{"id":2805,"date":"2019-02-14T00:12:56","date_gmt":"2019-02-14T06:12:56","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/02\/animal-days-keila-vall-de-la-ville\/"},"modified":"2024-04-22T07:18:13","modified_gmt":"2024-04-22T13:18:13","slug":"animal-days-keila-vall-de-la-ville","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/02\/animal-days-keila-vall-de-la-ville\/","title":{"rendered":"De Los d\u00edas animales de Keila Vall de la Ville"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Arial Unicode MS'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Arial Unicode MS'; min-height: 16.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px Times}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 144.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>p.p7 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 144.0px; text-align: right; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p8 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p9 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p10 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p11 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<div><\/div>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Arial Unicode MS'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Arial Unicode MS'; min-height: 16.0px}<br \/>p.p5 {margin: 5.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px Times}<br \/>p.p6 {margin: 5.0px 0.0px 0.0px 144.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>p.p7 {margin: 5.0px 0.0px 0.0px 144.0px; text-align: right; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p8 {margin: 5.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>p.p9 {margin: 5.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p10 {margin: 5.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>p.p11 {margin: 5.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p12 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Fui sucesivamente, y sin que una cosa estorbara a la otra,<br \/>\nsanto, viajero, equilibrista<i> <\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Rafael Cadenas<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Voy a matar mi animal<br \/>\nlevantarme crecida<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Patricia Guzm\u00e1n<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Cap\u00edtulo I<\/b><\/p>\n<p>Rafael est\u00e1 en el borde de un gran muro empedrado, moviendo los brazos hacia arriba y hacia abajo como un p\u00e1jaro, flexionando las rodillas y aleteando como si fuera a volar, como si fuera a saltarme encima. No para de hablar. Cada vez que se inclina hacia delante creo que est\u00e1 por caerse. Juega, hace amagos, retoma el equilibrio, le da a las alas, se tambalea y parece nuevamente que se cae pero vuelve al centro. Todo es <i>training<\/i>, dice. Control. El control se aprende. Aletea m\u00e1s, mueve las caderas, sigue diciendo. Hay que cerrar los ojos, dice doblando las rodillas, y cerr\u00e1ndolos.<\/p>\n<p>Comienzo a preguntarme cu\u00e1nto durar\u00e1 la danza, qu\u00e9 clase de <i>tempo<\/i> es \u00e9ste. El ritual comienza a cansarme. Cuando estoy a punto de irme y dejarlo all\u00ed, todo se acelera. Aterriza a mi lado, tan liviano como subi\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Esta es la universidad de Berkeley. <i>Iu ci at Berkeley<\/i>.<\/p>\n<p>\u2014Ya me di cuenta.<\/p>\n<p>Luego estamos en el apartamento de Mar\u00eda y Roberto, durmiendo en la misma cama con ellos y rodeados de conejos. A la derecha junto a la ventana, en la esquina, una pila de ropa sucia de la que nuestros anfitriones van sacando cada d\u00eda la menos hedionda para vestirse. Huele a sudor guardado y a marihuana. Al despertarse hay que estar pilas para no pisar los charcos de orine que han dejado las mascotas. Tambi\u00e9n hay excremento y comida regados. D\u00edas m\u00e1s tarde comienzan a aparecer bolitas marrones entre mi ropa. Los conejos y sus rastros lo ocupan todo.<\/p>\n<p>El tercer y \u00faltimo recuerdo de esta \u00e9poca es en Indian Rocks. Un parque verde fosforescente poblado de moles de piedra gris y caf\u00e9, enormes perezas prehist\u00f3ricas. No se ve nadie, aparte de los animales de roca helada. No siento las orejas. De la nariz s\u00f3lo siento el l\u00edquido, las gotas que limpio e intento secar directamente con los dedos en pinza. Me seco las manos en la lycra. Los bordes de las rocas se dibujan, sus siluetas contrastan con el cielo el\u00e9ctrico. Para mantener el calor de las manos hay que moverlas. Mientras descansamos de cada intento giramos las mu\u00f1ecas hacia un lado y hacia el otro. Estiramos los antebrazos. Estiramos los dedos y las palmas haciendo una palanca hacia el suelo con la mano opuesta. Siento los brazos entumecidos. Estirarlos arde. Rafael dice que dolor es placer y tambi\u00e9n que su gran sue\u00f1o es saltar en paraca\u00eddas desde El Capit\u00e1n. Escalamos los bloques de roca. Estudiamos las rutas m\u00e1s dif\u00edciles y nos ponemos tarea.<\/p>\n<p>Ahora t\u00fa. Pie ac\u00e1, mano derecha all\u00e1, la otra en la regleta. Y subes el pie. Esta mano en la fisurita, ac\u00e1 la otra y un din\u00e1mico. Emp\u00fajate. As\u00ed. Sales por arriba. Estira bien el brazo derecho, si no no llegas. Ve si te sirve. As\u00ed. Empuja duro. Aj\u00e1. Prueba con \u00e9ste. Dale.<\/p>\n<p>\u2014Voy.<\/p>\n<p>\u2014Te tengo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMe tienes?<\/p>\n<p>\u2014D\u00e9se con todo.<\/p>\n<p>Yo conoc\u00eda El Cap pues \u00e9l lo llevaba en una postal maltratada y con las esquinas redondeadas a todas partes. Un muro de granito de mil metros, con un coraz\u00f3n tallado en todo el centro, y un relieve que parece una nariz y que as\u00ed se llama.<\/p>\n<p>La pared brillante aparece en mi memoria posando las mismas preguntas. C\u00f3mo es posible que la roca refleje la luz de esa manera. La relaci\u00f3n entre la verdad y la hora precisa en que se manifiesta. Si la constituci\u00f3n de lo que se mira depende de condiciones que le son ajenas, si la verdad depende de la hora en que se muestra o de la posici\u00f3n de quien la mira. C\u00f3mo es el horario de la verosimilitud. Si hay ecosistemas veros\u00edmiles o imposibles dependiendo del cristal o mejor dicho de la luz con que se ven. Por qu\u00e9 hay lugares verdaderos que parecen mentira. Si todos podemos vivir en cualquier ecosistema, y qu\u00e9 pasa si no.<\/p>\n<p>Los amigos dec\u00edan que \u00e9l ten\u00eda problemas con la bebida. Que se pon\u00eda violento al tomar y que beb\u00eda con frecuencia. Que no paraba hasta que no ve\u00eda sangre, la suya o de su contrincante, daba igual. Se destrozaba en la calle sin motivo, como un charro, o como dicen en mi pa\u00eds que se pelean los charros: por pura necedad o necesidad de demostrar que son machos o que pueden serlo. Yo hab\u00eda escuchado que \u00e9l y la novia se trataban a golpes, que ella le pegaba y \u00e9l le respond\u00eda a mordiscos, que se rumbeaban bolsas de perico y terminaban atac\u00e1ndose a dientes y pu\u00f1os. Que ella era una fiera. Que se montaban cachos, agarraban una borrachera y se cog\u00edan a la primera o el primero que se atravesara. Que nadie les dec\u00eda que no, ten\u00edan ese im\u00e1n. Todos les abr\u00edan las piernas. Luego se dejaban convencer por los rumores sobre las infidelidades del otro (ciertas o falsas daba igual, daba igual una cosa o la contraria) y el resbal\u00f3n o la duda se pagaban con sangre. En carne viva.<\/p>\n<p>En aquel parque verde y gris me decid\u00ed a preguntarle si era cierto. Frunci\u00f3 el ce\u00f1o y se puso de pie.<\/p>\n<p>\u2014Este <i>boulder<\/i> es as\u00ed. Yo uso este apoyo, t\u00fa tienes que ver si llegas desde ac\u00e1, si no usa este otro \u2014respondi\u00f3 antes de subir a la roca triangular para salir en tres segundos por el tope\u2014. Es f\u00e1cil. Prueba t\u00fa. Mosca. Control.<\/p>\n<p>As\u00ed estuvimos, buscando problemas.<\/p>\n<p>Con las manos ya enrojecidas, sintiendo la alquimia del magnesio y el sudor acumulado bajo las ropas de invierno, nos refugiamos del viento tras la roca m\u00e1s grande, sacamos el termo abollado y tapizado de calcoman\u00edas y bebimos un caf\u00e9. Mientras nos turn\u00e1bamos la taza yo cubr\u00eda con esparadrapo una ampolla a punto de explotar y \u00e9l separaba las semillas del monte que hab\u00eda llevado en una lata de caramelos sin caramelos. Era fosforescente, parec\u00eda musgo, y como era habitual en la hierba que compr\u00e1bamos al caliche, nos dej\u00f3 enchufados y con los o\u00eddos sordos en apenas tres patadas. Rafael hablaba sin mirarme, para s\u00ed mismo. Para sus o\u00eddos comprimidos.<\/p>\n<p>\u2014Yo aprend\u00ed que tomar de una botella es co\u00f1aza segura, sangre. Abro una botella, de lo que sea \u2014dijo acentuando el tono con una mirada fija y muy seria, con el entrecejo arrugado\u2014, de lo que sea, Julia. Y pierdo la cabeza. Tengo demasiada energ\u00eda.<\/p>\n<p>Mientras tanto segu\u00eda con su faena, llenando otro <i>rolling paper<\/i> y deslizando sus pulgares hacia los dem\u00e1s dedos extendidos.<\/p>\n<p>\u2014A veces siento que puedo detener un tren en movimiento. No lo s\u00e9 explicar, cuando trato me confundo.<\/p>\n<p>No dije nada m\u00e1s. Sus dedos inflamados y callosos, r\u00edgidos en apariencia, casi deformes, trabajaban con delicadeza, acariciando el papel al enrolar y cerrar el tabaco. Un constructor plegando un <i>origami<\/i>. Pas\u00f3 la lengua. Termin\u00f3 de cerrarlo. Me lo ofreci\u00f3 con los brazos estirados, inclinando la cabeza y mirando hacia mis pies. Hab\u00eda una cinta tensa entre las dos im\u00e1genes, de un lado el cuerpo tosco, del otro la atenta reverencia. Dos posibilidades. Lo tom\u00e9 en mis manos y devolv\u00ed el gesto. Jugu\u00e9 el juego de la damisela. Encend\u00ed el tabaco extra\u00f1ada por mi fascinaci\u00f3n ante el quiebre, ante lo ins\u00f3lito. Vas viviendo y te vas conociendo.<\/p>\n<p>\u2014S\u00f3lo s\u00e9 que ya no me peleo \u2014continu\u00f3\u2014. Vivo tranquilo, he aprendido lo que es dejarse llevar. <i>Go with the flow<\/i>, le dicen ac\u00e1 los gringos.<\/p>\n<p>Me preguntaba si lo del tren era cierto, si \u00e9l mismo se cre\u00eda s\u00faper poderoso, me asombr\u00e9 ante lo infantil que se mostraba ahora la imagen. Hablaba como si tuviera ocho o diez a\u00f1os. Pens\u00e9 que la plasticidad y la incongruencia se dan la mano y que visto desde fuera, el tr\u00e1nsito en la cuerda incomoda. Las versiones posibles del hombre frente a ti s\u00f3lo molestan si las ves de lejos, desconfiando, si te niegas al pacto. Todos somos especie en evoluci\u00f3n. Camale\u00f3n amenazado. Una sola cinta el\u00e1stica desde que naces hasta que te mueres.<\/p>\n<p>Pensando en la incongruencia tuve que ponerme de pie. Una arenita en los ojos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuieres volar?, \u2014me pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Con las manos reventadas y el termo ya vac\u00edo, acostado en la grama boca arriba con los brazos y las piernas estiradas como columnas hacia el cielo, me da un par de indicaciones. Doblo las rodillas y poso mi espalda en sus cuatro plantas. Me voy hacia atr\u00e1s. Sus pies reciben mi espalda lumbar, siento sus dedos. En sus manos apoyo mi dorsal. Soy un arco, mi pecho se abre hacia las nubes, los brazos caen relajados hacia cada lado. Como muertos. Me cuesta respirar, los pulmones no tienen espacio para inflarse, me ahogo pero es el miedo.<\/p>\n<p>\u2014Abre las alas. Relaja las alas.<\/p>\n<p>Comienzo a respirar. Cierro los ojos. El miedo desaparece. Me pliega, masajea mi espalda con sus plantas y palmas, me hace girar y yo me dejo, mi voluntad es no tener voluntad. Entra el aire. La fuerza que atrae hacia el subsuelo es la misma que te eleva. Veo frente a m\u00ed el color de la grama. Siento la presi\u00f3n de sus extremidades hacia los pliegues de mi cuerpo. Siento mis ingles pesadas, confiadas a sus pies. Siento mis axilas descansando en sus manos. Me recorre al moverme. Me da un par de vueltas m\u00e1s, como a una enredadera. Soy un nudo. Me envuelve y desenrolla, me tuerce y suenan mis v\u00e9rtebras. Cierro los ojos cada tanto para no estar al tanto de lo que \u00e9l ve. Para no saber qu\u00e9 le muestro. Mi escote. Mis nalgas. El anuncio de mi bajo vientre, dos mil\u00edmetros se escapan de la lycra hacia la luz. Todo pasa. No importa tu cuerpo cuando te toman el cuerpo, si te ocuparas no te dejar\u00edas tocar jam\u00e1s. Estoy flotando y no tengo que hacer nada. Soy una medusa. Crezco desde las cuatro pulsaciones acu\u00e1ticas que me ofrece como seguro. Soy embri\u00f3n nadando en el vientre de mi madre. Rafael lo llama volar. Yo lo llamo bucear, volver al \u00fatero. Soy anfibia, apne\u00edsta. Debes cerrar los ojos bajo el agua. Soy fauna abisal. Dentro del cuerpo no hay luz.<\/p>\n<p>El fr\u00edo y el miedo desaparecieron y no supe cu\u00e1ndo. Al final separ\u00e9 los p\u00e1rpados. Todo fondo tiene su costa. Ante todo precipicio hay un paisaje. Cuando me devolvi\u00f3 a la superficie flexionando las piernas y pos\u00e1ndome lentamente en la tierra, era hora de irse.<\/p>\n<p>\u2014Eres una natural.<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 all\u00ed. Asombrada por la confianza, por la entrega viscosa, por el hormigueo en el bajo vientre a pesar de las capas de ropa y de lo germinal de todo aquello, tom\u00e9 nota. Acept\u00e9 la foto, retom\u00e9 mi nuevo cuerpo reconociendo la ausencia de mandato sobre una porci\u00f3n de m\u00ed. \u00c9l recogi\u00f3 nuestras cosas. El viento elev\u00e1ndose desde la ciudad hacia mi rostro me enfriaba las mejillas. Este es el comienzo, sent\u00ed sin saber. Pasa a veces. Es cuesti\u00f3n de tiempo. Toda ventana debe abrirse y mostrar algo. Hay fotos que entiendes mucho despu\u00e9s de haberlas visto por primera vez. Hay semillas inciertas. Se van desplegando las primeras hojas y ah\u00ed es que sabes. Dos d\u00edas m\u00e1s tarde me dol\u00eda todo el cuerpo. Como despu\u00e9s de una buena revolcada.<\/p>\n<p>Poco tiempo m\u00e1s adelante yo tuve una demostraci\u00f3n, un abrebocas de c\u00f3mo era lo del tren en conjunci\u00f3n con lo de alcohol. Lo presenci\u00e9 en Caracas la noche del DJ. Fuimos a una fiesta a la que nos hab\u00eda invitado Lupe, que sal\u00eda con un guitarrista y se la pasaba sonsac\u00e1ndonos, en parte para compartir el rat\u00f3n, para no ser la \u00fanica escalando con lastre al d\u00eda siguiente en La Guairita, pero sobre todo para no descubrirse sola en una esquina oscura de cualquier discoteca en plena madrugada, sin saber d\u00f3nde buscar a su rockero, con dos borrachitos en plena funci\u00f3n er\u00f3tica como \u00fanicos acompa\u00f1antes, o junto a tres periqueros pele\u00e1ndose por una bolsita com\u00fan. El pana era de lo m\u00e1s popular, se deten\u00eda a saludar a medio mundo cada dos pasos, as\u00ed que si Lupe iba sin compa\u00f1eros de cordada la pasaba mal. Anestesiada por el alcohol quedaba sola en la mitad de la pista o atravesada en un pasillo mirando hacia los lados sin ancla. Colgada en el vac\u00edo. Hasta que apareciera el chico, hasta que la compa\u00f1\u00eda accidental se le hiciera insoportable, o hasta retomar la fe y las fuerzas y decidirse a seguir buscando. En una de esas lo encontr\u00f3 entrando con otro tipo al ba\u00f1o de hombres.<\/p>\n<p>\u2014Co\u00f1o, no estoy segura de qu\u00e9 vi. Fue un segundo, no estoy segura.<\/p>\n<p>Lo que vio por el resquicio de la puerta no quiso cont\u00e1rmelo. S\u00f3lo s\u00e9 que involucraba unos pantalones abajo, una bolsa de panader\u00eda y una aguja. Nada por la vena, le hab\u00eda prometido \u00e9l desde el comienzo. Era el pacto. Nada por la vena.<\/p>\n<p>La \u00faltima noche que la acompa\u00f1\u00e9 fue la que termin\u00f3 con el episodio del tren y Rafael. Ya \u00edbamos de salida, nos hab\u00edamos subido a la camioneta de Tom\u00e1s y s\u00f3lo esper\u00e1bamos por Lupe, que sentada en el puesto del copiloto se ca\u00eda a besos y a la vez se peleaba con el guitarrista a trav\u00e9s de la ventana, sin intenciones de despedirse.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ya! \u00a1P\u00e1guense un cuarto o m\u00e1ndense a comer mierda!<\/p>\n<p>Por m\u00e1s solidaria que quieras ser. No te aguantas aquel espect\u00e1culo decadente despu\u00e9s de tanta rumba y menos a esa hora, sintiendo el propio cerebro frito, intuyendo el dolor naranja del amanecer en los ojos. Hubiese ca\u00eddo dormida pero si cerraba los ojos me iba en v\u00f3mitos. En eso Rafael sale por la ventana de atr\u00e1s de la camioneta, salta como un mono de mi lado hacia la calle, o como un leopardo: rapid\u00edsimo, h\u00edper \u00e1gil. Sin motivo aparente, de verdad, a excepci\u00f3n de lo de Lupe todo indicaba que est\u00e1bamos por irnos, en un segundo estaba en plena calle, en contrasentido, persiguiendo al DJ, tumb\u00e1ndolo al piso y cay\u00e9ndole a patadas. Dijeron luego que le mordi\u00f3 una oreja y le sac\u00f3 sangre. O lo gritaba luego el tipo, desde la otra acera:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Me mordiste la oreja, hijo de puta!<\/p>\n<p>Eso yo no lo vi, lo de la oreja no me consta. Cuando Rafael subi\u00f3 a la camioneta de nuevo no logr\u00e9 identificar rastros rojos en su ropa. Cuando eres espectadora de una pelea todo transcurre en c\u00e1mara lenta, se eriza la espalda; est\u00e1s a salvo pero a la vez est\u00e1s sudando. Tomas partido por un bando sin importar los motivos o qui\u00e9n tiene la raz\u00f3n. Cuando por fin est\u00e1bamos todos, Tom\u00e1s meti\u00f3 la velocidad de mala gana. Tal vez est\u00e1bamos huyendo. Arranc\u00f3 picando caucho.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Chamo!, \u00a1pana!, \u00bft\u00fa est\u00e1s loco?, \u00bft\u00fa vas a seguir? As\u00ed no se puede, co\u00f1o. \u2014Y luego de un silencio: \u2014Qu\u00e9 bolas tienes t\u00fa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 te hizo? \u2014pregunt\u00e9 susurrando. Rafael me mir\u00f3 con las pupilas dilatadas y la mand\u00edbula de hierro. Ah\u00ed me di cuenta de sus manos, estaban heridas y temblaban. Nunca hab\u00eda visto el espect\u00e1culo, esa emergencia en los dorsos, en los dedos, los pu\u00f1os apretados a\u00fan. Las u\u00f1as clav\u00e1ndosele tal vez en las palmas. El tono de voz, el quiebre evidenciando el miedo s\u00f3lo en parte superado gracias a los golpes recientes. Las personas se pelean para acabar con el miedo. Mejor rojo una vez que colorado mil veces.<\/p>\n<p>\u2014Ese gordo maldito me la deb\u00eda. A los habla paja hay que darles pa\u2019que aprendan.<\/p>\n<p>As\u00ed. Punto. No dijo m\u00e1s. En pocos momentos el mareo y las n\u00e1useas hab\u00edan desaparecido.<\/p>\n<p>\u2014Pana, te dejo a ti primero. No te quiero ver; arranca \u2014le dijo Tom\u00e1s. Y luego d\u00e1ndose golpecitos con el \u00edndice en la sien: \u2014T\u00fa est\u00e1s mal de la cabeza. T\u00fa lo que est\u00e1s es tostao.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9? \u00bfPendiente de un perro donde el portugu\u00e9s? \u2014respondi\u00f3 Rafael.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 perro ni qu\u00e9 perro. T\u00fa lo que est\u00e1s es quemao.<\/p>\n<p>Eso fue lo \u00faltimo que escuch\u00e9 antes de apoyar la cabeza en los muslos de Rafael y caer rendida.<\/p>\n<p>Sus historias con el resto del mundo siempre me parecieron cosas suyas con el resto del mundo, asuntos en los que yo no ten\u00eda nada que ver. Mientras no sea conmigo, me dec\u00eda, siempre imaginando alg\u00fan motivo para la violencia. \u00c9l sabr\u00e1, pensaba. Por algo pas\u00f3 esto o aquello. No hab\u00eda tragedia ni desorden, tal vez todo era parte de la misma espera. La misma cuerda tensa entre dos barrancos, amenazando con dejarnos en el aire. La misma evoluci\u00f3n. El mismo camale\u00f3n. Aquella madrugada yo dorm\u00eda como un beb\u00e9 sobre sus piernas. Me parece que \u00e9l me acariciaba el cabello y la espalda con las manos inflamadas, pero tal vez lo so\u00f1\u00e9. Al despertar ya estaba en la puerta de mi casa, eran casi las cuatro, y en el carro, aparte de Tom\u00e1s, no hab\u00eda nadie m\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rafael stands on the edge of a big stone wall, waving his arms up and down like a bird, flexing his knees and flapping as if he were about to take off in flight, as if he were going to throw himself onto me. He talks and talks. Every time he leans forward I\u2019m sure he\u2019s about to fall. He plays, feints, regains his balance, beats his wings, teeters, seems like he\u2019s going to fall yet again, then recenters himself. It\u2019s all training, he says. Control. It\u2019s something you have to learn. He flaps, swings his hips, keeps talking. You have to close your eyes, he says, bending his knees, closing them.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2803,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4456],"genre":[2012],"pretext":[],"section":[2349],"translator":[],"lal_author":[3657],"class_list":["post-2805","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-9","genre-fiction-es","section-fiction-es","lal_author-keila-vall-de-la-ville-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2805","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2805"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2805\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32630,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2805\/revisions\/32630"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2803"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2805"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2805"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2805"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=2805"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=2805"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=2805"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=2805"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=2805"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}