3lar estaba al cambio a 23 pesos cubanos. Ella era de Monterrey y \u00e9l, del puerto de Veracruz. Eran peque\u00f1os empresarios y tambi\u00e9n trabajaban para la empresa Av\u00f3n. Ellos ocuparon la parte trasera y yo el asiento del copiloto. No dejaban de hablar, pero de pronto, a medida que el viaje se hizo lento y tedioso por la humedad (el clima del auto no serv\u00eda), empezaron a besarse con mucha intensidad. Escena que no pasaba desapercibida para el chofer mediante el espejo retrovisor. Entre tanto, ellos le urgieron al chofer llegar cuanto antes a su destino. Hab\u00edan hecho sus reservaciones en el hotel Riviera. Supe despu\u00e9s que entre la casa en la que me hospedar\u00eda y el hotel, de frente al mar, hab\u00eda una distancia relativamente corta.<\/p>\n<p>La propaganda revolucionaria, a simple vista durante el trayecto, exhibida en anuncios espectaculares, a un costado de la autopista, trasluc\u00eda de manera atomizada una est\u00e9tica doctrinaria a caballo entre la barbarie y el caudillismo, el autoritarismo y el despotismo ilustrado.<i> Defendamos el socialismo<\/i>,<i> <\/i>escrib\u00ed en mi libreta el primer eslogan a vuela pluma. Despu\u00e9s de un tramo, otro:<i> Revoluci\u00f3n es no mentir, jam\u00e1s<\/i>. Hab\u00eda m\u00e1s, dignos de suscitar conjeturas, pero me qued\u00e9 con \u00e9ste, <i>Patria o muerte<\/i>, la frase palpable que forma parte de una morbosa filosof\u00eda pol\u00edtica, y que no queda a trasmano en el discurso del poder, dirigida a una mayor\u00eda militante con capacidad de autocr\u00edtica, seguramente, pero sin la autonom\u00eda para ejercer el disenso p\u00fablico.<\/p>\n<p>De golpe, estaba yo siendo part\u00edcipe de una inmersi\u00f3n total dentro de un universo cuya libido proyectaba y sublimaba la consagraci\u00f3n de un orden de cosas que, qui\u00e9rase o no, te obligaba al sometimiento irrestricto y la represi\u00f3n mediante una ritualizaci\u00f3n institucional repetida hasta el delirio. Eso me llev\u00f3 al umbral de las taxonom\u00edas y las denominaciones del lenguaje, fortalecidas por una imaginaci\u00f3n dogm\u00e1tica. Como para desdramatizar los v\u00ednculos que yo empec\u00e9 a establecer entre el contexto cubano y el contexto mexicano, porque los hab\u00eda, ah\u00ed estaba la misma sensibilidad pedag\u00f3gica del PRI y el paternalismo tercermundista del castrismo rampante, determin\u00e9 que siempre, en estos casos, hab\u00eda movilidad y relaciones de afinidad en todo discurso de poder. Tambi\u00e9n los esl\u00f3ganes del priato (o los fabricados por el sistema), con la ayuda de las televisoras, eran los campeones del hechizo colectivo que se traduc\u00eda en grandes dividendos: <i>M\u00e9xico es primero<\/i> (de Ernesto Zedillo); <i>M\u00e9xico presente, Salinas para presidente<\/i> (de Carlos Salinas).<\/p>\n<p>Tras salir de ese ensimismamiento alienante me concentr\u00e9 en las palabras del chofer que para complacernos mostraba su cari\u00f1o por M\u00e9xico evocando la m\u00fasica de mariachi, la de Juan Gabriel, las pel\u00edculas de Pedro Infante, Jorge Negrete y las de Tin Tan. Motiv\u00e9 la charla hacia los congr\u00eds, moros con cristianos, la yuca con mojo y el rabo encendido. Este \u00faltimo platillo provoc\u00f3 la risa de la pareja mexicana. Posteriormente, le pregunt\u00e9 al chofer a boca de jarro que si hab\u00eda visto alguna vez, de cerca o lejos, a Fidel Castro (1926-2016), amo y se\u00f1or de la isla.<\/p>\n<p>Un silencio (especulativo, esot\u00e9rico, emp\u00edrico) invadi\u00f3 el interior del auto. El conductor dijo que s\u00ed de manera diferida. Empez\u00f3 a hablar en cubano: El caudillo discurs\u00f3 \u2014por horas\u2014 en la Plaza de la Revoluci\u00f3n. No dijo el caudillo. Dijo Fidel. Como si se tratara de un amigo de las confianzas.<\/p>\n<p>La mexicana de Monterrey sac\u00f3 de su valija dos peque\u00f1as cajas negras, una para m\u00ed y otra para el conductor: en su interior, un frasco de loci\u00f3n marca Av\u00f3n. Agradecimos y partimos. El auto se par\u00f3 en la avenida 23, calle 8. Mi destino. Ya estaba yo en El Vedado. Un barrio lindo. Totalmente opuesto a la fisonom\u00eda de La Habana Vieja, un sector con un asfixiante clima de demolici\u00f3n urbana. Casas en ruinas. Serv\u00edan de met\u00e1foras para evocar el r\u00e9gimen de Batista. O bien, justificar los efectos del embargo econ\u00f3mico del gobierno estadounidense. Para la mayor\u00eda significaba una cosa como la otra.<\/p>\n<p>Era la primera vez que visitaba un pa\u00eds socialista, y aunque el colapso de la antigua Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica hab\u00eda causado estragos en todos los niveles a principios de los noventa, Cuba libraba batallas cruciales. Se sosten\u00eda con las exportaciones de insumos como la ca\u00f1a de az\u00facar, el ron, el tabaco y, con mucho empuje, no s\u00f3lo repechaba como un barco que no quer\u00eda irse a pique, sino que la atractiva industria del turismo florec\u00eda en zonas clave, con hoteles imponentes, lujosos, para el turismo Vi Ay Pi (VIP). Al mismo tiempo, sin embargo, en una econom\u00eda tan lesionada para los isle\u00f1os, el turismo sexual gozaba de una demanda asombrosa. El jineterismo se institucionaliz\u00f3 de manera galopante, un eufemismo pr\u00e1ctico para llamar as\u00ed al oficio de la prostituci\u00f3n, solapado por todos, porque la comida no se posterga (lo que daba la tarjeta de abastecimiento no alcanzaba para nada), menos para sostener la familia con un salario raqu\u00edtico, tampoco la posibilidad para concederse uno que otro caprichito, una televisi\u00f3n a colores, unos tenis de marca, jab\u00f3n, pasta dental, por ejemplo.<\/p>\n<p>Pero me sent\u00eda inquieto. No s\u00e9 por qu\u00e9, puesto que proven\u00eda de un pa\u00eds con un partido \u00fanico que hab\u00eda gobernado M\u00e9xico por d\u00e9cadas. Adem\u00e1s, pas\u00e9 autom\u00e1ticamente a formar parte de la generaci\u00f3n de la crisis, una tras otra, tan recurrentes que poco a poco adquirieron la consistencia de una segunda naturaleza, peor que la costumbre; un t\u00e9rmino nuclear, el de crisis, que la maquinaria del poder bien aceitada nos tatu\u00f3 a millones sexenalmente. Mi ofuscaci\u00f3n obedec\u00eda al ingreso de un paradigma dif\u00edcil para m\u00ed, el de la no ficci\u00f3n, con may\u00fasculas, entre el sujeto y su entorno, y por una contrariedad en el tema de la representaci\u00f3n entre el gestor de la pol\u00edtica y la legitimidad que le confieren los ciudadanos.<\/p>\n<p>Desconozco exactamente cu\u00e1ndo se jodi\u00f3 mi pa\u00eds, pero en ese entonces, pese a todo, quiero decir, por la ficci\u00f3n y la capacidad de fabular, pude manipular mi realidad. Someter la crisis. Pensaba en las ilusiones. El anhelo. El deseo. Si no, no se podr\u00eda vivir. En ning\u00fan momento pens\u00e9 expresar ideas que fueran del asunto p\u00fablico e incumbencia particular de los cubanos. No obstante, la idea del poder manejado por un solo hombre me angustiaba, de la misma manera que el realismo social, pol\u00edtico o testimonial constitu\u00edan \u00fanicamente las formas autorizadas para describir esa realidad que yo reci\u00e9n empezaba a percibir. Era una cuesti\u00f3n de percepci\u00f3n, obviamente, un cambio de registro que me movi\u00f3 el tapete. Mal acostumbrado, ya hab\u00eda empezado a cartografiar posibles rutas: de la casa de Dulce Mar\u00eda Loynaz a la calle Trocadero, donde residi\u00f3 Lezama Lima, el \u00faltimo navegante. La estela de Hemingway en La Vig\u00eda, siguiendo toda la Carretera Central de Cuba, o, de vuelta, hacia los fueros del perspicaz e irreverente Pedro Juan Guti\u00e9rrez, el fauno de Centro Habana.<\/p>\n<p>Pasada la media noche llegamos a casa.<\/p>\n<p>A medios chiles por los mojitos y la m\u00fasica de Bola de Nieve y Ernesto Lecuona, un ritmo que chocaba con los t\u00e9mpanos, me esperaban mis anfitriones euf\u00f3ricos, como si dos personas fueran diez, incluyendo al taxista que era amigo y vecino de ellos. A un costado de los jardines, los vecinos jugaban ajedrec\u00edsticamente al domin\u00f3. Me sorprendi\u00f3 el \u00e1nimo de los jugadores: <i>Acere, \u00bfqu\u00e9 vol\u00e1?, aqu\u00ed con el cubaneo<\/i>.<\/p>\n<p>Antes, hab\u00eda concebido la idea de que todo viajero conoce realmente un pa\u00eds extranjero cuando se hospeda en una casa, porque s\u00f3lo as\u00ed puede capturarse el tiempo y el pulso de una cultura for\u00e1nea; y despu\u00e9s, en el lapso en que ojeaba el interior de la casa en la que pasar\u00eda un largo verano caribe\u00f1o, termin\u00e9 por reconfirmarlo.<\/p>\n<p>Mis anfitriones hablaban portugu\u00e9s fluidamente. Gozaban de las mieles del retiro burocr\u00e1tico del sector salud, con 230 pesos mensuales cada quien (equivalentes a 10 d\u00f3lares, para el cambio de esa \u00e9poca). Por lo menos, les alcanzaba para comprar buena carne de cerdo en el agromercado de las calles 17 y G, as\u00ed como verduras y legumbres a buen precio. El Consejo de Estado de la Rep\u00fablica de Cuba les otorg\u00f3 la medalla Combatiente Internacionalista por sus servicios en Luanda, la capital de Angola. Festejaban mi arribo y tambi\u00e9n la jubilaci\u00f3n de mi anfitri\u00f3n (su pareja se hab\u00eda jubilado cinco a\u00f1os antes), porque su \u00faltima y definitiva incursi\u00f3n en ese pa\u00eds africano hab\u00eda concluido sin novedades hasta hac\u00eda apenas dos d\u00edas, fecha de su retorno a la isla, con la piel curtida, m\u00e1s flaco que de costumbre y con los ojos m\u00e1s azules por el exceso de sol.<\/p>\n<p>Me dijo que en pocos d\u00edas lo someter\u00edan a pruebas de laboratorio, de rigor, como parte de las medidas preventivas del ministerio de salud: la malaria, fiebre amarilla, el dengue y enfermedades de transmisi\u00f3n sexual (s\u00edfilis, gonorrea, chancro y sida). Estaba preparado para lo que fuera, porque Chang\u00f3 le hab\u00eda abierto los caminos, a\u00f1adi\u00f3. M\u00e1s te vale, terci\u00f3 cigarro en mano mi anfitriona.<\/p>\n<p>Pas\u00e9 a reconocer mi habitaci\u00f3n al fondo del pasillo.<\/p>\n<p>Un traqueteante ventilador, postrado en medio de las dos camas individuales, impidi\u00f3 que yo conciliara el sue\u00f1o el resto de la noche. Opt\u00e9 por soportar el crujido de las aspas de ese peque\u00f1o helic\u00f3ptero fabricado por los sovi\u00e9ticos, que dejarme consumir por la humedad y el calor.<\/p>\n<p>El Dr. Kafka hizo acto de presencia. Al d\u00eda siguiente, Gregorio Samsa fue al servicio. Sentado en el inodoro se percat\u00f3 con extra\u00f1eza que la cortina de la ducha se mov\u00eda sin razones aparentes. Samsa corri\u00f3 levemente la cortina punzado por la curiosidad. Se qued\u00f3 paralizado al toparse con la mirada inexorable de un cerdo, de aspecto severo, gordo como un buda, estirado a placer sobre la superficie, esperando a sus amos para recibir los alimentos. Aunque a\u00fan faltaban meses para la navidad, mis anfitriones imaginaban a Fidel como un apetitoso lech\u00f3n asado, recostado en una mullida cama de arroz. Mi anfitriona empez\u00f3 a cebarlo dos meses antes de que su esposo supiera la fecha de retorno a Cuba. Lo bautiz\u00f3 primero como Bruno. Porque as\u00ed se llamaba su primer marido, quien se quit\u00f3 la vida en una ciudad costera del Pac\u00edfico mexicano. De un balazo. As\u00ed brot\u00f3 la osad\u00eda de rebautizarlo con el nombre de Fidel. Como catarsis c\u00edvica. Samsa y Fidel establecieron un armisticio desde el segundo d\u00eda, especialmente a la hora de la ducha.<\/p>\n<p>Construyeron una sabia frontera profil\u00e1ctica. Por lo dem\u00e1s, Samsa obtuvo muchos beneficios, pese a que se duchaba a jicarazos por los repentinos cortes del servicio de agua y luz: Fidel era mudo. Se dio por enterado al trascurrir de los d\u00edas que el cerdo Fidel no emit\u00eda sonido alguno. La anfitriona le explic\u00f3 que solicit\u00f3 la ayuda de un veterinario de Pinal del R\u00edo para que el cerdo, con una cirug\u00eda estupenda en la garganta, dejara de gru\u00f1ir. Samsa se compadeci\u00f3 del pobre Fidel y con ello lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que no hay nada peor para un ser vivo que no poder manifestar sus emociones. Nadie que no viviera en la casa pod\u00eda verle una oreja. Un chivatazo de los vecinos habr\u00eda bastado para que Fidel fuera confiscado por la autoridad competente, cinco meses antes de la cena navide\u00f1a.<\/p>\n<p>A mi anfitriona se le ocurri\u00f3 la maravillosa idea de conseguir un gu\u00eda la primera semana para que yo pudiera familiarizarme con la ciudad r\u00e1pidamente; por lo que ella consider\u00f3 que para tales menesteres, el pastor id\u00f3neo recaer\u00eda en la voluntad del se\u00f1or Bacallao, un negro imponente, con una bocha charolada por la calvicie, entrado en a\u00f1os, respetado por todos, no por sus canas sino por su oficio, era santero, de los buenos, sacerdote de If\u00e1: un Babalao que predec\u00eda el futuro, espantaba los demonios, abr\u00eda caminos, tiraba los cocos y hablaba lucum\u00ed, una lengua lit\u00fargica de origen Yoruba que los esclavos trajeron del \u00c1frica.<\/p>\n<p>Bacallao y yo caminamos de El Vedado hasta Centro Habana por horas. Narraba como un novelista y lo escuchaba como si me encontrara ante una deidad, el S\u00e9neca del Caribe. De hecho, lo era. Lo interrump\u00ed brevemente, como el tembloroso Lucilio, luego de ver a los marineros ocupados en la estiba, entrar y salir de los barcos mercantes anclados en el puerto, para decirle que si hab\u00eda le\u00eddo <i>El negrero: vida novelada de Pedro Blanco Fern\u00e1ndez de Trava<\/i>, de Lino Nov\u00e1s Calvo. Su no rotundo me hizo sentir un perfecto imb\u00e9cil. Bacallao retom\u00f3 el hilo.<\/p>\n<p>Conoc\u00eda an\u00e9cdotas inveros\u00edmiles supuestamente acaecidas en el hotel Ambos Mundos (que a Hemingway nunca dej\u00f3 de interesarse en las mujeres), en La Bodeguita del Medio (el platillo del Che era el Machuquillo, el Mofongo para los puertorrique\u00f1os), en el bar del hotel Inglaterra (el otro Fidel acab\u00f3 rendido ante los brazos n\u00edveos de Marita Lorenz). Las salpimentaba con la frase<i> aplende que no soy etelno<\/i>, como parte de un ejercicio did\u00e1ctico que resultaba efectivo para su disc\u00edpulo mexicano que le hab\u00eda prometido que jam\u00e1s la olvidar\u00eda, tampoco sus trucos narrativos al momento de mestizar historias.<\/p>\n<p>Pasaron los d\u00edas. Bacallao lleg\u00f3 a casa el 4 de abril para repetir la caminata. Feliz, adem\u00e1s, porque perfumaba a sus<i> orishas <\/i>todas las ma\u00f1anas con la fragancia de Av\u00f3n.<i> <\/i>De buenas a primeras me solt\u00f3 que en el teatro Carlos Marx, Fidel Castro pronunciar\u00eda el discurso inaugural del trig\u00e9simo quinto aniversario de la Uni\u00f3n de J\u00f3venes Comunistas, en el que participar\u00edan delegaciones de varios pa\u00edses invitados, entre ellos los Estados Unidos, con el contingente m\u00e1s nutrido. El sacerdote de If\u00e1 y su ahijado, dado que hab\u00eda sido part\u00edcipe de una ceremonia para quedar en resguardo y protecci\u00f3n espiritual de Chang\u00f3, adornado de collares multicolores, para complacer al padrino, acudieron al teatro para ver de lejos al otro Fidel, el puto amo de la isla.<\/p>\n<p>Record\u00e9 un relato de don El\u00edas Canetti mientras ve\u00edamos y escuch\u00e1bamos al comandante. Verboso, vestido de olivo. Cuenta Canetti que caminaba de la mano de su madre en una de las calles c\u00e9ntricas de Viena. Era un ni\u00f1o y su madre, una mujer apasionada e inteligente lectora de novelas y del teatro de Shakespeare, observaba el mundo como escudri\u00f1a las palmas de la mano una gitana. Al ver la masa nerviosa en la calle e identificar de pronto tras los cristales a un hombre que posteriormente marcar\u00eda una \u00e9poca de la Historia del siglo XX, su madre detuvo el paso. Le dijo al ni\u00f1o Canetti que mirara bien al hombre que estaba de espaldas dentro de la cafeter\u00eda y no olvidara jam\u00e1s su nombre: Jos\u00e9 Stalin, tomando caf\u00e9, en corro con amigos.<\/p>\n<p>Bacallao se sumaba a las ovaciones constantes. Yo no aplaud\u00eda. Quer\u00eda poner en pr\u00e1ctica mi accidentada inteligencia emocional, disminuida a\u00fan m\u00e1s por estar en medio de un contexto de extremado fervor producido por el nacionalismo cubano. Muy respetable. As\u00ed que me mantuve al margen.<\/p>\n<p>Como el ni\u00f1o Canetti, bajo un estado hipn\u00f3tico, yo no dejaba de ver al Fidel orador, cuya estampa la traslapaba con el Fidel de la ducha, inm\u00f3vil, de una consistencia m\u00f3rbida, reducido a la nada, sin la oportunidad para aprovecharse de la coyuntura, en menoscabo de los usos y costumbres de un pueblo extrovertido, los magos de la m\u00fasica, de la pintura, la poes\u00eda y la novela \u2014vaya, el Fidel de la ducha, mudo y sin poder ejercitar el derecho de r\u00e9plica ni plantear por asomo una diatriba envenenada. Lo que m\u00e1s me preocupaba del cerdo cebado era que el fest\u00edn tendr\u00eda lugar en pocos meses, y nada se pod\u00eda hacer ante una fatalidad inaplazable, porque cada cerdo le llega su San Mart\u00edn.<\/p>\n<p>Antes de que concluyera el discurso del Fidel orador, intempestivamente, le pregunt\u00e9 a Bacallao que como sacerdote de If\u00e1 me dijera qu\u00e9 pasar\u00eda en Cuba una vez que el puto amo de la isla fuera difunto.<\/p>\n<p>\u00a1Socialismo o Muerte!<\/p>\n<p>\u00a1Patria o Muerte!<\/p>\n<p>\u00a1Venceremos!<\/p>\n<p>\u2014Chico. Es hijo de Chang\u00f3 y Yemay\u00e1. Esos nunca mueren.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seeing as how I had to wait four or five hours to make the connection with <i>Cubana de Aviaci\u00f3n<\/i>, I wandered around the terminal. Images came to my mind from 10 years ago. I visited this splendid place on a study trip; it was a popular travel destination for those thirsty for the sun, the beach, and nighttime safaris. The most appealing image was that of walking along the boardwalk and spotting the twinkling lights from the island\u2019s capital. I just stood there, mesmerized.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2810,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2998,4456],"genre":[2015],"pretext":[],"section":[2408,2409,2348],"translator":[2581],"lal_author":[3598],"class_list":["post-2813","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-cuba-es","tag-numero-9","genre-chronicle-es","section-chronicle-es","section-chronicle-es-2","section-chronicles-es","translator-caren-vestal-es-2","lal_author-jose-antonio-moreno-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2813","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2813"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2813\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32628,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2813\/revisions\/32628"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2810"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2813"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2813"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2813"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=2813"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=2813"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=2813"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=2813"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=2813"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}