{"id":2745,"date":"2019-02-13T00:53:25","date_gmt":"2019-02-13T06:53:25","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2019\/02\/siete-casas-vacias-or-which-never-finds-its-place-pablo-brescia\/"},"modified":"2024-04-22T05:34:12","modified_gmt":"2024-04-22T11:34:12","slug":"siete-casas-vacias-or-which-never-finds-its-place-pablo-brescia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2019\/02\/siete-casas-vacias-or-which-never-finds-its-place-pablo-brescia\/","title":{"rendered":"&#8220;Siete casas vac\u00edas, o lo que no encuentra su lugar&#8221; de Pablo Brescia"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p>En el primer libro de relatos de Raymond Carver, \u00bf<i>Quieres hacer el favor de callarte, por favor?<\/i>, de 1976, hay un cuento que se llama \u201cVecinos\u201d. En \u00e9l, una pareja, Bill y Arlene, quedan a cargo de cuidar a una gata, Kitty, ya que sus vecinos salen de viaje por unos d\u00edas. Hay un deslizamiento imperceptible \u2014en los movimientos, en los di\u00e1logos\u2014 que indican que la pareja se ha instalado, aunque no quieran, deban, o imaginen admitirlo, en la casa ajena. En un momento, Arlene piensa en voz alta que tal vez sus vecinos no regresen a su hogar. \u201cPuede ser\u201d, responde Bill, \u201ctodo puede suceder\u201d.<\/p>\n<p>Hay mucho del fisgoneo, de las b\u00fasquedas y de los di\u00e1logos <i>non sequitur<\/i> presentes en el relato de Carver sobrevolando el tercer libro de cuentos de la argentina Samanta Schweblin, <i>Siete casas vac\u00edas<\/i> (Madrid, P\u00e1ginas de Espuma, 2015). As\u00ed, podr\u00eda entablarse un puente entre posturas literarias aparentemente antit\u00e9ticas: el padre del \u201crealismo sucio\u201d y la escritora relacionada con la literatura fant\u00e1stica, de terror y misterio. M\u00e1s all\u00e1 de la comprobaci\u00f3n o no de ese nexo, dir\u00eda que la frase del \u201cVecinos\u201d de Carver condensa, si no la totalidad de la po\u00e9tica de Schweblin, s\u00ed la propuesta tanto tem\u00e1tica como estructural de este tercer libro. En sus ficciones, dentro de las atm\u00f3sferas tensas y ligeramente melanc\u00f3licas, de los personajes que vagabundean por los espacios del relato (suburbios, ciudades; casas y jardines de casas, departamentos, tiendas, subtes, hospitales, ascensores) y de las vueltas de tuerca de las tramas, hay una constante narrativa que lentamente configura lo que otrora se describ\u00eda como cosmovisi\u00f3n y que hoy, tal vez, debamos calificar m\u00e1s t\u00edmidamente como un sentir o tal vez una pulsi\u00f3n: en los cuentos de Schweblin todo puede suceder.<\/p>\n<p>La autora de <i>Siete casas vac\u00edas<\/i> tiene una concepci\u00f3n cl\u00e1sica del contar; ha dicho en varias entrevistas que posee alma de cuentista y que concibe el g\u00e9nero desde la intensidad y hasta desde la ansiedad y la impaciencia. Hay algo de truco de magia en el cuento, ha declarado. Esta visi\u00f3n, algo sorprendente en tiempos de pos-todo, dialoga con las tradiciones can\u00f3nicas no s\u00f3lo de los maestros del g\u00e9nero, sino tambi\u00e9n de las teor\u00edas acerca de la forma, desde los juicios de Edgar Allan Poe sobre el cuento como casi una operaci\u00f3n matem\u00e1tica, hasta las variantes latinoamericanas que suman a Horacio Quiroga \u2014y su man\u00eda textual y tem\u00e1tica por el final y la idea de que hay que tomar los personajes de la mano y llevarlos sin mirar atr\u00e1s\u2014, a Julio Cort\u00e1zar \u2014y su concepci\u00f3n de un orden secreto y casi incomunicable en todo cuento memorable\u2014 y a Ricardo Piglia \u2014y su teor\u00eda de la dos historias, una superficial y visible y otra subterr\u00e1nea. Adem\u00e1s, Schweblin ha destacado sus referentes: Franz Kafka, Ray Bradbury, Cort\u00e1zar. De Kafka adopta la voz narrativa que cuenta con naturalidad algo que puede ser s\u00f3rdido, terrible o simplemente triste; de Bradbury admira la imaginaci\u00f3n y el optimismo irrefrenable; y en Cort\u00e1zar destaca la incesante b\u00fasqueda de nuevas formas de narrar.<\/p>\n<p>El relato que corona esta concepci\u00f3n del g\u00e9nero en <i>Siete casas vac\u00edas<\/i> es \u201cUn hombre sin suerte\u201d, premiado con el Juan Rulfo de Radio Francia Internacional en el 2012. Es un ejemplar cristalino de la especie: tiene tensi\u00f3n y misterio; \u00e1nimo l\u00fadico y rigor estructural; verosimilitud, extra\u00f1eza y un final a todo vapor, con la ni\u00f1a trag\u00e1ndose el papelito donde su acompa\u00f1ante hab\u00eda escrito un nombre secreto que ella repite en silencio, \u201cvarias veces, para no olvid\u00e1rmelo nunca\u201d. En la historia de esa ni\u00f1a y un hombre que, por circunstancias fortuitas, se encuentran en la sala de espera de un hospital y terminan yendo a comprar una bombacha para ella porque es su cumplea\u00f1os \u2014y por muchas cosas m\u00e1s\u2014 se cifra todo lo que le interesa a Schweblin como escritora: los equ\u00edvocos, las soledades diversas reconcentradas en su alienaci\u00f3n, las historias e histerias familiares, los peque\u00f1os actos transgresores, los personajes algo exc\u00e9ntricos (\u00e9l la llama <i>Darling<\/i>, pero cuando ella hace lo mismo con \u00e9l, el adulto asevera, medio en broma, medio en serio, \u201cNo digas \u2018ok <i>darling<\/i>\u2019\u2026 que me pongo quisquilloso\u201d), la atenci\u00f3n al detalle en esa bombacha negra que no compran pero se llevan, una prenda interior que era para chicas \u201cporque ten\u00eda corazones blancos, tan chiquitos que parec\u00edan lunares, y la cara de Kitty al frente, donde suele estar ese mo\u00f1o que ni a mi mam\u00e1 ni a m\u00ed nos gusta\u201d. Es casi demasiado perfecto el relato en su circularidad: en ese uso de la bombacha \u2014un estandarte femenino\u2014 como en el rifle de Ch\u00e9jov \u2014una insignia masculina\u2014, hay una inevitabilidad predecible pero satisfactoria. No es casualidad, intuyo, que este texto no estuviera incluido en la versi\u00f3n original del libro y que, aclara una nota, se le pidi\u00f3 a la autora que lo incorporara, ya habiendo ganado ambos premios. Es el \u00fanico cuento sin casa en el libro.<\/p>\n<p>Dos ep\u00edgrafes enmarcan este volumen y ambos son de artistas visuales. La de Juan Luis Mart\u00ednez (chileno), adem\u00e1s poeta, proviene del poema \u201cLa desaparici\u00f3n de una familia\u201d y habla de una ni\u00f1a y de perderse en una casa. El de Andy Warhol reproduce un di\u00e1logo que deja entrever la imposibilidad de acercarse realmente a alguien. Es decir, los dos paratextos funcionan como protocolos de lectura y nos ofrecen algunos accidentes geogr\u00e1ficos para empezar a recorrer esas casas vac\u00edas de las que habla el t\u00edtulo. Espacios y relaciones \u2014de familia de sangre y de las extra\u00f1as familias que nos da la vida\u2014 ser\u00edan, entonces, las vigas que sostienen estas casas.<\/p>\n<p>En el segundo relato, \u201cMis padres y mis hijos\u201d, sin dudas el m\u00e1s desopilante, se da la rareza en este libro de Schweblin de que el narrador protagonista sea masculino. Javier narra como si no entendiera del todo y esa mirada pone a funcionar la dicotom\u00eda ni\u00f1os-adultos, con el agregado al primer polo de los padres de Javier que, algo seniles, se desnudan como si fueran ni\u00f1os juguetones en la casa de su ex esposa. Marga presenta a Charly, su nuevo novio; crece la tensi\u00f3n. Y algo pasa: los chicos desaparecen. El tr\u00edo busca al cuarteto, y Javier piensa, mientras revisa los armarios de esa casa de verano alquilada, que \u201csiempre fue as\u00ed con esta familia, que todo fue poco y ordenado, que nunca sirvi\u00f3 de nada correr las perchas para encontrar algo m\u00e1s\u201d. Marga pierde el control y asalta a Javier; Charly los separa y los lectores sabemos que se nos est\u00e1 distrayendo del enigma principal: \u00bfjuego o terrible accidente? Llega la polic\u00eda y, cuando se van a buscarlos por la carretera en auto, Javier descubre la verdad. El tercer cuento est\u00e1 tambi\u00e9n habitado por rituales extra\u00f1os, pero tomados con naturalidad en este caso por la narradora de \u201cPasa siempre en esta casa\u201d, que recibe los golpes del se\u00f1or Weimer en su puerta como mazazos en su cabeza. Los ingredientes son: pareja de vecinos, hijo muerto; \u00e9l triste y resignado, ella, en apariencia violenta, arrojando la ropa de su hijo hacia la casa de la narradora, quien duda si es la mujer o el hombre el ejecutor de ese acto vand\u00e1lico y l\u00fadico a la vez. La otra pareja es la madre-narradora y su hijo, el racional, el que dice \u201cesto es algo de locos\u201d, el que amenaza con quemar la ropa cada vez que la ve tirada en su casa. La violencia en este libro de Schweblin es siempre un atisbo, un amague que en ocasiones da lugar a una conexi\u00f3n m\u00e1s profunda. Como en \u201cUn hombre sin suerte\u201d, hay aqu\u00ed una \u201csincronizaci\u00f3n ins\u00f3lita\u201d entre la narradora y el viejo Weimer que deja latente la amenaza de un quiebre en esa irrupci\u00f3n final del hijo que los ve sentados juntos y se indigna \u201ccon todo lo que sucede en esta casa en un mismo orden\u201d.<\/p>\n<p>Hacia la mitad del libro, es otra vez una pareja de ancianos la protagonista. \u201cLa respiraci\u00f3n cavernaria\u201d prueba, como en <i>Distancia de rescate<\/i> (2014), que la extensi\u00f3n en la escritora argentina le presenta dificultades que intenta resolver con suerte dispar. Aqu\u00ed est\u00e1n todos los ingredientes de su sistema literario: fantasmas (un chico muerto que se le aparece a la protagonista enferma, Lola, reemplazo metaf\u00f3rico de su propio hijo, muerto como en \u201cPasa siempre en esta casa\u201d), espacios que parecen contener otras dimensiones (la casa de al lado donde se instalan los nuevos y pobres vecinos, el jard\u00edn y la huerta de Lola donde se reun\u00eda el chico vecino con su esposo, la zanja donde encuentran el cuerpo del muchacho) detalles enigm\u00e1ticos y significativos (la leche chocolatada en polvo que obsesiona a la vieja, el armado continuo de cajas, las listas de Lola: \u201cconcentrarse en la muerte. \u00c9l est\u00e1 muerto. La mujer de al lado es peligrosa. Si no lo recuerdas, espera\u201d). La intensidad ag\u00f3nica de la situaci\u00f3n de la protagonista no excluye el contexto social \u2013\u201cesos chicos no le gustaban\u201d, piensa Lola, y cuando hay un robo a una rotiser\u00eda del barrio cree que su vecino ha tenido algo que ver. En este sentido, el relato parece una re-escritura <i>in extenso<\/i> de \u201cCasa tomada\u201d de Cort\u00e1zar, pero con hijos: est\u00e1 la invasi\u00f3n y est\u00e1 el \u201cmatrimonio de hermanos\u201d. Vemos todo desde los ojos de la anciana, esa mujer que alarga su malestar para hacer sentir culpable a su marido, quien muere primero que ella: \u201cla hab\u00eda dejado sola con la casa y las cajas. La hab\u00eda dejado para siempre, con todo lo que ella hab\u00eda hecho por \u00e9l\u201d. Es all\u00ed donde reside el coraz\u00f3n del relato, sostenido por esa respiraci\u00f3n cavernaria, ese \u201cgran monstruo prehist\u00f3rico golpe\u00e1ndola dolorosamente desde el centro de su cuerpo\u201d y por eso la confrontaci\u00f3n final con la madre del aparecido debilita un tanto la potencia transmitida. En numerosas ocasiones los cuentos de este, y otros libros de Schweblin, parecen materializar textualmente pesadillas y, este es el caso, del texto que acabo de comentar y tambi\u00e9n del que cierra el libro, \u201cSalir\u201d. Narrado casi como un cortometraje, en primera persona, hay una pareja y una protagonista femenina que abandona su departamento, con el pelo mojado y en pantuflas. \u201c<i>No tengo llaves<\/i>, me digo, y no estoy segura de si eso me preocupa. <i>Estoy desnuda bajo la bata<\/i>\u201d. Cualquiera que haya vivido en un edificio sabe que un inevitable punto de reuni\u00f3n es el ascensor. La mujer sube y se encuentra con un hombre que parece ser parte del edificio, alguien que se encarga de algo all\u00ed. Lo que sigue es una relaci\u00f3n signada por una enigm\u00e1tica frase del hombre \u2014\u201cmi mujer va a matarme\u201d\u2014 y un periplo por la calle Corrientes en Buenos Aires en el auto del individuo, a paso lento. Como en el caso de \u201cPasa siempre en esta casa\u201d y de \u201cUn hombre sin suerte\u201d, el v\u00ednculo entre dos seres extra\u00f1os, pero no extra\u00f1ados el uno del otro se dibuja sutilmente en los di\u00e1logos c\u00f3mplices para luego desvanecerse. No es casualidad \u2014en Schweblin nada lo es\u2014 que el hombre declare ser \u201cescapista\u201d en un cuento cuya protagonista no logra el objetivo que se persegu\u00eda desde su t\u00edtulo.<\/p>\n<p>Dej\u00e9 para el final los que, a mi entender, son los relatos que suben la apuesta de <i>Siete casas vac\u00edas<\/i>. Ambos tienen una relaci\u00f3n entre dos mujeres \u2014madre e hija; nuera y suegra\u2014 como su n\u00facleo central. El comienzo de \u201cNada de todo esto\u201d, primer cuento del libro, es significativo: \u201c\u2014Nos perdimos\u2013 dice mi madre\u201d. La p\u00e9rdida es literal y metaf\u00f3rica, porque la madre, sin rumbo, no pertenece a ning\u00fan sitio y entonces arrastra a su hija en la invasi\u00f3n (nuevamente este <i>leitmotif<\/i>) de espacios ajenos primero en un auto, dibujando \u201cun semic\u00edrculo de doble l\u00ednea de barro\u201d, y luego ya fuera de \u00e9l, a pie, ingresando a esas casas amplias que no son como la suya, que est\u00e1n rodeadas de \u00e1rboles, que tienen m\u00e1rmol blanco y habitaciones de lujo. Como en \u201cLa respiraci\u00f3n cavernaria\u201d, se siente la diferencia de clase social: \u201c\u2014\u00bfDe d\u00f3nde saca la gente todas estas cosas?\u2014\u2026 Me pone tan triste que me quiero morir\u201d. Pero en este caso el contraste aparece barnizado por la comicidad del enredo y del absurdo, coronados por la imagen de la madre tirada boca abajo sobre la alfombra del cuarto matrimonial. La hija-narradora, a la vez exasperada y c\u00f3mplice, toma el lugar del adulto responsable y racional: \u201c\u00bfQu\u00e9 carajo hacemos en las casas de los dem\u00e1s?\u201d, pregunta, y luego un poco m\u00e1s adelante, \u201c\u00bfqu\u00e9 mierda es lo que perdiste en esas casas? El final es parecido a \u201cLa respiraci\u00f3n cavernaria\u201d en la confrontaci\u00f3n, pero lo que queda como indeleble es la imagen de la madre enterrando en el jard\u00edn de su casa la azucarera que se ha robado. En tanto, \u201cCuarenta cent\u00edmetros cuadrados\u201d pone en escena un complejo entramado de historias que apenas se vislumbran: la de la suegra de la protagonista, mujer de Mariano, y la venta de su anillo de bodas; la de la partida a Espa\u00f1a y el regreso a Buenos Aires de los m\u00e1s j\u00f3venes, la de la relaci\u00f3n entre nuera y suegra &#8220;\u2014Y al fin dijo que le encantaba charlar conmigo, as\u00ed, como dos amigas\u2014\u201d, la del encuentro con el misterioso mendigo en la estaci\u00f3n de subte, y la de las dichosas aspirinas. El relato es un viaje y una aventura de alguien que, como todos los personajes del libro, est\u00e1 perdida y se aferra a algo, en este caso, como Lola, a unas cajas que contienen una identidad ya perimida. La revelaci\u00f3n no pasa por la an\u00e9cdota, sino por la reflexi\u00f3n: la suegra cuenta que luego de vender su anillo se sent\u00f3 en un banco en una parada de autobuses y no hizo nada. Entendi\u00f3 que estaba sentada en cuarenta cent\u00edmetros cuadrados \u201cy que eso era todo lo que ocupaba su cuerpo en el mundo\u201d. Por eso, en el mapa que le muestra el mendigo, la protagonista no encuentra su direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>A primera vista, las casas de este libro no est\u00e1n vac\u00edas. Est\u00e1n, ciertamente, llenas de objetos. El vaciamiento de <i>Siete casas vac\u00edas<\/i> es de otro tipo: la morada interior es la que se derrumba lenta e inevitablemente. Es el mundo adulto (este a\u00f1o Samanta cumpli\u00f3 40) que nos condiciona y nos empuja y frente a eso ensayamos alg\u00fan tipo de resistencia para no caer en la domesticidad resignada. Este es el libro m\u00e1s \u201crealista\u201d de Samanta Schweblin, pero habr\u00eda que ya pensar en huir de categor\u00edas f\u00e1ciles para describir su obra y hablar m\u00e1s bien de una sintaxis propia en donde campea el efecto de extra\u00f1amiento y, tal vez, cierta maravilla ante la existencia; en donde, como declara en una entrevista, su escritura intenta llegar \u201chasta donde quiere desde el abismo de no saber c\u00f3mo, desde el estupor, la curiosidad y el deseo sin armas\u201d; en donde, como se dice en \u201cPasa siempre en esta casa\u201d, suceden cosas \u201ccuando algo no encuentra su lugar\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Pablo Brescia<br \/>\nUniversity of South Florida<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>In Raymond Carver\u2019s first short story collection, <i>Will You Please Be Quiet, Please?<\/i>, from 1976, there is a story called \u201cNeighbors.\u201d In it, a couple, Bill and Arlene, are left to look after a cat, Kitty, while their neighbors travel out of town for a few days. There is an imperceptible slippage in the story\u2014in its movements, in its dialogues\u2014that indicates that the couple has settled, although they don\u2019t want to, they mustn\u2019t, and they would never admit to it, into someone else\u2019s house. At one point, Arlene thinks aloud that, perhaps, their neighbors won\u2019t return to their home. \u201cIt could happen,\u201d Bill responds. \u201cAnything could happen.\u201d<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2742,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2982,4456],"genre":[2019],"pretext":[2033,2032],"section":[2399],"translator":[2458],"lal_author":[3500],"class_list":["post-2745","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-argentina-es","tag-numero-9","genre-essay-es","pretext-ensayo-es","pretext-essay-es","section-featured-author-samanta-schweblin-es-2","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-pablo-brescia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2745","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2745"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2745\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32613,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2745\/revisions\/32613"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2742"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2745"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2745"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2745"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=2745"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=2745"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=2745"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=2745"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=2745"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}