{"id":2749,"date":"2019-02-13T01:11:48","date_gmt":"2019-02-13T07:11:48","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/02\/something-happens-ruptures-and-violences-el-nucleo-del-disturbio-sandra-gasparini\/"},"modified":"2024-04-22T05:30:27","modified_gmt":"2024-04-22T11:30:27","slug":"something-happens-ruptures-and-violences-el-nucleo-del-disturbio-sandra-gasparini","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/02\/something-happens-ruptures-and-violences-el-nucleo-del-disturbio-sandra-gasparini\/","title":{"rendered":"&#8220;Pero algo sucede: rupturas y violencias en <em>El n\u00facleo del disturbio<\/em>&#8221; de Sandra Gasparini"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 35.4px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 5.7px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<\/div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 35.4px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 35.4px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p7 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 5.7px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p8 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 5.7px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p9 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/><\/style>\n<p>Algunas de las preguntas que surgen luego de leer <i>El n\u00facleo del disturbio<\/i> (Buenos Aires, Destino, 2002), de Samantha Schweblin, son: \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 ese n\u00facleo? \u00bfcu\u00e1l es el disturbio? Y si hay un n\u00facleo hay una periferia, tanto como que si hay disturbio hay un orden resquebrajado.<\/p>\n<p>Los cuentos del primer libro publicado por la autora forman un conjunto que compone una delicada pieza de relojer\u00eda en la que cada suceso es un engranaje y cada final catapulta al lector a la duda, al asombro, a la desaz\u00f3n o a cuestionar un estado de cosas que en su punto de partida reelabora su realidad. Se presenta un mundo ficcional en el que lo fant\u00e1stico irrumpe en una aparente calma y normalidad, el umbral de lo irracional ya rozado por lo ominoso. En ese mundo liminar los signos de lo que sobreviene no siempre son evidentes para todos, a veces el acontecimiento se despliega abruptamente en el cuento.<\/p>\n<p>Como conjunto inaugural de ficciones, <i>El n\u00facleo del disturbio<\/i> plantea una serie de problemas que Schweblin ir\u00e1 reescribiendo en producciones posteriores. En ese sentido, la violencia (hacia las mujeres, de las mujeres, entre hombres, hacia animales) es central. Entre el absurdo, el fant\u00e1stico y el terror, los cuentos enfocan las tramas en el momento en el que un acontecimiento se precipita para modificarlo todo: la inversi\u00f3n de situaciones en un universo rutinario que reemplaza a otro (\u201cHacia la alegre civilizaci\u00f3n de la Capital\u201d), el momento en que se prueba la destreza de un posible asesino (\u201cMatar al perro\u201d), el abandono o rescate en la ruta, escenario privilegiado de los conflictos (\u201cMujeres desesperadas\u201d, \u201cLa verdad acerca del futuro\u201d). \u201cPero algo sucede\u201d parece ser la f\u00f3rmula verbal, el interruptor m\u00e1gico que precipita el suceso que promete cambiarlo todo para salvar a los protagonistas. Sin embargo, como en una escena del teatro del absurdo, se trata casi siempre de una oportunidad perdida: las \u201cdecisiones conjuntas\u201d, que son las que rescatan a las mujeres despechadas (\u201cMujeres desesperadas\u201d), a los varados en el pueblito (\u201cHacia la alegre\u201d\u2026) o a los hombres del bar en \u201cLa pegajosa baba de un sue\u00f1o de revoluci\u00f3n\u201d simulan una salvaci\u00f3n moment\u00e1nea aunque la tragedia sea incesante y no haya escapatoria, porque lo que presupone el fin del sufrimiento lo perpet\u00faa: as\u00ed se construye un efecto de angustia muy cercano al del terror.<\/p>\n<p>Lo colectivo, lo cooperativo, entonces, atisbado como \u201cun sue\u00f1o de revoluci\u00f3n\u201d termina diluy\u00e9ndose en el horror del inmovilismo que teje la alegre civilizaci\u00f3n <i>del<\/i> capital. \u201cLa ruta es una mierda\u201d, le dice Nen\u00e9 a Felicidad, la mujer que, como cientos, acaba de ser abandonada en el camino por su marido en la noche de bodas. Un grupo de \u201cabandonadas\u201d indiferenciado insulta y se burla, desde los pastizales de la banquina, de las reci\u00e9n llegadas (\u201cMujeres desesperadas\u201d), as\u00ed como el personal femenino de servicio en \u201cAdaliana\u201d fortalece los lazos del heteropatriarcado en el castillo feudal al ser c\u00f3mplice mudo de las crueles vejaciones que sufre la protagonista, obligada a llevar en su vientre un hijo no deseado del patr\u00f3n. Tal vez este cuento sea el \u00fanico en el que se pone fin a un suceso angustiante: el hijo monstruo de la <i>monstrua<\/i>, la \u201cloca Adaliana\u201d, que intenta abortarlo por todos los medios, acaso termine con las felon\u00edas del macho abusador. O bien, la madre forzada habr\u00e1 arrebatado al patr\u00f3n la posibilidad de criar un \u201cheredero\u201d.<\/p>\n<p>La sororidad \u2014entendida como la empat\u00eda y la solidaridad entre mujeres que viven en un sistema patriarcal\u2014 est\u00e1 pr\u00e1cticamente ausente: en \u201cMujeres desesperadas\u201d, de la situaci\u00f3n de abandono en la ruta solo pueden escapar cuatro mujeres que desplazan de su auto a un hombre que iba a ser dejado por su esposa en el camino pero, cuando lo logran, advierten varias luces de autom\u00f3viles que vienen a rescatarlo. El patriarcado queda as\u00ed indemne. Los cientos de mujeres que gritan e insultan como \u00e1nimas en el campo seguir\u00e1n en ese limbo porque no logran salvarse juntas ni ser socorridas. Las criadas de \u201cAdaliana\u201d solo escuchan los gritos y quejidos de la protagonista pero no salen de sus habitaciones, seguras de que esa noche no les tocar\u00e1 a ellas, tambi\u00e9n v\u00edctimas frecuentes. Entre varones hay cooperaci\u00f3n pero, de todos modos, no pueden escapar de lo que les depara la suerte, como ocurre en \u201cLa pegajosa baba de un sue\u00f1o de revoluci\u00f3n\u201d, \u201cEl destinatario\u201d, \u201cAgujeros negros\u201d y \u201cLa verdad acerca del futuro\u201d, entre otros. En este \u00faltimo, la escena de abandono se invierte en t\u00e9rminos de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>En <i>El n\u00facleo del disturbio<\/i> comienzan a tomar forma narraciones que oscilan entre espacios dist\u00f3picos propios de la ciencia ficci\u00f3n (\u201cLa furia de las pestes\u201d o <i>Distancia de rescate<\/i>, entre otros textos publicados luego) y la despojada escenograf\u00eda del teatro del absurdo (\u201cHacia la alegre civilizaci\u00f3n\u2026\u201d, \u201cEl momento\u201d \u2014reescritura en clave beckettiana de <i>La espuma de los d\u00edas<\/i>, de Vian\u2014, \u201cM\u00e1s ratas que gatos\u201d) que podr\u00e1 hallarse en otro registro en \u201cP\u00e1jaros en la boca\u201d o \u201cMariposas\u201d. En \u201cAgujeros negros\u201d, donde parece buscarse un tiempo cero, o en \u201cMismo lugar\u201d, otra paradoja de tiempo y espacio, tambi\u00e9n campea un clima pesadillesco. Una serie de normas que es preciso cumplir y cuyo incumplimiento desencadena desastres constituyen la f\u00f3rmula perfecta para dise\u00f1ar un universo ficcional casi completamente r\u00edgido y previsible. En el \u201ccasi\u201d se cuela el acontecimiento absurdo o azaroso; entonces, se filtra lo fant\u00e1stico.<\/p>\n<p>En \u201cLa pesada valija de Benavides\u201d se ubica al protagonista en el primer p\u00e1rrafo a minutos de haber consumado el asesinato de su mujer en la cama de la habitaci\u00f3n, sin signos de arrepentimiento y entregado a la tarea de adaptar su cuerpo, \u201csin cari\u00f1o\u201d, para encajarlo en una valija r\u00edgida con ruedas, luego de envolverlo en bolsas de residuos. Se trata del cuerpo de una \u201cuna mujer muerta tras veintinueve a\u00f1os de vida matrimonial\u201d. Un cuerpo descartable, eliminable, tanto que no tiene nombre. Intuye que pocos comprender\u00e1n las razones del crimen, por eso las calla. Inmediatamente se dirige a la casa-consultorio del Dr. Corrales, de quien es paciente. Le confiesa, que ha matado a su mujer y confunde el hecho con un sue\u00f1o, tras lo cual el psiquiatra lo aloja en una habitaci\u00f3n para encontrar una soluci\u00f3n. Al d\u00eda siguiente, el relato del \u201cincidente\u201d, del \u201cproblema\u201d que Benavides quiere referir es interceptado por distintas excusas \u2013incluso con el sarc\u00e1stico comentario de que la esposa del psiquiatra est\u00e1 \u201cmuerta\u201d desde que se ambos casaron\u2013 hasta que Corrales le pide que abra la valija, frente a la cual, al ver al cad\u00e1ver, queda \u201cmaravillado\u201d. Entonces convoca a Donorio, curador art\u00edstico, con el fin de obligar a Benavides a exponer la maleta y su contenido como si fuera una <i>instalaci\u00f3n<\/i>, aunque el feminicida se niegue y busque permanentemente confesar un crimen por el que finalmente parece exigir, in\u00fatilmente, una condena. Cabe agregar que resulta curioso que <i>La valija de Benav\u00eddez<\/i> (Laura Casab\u00e9, 2016), pel\u00edcula basada en el cuento de Schweblin, ponga el foco en la sorpresa que oculta el equipaje. Al dejar la revelaci\u00f3n para el final, el relato cinematogr\u00e1fico gana en suspenso y horror pero pierde su potencia revulsiva, ese efecto de lectura que acompa\u00f1a la desesperaci\u00f3n del protagonista del cuento, cuya voz es deso\u00edda por quienes all\u00ed aplican las tecnolog\u00edas del poder (tambi\u00e9n hay un cortometraje sobre \u201cMatar al perro\u201d: <i>Matar a un perro<\/i>, 2013 con gui\u00f3n y direcci\u00f3n de Alejo Santos).<\/p>\n<p>En tono de comedia negra, el cuento anuda varias cuestiones: la reificaci\u00f3n del cuerpo femenino, la complicidad del sistema patriarcal y las recuperadas disputas est\u00e9ticas por la definici\u00f3n de qu\u00e9 es arte y qu\u00e9 no lo es. El feminicidio de la mujer de Benavides queda desprivatizado y accede al \u00e1mbito p\u00fablico desde el momento que es convertido en arte, en instalaci\u00f3n y es exhibido como objeto ante un grupo selecto \u2014el cual incluye pacientes del Dr. Corrales\u2014 que lo decodificar\u00e1 como tal. El cuerpo enroscado y aplastado para hacerlo encajar en la valija sufre una doble violencia y disciplinamiento masculino: el asesinato y el faenamiento para su ocultaci\u00f3n y transporte. La apropiaci\u00f3n estatal \u2014presente en el ir y venir de los empleados, los \u201chombres de azul\u201d del Museo de Arte Moderno\u2014 concluye por consumar la complicidad de la esfera jur\u00eddica, es decir, la negaci\u00f3n del delito. Sumamente irritado, el artista trata de zafarse de los custodios a la vez que grita \u00a1yo la mat\u00e9!, \u00a1yo la mat\u00e9! Entre la multitud, un par de personas estudian la extra\u00f1a actitud del artista\u201d: el feminicidio es ignorado aun cuando el asesino confiesa a los gritos, su voz se ensordece y se recupera en una econom\u00eda art\u00edstica que fagocita la violencia (dos palabras, estas \u00faltimas, con las que pretende titular la \u201cobra\u201d el curador). El cinismo de los aparatos estatales de control aqu\u00ed se posa en dos instituciones, la psiquiatr\u00eda (el Dr. Corrales, opuesto de aquel tocayo literario suyo que condensaba todos los atributos b\u00e1rbaros en <i>Juvenilia<\/i>, de Miguel Can\u00e9) y el museo (Donorio). En un marco alarmante de crecientes cr\u00edmenes contra las mujeres en la Argentina, este cuento traza una temprana l\u00ednea hacia adelante, hacia la visibilizaci\u00f3n de la violencia machista que practicar\u00e1n colectivos como \u201cNi una menos\u201d (2015).<\/p>\n<p>Las instituciones de la cr\u00edtica de arte y la de la psiquiatr\u00eda parecen mancomunarse para pulverizar el yo de Benavides y sepultar el crimen por el cual \u00e9l mismo quiere ser castigado. As\u00ed, pasa de ser victimario \u2014la verdadera v\u00edctima ha sido convertida en objeto de arte, ultrajada en cuerpo y cad\u00e1ver, <i>desempoderada<\/i> en el mutismo y en la inmovilidad <i>post mortem\u2014<\/i>\u00a0a victimizado: lo golpean en la cabeza en dos oportunidades cuando quiere escaparse. Para Benavides, \u201cla experiencia [de la inauguraci\u00f3n] es in\u00e9dita\u201d, se dice. Al tiempo que recupera aquella idea de que \u201carte es lo que se denomina arte\u201d, de Marcel Duchamp, y plantea cuestiones sem\u00e1nticas como lasque suscitaban los <i>ready-mades<\/i> vanguardistas, la \u201cinstalaci\u00f3n\u201d <i>creada<\/i> por Corrales y Donorio se enfrenta a la confesi\u00f3n de Benavides: la materialidad de la carne muerta, maloliente deber\u00eda habilitar el car\u00e1cter testimonial de sus palabras (\u201c\u00c9sa es mi mujer\u201d; \u201cYo la mat\u00e9, despu\u00e9s s\u00f3lo quer\u00eda esconderla\u201d). Y es que precisamente el problema se instala en la sem\u00e1ntica porque la declaraci\u00f3n del asesino es despojada de su fuerza ilocutiva \u2014confesi\u00f3n judicial\u2014 por el lenguaje de las instituciones: no se trata ya de <i>feminicidio<\/i> sino de una <i>obra de arte<\/i>.<\/p>\n<p>Lo p\u00fablico y lo privado aparecen dram\u00e1tica y simult\u00e1neamente exhibidos en el momento de la inauguraci\u00f3n de la instalaci\u00f3n-cuerpo-del-delito: entonces, el <i>m\u00f3vil<\/i> est\u00e1 borrado o bien diluido en el comentario cr\u00edtico de Donorio (\u201cEl horror, el odio, la muerte, laten con fuerza en sus pensamientos\u201d), y el <i>modus operandi<\/i> est\u00e1 sugerido por el mismo Benavides (\u201cYo, yo la mat\u00e9, as\u00ed \u2014Benavides golpea el piso con los pu\u00f1os cerrados\u2014, as\u00ed\u201d). Cuerpo que avanza entre \u201ccuerpos euf\u00f3ricos hacia el n\u00facleo del disturbio\u201d, hacia la aglomeraci\u00f3n de curiosos espectadores, el de Benavides, sudoroso, temeroso y asombrado por lo absurdo de la situaci\u00f3n \u2014la ausencia, en las reacciones del psiquiatra y del <i>marchand<\/i>, de repudio o castigo por el crimen cometido\u2014, refrenda un perverso orden social; el cuerpo de una mujer no vale sino en su car\u00e1cter de mercanc\u00eda, como pura carne an\u00f3nima reciclada, como materia prima de una obra de arte. As\u00ed, convertida en v\u00edctima y luego en objeto de contemplaci\u00f3n, asegura los lazos que anudan patriarcado y violencia:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">al sospechar que su victimizaci\u00f3n cumple all\u00ed con la funci\u00f3n de proveer el fest\u00edn en que el poder se confraterniza y exhibe su soberan\u00eda, discrecionalidad y arbitrio, entendemos que algo muy importante debe seguramente depender, apoyarse, en esa destrucci\u00f3n constantemente renovada del cuerpo femenino, en el espect\u00e1culo de su subyugaci\u00f3n, en su subordinaci\u00f3n de escaparate. Algo central, esencial, el \u00absistema\u00bb debe ciertamente depender de que la mujer no salga de ese lugar, de ese papel, de esa funci\u00f3n (Rita Segato, \u201cPatriarcado: Del borde al centro. Disciplinamiento, territorialidad y crueldad en la fase apocal\u00edptica del capital\u201d, En <i>La guerra contra las mujeres<\/i>. Buenos Aires: Prometeo libros, 2018).<\/p>\n<p>Este primer volumen de cuentos, hoy pr\u00e1cticamente inhallable y rearticulado en antolog\u00edas o ediciones aumentadas de otros libros de la autora, formula problemas que alcanzar\u00e1n toda su producci\u00f3n posterior e inicia un universo ficcional que reafirma, extra\u00f1ando lo real, el sinsentido de la posmodernidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Sandra Gasparini<br \/>\nUniversidad de Buenos Aires<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Among the questions that tend to emerge after reading <i>El n\u00facleo del disturbio <\/i>[The nucleus of the disturbance] (Buenos Aires, Destino, 2002) by Samanta Schweblin are: Where is this nucleus? What is the disturbance? And if there is a nucleus, there is a periphery, just as if there is a disturbance there is an order to disturb.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2746,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2982,4456],"genre":[2019],"pretext":[2033,2032],"section":[2399],"translator":[2458],"lal_author":[3579],"class_list":["post-2749","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-argentina-es","tag-numero-9","genre-essay-es","pretext-ensayo-es","pretext-essay-es","section-featured-author-samanta-schweblin-es-2","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-sandra-gasparini-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2749","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2749"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2749\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32611,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2749\/revisions\/32611"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2746"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2749"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2749"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2749"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=2749"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=2749"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=2749"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=2749"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=2749"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}