{"id":26666,"date":"2023-09-12T01:02:24","date_gmt":"2023-09-12T07:02:24","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=26666"},"modified":"2023-09-22T00:47:17","modified_gmt":"2023-09-22T06:47:17","slug":"marcelo-cohen-el-gran-veedor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2023\/09\/marcelo-cohen-el-gran-veedor\/","title":{"rendered":"Marcelo Cohen: el gran veedor"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cMarcelo Cohen no solo reformula los cimientos del relato realista, sino tambi\u00e9n los del relato fant\u00e1stico, con este \u2018mirar\u2019 que abarca tantas capas\u201d<\/span><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cEl mundo est\u00e1 lleno de cosas que te llaman: manijas, manzanas, martillos, un piano, un picaporte, \u00bfy c\u00f3mo se hace para no responder?\u201d, dice la vieja costurera, esposa del narrador del cuento \u201cEl fin de lo mismo\u201d, incluido en el libro hom\u00f3nimo (1992), de Marcelo Cohen. Y de esas cosas que apelan y cuyo llamado no se puede obviar est\u00e1n construidas tambi\u00e9n las narraciones de este autor argentino. Un piano, un picaporte, una manija, una manzana, pero tambi\u00e9n una <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">musicaja<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, un <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">flytaxi<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, unos<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> merig\u00fceles, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">una mujer que de pronto descubre la belleza asim\u00e9trica de sus tres brazos, un entrenador cuya b\u00fasqueda lo lleva a fundar una disciplina f\u00edsica y metaf\u00edsica: la palabr\u00edstica. Tambi\u00e9n habitan sus p\u00e1ginas un comerciante que quiere desaparecer escribiendo un diario de m\u00e1s de setecientas p\u00e1ginas, un chico perdido que vislumbra la salvaci\u00f3n en la m\u00fasica y en la impureza, un traductor alucinado, y tantos otros personajes entra\u00f1ables que de pronto \u201cven\u201d, que despiertan y atraviesan los meandros de las apariencias para salirse de las realidades impuestas. Personajes que nos llevan de la mano hacia esas zonas inestables, que recorren un continente imaginario o que se conectan al universo de la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">panconciencia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Que viven en ciudades atiborradas de escombros, rodeadas de terrenos bald\u00edos llenos de trastos tecnol\u00f3gicos, en islas que pueblan un continente imaginario y acu\u00e1tico. Las tramas de Cohen nos conducen a un universo en el que elementos provenientes de la realidad y aquellos que la fantas\u00eda invoca arman una crineja fuertemente trenzada. Un mundo otro en el que descubrimos las cosas de este mundo vistas desde una mirada inusual que las rescata, retoma, reformula, transfigura y problematiza. Un futuro corrido y defectuoso que indaga con implacable agudeza en las tensiones del presente, en los malestares del mundo contempor\u00e1neo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Yo no conoc\u00ed personalmente a Marcelo Cohen, quien lamentablemente dej\u00f3 este mundo en el mes de diciembre de 2022, pero de su mano recorr\u00ed muchas de las islas y recovecos de su territorio imaginado. En su obra ficcional, Cohen cre\u00f3 un continente, \u201cel Delta Panor\u00e1mico\u201d, espacio que apareci\u00f3 por primera vez en su libro de relatos <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los acu\u00e1ticos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de 2001, primer libro que publica a su regreso a la Argentina, luego de su largo per\u00edodo de \u201cautoexilio\u201d en Espa\u00f1a. Sin embargo, este continente ya se present\u00eda en sus libros anteriores. El Delta Panor\u00e1mico, versi\u00f3n futura de nuestro mundo, espacio posapocal\u00edptico y entr\u00f3pico, parece haber sobrevivido a un cataclismo innombrado que es conceptual, m\u00e1s que material. En las diversas islas que pueblan ese delta, se desarrollan la mayor\u00eda de las historias narradas en las novelas, cuentos y \u201cnovelatos\u201d \u2013narraciones a medio camino entre la novela corta y el cuento\u2013 de este autor argentino. Los personajes que transitan estos relatos suelen ser ap\u00e1tridas, excluidos, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">outsiders<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que desde los m\u00e1rgenes de una sociedad posindustrial y decadente se dedican a tratar de develar los quiebres del discurso hegem\u00f3nico. Para configurar ese mundo, Cohen crea una lengua propia: un espa\u00f1ol peculiar reformulado desde sus propios cimientos que le permite narrar el desarraigo a trav\u00e9s de met\u00e1foras ins\u00f3litas, de la acumulaci\u00f3n de im\u00e1genes ant\u00edpodas, de la enumeraci\u00f3n ca\u00f3tica, de la paradoja y el ox\u00edmoron, de los neologismos, de vocablos de uso poco frecuente e incluso del spanglish. Leer cualquiera de las novelas de Marcelo Cohen es una experiencia alucinante de descubrimiento, de revelaci\u00f3n y de hallazgo. Es entrar en un mundo otro, extra\u00f1amente parecido al nuestro, pero esencialmente <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">otro<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, que es relatado desde esa lengua propia, pero a la vez nuestra, y que el lector va aprendiendo en la medida en que se sumerge en ella. Una lengua que reverbera en poes\u00eda y extra\u00f1eza. Yo no conoc\u00ed personalmente a Marcelo Cohen, pero me regocij\u00e9 en la gram\u00e1tica de su lengua.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La obra de Cohen se inscribe espec\u00edficamente en lo que ha sido llamado ficci\u00f3n anticipatoria, m\u00e1s que ciencia ficcional. Abundan en estas narraciones elementos fant\u00e1sticos y \u201cfuturistas\u201d como la \u201cpanconciencia\u201d \u2013mecanismo que permite viajar por otras conciencias\u2013, los \u201cflycoches\u201d, las noticias proyectadas en el cielo por medio de rayos l\u00e1ser, entre otros. Pero, sobre todo, el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">novum<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> predominante en la obra coheniana est\u00e1 referido a nuevas formas de pensar, nuevos \u00f3rdenes sociales y pol\u00edticos, innovadoras jerarqu\u00edas, que, si bien es cierto que guardan relaci\u00f3n con posturas e ideolog\u00edas del presente, llevan al extremo estos elementos tomados de la realidad a trav\u00e9s de la hiperbolizaci\u00f3n, la parodia, el extra\u00f1amiento y la distancia, para hacernos ver los miles de quiebres que nos rodean. Desde all\u00ed Cohen arma los cimientos de su \u201csociolog\u00eda anticipatoria\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En su ensayo \u201cRealmente fant\u00e1stico\u201d (2003), dice Cohen que un narrador es alguien que ve. Por supuesto que no se trata del simple hecho de mirar, sino un acto mucho m\u00e1s complejo, que va m\u00e1s all\u00e1 de lo fisiol\u00f3gico y que implica todos los sentidos. Una especie de arrebato, un manantial que fluye de pronto en medio de alguna roca reseca, un conocimiento no enunciable, una experiencia m\u00ednima pero resplandeciente que nos cautiva. Algo que entra por los ojos y mueve una red infinita de circuitos. \u201c\u00bfQu\u00e9 pasa cuando lo que se ve, aunque sea a distancia, parece tocarnos por un contacto asombroso, cuando lo que se ha visto se impone a la mirada como si estuviese tomada, tocada, puesta en contacto con la apariencia?\u201d, se pregunta en este ensayo-relato mientras nos lleva de la mano por la g\u00e9nesis de una historia que se va narrando en la p\u00e1gina (mientras la vamos leyendo) en todas sus posibilidades, y a la vez que teoriza sobre la inexistencia de los linderos que pretenden separar el g\u00e9nero realista del fant\u00e1stico. Este ensayo-relato, pues, propone una lectura doble, ya que es al mismo tiempo una propuesta est\u00e9tica y tambi\u00e9n una puesta en escena del germen de una narraci\u00f3n, la escritura y reescritura de un relato que se va contando y re-contado ante nuestros ojos. Un relato que nace de una imagen vista casualmente por la persona que lo escribe. Una lecci\u00f3n de escritura y de formas del \u201cver\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>\u201cEN EL UNIVERSO COHENIANO TAMBI\u00c9N ABUNDA LA DESCRIPCI\u00d3N APARENTEMENTE INOPORTUNA, DETENIDA, POROSA, QUE ADEM\u00c1S INTERRUMPE LA RAPIDEZ DE LA NARRACI\u00d3N, PERO QUE LE DA UNA NUEVA EFICACIA\u201d<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cVer lo que tenemos delante de nuestras narices requiere una lucha constante\u201d, ha dicho George Orwell, otro gran autor del g\u00e9nero anticipatorio. Y esta es la lucha de Cohen: ver el aqu\u00ed y encontrar la forma de relatar lo infinitamente m\u00faltiple de la realidad movediza que nos rodea, sin las interferencias de lo que \u00e9l mismo ha llamado \u201cprosa de Estado\u201d, ese lenguaje manipulado por el poder, esas formas de ver anquilosadas por la costumbre. En \u201cEl fin de lo mismo\u201d se\u00f1ala el narrador que \u201cHacemos tanto lo mismo, nos demos cuenta o no, que Lo Mismo termina pensando por nosotros\u201d, para luego concluir y afirmar que \u201c\u2026 yo no puedo permit\u00edrmelo. Mi vicio es inventar\u201d. As\u00ed, los personajes y narradores cohenianos miran lo habitual desde otra perspectiva, inventan. No se permiten pensar desde la mismidad y buscan una lengua m\u00e1s libre para referir lo indomable, para pasar esa intuici\u00f3n indecible al texto, sabiendo anticipadamente que van a fallar. En su ensayo \u201cNotas para un realismo incierto\u201d (2003) ha dicho Cohen que \u201cEl relato es un fracaso y la persecuci\u00f3n de eso que huye\u201d, de modo que su literatura se regocija en mostrar esa falla, visibilizar ese quiebre irrecuperable, y festejar el fin de lo que \u00e9l llama la \u201cservidumbre realista\u201d y la \u201cdolorosa sujeci\u00f3n de la realidad\u201d. Esta celebraci\u00f3n es fondo y forma, flameando en el texto. Es poes\u00eda y peripecia.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El o\u00eddo absoluto<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1989) el personaje principal descubre la agenda oculta de quienes gobiernan la isla tur\u00edstica en la que vive: \u201cHay momentos, si uno los descubre, que son extraordinarias aver\u00edas en la red el\u00e9ctrica que nos alimenta, y en el desconcierto que acu\u00f1an se puede atisbar la anticuada audacia del v\u00e9rtigo.\u201d, nos dice. Como personaje t\u00edpico de toda literatura dist\u00f3pica descubre los dobleces y las grietas de un sistema aparentemente ut\u00f3pico, pero va mucho m\u00e1s all\u00e1, pues el v\u00e9rtigo al que alude es tambi\u00e9n un estremecimiento existencial. Mirar con disimulo, espiar, fisgonear en el propio yo, para problematizar tambi\u00e9n lo que se es y el discurso desde el que se va contando la propia historia y desde el que se pretende comprender la identidad. Ese mismo v\u00e9rtigo lleva a Aliano D\u2019Evanderey, protagonista de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Donde yo no estaba <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2006), a emprender un viaje, que es escritural y a la vez geogr\u00e1fico, hacia las profundidades de su propio ser o hacia el vac\u00edo, problematizando su propia escritura y los g\u00e9neros literarios a los que su diario podr\u00eda acercarse. Est\u00e1 en estas p\u00e1ginas el v\u00e9rtigo de quien repentinamente ve y vislumbra.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Marcelo Cohen no solo reformula los cimientos del relato realista, sino tambi\u00e9n los del relato fant\u00e1stico, con este \u201cmirar\u201d que abarca tantas capas. No hay finales en estos textos. No hay cl\u00edmax ni desenlaces. Las narraciones de Cohen piden ser le\u00eddas de otra manera: sin la rapidez de las historias que se vuelven \u00e9xitos de venta, sin las manipulaciones de la tensi\u00f3n, sin la falsa soluci\u00f3n o el falso consuelo del desenlace. No hay un cierre de ninguna de las preguntas que estas historias proponen. No hay una respuesta un\u00edvoca que alivie al lector, as\u00ed \u00e9ste va por sus p\u00e1ginas con otro ritmo. Se trata m\u00e1s bien de finales entr\u00f3picos. La noci\u00f3n de entrop\u00eda, a la cual el mismo autor se ha referido en su obra ensay\u00edstica, se refiere a una situaci\u00f3n de fuerzas contenidas y desordenadas que presagian una crisis que no termina de llegar, al menos no en el cuerpo textual. La entrop\u00eda es, en palabras de Cohen, \u201cuna desintegraci\u00f3n continua de la que continuamente surgen sistemas nuevos\u201d. Dentro de ese caos pasivo, caracterizado por la desorganizaci\u00f3n y el desequilibrio, la energ\u00eda se transforma en nuevos sistemas y las crisis parecen diluirse en nuevas formas de desequilibrio. Por tanto, no hay final: el texto es un sistema entr\u00f3pico en constante movimiento. A lo largo de la obra coheniana se percibe la insistencia en estos finales abiertos, que dejan historias irresueltas y que niegan todo apocalipsis, toda clausura, porque est\u00e1n constituidos por fuerzas que van perdiendo energ\u00eda muy gradualmente y de manera casi imperceptible, pero que quedan abiertas a un nuevo caos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el universo coheniano tambi\u00e9n abunda la descripci\u00f3n aparentemente inoportuna, detenida, porosa, que adem\u00e1s interrumpe la rapidez de la narraci\u00f3n, pero que le da una nueva eficacia. Es el \u201cver\u201d hecho palabra, que es una de las marcas de eso que el propio Cohen ha llamado \u201crealismo incierto\u201d, esto es, aquella narraci\u00f3n que \u201cno cree en las virtudes del acabado, la redondez, los cabos atados, las coincidencias explicadas, los motivos develados, los proyectos n\u00edtidamente cumplidos o frustrados, las causas exhaustivas ni en la flaca gratificaci\u00f3n del desenlace\u201d. Una narraci\u00f3n que va por otros rumbos, por otro territorio, que prefiere \u201clos excursos, los tiempos muertos, las descripciones impertinentes\u201d, que busca la evasi\u00f3n de una realidad un\u00edvoca impuesta, para abrirse a la multiplicidad. El realismo incierto constituye un discurso que apunta hacia el \u201cverdadero\u201d realismo, ese que no es una categor\u00eda totalmente cerrada, sino que se retrae y se expande en el tiempo, que alimenta la duda y la multiplicidad de versiones, que se nutre de las incertidumbres, que abandona toda polaridad. \u201cLa narraci\u00f3n insegura ignora las subdivisiones \u2013realismo, fant\u00e1stico, parodia, metaliteratura, s\u00e1tira, etc.\u2013 en beneficio de la pertenencia a un mundo-texto ilimitado\u201d, nos dice Cohen.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En \u201cEl fin de la palabr\u00edstica\u201d (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Relatos reunidos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, 2004) el narrador confiesa: \u201cVeo las grietas de esta sociedad: por ah\u00ed penetro y rasgo. Infecto\u201d. En su opini\u00f3n, de tanto ver, finalmente se termina mirando y es as\u00ed como Viol, el h\u00e9roe de este relato, vio \u201ccon el ojo amplificado del distra\u00eddo\u201d una realidad m\u00e1s all\u00e1 del per\u00edmetro permitido. Lo que vio fue casi un Aleph, avistado desde los cielos de su isla: La vida cotidiana, la basura, la nimiedad, los dolores del mundo, tal vez. Como en el Aleph de Borges, estaban all\u00ed todos los lugares, los \u00e1ngulos, las cosas, las resacas, el inconcebible universo. Y de eso no puede salir ileso, de all\u00ed su inexplicada desaparici\u00f3n final.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En un panorama literario ciego, con narradores que no ven y narraciones un\u00edvocas y repetitivas que pretenden atrapar al lector-consumidor, visto en tanto cliente que debe ser complacido, la obra de Marcelo Cohen, como un faro, se erige ind\u00f3mita y maravillosa, luminosa e iluminadora. Eficacia, tensi\u00f3n, econom\u00eda, son palabras ajenas a la proteica po\u00e9tica de Cohen.\u00a0 Porque lo que conjugan sus historias son los acontecimientos y no los hechos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Yo no conoc\u00ed personalmente a Marcelo Cohen, pero asist\u00ed a las epifan\u00edas de muchos de sus personajes, y de alguna manera tambi\u00e9n vi: \u201cEl mundo est\u00e1 lleno de cosas que te llaman: manijas, manzanas, martillos, un piano, un picaporte, \u00bfy c\u00f3mo se hace para no responder?\u201d, dice aquella costurera y yo, junto a ella, tambi\u00e9n me pregunto: \u00bfc\u00f3mo podemos permanecer indiferentes ante este llamado?\u00a0<\/span><\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Marcelo Cohen, escritor, traductor y cr\u00edtico argentino, en Barcelona (Alamy Stock Photo).<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cMarcelo Cohen no solo reformula los cimientos del relato realista, sino tambi\u00e9n los del relato fant\u00e1stico, con este \u2018mirar\u2019 que abarca tantas capas\u201d &nbsp; \u201cEl mundo est\u00e1 lleno de cosas que te llaman: manijas, manzanas, martillos, un piano, un picaporte, \u00bfy c\u00f3mo se hace para no responder?\u201d, dice la vieja costurera, esposa del narrador del [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":27695,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[2889],"tags":[4658],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[4594],"class_list":["post-26666","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayos","tag-numero-27-es","lal_author-liliana-lara"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26666","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26666"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26666\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":27636,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26666\/revisions\/27636"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/27695"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26666"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26666"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26666"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=26666"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=26666"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=26666"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=26666"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=26666"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}